Notas del autor: No me equivocaba cuando pensaba que me iba a tomar mucho tiempo en publicar la segunda parte x_X. Lo único que puedo decir en mi defensa es: se los advertí.

Para la gente que me escribió reviews les digo: ¡Muchas gracias! Me encanta que les haya gustado la primera parte de la historia y espero que esta parte les guste tanto o más que la anterior. Tengo desde ya planeadas varias partes de la historia y trataré subirlas de manera regular (y con mucho menos tiempo de espera que entre estas dos primeras partes).


Haciéndose paso a través de la impenetrable oscuridad del bosque, saltando de rama en rama rápidamente, pero con el cuidado necesario para no hacer ruido, Mizuki y su compañero volvían sobre sus pasos. Habiendo vuelto cerca de cien metros por donde venían. Mizuki, quien de los dos ninjas era el que iba al frente, se detuvo para equilibrarse sobre la rama de un árbol muy grande cubierto de musgo. Su compañero hizo lo mismo.

El árbol sobre el que estaban se encontraba al borde de un pequeño claro en el bosque donde la luz de la luna podía llegar al suelo sin que las ramas y hojas de los árboles se lo impidieran. Por ser luna llena, y por estar ésta mucho más brillante de lo normal, podían ambos apreciar el verde azulado del pasto y de las hojas de los árboles. Aquel claro el único lugar a más de cien metros a la redonda desde donde se podría lanzar una granada al cielo y, según las estimaciones de Mizuki, era el lugar desde donde Naruto había lanzado la última granada.

Mizuki se puso a pensar la situación detenidamente. ¿Era Naruto el que le estaba dando caza a ellos dos? Mizuki se daba cuenta perfectamente de lo que su perseguidor estaba haciendo: utilizaba las granadas para convencerlos de que dejaran de escapar y se dedicaran a encontrarlo y luego se escondía en las cercanías, teniendo cuidado de no ser encontrado y de no estar muy lejos en el momento en que decida reanudar el escape. Era todo una estratagema bastante ingeniosa diseñada para hacerle perder el tiempo y lograr retrasar al objetivo, y definitivamente estaba funcionando.

Este tipo de estrategias no eran nuevas en realidad: estaban descritas, junto a un montón de otras, en diversos libros de texto de entrenamiento para ninjas, por supuesto. En diversos libros de texto de entrenamiento para ninjas de nivel chuunin. Mizuki había tenido que leer todos esos libros y aprenderse el procedimiento de memoria perfectamente, pero Naruto era un simple niño aún no graduado de la academia. Iruka hablaba muy bien de su clase, en especial de Naruto, pero era imposible que él le haya enseñado ese tipo de tácticas tan tempranamente. Si a Naruto se le había ocurrido esta táctica sin necesidad de consultar un libro de entrenamiento, entonces Iruka no exageraba cuando decía que Naruto era un genio.

Además, para lograr usar esta táctica de manera adecuada, quien la use tiene que ser un experto en detectar el chakra de la persona a quien esté persiguiendo. El no poder hacer esto adecuadamente significaría no saber en que momento esconderse en vez de seguir persiguiendo al objetivo. ¿Podría ser que este simple niño fuera tan hábil en realidad?

"¿Mizuki? ¿Dónde se metió el niño? ¡Debería estar por aquí!"

Mizuki volvió la cabeza hacia su compañero con un dedo estirado sobre sus labios y una mirada de desprecio. Fukubei no tenía entrenamiento de chuunin y seguramente no entendía ni la mitad de lo que estaba ocurriendo en ese momento, pero hasta él debería entender que tenía que guardar silencio y mantenerse alerta. Preferiría muchísimo tener a Katsumata en su lugar, pero en el momento en que todo se fue a la mierda, él había escapado en una dirección diferente a la de ellos dos.

El procedimiento a realizar en este tipo de situaciones también estaba descrito en miles de libros: tenían que encontrar al perseguidor, de una forma u otra, y no demorarse mucho en hacerlo. No podría irse muy lejos si quería reanudar la persecución cuando el objetivo decida irse, pero se movería todo lo posible para poder mantenerse fuera del alcance de ellos dos.

