¡Buenas mis fieles lectoras! ¿Ya se habían creído que había abandonado el fic? Pues claro que no muajajajaj sólo es que tengo la cabeza puesta en muchas otras cosas…. Pero con todo el esfuerzo del mundo logré terminar este capitulo, disfrútenlo!

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-Oppa, ¿Qué haces aquí? –se le acercó a paso lento pero decidido, tomando la pequeña mano de la peli castaña entre las suyas. La joven frunció los labios en una divertida mueca desviando la mirada

-dijiste que iríamos a conocer a Kan Ji –un imperceptible sonrojo cubrió las mejillas de la menor de los Goo al momento de liberarse de su agarre.

-no puedo ir… mi madre d-dice que debo q-quedarme para conocer al he-heredero Kim –suspiro con decepción –mianhe oppa

-Nee Kyu Ri, yo quiero ir ahora –hizo un puchero tratando de ocultar la molestia que le ocasionaba el pensar que la presidenta Kang trataba de buscarle un prometido a esa linda niña a tan temprana edad. Definitivo. Esa mujer estaba loca –Jun Pyo me dio permiso para sacarte

-¿Enserio?

-aniyo… pero no creo que le moleste el hecho de que no te juntes con ese tipo –una sonrisa de conformidad se formo en lo apetecibles labios de la muchacha que ahora jugaba con uno de los pompones de su gorro.

La mirada de la joven se dirigió a la puerta principal de la mansión, una enorme mansión tan falta de amor familiar que a veces resultaba más una prisión que otra cosa. Y definitivamente no quería ser prisionera, eso nunca. Suficiente era ya su guardaespaldas personal, ese que se hacía llamar su "hermano", ¿Prisionera? No, eso no iba con la alegre y activa Goo Kyu Ri.

Se ganaría grandes problemas con su madre, pero nada que unas pocas palabras y frases al viento no pudieran arreglar o, en el peor de los casos, la intervención del "Gran Jun Pyo" era más que bienvenida. Ya conforme con ese pensamiento, se acomodó de mejor forma el gorro y fue hasta donde el príncipe de la mafia tenía estacionado su deportivo amarillo.

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Música y arte. Hermosa mezcla que armonizaba cada rincón de la mansión Yoon, hogar de esa tranquila pareja de hermanos que daban vida l lugar. Un plato de comida permanecía intacto sobre la mesa, a su lado otro a medio comer. Las sirvientas hacían su trabajo desde las sombras, ya que era bien sabido que al joven amo le molestaba ver a tanta gente invadiendo su lugar. Siluetas se deslizaban de un rincón a otro en completo silencio, encargándose de desaparecer cada rastro de lo que alguna vez sirvió de cena.

Mientras esto ocurría, una pequeña figura caminaba descalza en dirección al estudio del mayor, apoyando apenas los diminutos pies en el frío piso de madera por el que avanzaba. Era una tarde fría, pero más aun si Ji Hoo se negaba a salir de su habitación. Era obvio que la menor de los Yoon no tenía la menor idea de qué era lo que le ocurría a su hermano, pero ese no era un impedimento para poder tratar de calmarlo. Golpeó con suavidad la puerta de la habitación del joven músico, sin recibir ninguna respuesta de vuelta.

-Oppa –lo llamó al verlo recostado sobre su cama, cubriéndose el rostro con su antebrazo -¿Qué pasa? –suspiró sentándose junto al cuerpo del más alto. Sus finos dedos se pasearon por las mejillas de él, en una suave caricia que siempre lograba calmarlo –sabes que puedes confiar en mí

-Ga Eul, no pasa nada –claro. Ella no podía ver el dolor de la mentira en sus ojos pero, ¿Cómo decirle que había visto a la única persona que el joven músico heredero de los Yoon se permitía odiar? –Sólo estoy agotado… -siguió un largo silencio acompañado de un nuevo suspiro proveniente de los pálidos labios de ella -¿Ya cenaste?

-aja… -lentamente el cuerpo de la más pequeña se acomodó junto al de su hermano, quien la rodeo con uno de sus brazos, mientras que con el otro acariciaba el negro cabello de la joven -¿Dónde estuviste esta tarde?

-por ahí… -sus palabras se perdieron en el aire. "Por ahí, en un muelle dónde me topé con nuestro abuelo… sí, el mismo que nos abandonó tras la muerte de nuestros padres." No podía decirle algo así. La atrajo más hacia sí mismo -¿Quieres dormir conmigo esta noche?

