Quinta parte: Último paso
Capítulo 16: Escape
Y de vuelta a la vida Black, Sirius llegó a su casa y pasó la mayoría de los días encerrado en su habitación, porque cada vez que bajaba a alguna zona de la casa y se encontraba con su madre, por alguna razón extraña, siempre terminaban discutiendo. Sin embargo, ese día Sirius estaba especialmente enojado y su madre, como en la normalidad, estaba dispuesta a enfrentarlo.
—¡Eres la decepción de la familia! ¡Un engendro que nunca debí tener! ¡¿Por qué no puedes ser como tu hermano o tu padre?! ¡Ni Andrómeda me causó tanto asco!
—¡Pues mejor para mí, señora, saber que no soy como todos ustedes! ¡Y Andrómeda es la mejor de toda esta familia! ¡Es más valiente de lo que usted podría ser en su jodida vida!
—¡Largo de mi vista, alimaña! ¡Ve a tu habitación!
—¡Ah! ¡Pues ni crea que yo quiero seguir viendo su cara de vieja bruja endemoniada! ¡Me voy de esta casa de mierda, vieja arpía! ¡No quiero estar ni un segundo más…!
—¡YA BASTA! —dijo y, sin compasión, quemó el rostro de Sirius de aquel tapiz de la familia Black—. ¡SI QUIERES IRTE, LARGO DE MI CASA, TRAIDOR INMUNDO, ENGENDRO…!
Una última mirada hacia las escaleras donde, delante de las cabezas de elfo, le observaba un adolescente Regulus Black, con una cara extraña. Sirius, mientras bajaba las escaleras de su hogar, llevando el poco equipaje que tenía, no lograba dilucidar el significado de esa mirada gris que parecía reflejar la suya, pero dejó de pensar en ello y siguió caminando por las calurosas calles de Grinmauld Place, pero sin tener un rumbo fijo.
Se sentó en una banca de una plazuela, tragando saliva confuso por sus ganas de llorar, por ese nudo en su garganta. Aspiró y pensó dónde podía ir mientras hacía parar el Autobús Noctambulo, y sólo pudo mencionar un lugar: la casa de James. Deseó que le permitiera alojar afuera, al menos podía comprar alguna tienda y vivir en su jardín. Todo era tan extraño, y a pesar del dolor que le ocasionaba el tener una familia como esa, se sentía feliz por la libertad obtenida.
—¿Sirius? —preguntó James al encontrarlo en las escaleras de su casa—. ¿Tanto me extrañaste, Canuto?
—No puedo vivir sin ti, Potter —sonrió Sirius, pero sus ojos no lo acompañaron en la alegría.
James notó esto último y tuvo un presentimiento de lo que pudo haber pasado, por lo que palmeó la espalda de su amigo invitándolo a pasar.
—He dejado mi casa —le contó tras unos segundos de silencio.
—¿Dejaste…?
—¿Crees que puedo… quedarme unos días? —preguntó Sirius—. Acamparé afuera y prometo no molestar. Ayudaré en lo que sea, limpiaré las hojas, los trastos, la casa…
—¿Le vienes a quitar el trabajo a mi elfo? Harás que se infarte —rió James, intentando parecer normal a pesar de que le apenara la situación de su amigo—. El ser mi mejor amigo basta para quedarte, idiota, ¿qué crees?
