Título: Deep Sea Jewel

Pareja: JoKer [AlfredxArthur] + Franada [FrancisxMatthew] + DenNor [DenxNor]

Inspiración: Me basé en el cuento original de la 'Sirenita' de Hans Christian Andersen. Contribuyó igualmente la canción de Megurine Luka 'Little Mermaid'

Disclaimer: AP Hetalia no me pertenece, pero nada cuesta soñar ¿No?

By Ray Kirkland


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~Deep Sea Jewel~

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'El valor de un sentimiento se mide por la cantidad de sacrificio que estás preparado a hacer por él'

-John Galsworthy-

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Capítulo 4

Adivinanzas

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Trataba de recuperar el aliento, había corrido la maratón de su vida y a demás cargando en brazos a una persona. Sus pobres pulmones demandaban aire y sus piernas le dolían. Se apoyó contra la pared observando fijamente la puerta del consultorio del médico, donde había dejado a Arthur, cuya identidad desconocía aún. Una asistente se le acercó tímidamente, se trataba del príncipe después de todo, y le ofreció un vaso de agua.

"G-gracias..." –jadeó Alfred.

"No hay de que príncipe...eh, si no le molesta... ¿Quién es la persona que trajo?"

"Ah...pues no tengo la menor idea –respondió rascándose la cabeza y tomando un largo trago de agua- estaba en la playa cuando lo encontré...y no pude dejarlo"

"¿Habrá naufragado su barco?"

"Es posible...de ser así con más razón quiero ayudarle" –dijo con determinación.

"Ah es cierto, usted también naufragó hace no mucho" –recordó la mujer.

"Si, y hubo alguien que me ayudó –sonrió al pensar en aquella persona desconocida- así que quiero poder ayudarle también" –dijo optimistamente.

"Es usted muy amable príncipe –dijo enternecida al ver la amabilidad de Alfred y la forma en que se refería de su salvadora o salvador, entonces algo le pareció curioso- que suerte que haya estado por ahí y los encontrase"

"Si bueno...la verdad es que escuché... –sacudió al cabeza- no nada...si fue una gran suerte"

Mientras en el consultorio, Arthur estaba recostado en una camilla y un hombre de cabellos castaños y ojos violetas le examinaba, tratando de encontrar la causa del desmayo que había sufrido, pero no encontraba nada malo a simple vista, ningún golpe, o contusión, ninguna anomalía.

"Quizás fue una fuerte exposición al sol, no puede haber otra explicación...es extraño... Si es que él naufrago entonces debería presentar alguna lesión o algo, pero no tiene nada...es como lo que le pasó al príncipe Alfred..." –se ajustó sus gafas y prefirió guardarse sus pensamientos y llamar a Alfred.

"Roderich ¿Y bien? ¿Qué tiene?" –preguntó el príncipe ni bien entrando al consultorio y acercándose a la camilla.

"No he encontrado ninguna lesión de ningún tipo, así que solo podemos asumir que se debió a cansancio extremo, desnutrición o sobre exposición al sol...nada que un buen reposo no pueda curar"

"Ah que alivio..." –suspiró Alfred.

"Príncipe ¿Va a llevarlo a su castillo y lo dejará aquí en la clínica?"

"Creo que lo llevaré al castillo, me gustaría saber más de él haha siento curiosidad" –rió algo apenado..

"Entiendo –dijo Roderich con una sonrisa- le recetaré unas vitaminas y en dos días iré a ver como está"

"De acuerdo" –Alfred miró a Arthur acariciando distraídamente su mejilla y la idea de llevarlo a casa le provocó una sonrisa.

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¿En algún momento acabarían? ¿En algún momento dejarían de acuchillar sus pies y sus piernas? ¿En algún momento dejaría todo de ser rojo y negro? ¿En algún momento las palabras de Alfred dejarían de atormentarlo?

Te confundí con alguien más...

¿Cómo es que lo había olvidado? Su voz era el único recuerdo que Alfred podría tener de él...y la había perdido...

En algún momento, el dolor fue disminuyendo y fue más fácil de soportar, poco a poco sus sentidos fueron volviendo y recuperó la conciencia. Entreabrió los ojos y vio el techo de una habitación, parpadeó confundido y miró a su alrededor. Se encontraba en la cama de una amplia habitación de paredes de tonalidad rosa suave, muebles blancos, y en las superficies de ellos habían conchas de mar, de todos los tamaños y las formas. Miró asombrado aquella colección y estuvo apunto de coger un caracol bastante peculiar del velador, cuando la puerta se abrió de golpe.

"¡AH! ¡Ya despertaste! –exclamó Feliks al entrar, siendo reconocido inmediatamente por Arthur. El rubio corrió y saltó encima de la cama para acercarse a Arthur y mirarlo de cerca, éste se puso nervioso al tenerlo tan cerca suyo- tipo, como que tienes unos ojos súper lindos" –sonrió mirándole fijamente.

"¿EH?... ¿Q-ué hace él aquí...? ¿dónde estoy?"

"Feliks, preséntate como se debe. Le vas a asustar" –dijo Toris entrando a la habitación.

"E-él también"

"Oh es cierto, o sea disculpa, mi nombre es Feliks Lukasiewick...en serio que tienes una lindos ojos"

"Hehehe disculpa –dijo Toris algo apenado- es que está emocionado porque hace mucho que no tenemos un invitado –explicó- soy Toris Lorinaitis, Feliks y yo somos sirvientes del palacio"

"¿P-palacio?"

"Alfred te encontró en la playa ¿Recuerdas? Tipo, que suerte tuviste" –dijo Feliks.

Entonces Arthur pudo corroborar sus sospechas, sintió un nudo en el estómago y una sensación extraña por todo su cuerpo. Alfred lo había traído a su palacio y pronto podría verlo...pronto lo vería...

