Título: Deep Sea Jewel
Pareja: JoKer [AlfredxArthur] + Franada [FrancisxMatthew] + DenNor [DenxNor] + (leve) LietPo
Capítulos: Introducción + máximo unos 8 capítulos ^^U
Inspiración: Me basé en el cuento original de la 'Sirenita' de Hans Christian Andersen. Contribuyó igualmente la canción de Megurine Luka 'Little Mermaid'
Aclaración: Está basado, pero no va a acabar tal cual. NO VA A HABER FINAL TRISTE.
Disclaimer: AP Hetalia no me pertenece, pero nada cuesta soñar ¿No?
By Ray Kirkland
·
~Deep Sea Jewel~
·
'El valor de un sentimiento se mide por la cantidad de sacrificio que estás preparado a hacer por él'
-John Galsworthy-
·
·
Capítulo 1
Riesgos
·
En las profundidades del vasto océano, en la capital del Reino de las Sirenas, una melodiosa y preciosa voz hacía que todo aquel que pasase nadando cerca de aquel teatro de coral se detuviera para poder disfrutar más de aquella exquisita voz. Los peces y otros animales marinos se quedaban embelesados escuchando las delicadas notas de aquella voz y las sirenas se detenían en seco cerrando los ojos escuchando atentamente. Se aceraba para ver quién era el dueño de tan hermosa voz.
En un escenario de corales, adornados con algas y anémonas de colores vivos, se encontraba un muchacho de figura delicada y sutil, cabellos rubios, ojos verdes como esmeraldas y cola elegante verde. El muchacho cantaba con delicadeza, dedicándole pasión y sentimiento a su voz, que salía de sus labios cual melodía celestial. La misma orquesta que acompañaba al muchacho parecía tener problemas para tocar sus respectivos instrumentos. Simplemente la voz del muchacho era hipnotizante...
Aquel joven y bello muchacho, no era nadie más y nadie menos que el hijo del Rey Tritón, el segundo: Arthur. Que con el pasar de los años se había vuelto en un muchacho de aspecto frágil y delicado, elegante. Había heredado la hermosa voz de su madre e incluso, la había perfeccionado. No había voz más hermosa e hipnotizante en todo el océano que la de él.
Arthur trabajaba en un teatro donde su voz fue más que bien recibida, con solo un concierto pequeño Arthur se convirtió e la estrella del lugar. Aunque a él poco le importaba ser famoso, ya era suficiente con ser el hijo del Re de los Mares. A Arthur le gustaba cantar, y se dedicaba a ello con fervor. En esos momentos practicaban para un concierto que sería dentro de poco.
Cuando Arthur acabó de cantar, la orquesta, aquellos que se habían colado para escucharlo, y el director que miraba a Arthur desde el lugar de la audiencia, aplaudieron fuertemente. Arthur miró algo avergonzado a tantas personas aplaudiendo.
"¿N-no se supone que solo era un ensayo?" –preguntó algo nervioso. El director se dio la vuelta para encarar a los espías que al ver aquella mirada fría se escaparon.
"'spías...bu'no no pod'mos culparlos tu voz 's p'rf'cta..." –dijo con tono severo. El director de aquel teatro, Berwald, de cabellos rubios, ojos gélidos azules y cola azul oscuro, era bien conocido por su carácter frío y aspecto amenazador, y porque sus presentaciones eran siempre perfectas, sin un solo error. Se creía que se debía a que amenazaba a sus artistas. Pero aquello no era más que un tonto rumor, Berwald simplemente se preocupaba porque todos realizaran sus correspondientes tareas correctamente y se aseguraba de que todo estuviera funcionando correctamente.
"Bueno..." –dijo Arthur todavía algo avergonzado.
"No pu'd's av'rgonzart'. Pronto cantarás 'n 'l Palacio para muchas p'rsonas...incluso v'ndrán d' otras ciudad's" –le recordó.
"N-no me lo recuerdes por favor... –Arthur suspiró algo cansado- ¿Cuánto más vamos a practicar?" –preguntó algo impaciente por salir. Berwald notó esto pero estaba decidido a practicar cuanto fuera necesario.
"Supongo qu' una canción más...d'spu's d' todo tu nunca has t'nido probl'mas con tu voz..." –dijo asintiendo.
"Entonces una vez más, de acuerdo" –dijo Arthur y miró a la orquesta que asintió en silencio y volvió a toca la misma canción. Arthur comenzó a cantar de nuevo, haciéndolo con sentimiento, como siempre que cantaba.
Berwald miraba tranquilamente a Arthur, diciéndose así mismo que había sido muy afortunado aquella vez que fue al Palacio Real para hablar sobre una función para los Reyes y alcanzó a escuchar aquella preciosa voz en una habitación. De esa forma le ofreció un trabajo en el teatro a Arthur, que aceptó gustoso y no solo eso, sino conoció al 'niñero' del príncipe Peter el más pequeño; Tino.
La voz de Arthur volvió a atraer a curiosos que Berwald supo espantar con una mirada, y tomó nota mental de que el próximo ensayo se realizaría e las afueras de la ciudad, donde estarían libres de los fisgones.
Una vez acabó, de nuevo recibió aplausos estrepitosos de parte de la orquesta y Berwald. Arthur sonrió satisfecho de si mismo, y tocó su garganta. Cantar era lo único en lo que era bueno, a diferencia de su hermano mayor Scott y su amigo Den, no tenía un cuerpo musculoso que le permitiera tener un puesto en la Guardia Real, era debilucho por así decirlo. Después de eso, los trabajos financieros no le llamaban la atención en absoluto, como a sus otros hermanos...así que las artes eran lo único en lo que podía rendir bien, y con su voz no tendría de que preocuparse.
