Capítulo 3:

"Te necesito"

No fue complicado, buscar la madera que necesitaba, ya que los árboles, habían tirado montones de ramas con la ventisca de anoche y no era necesario escavar muy profundo para sacarla, aunque a falta de guantes mis manos se congelaban rápidamente, pero no era un gran problema ya que no tenía prisa y el día parecía ir sumamente despacio. Finalmente tenía un montón bastante generoso de madera pero no podía llevarlo a casa y había olvidado mi cuerda para amarrarlo; después de haberlo pensado mucho me quité la bufanda y amarre las ramas con esta. Fue complicado pero logré mi objetivo; estaba a punto de irme cuando escuche a alguien decir mi nombre, detrás de mí.

-¿Qué estás haciendo oso Pooh? – era una voz suave y amable, llena de ternura.

-Estoy recogiendo madera para el invierno – respondí con una sonrisa mientras me daba la vuelta para quedar frente a mi interlocutora. – pero me olvidé la cuerda en casa y tenido que atar todo con mi bufanda, Kanga.

-Es lo que veo – me respondió con una amplia sonrisa y comenzó a buscar en su bolso – por cierto, Tiger fue a verme hace unos momentos y me preguntó algo muy extraño. – sacó una bufanda verde y se acercó a mí para acomodarla en mi cuello.

-¿Extraño en que forma? – le pregunté.

-Me dijo que Christofer Robin había regresado y que seguramente había visitado a todos aparte de ti y me pregunto si yo lo había visto. – agregó con simpleza y terminó de abrigarme.

-¿Y qué respondiste? – me acerque de forma involuntaria a ella con una expresión llena de curiosidad; ansiaba escuchar que si lo había visto.

-Le dije que si Christofer Robin decidía volver en algún momento sería para disculparse contigo – volvió a sonreír. Me quedé en perplejo con el cuerpo rígido y no pude responder. – Y quiere saber ¿qué fue lo que contestó?

Asentí con la cabeza aunque pienso que realmente no lo hice, pero ella continuó hablando con suma naturalidad.

-Que justamente te había visto a ti, pero que tú no habías hablado sobre lo que él te ha dicho – soltó una sutil risita y continuó – pero no te preocupes, cariño, no vengo a interrogarte. Lo que hagas es solo importante para ti, solo te pido que le des mis saludos a Christofer si vuelves a verlo ¿sí?

-Claro que si Kanga –dije después de haber soltado un suspiro que intenté disimular, pero no tuve éxito. –y espero esta vez sí pueda contarme más cosas.

Esas últimas palabras las dije más al viento que a mi amiga ya que ella me sonrió y se dio la vuelta para irse. No me importó porque no quería que ella se enterara; quizá después se lo diría a alguien más, pero en ese momento mi mente estaba concentrada en hacer que ese muchacho de ojos castaños me dijera algo más que solo un "te amo" o un "te extrañé". Tenía que hacerlo hablar y eso implicaba que tenía que controlarme a mí mismo junto con mis impulsos y deseos de repetir la misma rutina. Cargué la madera y caminé de regreso a mi casa; tomé el camino más largo que pude para ayudarme a pensar y tal vez darme un poco de valor. Recorrí los caminos de tierra y nieve que aun marcaban cada sendero del bosque, daba pasos lentos y observaba con detenimiento, a la nieve compactada quebrarse al sentir el peso de mis pies sobre ella. Incluso podía escucharla chirriar al hacer esta acción. No pude evitar el mostrar una sonrisa divertida al ir caminando y ver que los pequeños copos se quedaban pegados a mis botas de cuero. Regresé la mirada y la fijé en mis pasos que habían marcado mi camino; por mi mente se cruzó la idea de que "no importaba cuanta nieve les cayera estos seguirían allí plasmados". Fue una filosofía bastante interesante, absorbió mi atención por completo dejándome de pie en mitad del camino con la mirada fija en el brillo de la nieve. Observaba cada detalle y a la vez estaba enfocado en otra cosa. Mi mente me llevó a aquel instante en el que Christofer Robin me dio ese primer beso; repasé mis labios con las yemas de mis dedos. Ese momento estaba marcado como aquellas pisadas, y por ese instante no me hubiese importado decírselo a todos en el bosque; esa idea hizo que mi corazón diera un brinco. Sacudí la cabeza con suavidad y continué con mi camino. Aún me faltaba un largo trecho que al final me pareció de un tamaño sumamente corto, ya que en todo lo que restó del pasaje repasé una y otra vez ese primer beso, tanto que volví a sentir ese sabor tan peculiar que había impregnado mis labios y que me hizo repasarlos con la lengua; quería otro beso…pero…también quería una explicación. Ya comenzaba a formular ideas en mi mente cuando llegué al umbral de mi casa el cual no estaba solo.