-como cuando éramos niños

-pero aún es temprano

-nunca es temprano para una buena siesta –balbuceo Ga Eul perdiéndose en el abrazo que su hermano le daba –Oppa, Yi Jung sunbae nos invitó a cenar esta noche

-nee…

-es para darle buenas energías –se quejó haciendo un mohín –mañana comienza la exposición

-y tú mueres por verla

-amo el arte –admitió sin permitirle a su hermano notar el sonrojo que cubría sus mejillas –así como tú amas la música

-sirve como escape de la realidad

-alegra el alma –asintió cerrando los ojos -¿Iremos?

-¿Tengo otra opción?

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-la próxima vez lleva a tus conquistas a otro lugar que no sea mi estudio –amenazaba el alfarero menor empuñando las manos –ya sabes que este estudio no sólo sirve como mi refugio –el mayor sonrió dejando la copa de vino sobre la barra

-También traes mujeres aquí, ¿Cuál es la diferencia?

-yo tengo cuidado de que no me vea

-¿Que no te vea quién?

-pues…

-¡Yi Jung oppa! –los animados pasos de la joven se detuvieron en seco al ver a su padre frente a frente con su hermano. Habían pasado más de 3 semanas desde que no sabía nada de él, ni ella ni su madre. No era una mujer idiota, sabía muy bien qué había estado haciendo su padre en esas semanas de ausencia. Era por esto último que verlo le fastidiaba el día, tal como ocurría con su hermano mayor -¿Appa?

-Jae Kyung, hija –hizo una sonrisa algo torcida para el hombre –cada día estas más hermosa

-sí, dicen que me parezco a omma –atacó ella tomando del brazo a Yi Jung –Oppa, debes ir a arreglarte

-¿Para qué?

-¿Ya olvidaste que iremos a cenar con tus amigos y las mías para celebrar el inicio de tu nueva exposición?

-¿Estoy invitado? –la mirada de ambos hermanos se dirigió hacia su padre. El mayor presiono con fuerza los labios para no verse en la triste necesidad de insultarlo nuevamente. La menor tratando de ocultar la molestia que sentía por la presencia de ese tipo en el lugar favorito de su hermano

-lo estarías si no trataras de conquistar a cada mujer o niña que se te cruza por delante –disparó con veneno, tirando del brazo del alfarero idiota que tenía como hermano -¡ya Yi Jung! Debemos ponerte guapo para que Ga Eul no pueda dejar de verte en toda la noche

-¿Por qué querría yo que me mirara?

-¡Ya Oppa! No trates de verme la cara

Lo metió a la fuerza al coche, indicándole al chofer que acelerara. Quería dejar atrás a su padre, deseaba que con un movimiento tan simple como presionar el acelerador todos los malos recuerdos que tenía ocasionados por ese hombre se esfumaran de su mente. ¿Cómo podía una persona causar tanto dolor dentro de una familia? La mano tranquilizadora de Yi Jung deslizándose por el negro y corto cabello de la muchacha consiguió calmarla al fin. Tenía la necesidad de recibir una caricia por parte de su hermano, quería sentir que aun la quería.

Para Yi Jung sólo había 2 mujeres importantes. Su madre y su hermana Jae Kyung. La sonrisa de la primera ya había desaparecido gracias a las acciones de ese tipo que se hacía llamar su "padre", era su obligación encargarse de que la sonrisa de la segunda siguiera allí, en su siempre alegre rostro.

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La menor de los Song se tambaleaba delicadamente sobre la estrecha pasarela que existía entre su cama y la casita de princesas que había dentro de su propio cuarto, todo ante la expectante y atenta mirada de Jan Di, quien aprovechaba el tiempo que tenía vigilando a su hermanita para arreglarse el desastre de uñas que tenía gracias a sus constantes chapuzones en el agua templada de la piscina de la mansión Song.

-Nee Woo Bin Oppa… ¿A qué hora pretendes llegar? –balbuceo corroborando la hora en su celular. Ya era tarde y debían ir a cenar con Yi Jung y todos sus amigos… bueno, y con Jun Pyo.

