Capítulo 3: Simplemente inesperado
¡HOJA MUNDO CRUEL!
Sé que ha pasado bastante tiempo desde que publiqué un capítulo, mis sinceras disculpas, tengo excusas suficientes, pero no las escribiré aquí porque si empiezo, nunca termino XD. Bueno, no tengo suficiente humor como para contestar review alguno… solo les agradezco por ellos, me han ayudado en momentos difíciles de mi vida. Antes que nada, quiero avisar que modificaré los dos capítulos anteriores, digamos que los estuve releyendo y… escribo pésimo T—T y hay una que otra cosa incoherente (tal vez no lo noten ahora, pero en un futuro si será incoherente XD), tal vez en unos meses ya estén bien... espero XD. Quiero agradecerle a alguien (y de paso regalarle este capítulo): a Llink, creo… que es mi forma de darte gracias por todo lo que has hecho por mí... nadie había hecho tanto en poco tiempo (suelo ser… imposible de entender XD)… solo, gracias hermano.
Solo un mini-aviso más: tengo otros proyectos en mente, esa es una de las muchas razones por las cuales me demoro, estoy haciendo 4 fics (como minimo) con mis hermanas del alma XD así que (con voz de guía de turistas) estén atentos/as a las próximas novedades XD.
Bueno, a DavidMcGill96: te debía respuestas, ¿cierto? Aquí están, de forma oculta claro XD. No te daré otra respuesta así que no preguntes.
Acabo de recordar algo, dije que presentaría a alguien aquí… pues… les presento a dos personitas, mis hermanas del alma: Lucile y Agatha.
L: ¿Hoja? ¿Hay alguien ahí?
A: Ehh… (No sé qué decir) Hoja…
Y: …ok… si esto es normal, ya no sé qué es anormal T—T
L: ¡Oye! Eso es ofensivo
Y: No lo es XD
A: Es que es: genius: XD Para ella TODO es ofensivo…
L: ¡Eso fue cruel!
Y: …Ahora sí, dejamos de fastidiarlos y… disfruten la lectura XD (Bueno, si sigue esto van a terminar matándose. La primera que escribió fue Lucile y la que sigue Agatha)
Disclaimer: Los personajes de Kung Fu Panda si me pertenecen, no son propiedad de Dreamworks. Yo inventé el personaje de Tigresa.
…Ok, completa mentira XD Los personajes de Kung Fu Panda no me pertenecen y son propiedad de Dreamworks XD.
También respeto los derechos de autor de DavidMcGill96 por tomar un mensajito suyo y colocarlo aquí y de Nickelback, por tomar parte de la letra perteneciente a la canción "Far away" y modificarla.
— ¿Cómo que se fue del palacio?— preguntó algo atónito el dueño del restaurante. Nadie respondió, solo mantenían la cabeza baja — ¿CÓMO QUE SE HA IDO?
Pasó un tiempo sin que nadie contestara, todos tenían el mismo pensamiento en mente, pero ni uno se atrevió a hablar. El señor Ping estaba demasiado alterado como para pensar si quiera pero tal vez, ese golpe al corazón fue muy fuerte, porque inesperadamente el Sr Ping se desplomó en el suelo
— ¡SEÑOR PING!
Los furiosos presentes hicieron todo lo que pudieron: llevaron al ganso a la posta médica más cercana y esperaron que alguien les dijera algo sobre el estado de la víctima.
Pasaron los minutos y nada pasó.
Por lo menos una hora después una cabra salió, su rostro mostraba que las noticias que tenía para ellos no eran buenas.
— ¿Cómo está el Señor Ping? — preguntó Víbora con la voz entrecortada
La cabra bajo la cabeza y casi en un susurro inaudible dijo: Está muerto.
La única hembra del grupo comenzó a llorar, ahora habían fracasado. Fueron donde su maestro a pedir consejo, pero no encontraron consuelo alguno en sus palabras. Las horas pasaban y nadie se sentía en condiciones como para seguir.
Víbora no hablaba con nadie, por su lado, Grulla trataba de animarla, pero de nada servía, parecía que cada palabra era una cuchilla que atravesaba su frágil corazón de hembra.