Ahora todo se convertía en un juego de zorro y cazador. Mizuki cerró los ojos y trató de vaciar su mente, de tranquilizarse. Iba a necesitar una cabeza fría para atrapar a su objetivo. Respiró profundamente. Lentamente comenzó a relajarse y a sentir cada una de las cosas que ocurrían a su alrededor.

La brisa de esa noche, que acariciaba la cara de Mizuki como un pañuelo de seda, era la más cálida que habían tenido en cualquier noche de ese año. Se movía entre las verdes hojas de los árboles, meciéndolos suavemente. Llevaba el aroma de los musgos, de las mentas, de la humedad. El refrescante aire de bosque que en aquel momento llenaba los pulmones de Mizuki llenaba también los de Naruto, o al menos, de quien Mizuki creía que era Naruto.

En el mismo momento en que Mizuki volvía a considerar las posibilidades de que el perseguidor que tantos problemas le estaba dando fuera un mero alumno aún no salido de la academia, Naruto se encontraba escondido detrás de un árbol enorme al otro lado del claro. De pie sobre la rama más gruesa y con la espalda pegada al tronco, con un pergamino arrugado en su mano, Naruto trataba de no hacer ruido y de pensar cual sería su próximo movimiento.

Había tenido una excelente idea: obligar a los asesinos a perseguirlo, pero manteniéndose a distancia y retrasándolos hasta que los ninjas de la aldea los alcanzaran y pudieran atraparlos. La verdad es que ni siquiera tenía idea si en ese momento venía alguien a ayudarlo, pero en realidad ni siquiera le importaba. No le importaba morir en ese momento tampoco.

En ese momento, todo lo que quería era saber porqué querían matarlo aquellos tipos, y para eso necesitaba, como mínimo, saber quiénes eran.

Ahora, Naruto necesitaba pensar rápido. Se había quedado sin bombas para lanzar, no tenía ninguna opción para cuando quiénes querían matarlo decidan escapar. Enderezó el pergamino que tenía en su mano y le echó una mirada. "Distancia" aparecía con completa claridad en la cara del pergamino. Bien, pensó, no se han escapado. Aquél pergamino le había sido muy útil esa noche. Y pensar que cuando lo consiguió nunca pensó que se vería en esta situación...

De repente, algo se movió entre las ramas de un árbol a unos pocos metros de él. Saltando desde entre las ramas, alcanzó a ver un destello blanco que se dirigía directamente hacia él.

Alcanzó a saltar desde la rama en donde estaba. La adrenalina sacudió su cuerpo con un golpe repentino y el miedo llenó su mente. Cayó en la rama de otro árbol y volvió a saltar, y luego a saltar así de rama en rama para poder escapar. Podía escuchar el sonido de ramas sacudiéndose detrás de sí mismo y entendió que quién lo perseguía a lo largo del borde del claro le tenía poca distancia. Luego pudo escuchar el sonido de un kunai cuando es sacado de su bolsa...

Fue justo en el momento en que había terminado de dar la primera media vuelta alrededor del claro y había quedado a unos pocos metros frente a un hombre que venía corriendo en dirección hacia él. Tomando todo el impulso que podía, cayó con ambos pies sobre la rama musgosa de un árbol, se dio un cuarto de vuelta y realizó un salto gigantesco a través del claro.

A pesar de haber sido un salto rápido, a Naruto le pareció como un vuelo eterno a la luz de la luna. Aquellos pocos segundos en los que él cruzaba los aires fueron como una eternidad para él, como una eternidad en la que él observaba la luna llena y las estrellas en el cielo. En la que él se detenía a escuchar la orquestar ramitas que sonaban con el aire. En la que él no se daba cuenta del kunai que volaba en la misma dirección que él.

Naruto sintió un dolor intenso en su costado izquierdo. Su visión fue nublada por un centenar de pequeños puntos azules. Mizuki y Fukubei podían ver como ligeramente se salía de balance al llegar al árbol que tenía como objetivo, y se perdía en su follaje.