-¡Unnie! –chilló su hermanita desde el piso acolchado al que había caído recién

-nee Mi Nam, debes tener cuidado

-¿Me ayudas a levantarme? –Rodó los ojos apresurándose a tomar a la niña en brazos –Jan Di, vamos a comer paste de chocolate

-el pastel de chocolate es delicioso ¿Verdad? –La niña asintió, marcando esos lindos hoyuelos en sus mejillas –pues vamos por un poco

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-¡Noona! –gritaba el pequeño que permanecía recostado sobre la camilla, extendiendo sus brazos lo más que le fue posible hacia su lindo noona

-¡Kan Ji! –Kyu lo abrazó con fuerza. El cabello oscuro y largo del menor le provocaba cosquillas, pero poco le importó -¿Cómo te has portado?

-noona, no me gusta estar aquí –hizo un puchero separándose de ella para mirar lo que quedaba de sus piernas bajo la sábana –quiero volver al orfanato

-nos iremos pronto Kan Ji, los demás están ansiosos por verte –acaricio su cabello haciéndole una señal al príncipe Song para que se acercara –pequeño, quiero presentarte a un amigo, él es Woo Bin Oppa…

-hola pequeño, tu noona me ha hablado mucho de ti –el niño ensanchó su sonrisa al divisar los dulces que el mayor le extendía –me dijo que eran tus favoritos

-lo son… ¡Kamsamnida hyung! –el mayor, enternecido por la esperanzada mirada del muchachito sobre los dulces, apartó lentamente su mano, rozando con ella la de Kyu Ri –hyung, cuando regrese al orfanato… ¿Irás a jugar conmigo?

-¿eh? Claro, ¿Qué quieres que juguemos?

El niño bajó la mirada apenado, retorciendo entre sus pequeños dedos el envoltorio del dulce que comía en ese momento. Se dio el tiempo de examinar la diminuta figura frente a él, de cabello largo y oscuro, mejillas sonrojadas y ojos de un color que bordeaba entre el verde y el azul oscuro. Era un niño precioso, tanto como los otros que habitaban aquel cálido y pequeño orfanato en las afueras de Seúl.

Kyu Ri se sentó a los pies de la camilla, desviando su mirada hacia la ventana del lugar, apreciando las pequeñas aves de colores opacos que volaban lejos del edificio en ese momento. Deseando poder brindarle la libertad que poseían al niño atrapado en esa camilla. Kan Ji era un chico fuerte, y aun cuando pareciera cruel decirlo viniendo de ella, ese niño de cabellos oscuros era su favorito del grupo, siempre tan alegre, tan lleno de vida. Verlo en su estado actual era una verdadera pesadilla para cualquier persona que lo hubiese conocido antes del accidente.

-juguemos a lo que hyung quiera –lo escucharon balbucear sin levantar aun la mirada. Kyu se acercó más al niño al notar los espasmos de su frágil y menudo cuerpo, clara señal del llanto que el menor se esforzaba por retener

-Kan Ji… ¿Qué quieres jugar? –Insistió Woo Bin con pesar, a lo que el pelinegro alzó la aguada mirada –dime pequeño…

-quiero jugar futbol… -Kyu lo abrazó con más fuerza, acariciando el suave cabello mientras luchaba por retener las lágrimas. No podía llorar frente a su dongseng favorito

-te prometo que haré lo que sea porque podamos jugar futbol juntos

-Woo Bin oppa…

-¿Lo prometes hyung? –el príncipe Song desvió su mirada lejos de la de la muchacha que abrazaba a Kan Ji. Podría ganarse un regaño, pero no soportaba que un niño llorase al ver sus sueños truncados por un accidente del cual él no había tenido culpa

-lo prometo

Salieron de la habitación cerca de media hora después, ya que una enfermera había llegad para examinar al pequeño. Kyu Ri caminaba en silencio, pensativa, sin fijarse siquiera en dónde ponía sus pies. El príncipe Song la miraba de soslayo, mordiendo su labio inferior de vez en cuando, intrigado por lo que debía de estar pensando la joven. Tal vez en la promesa que él no debió de haber hecho, o en el regaño que de seguro le daría su madre por no haber estado para conocer al estúpido ese que quería comprometerse con ella. O tal vez en alguna cena… ¿Cena?

-¡Demonios! –exclamó al mismo tiempo que lo hacía la peli castaña, quien se llevó una mano a la frente dándose un fuerte golpe

-¿Recordaste lo mismo que yo?

