- Ni la historia ni los personajes me pertenecen-
El dolor llegaba en oleadas, fuertes y violentas; olas que se estrellaban y partían al corazón. Otras veces eran lentas y cubrían por completo, amenazando con ahogar el alma.
La gente, la gente buena y considerada, aseguraba que el tiempo lo cura todo. Bella esperaba que tuvieran razón, aunque de pie en la terraza de su dormitorio, bajo un sol de finales de verano y pasados varios meses desde la repentina y espantosa muerte de sus padres, sentía que esas caprichosas olas seguían rompiendo sobre ella.
Tenía tanto…, se recordó a si misma. Su hermano (y no sabía si habría sobrevivido al período de duelo sin Emmett) había sido una roca a la que aferrarse en ese ancho y vasto mar de horror y pena. Sus amigas Alice, Jessica y Rosalie, una parte de su vida, una parte de ella misma desde la infancia, habían sido la sustancia aglutinante que había reunido u cohesionado los fragmentos de su mundo hecho añicos. Contaba con el apoyo constante y firme del ama de llaves, la señora Sue, su isla de consuelo.
Tenía su casa. De algún modo la belleza y la elegancia de la finca de los Swan le parecían más intensas, más acusadas, ante la certeza de que no volvería a ver a sus padres pasear por sus jardines. Jamás volvería a bajar corriendo la escalera para encontrar a su madre riéndose en la cocina con la señora Sue, ni escucharía a su padre negociando un contrato en el despacho.
En lugar de aprender a surcar las olas, Bella se había sentido arrastrada más y más al oscuro fondo.
El tiempo, decidió, que había que aprovecharlo, forzarlo, moverlo.
Pensaba, y esperaba también, que encontraría la manera no sólo de aprovechar ese tiempo, sino de celebrar lo que sus padres le habían dado, de compartir esos dones con la familia y los amigos.
Para ser productiva, pensó, mientras las primeras fragancias especiadas del incipiente otoño impregnaban el aire. Los Swan eran de los que trabajaban. Construían y producían, y nunca, jamás, se habían dormido en los laureles.
Sus padres no habrían esperado menos de ella que de sus predecesores.
Sus amigas quizá pensarían que había perdido la cabeza, pero había ideado, calculado y perfilado un sólido plan de empresa, un proyecto de negocio impecable. Y con la ayuda de Emmett, un contrato legal, justo y razonable.
Hora de nadar, se dijo.
No se hundiría, así de simple.
Regresó al dormitorio y tomó los cuatro paquetes pesados que había dejado encima del tocador. Uno para cada una de ellas, material para la reunión, aunque no había comentado a sus amigas que a eso era a lo que iban.
Se detuvo, se concedió unos instantes para recogerse el brillante pelo castaño en una coleta y se miró, permitiendo que un destello iluminara sus ojos café intenso.
Podía lograr que funcionara. No, no, ellas podían conseguir que funcionara.
Sólo debía convencerlas.
En la planta baja entró la señora Sue, dando los últimos toques a la comida.
La recia mujer volvió a los fogones y le guiñó un ojo.
─ ¿Lista?
─ Preparada al menos. Estoy nerviosa. ¿Es una tontería estar nerviosa? Son las mejores amigas del mundo.
─ Es un gran paso el que quieres dar, y un gran paso el que les vas a pedir que den. Estarías loca si no te sintieras un poco nerviosa. ─ Sue se acercó a ella y le tomó el rostro entre sus manos. ─ Confío en ti. Ve afuera. Me he permitido la libertad de prepararles un aperitivo y un poco de vino en la terraza. Mis chicas ya se han hecho mayores.
Bella quería ser mayor, pero, ay, en su interior había una niña que reclamaba a su mamá y a su papá, buscando consuelo, amor, seguridad.
Salió a la terraza y dejó los papeles sobre la mesa; fue hacia la cubitera, cogió la botella de vino y se sirvió una copa.
Se quedó de pie, con la copa en la mano, contemplando bajo la suave luz que caía sobre los jardines el precioso estanque y la imagen de los sauces reflejada en su superficie.
─ ¡Caray, yo también quiero un poco de esto!
Rosalie apareció de repente, con su dorado cabello rubio muy corto, un nuevo look del que su amiga ya se arrepentía. No se había cambiado y vestía el uniforme de chef repostera de un restaurante destacado de la zona.
Puso los ojos en blanco, vivos y azules, mientras se servía un poco de vino.
─ ¿Quién me iba a decir, cuando anoté en mi agenda nuestra noche de chicas, que en el último minuto alguien haría una reserva para veinte? La cocina ha sido un manicomio toda la tarde. En cambio la cocina de la señora Sue… ─ soltó un quejido al derrumbarse en su asiento tras las muchas horas que había estado de pie ─ es un oasis de paz que huele de maravilla. ¿Qué hay para cenar?
