Holaaa queridas y muy pacientes lectoras! Perdón por no haber subido ningún capitulo, la verdad he estado tan ocupada con otros temas que me había olvidado de los fics, encima la inspiración no llegaba, pero finalmente me estruje el cerebro para traerles el siguiente capitulo, disfrútenlo:

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-te comportas como una niña

-eso no te importa

-deja de jugar con ese peluche y ve a arreglarte que ya debemos irnos

-pff, no es justo que sólo ustedes se vean libres de usar el uniforme

-pues ya ves, ¡Esas son las ventajas de ser el gran Jun Pyo!

-si claro, como digas –el murmullo de la pequeña peli castaña se perdió entre las risotadas que aun daba su hermano mayor –el gran Jun Pyo puede tirarse de un avión y aun así me importaría menos que el rábano que acaban de echar a la sopa

No es que odiara a su hermano. Muchas personas en su sano juicio jamás serían capaces de odiar a alguien de su propia familia. Bueno, tal vez con su madre fuera un caso especial. Regresando a Jun Pyo… no lo odiaba, simplemente le fastidiaba la idea de tener que compartir techo, comida, palabras… aire con él. ¿Extremista? Tal vez, pero el caso era que ambos se llevaban peor que el gato con el ratón. Jun Pyo era una persona egoísta, posesiva y desinteresada, a quien sólo le podía importar él, él y él. Ella era el contrario, como el ying y el yang. Su hermana se esforzaba por hacer que se volvieran más unidos, no era grato despertarse con los gritos de sus peleas matutinas, ni tampoco acostarse con ellas. ¿Qué es lo que la impulsaba entonces a tener que seguir soportándolo? Simple. Ella era la menor, sobreprotegida por todos, en especial por esa molesta persona. Jamás se iría de su casa si de sus padres dependiera y, ¡Sorpresa! Así era, de ellos dependía hasta qué oxígeno debía respirar.

La amable y dulce Goo Kyu Ri también tenía sus límites. Jun Pyo siempre los excedía. Jun Pyo, Jun Pyo, Jun Pyo… ¿Qué hacer para librarse de él? Ni siquiera podía irse hasta la preparatoria sola. ¿Cómo sería probar la libertad completa por sólo una hora?

-hija, que bueno que te veo –suspiro. Su madre vivía en la misma casa, ¿Cómo era posible que apenas la viera una vez por semana? Pregunta sin respuesta. Otro suspiro.

-¿Qué pasa madre? –sonrisa fingida y luego te podrás ir a tu habitación.

-esta tarde vendrá el heredero de las empresas Kim a conocerte, te ruego que trates de simpatizar con él, podría ser tu esposo en un futuro no muy distante –su madre. Si alguien mencionaba el interés, de seguro se refería a su madre.

-si omma –siguió su camino sin voltear a verla

-no se te ocurra escaparte –detuvo su paso, mirándola por sobre su hombro. La mujer de fría expresión permanecía cruzada de brazos, esperando una respuesta

-no lo haré

-¿De verdad?

-te doy mi palabra

-pues no es mucho lo que tu palabra vale -¿Por qué tenía que ser así?

-¡Te estoy diciendo que no me escaparé! ¿Qué más quieres? ¿Un compromiso escrito y firmado ante notario? ¡Recibiré a ese idiota únicamente porque es una orden! No esperes que simpatice con él, mucho menos que trate de agradarle –claro, era obvio afirmar que esa única vez en que hablaban en toda la semana, era para discutir

-no me alces la voz, solo trato de asegurar tu futuro

-¿Y quién te pidió que lo hicieras? –gritó dejando de lado su amabilidad y dulzura. Esa mujer podía fácilmente sacar lo peor de todos -¡No necesito un esposo, maldición!

-no maldigas ni pierdas tu compostura

-¿mi compostura? Madre –conto mentalmente hasta 100 antes de volver a abrir la boca –sabes muy bien lo que pienso respecto de los matrimonios…

-y tú sabes muy bien que tu opinión poco importa

-¡Pero no soy un objeto!