"Lo llevó con un médico, que diagnosticó que no tenía nada grave y luego lo trajo aquí –explicó Toris- nosotros nos haremos cargo de usted, de que descanse bien y que se alimente bien. Por favor, no dude en avisarnos si necesita algo" –le dijo servicialmente.

Arthur se sintió avergonzado y sacudió la cabeza, abrió los labios para darles las gracias, pero nada salió de su boca.

Feliks se acercó y colocó un dedo sobre la garganta de Arthur.

"Debe ser duro ¿no?... el no poder hablar" –murmuró entristecido.

Arthur solo sonrió amargamente.

"¡Pero no te preocupes! –dijo Feliks sonriente- puedes transmitir todo lo que quieras con solo una mirada , tipo no es necesario hablar. Después de todo los ojos son las...las... ¿Que?"

"Las ventanas del alma" –rió Toris.

"¡Eso! O sea no te pongas triste, que con esos ojos tan lindos que tienes puedes transmitir lo que quieras" –le animó.

Arthur sonrió.

"¡Muy bien! ¡Ahora ven para tomar un baño! –Feliks lo jaló de la cama y lo llevó hacia una gran puerta- un baño te caerá muy bien y vas a quedar DI-VI-NO" –canturreó.

"Iré a por un cambio de ropa –dijo Toris- te dejo el resto a ti"

"EH..." –Arthur no supo que esperar de todo aquello.

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Tino se encontraba en el salón del trono junto con Den y Kiku, que acababan de llegar y le contaban todo lo ocurrido. Scott había ido con un grupo de soldados a arrestar al Hechicero de Hielo y pronto llegaría.

Tino estaba más que preocupado.

"Pero ahora... ¿Cómo piensas informarle de esto a los reyes?"

"La verdad es que...no habíamos pensado en eso" –rió nerviosamente Den.

"Estoy de acuerdo con que si es el que realmente quiere Arthur, está en su libre derecho de intentarlo, a demás de que tiene posibilidades de lograrlo. Pero su majestad siente una gran aversión por los humanos –recordó- si llegara a enterarse tan solo de que su hijo está enamorado de uno...y que se ha convertido en uno para estar a su lado"

Los tres sintieron un escalofrío recorrerles la espalda. Quizás no lo habían presenciado, pero era bien sabido que cuando el Rey de los Mares se molestaba era capaz de provocar tifones, maremotos, tsunamis, tormentas colosales...toda clase de catástrofes. Hundir y arrasar un reino como Nerea no sería difícil para el Rey.

"El Rey...sabe usar magia ¿Verdad? –dijo Tino- el podría traer a Arthur y devolverle la cola...obligarlo a volver al mar. Después de todo no es completamente humano"

"¡Oh no! –exclamó Den- ¡T-tienes razón!"

"Tendrá que lograrlo antes de que vuelva entonces ¿Cuándo regresa el Rey?" –preguntó Kiku.

"En una semana..." –respondió Tino.

"..."

"¿Lo logrará?"

"Por otro lado –dijo Tino- no sabemos si aun cuando ya sea humano el Rey no podrá devolverlo al mar"

"No podrá" –le respondió una voz.

En ese momento entraron al salón Scott escoltado de unos soldados que traían al Hechicero de Hielo encadenado. Éste último mantenía su expresión neutral, como si no le importase estar bajo arresto, lo cual solo conseguía molestar más a Scott.

"¿Arrestaste al Hechicero de hielo?" –preguntó Tino algo asustado.

"Claro que si, no se iba a salir con las suyas así nada más. Si quiere liberarse, tendrá que cooperar para que Arthur lo logre" –refunfuñó Scott.

"Un hechicero no puede interferir en el transcurso de los eventos, sino perderá sus poderes" –explicó con voz monocorde.

"Tsk..."

"¿Dijo que no podrá devolverlo al mar?" –le preguntó Kiku.

"Se trata de un contrato con los mismos espíritus del mar, ni el mismo Rey podría revertir eso"

"que alivio" –suspiraron los tres.

"Oye tú –le dijo Scott todavía irritado- dijiste que esa cosa podría comunicarnos con mi hermano. Si te molesta quisiera saber cómo esta"

Nor asintió y nadó hacia Den.

"¡H-hola!" –le saludó éste con una sonrisa.

Nor asintió a modo de saludo y extendió la palma de su mano.

"¿eh?"

"La piedra" –le pidió.

Den tardó unos segundos en entender y rápidamente sacó la piedrecilla entregándosela a Nor. Por un breve instante sus manos se tocaron y Den sintió su temperatura corporal. Frío, muy frío. ¿Cómo lo soportaba? ¿Es que no se estaba congelando? Den miró algo confundido a Nor y sintió algo de preocupación por él.

Nor por su parte ignoró esto y cogió la piedra.

"Arthur..." –le llamó.

La piedra comenzó a flotar sola ya desprender un ligero brillo. Todos esperaron.

"..iré a ver la ropa que trajo Liet...a ver que te queda mejor" –escucharon una voz desconocida y todos se acercaron para escuchar.

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Feliks dejó a Arthur dentro de la enorme bañera que tenía forma de ostra marina. Éste asintió y se sentó en la bañera relajándose, y observando a su alrededor. El cuarto de baño era una habitación amplia con grandes ventanales, paredes blancas y baldosas azules con blancas.

Arthur se sumergió lo más que pudo e el agua tibia y olorosa. Hace ya unos minutos que Feliks había acabado de asearlo, había lavado s cabello utilizando lociones y otras sustancias más. Luego para acabar había rociado al de ojos verdes con una gran cantidad de aceites aromáicos, lociones, cremas y un montón de productos cuyos nombres no recordaba. Como resultado Arthur olía a flores y en el agua la espuma de todas aquellas pociones se acumulaba en la superficie. Arthur la observó y comenzó a jugar con ella.

Hasta que recordó que se convertiría en espuma de mar si fallaba...

Se tensó, y recordó su encuentro con el príncipe... ¿Qué podría hacer ahora? ¿Cómo podría hacer que le recordase? Suspiró algo entristecido.

