Capítulo 2
La Calma
Después de la tormenta siempre viene la calma, nunca me había alegrado tanto de que llegara la calma como en estos momentos. Hace aproximadamente una hora que el barco dejo de moverse como si fuera una puñetera atracción de feria, sigue moviéndose pero mi cuerpo apenas puede notarlo, él está más centrado en la tormenta que sucede dentro de mi estómago, la cual ha hecho que salga a cubierta a altas horas de la madrugada, mientras todos los demás duermen, en busca de un poco de aire fresco para ver si así conseguía disminuir mis nauseas, la gracia es que ha sido en balde. Así que aquí estoy, apoyada en la barandilla del barco, con el frió apoderándose de mí y sintiéndome tan mareada como si me hubiera ido de fiesta y me hubiera bebido todo el alcohol del lugar. Ahora se una cosa más de mí, me mareo en los barcos, valiente Salvadora, si Henry estuviera aquí, estaría riéndose de mi a lagrima viva, debo tener un aspecto horrible y me apuesto lo que sea a que mi piel es mucho más blanca que la de mi madre. Cierro los ojos intentando quedarme con esa imagen, Henry sonriéndome, necesito recuperarme pronto, necesito recuperar el control de mi cuerpo, necesito estar en perfectas condiciones antes de que todos se despierten, nece… un momento, juraría haber escuchado mi nombre, me giro hacia el castillo de popa, el pirata que estaba de guardia está completamente dormido junto a su botella de ron, él no ha podido ser, ¿lo he imaginado? - ¿Emma? – pues va a ser que no, ahora lo he escuchado perfectamente, así que me giro hacia donde proviene la voz, el problema está en que entre lo mareada que estoy y que me he girado más rápido de lo normal, mi cuerpo ha perdido completamente el equilibrio y yo todos mis sentidos, aunque sí puedo sentir como dos brazos me sujetan fuerte evitándome caer al suelo.
- ¿Estas bien? – me pregunta ya que yo aún no he abierto los ojos.
- ¿Me guardas un secreto? – le pregunto abriéndolos lentamente.
- Claro
- Acabo de descubrir que me mareo en los barcos, pero no se lo cuentes a nadie.
- Tranquila, tu secreto está a salvo. ¿Si te suelto podrás mantener el equilibrio?
- Por supuesto – le contesto rápidamente pero cuando empieza a soltarme siento como mis piernas me tiemblan – aunque deja que me agarre a la barandilla por si viene una mala ola.
- Te he traído esto – eleva mi abrigo mientras yo vuelvo a sentir la madera del barco bajo las palmas de mis manos – pensé que te vendría bien.
- Vaya gracias, me estaba congelando aquí fuera – le digo mientras me coloco el abrigo lo más rápido posible – ¿Cómo sabias que estaba aquí?
- Te escuche salir, cuando vi que tardabas pensé que tendrías frío, por eso viene a traértelo.
- Pensé que estabais todos durmiendo, siento si te desperté.
- No te preocupes, ya estaba despierta.
- ¿No puedes dormir en esta lata de sardinas flotante?
- No es el barco lo que me quita el sueño Srta. Swan, son otras cosas peores.
- ¿Estas preocupada por Henry?
- No puedo evitarlo.
- Él es fuerte Regina, más fuerte que nosotras, luchara hasta que lleguemos, si algo le hemos enseñado, es a luchar con uñas y dientes, eso lo tiene de las dos.
- Me preocupa más de lo que son capaces Greg y Tamara, he vivido en mis propias carnes las cosas que hacen cuando no obtienen lo que quieren, no quiero que Henry pase por eso.
- No lo hará, no lo permitiremos, bajo ningún concepto dejaremos que le hagan daño a nuestro hijo – es la primera vez en dos años que me he referido a Henry como nuestro hijo delante de Regina, pero es lo que es, las dos somos sus madres, de una manera o de otra, las dos hemos luchado por mantenerlo a salvo y seguiremos haciéndolo hasta que este a salvo de nuevo, creo que será la primera vez en la que ella y yo estemos de acuerdo en algo, Henry será nuestra principal y única prioridad - ¿es por eso que estás tan distante de todos?.
- Bueno, digamos que estar en un barco sin tierra a la vista, con la mujer a la que he odiado desde hace ya muchos años, con el hombre que nunca dejo de luchar por ella, con el pirata que me traiciono y dejo que me torturaran, con el hombre que junto a mi madre me convirtió en la Reina Malvada y con la mujer que llego para arrebatarme mi único y más maravilloso final feliz, digamos que no es el viaje de vacaciones que tenía planeado, pero en todo caso, no es mi mayor preocupación.
- ¿Y puedo saber cuál es? – le pregunto tentando a la suerte, ya que creo que es la conversación más larga que he teniendo con ella en todo este tiempo, no solo la más larga, sino también la más sincera.
