Capítulo 10
La abrumadora realidad
He escuchado a mucha gente decir que los sueños son impredecibles, que es muy difícil llegar a entender porque soñamos lo que soñamos, pero nunca llegue a creer a esas personas que decían que a veces, falta soñar con algo diferente, para que todo cambie, nunca creí en eso, hasta esta mañana. Soñar con que casi beso a Regina, ha sido extraño, pero haber sentido el deseo de querer hacerlo, es algo, que aun despierta, no he conseguido que desaparezca por completo de mí.
Basta con que tú subconsciente te enseñe algo, para que tú comiences a verlo todo con otros ojos y eso es exactamente lo que me está pasando a mí, hoy, Regina me parece una persona completamente diferente, todo lo que haya podido pasar con anterioridad, hoy, lo veo desde otra perspectiva y, hoy, las palabras de Cook, tienen más sentido que nunca.
- ¿Estas bien? – escucho a Cook preguntarle a Regina.
- Si cariño – le contesta ella mientras la veo acariciar dulcemente la cara del joven, deteniendo mi mirada en su mano, es la primera vez que le prestó atención, tiene los dedos finos y largos, puedo ver como se le marcan las venas, lleva un anillo en el dedo anular y tiene las uñas largas, aunque no mucho, apenas le sobresalen unos milímetros, eso sí, muy bien cuidadas, y me da la impresión de que su tacto es suave, es más, podría decir que lo es, si mal no recuerdo, por las dos veces en que le cogí la mano, como fue el día del incendio y el del espectro – estoy bien, cansada.
- Quizás debiste dejar que Hook te llevara en su barco – digo de improviso, acelerando el paso para adelantarlos – así no se cansaría, su majestad – a veces tengo la boca muy grande y este es uno de esos momentos, veo como ella me mira con una ceja alzada y Cook , él está haciendo grandes esfuerzos por no soltar una carcajada.
- Quizás – me dice desafiante – debería de haberlo dejado – y me pilla tan de sorpresa esa respuesta que ha conseguido dejarme clavada al suelo, provocando que salga de mi un gran suspiro mientras aprieto mis dientes.
- Siempre estas a tiempo de desaparecer entre tu magia e irte con el – le digo en un tono que no sabría describir.
- Mmmm – murmura – tentador – suelta como si nada y yo cierro los ojos para intentar controlarme, mientras escucho las carcajadas de Cook, las cuales, al final, no ha podido controlar.
- Deberíamos hacer una parada – escuchamos de repente a Stark – llevamos horas caminando, no estaría mal que parasemos para descansar y comer algo, es un buen sitio para hacerlo, la Laguna de las Sirenas esta apenas a unos metros de aquí, así que aquí, estaremos a salvo.
- ¿La Laguna de las Sirenas? – pregunto.
- Si, estamos subiendo por el camino de la costa, para no perder de vista el Jolly Roger – dice Bill.
- Bien, pues entonces descansaremos aquí mismo durante una hora y emprenderemos el camino – dice Regina.
- Vale, yo no tengo mucha hambre, voy a investigar un poco por la zona – digo viendo a los piratas asentir con la cabeza.
- Iré contigo – me dice Regina.
- No – me apresuro a decir y ella me mira interrogante – me gustaría ir sola, tu quédate con Cook, yo vuelvo enseguida.
- Como quieras – me dice mientras se vuelve a sentar en la roca cerca del joven.
- No tardo – digo esto último ya de espalda a ellos y perdiéndome entre la maleza.
Sé que lo que estoy a punto de hacer es una locura, lo sé, sabiendo lo que me pasó anteriormente debería de salir corriendo lejos de aquí, pero sin embargo, necesito desesperadamente algunas respuestas y solo ellas podrán dármelas, así que vuelvo a bajar por el camino rocoso, que apenas hace unos días baje, esperando no precipitarme al agua esta vez.
- Veo que has vuelto – escucho decir a mi espalda justo cuando llego a la roca más cercana a la laguna.
- Si – digo y me giro para mirarla, esperando caer en su canto en cualquier momento.
- ¿Qué esperas encontrar aquí? – me habla una sirena morena de ojos azules casi cristalinos.
- Respuestas – le digo sincera.
- Eso dependerá de cómo formules las preguntas – me dice acercándose a la roca en donde estoy.
- ¿Por qué me hicisteis ver esas imágenes cuando caí en vuestro canto?
- Esa, no es la pregunta adecuada – me dice subiendo a la roca y me sorprendo al ver que su cola ha desaparecido y en su lugar tiene piernas – piensa Emma, piénsalo bien.
- ¿Por qué esta vez no he caído en tu embrujo? – le digo mientras la veo sentarse frente a mí.