"Pu'd's irt' por hoy –dijo Berwald- mañana a la misma hora. Bu'n trabajo" –le felicitó.
"Gracias –Arthur se despidió de la orquesta son una sonrisa- entonces nos vemos mañana" –dijo y sin perder más tiempo salió por detrás del escenario.
"¿A dónde tendrá que ir tan desesperadamente?" –preguntó uno de la orquesta.
"Tal vez a ver a una chica" –mientras la orquesta charlaba riendo, Berwald pensó en lo que Arthur podría querer hacer tan desesperadamente...y lo entendió muy de prisa.
A parte de cantar, solo había otra cosa más que le apasionaba...y se trataba del mundo de los humanos, aquel que estaba fuera del agua.
En la parte trasera del teatro, Kiku, el sirviente personal de Arthur, pero que era más su amigo, esperaba pacientemente. Kiku había adquirido una apariencia delicada y bella, pero en su caso las apariencias engañaban. Puede que Kiku luciera inofensivo, pero cuando se trataba de proteger al príncipe se convertía en un excelente guerrero. Había quedado en verse con Arthur después del ensayo para luego encontrarse con Den e ir a la superficie.
"¡Kiku! –Arthur se aproximó a su amigo- disculpa la demora"
"No se preocupe Arthur-san" –dijo Kiku negando con la cabeza.
"Vamos a vernos con Den ¿Dónde está?"
"En los cuarteles, entrenando"
"Ugh...entonces de seguro él estará ahí...tsk...no quiero encontrarme con él" –murmuró Arthur enfurruñado.
"Vamos no diga eso" –dijo Kiku algo nervioso.
"Bueno, de todas formas tenemos que ir a sacarlo de ahí. No podemos atrasarnos"
Ese día los tres amigos tenían planeado viajar hasta Nerea, un reino humano que se encontraba hacia el este, sería un viaje largo por lo que debían ir temprano. Hace ya 6 años que Tino le había contado sobre aquel curioso lugar, que tenía un elegante palacio en la orilla del mar, con muelles y una ciudad llena de vida cerca de la orilla. Se había grabado el nombre de aquel lugar para que cuando cumpliera la mayoría de edad, él mismo pudiera ir a ver aquel lugar.
Hace ya meses que Arthur había cumplido la tan ansiada mayoría de edad. Sin embargo aquel día no se le permitió ir muy lejos puesto que en la noche habría una cena para celebrar su cumpleaños número 16 por lo que debía estar temprano en el Palacio. Aquella vez se limitó a flotar en la superficie, mirando la bóveda celeste infinita que era el cielo, mirando las nubes de aspecto esponjoso, las aves que sobrevolaban el cielo, sintiendo los cálidos rayos el sol que acariciaban su húmeda piel, el suave mecer de las olas. Ese día casi no había hecho mucho, pero con aquello bastaba, por fin había cumplido su sueño de ir a la superficie. Aquel día estuvo más feliz por ello que por ser su cumpleaños. Y ese era el más importante de las sirenas.
La mayoría de las sirenas esperaban con ansias la Mayoría de Edad, no precisamente porque se pudiera subir ya a la superficie, sino porque una sirena ya gozaba de entera libertad para hacer lo que quisiera con su vida. Podía casarse, conseguir un trabajo estable y vivir una vida propia, sin la protección de los padres.
Pero a Arthur poco le importaba el casarse, ya tenía un trabajo estable en el teatro, que además le gustaba. De momento lo único que le causaba real interés era la superficie y el mundo que se hallaba en el exterior, quería conocer todo de él. Ya luego se concentraría en buscar una pareja y 'sentar cabeza'.
Llegaron a los cuarteles donde se enlistaban aquellos que deseaban unirse a la guardia Real. Den, el mejor amigo de Arthur, hijo de uno de los generales de la Guardia, deseaba desde pequeño convertirse en un soldado que estuviera bajo las órdenes del sabio Rey Tritón. Por eso incluso antes de cumplir los 16 años, ya había comenzado a entrenar arduamente. Aquel esfuerzo dio sus frutos cuando al comenzar el entrenamiento lo subieron a un nivel más alto. Sin embargo aquello también tenía su lado malo y era que Den debía estar bajo las órdenes de uno de los generales de la guardia, el hermano mayor de Arthur; Scott.
"Vaya, vaya, vaya...pero si se trata de mi hermanito –dijo un hombre de cabello rojo escarlata, ojos azules y cola roja, en cuanto vio a Arthur y a Kiku. Den que se hallaba ahí también, nadaba velozmente por un circuito de trampas, tal era su concentración para acabar de una vez que ni se percató de la presencia de Arthur y Kiku. Este último saludó a Scott con una leve inclinación, pero Arthur solo se limitó a fruncir el ceño incómodo.
"Scott" –murmuró fastidiado.
"¿Qué te trae por aquí? Debilucho" –preguntó Scott acercándose con los brazos cruzados. A simple vista, Scott parecía alguien de temperamento explosivo, poca paciencia y muy gruñón. Y así era en efecto. Arthur frunció el ceño molesto por la forma en que se había dirigido a él.
"Vinimos a esperar a Den, cangrejo" –dijo Arthur con una sonrisa cínica. Arthur decía que por su carácter y su apariencia (excesivamente roja) le hacía recuerdo a un cangrejo. Scott frunció el ceño y se acercó a su hermano de forma amenazadora cuando Den se aproximó rápidamente.