Ahora las cosas serían distintas para ella: no lloraría y desecharía por la ventana por todas esas emociones para niñitas ilusas (Y: me refiero al amor, con todo respeto, eso es lo que pienso sobre eso ¬¬). Con un ágil movimiento, cogió las flores que adornaban su cabeza y las arrojó al suelo.
Ahora… era alguien nueva.
A pesar de haber dormido junto a Po toda la noche, ella se sentía distraída, todo por un mal sueño… aunque no fue muy claro, le dejaba algo de intriga. Sin saberlo, Po le estaba hablando pero ella no le hizo caso sino hasta que la sacudió un poco.
— ¡Tigresa!
— ¿Eh…?— recién salía del ensimismamiento en el que había estado por unos minutos — ¡Oh! Ya debemos irnos
Respondió sin tomar conciencia alguna de que a Po se le formaban mil y un ideas sobre el extraño por qué de su comportamiento. Por su lado, ella se limitó a levantarse y a recoger sus cosas que yacían tiradas en el suelo.
—Tigresa… ¿estás bien?— preguntó con algo de temor Po
— ¿Eh…? Sí, estoy bien. Ahora apúrate que debemos seguir con nuestro camino
—No Tigresa, se te nota cansada y… sé que hay algo que no puedes sacarte de la cabeza— dijo Po algo serio… algo muy raro en él
—Pues si hay algo que no puedo sacarme de la cabeza… tú— respondió, en parte era cierto, pero no era precisamente lo que ocupaba su cabeza
Po se sonrojó a más no poder, Tigresa, al ver el sonrojo de Po, también se sonrojó, ambos se fueron acercando más y más hasta que escucharon un ruido
—"Condenado ruido"— pensaron ambos, se acercaron hacia los arbustos que estaban cerca y luego…
Todo se puso negro.
Una tigresa estaba sentada al borde del barranco admirando el bello atardecer. Vestía un qipao color negro con encajes rojos. Por alguna extraña razón su mirada reflejaba una tristeza inmensa a pesar de tener una sonrisa en su bello rostro.
Una lágrima resbaló por su delicada mejilla, pero ella no se molestó en secarla.
— No puedo creer que me vaya a casar— dijo en un susurro casi inaudible, tenía la voz rota y deseaba con ansias llorar hasta morir. De pronto, escuchó que alguien se acercaba, giró su cabeza para ver quién estaba allí: era Jun, hijo de los gobernantes del pueblo. Jun era alto, bastante guapo y joven, en teoría, el macho que toda hembra buscaba. Ella lo había conocido cuando era una cachorra y, en la actualidad, era su mejor amigo. Había estado enamorada perdidamente de él desde hacía varios años, pero nunca tuvo el suficiente valor como para admitirlo si quiera… Ahora que se iría a casar, las cosas estaban imposibles, así que prefería quedarse callada.
— Yo tampoco puedo creerlo… mañana estarás casada… espero que tu futuro esposo te trate bien, sino, se las verá conmigo — dijo apretando los nudillos y con una sonrisa burlona. Ella soltó una risita traviesa y le habló.
— Tú ya no saludas — le reprendió con burla.
— Cierto, hola Meiling — saludó, dándole un beso en la mejilla y dejándola sonrojada. — No te molestes por esto pero… ¿estás segura que quieres casarte?
— No quiero, pero debo. Tú sabes las mujeres estamos prohibidas casarnos con el macho que queremos…
— Si quieres te puedo "secuestrar"— dijo haciendo con sus dedos comillas — así no tendrías que casarte.
— Luego nos buscarían en toda China — ambos soltaron una carcajada sonora.
— Escucha… yo… solo quiero que tú seas feliz Mei… no importa al lado de quién, solo quiero que lo seas. — respondió.