-claro que no, un objeto se quejaría menos que tú… Kyu Ri, todos los medios saben lo maravillosa que eres, no lo arruines con estas reacciones infantiles, imagina, la dulce, amable y tierna Goo Kyu Ri, comprometida en matrimonio con el heredero Kim

-¡Arg! Eso suena horrible –dijo una voz masculina a sus espaldas. Kyu suspiró, sonriendo cansadamente ante la afirmación de su hermano –madre, Kyu aun es una niña, déjala en paz

-no te entrometas

-me entrometo todo lo que quiera porque es mi hermanita, y la defenderé siempre, te guste o no, Kyu, ve a cambiarte de una vez –la joven asintió, desapareciendo en un solo puf. El heredero Shinwa miró a su madre de reojo, soportando las ganas de gritarle unas pocas verdades en su desagradable rostro –sólo lo diré una vez madre… Kyu Ri es una niña, no se comprometerá con ningún idiota, no mientras me tenga para cuidarla

-tú no te puedes casar con ella

-eso no lo haría ni en mis peores pesadillas

-entonces, ¿Por qué insistes en tenerla a tu lado?

-porque el único que puede cuidarla de ti soy yo –cerró la conversación con una mueca de desagrado, yendo hasta la puerta del cuarto de su hermanita.

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-Oppa, ¿Me llevarás en tu moto?

-¿te molesta?

-¡Aniyo!

-¿Entonces?

-necesito un casco –señalo su cabeza, haciéndolo aun más obvio.

-tengo uno

-¿de verdad?

-¿Por qué pensabas que no?

-bueno… como siempre estás solo

Él frunció los labios en una mueca de desagrado que hizo reír a su hermana menor. No se veían hace mucho, ese sería su primer día en la preparatoria Shinwa, donde conocería sólo a sus amigas… y aun así estaba de ánimos para burlarse de su gusto por estar solo. La escolar subió a la moto, abrazándose fuerte de él para no caer. Podía soportar que ella lo molestara, jamás se atrevería a discutir con ella por algo tan absurdo. Sintió su fuerte abrazo y sonrió, algún día esos frágiles brazos harían lo mismo con otra persona, otro hombre que no fuera él. No. Eso sí no podía soportarlo. Se negaba a perder a su hermana, mucho menos para que se fuera con alguno de esos clasistas y egoístas herederos. Él nunca podría obligarla a un matrimonio por interés, pero si llegaban a una situación así… ¿Qué opción tendría? Bueno, siempre podía comprometerla con uno de sus amigos. ¿Uno de los F4? Jun Pyo era un egoísta y ególatra, Woo Bin y Yi Jung un par de mujeriegos. Ninguno era buena opción. Eran sus amigos, sí, pero nunca los aceptaría como novios de su hermana, no mientras siguieran comportándose como lo hacían.

Se estaciono fuera de la preparatoria, viendo como su hermana se acomodaba mejor el uniforme que, obviamente, en ella se veía muy bien. A sus ojos, ella era la más guapa de todo el lugar. Ga Eul le sonrió, mirando a su alrededor. La preparatoria-universidad y todo lo demás eran enorme, exageradamente lujosa. Si había algo que caracterizaba a los hermanos Yoon era la sencillez, y ese lugar no entendía para nada de sencillez.

-¡Ommo! Este lugar es enorme –hizo una divertida expresión. Ji Hoo no pudo evitar reír, provocando un mohín por parte de la menor de los Yoon –Oppa, no es divertido, de seguro me perderé

-pues, para eso están tus amigas, ¿No?

-Oppa, no estaré pegada a ellas todo el tiempo

-bueno, entonces te perderás

-que cruel eres ¬¬ -dio un suspiro, viendo como un montón de alumnos entraban por las elegantes puertas del edificio.

Solo esperaba que una de esas mujeres que habían ido a buscar a Yi Jung no estudiaran allí, aunque eso era bastante poco probable. Cansada de sus pensamientos absurdos, se apoyó en la moto de su hermano buscando al menos una sombra que le resultara familiar. Un lujoso y, demás está decir, costoso deportivo de colección se estaciono justo a su lado, llamando momentáneamente su atención. Solo una persona podía traer ese ruido dentro de un coche. Sonrió, susurrando un inaudible "unnie". ¿Cómo podía tener tantas energías por las mañanas?

-¡Ga Eul! ¡Que linda luces con el uniforme! –sonrió tímidamente, bajando la mirada y luego desviándola hacia su hermano, notando un extraño brillo en su siempre cansada mirada al ver a la siempre alegre Jae Kyung

-Unnie, haces mucho ruido –dijo entre risas, quitándose un mechón de cabello del rostro

-¿Ves cómo no sólo yo pienso eso? –se quejaba Yi Jung sobándose el lugar dónde su hermana acababa de golpearlo –aigo, eres peor que mil terremotos y guerras mundiales juntos un día de tormenta ¿No lo crees Ga Eul?

