Título: Deep Sea Jewel

Pareja: JoKer [AlfredxArthur] + Franada [FrancisxMatthew] + DenNor [DenxNor] + (leve) LietPo

Inspiración: Me basé en el cuento original de la 'Sirenita' de Hans Christian Andersen. Contribuyó igualmente la canción de Megurine Luka 'Little Mermaid'

Aclaración: Está basado, pero no va a acabar tal cual. NO VA A HABER FINAL TRISTE.

Disclaimer: AP Hetalia no me pertenece, pero nada cuesta soñar ¿No?

By Ray Kirkland

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~Deep Sea Jewel~

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'El valor de un sentimiento se mide por la cantidad de sacrificio que estás preparado a hacer por él'

-John Galsworthy-

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Capítulo 2

Milagros

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"Es hermoso..." –murmuró Arthur maravillado, observando las flores de colores que adornaban el cielo cargado de nubes grises y negras. Una tras otra, de diferentes colores y tamaños. Todas provenían del barco que se hallaba no muy lejos de él, alcanzaba fácilmente a ver las velas blancas con un escudo azul, el escudo de Nerea. Arthur sonrió emocionado, tanto que ni se percató cuando Scott emergió a la superficie hecho toda una furia. Seguidos de él, se asomaron Den y Kiku alarmados.

"¡Arthur imbé...!" –estaba por gritar el pelirrojo cuando una enorme flor roja alumbró todo el cielo, provocando que este se quedase mudo y tieso. Den y Kiku miraron asombrados la hermosa flor roja.

"¡Whoa!... ¿qué son?" –preguntó pasmado Den.

"S-son preciosas..." –murmuró Kiku fascinado.

"..." –el pelirrojo se había vuelto una estatua observando aquel espectáculo inimaginable de colores y luces.

Arthur dejó escapar una sonrisita al ver a su hermano tan sorprendido y entonces detectó música, no estaba lejos, provenía del barco. Al parecer en la cubierta se estaba llevando a cabo algún tipo de festividad, escuchaba también algunas risas y exclamaciones de júbilo. La curiosidad se disparó en el muchacho, y una vez comprobó que sus acompañantes estaban lo suficiente entretenidos como para no detenerlo rápidamente nadó hacia el barco. Como era de noche y el agua estaba casi negra, no le preocupaba en absoluto que alguien pudiera verle.

Una vez llegó a la estructura que era mecida suavemente por las olas, se percató que desde el agua no alcanzaría a ver la cubierta, tendría que subir... miró una de las redes de pescar y una sonrisa se dibujó en su rostro.

"Perfecto" –dijo satisfecho antes de disponerse a trepar.

Mientras los tres continuaban distraídos, hasta que Den decidió comentarle algo a Arthur y se percató de que este se había desvanecido. Instantáneamente Scott despertó del trance al igual que Kiku y se pusieron a buscarlo, teniendo los tres un muy mal presentimiento. Al no encontrarlo los tres miraron hacia la embarcación con nerviosismo y jadearon al distinguir la figura de Arthur trepando por la red acercándose peligrosamente a la cubierta y por tanto a miradas humanas. Kiku casi sufrió un colapso por el poco uso de razón del príncipe, Den exclamó algo sorprendido por la temeridad de su amigo y Scott se convirtió de nuevo en una furia marina y murmurando insultos nadó velozmente hacia el barco seguido inmediatamente de los dos amigos de Arthur.

Pero Arthur les llevaba ventaja, cuando los tres alcanzaron el barco, este ya había llegado a un hueco que permitía ver la cubierta sin la necesidad de asomarse por la orilla. Podía escuchar las risas, las voces, la música tan cerca y sintió que su corazón latía a mil por horas, la emoción corría por todo su cuerpo ¡no podía esperar más! Se olvidó por completo de sus tres acompañantes y se asomó por el hueco...

En la amplia cubierta toda la tripulación estaba reunida, había adornos coloridos colgados de todos los posibles lugares, habían dispuesto mesas con toda clase de extraños platillos y botellas de curiosos colores y formas, lámparas alumbraban toda la cubierta. En una esquina, sobre unas cajas de madera se encontraba lo que parecía una banda de música, un conjunto de hombres que tenían misteriosos instrumentos tocaba música movida. Algunos bailaban al ritmo en una improvisada pista de baile, mientras otros se limitaban a mirar o a charlar en grupo, algunos sosteniendo una copa de un líquido rojo que parecía sangre.

En la pista de baile, una pareja llamó en especial la atención de Arthur. Se trataban de dos muchachos jóvenes, por un lado un muchacho de cabellos marrones oscuros sujetos a una pequeña cola de caballo, ojos azules, vestimenta elegante principalmente de tonalidades azules, su pareja era otro muchacho, de cabellos rubios dorados, ojos verdes agraciados y contagiosa sonrisa, vestía un traje elegante de tonalidades palo de rosa. El muchacho de ojos azules parecía estar un poco cansado, pero eso no le detenía de bailar al ritmo de la divertida música y por otro lado su pareja bailaba animosamente sonriendo y riendo. Eran sin lugar a dudas la pareja más entusiasta, los demás les miraban sonrientes y aplaudían al ritmo de la música.

La pieza acabó después de unos minutos más, todos aplaudieron a la joven pareja, el rubio sonrió complacido de recibir tantos aplausos mientras el otro trataba de reponer el alieno, estaba exhausto.

"¡Liet! ¡liet! ¡O sea bailemos otra pieza!" –le pidió sonriente el rubio.

"¡¿Eh?! –exclamó el otro contrariado- ¿No podemos tomar un descanso? No hemos parado desde que comenzó la fiesta..." –dijo el otro jadeante.

"¿EH? Pero Liet..." –le reprochó el otro con un puchero.

"¡Deja descansar al pobre hombre!" –rió uno de los tripulantes divertido.

"¡Pero tipo, hoy como que...tenemos que celebrar! A demás no todos los días podemos bailar así con música alegre y todo" –dijo el otro algo desanimado.

Mientras ambos llevaban a cabo su conversación, un muchacho había emergido silenciosamente de entre la tripulación. Arthur no le prestó mucha atención hasta que se hubo aproximado a la pareja. Se trataba de un muchacho de rasgos dulces y amables, cabellos dorados y lacios, ojos violetas como las amatistas tras un par de lentes, de ropajes finos y muy elegantes de tonalidades rojizas y adornos dorados.

"¡Matty! –exclamó el rubio sonriente- o sea como que Liet debe sacarme a bailar ¿No?" –le preguntó ofuscado. El otro no pudo evitar sonreír.

"Claro, pero ¿Porqué no primero van a por una bebida para recobrar energías?" –propuso con voz suave y dulce.

"¡Pero tipo! ¡Que buena idea! –dijo sorpresivamente el rubio- ¡Vamos Liet!" –dijo jaloneando al otro que le lanzó una sonrisa de agradecimiento al recién llegado.

Arthur observó todo divertido y centró su atención en el muchacho delicado, por su estatura y rasgos, podía calcularle su misma edad o cerca, 'Matty' (como así asumió que se llamaba) parecía una persona de lo más dulce y amable, además de algo tímida y muy calmada.

'Matty' miró hacia el cielo y su semblante cambió un poco a preocupación, su mirada luego se centró en el horizonte, como si tratara de mirar algo a la distancia.

"O-oigan ¿No creen que deberíamos volver ya a casa? –preguntó tímidamente- se está haciendo muy tarde y mamá de seguro se preocupará mucho" –dijo afligido.