— Quisiera no casarme, en serio… estoy segura que no seré feliz a su lado…
— Quisiera hacer algo para ayudarte
— Ya has hecho suficiente, tonto — afirmó Meiling. Pasaron unos minutos de silencio, en el que solo se dedicaron a admirar el atardecer. Ambos se recostaron en el pasto y miraban al cielo, Jun tomó la mano de Meiling y ella voltea hacia un lado para ocultar su sonrojo. Él, con su pata, gira su cabeza, haciendo que ella lo mire a los ojos. Quiso hablarle, pero las palabras no le salían de la boca, solo la tenía a ella mirándolo como si no hubiera nada más alrededor. Ella lentamente acerca sus labios hacia los de él. Por su lado, Jun quiso detenerla, sabía que no debía besarla, pero era demasiado débil como para resistir a esa tentación que le había perseguido durante varios años. Se dejó caer y trató de besarla (Y: lo lamento, no puedo seguir escribiendo esto… si sigo voy a terminar llorando), pero en ese preciso momento escucharon que alguien más se acercaba. Jun se incorporó rápidamente y salió corriendo de la escena despidiéndose tan solo diciendo un "adiós".
Meiling aún seguía en un trance, no podía creerlo, estuvo a punto de besar al tigre que más amaba en todo el mundo. — No puedo creerlo…
— Yo tampoco puedo creerlo hija mía, mañana dejarás de ser soltera — respondió una voz que provenía detrás de ella. Allí estaba su padre… el causante de esa maldita boda. Se paró y, mirándolo a la cara, dijo.
— Padre… no quiero casarme
Bastaron esas simples palabras para que el rostro pacífico del tigre cambiara a uno que demostraba una furia total.
— ¡TÚ TE VAS A CASAR QUIERAS O NO!— gritó pegándole una cachetada y haciendo que se cayera.
— ¡YO NO LO AMO!— su padre, Kong, le pegó otra cachetada.
Se levantó y salió corriendo rumbo a su casa llorando. Había sufrido tanto en su vida…
Era una madrugada muy fría. En una pequeña cabaña ubicada en el medio del profundo bosque se encontraba una tigresa echada en una cama. Tenía un enorme vientre de embarazo y quien estaba allí dentro saldría dentro de muy poco tiempo.
—Ya… no… aguanto… más— tartamudeaba la tigresa
—Solo un poco más, mi vida
— ¡NO! ¡SÁCALA DE UNA MALDITA VEZ! — gritó
Comenzó a pujar para sacar a la cría. Ella lloraba y gritaba mientras que su esposo tan solo la alentaba.
Después de una hora se escuchó el llanto de su primera cría: era una hermosa tigresita. Kong miró a su esposa, lucía cansada, pero muy feliz.
A veces, el destino suele ser cruel con nosotros… pero se sobrepasa
En ese momento de pura felicidad, la tigresa que había intentado pararse para cargar a su cría cayó desplomada al suelo: estaba muerta.
El tigre miró atónito el cuerpo de su difunta esposa. Dejó a la bebe en la cama en donde había nacido, y lloró sobre el cuerpo de su amada.
— ¡FUE TU CULPA! — le gritó a la bebe — ¡FUE TU MALDITA CULPA!
Los años pasaron y Feng aún no se había recuperado de aquel golpe. Le guardaba un rencor inmenso hacia su hija, porque ella era la viva imagen de su madre. Muchas veces le había pegado, pero a pesar de todo eso, Meiling era una chiquilla dulce y adorable.
Por fin había llegado a su casa. Entró y cerró detrás de ella la puerta de golpe.
Ya en su habitación, comenzó a llorar a mares.
Horas después Meiling ya estaba más tranquila. Sin embargo, aún mantenía su pensamiento sobre aquel fatal matrimonio que habían concertado. Con toda esa presión encima, se acostó a dormir, esperando que todo fuera un mal sueño. Al día siguiente se casaría y su vida cambiaría por completo. Sin embargo, sus pensamientos se vieron interrumpidos por alguien que no había salido de su cabeza en días.
— Ay Jun… como quisiera casarme contigo mañana…
Tap Tap Tap
El sonido rítmico de sus pisadas por los amplios corredores del palacio era de lo único que era consciente. Su mente ahora no era más que un mar de niebla y frustración, en los cuales sus pensamientos luchaban por salir a la superficie. El no haber besado a Meiling había supuesto para él un duro golpe. Ahora era mayor, un adulto sabía que hacer en esas situaciones. Pero en ese momento solo sentía unas inmensas ganas de gritar por consejo, tal y como lo habría hecho de niño. Ahora solo le quedaba recurrir a su opción: Hablar con su madre.
