Mi Pirata Malvado

(Adaptación)

Capítulo 5

Emmett enfocó el catalejo hacia el horizonte.

—Viene hacia nosotros.

—¿Estás seguro de que la quieres devolver? —preguntó Garrett.

Emmett le entregó bruscamente el tubo de metal.

—Mira tú mismo quién viene a bordo del barco.

Garrett puso el ojo en el orificio. Un buque de guerra enarbolando los colores ingleses se venía acercando a toda vela.

Madonna mia! Tiene a Mary a bordo. No podemos dispararle.

—Pero él sí puede dispararnos a nosotros. Ese es un buque de guerra con un armamento equivalente al nuestro.

Garrett le devolvió el telescopio al capitán y echó un vistazo a la serpiente negra estampada sobre la tela púrpura que llameaba ominosamente con el viento en la cima del calcés.

—¿Y entonces qué es lo que vamos a hacer?

—Nada —Emmett cerró el tubo. Una sonrisa íntima le estiró apenas los labios al ver a Benjamín escoltando a Rosalie por el castillo de proa, vestida en seda color amarillo fuerte.

—Buenos días —dijo Emmett serio.

En el instante en que estuvieron frente a frente, Rosalie volvió a revivir la ardiente cita nocturna: luz de luna, besos, deseo ardiente... luego vergüenza y culpa. Emmett parecía estar atrapado en el mismo momento.

—Imagino que el motivo por el que me encuentro aquí es para evitar que nos hagan estallar en el agua —dijo ella.

—A veces me dais miedo —susurró él—. Vuestra mente funciona tan rápido como la mía.

—No os elogiéis tanto —Ella tomó el telescopio y le dio la espalda para estudiar el horizonte—. ¿Cuánto cerebro se necesita para darse cuenta de que yo soy vuestro mejor aval? Si Jasper me ve en vuestra cubierta, retendrá el fuego, y vos tendréis que véroslas con él. Eso es lo que queréis, ¿no es así? Regatear con el vizconde como cualquier vendedor de pescado.

La voz de él se tornó horriblemente fría:

—Teniendo en cuenta el aperitivo que tuve oportunidad de saborear anoche, tengo esperanzas de que la transacción de hoy se desarrolle sin problemas.

Aquel comentario era tan bajo que ella no estaba dispuesta a honrarlo con una réplica ingeniosa. Se concentró en el buque inglés. Jasper. Pronto contraerían matrimonio y compartirían sus vidas como marido y mujer. Y después de anoche, ella ya estaba mejor informada sobre qué esperar. Afortunadamente.

—Supongo que esta es la despedida —La voz grave de Emmett le llenó el oído.

Un intenso deseo se apoderó de ella. ¡Maldición! ¿Qué diablos sucedía con ella básicamente para que un rufián le agitara la sangre provocándole ese deseo tan inmoral?

—Anoche cuando os besé, me llamasteis Emmett. No logro quitármelo de la cabeza.

Ni yo tampoco, se repitió ella con tristeza. Después de ese día, jamás volverían a verse.

—Ojala pudiera decir que quizás nos volvamos a ver —pensó él en voz alta—, tal vez en un futuro baile en Francia, pero lo dudo. Luis está bastante molesto conmigo por el momento, por haberle robado sus fragatas, y vos estáis a punto de convertiros en una señora casada, ocupada en procrear niños rubios.

—Lo decís como si os importara —masculló ella con frialdad, con los ojos puestos en el buque que se aproximaba.

—Y vos decís eso como si fuera a vos a quien le importara —Sus labios le quemaron la delicada pendiente de la nuca—. ¿Es así?

Sí. Ella cerró los ojos. Dominó su inestable ser y se dio la vuelta para mirarlo de frente. El calor de sus ojos la trastornaba.

—Entonces os marcháis a combatir a los franceses.

El de nuevo era todo un suave encanto italiano.

—¿Es que un valiente soldado no merece un amistoso adieu?

En un descuido, ella le miró fugazmente a la boca.

—Yo no estaba enterada de que éramos amigos.

Emmett la atrajo hacia sí.

—Tengo a Santo Giorgio que me protege, pero ninguna ragazza que derrame lágrimas por mí. ¿Pensaréis en mí de vez en cuando, amore?¿Derramaréis un par de lágrimas?

—Ya tenéis a Mary Alice para que derrame lágrimas por vos —replicó ella con tono punzante.