-la cena de Yi Jung –balbuceó el príncipe Song rascando nerviosamente su nuca –no hay tiempo de llevarte a tu casa, así que iremos a la mía

-¿Eh? Aigo, mi madre me matará por haberme desaparecido toda la tarde… y encima no llegar a cena con el tipo ese –sonrió tomando una de las manos del mayor entre las suyas, mucho más diminutas –kamsamnida Oppa…

-¿Por qué? –su murmullo se escuchó apenas, él estaba más ocupado tratando de luchar con el extraño revoltijo de sentimientos que le proporcionaba el simple tacto de su mano con la de ella

-por salvarme… realmente eres como un príncipe para mí –irónico, pensando que la mayor parte de los trabajadores de su padre y socios lo conocían como el "Príncipe Song" –para mí eres mucho más que un príncipe de la mafia, eres mi príncipe al rescate –alzó su puño infantilmente, sacándole una sonrisa al otro

-sólo me falta el corcel blanco

-hmm… tal vez… pero en su defecto está la banana gigante –balbuceó encogiéndose de hombros la menor de los Goo

-¿Banana gigante?

-¡O tu deportivo, como sueles llamarlo tú! –exclamó haciendo gestos con las manos, como restándole importancia -¿Nos vamos?

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No le importaba que el mayor estuviese buscando a su hermanita perdida, para nada, es más, le encantaba la idea de saber que al idiota en verdad le preocupaba su hermana menor. Lo que sí le molestaba, y mucho, era el hecho de que la estuviese buscando en la habitación de Mi Nam. ¿¡Qué iba a estar haciendo Kyu Ri en la habitación de la más pequeñita de los Song!? Era oficial, ese tipo estaba cada día más loco. Blanqueó los ojos al momento en que la cabeza del mayor se quedó atorada en la casita de muñecas de Mi Nam, mientras que la niña se reía estrepitosamente por las ocurrencias de ese hermoso Oppa.

-¿Ya terminaste de buscarla ahí genio? –le preguntó alzando una ceja, cosa que el otro no vio por encontrarse con la cabeza aun atascada dentro de la diminuta casita

-aigo, no está, sácame de aquí –ordenó moviendo las manos de un lado a otro

-eh idiota, ¿Olvidas quién es ahora la dueña de casa?

-aish, mianhe… ayúdame a salir

-unnie, Jun Pyo Oppa es muy divertido –celebró Mi Nam aplaudiendo entusiasmada –déjalo ahí otro rato ¿Sí unnie? –Jan Di mordió su labio inferior, dudando de si hacer o no lo que su hermanita le pedía. ¡Vamos! ¡No todos los días tienes a tu némesis con la cabeza atorada en la casita de muñecas de tu hermana menor! Suspiró desganada, arrodillándose frente a Mi Nam, quien permanecía sentada en una pequeña silla cerca del único hombre presente

-nada me gustaría más que dejar a Oppa atrapado ahí… -habló quedamente, acariciando la mejilla de la princesita Song

-¡Ya Jan Di-ah! –protestó el heredero Shinwa pataleando

-PERO… Jun Pyo y yo debemos ir a una cena con Yi Jung Oppa y no quiero atrasarme, entonces lo sacaré ¿De acuerdo? –la niña lo meditó unos segundos antes de asentir tímidamente, levantándose de un brinquito y corriendo fuera de la habitación mientras gritaba por un helado de fresa –veamos, quédate quieto para poder sacarte

El "rescate" duró cerca de 5 minutos, minutos en los cuales la nadadora pensó seriamente en romper la casita de muñecas de su hermana o, simplemente, cortarle la cabeza al "Gran Jun Pyo". Jamás había visto a ser más idiota y torpe, ¿Cómo podía una persona ser así? Suspiró viendo de reojo al mayor llevarse un trozo del pastel que su madre les había servido a la boca, repitiendo una y mil veces lo delicioso que estaba, claro, ¿Cómo no iba a estarlo si lo había preparado el repostero favorito de su hermanita?

-¡Ya iba siendo hora de que llegaras! –gritó Jan Di apenas la nariz de su hermano se asomó en el salón en el que estaba con el heredero Shinwa desde hace más de una hora. Woo Bin la miró culpable, haciéndole una seña a la pequeña Kyu Ri para que ésta se acercara. -¡Kyu!

-¡Jan Di Unnie! –Se abrazaron como si hubiesen pasado años desde la última vez que se vieron, haciendo bufar al heredero Shinwa -¿Jun Pyo? ¿Qué haces aquí?