Fukubei estaba respirando aceleradamente en ese momento. Él y Mizuki estaban de pie sobre la rama desde la cual Naruto había saltado y Mizuki había lanzado su kunai, mirando hacia el árbol en el cual había caído Naruto. No podían verlo. Fukubei habló primero.

"¿Le diste?"

"Creo que sí, pero no estoy seguro."

"¡¿No estás seguro?! ¡¿Es broma?! ¡Mizuki, tenemos que terminar esto rápido e irnos de aquí!"

Por una vez, Fukubei tenía razón. Aún así, Mizuki no lo siguió inmediatamente a revisar el cuerpo. En ese momento, Mizuki estaba en otro lugar completamente y no le importaba ser atrapado por nadie, ni ser deshonrado por el resto de la aldea para siempre, ni que le apliquen la pena capital, ni nada.

En ese momento, Mizuki estaba pensando en una única cosa: lo había hecho. Por fin, después de tantos largos y dolorosos años de rabia y de miedo de hacer algo, había asesinado a Naruto.

Fukubei se había ido por el mismo camino por el que se vino cuando trató de atacar a Naruto. Mizuki también se fue por ese camino. Le dio la media vuelta al claro saltando de rama en rama, siguiendo a Fukubei a pocos metros de distancia. Se sentía ligero. Le costaba hacerse a la idea de que por fin había matado a Naruto, y no sólo había matado a Naruto, sino que también tenía suficiente tiempo para escapar de los ninjas de Konoha e irse a otra aldea lejos de ahí. Podría comenzar una nueva vida, y cerrar de una vez por todas el ciclo que comenzó hace ya doce años.

Mizuki encontró a Fukubei de pie sobre la rama de un árbol que se encontraba al lado del árbol donde se encontraba Naruto. Fukubei estaba mirando fijamente a la rama más gruesa de ese árbol entre largas respiraciones, y ahora Mizuki también. Sobre la rama, vestido con un buzo de color naranja con azul, muy vistoso y muy limpio, estaba el cuerpo inerte de un niño rubio de doce años. Tenía un kunai clavado en la parte izquierda de su espalda, más o menos a la altura del corazón, y colgaba de la rama del abdomen, con sus brazos y piernas colgando a ambos lados de la gruesa rama. Mizuki casi sintió pena por él: con el golpe que se debe haber dado para quedar en esa posición, se debe haber roto al menos cinco costillas.

Aún así, había muy algo extraño en aquél cadáver que Mizuki no podía identificar. A él no le gustaba eso. Había estado en varias misiones, y había aprendido a hacerle caso a ese instinto que te advierte de cosas sospechosas.

"Está muerto, Mizuki. Lo hicimos. Ahora tenemos que irnos de aquí, los ninjas de la aldea no deben estar muy lejos."

"Espera un poco, hay algo que no me cuadra en todo esto."

"¿Qué cosa?"

"..."

"¿Mizuki?"

"Anda a revisarlo."

"¿Ah?"

"Anda a revisar el cadáver del niño, hay algo que no me cuadra."

Fukubei no tenía idea de que cosa estaba pensando Mizuki, pero le hizo caso para que así se pudieran ir de ese lugar de una vez por todas. Saltó desde su rama a la rama donde estaba el cadáver de Naruto y, sin afán de demorarse más, se dispuso a revisar el cadáver.

Sólo que no había ningún cadáver en realidad. Mizuki sólo se dio cuenta en el último momento de lo que le parecía tan extraño: no había ningún rastro de sangre en el buzo de Naruto. Justo cuando Fukubei iba a tocar el cadáver de Naruto, éste desapareció como el humo cuando sopla el viento, como si nunca hubiese estado ahí. Naruto había usado el jutsu de copias y había generado no un clon corpóreo de sí mismo, como lo podría hacer un jounin, sino un fantasma, una ilusión.

Y debajo de esa ilusión había un pergamino con escrituras pegado a la rama del árbol.

