Primer partido de Gryffindor y Slytherin en su séptimo año, y el equipo escarlata estaba empeñado en ganar, aunque nada parecía ir como lo querían; iban perdiendo por noventa puntos y el buscador que James había elegido el año pasado, cuando asumió de capitán, no estaba ni cerca de estar en su mejor momento. Ni siquiera parecía moverse.
Pero Regulus Black, por el contrario, estaba de racha. Con su reconocida agilidad se dirigió hacia un punto a gran altura. Le siguió el buscador Gryffindor, pero él ya iba muy adelantado en su intento por sostener la Snitch. Estiró su mano y, con facilidad, la capturó.
Sonriendo arrogante, descendió enseñando la Snitch al público, en especial hacia el capitán del equipo de Gryffindor y, ¿cómo no? Al mejor amigo de éste, Sirius.
—¡Slytherin ha ganado! —gritaba el comentarista.
James descendió de la escoba y se encaminó a los vestidores sin esperar a los demás jugadores. Estaba enojado, indignado. Sabía el porqué había pasado eso: La noche anterior, Sirius había conseguido alcohol y había invitado a todos los presentes en la sala común, cuando los más niños dormían. James se negó y fue a dormir, pero ellos quisieron quedarse.
Cuando estos ingresaron al vestidor, James se secaba el cabello, y no escuchó las disculpas. Salió colérico del lugar, remarcando sus pasos hasta llegar a la torre de Gryffindor y subir las escaleras. Allí estaban sus tres amigos, entristecidos por haber perdido. Cambiaron la cara al instante.
—Quizás para la próxima —sonrió Sirius encogiéndose de hombros.
—Tú no me hables —ordenó James irascible.
—¿Y yo qué hice? —preguntó su amigo—. Lleva tu enojo a otro lado, Potter.
—¡¿Qué hiciste?! ¡Llevaste a mi equipo a emborracharse!
—No griten —pidió Peter asustado.
—¡No es como si los hubiera obligado! —exclamó Sirius indignado por la acusación, ignorando a Peter—. ¡No los llevé sólo a ellos, la invitación fue a todo aquel que escuchó! ¡Y tú los dejaste!
—¡Dijeron que conversarían! —se defendió—. ¡Y no me eches la culpa, Black, porque toda la puta culpa es tuya!
—Chicos… —intentó Remus.
—¡No me culpes por tu falta de autoridad, Potter!
Se arrepintió al instante, sabía que había ofendido a su amigo y quiso disculparse; pero el puñetazo en su contra fue directo a su mandíbula y le hizo caer. Escuchó, confuso, las exclamaciones de Remus y Peter, quienes desesperados y asustados intentaban tranquilizar a James.
—¡Oh, no, Potter! —gritó Sirius aventándose contra él.
La habitación se volvió un caos: James y Sirius pegándose e insultándose entre ellos mientras Remus y Peter intentaban separarlos, siendo alejados constantemente. Cuál estaba más herido no era fácil de saber por tanta vuelta que daban en el suelo, odiándose como nunca.
Y sin más empezaron a reírse a carcajadas, debiendo detenerse.
—A la próxima te mato, Cornamenta —rió Sirius limpiándose los labios.
—Claro —le guiñó un ojo a su amigo mientras sostenía su adolorido abdomen—, pero primero aprende a pegar como hombre, Canuto.