Al entrar por la puerta, el tigre sintió el habitual peso de los ojos de su madre. Eran duros, pero a la vez cargados de sabiduría y serenidad que relajaron la tensión que experimentaba Jun.
—Hijo mío, es agradable verte aquí.
Jun suspiró y se sentó al pie de su cama. Quería decirle todo, pero tenía miedo.
— Hola mamá… quiero… preguntarte algo…
— Claro dime
— No es caso de la vida real — mintió — pero… ¿qué harías si has amado a una persona por mucho tiempo pero nunca tuviste el valor para decir lo que sientes y ahora ella se va a casar?
La reina lo miró a los ojos y trató de ver sus sentimientos a través de ellos, Jun era hombree que no dejaba que alguien hiciera eso pero ella era mucho más astuta que él y pudo notar un peculiar brillo en sus ojos… un brillo que siempre había notado cuando veía a Meiling.
— Solo te puedo decir que… con amor, todo es posible
Se retiró de la habitación, dejando al tigre muy confuso con respecto a sus emociones. En serio amaba a Meiling… pero no sabía si podría seguir tal cual estaba después de mañana. Se echó en su cama y se dispuso a dormir. Aquella noche soñó que vivía con Mei, como marido y mujer con un pequeño tigre como hijo… tal vez, nunca soñó algo tan hermoso como eso, era un sueño del cual no quería despertar nunca…
Todo el Valle de la Paz se había reunido para llorar la pérdida del mejor cocinero de toda China. Los furiosos eran los más consternados de entre toda la multitud. El Maestro Shifu se había vestido de diferente forma: su qipao ahora era de color negro.
Llevaron el ataúd hacia el Palacio de Jade, donde el Maestro Shifu hizo la ceremonia respectiva y finalmente, procedieran con el entierro del padre del Guerrero Dragón. Después de que los presentes se retiraran, el Maestro Shifu se retiró a su habitación, se sentó al pie de su cama y observó con detenimiento las pinturas que estaban pegadas en la pared. Po y Tigresa… si lo pensaba bien no era mala pareja… ahora ellos estaban perdidos y probablemente muertos… todo por su maldito orgullo…
— Mañana iremos a buscarlos
Los 4 furiosos estaban comiendo lo que encontraron (Galletas de Mono). Estaban sentados en las sillas ubicadas alrededor de la mesa, comiendo en completo silencio. Todos suspiraron al mismo tiempo y se miraron entre sí. Uno a uno, fueron retirándose, dejando tan solo a Grulla y Víbora.
Grulla había sentido algo muy fuerte hacia Víbora desde hacía varios años… no consideraba que sea el momento adecuado… pero debía intentarlo. Se armó de valor y le habló.
— ¿Víbora?
— ¿Qué quieres? — por el tono de en el que había contestado, se había dado cuenta de que ella no estaba de buenas.
— Ehh… yo solo te quería decir que…
— ¿Qué? — preguntó Víbora con un tono de voz que daba miedo.
— Que… te amo, siempre lo he hecho y… quisiera que seas mi novia.
Víbora pareció alegrarse, dentro de ella, su corazón palpitaba de pura alegría, sin embargo, recordó a su extraviada amiga y esa alegría se transformó en odio.
— Entonces… ¿qué dices? — preguntó Grulla, sacándola del ensimismamiento en el que se había encontrado por algunos segundos. Ella frunció el entrecejo.
— ¡NO! — gritó — ¡¿ACASO NO HAS VISTO LO DOLIDA QUE ESTOY?!
— Si, pero creí…
— ¡NADA! ¡NO QUIERO NADA CON NADIE! — y dicho esto salió lo más rápido que pudo directo a su habitación dejando a Grulla con el corazón roto…
— Esto sí… esto no… mmm… esto sí… ¿estas son figuras de acción? ¿Acaso un niño vino en este viaje? Bueno, eso no importa, ahora… un poco de pelo… — decía una figura encapuchada mientras sacaba una que otra cosa de las mochilas pertenecientes a Po y Tigresa — A ver… ¿qué más hay aquí?… ok, no esperaba encontrar esto aquí, ejem momento incómodo… ¡oh! Dinero, esto me lo quedo yo… ahora, dejaré algo más de pelo aquí y estos muñecos aquí… ahora, sangre, tendré que cortarme… ¡auch!... ok, esto por allí… ¡SÍ! ¡Ahora nunca los encontrarán! ¡MUAJAJAJAJA!