-¿Pudiste pensar bien lo que querías oso Pooh? – Me preguntó Christofer Robin mostrándome una sonrisa.

-¿Qué? – esa pregunta me sacó de un golpe de mi mente y no supe que contestar.

-Creo que no, descuida – comenzó a reír de forma disimulada.

-Kanga te envía saludos – dije recordando mi conversación de hacia un rato.

-Valla, Tigger va rápido – me miró con expresión hermética – gracias dile que la visitaré pronto.

-Eso hare – aún estaba aturdido – podrías…

No terminé la frase cuando él se acercó a la puerta y la abrió cediéndome el paso con suma cortesía. Gracias dije casi susurrando y entré en mi casa. Después de todo, las horas habían ido más rápido de lo que yo había contemplado, o tal vez era que este muchacho me escondía algo importante. No demoré en preguntar.

-¿No deberías estar en la escuela? – me contempló sorprendido.

-No, hoy no tengo clases – respondió con una sonrisa.

-Pero te fuiste tan temprano en la mañana que supuse que tendrías muchas cosas que hacer – dije en tono molesto y soltando la leña en el suelo, la cual hizo un ruido estruendoso al caer.

-En este momento no quiero que me interroguen – respondió dejándose caer en una silla con expresión de fastidio.

-Entonces ¿solamente no querías hablar con Tigger? ¿Eso era todo? – de pronto volteo la mirada al suelo y se limitó a cruzarse de brazos y mover los pies en el suelo. – No puedo descartar la idea de que me estas escondiendo algo que es sumamente importante, y tu actitud en este momento hace que reafirme esa suposición.

Chasqueo la lengua con enojo y seguía sin dirigirme la mirada.

-No te voy a atacar con un interrogatorio sobre qué haces o no cuando no te veo, porque hace años me dejaste en claro que no querías que fuera parte de tu vida fuera del bosque – internamente me moría de nervios por decir lo que decía pero las palabras salían solas de mi boca – Pero solo quiero que sepas que lo que hicimos no es una cosa de nada y que no me gusta la forma en que haces las cosas, sé que ya no siete años, y sé que no soy nadie para reclamarte nada, pero lo hago porque me preocupa lo que haya más allá de las decisiones que estas tomando. Quiero apoyarte…pero ya no eres ese niño que conocí hace tiempo…eres muy diferente.

Agaché la mirada y le di la espalda, el seguía sentado sobre la silla con la boca apretada y la mirada molesta. Levanté la madera y la acomode en su lugar, colgué ambas bufandas en un perchero cerca de la puerta y saqué un tarro de miel de la alacena, lo puse sobre la mesa y me senté en una silla observando la miel. Estaba molesto, pero no sabía qué hacer, ya que Christofer no respondía a nada, y ni siquiera se movía.