"No te preocupes Matt –dijo un marinero- tu padre sabe que están en buenas manos y están seguros con nosotros, somos los mejores"

"¿Y-ya la feria?" –preguntó vacilante.

"¡La Feria seguirá de aquí a unas semanas! ¡No te estás perdiendo de nada!"

"Si, a demás aquí es mejor ¡En el océano!" –dijo otro marinero.

"P-pero..." –trató de nuevo.

"¡No diga más príncipe y disfrute! ¡Hoy es un día muy especial, no todos los días se cumple 17!"

Entonces Arthur retrocedió algo asombrado, ese hombre le había llamado 'príncipe' y a demás era su cumpleaños número 17...aquello solo podía significar que ese muchacho tan dulce y dócil era uno de los príncipes de Nerea. Entonces si él era uno ¿Dónde estaba el otro? ¿En el barco? ¿Por qué no se mostraba? ¿Cómo era? ¿Qué clase de persona sería? ¿Igual que su hermano? Sus preguntas serían muy pronto respondidas cuando escuchó cierta agitación en la cubierta y se asomó enseguida para ver que había ocurrido.

Entonces todo se detuvo en un solo segundo...absolutamente todo...

Se había unido al resto un apuesto muchacho que se parecía significativamente a Matty. Tenía los cabellos dorados un poco más oscuros, un par de ojos cautivadores del color del vasto océano y de la infinita bóveda celeste, una irresistible y contagiosa sonrisa, vestía unos pantalones negros y una sencilla camisa blanca con un lazo desarreglado azul. Una de las más fáciles de avistar de las diferencias que tenía con su hermano era que no tenía una figura delicada y frágil, sino al contrario tenía era robusto y alto.

Arthur sintió un curioso cosquilleo en su estómago y en sus mejillas. Sintió algo extraño en su pecho, una sacudida, un golpe seco, algo extraño, nuevo... su respiración se hizo pesada y algo entrecortada, sintió claramente que sus mejillas se sonrojaban y cuando puso su mano sobre su corazón se dio cuenta de que este latía aceleradamente... ¿Qué era todo aquello?

Una particular risa llamó su atención y volvió a asomarse para ver qué sucedía. Tratando de calmar todo aquello que tan sorpresivamente había aparecido se concentró en lo que sucedía en la cubierta.

"¿Qué sucede Matt? –decía el muchacho- ¿Es que no te gusta estar en el mar?" –preguntó entornando sus ojos.

"¡N-no es eso! ¡Claro que me gusta! Es solo que mamá puede comenzar a preocuparse y ponerse...histérica" –lo último lo dijo apenas como un murmuro.

"¡Vamos, vamos! Papá sabrá tranquilizarla –rió el muchacho, entonces sin que Matt se diese cuenta le guiñó a la orquesta que sonrió contenta y comenzó a tocar una melodía bastante movida y alegre- ¡Bailemos Matt!" –exclamó sorpresivamente tomando a su hermano por la cintura para guiarlo.

"¡E-espera!" –dijo el otro algo torpe.

"¡Si, o sea a bailar!" –exclamó Feliks tomando de la mano a Liet que sonrió algo cansinamente.

Arthur no quitó sus ojos en ningún momento del príncipe que bailaba con elegancia y a la vez con energía, siempre sonriendo alegremente. Simplemente no podía evitar mirar cada uno de sus movimientos, sus ojos estaban fijos en él. Miró también por unos instantes a Matt que bailaba algo torpemente, pero al final con la misma alegría devolviéndole las sonrisas a su hermano. En ese instante Arthur experimento una injustificada rabia hacia Matt, un dolor agonizante oprimió su corazón y sintió una gran frustración hacia asimismo ¿Por qué? ¿Por qué aquella rabia hacia el amable muchacho que nada había hecho para merecerla? ¿Por qué su corazón le dolía tanto? ¿Por qué se sentía tan frustrado con solo verlos bailar? Y no solo era hacia Matt, sino hacia cualquiera que se hallase en la cubierta, cerca del príncipe. Ni bien lo veía sentía rabia hacia aquella persona, un odio leve, nada mortífero.

"Acaso... ¿Celos?" –se preguntó él. ¿Podría ser los celos la razón de todo aquello? Pero... ¿Por qué sentirlos? ¿Qué razón podría ser la cual provocase aquellos celos involuntarios? Tantas preguntas surgían y no podía responder ninguna con certeza...

Arthur continuó mirando y a la vez torturándose, contad más veía, más crecían aquellos celos y más crecía aquella frustración. Cerró los ojos entonces para evitar seguir sufriendo y se imaginó como sería el estar él bailando con el príncipe, se imaginó aquel par de ojos azules sobre los suyos, aquellas sonrisas dirigidas para el, aquel brazo sujetándole firmemente su cintura y su mano entrelazada con la suya, la música retumbando en aquel lugar imaginario, sus pies moviéndose al ritmo con los del otro... se imaginaba todo con maravilla y dentro de él nació el ardiente deseo de que todo aquello se haga realidad...pero en el fondo sabía muy bien que nunca llegaría a serlo...

La música cesó, y Arthur se imaginó entonces a ambos deteniéndose todavía mirándose fijamente el uno al otro, tuvo el repentino pensamiento de que el otro le iba a dejar por lo que sin dudarlo lo abrazó, lo estrechó con las pocas fuerzas que tenía, transmitiéndole cuanto le quería...

"¿Eh?" –Arthur abrió los ojos sorprendido y retrocedió nerviosamente. Sintió una especie de mareo y tuvo que apoyarse contra la estructura para no caer al agua. No podía ser... ¡Era una locura! ¡Aquello no podía ser amor a primera vista! ¡No podía ser el nefasto hechizo del amor el responsable de todo aquello! ¡Simplemente no podía ser!

El muchacho trató de engañarse repitiéndose una y otra vez que no podía ser amor lo que inundaba calidamente su pecho, pero sabía muy bien que así lo era...sin lugar a dudas era amor...

Escuchó entonces aplausos y alcanzó a oír a alguien exclamar:

"¡Por los príncipes Alfred y Matthew, que ya han cumplido la mayoría de edad!" –y seguido de aquello muchos vítores.

Alfred. Su nombre era Alfred. Arthur presintió entonces que aquel nombre quedaría grabado por siempre en su cabeza, sería el nombre de aquel de quien se enamoró irremediablemente, la causa de su mayor alegría y de su peor desgracia. Escuchó entonces su alegre risa, y su cuerpo se movió automáticamente para asomarse y verlo, era inevitable.

"¡Si! ¡Por fin ya somos mayores de edad! –canturreaba Alfred- ¡Ya podemos hacer lo que queramos!"

"P—pero todavía tenemos deberes...es más los tendremos más" –le recordó Matthew.

"No me arruines el momento Matt" –le reprochó el otro.

"¡Al! Ya no tendrás que pedir permiso de los reyes para salir a navegar, tienes un poder real ya" –le informó un tripulante con una ancha sonrisa.

"¡Eso es lo mejor de todo! –dijo Alfred sonriente- podré estar cuanto tiempo quiera en el mar ¡Yay!"

"Si la Reina te deja –intervino Feliks- o sea toma en cuenta que ahora que ya eres tipo 'adulto' la reina buscará con quién comprometerte" –dijo con una risita divertida.

"¡Es verdad! ¡Nuestro joven capitán tendrá que casarse pronto!" –la mayoría de los hombres rieron y lanzaron piropos.

"El pequeño Matty también tendrá que casarse" –dijo algún tripulante, provocando que el susodicho se sonrojara avergonzado.

