Agazapados tras una muralla, los cuatro Gryffindors esperaban ansiosos algo. Soltaban risas tontas de vez en cuando, siendo silenciados por las miradas de advertencia que entre ellos se daban. Intentaban escuchar lo que les indicaría que estaba hecho, que había salido bien y que tendrían que arrancar lo más rápido posible. ¿Por qué no se iban de inmediato? Porque un buen bromista desea ver cómo se lleva a cabo su obra maestra. Así que ahí estaban, esperando y esperando.
Entonces la primera bomba explotó. James se inclinó a ver por el lado de la muralla, mientras Sirius intentaba ver por sobre la cabeza. Seguido de eso, dos, tres, cinco, siete explosiones consecutivas resonaron en las mazmorras. Los gritos de asco y el olor se comenzó a expandir por los pasillos continuos y las risas se escuchaban por doquier. Remus se asomó acuclillándose a un lado de Peter y vio a un Slytherin soltar maldiciones a diestra y siniestra.
—¡Chitón! —James vio que Snape miraba hacia donde estaban. Le vio ir hacia allá—. Mierda, ¡vámonos!
—¡Ya te vi, Potter! —exclamó Severus corriendo tras ellos—. ¡No se librarán esta vez!
Los chicos corrieron a gran velocidad por los pasillos, subieron escaleras y doblaban en las esquinas, pero seguían sintiendo un olor fétido y las risas de la gente, por lo que sabían que Snape iba tras ellos. Llegaron a un punto en específico y James tiró de la capa de Remus hacia un compartimiento secreto, quien llamó a los otros dos autores de la broma a esconderse en aquel lugar tras una pintura de un viejo fumando en su pipa. Las risas que soltaban al recordar la "cosa verde" en que el Slytherin se había convertido se ahogaban en las paredes.
—Aquí el más perjudicado será James —murmuró Remus tras unos minutos.
—¿Y eso por qué? —preguntó James confuso, arrugando notablemente el entrecejo.
—Porque Lily se enojará contigo. —Una sonrisa burlona surcó el rostro de Peter, mientras movía sus cejas hacia arriba y abajo rápidamente—. Y ya sabes cuánto te gusta.
—¡No es cierto! —exclamó James, pero el sonrojo lo delató ante los demás, por lo que suspiró frustrado—. ¿Se lo dirá? Oh, rayos, no me hablará en un mes de seguro.
—Pero si, enojada o no, jamás te habla, James. ¿Cuál es la diferencia? —habló Sirius.
Se arrepintió al instante de su desafortunado comentario, puesto que James le había mirado con reproche y supo de inmediato que eso le costaría caro; de seguro el próximo blanco del joven de anteojos sería él. Le sonrió en forma de disculpa, pero ya nada serviría.
