Capitulo 2:
"Esto aún no termina"
El camino era completamente blanco, me sería muy difícil encontrar la madera, y aún más porque la nieve no paraba de caer; sentía el viento frío filtrarse por mi bufanda y acariciarme la nuca generándome un ligero escalofrío. Por lo que apenas podía ver, debido a la ventisca, el bosque estaba completamente solo; era lógico ya que nadie saldría con ese frío. Mis pies se enterraban en los cristales blancos que cubrían el suelo, era difícil caminar; pero algo que yo no contemplaba era lo engañoso que puede llegar a ser el suelo, al dar mi último paso mi pie se resbaló y terminé en mitad del río que se encontraba congelado en su totalidad; para mí mala suerte no llevaba mucho que se había congelado y el hielo era sumamente delgado. Quise salir lo más lento que pude, pero apenas moví mi mano el hielo emitió un crujido. Mi corazón latía desbocado y trataba de recordar algún consejo que pudiera ayudarme a salir de ese apuro…mi mente estaba en blanco, mis ojos buscaban algo en la inmensa nada que apenas se apreciaba. Sin darme cuenta algo me jaló con mucha fuerza fuera del hielo, caí de espaldas contra la nieve y los copos me cubrieron el cuerpo completamente.
-¿Qué es lo que estabas haciendo allí? – Escuche una voz familiar y vi una sombra que caminaba hacia mí.
-Me resbalé – conteste aun aturdido por la caída.
La sombra se acercó y me tomó por los hombros y me miró con una expresión angustiada. Cuando finalmente me di cuenta de quién era di un suspiro de alivio y no pude evitar darle un abrazo.
-Gracias por haberme salvado, Conejo –El me devolvió el gesto dejando escapar una risa y después me apartó. - ¿Qué es lo que querías hacer en el bosque con este clima? – fue su pregunta; agaché la cabeza y me mordí el labio.
-Estaba buscando leña – mi boca casi no se movía, no era por el frío, simplemente no quería recibir un sermón de mi amigo.
-¿Leña? – me miró con una ceja enarcada y los ojos verdes abiertos como dos platos. –Solo a ti se te ocurre hacer esas locuras, además, ¿No se supone que ibas a dormir?
Pasé saliva, y no levanté la cara, esas esmeraldas verdes me fulminaban, podía sentirlo. Moví los pies de forma nerviosa, era un impulso que no podía controlar; el lo notó y de inmediato se puso de pie y extendió su mano para ayudarme a levantarme.
-No tienes que explicarme si no quieres, pero ya verás que tu problema con Christofer Robin se va a solucionar pronto – me mostró una sonrisa, intenté hacer lo mismo – No tienes que hacer este tipo de cosas para que él te note.
-¿Qué lo note quién? – otra voz que provenia de otra parte entre la ventisca acompañada de una sombra negra, pero familiar. -¿Qué están haciendo aquí con este clima?
No pude contener el asombro ante lo que mis ojos me mostraban, frente a mi denuevo estaba el culpable de mi distracción en el día y su rostro se iluminaba con su amable sonrisa que nos dirigía a mí y a Conejo.
-¿Christofer Robin? – preguntó conejo extrañado de lo que veía. – ¿qué te trae de nuevo por aquí?
-Tengo la tarde libre y quería venir a verlos, no han dejado de ser mis amigos, solo que la escuela no me ha dado tanto tiempo de estar aquí con ustedes como en los viejos tiempos.
El tono de su voz me dejó paralizado, incluso me había olvidado de que seguía sujeto de la mano de Conejo; pero Chritofer lo notó.
-Y ¿Qué estaban haciendo aquí? –pregunto pasando su vista por nuestras manos entrelazadas y me recorría con la mirada, no sin dejar de sonreír.
-V-vine a b-buscar… -fue todo lo que pude decir.
-El vino por madera, yo salía a casa de búho para pedirle un favor y en mi camino encontré a Pooh en mitad del lago congelado a punto de caerse y lo saqué.
De inmediato me soltó la mano y yo voltee la mirada hacia la capa de diamantes blancos que cubrían el suelo, sentía las mejillas calientes y mi flequillo apenas las tapaba.
-Entonces, conejo ¿qué te parece si yo acompaño a Pooh a su casa y te dejamos que sigas con tu camino? – Dijo Christofer mientras se quitaba su chamarra – tengo algo importante que hablar con él.
-C-claro, no hay problema – Conejo me dio un ligero empujón hacia donde estaba Chritofer y voltee molesto pero cuando menos me di cuenta él ya estaba dándonos la espalda y caminando hacia su destino.
Di un suspiro aun con las mejillas rojas y sentí la chamarra de Christofer caerme en los hombros, estaba cubierta por un olor peculiar…su aroma. Acompañando a la chamarra, forrada por dentro de lana, sentí sus manos sostenerme los hombros y después paseo sus dedos por mi cabello.
-No quiero que te vayas a enfermar – me dijo mientras me tomaba de la mano y me jalaba para caminar.