—No será lo mismo —Él le miró fijo la boca, con un deseo profundo en los ojos. Ella echó la cabeza atrás. Un último beso de despedida, pensó, esperando el sabor apasionado de su boca...

¡Buque en bauprés, capitán! —gritó una voz desde el castillo de proa.

—¡Orientad las velas! —gritó Emmett por encima del hombro, activando un alboroto disciplinado: los marineros trepaban las sogas para acurrullar las velas. Los bicheros volaban de buque a buque, juntando más los barcos. Rosalie lanzó una mirada al buque de guerra que se acercaba a estribor. Deseaba poder detener el tiempo por un loco instante, para un último beso de despedida, pero con Jasper llegó la realidad.

Emmett tenía aspecto ceñudo:

—El deber llama, belleza —Suspirando la soltó y se marchó. La brisa cargaba su voz como la de un león mientras impartía órdenes, con su caminar a grandes pasos imponiendo un aire de autoridad.

Sintiéndose defraudada, Rosalie tomó posición a estribor desde donde se aseguró una perspectiva ventajosa del panorama. No pasó mucho tiempo hasta que localizó a Jasper de pie junta a la barandilla del Dandelion. Estaba cambiado, pensó. El pedante caballero se había transformado en un elegante capitán.

—¡Dios santo, Rosie, eres tú! —Sus ojos verdes se expandieron en un rostro recién bronceado—. ¿Qué diantres estás haciendo aquí? ¿Te encuentras bien? ¿Fuiste maltratada de algún modo?

Ella había esperado que fuera una reunión más cálida. Presintió una enorme presencia a sus espaldas que irradiaba fastidio, que con voz directa afirmó:

—Fue tratada excepcionalmente bien.

Rosalie sonrió. Emmett sonaba un poquito celoso. Decidida a provocarlo, ella gritó alegremente:

—¡Hola, Jasper! He venido a ofrecer diversión y apoyo. He tenido la mala suerte de ser secuestrada de mi barco, pero me encuentro en perfecto estado y terriblemente aburrida. ¿Y tú cómo estás?

—Espléndidamente bien, pero no me agrada demasiado que hayas venido hasta aquí. Es tiempo de guerra y alta mar está contaminada con carroñeros —Le lanzó una mirada intimidante al hombre que ella tenía a sus espaldas—. Estoy sorprendido de que tu abuelo te haya permitido llevar a cabo esta absurda aventura. Kingston no se parece a Londres, ¿sabes?

—Basta de drama —Emmett gritó fríamente y cerró con fuerza ambas manos en la barandilla, a ambos lados de ella—. Whitlock, tenemos asuntos que atender.

Rosalie se puso rígida. Estaba de frente a su prometido y sin embargo cada nervio de su cuerpo reaccionaba ante la cercanía de Emmett. Ella sentía su mandíbula rozándole la sien, su calor invadiéndole el flujo sanguíneo.

Ciao pezzo di ragazzo! —Una bellísima muchacha de aspecto rebelde, vestida con pantalones color púrpura y botas fue a pararse junto a Jasper, con los cabellos rizados negro azabache agitados por el viento y los ojos azules encendidos. Lelanzó a Emmett una naranja y un beso.

—¡Mary! —Emmett atrapó el obsequio y se zambulló en un torrencial monólogo en fluido italiano. Rosalie le estudió el perfil; irradiaba tal regocijo de ver a aquella dama tan extraña. Sabía que él había ido a salvar a su amante, pero nada la había preparado para eso. El canalla la abordaba a ella estando enamorado de otra y ella había sido lobastante estúpida como para sucumbir ante sus dudosos encantos.

—¡Alice, os dije que os quedarais bajo cubierta! —Le recriminó Jasper a la mujer que tenía a su lado.

Ignorándolo, ella saludó a los hombres de Emmett. Garrett lanzó una carcajada y leenvió un beso.

—Whitlock, tengo una propuesta que haceros —gritó Emmett—. Vuestra prometida por Alice. Jamás obtendréis mejor trato que éste.

—Yo notrapicheo con asesinos, Víbora. Tengo autoridad suficiente para incautaros el barco y colgaros, pero si preferís entregaros, ¡tal vez me compadezca de vuestro trasero italiano!

Emmett estalló en una carcajada.

—Siento decepcionaros, payaso, pero jamás tuve a un soberano sobre mi cabeza. Y sin duda alguna no estoy dispuesto a aceptarlo en este momento.