- ¿Sabes porque nuestro cantó no le afecta a las mujeres? – me contesta con otra pregunta.
- Yo lo hice – contesto.
- Todo tiene un por qué – me sonríe – te lo vuelvo a preguntar, ¿sabes por qué nuestro canto no afecta a las mujeres? – me vuelve a preguntar esperando que esta vez acierte en la respuesta.
- No – digo y suspiro.
- Las mujeres – comienza a contarme – pueden sentir de dos maneras, sienten con el corazón y también con la cabeza – me dice y me sonríe – las mujeres pueden llegar a sentir confusión de sentimientos, pueden creer querer a dos personas, pueden creer que están confundidas, pero lo hacen con la cabeza, la diferencia con los hombres, es que, aunque su cabeza este confundida entre dos amores, su corazón nunca lo está, él siempre sabe a quién ama.
- ¿Qué tiene que ver eso conmigo? – le digo no entendiendo lo que intenta decirme.
- Tu caíste en nuestro embrujo porque tu corazón estaba confuso – me dice mirándome intensamente – en tu corazón encontramos un gran amor, un amor al que aún te aferrabas, pero también encontramos un sentimiento muy fuerte del cual no te habías percatado – me dice – nosotras solo te lo mostramos, te mostramos lo que se esconde en lo más profundo de tu ser, cuando viniste, tu cabeza estaba segura de estar enamorada de Neal, pero tu corazón estaba confuso entre tu gran amor y ese sentimiento arrebatador que se iba haciendo hueco dentro de ti, sin que tú, ni siquiera de dieras cuanta.
- ¿Y ahora por qué no me afecta?
- Sabes el porqué, no hace falta que yo te responda a eso.
- Dímelo – le pido, elevando la voz.
- Porque tu corazón ya sabe lo que quiere – me dice y yo cierro los ojos ante la abrumadora realidad.
- Pero yo quiero a Neal – digo en un tono de voz derrotado.
- Si, lo haces y lo seguirás haciendo – me dice cogiéndome la mano – el primer amor nunca se olvida – me aclara – pero lo que comienzas a sentir por ella – hace una pausa – ese sentimiento… podrá con cualquier otro – dirige mi mano hacia mi pecho poniéndola justo donde late mi corazón – podrás luchar contra el con todas tus fuerzas… pero al final del camino… tu corazón… solo latirá por ella.
Ahogar las penas en alcohol algunas veces da resultado, pero intentar ahogar la rabia en alcohol no da el resultado que buscas cuando empiezas a beber y sino que me lo digan a mí, que después de beberme media botella de ron, que he robado muy hábilmente a Bill, no solo siento más rabia que antes, sino que empiezo a perder el control sobre mi misma, aunque aún sea consciente de lo que hago.
Después de mi visita a la laguna, todo dentro de mi es un completo caos, se supone que fui hasta allí en busca de respuestas pero nunca pensé que esas respuestas me causarían tanto conflicto interno, después de que volví a donde estaban los demás, actué como un zombi, ande sin rumbo, metida en mis pensamiento, con la mirada perdida, Regina se tiró horas intentando saber que me pasaba, hasta que se dio cuenta que no iba a conseguir sacarme nada, Cook por otra parte, no sé por qué, intuyo que sabe dónde fui, porque en ningún momento se ha acercado a preguntarme nada, solo me ha observado desde la distancia, haciéndome sentir, que él, siempre va un paso por delante de mí.
- ¡Esto no puede estar pasando! – grito con rabia mientras sujeto con mi mano izquierda la botella de ron y con la derecha formo una bola de energía que estrello enseguida contra una de las palmeras que hay a unos metros de mi - ¡¿Cómo he permitido que esto suceda?! – pregunto frustrada y rabiosa, mientras vuelvo a formar una bola de energía. Por suerte para mí, me he alejado lo suficiente del grupo como para que no puedan escucharme, he aprovechado que hemos acampado para pasar la noche para intentar desahogarme, porque como siga así, lo único que voy a conseguir es que me maten antes de recuperar a Henry. El alcohol empieza a hacer efecto mí, llegándome a lo más profundo de mí ser, no voy a decir que nunca he bebido, porque lo he hecho, en mi juventud no he sido ninguna santa, pero desde que Henry apareció en la puerta de mi piso, no he bebido más de dos copas, así que llevar un poco más de media botella, no va a ayudarme en nada - ¡MALDITA SEA! – grito al aire con todas mis fuerzas mientras estrello de nuevo la bola contra la palmera.
- Sea lo que sea lo que te esté pasando – escucho una voz detrás de mí – la palmera no tiene la culpa de ello – y justo antes de escuchar su voz ya sabía de quien se trataba.