"¡Arthur! ¡Kiku! ¡Hola amigos!" –Den se detuvo en seco a ver la tensión entre ambos hermanos.
"D-Den-san..." –dijo Kiku algo nervioso.
"H-hola... ¿De nuevo están peleando?" –preguntó.
"S-si...de nuevo"
"Ustedes dos no tiene remedio alguno" –dijo Den riendo. Ambos se voltearon a mirarlo amenazadoramente, este comenzó a reír nerviosamente al sentir sus miradas.
"Oye tú... creí que te había dicho que acabaras el circuito" –dijo Scott.
"Ya lo hice, fue bastante fácil" –dijo Den riendo. Arthur le lanzó una última mirada a su hermano y se alejó.
"Bueno, no vinimos a perder tiempo contigo... Vamos Den, Kiku" –los llamó. Scott le miró sospechosamente y se interpuso rápidamente en su camino.
"A ver debilucho... ¿qué es lo que tú y tus amigos van a hacer?" –preguntó mirándolo con los ojos entrecerrados.
"Ehh..." –Arthur miró a otro lado poniéndose nervioso, sin saber qué mentira inventar. Den y Kiku se pusieron nerviosos.
"Hmmm –Scott miraba inquisitivamente a Arthur, pensando qué podría estar planeando el raro de su hermano cuando lo entendió- no me digas que irás de nuevo a perder tu tiempo en la superficie"
"¡No es perder el tiempo!" –exclamó molesto Arthur. Scott suspiró, pensando en la obsesión que tenía su hermano por conocer sobre el mundo de los humanos. Puso ambas manos sobre los hombros de Arthur, que le miró confundido
"Arthur...recuerda que nuestro mundo debe mantenerse en secreto –dijo con voz seria- Entiendo el que sientas tanto interés por conocer el mundo de los humanos, pero recuerda mantener la distancia correspondiente" –Arthur parpadeó confundido ante aquel cambio de actitud en Scott, que lo miraba comprensivo y a la vez con seriedad.
"Si, lo se...no es como si fuera a acercarme a un humano así nada más Scott" –dijo Arthur. La verdad es que si tenía la intención de hacerlo alguna vez, pero ni lo mencionaría, sabía bien que su padre y hermano eran bastante estrictos respecto a la distancia de que se debía mantener con el mundo humano.
"Bien entonces..." –dijo Scott soltándolo y regalándole una fugaz sonrisa, algo que no siempre solía hacer...
···
El viaje a Nerea era algo largo, una hora a lo máximo. Los tres nadaron velozmente cerca de la superficie, de vez en cuando alguno atreviéndose a saltar fuera del agua y luego zambulléndose de nuevo en el agua riendo. Algunos delfines incluso se unieron a su juego de piruetas, saltando junto a ellos y nadando a su lado. Los tres sonrieron, todo les resultaba tan divertido...
Finalmente estuvieron nadando y saltando un buen tiempo hasta que Arthur se detuvo en seco al ver a lo lejos una masa de tierra. Ya habían llegado... Den rió estrepitosamente y Kiku sonrió alegre, Arthur miró a lo lejos el lugar asombrado...por fin lo vería... Sin decirse nada, retomaron el viaje velozmente, la emoción los embargaba.
De vez en cuando Arthur se asomaba para ver el lugar, la masa de tierra comenzó a hacerse más grande y visible contad se acercaban. Llegó un momento en el que Arthur alcanzó a ver estructuras extrañas en la orilla del mar, y verde vegetación, se emocionó y enseguida buscó un palacio, ni le tomaron 2 segundos encontrarlo. Alcanzó a ver una figura blanca, elegante e imponente que se alzaba a los pies de un pequeño monte verde, en una porción de tierra que se adentraba un poco más en el mar.
También se dio cuenta de que habían pequeñas embarcaciones cerca de la orilla; pequeños botes pesqueros. Sin embargo la mayoría estaban quietos sin mostrar señal de movimiento o de haber personas sobre ellos. Pero lo mejor era ser prudentes. Les advirtió a los otros dos sobre la presencia de los botes, y decidieron minimizar la velocidad y nada un poco más profundo para no ser vistos.
Se dieron cuenta de que contad más se acercaban, el agua era menos profunda, y los corales y peces menos frecuentes. Miraron también las redes de aspecto amenazador de los botes y supieron esquivarlas perfectamente. Arthur no volvió a arriesgarse a subir a la superficie, hasta que alcanzaron a ver la orilla y las vigas de los muelles no muy lejos. Buscaron un lugar donde no pudieran ser vistos fácilmente, y Kiku alcanzó a ver un espacio entre dos barcos anclados donde no se les podría ver por la sombra. Se dirigieron hacia ahí, y asomaron sus cabezas cuidadosamente. Den rió por lo bajo emocionado, Kiku se tapó la boca sorprendido y Arthur tuvo que aguantarse la exclamación de asombro que estuvo por escapar de sus labios ante el lugar que estaba ahí.
Había varios muelles, como Tino había dicho, por donde los hombres se subían a sus respectivos barcos. Estos muelles conducían hacia las calles de la ciudad, por donde la gente caminaba normalmente. Había algunos árboles en las calles, y jardineras donde había arbustos con flores de bellos colores. Las casas, la mayoría de estilo medieval, tenían flores en los alfeizares de las ventanas. Más allá donde ya no había muelles, una vasta playa se extendía...