El resto del camino fue silencioso y solo se interrumpía por el silbido del viento entre las ramas de los árboles, pero me mantuvo sujeto de la mano durante todo el camino. Mi mente estuvo divagando mucho en lo que me diría en cuanto llegáramos a casa, me imaginé un sinfín de cosas, pensé que regañaría o que tal vez solo me diría cosas lindas, pero yo optaba más porque estaría molesto conmigo. Parecía que el camino se hacía eterno, yo solo veía blanco hacia todas las direcciones; quise preguntarle si sabía la dirección que estábamos tomando, pero ahogue mis palabras por el mismo miedo que tenía de que me fuese a regañar. Me concentré por un momento en la nieve que crujía bajo mis pasos y pisaba las huellas que dejaba mi guía; me perdí completamente en esta actividad que cuando di un paso pronto choqué con la espalda de Christofer.
-Osito bobito – Obviamente su tono de voz al decirme esto era muy diferente a como me lo decía antes. – Bien llegamos a tu casa, entra.
Abrió la puerta y yo me limité a hacerle caso y entre seguido por él. En ese instante me quedé dándole la espalda, me puse a pensar en las mil y un cosas que podía decirle fuera cual fuera su reacción. Después de respirar profundo finalmente voltee y apenas iba a abrir la boca mis labios fueron sellados por los de él. Mi corazón dio un brinco en ese momento y sentí lo brazos de Christofer que me rodeaban tiernamente. No podía esperar para verte me dijo casi sin separar su boca de la mía, yo apenas emitía sonidos; no podía contestarle. Bajó sus manos lentamente pasándolas hasta mi cadera y después me levantó del suelo y empezó a caminar en dirección a la cama, me abracé de su cuello, mi respiración se aceleraba y mi corazón palpitaba. Lentamente me bajó hasta la cama y me demostró una tierna sonrisa, le sonreí también aunque algo preocupado; creo que no lo notó. De inmediato me quitó mi bufanda y pasó sus manos por debajo de mi playera hasta que finalmente me la quitó, acto seguido él también se desprendió de su playera. Se había subido a la cama y tenía sus rudillas una a cada lado mío. Mis piernas colgaban por el borde de la cama. El me daba besos y pasaba suavemente de mis labios a mi cuello; me estremecía cada contacto suyo con mi piel. Repasaba mi silueta con sus manos, finalmente llegó nuevamente a mis caderas, no pude evitar apretar las piernas. Recordaba la experiencia anterior y a pesar de haber sido increíble mi mente recordaba cierto dolor, que no quería… ¿o si quería volver a experimentarlo? Él me dijo algo, no recuerdo que fue, finalmente me desabrochó mi pantalón, no reaccionaba al cien, sentía que sus manos me tocaban. El placer me invadía por completo. El dolor estaba otra vez presente, pero se sentía bien…no era como la última vez.
Tuve lindos sueños en lo poco que dormí, cuando abrí los ojos estaba abrazado de Chritofer, el aún estaba dormido; su cabello castaño caía delicadamente sobre sus ojos cerrados, su brazos me mantenían contra su pecho. A pesar de las circunstancias no sentía frío. No pude evitar sonreír y repasar cada una de sus facciones con mi mirada; de pronto él se movió y abrió lentamente los ojos y en cuanto me miró me mostró una amplia sonrisa llena de ternura.
-Ya te lo había dicho pero…te amo, como no tienes idea – me dijo siguiendo a sus palabras con un tierno beso, al cual correspondí.
Todo era tan lindo y diferente cuando él estaba conmigo que no sabía ni comprendía por qué habíamos discutido hace tanto tiempo. Lo que la había pedido había sido solo un capricho y sinceramente no quería volver a tocar ese tema de nuevo, porque eso implicaría que habría problemas otra vez. Y el ambiente era completa tranquilidad, hasta que un ruido me obligó a levantarme. Fueron tres fuertes y decididos golpes que resonaban desde la puerta hasta el lugar en el que me encontraba. Los dos abrimos los ojos y yo me levanté y fijé la vista al fondo de la habitación. De nuevo otro golpe se escuchó en la puerta.
-¿Oso estas ahí?, conejo me pidió que viniera a verte – su vos me era conocida y de inmediato me puse de pie y recogí mi ropa para vestirme. – no te puedo esperar mañana, tarde y buenas noches, tengo otras cosas que hacer.
Podía ver su cola rallada asomarse por la ventana. No sé como pero cuando menos lo noté ya estaba completamente vestido y trataba de que Chritofer se levantara o no se moviera. Lo único que lograba era que se riera y me diera besos o me jalara cada que estaba cerca de él.
-¡Ya voy! – fue lo que alcancé a contestar a mi amigo Tigger mientras que Christofer me robaba otro beso.