"...r...r..." –escuchó algo extraño.

"¿Qué?"

"...r...t...a...i..." –parecía como una voz bajo el agua. Algo confundido comenzó a apartar la espuma de la superficie y se percató de que la piedra de su pulsera brillaba. Sacó su mano del agua y la observó detenidamente expectante.

"Arthur" –escuchó la voz de su hermano viniendo de aquella piedra débil pero clara.

"Scott" –pensó alegre, luego escuchó a los demás saludándole.

"Arthur ¿Cómo va todo? –preguntó Scott- para empezar ¿dónde diablos estás?"

El de ojos verdes hizo una mueca. ¿Ahora como se los diría?

"Si quieres decirnos algo, coloca la piedra en tu frente" –le indicó Nor como si hubiese leído su mente. Arthur así lo hizo y los demás pudieron escuchar claramente sus pensamientos.

"En el palacio real"

"Aah... ¡AH! ¡Eso significa que!" –exclamó Den.

"¿Podría ser que esté en el palacio del príncipe?" –preguntó Kiku esperanzado.

"Así es..." –respondió Arthur secamente.

"¡Que bueno! –dijo Tino- ¿Ya te has encontrado con él?"

"Si..." –respondió monocorde.

Los demás se dieron cuenta de que algo no andaba bien, esa no era la reacción que había esperado. Algo no estaba bien...

"Arthur... ¿Paso algo?" –preguntó Scott.

Tahúr suspiró y decidió contarles.

"Bueno...cuando nos encontramos, por un momento pareció recordarme...pero cuando se dio cuenta de que soy mudo se retractó...porque...porque el solo recordaba mi voz...así que..." –dejó la oración inconclusa, había dicho lo verdaderamente necesario.

Los demás comprendieron al instante cual era el problema. Scott sintió una gran frustración y comenzó a soltar insultos e improperios contra todo y todos, se alejó nadando en círculos. Den por su parte abrió la boca de la sorpresa y se convirtió en na estatua, muy sorprendido. Tino y Kiku se miraron con preocupación, el silencio de Arthur les indicaba que estaba triste, que estaba sufriendo.

"Arthur-san –le llamó Kiku e intentó alentarlo, algo en lo que no era muy bueno- ¡N-no se preocupe! ¡De seguro se dará cuenta de que es usted!"

"Tiene razón Arthur –dijo Tino- a demás, el que te haya llevado a su palacio, significa que se preocupa por ti. Ahora tendrás más oportunidades de verlo, no pierdas las esperanzas"

Den despertó de su estado de estupor y se apresuró a animarlo también.

"¡Animo Arthur! U-usa tus encantos" –dijo.

Arthur se sonrojó.

"¿D-d qué encantos hablas? Idiota!" –dijo avergonzado. Pero se dio cuenta de que ellos tenían razón, no podía rendirse tan fácilmente.

"Ah, Arthur algo que tienes que saber, es que en una semana..." –le iba a decir Tino.

Pero en ese momento la puerta del baño de abrió de par en par, y del susto Arthur metió la mano dentro del agua para ocultar la piedra. Feliks se acercó sonriente y le dejó unas toallas en el borde de la bañera.

"Sécate bien y ven al cuarto. Hemos encontrado un atuendo que te quedara de maravilla" –le dijo emocionado.

Arthur le observó salir de nuevo cerrando las puertas, y luego observó las toallas. No le apetecía dejar el agua tan relajante, pero si quería poner sus planes en marcha tenía que encontrarse ya con el príncipe. Salió del agua y se cubrió el cuerpo con las toallas y comenzó a secarse.

En el cuarto de baño, había un espejo de cuerpo entero, al acercarse a él Arthur observó su cuerpo desnudo y miró sus piernas, largas y perfectas, sintió alegría al verlas y también pánico, se sentía algo extraño.

Las observó desde todos los ángulos que pudo, sonriendo. Hasta que Feliks tocó la puerta impaciente y Arthur tuvo que acudir al cuarto de inmediato. Feliks le tomó del brazo y le condujo hasta el pié de la cama, donde encima de ésta se encontraba extendida su ropa.

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En el comedor real se encontraban todos reunidos, esperando a que se les uniera para comer el 'invitado especial' de Alfred. La Reina estaba contenta de que su hijo hubiera hecho algo tan amable y caballeroso, algo digno de un rey. El Rey por su parte mostró algo de interés por saber 'como' lo había conocido.

"Simplemente fui a ese lugar y lo encontré –explicaba con sencillez Alfred- me pareció que necesitaba ayuda y cuando iba a ofrecérsela se desmayó. Y no dude en llevarlo donde el médico"

"Oui, oui –dijo Francis con una sonrisa- si que se esforzó, salió corriendo sin dedicarnos ni una mirada. Bastante admirable"

"¡Soy un hero! ¡No podía perder tiempo!" –dijo con orgullo Alfred.

"Menos mal, él no tiene nada grave" dijo Matthew.

"Cuando los muchachos llegaron y nos contaron que Alfred había encontrado a alguien misterioso en la playa, creíamos que habías encontrado a tu salvador y ya te lo llevabas al alta en brazos" –rió el Rey.

Alfred se puso de pié, con el rostro rojo como un tomate.

"¡¿QUÉ?! ¡D-DAD! –reclamó avergonzado- ¡No haría algo tan precipitado!... A demás no es él" –murmuró algo decaído.

"¿Y cómo sabes eso?" –preguntó la Reina.

"No puede hablar...no podría haber sido él..."

"Entonces, aclárame algo –le pidió Francis- antes de que fueras a su encuentro dijiste que habías escuchado una voz... ¿Verdad?"

Alfred guardó silencio antes de contestar.

"Si...buen eso me pareció, habrá sido mi imaginación" –dijo rascándose la cabeza.

El Rey lo observó fijamente y luego miró hacia el mar, a través de las amplias ventanas.