Arthur miraba todo asombrado y tuvo ganas de acercarse más, asomarse por aquella muralla donde las olas chocaban suavemente, y ver todo más de cerca, ver las calles tan coloridas y rebosantes de vida...pero era demasiado arriesgado, cualquiera podría alcanzar a verlo. Suspiró y continuó mirando el lugar y a sus habitantes.
"Al parecer es un día de celebración o algo así" –dijo Den.
"Es cierto, parece que celebran algo todos" –concordó Kiku.
"Hmm..." –Arthur comprobó que ambos tenían razón. En las calles las personas caminaban y charlaban animadamente, se alcanzaba a escuchar algo de música y habían algunas personas que bailaban divertidas. En las calles también había algunos puestos de flores frutas, y otros objetos que no alcanzaban a ver del todo bien. Arthur sonrió satisfecho, habían escogido un buen lugar para ir. Desde ahí podía ver todo tipo de costumbres humanas, puesto que había muchas personas reunidas ahí. Se dedicó a agudizar la vista y a ver todo.
Vio a un hombre sentado en una silla tomando un vaso de cerveza y riendo con otro hombre que también bebía un vaso de cerveza. Vio a una mujer acompañada de una niña, detenerse frente a un puesto de frutas, el vendedor le regaló amablemente una manzana a la niña. Arthur deseó el poder probar aquella fruta, probar su sabor, que parecía delicioso. Vio a una niña bailando con su padre, alegremente. Vio a un hombre empujando una carreta llena de flores. Vio a un niño siendo perseguido por otro, ambos riendo. Vio a dos mujeres sentadas en una banca, hacían algo con las manos, Arthur alcanzó a ver que adornaban un pedazo de tela con hilos, sintió curiosidad y quiso saber cómo se le llamaba eso...tantas preguntas, tantas cosas que quería hacer el mismo...Suspiró abatido.
"Ahh...no es justo" –masculló. Den y Kiku lo miraron comprensivos. Arthur vio entonces a una pareja paseando por la playa, el agua del mar mojaba sus pies descalzos y la muchacha se levantaba ligeramente el faldón para que no se mojara, tomados de la mano...los miró preguntándose qué clase de costumbres tenían las parejas en aquel lugar. Los siguió con la mirada y alcanzó a ver como el hombre la abrazaba y luego se inclinaba para besarla. Miró a otro lado rápidamente algo nervioso, con un ligero rubor en las mejillas.
"¿Qué sucede Arthur? –preguntó Den curioso- ¿Qué viste?"
"A una...pareja..." –dijo Arthur alfo avergonzado.
"sus costumbres...no difieren mucho de nosotros..." –comentó Kiku. Se abrazaban y besaban...no había mucha diferencia de lo que hacían en su hogar.
"Es verdad..."
"Oigan ¿Vamos a ver el Palacio?" –propuso Den.
Arthur recordó entonces la figura alta y blanca que había visto a los lejos y asintió de nuevo emocionado y se sumergieron de nuevo en el agua. Ahí no tendrían problema en acercarse, había alcanzado a ver que el palacio estaba algo alejado del resto de la ciudad, rodeado por bosquecillos y que su puerto estaba en una zona algo rocosa. Ahí podrían ocultarse fácilmente y no había muchas personas. Se alejaron de la ciudad y se dirigieron a aquella porción de tierra algo metida en el mar, donde se hallaba el palacio. Había algunas rocas detrás de las cuales podían ocultarse sin problemas, más seguros sacaron las cabezas para ver maravillados el palacio cuyas bases estaban muy cerca de la playa.
La elegante estructura era de un inmaculado blanco marfil y sus tejados eran azules, tenía muchas ventanas, tenía torres con cúpulas puntiagudas. Las ventanas más altas tenían balcones donde había macetas con flores de muchos colores. Era seguramente la parte posterior la que veía desde el agua, puesto que no había una entrada principal, sino un amplio patio donde había algunas mesas y bancas, jardineras alegrando el lugar. Alrededor del palacio crecían altos y frondosos árboles. Había una escalera que conducía desde el patio hasta la playa misma. Arthur vio más allá el muelle elegante, pero no había ningún barco. Arthur se aseguró que no había nadie en los alrededores y se acercó más para ver más de cerca tan maravilloso lugar, Den y Kiku le siguieron pero más lentamente y con precaución. Sin darse cuenta Arthur sacó su cuerpo hasta la cintura fuera del agua, para ver mejor el Palacio. Se preguntó entonces ¿Quién tan importante podría vivir ahí? ¿Un Rey, un emperador? ¿Quiénes vivían ahí?
Se escuchó entonces una risa que venía del patio, y los tres se quedaron tiesos una milésima de segundo. Den y Kiku retrocedieron rápidamente para esconderse tras una roca. Arthur buscó donde esconderse, nadó lo más rápido que pudo hasta el muelle donde se escondió tras una de las vigas que sostenían la estructura. Contuvo la respiración, atento a cualquier exclamación que significara que había sido visto. Se había arriesgado demasiado al sacar su cuerpo de esa forma a plena luz del día. Si su padre se enteraba, no le permitiría jamás volver a la superficie. Escuchó atentamente las voces que parecían provenir del patio, sin atreverse a mirar quienes eran. Alguien se reía alegremente.
"¡Pero si hoy hace un excelente clima! –exclamó una voz enérgica y positiva, escuchó unos pasos acercándose. Suspiró aliviado, no le habían visto, ahora tendría que esperar a hasta que se fueran- ¡Alfred y Matthew tuvieron mucha suerte!" –escuchó ahora los pasos sobre los tablones del muelle. Se puso algo nervioso al percatarse de que estaban caminando por encima de donde él estaba oculto…si por alguna razón se atrevían a mirar por debajo…
"Si pero...salir a navegar el día entero en tu cumpleaños... –dijo la voz de una mujer delicada y sutil- ¿No hubiera sido mejor algo tradicional? Como un baile o..." –el hombre se rió.
