DISCLAIMER: Ninguno de los personajes me pertenece, son todo obra de la cabecita pensante de J.K.


TRAPOS SUCIOS

Régulus-Emmeline-Sirius

Régulus estaba de un inusual buen humor. Emmeline observó atónita como ponía entre ellos una revista de Quidditch en medio de su "sesión de estudio" en la biblioteca. En las páginas principales hablaban con todo lujo de detalles de las semifinales entre las Flechas de Appleby y los Murciélagos de Ballycastle. El chico empezó a comentar con una exaltación impropia en él cada una de las estadísticas, jugadas y jugadores, sin olvidar las escobas y las distintas tácticas de cada uno de ellos. Estaba firmemente convencido de que por fin su equipo preferido, Flechas de Appleby, podría llegar a ser el ganador de la Copa Mundial después de más de 30 años sin pisar el podio cuando ganaron a los Vratsa Vultures.

La verdad que ella no podía quejarse para nada de aquel cambió de temas por el que ambos compartían un gran interés. De normal Régulus se enfrascaba en un volumen de dimensiones desproporcionadas, ignorando sus comentarios y cotilleos sobre la gente que iba y venía en la estancia mientras ella intentaba, sin mucho éxito, concentrarse en sus redacciones mortalmente aburridas. Estaban ambos enzarzados en una pelea a bajo volumen con las cabezas muy juntas sobre el incidente que acaeció entre los dos buscadores de Flechas de Appleby y Urracas de Montrose, cuando un carraspeo les hizo levantar la vista.

- Vaya, vaya, veo que los rumores son ciertos- Sirius repantigado en la silla de enfrente les dedico una sonrisa burlona- Chicos, ya sé que sois la paraje sangre limpia del año, pero por favor un poquito más de pudor en a biblioteca- negó con la cabeza como si aquella escena fuese una aberración para la integridad del ser humano- Si vuestras familias os viesen…

La chica notó como Régulus se ponía rígido en su sitió y tensaba la mandíbula, ella misma pudo sentir como el corazón le daba un vuelco. Esa era una de las cualidades de Sirius Black, no dejaba indiferente a nadie.

- ¿Qué quieres?- el tono del slytherin fue seco y cortante. Pero su eterna faceta de inexpresividad no le sirvió para disimular sus adversos sentimientos.

- Tranquilo hermanito, solo he venido a comunicarle a tu cielito que sus amigas están esperándola en el gran comedor.

- Lo dudo, creo que son suficientemente mayores para venir ellas mismas y que yo sepa, aún no han perdido a capacidad de hablar- replicó Emmeline saliendo de su sopor inicial. No había cruzado una palabra con él desde que en el baile de navidad la dejó plantada para irse con Potter y el resto a ponerse ciegos de Whisky de fuego.

El gryffindor levantó una ceja escéptico.

- ¿En serio?, y no te has parado a pensar que quizás están hartas de las miradas de reprobación de tu novio o de los comentarios sarcásticos de sus amigos. Porque puede que tú seas muy tolerante en ese aspecto, pero en mi familia la sangre es una ideología que se nos inculca desde pequeños- Sirius dirigió una mirada hostil a su hermano mientras pronunciaba aquella última frase.

Emmeline lo miró atónita.

- ¿Pero quién te crees que eres para decir semejante gilipoyez?

- Un Black- contestó Régulus antes de que Sirius abriese la boca- está visto que mi hermano solo asimila las enseñanzas de mi familia que a él le convienen.

El mayor de los Black perdió por un momento la compostura y pareció que estuviese a punto de saltar de su asiento y emprender a golpes contra el slytherin para borrarle aquella sonrisa de suficiencia de la cara. Después se recompuso y volvió a lucir su habitual sonrisa socarrona.

- Claro, y tú siempre has sido el niño perfecto, siguiendo todas las reglas al pié de la letra. Seguro que durante las comidas familiares no pararon de repetirte lo maravilloso que es Régulus y lo orgullosos que están de él- dijo dirigiéndose a Emmeline – pero me apuesto un galeón a que no nombraron que de pequeño siempre fue un cobardica… Dime Reggie, ¿aún sigues teniendo miedo a las tormentas?

Régulus cerró con un golpe secó la revista que estaban viendo hace unos momentos, se levantó con los puños apretados y sin mediar palabra se fue de a estancia. La hufflepuff nunca le había visto tan alterado.

- Por Merlín Sirius, ¿qué narices le has hecho?

Sintió ganas de lanzarle un hechizo para borrar esa expresión de satisfacción de su cara, humillarlo, igual que él se dedicaba a hacer sentir mal a los demás. ¿Cómo pudo sentir algo por aquel perfecto idiota? Justo cuando estaban disfrutando un buen momento y tenía que aparecer aquel entrometido. ¿Qué más le daba que saliese con Régulus? Porque en su fuero interno sabía que toda aquella escenita había sido por eso. Fue a incorporarse para salir en pos del pequeño de los Black, pero el moreno la agarró del brazo.

- Oye Vance, pensaba que tenías mejor gusto.

- ¿Ah sí?- se soltó de un estirón y se encaró a aquel engreído- ¿Y a quién crees merecedor de mi compañía? ¿A ti?

- Bueno- replicó Sirius- antes parecías estar deseándola

Emmeline se percató de que sus caras estaban a unos pocos centímetros, sintió un escalofrío y deseó que él se acercase más… ¡Pero en qué estaba pensando! ¡Aquel desgraciado no se merecía nada!

- Eso fue antes de que conociese a un Black de verdad- y con esas palabras abandonó la biblioteca.