—Aun así os rendiréis. Si no lo hacéis, ¡vos y vuestros secuaces conoceréis el cadalso!

Emmett enroscó un brazo alrededor de la cintura de Rosalie haciéndola contenerla respiración.

—Si esta hermosa criatura significa algo para vos, liberaréis a Alice de inmediato. O me veré obligado a conservar avuestra deliciosa prometida y regresar por Alice de un modo mucho menos amistoso.

Jasper perdió la compostura.

—Suéltala, Víbora, ¡o pagarás caro por esto!

—Obviamente habéis oído hablar de mí, de modo que ya sabréis que no hago amenazas en vano. Lady Rosalie no ha sido perjudicada de ningún modo, pero si insistís en descartar mi ofrecimiento, ni vos ni su familia la volveréis a ver jamás. Creedme que ante esa posibilidad, se me cruzan deliciosas ideas por la cabeza —Y con voz lapidaria agregó—: Haced que Alice camine por el tablón, y pasaréis el resto de vuestra vida buscando a vuestra rubia novia por todos los mercados de Oriente.

Clavándole las uñas en el brazo, Rosalie le miró furiosa el rostro severo.

—¿Cómo os atrevéis a amenazarme con la esclavitud? —Y Jasper (a quien ella miró con el ceño fruncido), el muy estúpido estaba llevando su principio de no negociar con piratas hasta el extremo. ¡Que era ella misma! No era tan estúpida como para no darse cuenta de lo que allí se estaba tramando. ¡A él le agradaba esa prostituta italiana!—. Mi abuelo os matarapor esto —siseó ella y volvió a mirar a Emmett encolerizadamente—. ¡Y os matará a vos también!

Imperturbable ante el ataque de ella, Emmett la cogió de la muñeca y la aferró con más fuerza entre los brazos.

—Me pregunto, inglés: ¿qué diría el duque Hale de vuestra falta de cooperación? No llego a distinguir un radiante despacho en vuestro futuro. Si fuera vos, no contrariaría al consejero de Ana.

Jasper se puso colorado.

—¡Maldito bastardo! ¡No me dejaré chantajear por tipos como vos! Si no liberáis a lady Rosalie en este mismo instante, seréis perseguido por la Flota de Su Majestad hasta que...

—Tendréis que esmeraros más —Emmett lo interrumpió en seco—. Ya me persigue toda clase de buque de alta mar. Seguramente no esperaréis que me sienta intimidado por vuestra mediocre amenaza.

Exasperada, Rosalie gritó:

—¡Dejadle que recupere a su chica y terminemos con esto, Jasper! —Si ella no intervenía, ese par de patanes era capaz de pasarse el día allí, intercambiando amenazas.

—Ahí tenéis un consejo sensato —recalcó Emmett. Y sonriéndole a ella agregó—: ¿Desesperada por escapar de mí?

—Ni os atreváis a suponer que estoy de vuestro lado, rufián. ¡Ahora soltadme! —Ella intentó abrir a la fuerza aquellos brazos de acero que la aprisionaban, pero Emmett la apretó más fuerte, y parecía estar disfrutando de esa postura de abrazo.

—Sois un cachorro muy impaciente, Whitlock —gritó—, ignorante de las cosas del mundo. Podría permitirle a mi tripulación completa probar este delicioso bocado y aun así estaríais en la obligación de recuperarla. Pero en cambio os estoy ofreciendo un trato mejor. Tomadlo con ambas manos.

Jasper estaba furibundo.

—¡Vuestra bandera manchada de sangre no me amedrenta! ¡No renunciaré a Alice!

Los soldados ingleses parecían tan sorprendidos como los piratas, pero no tan consternados como Rosalie.

¡Jasper! —gritó sofocada y mortificada. Miró a Emmett. La compasión de su mirada la hizo sentir aún peor. Que él le tuviera lástima era la peor humillación. Él le pasó un dedo por debajo del ojo, mirando fijamente las lágrimas que recolectó. La furia le iluminó los ojos.

D'accordo. Va bene! —le dijo gruñendo a Jasper—. Por ahora me quedo con Rosalie, pero no esperéis que renuncie a Alice. ¡Soltad amarras! —le ordenó a la tripulación.