-Y yo quiero que sepas que estoy consciente de todas esas cosas. – dijo finalmente con la voz gruesa y sumamente seria. – y que yo no quería hacerte sentir así. Esa ocasión en que te dije que no podías ir conmigo, no fue porque no quisiera estar contigo. Lo dije por que al estar tu aquí tendría un motivo más para volver y no solamente estar contigo si no con todos los demás y jamás me gustó la forma en que terminó todo…y creo que ese fue el principal problema…no estuve del todo concentrado en lo que tenía que hacer; pasé los primeros periodos con calificaciones deprimentes, hasta que hace unos meces perdí la beca que había ganado en la secundaria y mi madre me había dicho que si perdía esa beca perdería algo más. Después de unos días me expulsaron de la facultad y no he querido regresar a casa por temor de lo que me vallan a decir. Vine aquí para tratar de recordar todo lo malo que paso y cómo fue que terminé en la forma en que terminé. Fue entonces cuando creí que estarías dormido y caminé por el bosque. No contaba con que me encontraría a Búho en mi camino y siendo el único en los alrededores, me invitó a su casa y me preguntó muchas cosas, lo único que hice fue decirle todo lo que había sucedido desde el momento en que me fui, él me dijo que resolviera todos los problemas y que aclarara las cosas en mi mente para poder retomar mi camino; sabía que con el único que había tenido problemas era contigo. No quería que siguieras sintiéndote mal por mi culpa, pero no solo era eso, era algo un poco más fuerte. Durante unos días no tuve el valor de ir a tu casa a arreglar las cosas, fue hasta esa mañana en que puse mi mente en blanco y dejé que mi corazón hablara. No sabía lo que hacía y solo me dejé llevar; pero eso no significa que lo que te dije sea mentira…todo lo que siento por ti es real y nunca fui capaz de decirlo de esa forma tan sencilla y a la vez tan complicada. De hecho no he podido estar tranquilo desde ese momento…y había tratado de decirte tantas cosas…pero, no es tan fácil…

Cuando terminó de hablar fue como si el bosque entero se quedara en silencio a la espera de una última frase que jamás llegaría. Y había tanto que decir y a la vez era tan poco. Me quedé mirándolo fijamente a los ojos, se veían vidriosos pero llenos de algo muy especial, aun no sé qué es. Abrí la boca pero no emití ningún sonido de inmediato me volví a quedar serio, él se río, más por nervios que por verdadera gracia.

-Ya no sé qué más decirte – su voz era débil y jugaba con sus dedos sobre la mesa. – sé que es absurdo y probablemente te estés imaginando mil y un cosas, pero…es solo que…mira, no sé cómo arreglar el problema y tú me dejas callado con solo ese par de ojos azules.

-Pensé que solamente tu tenías ese efecto en mí – dije con un hilo de voz si quitarle la vista de encima.

-Necesito tu ayuda…te necesito…- vi una lagrima cristalina agolparse en el borde de su ojo pero se negaba a caer.

-Y estoy dispuesto a ayudarte… - contesté – así me tome una eternidad haré lo imposible por ti.

Sonrió y apoyó su cabeza sobre sus brazos que estaban encima de la mesa.

-Búho tenía razón… - susurró.

-¿Sobre qué? – no pude evitar el preguntarle.

-En que mi vida sería un completo caos si no logro que estés en ella…osito bobito.

Me levanté de mi lugar y caminé hasta quedar frente a él. Se dio la vuelta y me j aló con su mano y me sentó sobre sus piernas sin haber levantado la cabeza de la mesa. Me repasaba con la mirada y acariciaba mi mejilla con su mano.

-Creo que es tiempo de que le digamos a los demás… - le dije aun sin apartar la vista de sus ojos.

-Tres ya lo saben – me dijo de forma simple.

-¿Tres? – era raro yo solo había hablado con Puerquito y estaba seguro de que no le había comentado a nadie más - ¿y quiénes son?

-Puerquito es uno, tu hablaste con él, Búho es otro por eso le pidió algo a conejo en aquella ocasión sabía que yo iba a venir y conejo quería hablar contigo después de que decidiste no hibernar y el tercero es Tigger.

-¿Tigger? – Me sorprendía mucho escuchar su nombre - ¿Por qué lo dices?