─ No se lo he preguntado.
─ Da igual. ─ Rosalie apartó la idea de su mente con un aspaviento ─. Pero si Jessica y Alice llegan tarde, empiezo sin ellas. ─ Se fijó en el montón de papeles ─ ¿Qué es todo esto?
─ Algo que no puede empezar sin ellas. Rose, ¿te gustaría volver a Nueva York?
Rosalie la miró por encima del borde de su copa.
─ ¿Me estás echando?
─ Me gustaría saber lo que quieres. Si estás satisfecha de cómo andan las cosas. Regresaste aquí por mí, después del accidente, y…
─ Me lo tomo con calma, supongo que ya lo descubriré. Ahora mismo, no tener planes me va bien, ¿vale?
─ Ya…
Bella se interrumpió cuando Jessica y Alice aparecieron juntas riendo.
Jessica, pensó, tan hermosa con su melena de rizos salvajes, sus ojos oscuros y exóticos brillantes de alegría. Alice, con su vistoso cabello castaño de mechones cortos, sus pícaros ojos verdes también alegres, bajita pero en forma, con sus tejanos y una camiseta negra.
─ ¿De qué va el chiste? ─ preguntó Rose.
─ De hombres. ─ Alice dejó las bandejas de comida que la señora Sue les había engrosado al pasar por la cocina ─. De los dos que pensaron que podían echar un pulso por Jessica.
─ Fue muy bonito ─ repuso Jessica ─. Eran dos hermanos que entraron en la floristería para hacer un regalo a su madre por su cumpleaños. Una cosa llevó a la otra.
─ A mi estudio no paran de venir hombres. ─ Alice se metió en la boca una uva negra y dulce del frutero que descansaba en la mesa ─. Y jamás ninguno ha echado un pulso para salir conmigo.
─ Hay cosas que nunca cambian ─ dijo Rose alzando la copa para brindar por Jessica.
─ Hay cosas que sí ─ terció Bella. Tenía que empezar, tenía que mover ficha ─. Por eso les he pedido a todas que vinieran esta noche.
Jessica iba a coger un poco de brie, pero se quedó inmóvil a medio camino.
─ ¿Pasa algo?
─ No, pero quería hablar con todas ustedes. ─ Decidida, Bella sirvió vino a Jessica y Alice ─. Sentémonos.
─ Huy, huy, huy… ─ advirtió Alice.
─ Nada de huy, huy, huy ─ insistió Bella ─. Primero tengo que decir que las quiero mucho a todas y que siempre las he querido y que siempre las querré. Hemos compartido muchas cosas buenas y otras malas… y cuando las cosas se han puesto feas, siempre supe que estarían conmigo.
─ Todas estamos aquí por todas. ─ Jessica se inclinó y puso su mano sobre la de Bella ─. Eso es lo que hacen las amigas.
─Sí, eso es. Quiero que sepan lo mucho que significan para mí, y quiero que sepan también que si alguna de ustedes no está de acuerdo con lo que les voy a proponer, por la razón que sea, nada cambiará entre nosotras. ─ Levantó la mano para impedir que le quitaran la palabra ─. Dejen que concrete. Jessica, tú querrías tener un día tu propio negocio de floristería, ¿verdad?
─ Siempre ha sido mi sueño. Bueno, me gusta trabajar en la tienda, y el jefe me da mucha libertad, aunque espero, con el tiempo, tener la mía propia. Pero eso…
─ Los peros, luego. Alice, tú tienes demasiado talento, eres demasiado creativa para pasarte el día haciendo fotos de pasaporte y sesiones de fotografía infantiles.
─ Mi talento no conoce fronteras ─ dijo Alice alegremente─, pero una tiene que comer todos los días.
─ Y te gustaría tener tu propio estudio de fotografía.
─ También me gustaría que Justin Timberlake y Ashton Kutcher echaran un polvo por mí… y eso es igual de improbable.
─ Rosalie, tú estudiaste en Nueva York y en París con la intención de convertirte en una chef repostera.
─ En una chef repostera con prestigio internacional.
─ Y te has conformado con trabajar en Los Sauces.
Rose tragó un bocado de su tarteleta de espinacas.
─ Bueno, oye…
─ En parte te conformaste por estar a mi lado después de que perdiera a mamá y a papá ─ prosiguió Bella ─. Yo estudié con el objetivo de montar mi propio negocio. Siempre tuve una idea de lo que quería, pero me parecía un sueño inalcanzable. Un sueño que nunca compartí con ninguna de ustedes. Sin embargo, durante estos últimos meses he empezado a verlo con más claridad, y es posible.