—¿Qué demonios creéis que estáis haciendo? —gritó Jasper—. ¡Resolveremos esto como en el mundo civilizado! ¡Y si no tenéis ni la más mínima idea de cómo se hace, será un gran placer para mí aclarároslo!

A ella le revivió la esperanza y miró a Emmett con ojos expectantes. El miró al vizconde parpadeando, fingiendo gran admiración.

—Buen hombre, ¿por casualidad estáis sugiriendo un duelo?

—Efectivamente, imbécil. ¡Así que afilad vuestro alfanje y preparaos para la batalla!

Emmett se encogió de hombros con aire de desidia.

—No he venido hasta aquí para dejaros hecho jirones, pero si insistís... —En latín agregó—: «Una corona arrebatada de una cima fácil no provoca placer».

Fuertes vítores estallaron en el Alastor. A Jasper se le pusieron los pelos de punta:

—¡En latín o en claro inglés, sugiero que uséis las armas en lugar de la lengua! —Como es debido, los soldados del Dandelion chiflaron y abuchearon.

Rosalie le tocó el brazo a Emmett.

—Por favor... no lo matéis.

—Debo aceptar su desafío, princesa. Vuestro prometido es un tonto testarudo y yo no puedo dejar a Mary abandonada. Después de hoy, no me odiéis demasiado. Sólo recordad que... —Y sosteniéndole la mirada ansiosa, le entregó la naranja para que la cuidara—. También estoy haciendo esto por vos —se dirigió a Jasper—: Ya tenéis mi respuesta, cazapiratas. Bailaremos sobre el tablón, aseguraos sólo de no caeros —Y para alborotado deleite de los marineros italianos, fue a subirse sobre el tablero.

En el Dandelion, Jasper se quitó el chaleco y sacó el estoque. Atacó con una elegante maniobra ofensiva, recibiendo ovaciones por parte de los oficiales y de la tripulación. Emmett fue el primero en avanzar de un salto sobre el tablón, su agilidad a Rosalie de nuevo le recordó a la de un leopardo negro. Con los brazos cruzados a la altura del pecho, invitó:

—¿Estáis listo para proceder, vizconde, o voy abajo a echarme una siesta?

Jasper suspendió sus ejercicios.

—Podéis tomaros un minuto. ¡Pero para rezar vuestra última oración! —Se unió a Emmett en el tablón, haciéndolo crujir y moverse peligrosamente. Sofocado, luchó para mantener el equilibrio mientras el enorme pirata seguía parado tan quieto como una roca, mirándolo divertido—. Parecéis experto en este tipo de cosas, Víbora, igual que los monos.

—Basta de cumplidos —sonrió Emmett—. Recordad, éste es un asunto serio: vuestro funeral —Sacó el resplandeciente estoque y le apuntó al vizconde—: En guard!

Jasper frunció los labios y cruzó su espada con la del pirata. Se hizo silencio en ambas cubiertas. Entonces, lanzando una estocada relámpago, Jasper efectuó una limpia volte-face. Los de uniforme azul vitorearon, alzando los puños, pero Emmett esquivó con fluidez y obligó al vizconde a cambiar con él de posición.

Soltando estocadas a diestro y siniestro como un loco, Jasper lanzaba miradas inquietas a las olas infestadas de tiburones que chapoteaban debajo del tablón. De repente, su fular fue arrancado con fuerza y él volvió a recuperar el equilibrio.

—¿Ibais a algún lado? —Emmett soltó los pliegues de encaje, con aire indiferente. La cubierta del Alastor rompió a reír, silbando, dando pisotones y ululando. Sonriendo amablemente, Emmett inclinó la cabeza ante su audiencia y luego volvió a encararse con el vizconde. La expresión azorada de Jasper era tan espléndida como la sonrisa amplia y seductora de Emmett al ofrecerle—: ¿Os rendís?

—¡No sin antes echar vuestra locuaz boca por la borda!

Alzó la espada y atacó. A partir de ese momento, el duelo se tornó letal. Emmett daba estocadas fuertes y veloces, presionando el estoque del vizconde al tiempo que usaba su voluminosa estructura para encajarse entre el Alastor y la profunda caída al mar. Los dorados rayos del sol se dividían sobre las gastadas hojas de las espadas. El tablón crujía bajo las botas que bailaban.