-pues buscándote, ¿Qué más? –el mayor alzó los hombros, colocándose junto a su amigo –ya se hace tarde para la cena de Yi Jung, anda, ve a cambiarte ¿Quieres?

-¡Ven Kyu! Le diremos a omma que te ayude a arreglarte

-eso a falta de tu feminidad –susurró el príncipe Song, ganándose un buen golpe en la cabeza, cortesía de Song Jan Di –Auch… duele

-Idiota –las menores se perdieron entre las muchas habitaciones y pasillos de la mansión, dejando a los hombres solos en el salón. Woo Bin se lanzó despreocupadamente sobre el costoso sofá de colección de su madre, estirando sus músculos con pereza

-¿Qué estuvieron haciendo?

-fuimos a ver a un amigo al hospital

-¿Amigo?

-Jun Pyo… tú… ¿Sabes lo que hace tu hermana la mayor parte del tiempo, verdad? –El otro desvió la mirada fingiendo demencia –digo, una de las monjas del orfanato me comentó que desde que Kyu Ri comenzó a hacer sus visitas, un misterioso señor realizaba abultadas donaciones en dinero cada mes

-¿Quién sería tan idiota de donar dinero a un orfanato tan pequeño y desconocido?

-Jun Pyo…

-¡Aish! No se lo digas a Kyu, tengo una reputación que mantener

-¡Já! Qué difícil es ser tú ¿Eh? –Se burló el heredero Song sacudiendo sus pantalones –iré a cambiarme de ropa

-tú… ¿Desde cuándo pasas tanto tiempo con mi hermana? –Woo Bin lo miró de reojo, haciéndole una seña para que lo siguiera. Fueron hasta la casa de la piscina, donde el otro comenzó a sacar ropa de un enorme closet, a la vez que el líder de los F4 se sentaba cómodamente sobre la cama -¡Ya Woo Bin-ah!

-Jun Pyo… ¿Has hablado con tu madre respecto de lo que planea hacer con la mía?

Ambos se quedaron en silencio, sin mirarse a la cara. Jun Pyo bajó la mirada con pesar, desordenando su cabello nerviosamente mientras que su amigo se metió a la ducha. Pasaron apenas unos 10 minutos cuando el príncipe Song volvió a aparecer frente a él ya vestido y arreglado para la cena. Lo miró atentamente, sentándose en un sofá frente a su amigo.

Ambos tenían claro que sus madres estaban completamente locas, más la del Goo, claramente, pero aun así ambas estaban mal de la cabeza. Es decir, ¿Qué les había dado de pronto por fusionar a sus familias por medio de un compromiso? Porque sí, eso era lo que planeaban, un compromiso entre el heredero Shinwa y la mayor de las hijas de la familia Song. En cierto punto hasta para Woo Bin era estúpido. Una de las más importantes compañías del país fusionándose con una constructora que, bien se sabía, mantenía fuertes lazos con la mafia. ¿Qué genio podría planear una fusión así?

-ya sabes que la bruja es terca –vociferó el otro con cansancio –aun no puedo siquiera sacarle de la cabeza la idea de dejar en paz a Kyu Ri, para ella ese compromiso absurdo ni siquiera entra en discusión

-¡Aish! Tendré que hablarlo con mi padre… ¡Tú y Jan Di, es una locura! ¡Mi hermana será infeliz de por vida!

-¡Ya! ¿Qué hay de tu amigo? Yo también sufriré… ¡Y ni sueñen con nietos! ¡Eso ni en mis peores pesadillas!

-un matrimonio entre ustedes será un verdadero fracaso –resopló el mayor de los hermanos Song

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La noche comenzaba a caer en Seúl, dándole a las calles ese aspecto frío y solitario, en donde las personas corrían de un lugar a otro, sintiendo la presión y ansias de poder llegar a su hogar y estar con las personas que amaban. La pelinegra sonrió ladinamente ante este pensamiento, sin desviar la mirada de la ventana. El deportivo naranja de su hermano mayor se desplazaba por la ciudad a una velocidad increíble y, como cada vez que Yi Jung conducía, ella disfrutaba de perderse en sus pensamientos casi literarios.

Se estacionaron fuera de un muy elegante restaurant de comida típica coreana, donde un simpático muchachito de alborotados rizos colorines se encargaba de llevarse el coche hasta el estacionamiento del lugar. El alfarero bajó sacudiendo su saco a la vez que entregaba las llaves al chico que no le quitaba la vista de encima a su hermana.