Arthur sintió ganas de matar a aquellos que habían traído el tema abordo ¿Lo hacían adrede? ¿Querían restregarle en la cara el que nunca podría ser él quien este al lado del príncipe, sino alguna otra mujer humana? Pero para su sorpresa y en parte alivio, Alfred se mostró completamente incómodo con el tema, su semblante había cambiado de sonriente a una mueca de entre molestia e inseguridad.

"Dejen eso por favor –pidió algo malhumorado- no me gusta hablar de eso"

"Pero Alfred –dijo Liet- es algo inevitable, algún día tú o Matt deberán contraer matrimonio con alguien para que se convierta en Reina"

"Eso ya lo se –resopló Alfred- no es que no quiera casarme o algo así, es solo que me parece muy apresurado que me busquen pareja tan rápidamente ni bien cumpla la mayoría de edad" –dijo encogiéndose de hombros.

"A tu edad el Rey ya estaba casado con tu madre" –comentó un tripulante.

"Lo se, lo se...pero... arg no se como explicarlo... –dijo rascándose la cabeza concentrándose- Pienso que eso fue suerte, porque a papá le presentaron a mamá y se enamoraron de verdad. Eso me parece genial, pero lo que ahora mamá está haciendo es buscarnos algún compromiso por conveniencia con otros reinos –Alfred entonces caminó hacia la orilla, justamente hacia donde se encontraba oculto Arthur que al verlo acercarse se ocultó velozmente, el alero de la orilla le cubría perfectamente por lo que solo tenía que apegarse lo más que pudiese a la estructura para que el otro no le viera. Alfred caminó hasta la orilla y se apoyó con la mirada fija en el mar- eso de casarse por conveniencia me parece muy insensible y sinsentido ¿qué de bueno hay en pasar el resto de tu vida con alguien que ni siquiera amas realmente? No le veo nada interesante a aquello..." –concluyó despreocupadamente. Arthur había escuchado cada palabra con detenimiento y sentía que su corazón acabaría explotando de su pecho.

"O sea ¿Vas a buscar primero a 'esa persona especial'? –preguntó Feliks algo confundido.

"Hmm... ¡Si tienes razón! –dijo Alfred con entusiasmo- la voy a buscar, y cuando la encuentre pues me casaré gustoso con ella...hasta entonces no pienso aceptar ninguna clase de matrimonio arreglado. Ayudaré al reino por supuesto aceptaré esos deberes, y al mismo tiempo cumpliré todo aquello que me propuse desde que tengo memoria"

"Y dime mi estimado Al ¿Cómo te darás cuenta de que la encontraste?" –preguntó un tripulante que parecía conmovido por las palabras del joven príncipe.

"¡Fácil! Cuando la vea, sentiré... ¡Un destello! ¡Un rayo!" –exclamó riendo.

En ese mismo instante, no muy lejos de donde se encontraba el bote, un rayo rasgó las oscuras nubes iluminándolo todo, el resplandor había sido tan intenso que en la cubierta todos guardaron silencio de la sorpresa...esperando lo inevitable. Y unos segundos después retumbó un potente trueno que ensordeció a la gran mayoría. Alfred se quedó tieso unos instantes pero enseguida reaccionó y les gritó a todos:

"¡Una tormenta! ¡Rápido! ¡Salgamos de aquí!" –en seguida todos comenzaron a movilizarse hacia sus respectivos lugares en la cubierta, soltando cuerdas, amarrando cuerdas, izando las velas, un trajín revoltoso se hizo presente en la que antes era una alegre pista de baile. Aquellos que no sabían mucho sobre el trabajo, la pareja de jóvenes bailarines y el menor de los príncipes corrieron de inmediato hacia le interior del barco para protegerse y no estorbar a los tripulantes. Alfred se quedó a ayudar, sabía tan bien como los demás hombres sobre las medidas que se debían tomar ante una tormenta. Sin embargo aquella iba a ser su primera experiencia.

Al primer rayo le siguieron otros igualmente brillantes, y sus respectivos truenos que eran igual de ensordecedores y amenazadores. Unos instantes después una lluvia picada comenzó a caerles encima dificultando la visión y el movimiento en la cubierta. Para empeorar todo un fuerte viento que soplaba abruptamente les impedía ver con claridad a su alrededor y les calaba de frío hasta los huesos. El mar que hace no mucho estaba calmado ahora se agitaba peligrosamente meciendo violentamente el barco y haciendo que las olas se elevaran y salpicaran a los pobres hombres que aun pese a todo seguían tratando de sacar el barco de aquel lugar. Parecía mentira que hace nada más unos minutos estuvieran tan tranquilos, celebrando...

Arthur por su parte observó los rayos, las olas que se encrespaban terriblemente, sintió la fuerte ventisca que agitaba al barco como si fuese una pluma y sintió miedo, pánico, horror... no por si mismo, sino por aquellos hombres, especialmente por el príncipe... ¡Si le pasaba algo en medio de aquella tormenta que apenas comenzaba a desatarse! Simplemente no podría con ello, no podría soportar el dolor. Sintió rabia de no poder hacer nada la respecto y lo único que se le ocurrió fue ir en busca de su padre para rogarle de que amainara la tormenta lo suficiente para que el barco pudiese escapar sin resultar muy dañado. Pero tampoco quería dejar solo al príncipe, tenía miedo de que si le dejaba unos instantes, una ola pudiera hundir por completo el barco y junto con él al príncipe, que no tendría quien le salvase.

Ciertamente la sirena se hallaba en un debate interno, lanzó una veloz mirada al océano encrespado y alcanzó a ver a sus tres acompañantes, de los cuales se había olvidado por completo, que todavía se hallaban ahí luchando contra el fuerte oleaje.

"¡Arthur maldición baja de ahí!" –alcanzó a oír a su hermano gritar entre el rugido del mar.

"¡Arthur amigo...! ¡Tenemos que irnos!" –gritaba Den.

"¡Apúrese por favor!" –rogaba Kiku.

"¡Dile a nuestro padre que la calme!" –gritó Arthur esperanzado de que Scott le entendiera y lo hiciera en el acto, pero para su mala suerte no lo hizo. En lugar de eso se mostró indignado y molesto.

"¡Pero qué estupideces dices! ¡Baja ya!"

"¡NO!" –gritó resueltamente Arthur.

Para su suerte sus gritos no fueron escuchados por nadie de la cubierta, el bramido del mar los ocultaba lo suficientemente bien. Alfred, sin siquiera imaginarse que había sirenas ahí en sus narices casi, se preocupaba cada vez más, la tormenta parecía apenas comenzar y si no salían antes tendrían que enfrentarse a lo peor. Debían salir de ahí de inmediato, pero la lluvia, el viento y el oleaje se las hacían difícil. Estrujó su cerebro en busca de una solución cuando sorpresivamente un rayo cayó encima de ellos, alcanzando una de las velas más altas, provocado que esta se prendiera en el acto.

"¡Fuego!" –gritaron alarmados.

"¡No!"- chilló Arthur espantado.

"Esto pinta mal" –dijo Den, y sin consultarlo se zambulló para dirigirse lo más rápido posible al castillo del Rey de los Mares.

El caos se desató con más ímpetu en la cubierta, la vela incendiada comenzó a quemar a las otras, la madera chamuscada comenzó a desprenderse y caer sobre la cubierta, algunas sogas se soltaron convirtiéndose en látigos mortales que podrían empujar a un hombre fuera del barco. Una soga pasó silbando peligrosamente cerca del hombre que tomaba el timón provocando que este cayera al piso dejando el barco a la deriva. Alfred advirtió esto enseguida, corrió a tomar el timón y guiar de nuevo el barco hacia fuera de la tormenta.