─ Por lo que más quieras, Bella, ¿de qué se trata? ─ preguntó Rose.
─ Quiero que montemos un negocio juntas. Las cuatro, y que cada una se ocupe de una parte de la empresa… según su campo de intereses y de especialización, pero fusionándolo entre todas bajo un mismo paraguas, por decirlo de alguna manera.
─ ¿Montar un negocio? ─ repitió Jessica.
─ ¿Recuerdan cuando jugábamos al "día de la boda"? Nos turnábamos los papeles, llevábamos disfraces y planificábamos los temas.
─ Con quien más me gustó casarme fue con Harold. ─ Alice sonrió ante ese recuerdo del perro de los Swan, fallecido hacía mucho tiempo─. Era tan guapo y leal…
─ Podría hacerse realidad, podríamos convertir el "día de la boda" en un negocio propio.
─ ¿Ofreciendo a las niñas disfraces, bizcochos y perros con mucha paciencia? ─ aventuró Rosalie.
─ No, ofreciendo un escenario único y asombroso: esta casa, con estos jardines; pasteles y tartas espectaculares; ramos y centros de infarto; fotografías hermosas y creativas. Y por mi parte… alguien que cuidará de cada detalle para que una boda, o cualquier otra celebración importante, sea un día perfecto en la vida del cliente.
Bella apenas tomó aliento y prosiguió:
─ Tengo muchísimos contactos a través de mis padres. Empresas de catering, proveedores de vino, servicios de limusinas, centros de estética… de todo. Y lo que no tenga, lo conseguiré. Un negocio de bodas y celebraciones que ofrezca todos los servicios, y las cuatro como socias paritarias.
─ Una empresa para organizar bodas. ─ Jessica las miró ilusionada ─. Suena maravilloso, pero ¿cómo vamos a…?
─ Tengo un proyecto de negocio. He hecho números y cálculos y tengo respuestas para las dudas legales si es que las tienen. Emmett me ha ayudado.
─ ¿Qué opina Emmett? ─ preguntó Rosalie ─. ¿Le parece bien que conviertas la finca, su casa, en una empresa?
─ Me apoya absolutamente. Y su amigo Mike está dispuesto a ayudarnos a reformar la casita de la piscina para convertirla en un estudio de fotografía, con una vivienda arriba, y la casa de invitados en una floristería con un apartamento. Podemos transformar la cocina auxiliar de aquí en tu espacio de trabajo, Rose.
─¿Viviríamos aquí, en la finca?
─Tendrán esa opción ─ dijo Bella a Alice ─. Habrá mucho trabajo, y sería más práctico para todas nosotras estar en el mismo lugar. Les mostraré los números, el proyecto, los gráficos, las obras. Pero todo esto será inútil en el caso de que alguna de ustedes no le guste la idea. Y si eso sucede, intentaré convencerlas con palabras ─ añadió Bella con una carcajada ─. Y si aun así sigue en sus trece, abandonaré.
─ Y una mierda. ─ Rosalie se pasó la mano por su corto tupé─. ¿Cuánto tiempo llevas trabajando en esto?
─ ¿En serio? ¿De una manera activa? Unos tres meses. Tuve que hablar con Emmett y la señora Sue, porque sin su apoyo nunca habría arrancado. Pero antes quería reunir todos los datos para la presentación. Esto es un negocio ─ dijo Bella ─. Nuestro negocio, y tenemos que entenderlo así desde un principio.
─ Nuestro negocio ─ repitió Jessica─. Bodas. ¿Qué hay más lindo que una boda?
─ ¿O más loco? ─ terció Rose.
─ Las cuatro sabemos manejarnos con las locuras. ¿Bells? ─ Unos hoyuelos se dibujaron en el rostro de Alice cuando ésta le tendió la mano ─. Cuenta conmigo.
─ No puedes comprometerte hasta que no hayas visto el proyecto y los números.
─ Si puedo ─ corrigió Alice ─. Quiero hacerlo.
─ Yo también ─. Jessica puso su mano por encima de la de sus amigas.
Rose tomó aliento, aguantó la respiración y soltó el aire.
─ Supongo que esto se llama unanimidad. ─Y puso la mano encima─. Vamos a machacar el mundo de las bodas.
Bueno, acá tienen una pequeña introducción del negocio al que se dedican a lo largo de la historia nuestras niñas.
Espero que les guste, déjenme rw para saberlo :)
Próximamente ya subiré el primer capítulo de la historia. Lo siento por demorar tanto, no me daban los tiempos con la uni.
Besitos! Andre :)