"Ya conoces a Alfred y Matthew, a ellos les encanta el océano, era de esperarse que en su cumpleaños quisiesen salir a navegar"
"Pero este no es cualquier cumpleaños, es su Mayoría de Edad..."
"¿Y qué tiene?"
"¡Que de ahora en adelante Alfred y Matthew ya serán considerados adultos y personas de importancia en el Reino!" –exclamó algo molesta la mujer, Arthur oyó a alguien suspirar.
"Si...es cierto...ya llegó la hora de que sienten cabeza" –dijo el hombre con un tono de pesar.
"¿Por qué te afliges?"
"Porque, de ahora en adelante Alfred y Matthew tendrán que enfrentarse a las responsabilidades del Reino...y preferiría que todavía no fuese así... todavía tienen espíritus libres y jóvenes. Obligarlos a buscar pareja, casarse, iniciar una familia...trabajar...me resulta algo desagradable..." –Arthur sintió súbitamente que ese hombre y él sabrían comprenderse bien. ¿Acaso el no estaba pasando por lo mismo? ¿Qué no su padre le estaba insistiendo en sentar cabeza de una vez por todas? Si tan solo él fuera como aquel hombre...
"Entiendo lo que sientes...pero es algo que deberán hacer tarde o temprano" –dijo la mujer más comprensiva.
"Preferiría que fuera tarde...además no es como si yo fuera a morirme ya, no soy tan viejo" –reprochó el hombre. Arthur escuchó a la mujer reír graciosamente.
"Tienes razón...pero de todas formas deben comenzar a prepararse...algún día uno de ellos tomará tu lugar, y se convertirá en el Rey de Nerea" –Arthur tuvo que contener una exclamación. El hombre que escuchaba era el mismo Rey de ese lugar, y podía apostar su cola a que la mujer era la Reina. Que diferencia. El Rey de aquel lugar parecía alguien bastante jovial e incluso despreocupado, en cambio su padre era bastante estricto y serio.
"Si...todo el reino ahora celebra que ambos ya han cumplido los 17 años" –dijo el Rey contento. Arthur comparó de nuevo, y llegó a la conclusión de que los humanos cumplían la 'mayoría de edad' un año más tarde que las sirenas. Escuchó más atentamente la conversación, ansioso de aprender más sobre los humanos.
"Ya han crecido tanto –dijo la mujer con nostalgia-...supongo que tienes razón...podeos darles un poco de tiempo...pero... bueno por lo menos seguir intentando buscarles una pareja adecuada" –dijo la mujer algo emocionada.
"¡Vas a seguir trayendo a muchachas para comprometerlos!" –exclamó el hombre.
"No es como si fuera a obligarlos a casarse así nada más. Es solo para que comiencen a ver qué tipo de mujer quisieran tener a su lado...pero Matthew no parece estar seguro todavía y Alfred hasta ahora ni se ha fijado en alguna, no tiene el menor interés en conseguir una pareja"
"Eso es porque su único interés por el momento es el océano...lo ha sido desde que es un niño"
"Es verdad...bueno...no pienso rendirme. Estoy segura de que en algún lado está aquella que amará con todo su corazón y que lo hará feliz..." –dijo la mujer con fervor, sus palabras le llegaron a Arthur, a tal grado que este deseo el también encontrar a aquella personas especial...
"La encontrará, algún día...ya verás..." –dijo el hombre. Arthur escuchó entonces como se alejaban sus pasos, primero dejaron el muelle, luego el patio...y luego ya no escuchó más. Se sintió algo decepcionado, hubiera querido escuchar más cosas sobre su mundo...
"¡Arthur-san!"
"¡Oye Arthur!"
Arthur miró hacia la roca donde Den y Kiku se habían escondido, ambos le hacían señas para que se dirigiera hacia ellos. Arthur suspiró y nadó velozmente hacia ellos, no sin antes echarle una última mirada al palacio.
"Arthur-san eso fue peligroso" –dijo Kiku angustiado.
"¡En serio amigo! ¡Me asusté bastante! Pero... ¿Qué oíste?" –preguntó ansioso. Arthur sonrió y comenzó a contarles lo que acababa de oír. Ambos se sorprendieron al escuchar que aquellos dos humanos habían sido los reyes de Nerea.
"¿Cómo eran?" –preguntó Arthur, queriendo saber cómo lucían. Pero Den sonrió algo decaído y Kiku suspiró.
"Disculpe, pero no logramos verlos, no nos atrevíamos por temor a ser vistos" –dijo Kiku.
"Yo solo alcancé a ver que la mujer vestía un elegante vestido y el hombre...bueno el estaba vestido 'informalmente' por así decirlo..." –dijo Den.
"¿Eh?" –un rey vestido informalmente, eso no podía creérselo. Había creído que los reyes siempre vestían ropas elegantes y finas, y se ponían joyas de oro y plata... O se había equivocado, o este Rey era la excepción de la regla...
"Ya es hora de que volvamos...ya va oscurecer" –informó Kiku. El sol ya se estaba poniendo y en la ciudadela submarina de seguro pronto la luz del sol se extinguiría y si no llegaban antes, seguramente se preocuparían. Arthur prefería que su padre no se enterara de su largo viaje, por lo que aceptó el volver a casa de inmediato. Miraron el Palacio Blanco una vez más, y Arthur prometió que volvería para volver a ver a alguno de los reyes o a los príncipes...