Una gigantesca ola se acercó al barco amenazando con hundirlo de una sola, pero Alfred supo maniobrarlo para que el impacto no fuera tan grave. Pero Arthur tuvo que arrojarse al agua para evitar que esta le embistiera ferozmente, al principio fue sacudido al antojo de las olas hasta que logró estabilizarse y salió a la superficie buscando el barco. Su corazón dio un vuelco al ver que el fuego se expandía cada vez más por las velas, parecía una enorme antorcha. Nado desesperadamente para acercarse y tratar de ver al príncipe.

Este por otra parte luchaba sujetando el timón para mantener la nave estable, ignorando el frío que le helaba por la lluvia y el viento, tan concentrado estaba en su labor que no advirtió un pedazo de mástil que se consumía rápidamente arriba suyo. Matthew, que estaba junto a Toris y Feliks resguardados de la lluvia, si lo advirtió y trató de avisar a su hermano.

"¡Alfred! ¡ALFRED! ¡Arriba tuyo! ¡Alfred!" –pero el rugido del mar apagaba sus gritos.

"¡Príncipe!" –logró gritar uno de los tripulantes que había escuchado los gritos de Matthew.

"¿Eh? –Alfred alzó la vista y solo alcanzó a ver un enorme pedazo encendido de madera cayendo sobre él- maldición" –lo más rápido que pudo; saltó chocando contra la orilla del barco, dejando el timón...

Arthur logró acercarse para ver una especie de explosión de pedazos de madera y astillas encendidas cerca del timón. Se quedó sin aire al recordar que Alfred había estado en el timón...pero lo recobró de inmediato al verlo pegado a la orilla del barco tratando de alejarse de las llamas que lo consumían todo a su alrededor. Estaba rodeado de llamas sin escapatoria alguna más que lanzarse al embravecido mar.

Entonces sucedió lo peor. El barco, que ya no tenía guía, se inclinó peligrosamente, amenazando con volcarse. Se inclinó de tal manera que los pedazos de madera se deslizaron hacia Alfred con la intención de aplastarlo contra la orilla. El muchacho sin tener alternativa se lanzó al mar y junto con él cayeron más pedazos de madera ardiendo.

Arthur lanzó un grito desesperado y sin dudarlo se dirigió hacia el lugar donde lo había visto caer, apartó las maderas y escombros que le estorbaban, buscando y buscando al príncipe pero no había rastro de él. Por un instante su corazón de detuvo al sopesar la idea de que el otro se habían hundido en el profundo océano...muerto...

"No...no..." –gimió buscando desesperadamente.

Y alcanzó a verlo, justo cuando se soltaba de una madera y se hundía en el mar. Arthur sollozó y se sumergió rápidamente para salvarlo. Mientras pudiera hacerlo lo haría. Le tomó un poco encontrarlo y en cuento lo alcanzó, lo jaló con todas sus fuerzas de vuelta hacia la superficie, luchando contra el oleaje, que por cierto comenzaba a calmarse a un ritmo anormal. Una vez en la superficie Arthur comenzó a nadar sacando al inconsciente príncipe de la tormenta. Al principio le costaba luchar contra el oleaje y al mismo tiempo cargar al príncipe, pero tal era su decisión de salvarlo que el cansancio no lo detuvo en ningún momento. Y poco a poco se fueron alejando de la tormenta que parecía comenzar a amainar rápidamente detrás de ellos. Arthur se preguntó si es que era obra de su padre. Ya más tarde lo averiguaría, ahora tenía que concentrarse en salvar a Alfred.

Unos minutos después no había rastro alguno en el mar o en el cielo nocturno de que se había desatado una tormenta. El oleaje del mar era dócil y tranquilo, lo cual hizo la tarea de Arthur más llevadera. Suspiró aliviado y miró hacia el cielo en busca de alguna estrella que le indicara dónde se encontraba y dónde había tierra firme más cerca; bien podría estar adentrándose en el océano. Se alegró al percatarse de que estaba rumbo a Nerea. Perfecto. Tomó un breve descanso y retomó su camino estrechando con fuerza al príncipe que seguía inconsciente. Pese a estar contento de haber podido salvar a Alfred de una muerte segura, la sirena no podía evitar preocuparse por su estado ¿Habría sufrido algún golpe muy fuerte? ¿Algún hueso roto? ¿Estaría enfermo? Tenía que apresurarse a dejarlo con humanos que pudiesen darle las atenciones debidas.

Pasaron horas y horas, en las que Arthur nadó sujetando firmemente a Alfred, horas en las que no sintió el menor agotamiento, horas en las que estuvieron absolutamente solos rodeados en medio del mar y de la oscuridad de la noche. Arthur comenzaba a preguntarse su es que se había equivocado al leer las estrellas cuando alcanzó a ver las luces de la ciudad, y lo que parecía una hoguera en una de las torres del palacio. Por unos instantes Arthur temió un incendio, pero luego se le ocurrió que quizás era una señal para que el barco la viera desde lejos...si solo supieran lo que había ocurrido. Otra cosa que llamó la atención de Arthur fue el movimiento que había en los muelles y la playa, alcanzó a ver un gran número de personas reunidas sujetando antorchas y lámparas. Así no podría acercarse a la playa para dejarlo...tendría que alejarse de la ciudad.

Arthur suspiró cansinamente y nadó alejándose de la ciudad y sus luces, por un momento se sintió mal por llevarse al príncipe, seguramente estaban preocupados, pero no podía arriesgarse a que le vieran... y además quería, en el fondo, tener aunque sea unos minutos a solas con él...

Los primeros rayos de luz rasgaron el cielo entintado cuando Arthur llegó a una playa rocosa muy distante de la ciudad, con algo de esfuerzo logró arrastrase sobre la arena para depositar el cuerpo del príncipe sobre la arena. Jadeando y con su cola lamiendo las olas, Arthur se recostó al lado de Alfred contemplándolo fijamente. Vacilante le tomó de las manos hallándolas frías y enseguida las entrelazó con las suyas para calentarlas. Se acercó a su rostro y su corazón dio un vuelco al ver lo tan pálido que estaba y sus labios que estaban casi azules. Temió lo peor y pegó su oído contra su pecho buscando un latido, una esperanza...y lo detectó, débil, pero estaba ahí, estaba vivo...

Arthur dejó escapar un suspiro y se acurrucó junto al cuerpo del inconsciente para brindarle calor, apoyó la mejilla sobre su pecho para escuchar sus latidos, y sujetó con más fuerza sus manos. Cerró los ojos y sonrió levemente al saber que había logrado salvarlo, el esfuerzo y el cansancio habían valido la pena. Y hablando del cansancio, este intentó invadirlo y hacerle dormir. Pero la sirena testaruda no se dejó llevar tan fácilmente, no descansaría hasta que Alfred mostrara mejorías y hasta que alguien viniese en su rescate...

"Es solo cuestión de tiempo hasta que lleguen aquí...ellos...o alguien..." –se convenció. Hasta ese momento se quedaría con él...

Al cabo de una hora, en la que Arthur estuvo bien despierto, atento a cualquier sonido externo y atento también a los latidos de Alfred, que fueron fortaleciéndose lentamente para su alivio, el sol se asomó por el horizonte finalmente. La tenue luz hizo brillar las calmadas aguas y alcanzó también la remota playa donde ambos se encontraban. Arthur abrió sus ojos mirando la luz y se irguió para ver como mejoraba Alfred, una sonrisa se dibujó en su rostro al ver que la palidez espectral se había esfumado y que sus labios retomaban su coloración normal. Su pecho también subía y bajaba más vigorosamente. Estaba mejor, mucho mejor, estaba vivo y sano.