Rosalie contenía la respiración mientras los observaba trabarse y destrabarse en combate. Rezaba por Jasper, se sobresaltaba cuando Emmett escapaba de una estocada cercana y básicamente contenía el pánico absoluto. Se encontró con los ojos de Alice e intercambiaron miradas curiosas. Su adversaria se veía tan ansiosa como ella. Rosalie sospechaba que Alice estaba experimentando la misma confusión de sentir una preocupación similar por ambos duelistas.

Falto de práctica, Jasper duplicó su agilidad, cuyo precio fue una gruesa capa de sudor en la frente. Se movía con gracia, con su coleta rubia agitándose sobre su nuca, su cuerpo delgado se encorvaba y flexionaba para esquivar las incesantes estocadas del italiano. Se le hacía difícil respirar, Emmett lo estaba dejando cada vez más exhausto. En toda su condenada vida, él debía de haberse enfrentado a enemigos más mortales que a Jasper Whitlock, supuso Rosalie. Blandiendo la espada a una velocidad increíble, cambiaba las reglas constantemente y caía encima del vizconde sin dejarle ni un instante para recuperar el aliento.

Desesperado por dominar a su oponente, Jasper apuntó a las rodillas de Emmett, pero este dio un salto y pasó por encima de la espada con la gracia de un gato y aterrizó en el centro del tablón. Jasper perdió el equilibrio y con un fuerte grito aterrizó de lleno sobre el trasero. Los italianos se volvieron locos, riendo con carcajadas tan fuertes que hasta podían despertar al mismo demonio; Garrett estaba tan descontrolado que le corrían las lágrimas por las mejillas.

¡Capitano, muestre algo de compasión con la pobre tortuga! —gritó. Sus compañeros rompieron en risotadas. Los de uniforme azul no se tomaron bien la burla y un altercado verbal se desató entre ambas cubiertas.

Emmett observó a Jasper ponerse de pie lentamente:

—Mi ofrecimiento aún sigue en pie —le dijo—: ¡Rendíos!

—¡Primero os veré muerto! —dijo Jasper con voz áspera y embistió a Emmett emitiendo un sonido gutural. La reacción del pirata fue extremadamente rápida; el estoque brilló al blandirlo habilidosamente, perforarle al vizconde la palma de la mano y arrebatarle su estoque que salió volando por el aire, titilando bajo la brillante luz del sol, hasta que fue a zambullirse en el mar. El vizconde sacó la daga.

—¡Jasper, no lo hagas! ¡Te rebanará en pedazos! —gritó Rosalie con terror. ¡No podía permitirse el lujo de desafiar a la Víbora con una daga!—. ¡Por favor, deja que se lleve a la chica y terminemos con esta locura!

Jasper tenía el aspecto de herido, exhausto y desesperado. La sangre de los dedos se escurría por el mango del cuchillo.

—Alice es una mujer decente. No tiene necesidad de arrojar su vida al abandono con una chusma como tú. Ella puede tener una vida buena y respetable en Jamaica. ¡Así que déjala en paz, maldito lobo de mar!

Un músculo se movió cuando Emmett apretó la mandíbula.

—¿Para colgarla, para tenerla prisionera o para que os sirva de amante? Qué inconveniente os debe de resultar la tan inesperada presencia de vuestra prometida.

—¿Por qué no le preguntáis a Alice qué es lo que ella quiere?

—Yo sé dónde radica su lealtad —respondió Emmett—: Envainad vuestra arma. Ella se viene conmigo.

—¡Jamás! —Jasper atacó con el cuchillo. Emmett lo cogió de la muñeca, se la torció por detrás de la espalda y le arrebató la daga. Le acercó la punta al cuello de Jasper. Una gota de sangre brotó de la piel sudorosa del vizconde. Le chorreó por el cuello empapado en sudor, esparciéndose por la tela blanca.

Al notar el brillo feroz en los ojos de Emmett, Rosalie imploró:

—¡Emmett! ¡Por favor! ¡No lo matéis!

—¡Emmett! —gritó Alice, con los ojos llenos de terror—. ¡No lo mates! Yo lo amo...

Emmett se quedó helado. Miró a Alice echando fuego por los ojos.

—¿Tú lo amas?

—Sí —Asintió ella con la cabeza, al tiempo que se secaba las lágrimas con las mangas de la camisa.

Rosalie se quejó desesperada. Ahora Emmett estaba seguro de matar a Jasper. No obstante, para gran asombro de ella, el célebre pirata bajó la daga y liberó a Jasper. Le ofreció una mano a Alice.

—Ven.