"Disculpen la larga espera –dijo Toris al entrar al comedor- Feliks ya viene con él...se ha entretenido...atendiéndole" –explicó algo apenado.

"Que se esperaba e Feliks" –rió la Reina.

"Todos se pusieron de pie, y se acercaron a la puerta con curiosidad esperando por fin conocer a Arthur. Escucharon pasos acercándose y la puerta se abrió, Feliks entró con una sonrisa, se dio la vuelta murmurando algo, y luego entró resueltamente al salón.

Detrás de él alguien más entró, pero por la sombra no pudieron verle del todo bien, solo alcanzaron a ver su silueta entrando y avanzando lentamente hacia ellos.

Arthur dio unos pasos dentro del salón distraídamente, observando a su alrededor, hasta que finalmente salió de las sombras. Feliks había escogido un atuendo sencillo pero a la vez elegante: una camisa blanca con un chaleco de seda azul encima, a juego unos pantalones negros. Su cabello estaba todavía un poco húmedo por el reciente baño y algo despeinado, dándole un toque rebelde a su apariencia. Alfred parpadeó algo sorprendido al ver el cambio en él, se sintió aliviado al verlo ya en tan buenas condiciones y no pudo evitar encontrarlo adorable.

Arthur continuó avanzando y observando la decoración de aquella sala. Si bien los salones de su palacio bajo el mar eran hermosos, éste no se quedaba atrás; los cristales, los candelabros que colgaban, las baldosas, las cortinas de terciopelo, las pinturas en el techo, los cuadros en las paredes, todo tenía una riqueza e detalles y colores nueva para él. Siguió caminando hasta que se detuvo en seco al encontrarse con el resto.

"Ah..."

A quienes primero observó fueron los reyes que le sonrieron dándole la bienvenida, Arthur se sorprendió al encontrarlos jóvenes, hermosos y elegantes. Rápidamente detectó el parentesco de ellos con sus hijos, ambos habían heredado el cabello rubio de su madre, Matthew había sacado los ojos de su madre violetas como la amatista, y Alfred los de su padre, azules como el cielo sin nubes.

Les sonrió con aprecio e hizo una reverencia con sumo respeto. Después de todo, humano o sirena, le habían enseñado cómo comportarse frente a alguien de importancia. Ambos reyes le respondieron el saludo y miraron con cierto asombro aquellos modales tan refinados, como alguien de la realeza misma. El Rey miró fijamente a Arthur, notando algo en él que le llamó la atención.

"Oh mon dieu! –exclamó Francis acercándose a Arthur- No se tú Alfred, pero si no lo quieres, lo quiero yo –canturreó, Arthur alzó una ceja sin entender- es un placer conocerte preciosidad –le dijo tomando su mano, Arthur sintió un escalofrío recorrerle la espalda al ser llamado de esa forma- mi nombre es Francis Bonnefoy, soy el príncipe de Agalo" –dicho esto besó el dorso de su mano provocando que Arthur se sobresaltara.

Si por un instante había sentido algo de respeto por ese hombre y por su descendencia, ahora solo podía sentir molestia y algo de asco.

"¡O-oye...!" –iba a reclamar Alfred particularmente molesto por aquel beso.

I-Idiota!" –Arthur recuperó su mano rápidamente e hizo ademán de querer limpiársela, como si tuviera gérmenes o algo parecido. Francis se quedó en blanco con aquella reacción, sin poderse creer que su estrategia de conquista no haya funcionado.

Alfred rompió a reír, y Matthew suspiró algo molesto, a veces le llegaba a molestar de veras que Francis fuera todo un galán queriéndose conquistar a todos.

Arthur se apartó de Francis mirándole con el ceño fruncido y los dos hermanos se acercaron para presentarse.

"Mucho gusto, mi nombre es Matthew, por favor siéntese como en casa" –le ofreció Matthew con una sonrisa y un apretón de manos. Arthur le sonrió de vuelta y asintió algo apenado.

Y llegó el momento que tanto había esperado y temido desde que despertó. Alfred se le acercó con una sonrisa y paso suelto.

"¡Pero si te ves mejor! –exclamó colocando sus manos sobre sus hombros- Me alegra mucho –le sonrió, aquella sonrisa logró sacarle una sonrisa, no podía creerse que estuviera tan cerca de él- por cierto mi nombre es Alfred, no pude presentarme antes" –dijo tomándole de la mano.

Arthur estrechó su mano cuanto se permitió, y le devolvió una sonrisa de oreja a oreja.

Encantador. Fue lo que pensó Alfred.

"¡Bueno entonces será mejor que comamos de una vez!"

Alfred, como buen anfitrión, guió a Arthur hasta su asiento que estaba junto al suyo y le ayudó a sentarse. Después se sentó en su correspondiente lugar y por alguna razón no pudo evitar quitar los ojos de Arthur. Quería saber más de él.

Pero Alfred no era el único que tenía casi toda su atención en el nuevo invitado, e Rey no podía evitar encontrar en él algo interesante. Le recordaba a alguien...

"¿Qué tenemos para comer hoy?" –preguntó la Reina.

"Ah le va a encantar –dijo Toris colocando el plato frente a Arthur, que al verlo sintió como si el alma se le cayera a los pies y el estómago se le revolvía- trucha a la plancha"

Arthur comenzó a sudar nerviosamente, no quería, ni podría atreverse a comer a uno de sus... ¿amigos? Llevaba nadando junto a peces por años y jamás se había imaginado el comérselos. Le resultaba como canibalismo. Bajo el mar, generalmente comían varios tipos de algas y plantas marinas, y algunos moluscos comestibles, pero nada más.

"¿Qué sucede cheri? –le preguntó Francis al notar su incomodidad- ¿No te gusta el pescado?" Arthur negó con la cabeza, sintiéndose algo maleducado de su parte rechazar la comida así, pero simplemente no podía comerlo.

"¿Entonces podría ofrecerle cangrejos rellenos?" –dijo Toris.