Arthur entonces pudo admirar su belleza con tranquilidad, sin temer ya por su vida. Aprovechó el tenerlo tan cerca y con cierto titubeo acarició su cabello y su rostro, con la otra mano todavía entrelazada con la del otro, acarició sus mejillas, sus párpados y sus labios. Que estuviese a tan solo unos centímetros de su rostro provocó que su corazón latiera desbocadamente y que sus mejillas ardieran sonrosadas.

Sintió un nudo en la garganta al pensar que ese momento tan especial no sería eterno, como el mismo se había dicho: en cualquier momento alguien vendría a rescatarlo y llevárselo. Probablemente no se volverían a ver. Alfred regresaría a Nerea, comenzaría sus deberes reales, conocería en algún momento a esa persona especial de la que hablaba, se casaría y quizás tomaría el lugar de Rey. Arthur volvería al océano, a su rutina de todos los días, a su trabajo en el teatro, quizás encontraría a alguien de su interés y acabaría casándose. Sus caminos estaban separados por una brecha abismal. No podían estar juntos, simplemente no podían quererse, amarse... Y eso dolía, dolía mucho...

Arthur sintió a su corazón estrujarse dolorosamente. Lo mejor, se dijo así mismo, era deshacerse de aquel sentimiento tan precioso, tenía que desecharlo antes de que se fortaleciera, antes de que se asentara firmemente en su corazón y le causara más daño.

La mezcla de todas esas emociones provocó que en la cabeza de la sirena una melodía y letra comenzasen a surgir tomando cuerpo poco a poco, hasta convertirse en una canción. Una nación concebida de los mismos sentimientos de Arthur, que cuando la hubo repetido un par de veces en su cabeza no dudo en cantarla al durmiente príncipe, con voz dulce y suave...

·

Those blue eyes.

Beautiful foolishness

I believed everything about you

was a miracle.

·

Arthur cerró los ojos dejando que la canción fluyera por sí sola, y por eso no se percató de las señales que advertían que el príncipe despertaba. Alfred comenzó a recuperar la conciencia lentamente, y lo primero que sintió, aparte del increíble cansancio y dolor en su cuerpo, fue la presencia de alguien a su lado y escuchó también algo...una melodía, la más bella que jamás había escuchado...y pronto se dio cuenta de que no era solo una melodía, sino una voz, la más divina que existiese...

·

This one-time love will end eventually, but

I think you will stay with me for eternity.

·

Arthur continuaba cantando, sin sospechar que el otro se había dado cuenta de su presencia, de su voz... Alfred escuchaba embelesando preguntándose si era real o un producto de su imaginación o si es que estaba muerto y aquello era el canto de un ángel... ¿La canción iba dirigida a él?

·

A damp wind strokes my cheek.

Forget everything.

Break it off.

And tomorrow, too even this small me

Will...

love you...

·

Las últimas estrofas de la canción Arthur las cantó cargado de tristeza y dolor, con sus ojos empañados miró a Alfred sin notar cambio e él y acarició una vez más su mejilla. Iba a despedirse para siempre...

Por otra parte el príncipe escuchaba atento a la canción y, notó la tristeza y amargura en la divina voz ¿Qué era lo que le afligía tanto? Y sintió al finalizar una suave caricia en su mejilla, acompañada de las últimas estrofas... eso era sin dudas una despedida... ¿Se iba?

"N-no..." –masculló firmemente tomando la mano que reposaba en su mejilla. Supo entonces que era real, esa persona si era real, no un productor de su imaginación ni un ángel, era real. Y estaba ahí mismo. Oprimió aquella mano contra su mejilla sintiendo su calidez y comenzó a luchar por abrir sus ojos y poder ver quién era el dueño de esa voz, quien era el que le cantaba tan preciosa canción...quien decía prometer amarle...

Por su parte, Arthur estaba en shock, completamente paralizado, sin saber que hacer cuando la mano de Alfred se movió para tomar la suya. Muy dentro suyo sabía que debía irse YA, no podía permitir que el príncipe le viera estando conciente. En un lugar de su cabeza recordó lo que le había prometido a Scott. Tenía que apartar se mano, alejarse y huir...pero su cuerpo no le respondía. Y sintió como sus nervios se ponían de punta cuando la otra mano de Alfred se separaba de la suya y se alzaba para buscarlo, tocarlo... bien podría haberse echado para tras, pero no lo hizo, en lugar de es se quedo quieto y jadeó aturdido al sentir los dedos de Alfred acariciar su mejilla y con el doble de estupor vio como aquellos ojos azules se abrían torpemente...

Y en ese preciso instante el tiempo se detuvo...

Fue apenas un fugaz intercambio de miradas. Arthur tembló ligeramente al sentir aquellos ojos azules como el mar y el cielo mirándole, entreabrió sus labios de la sorpresa y un susurro se escapó de sus labios. Alfred, primeramente fue cegado por la luz del sol que comenzaba a elevarse, pero no sin antes poder apreciar un par de vívidas esmeraldas que le miraban con sorpresa y algo más... ¿Adoración? La luz le cegó y cerró los ojos de nuevo al mismo tiempo que un grito rompía con la magia de aquel momento.

"¡Vengan! ¡Rápido! ¡Creo haber visto a alguien tirado en la playa!" –se escuchó la escandalosa voz de una muchacha, seguida de un murmullo de personas.

Arthur reaccionó de inmediato, una cosa era dejar que solo el príncipe le viera, otra muy diferente era dejar que mucha gente le viera. Quitó bruscamente su mano de la mejilla de Alfred y con ambas manos estrechó con nerviosismo la que reposaba en su mejilla y la besó. Velozmente volvió la mar y se escondió lo más deprisa que pudo tras una roca.

Justo en ese instante un grupo de mujeres llegó al lugar donde había estado hace tan solo unos instantes, encontrando a Alfred tirado en la playa y desorientado. Una de ellas la más joven al parecer, que lucía un vestido pomposo blanco, de cabellos rubios y ojos verdes claros, se apresuró a arrodillarse junto al príncipe. Le tomó de las manos como lo hizo antes Arthur y se inclinó para ver sus signos vitales. Alfred volvió a abrir sus ojos, sintiendo que aquella presencia tan encantadora se había ido.

"N-no...dónde...estás..." –masculló parpadeando, entonces vio los ojos verdes de la muchacha mirándole con ansiedad. ¿Era ella? ¿Era ella la dueña de aquella voz tan divina?

"Estás a salvo, no te preocupes" –le susurró dulcemente la muchacha. Alfred se dejó vencer por el cansancio y el sueño, sintiéndose intranquilo ya que algo no calzaba, algo estaba mal...no era lo mismo...

"Ema...mira sus ropas –dijo una mujer que parecía ser la madre de la joven- y su apariencia... No es... ¿no es el príncipe Alfred?"

"¡Oh mi dios! –se inició un griterío- ¡Pero si es su majestad! ¿Cómo ha llegado aquí? ¡Rápido! ¡Llamen al reino! ¡Pronto!"

Las únicas calladas de ahí eran la madre y Ema, esa última mirando atentamente a Alfred preocupada por su salud y su madre mirando la escena fijamente.

Todo, sucedía bajo la mirada de la sirena oculta tras la roca que al ver que lo rescatarían se sintió aliviado, pero...

"¡Arthur!" –bruscamente alguien el tomó de los brazos volteándole. Se encontró entonces con su hermano, Scott que iba acompañado de dos Guardias reales. Sintió entonces que volvía a su vida normal.