-Ese momento en que nos encontró no estaba tan lejos y escuche lo que hablaron, y eso que te dijo no fue un comentario al azar, osito bobito – esto último lo dijo mientras me pellizcaba con suavidad la mejilla y me movía la cabeza. – Pero no es necesario comentar nada por ahora, el momento llegará solo se paciente.

Pasó su mano por mi cabello y recorrió el contorno de mi rostro con sus dedos, llegó a mi barbilla y acerco sus labios a los míos, pude sentir su aliento tan cerca pero antes de que pudiera besarlo se escuchó un estruendo en la puerta. Di un salto por la sorpresa y me levante; esta vez Christofer no me detuvo y llegué a la puerta; al abrirla vi a mi amigo Puerquito que torcía con nerviosismo su bufanda y removía la nieve del suelo con el pie.

-O-oso Pooh – dijo con algo de esfuerzo y mirándome de reojo – hay algo que quiero decirte, e-es sumamente importante.

-Dime – yo estaba preocupado, temía por las palabras que salieran de su boca y de pronto sentí que alguien me abrazaba de la cintura.

-No te preocupes, Puerquito, ya se lo dije yo – Christofer Robin sonreía ampliamente, como siempre, aunque aún se veía tristeza en su mirada.

-¿Enserio? – pregunto Puerquito dando un suspiro y dejando caer los hombros con alivio. – por un momento me sentí culpable.

-Descuida ¿gustas pasar? – le dije, pero solo me miro aun con nervios.

-No, tengo algo más que hacer, pero me alegra que todo esté bien – nos mostró una sonrisa, dio media vuelta y se fue caminando a pasos acelerados.

Lo mire hasta que desapareció de mi vista, me puse a pensar si hablaban los dos de las mismas cosas y cuando iba a voltear a preguntarle a Christofer sobre lo que él ya me había contado, se acercó a mí y me dio un beso en los labios, no pude decir palabra alguna durante un largo rato, lo abracé y el hiso lo mismo. Nos quedamos en el umbral de la puerta un rato, no estoy consciente de cuánto tiempo fue, esos besos me dejaban completamente perdido. Y hubiera seguido por mucho más si no fuese por que escuchamos que alguien carraspeaba a nuestro lado; Christofer se separó de mis labios de forma lenta y mando una mirada ligeramente irritada a la persona que había hecho aquel ruido.

-Lamento tanto interrumpirlos – dijo aquella persona con aire molesto – ¿podrían explicarme, ahora sí, que está pasando?

-Lo haría con gusto, Conejo, pero estoy ocupado – respondió Christofer sin dejarme decir palabra alguna.

-Sí, eso ya lo noté – seguía molesto y yo estaba de piedra y cuando intenté abrir la boca Christofer, que aún me tenía abrazado, me tapo la boca con un solo dedo.

-Te contaré todo después ¿sí? – mostraba una hermosa sonrisa con cada palabra y Conejo solo golpeaba el piso con el pie. – por ahora solo quiero pasar un momento a solas con este osito.

Me abrazó más fuerte al decir esas últimas palabras. Conejo se molestó y dio un bufido dejando caer los brazos a los costados y dándose la vuelta para regresar por donde había llegado, mientras decía un sin número de quejas y reproches.

-Parece que nadie quiere que te bese el día de hoy – Me dijo Christofer mirándome fijamente y mostrándome la más tierna de sus sonrisas.

-S-supongo que no – respondí volteando a un lado para evitar su mirada y pude sentir el color subir a mis mejillas. – ¿y que supones que pase ahora? – pregunté para tratar de cambiar el tema.

-Supongo que eso será para otra ocasión – valiente respuesta la suya.

Y así lo dejé como un cuento para otra ocasión, ya que después de eso los problemas se solucionaron de una forma que yo jamás hubiera creído, Christofer regresó a la escuela y yo me resigné a esperarlo solo en vacaciones, las cuales tardaban eternidades en llegar. El bosque volvió a estar más tranquilo después de todo esto y esto también le dio pase a nuevas historias…muchas nuevas historias.