Capítulo 3
Tierra a la Vista
Nunca he sido una persona que dura mucho tiempo en el mismo lugar, Talahassee y Storybrooke han supuesto mi record. Nunca he echado de menos las cosas simples como puede ser, una casa, un sofá, la taza con la que desayunas, una almohada, pero sin embargo aquí estoy, en una de las cámaras del barco, más concretamente la que usamos para dormir, tumbada en una hamaca hecha con una lona de tela que se encuentra sujeta por sus dos extremos a dos vigas y no puedo evitar echar muchísimo de menos mi cama, esponjosa y bien mullida, calentita y cómoda y no este trozo de tela que me está dejando un dolor bastante considerable en mis lumbares.
Aquí abajo esta todo tranquilo, tienen que ser aproximadamente las doce del mediodía, anoche me toco guardia la primera mitad de la noche, la segunda le toco a Regina, es por eso que somos las dos únicas personas aquí, las demás están en cubierta intentando avistar tierra. Desde mi posición puedo ver la hamaca de Regina, ella está de espaldas a mí y parece que duerme plácidamente. Nunca he conocido a la Reina Malvada, pero desde luego podría apostar a que su cama seria muchísimo más cómoda que la mía, fijo que estaría hecha de plumas, al fin y al cabo era una Reina, ¿no?, y sin embargo ahora esta tumbada en una hamaca mugrienta y no la he escuchado quejarse, como si ha sido el caso de Mr. Gold.
Después de la noche pasada, casi apenas hemos hablado, solo lo necesario, pero sin embargo no necesitamos hablarnos para saber que las cosas están bien entre nosotras, que todo está tranquilo y que no voy a tener que preocuparme por pelear con ella, lo cual, todo hay que decirlo, es un gran alivio.
Por lo demás todo está bien, quizás un poco impacientes por llegar, pero la convivencia está en paz, lo que si me ha sorprendido ha sido ver a mi madre observar a Regina, creo que ella también se ha dado cuenta del cambio que esta está experimentando y por mucho que me lo niegue, yo sé que una parte de ella aún sigue viendo a Regina como la persona que le salvo la vida y la que quería que se convirtiera en su madre, lo sé, porque lo veo en sus ojos cuando la mira, porque lo he visto cuando la ha defendido ante mí, porque lo veo cuando se preocupa por ella, pero sobre todo lo veo cuando a pesar de todo lo malo que le ha hecho, nunca le ha deseado la muerte, así que puede intentar engañarse a ella misma pero no a mí. Quizás ahora que está cambiando y parece ser que va enserio, quizás, y solo digo quizás, tengan la oportunidad de ser lo que un día no consiguieron ser.
Cuando estoy sola, sumergida en mis pensamientos, no puedo evitar acordarme de Neal, encontrarlo para volver a perderlo, ha sucedido todo tan rápido que aún no me ha dado tiempo a asimilar que ya no está y que no voy a volver a verlo nunca más, es bastante duro, sobre todo porque podía haberle dicho mucho antes lo que sentía y podríamos haber aprovechado el tiempo y no haberlo malgastado como lo hicimos, al menos me queda la satisfacción de que pudo conocer a su hijo y pasar algún tiempo con él. Ojala pudiera tener la esperanza de pensar que podría estar vivo, pero hay que ser realista, si ya de por si sobrevivir a una herida de bala en el pecho en el mundo real es difícil, en algún otro mundo al que haya podido ir, es sumamente imposible.