Logró ver las ojeras que tenía Scott y se sintió mal de pronto...

"Scott..." –pero antes de formular una disculpa sintió una fuerte cachetada por parte del pelirrojo. Ni se inmutó, aceptó el castigo concientemente. Scott apretó los puños y amenazó con volver a abofetearlo, pero en vez de eso lo aplastó contra su pecho violentamente.

"Eres un idiota Arthur..." –murmuró apretando los dientes y respirando profundamente

"Lo se..." –masculló Arthur sintiéndose seguro en los brazos de su hermano y sucumbió al agotamiento extremo desmayándose.

"¡A-Arthur!"

"¡Príncipe!"

"Soy un idiota por quererlo..." –fue lo último que pensó Arthur antes de perder el conocimiento.

·


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La familia real se encontraba en la habitación del menor de los príncipes; Matthew. Quien estaba recostado en la cama con el semblante en blanco, los ojos hinchados y enrojecidos tanto llorar, y sus labios apretados tratando de no romper de nuevo a llorar. La Reina se encontraba sentada al lado del menor sollozando con ambas manos cubriéndose el rostro, y su esposo, el rey, estaba sentado al borde de la cama con los puños apretados y la mirada perdida, silenciosas lágrimas caían por sus mejillas.

Hace menos de una hora que la nave había llegado a duras penas al palacio. Desde la costa y los muelles los ciudadanos vieron con pánico a la nave llegar lentamente. En el palacio atendieron a todos de inmediato, una ola de alegría mezclada con ansiedad se hizo presente al recibir a la nave y al verificar que nadie tenía heridas graves. Pero esa alegría se rompió en pedazos al percatarse de que faltaba el miembro más alegre de la tripulación.

La familia entonces se encerró en la habitación de Matthew para llorar tan grande pérdida... Pero fueron interrumpidos de pronto por Toris; que entró en la habitación informándoles con una sonrisa de que había llegado un carruaje de un reino vecino, donde traían a Alfred...con vida. Ambos reyes se dirigieron de inmediato a la entrada principal del palacio, donde un elegante carruaje rojo se había estacionado y del cual bajó un hombre alto, de cabellera rubia y ojos de un profundo azul, que llevaba en brazos a Alfred envuelto en una manta.

"¡Alfred! –el rey que corría más rápido se acercó al hombre- ¿q-qué tiene?"

"Le aseguro que no esta herido ni nada, es solo agotamiento" –dijo el hombre entregándoselo al rey que entró al palacio de nuevo gritando por un médico. La reina que se había detenida estupefacta la ver a su hijo con vida se acercó al hombre con lágrimas en los ojos, lágrimas de felicidad.

"¡Gracias! ¡Francis muchas gracias!" –exclamó abrazándole.

"No lo salve yo madame, solo me encontré con un grupo de personas que salían de la ciudad y lo encontraron en la playa. Solo lo traje aquí"

"Aun así, gracias por traerlo aquí...pasa por favor"

Aquel hombre tan apuesto, era Francis Bonnefoy, el príncipe heredero del reino vecino y aliado de Nerea: Agalo (1). Francis, era un año mayor que los príncipes, y estaba buscando a quien tomar por esposa para cuando llegara la hora de tomar el reino. Había viajado a Nerea con motivo de felicitar a los príncipes, y esa madrugada al acercarse se detuvo al ver un carruaje varado en medio del camino. El carruaje tenía el emblema de Agalo, y el príncipe se dispuso a ayudarles, encontrándose con la tremenda sorpresa de que habían hallado a Alfred inconsciente en la playa. Sin decir más Francis se ofreció a llevarlo de inmediato al palacio real, pues ahí se dirigía.

"Su majestad ¿Qué ocurrió?" –preguntó Francis con curiosidad.

"Ayer, Alfred y Matthew fueron a navegar al mar celebrando su cumpleaños, y en la noche una tormenta los sorprendió...pensamos que Alfred había... ¡Oh dios!... Es un milagro" –dijo sonriente con lágrimas todavía en sus ojos.

"En verdad que lo es –Francis se detuvo de pronto- perdóneme ¿Y Matthew?"

"El está bien, algo cansado pero no sufrió nada"

"Ou~ si me disculpa, quisiera ir a verlo"

"Por supuesto, ve" –la reina no pudo evitar sonreír al ver a Francis dirigirse a la habitación de su hijo. Ya sospechaba por donde iban las cosas.

Matthew se encontraba sentado en la cama, ansioso de que le trajeran noticias cuando Francis entró en la habitación, para su sorpresa. El menor jadeó sorprendido, mientras el mayor se acercaba con una sonrisa.

"F-Francis..."

"Cheri...que gusto verte...sano y salvo" –dijo Francis sentándose al borde de la cama.

"¡Y Alfred! ¡¿Alfred está bien?! ¿Está a salvo?" –preguntó de prisa.

"Calma, calma. Ahora un médico debe estar revisándolo, no tiene ninguna herida ni nada" –dijo con tranquilidad.

"Que alivio...creí que... –unas lágrimas rebeldes se le escaparon mientras sentía una gran alegría inflándose en su interior. Francis sonrió y le limpió con delicadeza las lágrimas- pero entonces como es que..." –murmuró Matthew mirando a Francis algo sonrojado.

"Cuando venía para acá me lo encontré, un grupo de mujeres lo había rescatado"

"Ya veo..."

"Es una suerte que justo haya pasado por ahí y en el momento preciso"

"Si...y... ¿a qué viniste?" –preguntó el menor con cierta duda. Sabía porqué...lo sabía desde hace un año...

"Pues a felicitarlos por ser ya adultos...y pour reprendre la demande que j'ai faite il ya un an mon amour (a retomar la petición que hice hace ya un año mi amor)" –murmuró Francis antes se acercarse al otro que inútilmente trató de alejarse. Francis lo abrazó con delicadeza y enterró su rostro en el cuello del menor, que súbitamente pareció tener problemas para respirar.

"F-Francis...yo..." –masculló.

"Sshh...está bien, no hay porqué apresurarse...ahora debemos preocuparnos por tu hermano...después hablaremos de eso" –susurró Francis.

Matthew suspiró...

"...bien..."

En la habitación de Alfred, un médico acababa de revisarlo y anunció felizmente que el muchacho no tenía nada grave. Bastante reposo y buena alimentación lo pondrían como nuevo pronto. Pero lucía sorprendido, casi incrédulo.

"No me lo explico, ha estado quien sabe cuantas horas en el mar o en la playa ¿cómo puede no tener señales de hipotermia severa? ¡Y está intacto! ¡Ni un solo rasguño! ...definitivamente esto es un milagro" –le dijo a los reyes que sonreían aliviados.

"Lo es señor, lo es" –decía el rey con una brillante sonrisa.

El joven príncipe yacía tendido en la cómoda cama, bien arropado y durmiendo profundamente, no advirtió si quiera el apresurado viaje hasta Nerea o el trajín de llevarlo hasta su habitación para que le revisen, no sintió absolutamente nada. Se hallaba sumergido en un mundo onírico donde lo único que percibía era el suave arrullo de las olas y una melodía, una canción, una voz...que le cantaba con cariño...y una caricia dulce en su mejilla...

