Con suerte creía que él, James Potter, hubiera podido llegar a ser premio anual, pero así fue. Sus padres se habían mostrado sumamente orgullosos de él, sus amigos no podían creerlo, pero debían admitir que había madurado mucho en su sexto año en Hogwarts, por lo que el nombramiento de premio anual en séptimo era merecido y no dejaban de felicitarlo con el pasar de los días.
Claro que la felicitación que más le gustó fue la que le dio el otro premio anual, Lily Evans. Y no supo cómo, no, eso tampoco lo sabía, pero ella había aceptado salir con él. ¡Sí! ¡Había aceptado salir con él antes que con el Calamar gigante! Y James se encontraba justamente esperándola a la entrada de Hogsmeade.
—¡Lily! —dijo emocionado al verla llegar—. Creí que no vendrías.
—Te dije que lo haría.
—Sí, pero, o sea… eres tú —sonrió James en forma de disculpa—. Digo, me has rechazado más veces que los días de un año. Pensé que aceptaste solamente para que te dejara tranquila ayer.
Aquello tomó a Lily por sorpresa, pero decidieron que era mejor caminar. Se dieron el tiempo para hablar de muchas cosas y ella no era capaz de creer que James fuera así de divertido, que podría hacerla sentir cómoda incluso cuando nunca habían estado juntos por tanto tiempo. Debía admitir que había madurado, que incluso se le hacía más atractivo; su sonrisa era muy bonita.
—…entonces Sirius se cayó como idiota en el barro —terminó la historia el premio anual, logrando que Lily riera.
—Son muy amigos ustedes —comentó ella de pronto.
—Siete años juntos, en la misma habitación.
—No es como si fuera gran amiga de Annie o Ginevra —dijo Lily—. En cambio ustedes siempre… no sé. Me llaman la atención.
—No sé si sentirme bien o celoso de que Sirius, Peter y Remus igual llamen tu atención —habló James sonriendo—. Remus habla mucho contigo…
—Es un buen amigo mío —se apresuró a aclarar—. Sólo eso.
Un brisa pasó entre ellos, una brisa helada que James agradeció, ya que Lily tembló del frío, algo que aprovechó para envolverla entre sus brazos cuando la noche llegaba; y ella no se apartó. Emocionado por aquella oportunidad, y sin saber con exactitud qué hacer, apoyó cariñosamente su mentón en su cabeza de quien lo abrazaba. Abrió los ojos unos momentos y vio que Sirius se escondía apresurado tras una casa, jalado por una mano.
—¿Puedo decirte algo? —preguntó James esperanzado. Lily asintió—. Te amo.
—También te amo, James —dijo Lily decidida, ¿a quién engañaba?
Y sin más, emocionado, James la besó con ternura.
—¡Lo hizo! —exclamó Sirius saliendo de su escondite, logrando que ambos miraran sonrojados hacia allá—. ¡¿Lo vieron?! —preguntó a sus ocultos acompañantes.
James miró temeroso hacia Lily mientras su amigo celebraba.
—Perdónalo —pidió sosteniendo su mano—, el viejo Canuto está mal de su cabeza.
—Lo sospechaba —rió Lily sonriendo ampliamente.