···
···
"Ya está anocheciendo..." –murmuró la Reina Aqua al ver la luz de la superficie extinguiéndose lentamente.
"Es verdad... ¿Y Arthur no ha vuelto?" –preguntó Tino, que estaba sentado a su lado. En sus faldas dormía un niño de cabellos rubios cenizos y cola azul, se trataba del menor de los príncipes; Peter.
"Me pregunto donde podrá estar...que yo sepa sus ensayos ya acabaron" –dijo Aqua algo nerviosa.
"Madre...Tino..." –saludó Scott al entrar a la habitación, parecía cansado y se desplomó sobre unos corales que parecían cómodos y mullidos.
"Sea bienvenido príncipe Scott" –dijo Tino con una sonrisa.
"Scott, que bueno que llegas" –dijo Aqua aliviada de que al menos Scott ya estuviera en casa, pese a que este podía defenderse fácilmente. Scott detectó algo en la voz de su madre y la miró confundido, luego miró a Tino tratando de entender qué ocurría.
"¿Ha sucedido algo?"
"Arthur no ha regresado..." –fue lo único que dijo la reina, mirando de nuevo la luz que se extinguía poco a poco.
"¿Eh? ¿Todavía no vuelve?" –preguntó súbitamente alarmado.
"No...y eso que sus ensayos ya acabaron antes" –dijo s madre angustiada.
"No se preocupe su majestad –intervino Tino- de seguro está con Kiku y Den. No le pasará nada"
"Si, pero...hoy en la noche habrá una tormenta muy fuerte –dijo Scott recordando lo que su padre le informara antes- si se queda mucho tiempo afuera podría pasarle algo... –en vista de que su madre se alarmaba y parecía estar dispuesta a ir a buscar al príncipe, actuó rápidamente- ¡Y-yo iré a traerlo!" –dijo acercándose a la puerta.
"Scott, por favor no tarden en volver" –pidió Aqua preocupada de que algo pudiera pasarles a sus dos hijos.
"No te preocupes madre, no puede estar muy lejos, de seguro solo está en algún lugar con sus amigos..."
Scott salió del palacio y miró a su alrededor queriendo encontrar alguna pista que le indicara a donde había podido ir su hermano. Vio algo nervioso como la luz se apagaba más, y comenzó a nadar en círculos por sobre los alrededores de la ciudad para así alcanzar a verlos.
"Arthur tonto, más te vale no estar en la superficie" –pensó. Y justo en ese momento alcanzó a ver unos puntos que se acercaban nadando. Agudizó más la vista y reconoció el cabello rubio y alborotado de Arthur. Se sintió aliviado y luego chasqueó la lengua,
"Hacernos preocupar de esa forma...ya verá..." –murmuró con una sonrisa maliciosa y nadó rápidamente sin ser visto hacia unas algas para ocultarse. Cuando los tres pasaran por ahí les daría un buen susto.
Mientras Arthur, Den y Kiku nadaban lo más rápido que podían, estaban agotados. Habían nadado lo más velozmente para no llegar demasiado tarde al Palacio y para entonces ya no tenían más fuerzas. Cuando vieron las luces de la Ciudadela y del Palacio, aminoraron el paso; ya más tranquilos. Den quería dormir ya de una vez, al día siguiente tenía entrenamiento y necesitaba descansar bien para resistir las torturas de Scott. Kiku tenía todavía que hacer algunos quehaceres antes de ir a dormir, como por ejemplo ayudar a Tino con el príncipe Peter o ayudar a la Reina si necesitaba de algo. Arthur, por su parte debía practicar un poco su canto para el ensayo del día siguiente, pero en esos momentos todavía estaba emocionado por la experiencia que acababa de vivir, se sentía ansioso y quería volver a aquel puerto, aguardar hasta que llegara alguien más y escuchar más sobre sus mundo...
"¿Por qué tan feliz Arthur?" –preguntó Den al notar que Arthur nadaba tarareando, algo que siempre hacía cuando estaba de excelente humor.
"De seguro es por lo que ocurrió esta tarde" –dijo Kiku riendo levemente. Scott que estaba por salir se detuvo, curioso de saber qué es lo que había ocurrido.
"Claro...no siempre se dan esas oportunidades, tuviste suerte amigo" –rió Den.
"En verdad la tuve...no creí que llegaría a acercarme de esa forma con un humano" –dijo Arthur contento. Y en ese instante algo rojo y furibundo salió de entre las algas tomando desprevenidos a los tres, se lanzó sobre Arthur, y antes de que Den y Kiku pudieran hacer algo, comenzó a gritar violentamente.
"¡Arthur! ¡Maldición qué has hecho!" –gritó Scott sacudiendo por los hombros a Arthur. Kiku dejó la cuchilla que estaba apunto de sacar y se tapó la boca con las manos espantado, Den que también ya iba a golpear a Scott se frenó y tembló ligeramente. Scott solo podría estar así de enojado de haberlos escuchado. Arthur temblaba como una hoja al ver a su hermano tan airado y violento, bien podía molerlo a pedazos y no había nada que sus dos amigos pudieran hacer al respecto.
"S-scott..." –balbuceó sin saber qué mentira podría sacarlo de tan tremendo lío.
"¡¿Estuviste cerca de un humano?! ¡¿Qué fue lo que te dije hoy?! ¡Maldición! ¡¿Te vieron?! ¡Responde!" –Scott continuaba sacudiendo violentamente a Arthur, estaba más que alterado, estaba molesto y también espantado. Den y Kiku se miraron nerviosos sin saber qué hacer, no podía defender a Arthur golpeando a Scott, se trataba de un príncipe y un superior después de todo. A demás estaba en su conciencia el que se habían arriesgado demasiado aquel día, había estado muy cerca de quebrantar la ley.