Alice comenzó a subirse al tablón, Jasper emitió un bramido y le hundió la daga en el costado a Emmett, apuñalándolo a media altura del torso. La sangre salió a chorros, roja y espesa. Emmett se tambaleó con los ojos azules ardiendo. Cayó de rodillas con un ruido seco, apretándose el costado con una mano.

—¡Dios santo! —Rosalie empujó a los enfurecidos piratas a un lado para llegar al tablón. Con el cuchillo ensangrentado en la mano, Jasper estuvo a punto de atacar—. ¡Jasper, no! —gritó ella—. ¡Tú no eres un asesino!

Alice se metió entre ambos como una serpiente, abrazándose al cuerpo como un escudo humano.

—¡Apártate de mi camino, Alice! —gritó Jasper—. ¡O juro que os mataré a ambos!

—¡Pues entonces mátame, bastardo cobarde! Él te perdonó la vida a petición mía. ¿Qué tipo de hombre eres que apuñalas a otro por la espalda? ¡Tú! ¡El noble vizconde! ¡Eres un canalla cobarde!

Garrett y Benjamín sacaron las pistolas y las apuntaron a la espalda de Jasper. Horrorizada, Rosalie le clavó los ojos a Emmett. Su corazón estaba con él.

—¡Jasper! ¡Deja que se vayan! ¡Tú ganas!

De mala gana, Jasper dejó caer el cuchillo. Con el rostro surcado por las lágrimas, Alice se sentó junto a Emmett y depositó con delicadeza sus cabellos oscuros sobre su regazo.

—¡No te quedes ahí parado, Jasper! ¡Trae a un médico!

—No hay médico a bordo del Dandelion. Y mejor así. Tu amante morirá como un perro, porque eso es precisamente lo que es.

Aquel gruñido fue prueba conclúyeme de lo que Rosalie ya sospechaba: él y Emmett eran amantes. El duelo había sido por ella. Había que intentar eliminar a la competencia: Emmett.

Los ojos de Alice lanzaron un brillo letal.

—Emmett no es mi amante, ¡idiota! ¡Es mi hermano!

Rosalie se quedó con la boca abierta. ¡Pues claro! ¿Cómo podía haber estado tan ciega? Hermanos, tan parecidos, los dos italianos, extremadamente apuestos y con esos ojos azul zafiro. Todo cobró sentido: los esfuerzos de Emmett por rescatar a Alice, su voluntad de perdonarle la vida a Jasper porque su hermana lo amaba; y finalmente, ella cayó en la cuenta de que sus besos, los momentos que habían pasado juntos... habían sido auténticos. Tenían que serlo. Y ahora él se estaba muriendo.

Rosalie lloraba amargamente, envolvía con el brazo el pecho de Emmett de manera protectora.

—Tengo que sacarlo de aquí—dijo ella con la voz entrecortada por el llanto—. Madonna mia, está perdiendo demasiada sangre...

También las lágrimas de Rosalie le corrían por las mejillas.

—Alice, bajadlo a cubierta. Yo le curaré la herida.

Alice levantó la cabeza, con la esperanza brillándole en los ojos.

—¿Lo haríais?

—No soy médico —admitió Rosalie—. Sólo he asistido a nuestro doctor Giles en Yorkshire en algunas ocasiones. Nada complicado. Sutura, aseo. Pero si no hay nadie más...

—No hay. Por favor, ayudadlo —Alice se puso de pie. Garrett y Benjamín se acercaron para ayudar.

Jasper les bloqueó el paso.

—Mi prometida no curará a este rufián.

—¡Sí lo haré! —rebatió Rosalie—. No me quedaré viendo cómo muere desangrado.

El vizconde parecía pasmado.

—¿Por qué habría de importarte que este rufián muera desangrado, Rosie? ¿Después de lo que te hizo, aún quieres ayudarlo?

Esa actitud puso a los piratas en posición de batalla. Sacaron mosquetes y pistolas. El artillero mayor impartió órdenes para cargar armas. Con sogas colgantes desde los mástiles del Alastor, la tripulación pirata se preparó para abordar al Dandelion y allí se vería quiénes eran los mejores.

—Si no me dejas curarlo, todos tendremos que nadar para sobrevivir —advirtió Rosalie.

—¡Por favor! —imploró Alice—. No me pidas que escoja entre mi hermano y tú.