"¡C-cangrejos...R-relle...nos...!" –volvió a sentir nauseas de solo imaginárselo.

"¡Oh! –exclamó Feliks- Quizás tipo, eres...como se le dice...que solo comen verduras y frutas"

"¡Ah, vegetariano! –dijo Matthew- ¿no comes carne?"

Arthur asintió, no sabía que significaba eso, pero mientras no sea un ser vivo de ninguna clase mejor.

"Ya veo, espéreme le traeré algo" –dijo Toris y al cabo de unos minutos le trajo un caldo de verduras.

Arthur suspiró aliviado y se disculpó con una sonrisa.

Comenzaron a comer, al principio Arthur no supo como manejar los utensilios que habían, eran demasiados y, a su parecer, innecesarios ¿Por qué necesitaban tantas cosas para comer? optó por observar como comía Alfred, notando que él solo cogía un utensilio e ignoraba los demás. Observó los que tenía y cogió el que le pareció más adecuado y comenzó a comer.

Era la primera comida de humanos que probaba, y era deliciosa, no podía describirlo, era totalmente diferente a lo que comía cuando estaba en el mar. Sus ojos brillaban al probar cada bocado tratando de degustar más el sabor. Se preguntó qué clase de platillos podría haber, cómo sería su sabor.

Alfred sonrió al notar como Arthur comía con tanta emoción. Se sentía contento de verlo feliz, a demás se había hecho la promesa de darle todo lo que quisiera, sentía algo así como una responsabilidad por él.

Más tarde, cuando Arthur se paseaba por los pasillos con Francis, Matthew y Alfred, éste último menciono no saber su nombre.

"Ugh...cómo les diré a hora" –pensó algo ofuscado.

"¿Qué te parece si intentamos adivinar?" –propuso Alfred.

"Ah suena divertido" –dijo Matthew.

"Hagámoslo" –concordó Francis.

Arthur sintió, preguntándose si lograrían adivinar.

"Yo primero ¡Charles!" –dijo Alfred.

Arthur puso mala cara.

"Edgar"

Arthur negó.

"Benjamín"

"Edward"

"Mark"

"Cesar"

"Eric"

"Patric"

"Samuel"

Arthur puso mala cara ante cada nombre que quisieron ponerle. Ninguno se parecía al suyo, ni de lejos.

"Hmmm creo que así no lo lograremos" –rió Matthew.

"Cierto... ¿Qué tal primero la inicial y así luego las demás letras?" –propuso Francis.

"Buena idea –dijo Alfred- entonces... ¿R?"

Arthur negó, y así volvieron a intentarlo.

"¿E?"

"¿S?"

"¿C?"

"¿M?"

"¿T?"

"¿A?" –probó Matthew.

Arthur sonrió.

"¿A? ¿Igual que yo? ¡Genial!" –dijo Alfred.

Solo entonces Arthur se percató de aquella similitud y sonrió.

"'A' entonces...la segunda..." –continuaron adivinando hasta que Francis le dio a la 'R'. Continuaron una ronda más, y Matthew logró darle a la 'T'. Llegados a ese punto Alfred se sentía molesto por no ser capaz de adivinar ni una, pero cuando unió las letras 'A-R-T' un nombre se le vino a la mente y no dudo en intentar.

"¿Arthur?" –preguntó.

Cuando escuchó su nombre viniendo de sus labios, Arthur se sintió conmovido y asintió más que alegre.

"¡Arthur! ¡Ah lo logré! –exclamó Alfred sonriente- ¡Arthur!" –dijo despeinándole.

Arthur frunció el ceño algo molesto por eso, pero aun así no pudo evitar sonreír.

"¿cómo lo adivinaste?"

"Me acordé del cuento del Rey Arthur" –rió Alfred.

Arthur alzó una ceja ¿Un cuento? ¿Había un cuento de alguien que tenía su nombre? Le entró curiosidad y le jaló de la manga a Alfred con una mirada confundida.

"Ehh... ¿No conoces la leyenda del Rey Arthur? –Arthur negó algo decaído- ohh... ¡Entonces ven!" –dijo tomándole de la mano y jalándole.

Arthur estrechó su mano, sintiendo un hormigueo en ella y se dejó llevar. Alfred le llevó hasta la biblioteca, donde al ver tantos libros juntos Arthur sintió una tremenda emoción, quiso agarrar todos cuantos pudiera y hojearlos de inmediato, cuántas cosas sobre el mundo humano podría aprender de ellos. Alfred se acercó entonces con un libro algo gastado, y se lo enseñó, contándole la leyenda sobre el Rey Arthur, y sobre la legendaria espada Excalibur. Los dos se sentaron en el suelo hojeando el libro, contad Alfred le iba contando más, más emocionado se mostraba Arthur. La idea de que su nombre sea el de un personaje de un cuento en el mundo humano le resultaba asombrosa.

Matthew y Francis les observaron desde la puerta y prefirieron dejarlos solos, e irse por otro lado. "Arthur y Alfred parecen llevarse bien" –comentó Matthew.

"Si, tienes razón –dijo Francis- aunque espero que su relación no se profundice más"

"¿A qué te refieres?"

"Alfred hizo la promesa de casarse con quien le haya salvado, sea quien sea. Si Arthur no puede hablar, entonces no puede ser que sea él" –explicó Francis.

"Es verdad..."

"Aunque mejor para mí –dijo Francis con una sonrisa pícara- así Arthur podrá ser mío, no pienso rendirme ante su actitud, non, non..." –rió.

"Hmm..." –Matthew hizo una mueca y siguió caminando.

"Ou ¿Qué sucede?" –preguntó Francis con una sonrisa.

"Nada..." –dijo Matthew algo molesto.

"¿Puede ser quizás que estés celoso de Arthur?"

"Para nada" –mintió Matthew ocultando su rostro y apresurando más el paso.