Lamentablemente, los monólogos nunca son perfectos (Y: lo digo por experiencia T—T).
— ¡Cheng! ¿Tanto te demoras? — Cheng lo fulminó con la mirada, segundos después suspiró.
— Ya terminé idiota ¿nos vamos?
— Hace tiempo quería irme
Un día más, una oportunidad más, para muchos, un día puede ser una oportunidad para enmendar errores, para otros, es la oportunidad de equivocarse y aprender de esto. Un día siempre está lleno de decisiones, los más comunes serían "que ropa me pongo" o "a qué hora salgo", pero una decisión que se podría decir es la que define el resto de la vida es… con quién comparto el resto de mi vida… (Y: ¡Qué horror! ¿Cuándo me volví tan cursi? O.o).
Meiling ya estaba vestida, llevaba un qipao blanco adornado con hilos de seda dorados, llevaba una tiara con un rubí como adorno. Se miró al espejo por décimo cuarta vez en la mañana… ya era el gran día… derramó una lágrima ¡Lo que daría por no casarse! No entendía que había hecho como para merecer tal castigo. Pero las cosas ya estaban hechas…
Salió de su habitación, allí estaba su padre esperándola, a la boda iría todo el pueblo… incluyendo a Jun, su amor de toda la vida.
Sin darse cuenta, ya estaba en el lugar donde todo pasaría… veía a su futuro esposo al final del pasillo y a Jun parado junto a sus padres. Por un momento creyó notar algo de tristeza en su mirada pero luego apartó esos pensamientos de su mente "¿Por qué se fijaría en alguien como yo? Él es un príncipe y yo… yo solo soy una plebeya"
Caminaba lentamente mientras susurraba — Por favor, dame solo una oportunidad, un respiro, un beso, y seré feliz por toda la vida. En caso de que esta sea la despedida… quiero que sepas que… te amo, y te he amado todo este tiempo… y te he extrañado, a pesar que solo hayan sido horas, siento que has estado lejos demasiado tiempo… sueño que algún día estarás conmigo y nunca te irás… nunca te irás… nunca te irás — esperaba que Jun la oyera y la sacara de aquel lugar, pero eso nunca sucedió, él se quedo viéndola y sin decir nada. Meiling ya había llegado al final… ese, era su fin.
— Damas y caballeros, estamos reunidos aquí para celebrar el matrimonio de Meiling y Wang…
El encargado de casarlos estaba hablando, mientras ella solo veía como sus labios se abrían y cerraban conforme continuaba hablando. Habían pasado más de 35 minutos de ceremonia larga y aburrida, Meiling presentía que el final llegaba…
— Permítanme los anillos — dijo, solo eso sacó a Meiling del ensimismamiento en el que se encontró. Los sacó de su bolsillo y se los entregó. — Ahora, hagan sus votos matrimoniales… Primero, usted señorita Meiling.
Meiling miró angustiada a Jun, él solo bajó la mirada al suelo — La perdí — susurró Jun, susurro que solo oyó su madre, quién miró confundida a su hijo.
— Yo, Meiling…
No pudo terminar, de la nada apareció un tigre bastante alto y corpulento. Ella lo miró embelesada pero en ese lapso de tiempo, él sacó una daga y se la clavó en el corazón de su futuro esposo. Ella abrió los ojos a más no poder, la misma situación sucedió en varios sitios al mismo tiempo. Cuando volvió en sí, notó que habían demasiados muertos, entre ellos, su padre. A pesar de todo el daño que le había hecho, le "chocó" demasiado, a tal punto que no pudo articular palabra alguna.
Jun ya había cogido su daga y comenzó a herir de gravedad a los que no eran de ese lugar, cuando encontró a Meiling entre la multitud de tigres y pandas que corría sin destino alguno, se dispuso a ir junto a ella.