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Después del incidente, nadie salió perjudicado. Ni Den ni Kiku acarrearon problemas por lo sucedido, ni tampoco Arthur, y todo fue porque Scott se encargó de camuflar la verdad de tal manera que ni inventaba nada, ni tampoco decía lo que exactamente había pasado. Su relato de los 'hechos' consistía en que los tres jóvenes habían tomado una siesta en uno de los arrecifes de coloridos corales que no quedaba muy lejos de la ciudad, y por eso no habían advertido lo tarde de la hora. Para cuando Scott los encontró ellos ya se dirigían a toda prisa al palacio, y mientras los reprendía fue que advirtieron del barco y la tormenta. Desde ahí el relato se complicaba, resumiendo, Scott pidió a Den que fuese al palacio a pedir al rey que amainara la tormenta para que el barco pudiese alejarse de ella y también de la ciudad y el palacio. Lo había hecho en pos de proteger el secreto de su mundo, pero antes de que la tormenta calmase fue que Arthur vio al humano que se ahogaba y sin consultárselo fue a rescatarlo, y en el estrépito del mar y las olas Scott lo perdió de vista. Después el mismo junto a dos guardias fueron a buscarlo, encontrándolo en una playa a varios kilómetros de Nerea.

Así pues Scott dijo hacerse responsable de que el menor se haya perdido durante tantas horas por no vigilarlo como debería. Pero al final el Rey no lo castigó ni a los otros dos, pero dejó muy claro que no deseaba que saliesen de la ciudad por un buen tiempo, menos a la superficie, y menos aun Arthur que posiblemente se habría dejado ver por un humano.

Arthur, por su parte, después de llegar a palacio, estuvo casi dos días durmiendo profundamente, y cuando despertó, solo unos pocos notaron el cambio. Si bien retomó su rutina diaria y se comportó de la misma forma de siempre, algo había cambiado en él. Y solo aquellos que lo conocían muy bien podían notarlo, no sabían exactamente lo que era, pero algo en él había cambiado desde que había regresado al palacio, al océano.

Por un lado estaba su canto, Berwald se percató al instante que ya no le ponía el mismo esfuerzo de antes. Cantaba vaga y mecánicamente, sin ponerle ánimo o sentimiento a lo que cantaba. Su voz sonaba forzada y vacía, hermosa, pero vacía. A demás, si antes Arthur recodaba con claridad las partituras y letras e una canción, ahora le costaba bastante, muchas veces se quedaba en blanco sin poder recordar la letra de la canción o sin poder recordar la entonación correcta. Berwald al final llegó a la conclusión de que se debía al incidente de la tormenta y decidió darle un poco de tiempo libre para que pudiese recuperarse. La presentación se canceló, y si bien todos entendieron el porqué, o pudieron evitar sentirse mal por no poder escuchar a Arthur.

Otra cosa que marcaba un gran cambio en el muchacho, era su constante y nueva aversión a la superficie. Lo cual, si que preocupaba. Si antes Arthur se la pasaba planeando formas de poder escaparse a la superficie, ahora se la pasaba ideando formas de evitar acercarse a ella. Se bastaba con mirarla desde una ventana del palacio. Nada más. Pero no era solo mirarla, era añorarla, cualquiera que le mirara se podría dar cuenta de que anhelaba desesperadamente el ir a ella. Sin embargo él mismo se refrenaba y se apartaba de la ventana con cierto pesar.

En el palacio, el Rey parecía más contento de esto; parecía una señal de que Arthur estuviera comenzando a madurar y a convertirse en un adulto. La reina en cambio parecía un poco preocupada por le súbito cambio, y podía notar que su hijo sufría por algo, aun cuando este decía no sufrir por nada en particular. A excepción de Scott, ninguno de sus hermanos notó cambio alguno. El pelirrojo si bien se alivió de saber que Arthur no intentaría nada riesgosos de nuevo, no podía evitar preocuparse por el repentino cambio y tampoco podía dejar de preguntarse ¿Qué era lo que había causado aquel cambio en él? ¿Qué había ocurrido cuando Arthur rescataba al humano?

Un día alcanzó a escuchar a su madre hablando con Arthur.

"M-madre –titubeó Arthur- bueno...quería saber ¿Cuán distintos somos...de los humanos?"

"¿Eh? Bueno, realmente no sabría decírtelo exactamente. Es cierto que existe la posibilidad de que descendamos de un ancestro común, que seamos parientes muy lejanos, pero la verdad es que somos muy diferentes. Por ejemplo hasta donde tengo entendido, nosotros podemos vivir más que ellos, ellos mueren casi llegando a los 100 años, mientras nosotros podemos vivir más. Pero cuando nosotros morimos nos convertimos en espuma de mar y no queda nada más. En el caso de los humanos si queda algo y es su alma, su esencia"

"¿Alma?"

"Así es, ellos poseen un alma inmortal que se mantiene viva aun después de la muerte"

"¿Por qué ellos si tienen una y nosotros no?"

"Es un misterio...no se sabe a ciencia cierta. Pero dime ¿Por qué te interesa tanto?" –preguntó con curiosidad.

"Eh no...solo preguntaba...es solo que pareciera que somos parecidos...en costumbres y eso...pero al final...si somos muy diferentes..." –dijo con los hombros caídos. Y fue en ese momento en que tanto la reina y Scott, que había escuchado todo a escondidas, tuvieron un presentimiento de lo que ocurría con Arthur. Pero lo descartaron...por lo descabellado que era.

Solamente dos personas sabían qué era lo que le había ocurrido a la sirena, y esas personas eran sus mejores amigos. Den y Kiku.

Arthur les había contado todo lo ocurrido con el más mínimo detalle y también les confió de los sentimientos que despertaron en aquella ocasión, y que no lo dejaban en paz, en ningún momento. La reacción de Den, fue de completa perplejidad mientras que de Kiku fue casi de horror.

"Y-yo se que...se que no se puede...que es algo imposible...pero... "

"Arthur..."

"Tiene que olvidarlo –dijo duramente Kiku- sabe perfectamente que un humano y una sirena no pueden estar juntos. No por nada nos hemos mantenido separados por miles de años. Es imposible que un humano ame a una sirena y viceversa...y aunque llegase a pasar; somos diferentes, diferentes 'especies' –no supo si es que esa era la palabra exacta- por más que le príncipe llegue a quererle...no podrán estar juntos"

"¡Lo se! ¡Maldita sea, lo se muy bien! ¡Pero...! no puedo olvidarle ¡No puedo! ¡Todas las noches sueño con él! ...¡Y la maldita canción! ¡La maldita canción se repite una y otra vez en mi cabeza! ¡No me deja en paz!" –dijo tomando su cabeza con ambas manos.

"A-Arthur...es cuestión de tiempo –se animó a decir Den- verás que con el paso del tiempo se irá pasando y lo olvidarás...solo ten paciencia...y no te desanimes por favor"

"Debe seguir adelante y superar esto Arthur-san...es por su propio bien"

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"Tara-rara-tararara-tarara-tarararara... –Alfred se encontraba en el patio trasero de palacio, apoyado sobre la baranda del balcón, mirando fijamente el mar cuyas olas lamían placidamente la dorada arena. Tarareaba vagamente una melodía. Una melodía que no podía sacar de su cabeza por nada, una suave y dulce melodía cuya letra no podía descifrar en su cabeza, solo la última parte- ...will love...you" –finalizó, y enseguida volvió a tararearla sin cansancio.

"Completamente perdido mon dieu!" –dijo Francis. El junto al hermano de Alfred y Feliks tomaban una taza de té en el mismo patio. El mayor miraba sorprendido al muchacho que no se cansaba de tatarear y mirar al mar.

"Como que tipo, me está asustando, parece otra persona tipo" –admitió Feliks.

"Jamás creí que vería a Alfred así...esta simplemente perdido, en otro mundo ¡En las nubes!"