Mizuki alcanzó a cubrirse, pero Fukubei recibió completamente el impacto de la explosión. Eran del mismo tipo de explosivos y fuegos artificiales que Naruto había puesto como sistema de seguridad en la pieza donde vivía. Hicieron un ruido ensordecedor, iluminaron intermitentemente el bosque y desorientaron a Fukubei al punto que este cayó de la rama en donde estaba con un grito desesperado. Fukubei cayó de espaldas sobre las gruesas raíces del árbol con un ruido espantoso, y cuando el ruido de los explosivos cesó, Mizuki se dio cuenta de que no estaba gritando de dolor ni de rabia hacia Naruto. El bosque se sumió en un absoluto silencio.

Algo se encogió dentro de Naruto. El tipo de pelo castaño no estaba haciendo ningún ruido. Comenzó a respirar muy rápidamente y el mundo empezó a girar a su alrededor. Mientras tanto, sin que él pudiese verlo en ese momento, Mizuki se había bajado del árbol en donde estaba y en ese momento estaba revisando el cuerpo de su compañero.

Y de la nada, comenzó a reír.

No era una de esas risas repentinas a las que Naruto estaba acostumbrado, de esas que surgen en respuesta a un chiste o a una broma. Ésta era una risa muy diferente, que comenzaba grave, profunda y silenciosa, pero luego subía en tono y volumen, hasta que Naruto empezó a confundirla con un llanto, o con los gritos de un loco. Era la risa de un desquiciado.

Sólo después de que Mizuki terminó de reír y de que Naruto se diera cuenta de que nunca antes había estado tan nervioso y asustado como en ese momento, fue que Mizuki pudo calmarse lo suficiente como para dirigirle la palabra.

"¿Tienes alguna idea de lo que acabas de hacer, Naruto?"

Mizuki le había gritado al aire y Naruto podía escucharlo. Lo que Mizuki le había dicho lo confirmaba. Su corazón se aceleró más todavía y comenzó a sentir náuseas. ¿En qué mierda había estado pensando? ¿En que el tipo de color castaño se iba a caer y no le iba a pasar nada y fin de la historia? Tenía que pensar una manera de quitarse a esos tipos de encima, ¿Y no tuvo mejor manera que hacer caer a uno de ellos desde más de siete metros sobre suelo?

Mizuki seguía riendo, y seguía riendo cuando realizó la única acción que Naruto no estaba esperando en ese momento: saltó desde donde estaba en dirección al claro y cayó suavemente en el centro, donde el suelo ya no era tanto musgo y hojas caídas, sino pasto, y donde se encontraba a plena vista de Naruto o de cualquier otro ser que estuviera observando.

Estaba ahí, de pie en el centro. Había dejado de reír, pero mantenía en su cara una sonrisa psicopática que Naruto no podía ver, por estar escondido y no saber donde estaba. Como Mizuki tampoco tenía idea donde estaba Naruto, se dirigió al bosque.

"Está vivo. Con la caída quedó inconsciente, pero está vivo y no se rompió nada. No lo mataste, Naruto."

Naruto soltó un largo suspiro de alivio. No había matado a nadie. No era un asesino.

"¿Sabes que cosa acabas de hacer? Acabas de ponerle una trampa mortal a otra persona, Naruto. No te importó si con tu trampa ibas a matar a Fukubei. Aún cuando no eres ninja y nunca le hayas hecho daño a nadie, la muerte de otro no fue un problema para ti. "

Narutlo lo escuchaba atentamente. ¿Por qué Mizuki le estaba diciendo esto? ¿Era una manera de enfurecerlo para que saliera de donde estaba? En ese momento, Naruto estaba escondido detrás de un árbol grueso, con la espalda pegada al tronco. Sabía que no tenía que salir de ahí por ningún motivo.

"Por fin muestras tu verdadero ser, Naruto. Por fin muestras el demonio que eres en realidad."

Mizuki cerró los ojos durante un instante. Estaba de vuelta en aquella noche de verano de hace ya doce años. Podía escuchar de nuevo los gritos de desesperación y el llanto de la gente de la aldea, que sonaban más fuerte a medida que más casas eran destruidas y más gente perdía la vida. Podía ver y escuchar de nuevo a su mamá despertándolo con histeria, mientras su papá buscaba el bolso donde tenía sus armas. Podía acordarse de ver la silueta de un gigantesco zorro con nueve colas a la distancia, allá lejos en el bosque. Mizuki podía escuchar los gritos de su padre y de su madre, quienes le rogaban para que escapara de ahí. Eran unos gritos como nunca antes le había escuchado a sus padres, agudos y desgarradores, y Mizuki podía recordar perfectamente el momento en que los gritos se detuvieron...