"Como siempre cheri –dijo Francis tomándole de la mano deteniéndole- no eres bueno diciendo mentiras" –susurró antes de abrazarlo estrechamente y besar su frente.

"Ngh..." –Matthew no pudo poner resistencia, cuando se trataba de Francis no podía resistirse.

"De verdad no logro entenderte –rió por lo bajo Francis- no se qué es lo que esperas que haga para convencerte de cuanto te quiero"

"Hmm...si tan solo dejaras de ir tras cada cosa que se mueve" –gruñó Matthew algo avergonzado.

"¡Ha! Eso lo dijo Alfred ¿Verdad?" –rió Francis ante aquel insulto.

"Es la verdad"

"Ya pero...a la única persona que verdaderamente quiero a mi lado esa ti" –susurró para besar su mejilla.

Matthew cerró los ojos. ¿Cuánto tiempo llevaban con ese juego de abrazarse y besarse a escondidas? Dos años...si mas o menos dos años. Desde la tercera vista de Francis que hacían eso. Personalmente Matthew había esperado la mayoría de Edad para así poder desposarse con Francis, pero con le tiempo comenzaron a aparecer dudas. ¿Y si era eso un amor pasajero típico de los jóvenes? A demás había esperado que quizás Francis encontrara a alguien mejor en su reino, pero no, el todavía le esperaba a él. Y ya había llegado el momento de la verdad, entonces ¿Qué le detenía a ser feliz junto a ese hombre?

"Matthew" –le llamó.

"¿Hmm?" –abrió sus ojos y se asustó al encontrarse con una mirada triste por parte del otro. Por un momento creyó que le había lastimado y trató de disculparse pero Francis le calló.

"Mi madre me envió una carta –explicó, Matthew asintió algo confundido- cuando regrese a casa, debo asistir a una reunión con el Duque d'Arc...y ahí me presentaran a su hija"

No tuvo que decir más, Matthew entendió perfectamente a que se refería con eso...eso significaba que tenía hasta que Francis se fuera para decidir... y se sintió entre la espada y la pared.

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En el palacio submarino, los demás esperaban a que cayera la noche para contactarse con Arthur. Scott se sentía ansioso porque la noticia de Arthur indicaba que sería algo más complicado hacer que el príncipe se enamorase de él, ya que ahora lo estaba de 'otra' persona.

Los demás también estaban preocupados, pero tenían esperanzas de que Arthur lo lograse.

"¿No sería más fácil ir donde el príncipe y explicarle todo? –preguntó de pronto Den- quier decir, aparecer nosotros y..."

"¡No podemos revela nuestra identidad!" –se apresuró a objetar Scott.

"Pero ¿No será ya bastante raro que cuando le bese y sea humano, Arthur recupere mágicamente la voz?"

"Eh..."

"Buen punto...supongo que podríamos hacer eso como último recurso" –dijo Kiku analizando la idea.

"¡Ni de locos!" –exclamó Scott.

"Oh vamos no habrá necesidad de eso...lo lograra" –dijo Tino.

"Hmm... Oye Nor –le llamó Den que estaba sentado a su lado- ¿En serio no puedes usar tus poderes para ayudarle a Arthur?"

"No, si lo hago podría perder mis poderes y el contrato quedaría anulado"

"Eso es peor... –murmuró desanimado Den, luego observó a Nor que todavía tenía puestas las esposas- Oye Scott ¿Es necesario tenerlo esposado?"

"¡Claro que si! –reclamó Scott- ¡No vaya a querer escapar o algo así! ¡O usar sus poderes!"

"Oye Nor –dijo dirigiéndose a él- ¿Si te liberamos vas a escapar o usar tus poderes?"

El otro negó con la cabeza.

"No veo la necesidad de huir y si quisiera usar mis poderes ya lo habría hecho" –explicó con suma tranquilidad.

"¡Ves! –exclamó Den- Vamos, no seas amargado..." –le sonrió.

"Tsk –Scott le lanzó una mirada apremiante a Den, pero al final suspiró- de acuerdo ¡Pero con una condición!" –se apresuró a decir.

"¿Cuál?"

"Den, como pareces tan preocupado por él, te encargaras de vigilarlo las 24 horas del día, para asegurarnos de que no haga nada extraño" –dijo triunfal, pensando que Den se mostraría molesto ante aquel 'castigo'.

"¡Oh! ¿En serio? ¡Que bien! ¿Verdad Nor?" –le preguntó con una sonrisa, dejando a Scott estupefacto.

"No quiero" –dijo tajante Nor.

"¿EH? ¿Por qué? –Den se le acercó y los cogió de los brazos, notando de nuevo su baja temperatura corporal- oye... ¿no tienes frío?" –dijo acariciando sus brazos para brindarle algo de calor.

Nor sintió aquella caricia reconfortante y se dejó acariciar sin decir nada, se sentía bien después de todo. Den sonrió satisfecho y siguió acariciándole los brazos, pasando así a los hombros y al cuello. Llegado cierto momento Nor se acurrucó en el regazo de Den dejando que le diera esos masajes. Den no podía estar más satisfecho y sonrió triunfante.

"E-eh..." –Kiku no podía evitar encontrar aquello algo extraño.

Tino por su parte solo sonrió algo apenado.

"Tsk...pero que diablos..." –Scott tuvo un ligero tic en el ojo al ver aquello.

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Arthur entró junto a Alfred a la sala, encontrando ahí a Feliks y la Reina, que le enseñaba a bordar. La Reina tenía un pequeño bastidor con una tela blanca y bordaba una elegante rosa roja, Feliks por su lado tenía un pedazo de tela rosa y bordaba algo parecido a amapolas.

"¿Qué hacen mamá?" –preguntó Alfred acercándose junto a Arthur que abrazaba un par de libros que Alfred le había dejado llevarse.

"Bordamos cariño...le estoy enseñando a Feliks a hacer amapolas"

"Me están saliendo divinas, tipo, o sea esto es tan divertido"

Arthur recordó haber visto en aquella ocasión a unas mujeres haciendo lo mismo y se acercó con curiosidad.