- Quiero ser la persona que Henry quiere que sea, cuando estaba en la mina sola, me prometí a mí misma que si por algún milagro salía con vida, haría todo lo que estuviera en mi mano para que mi hijo se sintiera orgulloso de mí y no quiero romper esa promesa, pero soy la Reina Malvada, lo he sido más tiempo del que me hubiera gustado, hay mucha magia y maldad en mí, estoy luchando por tener el control pero ellos lo han secuestrado, se lo han llevado y se lo que son capaces de hacer, no creo que pueda controlarme cuando los tenga delante, me da miedo no poder mantener mi promesa.
- Regina, cuando llegue ese día, ni siquiera sé si yo sabré mantener el control – ella deja de mirar las olas romper contra los islotes para mirarme fijamente - Tamara disparo a Neal delante de mí y ella y Greg se llevaron a Henry, no eres la única que puede que pierda el control en ese momento, pero si de algo estoy segura es que ninguna de las dos dejara que hagan daño a Henry, así que trabajaremos juntas, nos mantendremos unidas, por el bien de nuestro hijo.
- Vas a tener que tener mucha paciencia conmigo Srta. Swan, siempre he trabajado sola – me dice sinceramente mientras sonríe volviendo a prestar atención a las olas.
- Aguante tus ataques durante un año – le digo volviendo mi vista hacia el mismo lugar que ella – esto será pan comido – puedo ver por el rabillo del ojo como su sonrisa se ha hecho más grande y yo no puedo hacer otra cosa que sonreír con ella.
El silencio se ha apoderado del momento, la luna llena en lo más alto del cielo nos da una maravillosa visión, puedo ver perfectamente el islote que tenemos delante, tiene incluso una diminuta playa, puedo ver como las olas llegan a ella dejando espuma blanca sobre la arena mojada, la verdad es que es un paisaje de ensueño, entre eso y el sonido de las olas, mi cuerpo ha bajado la guardia y se ha relajado y tanto es así que no he visto venir como una ola más grande de las que llegan a la playa sacude el barco tan fuerte que vuelvo a sentir las náuseas en mi garganta y mi cabeza vuelve a girar. Mi primera reacción ha sido apoyar mi frente en la madera húmeda de la barandilla – Dios!, ¿esto no se va a acabar nunca?
- ¿Cómo has hecho para soportar la tormenta?
- Creo que cuando las cosas se pusieron feas, perdí el conocimiento.
- ¿Sabes?, creo que Henry ha heredado eso de ti, cuando apenas tenía un año, se mareaba en el coche – la he mirado tan rápido que hasta yo misma me he asustado, cosa que no quiero que haga ella porque quiero que continúe – cuando era un bebe nunca tuvo problema en viajar en coche, pero un día, después de cumplir su primer año, había bajado con él a comprar unas cosas a la tienda y de regreso a casa simplemente empezó a vomitar, me asuste tanto que estuve casi dos semanas sin usar el coche, por suerte con el tiempo se le paso – he podido observar que cuando habla de Henry se le ilumina completamente los ojos y su sonrisa es completamente diferente, es una sonrisa completamente maternal.
- ¿Crees que a mí también se me pasara antes de que todo el mundo se entere?
- Por como el color de tu cara está pasando a ser verdoso, creo que no.
- ¡Dios, lo que daría por pisar tierra firme!
- Dame tus manos – veo como Regina se ha girado hacia mí y mantiene sus brazos elevados con las palmas de sus manos hacia arriba esperando que yo ponga las mías sobre ellas, pero me ha pillado tan de improvisto que mi subconsciente ha hecho que dé un paso hacia atrás y una de mis cejas se eleve descaradamente – ¿le da miedo que pueda arrancarle el corazón Srta. Swan?
- Creo que en estos momentos no me importaría no sentir nada – le digo y después simplemente pongo mis manos sobre las suyas, entonces siento un vuelco en el estómago que hace que cierre los ojos instintivamente, cuando los abro, lo que veo me deja completamente paralizada - ¿ese es el barco de Hook?
- ¿La lata de sardinas flotante?, sí, creo que sí.
- ¿Me has traído a tierra firme?
- ¿No es lo que querías? – lo siguiente que hago es tirarme de espaldas a la arena - ¿Qué edad tenías? – la oigo preguntarme con su mejor tono sarcástico.
- Ríete de mi lo que quieras, me da igual, estoy en tierra firme, aquí no se mueve nada.
- Bueno quizás algún que otro cangrejo por la orilla – me dice con una sonrisa en la cara y yo con unas palmadas en la arena la invito a sentarse a mi lado, cosa que hace después de pensárselo bien. Después simplemente nos mantenemos en completo silencio, escuchando el sonido de las olas, viendo como la luna ilumina el barco que está anclado a unos 10 metros de nosotros, viendo como las olas lo balancean de un lado a otro, compartiendo la tranquilidad del momento. Al cabo de dos horas mi cuerpo a recuperado todo el equilibrio que había perdido, mi estómago está en calma y las náuseas se han ido, así que nos ponemos una enfrente la una de la otra, uno mis manos con las suyas y desaparecemos en un intenso humo morado.
