Los últimos rayos del sol habían desaparecido completamente en Hogwarts, siendo la noche la nueva invasora aquel día de invierno. La gran mayoría de los estudiantes habían subido a sus respectivos dormitorios para dormir, pero los cuatro Gryffindor estaban caminando con cautela por los pasillos del castillo, siendo Peter quien vigilaba el mapa a medida que avanzaban.

Múltiples nombres estaban quietos en sus habitaciones, pero entre los pasillos alejados podían verse el conserje Filch, la Sra. Norris y alguno que otro profesor que andaba vigilando el orden. Querían llegar pronto a las cocinas, para así poder pedirles comida a los elfos domésticos que allí cocinaban.

—Ojala haya pastelillos de limón —dijo Sirius suspirando—. No me canso de ellos.

—O panqueques de chocolate—comentó Remus ilusionado.

—¡Pastel de frutilla! —exclamó Peter tomando atención a la conversación mientras caminaban.

Habían mencionado toda clase de postres, desde roscas hasta elaborados pasteles que alguna vez comieron, quizás en algún viaje. Pero debido a ello es que no se percataron de unos pasos en las cercanías, mucho menos prestaron atención al mapa donde la figura de "Argus Filch" se aproximaba con lentitud hasta alcanzar a Sirius, que iba al último, por la capa.

—¡Santa mierda! —exclamó asustado al sentir el tirón, poniendo un rostro aún más aterrado al ver al autor—. S… señor Filch.

—Merodeando a estas horas, ¿verdad? —habló el hombre enojado—. Vendrán conmigo a… ¿Eso es un mapa del castillo?

James miró asustado el pergamino que tenía Peter y vio cómo Filch se acercaba estirando las manos. Era un trabajo de mucho tiempo y esfuerzo, no podían perderlo así. La misma cara de miedo tenían sus amigos, por lo que sólo pudo pensar una cosa.

—¡CORRAN!

Sabían que se meterían en problemas en cuanto escaparon del celador, pero realmente no podían dejar que viera aquella obra maestra. Sirius golpeó la cabeza de Peter en señal de reprobación mientras le quitaba el mapa. "Travesura realizada", dijo, justo en el instante en que, increíblemente, Filch volvía aparecer delante, logrando que al detenerse Remus, todos chocaran y cayeran uno sobre el otro de forma cómica.

—Esto será confiscado —dijo cuando lo extrajo de las manos de Sirius—. Y todos ustedes irán a detención.

Caminaron cabizbajos hasta el lugar donde les ordenó Filch, viendo cómo guardaba el mapa con recelo en un archivador, que decía "Confiscado y altamente peligroso".

—Es de ustedes cuatro, cualquier cosa suya es peligrosa —interrumpió Argus—. Irán a limpiar la lechucería sin magia, y también los baños de hombres… si fuera por mí, los descuartizaría trozo a trozo, ¡siempre creándome problemas, mocosos malcriados! ¡Vuelvan a sus dormitorios ahora!

Una vez arriba, los chicos se miraron entristecidos, odiando profundamente a quien les había quitado su adorado Mapa del Merodeador.

—Al menos sólo falta una semana para irnos —sonrió Remus con nostalgia, intentando mejorar los ánimos de sus amigos.

—Sí —dijeron los otros, con clara tristeza y rendición en la voz.