-aniyo –defendió a su amiga cuando se vio finalmente libre de su abrazo –Jae Kyung unnie está bien como es –el heredero So frunció el ceño, saludando a su amigo Ji Hoo, quien seguía observando todo en silencio. Que novedad.

-Nee Ga Eul, no la motives a ser peor –bromeo Yi Jung jugando con las llaves de su coche. Las jóvenes que pasaban cerca les sonreían y coqueteaban descaradamente, dándole una mala mirada de vez en cuando.

Poco conocida era la hermana de Ji Hoo para cualquier alumno de la preparatoria Shinwa, más bien se trataba de un mito, nadie estaba muy seguro de que en verdad existiera. Él mismo se había encargado de esconderla muy bien ¿Por qué? Para mantenerla a salvo de las personas de la alta sociedad. Un mundo así podía fácilmente acabar hasta con la flor más bella y resistente de todo un jardín. Ga Eul era su flor, y la cuidaría como tal.

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-hoy no irás a clases

-¿uh? ¿Eso porqué?

-es una orden de papá

-Oppa, appa está metido en algo malo otra vez ¿Verdad?

-algo así

-¿Estaremos bien?

-no debes preocuparte, que quien te cuida soy yo

Sonrió tímidamente, viendo a su pequeña hermanita jugar con uno de los tantos cachorros que recogía de las calles. Unas semanas más y la mansión Song se volvería oficialmente un refugio de animales. Woo Bin miraba también a la pequeña Mi Nam, pensando en lo mucho que se parecía en personalidad a la linda Kyu Ri.

Jan Di hizo una mueca algo extraña, viendo como su hermano se perdía en sus propios pensamientos. Ella también tenía cosas en qué pensar, problemas que solucionar. Y, aunque quería mucho ver a sus amigas-hermanas, agradecía tener al menos un día de descanso. Empezaba a hartarse de los problemas que generaban para su familia los nexos que tenían con la mafia, la constructora era perfecta, triunfaba fácilmente por sobre las demás ¿Por qué entonces la ambición de tener más poder? Las risas de Mi Nam inundaron el lugar, y sintió su corazón encogerse al momento de pensar en que algo malo podría ocurrirle a un bello ángel como lo era su hermanita.

-Unnie, ¿vamos por unos helados? –pregunto la niña meciéndose en el columpio a su lado. Sonrió, desordenándole el cabello

-aniyo… hoy no Mi Nam –suspiro, viendo cómo su hermano disfrutaba bañándose en la enorme piscina –será en otra ocasión.

-pero quiero helado –se quejó haciendo puchero. Agotadora. Así resultaba su hermana en ocasiones. Frunció los labios, dándole impulso a la pequeña Song –Woo Bin Oppa me compraría helado si se lo pidiera

-Oppa está muy ocupado ahora –jugó con sus dedos, trenzando el cabello de su hermanita –dejémoslo divertirse un poco ¿De acuerdo?

-araso –sonrió la niña dando un salto –iré a jugar con mis mascotas –se fue corriendo a una velocidad no muy normal en una niña de 5 años. Jan Di suspiro, mirando la punta de sus pies

-no estoy tan ocupado como crees –escuchó la voz del mayor a sus espaldas –Jan Di ah, ¿De qué te preocupas?

-Woo Bin, si pasa algo… Mi Nam estará bien, ¿Verdad?

-todos estaremos bien, no es la primera vez que un negocio no resulta como se esperaba, no deberías asustarte tanto, además Mi Nam siempre estará protegida

-¿por quienes?

-por mí… por ti –numero cansadamente, sentándose en el columpio que la menor de los Song había dejado libre –por nuestro padre… por nuestros guardaespaldas

-Oppa, ¿Por qué mamá insiste en llevarme a la casa del idiota de Jun Pyo? –él cambio su calmada expresión, frunciendo el ceño antes de pasar una mano por su cabello

-asi que sigue con esa estúpida idea –lo escuchó susurrar.

-¿Qué idea?