Arthur entonces dejó de lado el miedo y el estupor, y frunció el ceño al sentir el dolor en sus hombros.
"¡Suéltame! ¡Me lastimas! ¡Sueltame!" –Arthur comenzó a sacudirse y agitar sus brazos para soltarse de su hermano, cuando este le liberó se alejó de él lo más que pudo. Enseguida Den se puso frente a él, dispuesto a recibir la furia de Scott para proteger a su amigo. Kiku optó por lo más arriesgado, se acercó a Scott para tranquilizarlo.
"S-scott-san...por favor cálmese..." –le pidió con voz tranquilizadora.
"¡Arthur responde ahora mismo!" –gritó Scott, pero no intentó acercársele, sabía que debía tranquilizarse y no requerir a la violencia física.
"..." –Arthur no sabía que decir exactamente, sabía que si no se justificaba bien, Scott tendría que informar a su padre, y entonces él y sus dos amigos se verían en un serio problema y podría ser hasta sancionados...ya no podría volver a la superficie...
En vista de que Arthur no hablaba, Scott miró a los dos, que se sintieron intimidados con su mirada.
"Respondan ¿Estuvieron cerca de humanos?" –les preguntó apretando los dientes. Arthur entonces se armó de valor, sus amigos no había corrido el riesgo, ellos habían actuado como se supone se debería, en cambio él había ido contra las reglas.
"Si...estuvimos...algo cerca...yo estuve" –respondió lo más calmadamente posible. Den tragó saliva nervioso dispuesto a recibir un huracán y Kiku también se dispuso a ponerse en medio y explicar bien las cosas. Pero Scott no actuó violentamente, abrió los ojos sorprendido y luego apretó los puños.
"Y... ¿Te vio algún humano?"
"No...ninguno...solo los escuché..." –aclaró Arthur nervioso, sentía la voz de su hermano temblorosa ¿De rabia?
"Entonces bien..." –fue lo único que dijo Scott y luego se dirigió hacia el Palacio. Arthur miró contrariado a su hermano irse. Había esperado más gritos y otros intentos de hacerlo pedazos, eso era típico de Scott. Irse así nada más, definitivamente no lo era.
"Oh no..." –entonces comprendió lo que se proponía. Inmediatamente nadó hacia su hermano para ponerse en medio de su camino. Den y Kiku le siguieron también alarmados.
"Arthur, muévete..." –dijo el pelirrojo, que trataba de mantener la calma y no perder la paciencia. Arthur negó con la cabeza testarudamente.
"Le vas a decir a nuestro padre" –aquello no era una pregunta sino una afirmación. Den ahogó un grito de horror y Kiku volvió a taparse la boca con las manos.
"Claro que si..." –gruñó Scott. En seguida Den y Kiku actuaron.
"¡N-no puedes decirle! ¡Nos matará!" –chilló Den escandalizado.
"Scott-san por favor..." –Kiku quería intentar negociar para que Scott no dijera nada.
"¡Cállense! ¡Debo decirle que Arthur se ha expuesto y...!"
"¡Que no me vio nadie!" –gritó Arthur, no enojado, sino desesperado. Su libertad hacia la superficie estaba en juego después de todo.
"¡Por suerte! Acercarse a un humano es peligroso ¡Podrías haber expuesto nuestro secreto! ¡Entiende Arthur!" –Arthur se sintió acorralado y buscó con que defenderse.
"N-no es cierto, ellos saben de nosotros...las sirenas solían rescatar a los hombres que caían al mar" –se defendió.
"¡Bien! Solo podemos acercarnos a un humano cuando este se encuentra en peligro, pero después de eso, este no recordará nada ¡solo somos un mito! Dime ¿Salvaste a alguno por casualidad? ¿Fue así como te acercaste a uno?" –preguntó inquisitivamente.
"N-no..." –balbuceó Arthur.
"¡Entonces...! –Scott dejó de gritar y habló ya más calmado- ¿Qué hacías tan cerca de uno?" –preguntó algo cansado.
"Yo...solo...solo quería aprender más de ellos... Lo siento si puse en peligro nuestro secreto..." –admitió Arthur y miró hacia abajo decaído. Scott suspiró cansinamente y se frotó las sienes, como si sufriera un fuerte dolor de cabeza. Miró a su hermano, que parecía estar ya resignado a perder su libertad, no le gustaba verlo así...
Den y Kiku miraban todo, sin saber si intervenir o no. Estaban preocupados de cómo podría reaccionar le Rey de saber que su propio hijo se había arriesgado a ese tanto, y ni hablar de lo que podía hacerles a ellos, los podría sancionar por haber dejado a Arthur arriesgarse, a Den podría quitarle su oportunidad de convertirse en miembro de la Guardia Real, y a Kiku podría echarlo del Palacio o algo peor. Scott continuó mirando a su hermano y luego miró a ambos muchachos que estaba claramente nervioso y suspiró derrotado.
"Esta bien, no le diré a nuestro padre...por esta vez... –los tres le miraron anonadados, sin podérselo creer- pero si me entero de que te has expuesto de nuevo..." –dejó al amenaza inconclusa antes de dirigirse de nuevo al Palacio. Estaba exhausto, lidiar con adolescentes era agotador y ya quería dormir.