—Entonces lo llevaremos a Kingston—dijo Jasper con un gruñido—. Mi prometida no se acercará ni un paso a este rufián. Ya ha sufrido demasiado en sus sucias manos.

Rosalie miró a Emmett. El la estaba mirando con ojos de un tigre herido. ¿Cómo podía dejarlo morir?

—Jamás he sufrido en sus manos. Yo cuidaré de él.

—Rosie, ¿qué es lo que estás diciendo? —exigió Jasper—. ¡No es posible que cuides de este criminal!

Rosalie vio el terror en los ojos de Alice. Ella conocía ese terror. Su hermano estaba a punto de morir.

—Ya ha perdido demasiada sangre —insistió ella—. Si esperamos hasta llegar a Kingston, morirá con seguridad. Me niego a ver a otro hombre morir desangrado y que me digan que no hay nada que hacer.

—Estás pensando en Royce, ¿verdad? Pero no tienes ni idea de lo malvado que es este hombre. Emmett es un asesino brutal. Merece la horca. Te prohíbo que te le acerques ni a un metro de distancia.

La decisión de ella fue definitiva. El comportamiento alienado de Jasper por estar locamente enamorado de otra mujer los ponía a ambos en riesgo. Era hora de asumir el mando de su vida y tomar sus propias decisiones.

—Si Emmett muere porque me obligaste a negarle asistencia, ¡tomaré el primer barco de vuelta a casa y le contaré todo a mi abuelo! Él desaprobará tu conducta, al igual que tu padre, y la Reina. ¿Quieres que presente el caso ante Su Majestad?

Jasper se sobresaltó. Le sostuvo la mirada fija, dudando de si ella proseguiría con su amenaza hasta el final. Ella no parpadeó.

—Haz lo que quieras —dijo él entre dientes—. Tienes mi permiso.

Sin perder un valioso instante más, Alice ayudó a Emmett a incorporarse. Garrett y Benjamín ofrecieron ayuda, pero ante el asombro de todos, Emmett les gritó a los ayudantes y bajó solo a la cubierta del Alastor. Apretaba los dientes con cada gesto de dolor y se golpeó bruscamente contra la baranda.

Rosalie se arrodilló a su lado.

—¿Os duele mucho? —le preguntó con suavidad, apartándole la negra cabellera sedosa de la frente empapada en sudor frío.

—respondió él apretando los dientes. Los ojos brillaban febrilmente azules.

—Bien. Eso significa que todavía no os estáis muriendo —Tenía la camisa blanca de linón empapada en sangre. Tenía que arrancarla para dejar la herida al descubierto. Seguramente, quitar la tela adherida le causaría un dolor insoportable—. Rosalie, prestadme vuestra daga. Y dadle algo para morder.

Hacedlo de una vez —le dijo con voz áspera y apretando los dientes—. Si me desmayo cuando terminéis, derramad café en polvo sobre la herida. Eso la cauterizará. Encontraréis una bolsa en mi camarote —Aunque el dolor era visible en cada línea de su rostro, él tenía la boca firme en un gesto de estoica determinación—. Hacedlo, Rose.

Teniendo en cuenta la cantidad de sangre que había perdido, Rosalie estaba asombrada de que él aún estuviese consciente. Se secó la frente y cortó la camisa en tiras con mucho cuidado. La sangre salía a borbotones, de modo que presionó la herida abierta con los retazos de la tela. Nada de pánico, se controló. Tú puedes salvarlo.

Emmett la observó en todo momento, con un profundo dolor reflejado en los ojos, pero no se quejó. Ni siquiera se movió. Sólo la miraba fijamente, con una mirada oscura, la piel de color gris, el cuerpo tenso. Esforzándose para no temblar, sólo se rindió una vez ante un espasmo muy fuerte.

—¿Por qué? —siseó—. ¿Por qué me estáis... ayudando?

La pregunta se quedó flotando entre ambos, desafiante, personal. ¿De hecho, por qué ella estaba ayudando a ese pirata despiadado? Él no había hecho nada para merecer su generosidad.

—Espero que vuestro temple esté a la altura de vuestro inmoral nombre, Emmett —susurró ella con una sonrisa—. Cualesquiera que sean mis motivos, tendréis que confiar en mí.


Espero les este gustando la adaptación. Dejen Reviews(si quieren)...comenten que opinan de la historia, si les gusta o no. Lo que es a mi me encanta este libro. Escrito por Rona Sharon.

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