Los ojos se Sirius se posaron sin querer en aquel chico, un Slytherin un año menor y muy parecido a él, ¿cómo no? Era Regulus Black, su hermano. Fue una fracción de segundo en el que ambas miradas grises se sostuvieron, pero el odio fue trasmitido con éxito. El chico de cuarto año simplemente alzó la nariz, con su típica arrogancia de Slytherin, y se alejó por los pasillos del Gran Comedor acompañado por Snape, Avery y Mulciber hasta salir por las grandes compuertas de roble.

—Creo que podría hacer algo —dijo Remus pensativo—. Lo leí en algún libro…

—¡No! —exclamó James con tristeza, todos lo miraron—. Si dices "en algún libro" es porque no recuerdas cuál y has leído tantos que... bueno, sólo Merlín puede ayudarnos a encontrarlo.

Peter rió ante las palabras de James, siempre fiel a sus bromas, aunque no fueran del todo graciosas, y pronto todos se encaminaron hasta su habitación para sentarse a mirar el mapa que habían construido. Estuvieron hablando un buen rato, incluso el sol se ocultó tras las grandes montañas para cuando Remus logró encontrar el libro deseado entre los que tenía en su baúl. Leyó una página y entonces miró a sus amigos.

—Este hechizo hará que con una palabra o frase clase se abra y se cierre con otra —dijo alegre de hallar lo que quería—. ¿Ideas?

—¿Alohomora? —preguntó Peter esperanzado.

—¡La idea es que nadie sepa de la palabra! —bufó Sirius rodando los ojos. Luego sonrió arrogante—. ¿Qué tal…?

—Nada sobre tu supuesta belleza, Canuto —espetó James.

—Entonces menos de la inexistente tuya, enano —replicó el ofendido.

—¿Ah sí? ¿Te has visto en un espejo, Black? Porque…

—¿Pueden madurar un poco? —pidió Remus colocando sus dedos en sien.

Peter abrió la boca, una vez más con esperanzas de aportar algo.

—No sirve —le silenció Sirius todavía fastidiado.

Guardaron silencio observando el Mapa del merodeador. Veían cada uno de los movimientos de las personas en el castillo, aunque la gran mayoría ya estaba en sus dormitorios. Lanzaban frases y eran rechazadas, querían algo que en realidad los representara y para nada fuera imaginada por alguien más, por lo que decidieron que fuera larga. Entonces fue James quien sonrió como un chico que acaba de hallar un tesoro.

—Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas —dijo ilusionado—. Larga, ideal para nosotros y muy difícil de imaginar.

—No sé, no me convence —murmuró Black huraño, pero luego suspiró al ver las miradas de sus amigos—. Bueno, bueno, está pasable.

—¿Y para cerrarla?

Sirius se esmeró por encontrar una y dar la idea, pero no podía imaginarla. Entonces recordó lo que siempre decían al hacer bromas cuando eran más pequeños y se levantó.

—¡Travesura realizada! —exclamó contento—. ¿Lo recuerdan?

—¡Genial, Sirius! —sonrió James abrazándolo, intentando arreglarse con él—. La mejor idea de tu vida.

—Todas son buenas, Potter. Soy Sirius Black, después de todo.


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