-cuídalo –Ordenó tomando la mano de Jae Kyung, notando la insistente mirada del colorín sobre el cuerpo de ella -¡Eh! La dama se mira pero no se toca –la menor de los So comenzó a reír ante la mirada avergonzada del chico. Que divertidos eran los hombres celosos. Al entrar los atendió una pelirrubia (tinturada) de grandes ojos oscuros (Operados, a juzgar por lo redondo y grande de estos) y radiante sonrisa (Probablemente blanqueada por un dentista), la cual no dejaba de coquetearle al heredero So, causando la molestia de su hermana menor.

-¡Unnie! –la pareja de hermanos volteó hacia la entrada, dónde venía Ga Eul agitando tímidamente su brazo. Tras de ella, Ji Hoo le entregaba los abrigos de ambos a otro muchacho pelirrojo, quien hizo una venia antes de desaparecer tras de una puerta. La muchacha traía un vestido sencillo pero elegante, más cargado al lado infantil con su mezcla de colores cremas y zapatos bajos. Aun así lucía hermosa, como siempre a los ojos del alfarero

-Ga Eul-ah –Jae Kyung la tomó del brazo, acercándola hasta donde estaba su hermano con la ofrecida rubia tinturada -¡Yi Jung! ¿Verdad que Ga Eul está hermosa hoy? –el otro asintió en silencio, estrechando la mano de su amigo

-siempre está hermosa –murmuró en tono bajito el otro, haciendo a su hermana sonreír de forma triunfal

-bueno, ¿Ibas a decirnos nuestra mesa? –la rubia trastrabillo antes de comenzar a caminar, frustrada por ver fracasados sus intentos de seducir al apuesto y conocido Casanova

-Oppa, ¿Ya está todo listo para la exposición? –La menor en la mesa se acomodó en su lugar junto a su hermano, quedando de frente al alfarero -¿No habrán gatitos de cerámica?

-¿Gatitos de cerámica? –interrogaron los otros dos con una ceja alzada.

-es… una larga historia –balbuceó Yi Jung sonriéndole de manera cómplice a su pequeña amiga. En ese momento los cuatro faltantes hicieron su muy ruidosa aparición, y acabando con el molesto juego de miradas que se traían el par de alfareros

-¡Ommo! ¡Qué guapas unnies! –gritó Kyu Ri ubicándose justo en medio de Ga Eul y Jan Di (Es mesa redonda, usen su imaginación XD) Woo Bin se sentó junto a su hermana, quedando entre ella y Yi Jung, y Jun Pyo se sentó en medio de Ji Hoo y Jae Kyung.

-¡Vamos a ordenar que muero de hambre! –habló feliz el heredero del grupo Shinwa frotando sus manos.

Los demás lo observaron extrañados, al igual que las personas de las mesas cercanas a la de ellos. Bueno, ser el centro de atención era un riesgo que debías correr si querías ser amigo o cercano al único hijo de la familia Goo. Kyu Ri resopló haciendo volar su flequillo, Jan Di rodó los ojos con fastidio, tal como Jae Kyung, mientras que Ga Eul reía tímidamente de la actitud de su Oppa. Ji Hoo examinaba el menú en silencio, mirando de reojo cómo su hermanita jugaba con la servilleta, armando un montón de figuras extrañas. Era tan común verla crear figuras de animales con cualquier cosa que tuviera a mano, un hermoso talento de su pequeña Yoon Ga Eul.

Jae Kyung chasqueó la lengua ante algún mal chiste dicho por alguien en esa mesa, probablemente Jun Pyo, ganándose la atención del músico. La pelinegra miraba con pesadez a la gente a su alrededor, asesinando mentalmente a la rubia que los atendía. Esa chica era graciosa, aunque eso él jamás lo admitiría. ¡Claro que no! Si lo decía no se la quitaría nunca de encima, y suficiente tenía ya con enseñarle a tocar la guitarra. Al menos aprendía rápido y se la quitaría pronto de encima, eso sí era un gran consuelo. Aunque la verdad… tampoco es como si su compañía realmente le molestara mucho, sólo rompía el silencio y la tranquilidad que él disfrutaba casi tanto como las sonoras carcajadas de la menor de los So.

