DISCLAIMER: Ninguno de los personajes me pertenece, son todo obra de la cabecita pensante de J.K.
REUNIÓN MALOLIENTE
Régulus-pedo-Slughorn
Régulus entró junto con Avery en la estancia. Era una habitación no más grande que cualquier clase, con una mesa redonda con sillas de terciopelo rojo a su alrededor. Aunque habían llegado con un par de minutos de antelación, varias sillas estaban ya ocupadas. Régulus arrugó la nariz y compuso un gesto de asco al atisbar un destello pelirrojo en una de las sillas que estaban de espaldas a ellos.
No era que no estuviese contento de que el año pasado lo hubiesen escogido para entrar en aquel selecto club, sus padres no podían haberse sentido más henchidos de orgullo al comprobar que su hijo menor entraría en un sitio por el que su vez había pasado su adorado señor, Tom Riddle. Pero más de una vez el chico se había cuestionado el baremo por el que el profesor Slughorn escogía a sus elegidos. Podía entender que gente como Barnabas Gruffe y Tiberius McLaggen estuviesen allí. El primero porque su padre era muy influyente en el ministerio y el segundo, aparte de que su padre fuese muy importante, era increíblemente competente en pociones. Se atrevería a decir que superaba a Severus Snape. Pero gentuza como aquella asquerosa sangre sucia de Lily Evans o Ambrosius Flumme cuyos padres, por muy exitosos comerciantes que fuesen, eran unos traidores a la sangre reconocidos.
Avery y él se sentaron lo más lejos posible de aquellos dos personajes que hablaban animadamente de alguna estupidez muggle con total seguridad.
- Qué Evans, ¿haciendo migas con los más allegados a ti? Los cerdos.
La sangresucia frunció el ceño mientras Flumme abría los ojos de par en par como si no se creyese que Avery le acabase de tachar de tocino. Pero dadas sus proporciones y su creciente alopecia que hacía que se le viesen partes rosadas de su cuero cabelludo qué esperaba.
Régulus sonrió. Disfrutaba especialmente cuando hacían comentarios hirientes a Evans. No solo para ponerla en el lugar que pertenecía, sino porque era una de las que habían metido ideas incorrectas en la mente de Sirius. Y aunque nunca lo reconocería, en el fondo, le echaba la culpa a ella y a sus estúpidos amigos, que no le llegaban ni a la suela del zapato a su hermano, por haberlo cambiado.
En ese momento Slughorn entró de forma teatral en el lugar.
- Bueno mis queridos alumnos, me alegro de poder celebrar otra de nuestras maravillosas reuniones juntos.- sonrió a cada uno de los presentes- y para comenzar un pequeño aperitivo.
Con un movimiento de varita un té con pastas y pequeños pasteles aparecieron ante los presentes que sin esperar a ninguna señal del profesor se abalanzaron sobre aquellos manjares. Régulus en cambió, pasó una mirada despectiva sobre los ávidos chicos y decidió servirse un té antes de que manos indeseadas tocasen la tetera infectándola.
Y en medio de aquel tintinear de cubiertos se oyó. Un estruendoso ruido que enseguida se identifico como un pedo descomunal cuyo maloliente olor taponó los sentidos de todos antes de que ninguno pudiese asimilar lo que estaba pasando. La sala entró en caos, todos se levantaran tapándose la nariz como pudieron y salieron entres maldiciones de algunos, como Avery, y risas disimuladas de otros, como Cruffe.
Una vez afuera de la intoxicada estancia empezaron las acusaciones.
- Seguro que ha sido la sangresucia- siseó Régulus mirándola con odio
- Yo he visto a Worple con cara de concentración, y todos sabéis lo mal que le sientan las judías…- Tiberius decidió hacer a su vez la aportación.
Las acusaciones empezaron a subir de tono cada vez más.
- Chicos, chicos, por favor- intentaba imponer calma el profesor Slughorn-
- Yo sé quién ha sido- se elevó la voz de Barnabas Cuffen por encima de todos.- y por si no os habéis fijado no ha pronunciado palabra en todo el rato- concluyó con una sonrisa socarrona señalando a Ambrosius Flumme que enrojeció fuertemente.
- Los caramelos apestosos de los Prewett son increíbles, ¿verdad?- oyó Régulus susurrar a Cuffen al oído del divertido McLaggen antes de que terminase aquella corta y maloliente reunión.