Finalmente pude zafarme y salí casi corriendo a abrir la puerta. Me sorprendí mucho al no ver a nadie, pensé que se había cansado de esperarme cuando de por encima de la puerta calló un montón de nieve y mi amigo aterrizó en ella con una amplia sonrisa que dejaba al descubierto todos sus blancos dientes, sus verdes ojos brillaban como esmeraldas. Me tomo por los hombros y me dio un efusivo abrazo y después ajito mi mano con brusquedad.
-Orejotas me mandó, quería que te preguntara como llegaste a casa ayer que te acompañó Christ… - se detuvo y cuando menos lo noté Chritofer Robin estaba tomando agua recargado en una silla.
-Hola Tigger – lo saludó con tal naturalidad que me hizo quedarme boquiabierto.
-Entonces es cierto que regresaste – Tigger se quedó mirando fijamente a Christofer y después de un rato sonrió – Esto es espléndido, ni te imaginas la cantidad de cosas que han pasado en este lugar, pero podremos recuperar el tiempo perdido y podremos volver a…
-Calma Tigger, no puedo quedarme tanto tiempo como quisiera – lo interrumpió Christofer – Tengo que regresar a la escuela, pero vendré en la tarde.
A Tigger se le iluminó el rostro después de escuchar esa promesa. Christofer sonrió nuevamente y se acercó a mí, me acaricio una de mis orejas y se despidió, yendo hacia aquel camino que siempre tomaba para regresar a su casa. Fue en ese momento que me sentí vacío. El realmente nunca me decía nada y tan rápido como venía se iba; y tampoco hablaba con nadie más que conmigo, Fue en este momento que empecé a pensar que tal vez lo que hacía era con un fin en realidad y que tal vez sus intenciones de regresar no eran las que todos los que lo habían visto pensaban. ¿Y si solo quería darme una lección? Pero esa no es la forma más adecuada, creo yo. Me puse a pensar en el millón de posibilidades, pero no podía leer la mente de Christofer Robin; y había sido hace tanto que habíamos hablado que realmente lo veía como una persona diferente. Estaba tan metido en mis pensamientos que había olvidado por completo en donde y con quien estaba, hasta que sentí un leve empujón en el hombro.
-¿Entonces las cosas ya están mejor entre tú y Christofer? – me preguntó Tigger con su amplia sonrisa.
-No sé si es así – respondí con vaguedad.
-Pero estaba aquí en tu casa, eso quiere decir que ya no está molesto – no dejaba de sonreír y yo no pude evitar devolverle el gesto.
-Lo sé, pero el realmente no me dice nada; no me ha explicado bien porque está aquí, ni tampoco me dice por que volvió.
-¿Entonces de que han hablado? Por qué hablaron de algo ¿verdad?
-Realmente no, él me ha dicho… - pensé en las palabras que usaría, realmente quería que mis amigos supieran lo que había hecho. – que me extrañaba, la mayor parte del tiempo no dice nada.
-¿Te das cuenta de que lo que me estás diciendo no tiene ningún sentido? – se paró frente a mí y me miro con una ceja enarcada y una expresión extraña.
-Yo sé que no se escucha lógico, pero es lo que es
-Oso amigo, tengo que decirte…que no sabes mentir – dejó caer los hombros con un suspiro y una risita divertida.
-P-pero no es una mentira… - fue mi respuesta, realmente era la verdad, no habíamos hablado para nada al menos nada que fuese muy largo.
-Bueno, no te obligaré a decirme, pero te agradecería que me contaras…seguramente no eres el único al que ha extrañado.
-Supongo, pero no sé si ha ido con alguien más… - ese dialogo mío me dejó pensando. Como estaba yo tan seguro de que no había ido a otros lados, el bosque es grande y no soy el único que vive en él, pero por la expresión de sorpresa de los que habíamos saludado desde ese, llamémoslo pequeño incidente, no había posibilidades, pero yo seguía mordiéndome las uñas para saber cuál sería el siguiente evento.
-Pues entonces les preguntaré a los demás si ha venido a hablar con ellos ¿no me acompañas? – Tigger dio un salto acompañando a sus palabras y se movía de un lado para otro.
-No puedo acompañarte, tengo que reunir la leña que necesitaré para calentar mi casa en invierno.
-¿Estás seguro de que la necesitaras?
-Claro, porque… ¿Qué? –esa pregunta me dejó perturbado, ¿había yo escuchado bien?
-Nada…bien tengo que irme, te dejo en tu trabajo, tengo muchas preguntas que hacer – esto lo dijo mientras me guiñaba un ojo.
Se dio la vuelta y empezó a caminar a grandes zancadas por la nieve en dirección a la casa de Búho. No pude evitar sonreír.
Regresé una vez más a mi casa a ponerme mi bufanda y salí en camino hacia el bosque a buscar las ramas que no había podido buscar ayer. La nieve sobre el suelo parecía hecha de diamantes, destellaba con el brillo del sol, de hecho el bosque entero se veía hermoso cubierto casi en su totalidad de una manta blanca, cuando el viento soplaba lentamente los hielos que colgaban de las ramas de los arboles emitían una hermosa melodía que armonizaba con el lugar, era un escenario completamente hermoso…