Abrió los ojos.

"¡Sal de ahí, vamos! ¡Tú tienes la culpa de todo esto!

"¡CÁLLATE DE UNA VEZ!"

Un destello de color naranja cruzó el bosque. A toda velocidad, Naruto volaba en dirección a Mizuki con la cara distorsionada por la rabia. Giró ligeramente su torso hacia atrás, movió el brazo derecho para atrás y apretó el puño. Trató de darle un puñetazo a Mizuki, pero Mizuki lo esquivó dando una rápida vuelta hacia su izquierda. Rápidamente, Mizuki agarró a Naruto del codo con su mano derecha y usó el impulso que Naruto ya llevaba para azotarlo contra el suelo. Teniéndolo tomado por el codo aún, Mizuki le dio vuelta para que Naruto quedara boca arriba, puso el brazo sobre su pecho para que no se moviera, y empezó a darle puñetazos en la cara una, dos, tres, cuatro veces. Siguió golpeándolo mientras Naruto gritaba desesperado. Uno de los golpes sonó con el sonido que hace una rama gruesa al romperse bajo el agua. Le había roto la nariz y ahora su cara estaba llena de sangre. Mizuki estaba cansado, pero por primera vez en mucho tiempo, se sentía feliz.

"¿Ves como se siente animal? ¿Ves como se siente estar asustado? ¿Estar lleno de odio y de dolor y tener a la persona responsable justo en frente de tí, sin poder hacer nada?"

Sólo ese momento Mizuki se dio cuenta que estaba jadeando, al igual que Naruto, quien lo hacía con un ruido un tanto extraño. El sonido que ambos hacían era lo único que se podía escuchar en el bosque. Mizuki no esperaba que Naruto le respondiera en realidad, y tardó en darse cuenta de que Naruto no estaba jadeando en realidad.

No, no estaba jadeando. Naruto estaba llorando. Hacía un ruidito agudo al llorar, como el de un animal lastimado. Las lágrimas caían de sus ojos entrecerrados y se perdían en el mar de sangre en su cara. Cuando habló, lo hizo entre sollozos.

"...¿Por qué?...¿Por qué haces esto?... Tú eres simplemente... un profesor mío en la academia... ¿Por qué me haces esto?... Yo nunca te he hecho daño... Yo nunca le he hecho daño a nadie..."

Fue esto último que dijo Naruto lo que enfureció a Mizuki más que cualquier otra cosa esa noche. Apretó a Naruto todavía más contra el suelo y con su mano derecha sacó un kunai de su bolso. Lo alzó en el aire y apuntó a la garganta de Naruto.

Y luego, todo el mundo que estaba en frente de sus ojos desapareció como si nada al mismo tiempo que el dolor de cabeza más intenso de su vida se le vino de golpe. Algo había golpeado a Mizuki en la cabeza con tanta fuerza que éste salió volando y luego rodó por el suelo del bosque dándose varios golpes. Mizuki estaba mareado y su visión estaba borrosa, pero podía ver una figura arrodillada al lado de una mancha color naranja.

"¡Naruto! ¿¡Puedes respirar!? ¡Naruto, contesta, por favor! Naruto, ¿¡qué te ha hecho ese hijo de puta!?"

Mierda. Él conocía esa voz. Era una de las últimas voces que quería escuchar en ese momento. Mierda, era él. Podía sentir como se acercaba.

"¿Mizuki?"

Ahora que su visión se aclaraba, Mizuki podía ver claramente a la persona recién llegada, quien ahora estaba de pie al lado de Naruto y lo miraba a él. Con su largo pelo castaño recogido en una coleta, su piel ligeramente bronceada y la cicatriz que cruzaba su cara en sentido horizontal, Iruka era reconocible en cualquier lugar en el que apareciera. Iruka también había reconocido a Mizuki, y su cara estaba llena de rabia y consternación. Iruka corrió en su dirección. Mizuki buscó algo en el bolso de su pierna.

