Disclaimer: Harry Potter y todo lo relativo a su mundo es propiedad de J.K. Rowling.

Este fic participa en el reto "Navidades de Dickens" del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black.

Deja que nieve

No quiere que las cosas cambien.

Quiere que todo siga como está. Con su empleo en Hogwarts, donde puede moldear jóvenes mentes y sacarles todo su potencial, donde aún puede seguir aprendiendo. Con Elphinstone en Hogsmeade, donde puede verlo siempre, y sabe que estará bien. Hace unas semanas le había dicho que estaba pensando en abrir una pequeña librería en el pueblo. No para hacerle la competencia a Flourish y Blotts, por supuesto, sino que para divertirse. Jubilarse no tenía tanta gracia como podía parecer.

Ella estará encantada de apoyarlo, claro está. Sabe que siempre ha sido el sueño de Elphinstone y ahora puede realizarlo.

Si hacía algunos años alguien le hubiera dicho que se sentiría así de satisfecha con su vida, Minerva no le habría creído. Pero así era.

Se movió en la cama, buscando el cuerpo dormido de su marido, que automáticamente la rodeó con un brazo. Su calidez nunca dejará de confortarla.

III

Hogwarts, 2005

Los años empezaban a pesarle. Después de todo, ya no era la jovencita que era cuando había empezado a enseñar. En ese entonces nunca se hubiera imaginado que terminaría siendo la directora del colegio. Ahora, más años de los que le hubiera gustado admitir habían pasado. Llevaba un tiempo pensando en dejar el cargo y retirarse a una cabañita en Escocia, donde podría escribir artículos de transformaciones y tomar té.

Había llegado a una decisión: esa sería su última Navidad en Hogwarts. Prefería retirarse en ese momento, cuando aún estaba en sus plenas capacidades. Mejor ser recordada como una vieja enérgica que como una decrépita, ¿no?

Aunque era doloroso pensar en dejar Hogwarts. Había pasado casi toda su vida entre esas paredes; primero como estudiante y luego como profesora. Eran muchos años.

Pero últimamente empezaba a faltarle el aire al subir por las escaleras, cosa que nunca antes le había pasado. Le costaba un mundo levantarse por la mañana y sólo pensar en su deberes como directora era suficiente como para darle un dolor de cabeza. Sí, ya no estaba para esos trotes. Tenía que asumirlo.

Afuera estaba nevando. Era estupendo estar en su oficina en el castillo, calentita y protegida de la tormenta. Además, pocas veces Hogwarts se veía tan bonito como cuando estaba cubierto de nieve.

Unos golpecitos en la puerta la hicieron girar la cabeza.

—Pase —indicó.

—Profesora, ¿va a bajar a cenar? —Aurora Jones, una profesora joven que acababa de ser contratada para enseñar Estudios Muggles (habían reformulado la asignatura por completo, por sugerencia de Hermione Granger), se asomó a la puerta. Como muchos de los profesores recién contratados, la chica había sido alumna suya, y nunca había logrado que la llamara por su nombre.

—Enseguida voy, Aurora.

Como siempre, los estudiantes se habían ido a pasar las Navidades con sus familias, al igual que varios profesores. Entre ellos, el bueno de Neville Longbottom, que acababa de casarse con Hannah Abbott. El muchacho había reemplazado a Pomona en los cursos inferiores, para aliviarle el trabajo a la buena mujer —otra que tampoco estaba para esos trotes, pero conseguir que lo admitiera sería imposible, por lo bajo— y se lo veía contentísimo. Minerva no podía estar menos que orgullosa del muchacho.

De hecho, estaba orgullosa de todos los suyos. Hermione Granger intentaba mejorar el sistema legal del Ministerio, Harry Potter perseguía magos oscuros, Ron Weasley había resultado más responsable de lo que parecía, Lavender Brown estaba trabajando en San Mungo, mientras que Parvati Patil había iniciado una empresa de pociones. Y esos eran sólo algunos de ellos. Minerva podía recordarlos a todos.

A lo largo de los años, Minerva había visto crecer a muchos chicos y chicas. Los había visto caerse, golpearse, seguir adelante y triunfar. A algunos los había visto torcer el camino, también. Era casi inevitable.

Pero en general, se sentía orgullosa de sus chicos y chicas.

Podría retirarse con la cabeza en alto, sabiendo que había hecho lo mejor que pudo por ellos.


Creo que es un buen punto para dejar a la buena de Minerva. Es un personaje que me encanta y me llama muchísimo la atención, así que escribir sobre ella ha sido todo un placer.

En fin, aquí lo dejo. Esta historia ha acabado y ahora queda esperar a la que viene.

¡Hasta la próxima!

Muselina