-aniyo, no es nada, es sólo que mamá busca que te relaciones con mujeres más influyentes, supongo que desea que seas como ellas –mintió bajando la mirada –si, eso es

-no quiero ser como ellas, quiero ser Jan Di

-sí… sí, ser Jan Di es genial

Se quedaron en silencio, siendo mecidos por el leve movimiento involuntario de sus piernas. Paz. Extraña e incómoda paz que siempre llegaba antes de que algo malo ocurriera. Eso era algo que ambos sabían, que ambos querían negar y que era inevitable. Woo Bin torció la boca en una mueca de desagrado. Su única ocupación era cuidar de ellas, de sus lindas hermanitas ¿Podría cumplir con eso? No si las cosas en los negocios de su padre seguían con el mal rumbo que tenían en ese momento.

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-si sigues comportándote de esa forma ningún hombre te querrá nunca

-no me interesa

-debería… te quedarás solterona

-dudo que eso ocurra a los 18 años

-dudas de muchas cosas

-de tu talento para conocer a las mujeres por ejemplo

-¿Qué tratas de decir?

-nada…

El alfarero frunció el ceño, dejando de lado la que sería su obra de arte para concentrarse en el divertido rostro de su hermana menor, quien jugaba con una taza de extraño aspecto que él usaba para vaciar cualquier cosa que fuera liquida y estorbara. Jae Kyung no le dio mucha importancia y simplemente se dejo estar, liberando al deforme objeto para poder apoyar la cabeza sobre la fría y dura madera de la mesita frente a ella. ¿Cómo podía alguien de aspecto tan frágil golpear tan fuerte cuando se enfadaba? Sonrió, recordando la expresión de Ga Eul cada vez que su hermana corría a abrazarla, era como si estuviera preparando sus pulmones para poder retener algo de aire.

Ga Eul, la pequeña hermanita de su amigo Ji Hoo… ¿Por qué seguía pensando en ella? Sí, siempre fue la más cercana a él, tan cariñosa y sumida en su propia dulzura que encantaba a todo aquel que la conocía. Él incluido. Se revolvió el cabello, volviendo a ver a Jae Kyung. Ella lo miraba. Sus ojos negros clavados fijamente en él, su sonrisa burlona le daba un aspecto simpático, casi tierno para él, que le conocía demasiado bien.

-si sigues viéndome de esa forma me harás agujeros en el rostro –se burlo la menor de los Soo torciendo los labios en una divertida mueca -¿En qué piensas?

-Jae Kyung… ¿Qué haría yo sin ti?

-¿eh?

- Sin II Hyun y sin ti… ¿Qué sería de So Yi Jung?

-pues serías una basura humana –murmuró ella adoptando una pose pensativa. No le gustaba mencionar a su hermano mayor, aquel que había renunciado a toda su fortuna y apellido sólo por no considerarse igual de bueno que Yi Jung, el ahora heredero So

-y ahora… ¿Qué soy?

-eres MI basura humana –bromeó haciendo énfasis en la palabra "mi" –ahora regresa a tu trabajo, dentro de poco tendrás una exposición y no quiero ser yo quien te retrase

-no me retrasas, sabes que me encanta conversar contigo –la joven esbozo una linda sonrisa, estirando apenas su brazo para poder acariciar la mejilla del que fue, es y sería siempre su único y a veces sobreprotector hermano mayor.

-lo sé, pero ya regresa a la cerámica –palpó sus manos, reincorporándose en la silla, volteando hacia él para poder ver mejor su trabajo –que las maravillas de esa exposición no se crearan solas

-podrías ayudarme

-¿A sí? ¿Y cómo? Sabes que no soy buena con la cerámica –se encogió de hombros, arreglándose el corto cabello

-podrías ayudarme trayéndole algo de beber a tu esforzado hermano –ella bufó, colocándose de pie de mala gana.

Mientras veía la figura de su hermana perderse tras una de las puertas de su estudio, no pudo evitar pensar en la pequeña Ga Eul de hace 5 años, tan risueña, siempre ofreciéndose a buscarle algo de beber. Durante el transcurso del día la vio ir de un lado a otro por los atestados corredores de la preparatoria, colgada del brazo de Kyu Ri o Jae Kyung, con una linda y dulce sonrisa en sus pequeños y apetecibles labios de escolar. Seguía siendo la misma niña de hace 5 años, pero tan distinta a la vez, tan hermosa y tímida, mucho más retraída con él de cómo se comportaba de niña. Aun así… le gustaba esta Yoon Ga Eul, así como hace 5 años le gustaba la antigua Ga Eul que se despedía de él con un beso en la mejilla, para luego marcharse firmemente abrazada al brazo de su hermano mayor.