"Ah...a esto se le llama 'bordar'"

La Reina notó su mirada curiosa y le ofreció un bastidor vacío.

"¿Quieres intentar? Puedo enseñarte" –le ofreció con una sonrisa.

Los ojos de Arthur brillaron y se sentó junto a ella en el sofá dispuesto a aprender aquello. Quería prender de todo, todas las pequeñas costumbres de los humanos, por más minúsculas que sean. La soberana le enseñó con suma paciencia, le enseñó los diferentes puntos, a como cambiar el hilo y luego le dejó para que hiciera su propio diseño. Alfred se sentó algo aburrido, y se entretuvo observando fijamente a Arthur que bordaba con suma concentración, pendiente de cada puntada y entrelazando los patrones con exactitud. Tan concentrado estaba que no advirtió los ojos de Alfred encima de él.

Hasta que finalmente acabó y sonrió satisfecho, le mostró a la Reina lo que había hecho, dejándola pasmada. Arthur había bordado con hilo rosa y lavanda pequeñas florcillas de 5 pétalos, sus centros eran pequeños pero perfectos círculos amarillos, y con hilo verde había hecho sus ramas y sus pequeñas hojas. El diseño parecía tan delicado y complicado que daba la impresión de estar hecho por alguien con mucha habilidad, como si llevara años practicando.

"Tipo, como que tienes unas manos habilidosas" –le elogió Feliks mirando las florcillas.

"En realidad eres bastante habilidoso –dijo la Reina sorprendida- te ha quedado precioso..." –no supo cómo llamarle.

"Arthur...se llama Arthur" –dijo Alfred sonriente.

"Ah Arthur...como el Rey Arthur" –rió la Reina.

Arthur asintió y luego miró a Alfred, la forma en que había dicho su nombre, se sintió tan especial, que hizo que se sonrojara levemente. Alfred observó aquel sonrojo y cómo retomaba su labor algo atolondradamente, y rió divertido.

Se quedaron unos instantes más y luego fueron a dormir. Les esperaba un largo día a continuación, especialmente a Arthur, tenía que poner en marcha su plan de enamorar a Alfred, de una u otra forma. Alfred se ofreció para llevarlo a su habitación, lo cual sacó una sonrisa a Arthur que le siguió hasta su habitación.

"Dime Arthur ¿Te divertiste hoy? –el preguntó Alfred, siendo respondido con una sonrisa y un asentimiento- ah me alegra, quiero que disfrutes de tu estadía aquí" –dijo con completa sinceridad.

Arthur se detuvo en el pasillo mirándole fijamente.

"¿Por qué?..."

Alfred logró adivinar qué es lo que trataba de decir con solo su mirada.

"Hmmm verás es que hace no mucho a mí también me salvaron, y no lo sé…me siento algo identificado contigo…por eso quiero ayudarte en todo lo que pueda" –le volvió a despeinar.

Arthur gruñó y apartó su mano algo molesto.

"Haha perdón, perdón…es que me gusta hacerlo" –rió y luego siguió caminando.

Arthur caminó a su lado algo rezagado pero a la vez contento, sentía aquella naturalidad que le tenía era una buena señal, hubiera sido más complicado si le trataba de una forma impersonal y seria. Si le trataba tan naturalmente, como si fuese su amigo, sería más fácil para él llegar a quererle de otra forma.

Llegaron a la habitación que el habían preparado a Arthur, que era muy parecida a la de Feliks, solo que sin las paredes rosas y los diseños tan femeninos. Encima de la cama le habían dejado un juego de ropa. Arthur entró a su habitación y sonrió agradecido.

"Te dejaré para que te acomodes" –dijo Alfred desde la puerta.

De repente Arthur sintió que no quería separarse de Alfred y miró hacia el piso algo desanimado.

"HAHAHA ¡No te preocupes! –rió Alfred- ¡Nos veremos mañana así que no me extrañarás!"

Arthur no entendió al principio, pero cuando lo hizo se puso rojo y molesto miró hacia otro lado con desdén.

"Oh vamos no te enojes –dijo acercándose- lo decía en serio"

Arthur siguió sin querer mirarle.

"Ok, lo siento… ¿Me perdonas?" –dijo haciendo ojitos de cachorro abandonado.

Arthur trató de ser fuerte y resistirse a aquella súplica…pero era imposible. Asintió algo sonrojado y todavía con una mueca.

"¡Oh gracias Artie!"

"A-Artie…"

"Es un apodo que te puesto, te queda bien –dijo adivinando lo que Arthur pensaba- bueno mejor descansas, Roderich dijo que debías descansar bien así que ve a dormir" –le dijo como si fuera un niño pequeño.

"¡No tienes que decímelo idiota!" –reclamo Arthur algo irritado.

"Si necesitas algo no dudes en decírmelo –al ver la mirada confundida de Arthur añadió- mi habitación es la que está del otro lado del pasillo" –aclaró.

"¿EH?" –genial, ahora como iba poder dormir sabiendo que estaba tan cerca.

"Entonces Artie –se acercó y le despeinó rápidamente- ¡Good night!" –se despidió saliendo rápido de la habitación, logrando esquivar el libro que Arthur le lanzó.

Arthur escuchó sus risas y quiso ir tras él para golpearlo.

Se dejó caer en la cama agotado y sonrió contento, todavía le costaba creer que estuviera ahí, que ya era casi humano y que estaba tan cerca del príncipe y de poder ser feliz a su lado. Sin poder contenerse rodó encima de la cama abrazando una almohada. Luego se detuvo instantáneamente y se sintió tonto por comportarse como un niño.

Decidió comunicarse con los demás para informarles de lo que había pasado, colocó la piedra en su frente y les contó todo lo que había pasado, no se comió ni un detalle y estuvo por varios minutos hablando y hablando. Los demás escucharon pacientes, aprendiendo sobre el mundo humano y también sobre la situación de Arthur.