"¡Mizuki! ¿¡Qué has hecho!? ¿¡Por qué demonios has hecho todo esto!?"

Mizuki sabía que no tenía ninguna posibilidad si peleaba contra Iruka, y se alegró de encontrar la pequeña granada de humo que tenía en el bolso de pierna. Poco antes de que Iruka llegara a él, Mizuki tiró la pequeña bolita al suelo y un denso humo cubrió sus alrededores. Iruka pudo escuchar a Mizuki saltando hacia otro lugar, así que trató de quedarse lo más callado posible. Sabía que Mizuki iba a atacarlo antes que el humo se disipara, así que saco un kunai y trató de poner atención a sus a alrededores...

"¿Por qué defiendes a este niño, Iruka?"

Iruka se dio vuelta hacia el lugar de donde provenía la voz. El humo se estaba disipando e Iruka podía ver a Mizuki por fin, pero no le gustó para nada lo que vio: Mizuki estaba de pie en el mismo lugar donde Naruto había estado tendido, sólo que Naruto no estaba ahí. En cambio, Naruto estaba entre los brazos de Mizuki, quien sostenía el cuerpo apenas consciente de Naruto con su brazo izquierdo y con su mano derecha, sostenía un kunai justo debajo de su cuello.

"Tú sabes lo que este animal, lo que este demonio le ha hecho a nuestra aldea, incluyéndome a mi y a ti. ¿Por qué lo defiendes?"

Ninguno de los dos dijo ninguna palabra.

"Déjame matarlo. Puedes decirle al resto de la aldea que no alcanzaste a salvarlo. Ni siquiera te estoy pidiendo que me dejes ir, sólo que me dejes acuchillarlo, como sabes que se lo merece, y que tu no hagas nada por intentar salvarlo. Después entrégame a la aldea si quieres"

"¡Mizuki, suelta a Naruto en este instante!"

Mizuki hizo un movimiento con la muñeca, pero antes de que pudiera abrirle la garganta a Naruto, algo muy extraño ocurrió y Mizuki salió disparado hacia atrás.

Naruto quedó suspendido en el aire en el lugar donde Mizuki lo tenía agarrado, con la fuerza de un misterioso chakra. Era un chakra tan denso, tan potente, que Iruka lo podía ver como una inmensa llama de color naranjo que se había tragado a Naruto y que hacía temblar sus alrededores. Iruka estaba asustado porque sabía lo que aquél chakra significaba, pero se asustó aún más cuando vio que Naruto comenzaba a deformarse.

El chakra del zorro de las nueve colas curó las heridas de Naruto como si fuera agua y estuviera limpiando un suelo lleno de arena. La sangre de su cara fue limpiada perfectamente, su nariz se enderezó y la hinchazón de su cara desapareció sin más. Al mismo tiempo, los dientes de Naruto se alargaron y afilaron, sus manos se alargaron también y sus dedos se encorvaron como si fueran los de un animal, sus orejas también se alargaron y sus piernas tomaron la forma de las patas traseras de un zorro. Naruto se puso en manos y pies sobre el suelo del bosque y sus ojos, que se habían mantenido cerrados todo este tiempo, se abrieron para mostrar unas pupilas de un tamaño diminuto.

"¡GRAAAAAAAAAAAAHH!"

Naruto había gritado con toda la fuerza de sus pulmones y con toda la rabia que había en su ser. Su grito hizo eco en casi todo el bosque, y la llama de chakra naranjo que se lo había tragado creció tanto que Iruka sintió que iba a ser lanzado por los aires. Naruto expelía energía. Los árboles del bosque movían sus ramas como en una tormenta. Los más cercanos a él comenzaban a doblarse, como si se quisieran alejar de él.

Naruto corrió en cuatro patas a toda la velocidad que podía, que era mucho más rápido que cualquier otra cosa que Iruka haya visto jamás. Se dirigía a donde Mizuki había sido lanzado, en algún lugar entre los árboles del bosque. En unos tres segundos, Naruto ya veía a Mizuki, quien no podía levantarse por el tobillo que se acababa de romper, y fue directamente hacia él a darle una patada.