Creo que como siga aquí abajo mucho más tiempo voy a aprenderme cada mancha que hay en esta cámara, pero la verdad es que no tengo ninguna ilusión por subir a cubierta con los demás, así que mientras no bajen a por mí voy a quedarme aquí tumbada, mirando al techo, metida en mis pensamientos y sin hacer nada - ¡Déjame! – la voz de Regina ha puesto punto y final a mis pensamientos de vagancia. Me he girado para mirar si me está hablando a mí, pero en verdad sigue con los ojos cerrados, ¿Regina habla en sueños? - ¡No me toques! – uy, creo que por su tono de voz angustioso, creo que más que soñar está teniendo una pesadilla. Puedo observar como su respiración se ha acelerado y su cuerpo empieza a moverse intranquilo, para ser sincera he de decir que nunca pensé que la Reina Malvada pudiera tener pesadillas, más bien que sería ella quien las causara, así que me ha sorprendido gratamente, eso quiere decir que aún es humana, aunque ya me lo haya demostrado con anteriormente – No por favor – la verdad es que ha sido casi un susurro, pero un susurro al borde de las lágrimas, por lo cual he decido intervenir para que no siga pasándolo mal gratuitamente, así que me levanto de mi hamaca y con mucho cuidado me acerco hasta ella, al estar tan cerca puedo ver como algunas gotas de sudor caen por su rostro pálido, alargo mi brazo hasta tocar su hombro y mecerlo con suavidad para despertarla - ¿Regina?, vamos despierta – está en un sueño tan profundo que aunque la haya movido y llamado no ha despertado, no me queda más remedio que aplicar más presión en su hombro y aunque quiero elevar el tono de voz para que surja efecto, cuando su nombre sale por mi boca usa el mismo tono dulce y suave que el anterior – ¿Regina? – estaba vez he conseguido que se despierte, pero se ha incorporado tan rápido que a mí, que estaba de cuclillas, no me ha dado tiempo a reaccionar y mi culo ha ido a parar directamente al suelo – Auch – me quejo - tenías una pesadilla – empiezo a decirle, porque me está mirando fijamente y empiezo a temer por mi vida – solo quería despertarte, no parecía que lo estuvieras pasando muy bien – al estar mirándome puedo observar como sus ojos de un marrón oscuro pasan a su color habitual que es un almendrado brillante bastante intenso – Gracias – le escucho susurrarme mientras me pongo en pie.
- ¿Estas bien? – le pregunto en un tono jovial.
- Sí, estoy bien. Un mal sueño, nada más – le sonrió pero no aparto la mirada – seguro que pensabas que alguien como yo no era capaz de tener pesadillas, ¿verdad?
- En verdad, pensé que tú eras más de provocarlas – le digo y me encojo de hombros de una manera muy infantil.
- Vaya, siento haberte provocado pesadillas.
- ¿Quién ha dicho que fueran pesadillas? – la pregunta sale sola de mi boca, no me doy cuenta de lo que he dicho hasta que veo a Regina mirándome con una ceja levantada.
- ¡TIERRA A LA VISTA! – escucho decir a uno de los piratas desde cubierta.
- Llegamos – me dice Regina en un tono de voz que no sabría exactamente como describir.
- Vamos – le digo y no puedo evitar acariciar su brazo – recuperemos a nuestro hijo.
Le cedo el paso a la Reina para que ella salga primero al exterior, yo la sigo apenas un paso por detrás, cuando salimos, todos los que estaban en cubierta y que ahora están formando un pequeño círculo, nos miran interrogantes, creo que les sorprende que hayamos estado allí abajo las dos solas y no nos hayamos matado en el proceso, sonrió ante la idea. Me acerco hasta donde están mis padres, veo por el rabillo del ojo como Regina se sitúa justo al lado de Smee y este le sonríe, no puedo evitar girarme para mirarla justo en el momento en el que ella gira su cabeza hacia mi dirección y nuestras miradas se encuentran.
- Fondearemos el barco en la Bahía de los Caníbales, usaremos los botes para llegar hasta la orilla, la última vez que estuve aquí deje a un par de piratas al cuidado de un gran botín, eran fieles a su capitán, así que no intentaran matarnos cuando lleguemos a la costa – Hook ha comenzado a darnos instrucciones – cuando desembarquemos iremos directos hasta la cueva que se esconde detrás de la catarata, allí será donde acamparemos y lo podemos usar como punto de encuentro cuando empecemos a buscar.
- Muy bien, pues pongámonos en marcha – creo que todos están tan ansiosos como yo por salir de esta lata de sardinas, el tono contundente de mi padre lo ha delatado, creo que a él le va más cabalgar que navegar, así que se siente tan perdido como yo en este barco pirata.
- Regina, Gold, ustedes iréis en el bote de babor junto a Smee y Cecco, vosotros tres iréis conmigo en el de estribor, nos vemos en la orilla señores.
- Creo Capitán, que eso no va a ser necesario – la voz de Gold ha sonado alta y desafiante – puedo llegar a la orilla sin ningún problema yo solo, gracias – y acto seguido desaparece.
No puedo evitar mirar hacia donde esta Regina, pienso que ella hará exactamente lo mismo, desaparecerá entre humo morado y se ahorrara el viaje en bote, pero sin embargo, me mira, se encoje de hombros y se sube al bote junto a Smee y Cecco – Realmente se está esforzando – escucho a mi madre susurrarme – quizás esta vez sea la definitiva – puedo identificar un tono de esperanza en su voz – sí, creo que sí, aunque no cantemos victoria aun – mi respuesta ha dejado abierta una posibilidad negativa, la última vez también creí que estaba cambiando y todo se fue al traste cuando llego Cora de nuevo a su vida, pero sinceramente, algo me dice que sí, que realmente esta es la definitiva.