"Pero si no está tan mal –dijo Tino- se nota que te tiene aprecio"

"¿T-tú crees?"

"¡Claro!"

"Pero no es suficiente –meditó Scott- ¡Arthur! ¡No me importa lo que tengas que hacer! ¡Pero tienes que hacer que caiga rendido a tus pies en una semana!"

"¡N-no lo digas como si fuese tan fácil!... Espera… ¿Una semana?"

"Si Arthur una semana, en una semana volverá nuestro padre. Y sabes que el usa magia…podría devolverte al mar"

Arthur sintió una especie de cuchillada helada en el pecho.

"U-una semana"

"¡No pierdas las esperanzas! ¡Ya te dije, usa tus encantos!" –le animó Den.

"¿P-pero se qué encantos me hablas?"

"Debe haber…'técnicas' que usen los humanos para atraerse ¡Investigue!" –le dijo Kiku.

"Ugh…no se si decirles técnicas…pero averiguaré…"

"¡Haz lo que sea necesario, pero tienes una semana hermanito! –dijo Scott- Tino tiene razón, se nota que te tiene aprecio, debes hacer que te quiera aun más"

"¡Puedes hacerlo Arthur!" –le animó Den de nuevo.

Arthur se llevó la mano al pecho, donde estaba su corazón.

"H-haré mi mejor esfuerzo…lo prometo"

"¡Así se habla!"

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El sirviente le entregó las camas a Den y salió algo apresurado de la habitación. Después de todo, el 'Hechicero de hielo' era temido entre la gente de la ciudad. Aquello molestó a Den y se disculpó con Nor, que tenía que dormí dónde Den pudiera verlo ya que estaba bajo su custodia.

"No me importa realmente –dijo Nor- estoy acostumbrado"

"¿Eh? No digas eso...si eres tan adorable e inofensivo" –refutó Den.

Al instante Nor hizo aparecer una cuchilla hecha de hielo y se la lanzó a Den que la esquivó por los pelos.

"¿A quién crees que le dices 'adorable'?" –preguntó con voz fría.

"E-eh –le tomó un par se segundos a Den darse cuenta de lo que acababa de pasar y luego comenzó a reír para la sorpresa de Nor- ¡Eso fue genial! Nor si que estás lleno de sorpresas"

Nor le observó fijamente y después apartó la mirada.

"Estás loco..." –murmuró.

"¿Eh? ¿Dijiste algo?"

"Nada...ya dame –dijo arrebatándole las camas- quiero dormir"

Nor se dirigió junto a unos corales y se acurrucó con las camas para poder dormir. Se echó dándole la espaldad a Den, para así no mirarle. Éste sonrió algo decaído y luego se echó en su cama (unos corales también) y se echó de manera que miraba a Nor.

Por un par de minutos estuvieron en silencio, y Den comenzó a sentir sueño y se dispuso a dormí, cuando un sonido extraño le despertó. Se incorporó tratando de escucharlo mejor, y así identificarlo. Se escuchaba como hielo, como hielo endureciéndose.

Pensó automáticamente en Nor y sin pensarlo fue a verificar si estaba bien. Nada parecía estar mal con él, pero el sonido venía de él. Así que Den cogió las camas y las apartó, y miró sorprendido como una capa de hielo comenzaba a formarse debajo del cuerpo de Nor y se expandía poco a poco. Nor por su parte espiraba pesadamente y parecía no darse cuenta de lo que pasaba.

Den no supo que hacer así que optó por apartar a Nor de ese lugar y notó como el hielo parecía seguirle...como si tuviera propia y quisiera atrapar a Nor. Den se alejó del hielo y nadó hacia su cama, todavía sujetando a Nor que dormía profundamente, una vez ahí lo abrazó y espero que el hielo no le alcanzara. Éste avanzó poco a poco, pero cuando iba a llegar la lugar donde estaban los dos se detuvo.

"Aah...que alivio...ahora que haré...si lo dejo el hielo tratara de atraparlo..." –murmuró.

No le quedaban muchas opciones así que optó por la única que le parecía que funcionaría y a la vez le gustaba más.

Así abrazando a Nor se recostó en el mullido coral y acurrucó al hechicero a su lado, para que así pudiera pasarle el calor de su cuerpo y así calentarlo. Su temperatura corporal había bajado de nuevo.

"De seguro por eso es que siempre estás tan frío" –murmuró mirando el hielo que se había concentrado en una gruesa capa a su alrededor.

Den cerró los ojos y abrazó a Nor para calentarlo y sintió una tremenda satisfacción al hacerlo. Al cabo de nos instantes cayó dormido, no sin antes sentir como Nor se acomodaba cómodamente en su abrazo.

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Continuará...

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Notas de la Autora:

holiwis~ Antes que nada, perdón por la demora! (de meses)

Tenía planeado publicar ésto AYER, por Navidad, como regalito de navidad~...pero no... decidió joderme la sorpresa y no me dejó entrar a mi cuenta para publicar :/

Hmmm no hay mucho romance todavía, lo siento~ pero para esta cap tenía solo planeado hacer la llegada de Arthur y dar inicio al DenNor :I

Para el próximo capítulo tengo preparado hacer más romance, Arthur pasará mas tiempo con Alfred, visitaran la ciudad, pasearan, bailaran incluso~ aunque eso le dolerá a Artie~ :/ Pero la felicidad que sentirá lo recompendará~

Si alguien todavía se acuerda es este fic y pasa a leerlo me hará persona más feliz del mundo. ;u; se que merezco ser colgada por la tardanza pero es por la pinche universidad...de todas formas ya estoy en vacaciones así que tendré mas tiempo libre ;)

Espero hayan tenido una Feliz Navidad~y de antemano les deseo un muy Feliz Año Nuevo~Que sus deseos se hagan realidad! ;w;

Hasta la próxima

Ray