Mizuki salió volando otra vez y esta vez chocó con un árbol cercano, haciendo el ruido de un hueso al romperse. Mizuki gritó de dolor. Naruto tomó a Mizuki con una mano y lo tiró al suelo. Se puso encima de él en cuatro patas y comenzó a darle puñetazos en la cara repetidamente. Con el primer puñetazo le arrancó A Mizuki un diente, mientras que con el segundo le rompió la nariz. Con cada golpe que daba destrozaba un poco más el rostro de quien antes no había sido para él nada más que un simple profesor de la academia que le hacía clases a otro curso. Una pequeña voz dentro de él le decía que ya era suficiente. Naruto no le hizo caso.

De repente, Naruto se detuvo. Puso sus manos alrededor del cuello de Mizuki, en la posición clásica para estrangular a alguien, pero no apretó. Antes de que hiciera cualquier cosa, ya sea apretar o soltarlo o lo que sea, Mizuki se movió un poco, sorprendiendo a Naruto. Movió su cara, o lo que quedaba de su cara, al lado, escupió un poco de sangre, y aunque a Naruto le pareciera imposible, habló.

"Hazlo."

Naruto se quedó helado. Casi sintió como si el chakra naranjo fuera a disiparse cuando dijo eso.

"Hazlo de una vez, maldito hijo de puta. Tu ya mataste a esta aldea. Mataste a tu madre, a tu padre. Mataste a miles de familias, a miles de hijos. Destruiste todas las esperanzas que teníamos de vivir tranquilos y felices."

Tosió. Y escupió otro poco de sangre.

"Hazlo. Tu ya me mataste hace doce años."

"¡CÁLLATE! ¡CÁLLATEEEEEEE!"

El fuego anaranjado envolvió también a Mizuki, rasgando lentamente sus ropas y su piel. Naruto apretó el cuello de Mizuki con todas sus fuerzas. Mizuki apenas podía resistirse.

"¡CÁLLATE DE UNA VEZ! ¡YO NUNCA TE HICE NADA Y LO SABES! ¡YO NUNCA TE HICE NADA!"

Y la llama anaranjada creció, y Naruto estranguló a Mizuki más fuertemente todavía, hasta que sintió como si un gran puñado de hojas secas fuera estrujado bajo sus dedos. Naruto sintió como si algo se hundiera en el lugar del cuello de Mizuki. Naruto vio como Mizuki abría sus ojos completamente y sus pupilas se contraían hasta volverse unas cabezas de alfiler negras.

"¡YO NUNCA TE HICE NADA! ¡YO NUNCA TE HICE NADA!"

Mizuki estaba pataleando en ese momento, resistiendo desesperado, como un pez salido del agua. Naruto veía algo en sus ojos que no había visto nunca antes: miedo. Mizuki estaba asustado, pero Naruto no se detuvo. Sabía que tenía que detenerse, la voz de su interior le rogaba porque se detuviese. Pero en ese instante Naruto estaba en otro lugar, viendo como todo ocurría sin su control.

Cuando Iruka llegó, el chakra del zorro de las nueve colas se había disipado completamente y Naruto se encontraba de rodillas, mirando al suelo en frente de él. El bosque estaba sumido en un silencio absoluto, e Iruka sintió por un momento como si estuviera observando un cuadro en vez de una escena del mundo real.

"¿Naruto?"

Naruto no se movió de su posición. Iruka se acercó y vió que lo que observaba Naruto era el cadáver de su antiguo compañero y amigo de pelo blanco, Mizuki, con la cara destrozada y los ojos abiertos y vidriosos, sin ningún rastro de vida.

"Yo nunca te hice nada..."

Iruka se acercó a Naruto y le puso la mano derecha en su espalda, tratando de convencerlo de que todo iba a estar bien. Naruto se dio vuelta y abrazó a Iruka y empezó a sollozar lentamente. Iruka lo abrazó de vuelta. Los llantos de Naruto fueron lo único que sonó en el bosque de Konoha durante varios largos minutos.