"Ya ha pasado casi dos semanas desde el incidente y no ha cambiado en absoluto, a mí también me preocupa" -confesó Matthew.

"¿Y qué con la obsesión por el mar? Quiero decir ya se que a él le encanta el mar, pero ahora...es diferente..."

"Ah eso es porque tipo, Alfred parece que conoció a una sirena" -dijo sonriente Feliks.

"¿Qué?"

"Lo que pasa –explicó Matthew cansinamente- es que Alfred dice haber sido rescatado por alguien que tenía una voz extremadamente hermosa"

"O sea una sirena" -aclaró el otro.

"Ou~ eso explica porque ha estado yendo a teatros y lugares parecidos...está buscándola" –dijo Francis.

"Así es...pero...bueno no sabemos si es que esa persona es real o fue una ilusión o un sueño...estaba inconsciente después de todo..."

"No fue una ilusión, ni un sueño, fue real..." –dijo Alfred que había alcanzado a escuchar a su hermano.

"Y dime Alfred ¿Cómo es que estás tan seguro?" –preguntó Francis.

"¡Lo se! Se que fue real, se que estaba a mi lado cuando estaba débil y que me cuidó...lo sentí... –dijo colocado su mano sobre su mejilla- y no me cansaré de buscarle...definitivamente le encontraré"

"Y... ¿Qué pasará cando le encuentres?" –preguntó Francis que parecía interesado en la intensidad de los sentimientos del príncipe.

"Yo...yo...me casaré con ella" -dijo resueltamente y luego mirando seriamente a los tres que le miraban perplejos.

"Mon dieu...habla en serio -murmuró Francis- lo dice muy en serio..."

"A-Alfred...pero..."

"No me importa lo que nuestros padres digan...me casaré con ella"

"Debo tomarte la palabra ¿Alfred?" -dijo la reina entrando al patio, seguida del rey.

"¡M-mamá!"

"Su majestad..."

La reina caminó hacia su hijo que no pareció alterado de ninguna forma por su aparición, el rey se apoyó contra la pared mirando a Alfred con una media sonrisa.

"¿Y bien?" -le preguntó ella con una leve sonrisa.

"Lo digo muy en serio mamá...así que creo que sería mejor que dejes de invitar a otras muchachas" -dijo en un reproche. Desde el incidente, varias hijas de familias importantes habían frecuentado el palacio para preguntar por el príncipe, todas siendo bien recibidas por la reina, pero no muy bien por el príncipe.

"Sabes que yo quiero tu felicidad, por encima de cualquier cosa...y yo también estoy agradecida con esta persona, quien quiera que fuera...pero casarse con alguien que casi ni conoces...por solo su voz...puede ser arriesgado Alfred ¿Qué pasará si esa persona que no resulta como lo esperabas? ¿Si después de conocerla te das cuenta de que no es para ti?"

Alfred se quedó callado unos instantes.

"No será así...estoy seguro...lo siento, se que ella me pertenece...y yo a ella"

"Entonces ¿Estarías dispuesto a jurarlo frente al altar de Nerea?" -preguntó el rey mirando fijamente a su hijo. Jurar algo frente al altar de la Diosa Nerea significaba jurarlo al reino entero, y nadie, menos un príncipe, podía fallar en un juramento a un dios y a su reino.

Matthew estuvo apunto de decir algo, pero Francis le detuvo y negó con la cabeza. Esa era decisión de Alfred. La reina esperó pacientemente a que Alfred respondiera.

"Lo juro...por el reino, por Nerea" -dijo con completa decisión.

"Que así sea entonces" -dijo el rey.

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Please don't embrace my longing

secretly in your arms.

Because I'm fine the way I am...

Arthur se encontraba apoyado en una ventana mirando hacia la superficie y cantando. Su plan de olvidarlo todo no funcionaba como quisiera, y en vez de borrar aquella canción de su cabeza le estaba aumentando estrofas...todas dirigidas al príncipe...

"Necesito olvidarlo... -se repitió así mismo, pero aquellas palabras estaban vacías no portaban significado alguno, olvidarlo no sería fácil, no era la solución a su situación- no...lo que necesito es...es...un milagro..."

Y entonces supo qué era lo que podía hacer, a quien podría recurrir en busca de una solución. Sabía que se estaba metiendo en un lugar desconocido...pero parecía ser su única oportunidad de estar con el príncipe...

"El Hechicero de Hielo..." -murmuró Arthur con una sonrisa ansiosa...

El si podría hacer un milagro y darle lo que quería...

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Continuará...

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·

(1): Agalo, es una de las tres cariátides,c que formaban la corte de Afrodita. Eran divinidades cuya presencia extendía la alegría en los mortales. Cuando pensé en ponerle un nombre el reino de Francis, pues inmediatamente pensé en Afrodita de entre todos los dioses griegos y busqué algo que estuviera relacionado a ella y justo encontré este nombre que me gustó xD

Notas de la desaparecida autora.

¡VOLVÍ!

:'D no saben la alegría que es para mi volver a publicar ALGO!

Primero que nada debo disculparme por el tiempo en que me desaparecí, lo siento mucho. No estaba en mis planes todo lo que ocurrió el año pasado los últimos meses, entre que andaba con los cursos pre-universitarios y los últimos momentos en mi colegio, entre que tuvimos un pérdida en mi promoción, entre que reprobé los cursos pre-universitarios, entre que estaba la cena de graduación y la graduación entre que tuve que rajarme estudiando para el examen de dispensación de la universidad; el de ingeniería junto con medicina son los mas difíciles y horrendos, entre que en mi casa abrimos una tienda de barrio para tener algunos ingresos más y tengo que cubrir mis turnos, entre que andaba deprimida por reprobar, y entre muchas otras cosas no pude sentarme decentemente a escribir. y la anterior semana fueron los exámenes y...APROBÉ! Ahora soy universitaria o3o~ y como ya el fin de semana estaba por fin libre pues me puse a escribir.

¡Voy a resurgir de las cenizas!

A las personas que me escribieron pidiéndome que vuelva con mis locos fics, gracias. En serio, GRACIAS. Me hicieron darme cuenta de que raro o no raro, a algunas perdonas les gusta lo que escribo y no lo dejaré (estaba pensando en hacerlo lo admito). Voy a seguir pero ahora tengo que preocuparme por la u, pero aun así voy a seguir, lo prometo.

Bueno dejando de lado mi vida. ¡Al fic!

La canción que canta Arthur es de Maaya Sakamoto 'Aoi Hitomi' (Blue eyes). Simplemente pensé que era perfecta para esta pareja y la usé aquí.

Por fin se encuentran~! No se si es que el encuentro entre ellos fue lo suficientemente romántico, como dije estuve algo deprimida últimamente y creo que mi imaginación romántica anda algo floja. Traté de hacerlo lo más emotivo y romántico que pude, sino lo logré, mis disculpas.

Aparece el Franada~ la verdad es que recién iban a conocerse, pero no se porqué se me ocurrió hacer que que ya se conocieran y que incluso ya tuvieran una relación algo complicada xD Pero bueno~

Nuestro hechicero pronto aparecerá y también un nuevo romance~ y también un segundo encuentro~

Espero que les haya gustado esta continuación, y les prometo que continuaré los otros fics~ Creo que el más pedido es Our Bloody and Deadly Love, así que apuntaré a ese para publicarlo pronto.

Gracias a las personas que me dejaron comentarios en el anterior cap, en serio gracias~

Bueno me despido, prometiendo publicar otra cosa pronto~

Se cuidan.

Ray Kirkland.