Los tres amigos intercambiaron miradas todavía sin poder creer su suerte y sonrieron. Den y Kiku enseguida fueron tras Scott.
"¡Gracias Scott!" –exclamó Den eufórico.
"Muchas gracias Scott-san" –dijo Kiku respetuosamente.
"Si, si, si...solo ahora no hagan estupideces –Scott chasqueó la lengua molesto- ¿Me estoy ablandando?...Maldición..." –comenzó a renegar.
Arthur los miró y sonrió más que aliviado. Podía seguir yendo a la superficie, pero era mejor que dejara pasar un poco de tiempo, no quería que Scott pensara que no le importaba el exponer el secreto. Suspiró. Tendría que abstenerse por un tiempo de ir a la superficie, mientras podría practicar para la presentación, cantar siempre le distraía. Estaba dispuesto a seguirles cuando algo captó su atención...
La luz de la superficie que a esas horas era casi nula, se apagaba súbitamente. Se preguntó porqué podría ser cuando recordó hace ya mucho años que había ocurrido una vez, y esa vez había sido por un barco que justo pasaba por encima del Palacio...
Un barco... Arthur tragó saliva nerviosamente y miró hacia la superficie, y su corazón dio un vuelco al ver una figura negra sobre las aguas que justo pasaba por ahí encima y bloqueaba la luz. Arthur lo miró sorprendido, y recordó que en ese entonces no puso acerarse porque era un niño...pero ahora...ahora si que podía...
"¿Arthur-san? ¿Qué suce...?" –Kiku se quedó sin habla la ver también el barco. Den y Scott que hablaban sobre el entrenamiento, miraron hacia la superficie y se quedaron tiesos al ver la figura del barco.
"Bien niños...métanse al Palacio de inmediato" –dijo Scott, pero ninguno se movió.
Arthur por su parte estaba más que fascinado, emocionado y ansioso...esta vez si que podría ir y verlo...pero no podía exponerse más, se había prometido así mismo no hacerlo, por Scott que iba aguardar su secreto...Pero... ¡Era de noche! Nadie alcanzaría a verlo en la oscuridad de la noche y entre las olas negras, se acercaría lo más sigilosamente posible y solo echaría un vistazo a la cubierta y a los que estarían en ella...nada más...
"solo un vistazo" –dijo Arthur y nadó a toda velocidad hacia la superficie.
"¡¿EH?! ¡No Arthur, no!" –exclamó Den contrariado.
"N-no puede ser!" –Kiku estaba igual se contrariado.
"Ese enano... ¡¿ES QUE NO ENTIENDE?!" –rugió Scott y fue de inmediato tras su hermano, seguido de Den y Kiku.
Arthur no era conciente de sus perseguidores en ese momento, solo era conciente de lo cerca que estaba de poder ver a un humano de cerca por fin... Sonreía emocionado y contento. Su suerte de haber podido escuchar una conversación sin ser visto con se comparaba con esto...
Arthur nadaba realmente muy rápido, y en cuestión de segundos llegó a la superficie, no vaciló al sacar su cabeza del agua y ni bien abrió los ojos quedó maravillado...
Una enorme flor de colores acababa de explotar en el cielo, una bella flor que parecía estar echa de destellos y chispas de colores adornaba en cielo gris... y ahí en la superficie se alzaba la oscura y elegante figura de un barco, de altos mástiles y velas. Reconoció entonces el escudo de Nerea, e mismo que había visto en las calles de la ciudad que celebraba...y en el barco también celebraban, ya que podía escuchar música y risas...después otra flor iluminó los cielos dejando a Arthur más que maravillado y emocionado...
~Su destino pronto daría un giro brusco, conduciéndolo a su felicidad...o a su perdición~
·
·
·
Continuará...
·
·
·
Notas de Ray~
Bueno más bien deberían ser 'Notas encargadas' ^^U
Un gusto, soy Shinobu, la 'hija' de Ray Kirkland. En vista de que ella no podía publicar esto, me dejó el documento para que yo lo haga y unas anotaciones para que las pusiera en las notas finales. No he alterado absolutamente nada en la historia, está tal cual ella me lo envió, salvo por unos errores ortográficos que corregí ^^
Bien pues, lo que me encargó fue:
1. Si no quedo claro al principio, este fic no tendrá final trágico. Dijo que no podría jamás darles un final triste a estos dos porque los ama, pero eso no significa que no les haga sufrir un poco~
2. Una disculpa, ya que en el anterior cap dijo que ya se conocerían, pero eso no será hasta el siguiente, que será muy emocionante ;D
3. ¡Ah! Un dato importante, por si alguien no entendió muy bien la descripción de Nerea, Ray se basó enteramente en San Sebastián, España. Échenle un vistazo, es un lugar muy bonito, fui de vacaciones una vez y es realmente hermoso, perfecto escenario para que se lleve a cabo un romance JoKer~ =D
5. Me dijo también que agradeciera a quienes han dejado un review a esta historia, también a quienes la pusieron en su lista de Favoritos, y a los que le han agregado en Autores Favoritos~ Igualmente a quienes que, si bien no han dejado un review ni nada, se han tomado su tiempo para leerla. Se los agradece de todo corazón.
Ahora dejen un review para subirle los ánimos que los necesita ;D
Avisar también que como la próxima semana comienza los Pre-Facultativos de la Universidad el tiempo escaseará, pero ella promete seguir adelante con este y sus otros fics, pero pide que el tengan paciencia~
Bueno ahora me despido cordialmente, espero hayan disfrutado del capítulo tanto como yo ^^
Hasta una próxima oportunidad.
Shinobu B. K.