Meiling comenzó a llorar y corrió hacía el cuerpo inerte de su padre… sin darse cuenta que, la construcción de al lado estaba prendida en llamas… la infraestructura estaba demasiado dañada y en cualquier momento se desplomaría.
Jun comenzó a correr en cuatro patas hacia ella, quería llegar y besarla hasta el fin del mundo, pero, la construcción de al lado se desplomó encima de ella.
— ¡MEILING!
Trató de ir a buscarla pero justo en ese momento, se encontró cara a cara con el que empezó toda esa masacre: Cheng.
— ¡TÚ!
Trató de propinarle algún golpe, pero no pudo, él era demasiado rápido para él. Cheng sonrió ante su victoria y salió corriendo de la escena en cuatro patas.
En ese momento Jun sintió una ira incontrolable. Le lanzó una mirada asesina a Cheng.
— Te voy a matar — dijo en un susurro — nadie hace sufrir a Meiling
Se levantó y buscó entre los escombros a su amada. Después de varios minutos de búsqueda, la encontró en posición fetal, llorando. Se acercó lentamente y…
— Ni te atrevas a acercarte — habló fríamente
— Meili… solo quiero…
— ¡NO! — Gritó — ¿Qué no ves?
Era cierto, las circunstancias demandaban una situación demasiado imposible de explicar.
— Ay Mei… nada malo nos va a pasar — contestó acercándose
— Claro que sí
— No, no es así, y yo te lo voy a demostrar
— ¿A sí? ¿Cómo?
Repentinamente, Jun abrazó a Meiling, colocando su cara en su cuello y pasando su brazo por su espalda baja.
— ¿Ves? Nada malo nos está pasando — dio Jun sacándola de su estado de shock y a su vez, subiendo su cara hasta toparse con la de Meiling.
Ambos se miraron con cierta picardía y se iban acercando cada vez más…
— ¡Jun! ¿Dónde estás? — ambos se separaron con un sonrojo extremo, mientras veían como los padres de Jun se acercaban corriendo en cuatro patas.
— ¡Oh! ¡Que bueno que estás bien! — dijo Shing besuqueando a su hijo.
— Nos tenías preocupados — interrumpió Shuo
— Lo lamento… estaba aquí con Meiling
Ambos padres se giraron hasta ver a Meiling parada, con mirada inocente, vestida con su qipao blanco manchado de sangre, tierra y cenizas.
— Nosotros… lamentamos mucho tu perdida
— No hay problema mis señores — respondió Meiling con una reverencia
— Basta de formalidades, a partir de este momento vivirás con nosotros. — Shuo miró atónito a su esposa ¿quién le daba ese derecho de decidir quién vivía en el Palacio y quién no?
— Shing… ¿podríamos hablar un momento a solas?
— Claro que sí, ahora volvemos — cuando Shuo notó que estaban lo suficientemente lejos como para que los pudiese escuchar alguno de ellos dos, habló:
— ¿Quieres decirme… por qué invitas a vivir a Meiling a nuestro Palacio? — preguntó Shuo, tratando de hacer notar, con su tono de voz, que no estaba molesto.
— Tú cállate ¿quieres? — dijo con tono autoritario (Y: Aquí en Perú, a esos hombres que son dominados por sus esposas/enamoradas los llamamos "pisados" XD Me estoy basando en todo lo que veo en mi vida diaria XD) — Ellos dos están enamorados, y haré todo lo posible para que ellos dos terminen juntos. Además, tienes que admitir que Meiling es una buena chica.
Shuo se quedó callado, su esposa tenía razón, además, no quería verla enojada, cuando una mujer está enojada, no es recomendable andar por sus alrededores, porque pueden llegar a tener una fuerza descomunal. (Y: Ese es mi caso XD). Volvieron hacia donde estaban Meiling y Jun.
Mientras con Meiling y Jun:
Había un silencio incómodo entre ellos dos, no se miraban y mantenían una distancia prudente entre ellos dos. Jun estaba especialmente confuso, no sabía si lo que había sucedido en la boda era buena suerte o mala suerte.
Ambos suspiraron por décimo cuarta vez y por fin, se miraron entre sí.
— Escucha Meiling… yo… lamento lo que pasó.
— No hay problema — dijo en un tono pacífico.
