Segunda parte: Instantes

Capítulo 5: Descubrimientos

La luna llena se alzaba en lo alto del firmamento nocturno, siempre imponente, siempre brillante; siempre peligrosa. Aquel gran lobo se magullaba a sí mismo al no tener presa alguna encerrado en esa casa, lugar donde le pedían esconderse. Dio fuertes zarpazos a la cama y aulló sonoramente, espantando a más de un habitante de Hogsmeade que regresaba a su hogar. Muchos miraron hacia la Casa de los gritos con temor, recordando los rumores de los enojados espíritus que rondaban en aquella antigua edificación, sin sospechar la verdadera razón de los alaridos.

Aquella noche James, Sirius y Peter estaban despiertos sentados en sus respectivas camas observando hacia la ventana, mirando aquel satélite natural con curiosidad y cierto reproche. Aún repasaban mentalmente las ideas que los tres habían nombrado, las respuestas que minutos atrás habían dado. Potter carraspeó en un momento para romper el silencio que reinaba en la habitación y los ojos grises de Sirius se posaron en él, mientras Peter parecía estar absorto en alguno de sus pensamientos.

—Coincidimos en… esto, ¿verdad? —preguntó el de anteojos, llamando por fin la atención de Peter—. Digo, Remus es…

—Licántropo. —Sirius tenía una mirada entristecida cuando habló—. Es un hombre lobo.

—¿Y qué haremos? —Fue el turno de Peter para hablar, sin poder ocultar su nerviosismo.

Todos guardaron silencio automáticamente. Los pensamientos viajaban desde el miedo a la lástima, desde el enojo a la tristeza. No podían aceptar el hecho de que Remus, aquel joven tan jovial y agradable, pudiera cargar con una maldición semejante; pero era la única teoría que confirmaron en su segundo año de Hogwarts. Era la única respuesta que explicaba el porqué de sus desapariciones mensuales, su cansancio y aspecto enfermizo en las cercanías de la luna llena y sus diversas heridas al "regresar" al castillo.

—Hablarlo con él, aclararlo y entonces darle nuestro total apoyo —habló finalmente James soltando un suspiro—, como amigos que somos.

—Tienes razón —coincidió Peter mirando hacia la cama de Remus—. No… no tiene la culpa.

Sirius los miró desde su posición con curiosidad.

—Y averiguaremos la forma de ayudarlo —terminó él intentando sonreír—. De seguro habrá una forma de hacerle más fácil todo.