-y entonces la bruja comenzó a lanzar maldiciones a diestra y siniestra –contaba divertido Jun Pyo llevándose a la boca un poco más de comida -¡Aigo! Debieron haberla visto –reía viendo a su hermana menor –su cara cuando llegaron los Kim y Kyu no estaba ¡Ommo! ¡NUNCA ME HABÍA DIVERTIDO TANTO! –golpeaba la mesa con emoción, sin dejar de reír, a la vez que le contagiaba la risa a Ga Eul y a los hermanos So y Song.

-Ya Jun Pyo, no será divertido llegar a la mansión hoy

-claro que lo será, pero tú no podrás disfrutar de la diversión

-¿Por qué no?

-Porque tú, señorita Goo Kyu Ri, te irás directamente a mi habitación y no saldrás de allí hasta que yo lo diga –ordenó repentinamente serio el mayor –no quiero que discutas con la bruja, así que ya sabes

-pero…

-nada de "Pero" –la acalló bebiendo de su copa de vino –aish, las mujeres son tan testarudas… ni idea de cómo te soporto

-ni tú me soportas ni yo te soporto a ti

-¡Salud por eso!

-hay que ver que idiota más grande es el líder de los F4 –masculló Jan Di comiendo de su forma tan poco elegante. –incluso Jae Kyung tiene más cerebro que tú

-¡Ya! ¿Qué tengo que ver yo en esto? ¡Tú tampoco eres una gran sabia Jan Di-ah! –se defendió la mono amenazándola con la servilleta

-¿Sabes? Se me hace que estos dos se aman en secreto –le susurró al oído la menor de los Goo a su amiga, haciéndola sonreír a la vez que asentía apoyando sus palabras -¿En verdad me apoyas Ga Eul?

-apostaría mi mesada a que se casaran algún día

-y tendré dos lindos sobrinos llamados…

-¡YA! ¿Qué tanto cuchichean ustedes? –gritó Jun Pyo deteniendo su discusión con Jan Di y Jae Kyung para mirar "amenazadoramente" a las dos menores, que sólo se rieron aun más de su rostro "intimidante"

-hmm… nunca confíes en las más pequeñas –se burló Woo Bin cruzándose de brazos –tienen mentes perversas

-¿Mentes perversas? –Preguntaron a coro las aludidas fingiendo la inocencia que en verdad poseían -¿Nosotras Oppa?

-dejen de hablar a dúo, asustan –se quejó Yi Jung enarcando una ceja

-¿Te asustamos Yi Jung Oppa? –siguieron molestando en su faceta de "hermanas macabras que hablan al mismo tiempo"

-¡Pues sí! Parecen sacadas de una película de terror japonesa

-¿No te gustan las coreanas?

-claro que me gustan, pero las japonesas asustan más

-hermano, eres un idiota

-¡Ya Jae Kyung! Tú gritas cada vez que vemos una película de terror juntos –las "hermanas macabras" se miraron de reojo, encogiéndose de hombros tras sentirse ignoradas por los hermanos So

-es para darle más emoción al asunto

-como te decía… mis sobrinitos se llamarán… -Kyu Ri chasqueó la lengua, viendo cómo Yi Jung continuaba en una discusión con su hermana, Jun Pyo hacía lo suyo con Jan Di, y Ji Hoo junto a Woo Bin volteaban la mirada de un lado a otro, tratando de decidir cuál de las dos discusiones era más divertida. ¡Oh si! Cenar los 8 juntos era realmente genial

-¡Goo Kyu Ri! ¡Escuché eso!

-tú dedícate a discutir con Jan Di unnie y a nosotras déjanos conversar en paz

-¡Tú! ¡La rubia tinturada! –Gritó la mono interrumpiendo toda otra "conversación pacifica" en la mesa -¡Quiero ordenar un postre así que mueve tu operado trasero hasta aquí"

-Unnie, deberías ser más respetuosa –la regañó, extrañamente, Jan Di, ganándose la mirada aterrada de sus amigas y hermano -¿Qué?

-¿Song Jan Di hablando de respeto? ¡Waaa! Ahora sí que lo he visto todo –comentó Woo Bin alucinado –Kyu, Ga Eul ¿Escucharon lo mismo que yo? Ommo, creo que me dará algo…

-serás… ¡Ven aquí Song Woo Bin! Estúpido príncipe Song

Y con un Woo Bin corriendo por su vida al interior del restaurante mientras su hermana lo perseguía con los palillos en alto, la cena se dio por finalizada. Sí… cenar los 8… era realmente genial.