Otra vez volvió el silencio, solo se escuchaba el sonido de sus respiraciones y latidos, que se hacían cada vez más fuertes conforme el tiempo pasaba.
— Estaré muy feliz de que vivamos bajo el mismo techo, te enseñaré todos los lugares y, lo mejor de todo, pasaremos más tiempo… juntos.
Meiling se ruborizó al oír la última palabra… juntos. Trató de disimular la alegría que sentía al saber que estaría junto al ser que más amaba en el mundo, él era tan… perfecto… todas las noches se desvelaba pensando en cómo estaría él, y se la pasaba imaginando como sería su vida como matrimonio… serían tan felices y de seguro tendrían muchas crías. Repentinamente, alejó esos pensamientos de su mente, los padres de Jun ya habían regresado.
— ¿Nos vamos?
— ¡Tío, ayúdame!, Ese "alguien malo" soy yo, Suelta a mi hija — frases al azar llegaban a la mente de Tigresa, quién estuvo desmayada hasta hace unos momentos, otra vez había tenido un mal sueño. Miró a su alrededor y vio barrotes, estaba enjaulada como una fiera. Encontró a Po a su lado, durmiendo, parecía un osito de peluche. Fijó su vista en sus secuestradores: eran tigres y pandas con capuchas negras. Miró hacia el frente, vio un Palacio bastante grande y hermoso, pero el pueblo que estaba allí era completamente opuesto: los habitantes se peleaban por comida y agua, algunos tenían esposas en las patas (Y: me refiero a esas manillas de hierro XD) y vestían con ropa que tenía algunos rasguños.
Pasaron los minutos y por fin llegaron a la entrada del Palacio, mientras tanto, Tigresa aún seguía recordando algunas frases de su sueño.
— ¿Qué… qué pasó? — preguntó Po, que recién recobraba el conocimiento.
— Nos han secuestrado, silencio.
Las puertas fueron abiertas por un tigre bastante alto y bien vestido, su mirada hacia que los presentes sintieran inferioridad.
— ¿Qué tenemos aquí? ¡Oh! Una tigresa y un panda… que interesante… se me hace muy conocida la cara de la tigresa… creo que, la he visto en otro lado…
Tigresa lo miraba fijamente a los ojos, mientras seguía recordando aquellas frases tan extrañas…
— A ver… ya lo recordé, ¿cómo has estado Li Mei? — saludó el tigre esbozando una sonrisa maléfica. En ese momento Tigresa lo comprendió todo.
—… Lie
Aquí los dejo… ¡MUAJAJAJA! Ok, de seguro deben odiarme, más de lo que ya lo hacían por no haber publicado capitulo alguno en varios meses. Al menos — y agradezcan —no soy como ciertas personitas que suben un capítulo a su fic por año.
L: ¡No subimos un capitulo por año! Digo… no hay personas que suben un capitulo por año
Y: Ustedes son las primeras XD
A: Dile eso a Lucile, ella es la que anda evitándolo. ¡Soy yo la que subió ese capítulo de 20 páginas!
Y: PRESENTENSE DE UNA ******* VEZ
L: Soy Lucile y… y… y… No hay nada interesante así que ¿Adiós?
A: Bueno, ahora que hemos escuchado las emotivas palabras de Lucile…es mi turno…Creo que hasta ahora soy la menos conocida aquí. Soy Agatha, y bueno…
Y: Escribe eso en la biografía… ¿Si? Ya falta poco para que termine el recreo T—T
A: Eres bipolar, ¿o qué? :P
L: En realidad…
Y: DEJA DE ***** CON TUS EN REALIDADES.
L: Pero solamente es una palabra… bueno, dos, pero eso no tiene importancia.
A: Pero la verdad es la palabra más ****** de este mundo. Con todo respeto n_n
Y: …Bueno, ya nos vamos (Y: Si siguen, estas se matan L: No es cierto Y: ¬¬)… Mis mejores deseos y… ¡Adiosito!
P.D: ¿Por qué las mujeres necesariamente deben usar vestidos en una boda? ¡MALDITOS SEAN LOS CORSETS! Si aparezco muerta domingo, la culpa es del corset del vestido rojo con cinta negra (no el de flores XD)