- ¿Qué haces aquí? – pregunto en un tono duro y frio, sin girarme para mirarla.
- Solo quería saber si estabas bien – me dice tranquila sin alterarse a pesar de que el tono que he usado no es agradable.
- Estoy estupendamente – suelto de manera cínica.
- ¿Emma? – escucho mi nombre y no puedo evitar sentir una rabia arrasadora, tanto es así, que mi mano izquierda se aferra a la botella cada vez más fuerte haciendo que entre la fuerza y un poco de mi magia, la botella se rompa en mil pedazos, provocandome un corte en la palma de mi mano - ¿pero qué…? – la escucho decir mientras corre hacia mí para ponerse delante mía – debes controlar tu magia – me dice observando mi mano – se te ha incrustado un cristal, déjame ver.
- No – digo apartando la mano – no me toques – y siento que me mira sorprendida.
- ¿Emma? – susurra mi nombre y yo cierro los ojos.
- No digas mi nombre – susurro de una manera débil y cansada – por favor.
- ¿Qué te pasa? – pregunta con un tono de voz preocupado mientras da un paso hacia mi cogiendo mi mano izquierda que está sangrando, entonces levanto mi vista para buscar la suya, la encuentro completamente fija en mí, como si a través de ella intentara saber que me está pasando y entonces me doy cuenta de que la he visto un millón de veces antes, pero, sin embargo, es como si esta noche, la viera por primera vez - ¿Emma? – vuelvo a escuchar y de pronto vuelve a mí el deseo, ese deseo que nació a partir de un sueño y simplemente dejo que se apodere de mí, el resultado, mis labios atrapando el labio inferior de Regina, siento como su cuerpo está completamente rígido, dejándome ver, que no se lo esperaba para nada y justo cuando decido dejar de hacer presión, ya que veo la incomodidad de ella, siento como ladea ligeramente su cabeza, siendo ella ahora la que atrapa mi labio superior entre los suyos y por un momento siento que mis piernas me fallan, pero el deseo puede más que yo, haciendo que eleve mi brazo derecho hacia su cuello, colocando mi mano justo debajo de su mandíbula, enredando mis dedos en su pelo y la atraigo más hacia mí, para así, poder profundizar más el beso, sentir el calor de su lengua rozando la mía es algo que difícilmente podría describir, porque creo que no habría palabra en este mundo para poder hacerlo.
- ¿Emma? – se escucha mi nombre a través de la maleza - ¿Regina?, ¿dónde narices se habrán metido? – la voz de Cook hace que volvamos a la realidad más rápido de lo que me hubiera gustado, Regina se ha separado de mi velozmente pero mis labios aun sienten su calor, no puedo apartar mis ojos de ella, sin embargo, ella mantiene su mirada gacha - ¡ey!, ahí estáis – dice Cook llegando hasta nosotras – llevo un rato buscándoos, ¿pasa algo? – pregunta al vernos tan ¿raras?
- Nada – escucho la voz de Regina y mi expresión cambia porque su tono de voz es completamente frio y controlado - ¿para qué nos buscabas?
- El barco nos está haciendo señales – dice el joven, pero conociéndolo como lo conozco, sé que la contestación de Regina no se la ha creído.
- ¿Y qué quieren? – pregunto y para mi sorpresa ella sigue sin dirigir su mirada hacia mí.
- Quieren que vayas al barco – le dice Cook ha Regina.
- ¿Al barco para qué? – pregunto poniéndome tensa de repente.
- No lo sé, solo han pedido que ella vaya.
- Esta bien – escucho decir a Regina – no os metáis en líos.
- Pero… - intento decir algo antes de que desaparezca envuelta en humo morado y yo aprieto mis puños en un acto de rabia y frustración.
- ¿Habéis vuelto a discutir?, porque mira que estabais raras – pregunta Cook con cara curiosa.
- Ahora no Cook, ahora no – digo mientras intento controlar mi furia, la cual no viene solo porque después del beso ni se haya molestado en mirarme, sino también por el hecho de que haya tardado un segundo en largarse a ese maldito barco, en cuanto ha escuchado que la llamaban, seguro que será Hook con alguna estúpida excusa.
A la mañana siguiente es mi padre quien me despierta, nos cuenta que Gold lo ha mandado hasta tierra para que ocupe el puesto de Regina, ya que ella se quedara en el barco junto a Snow para cuidar de Bicho, ya que se encuentra enfermo, por eso la llamaron la noche anterior, porque el pequeño solo lloraba llamándola.
El día de hoy ha sido, sin duda, el peor de todos, el calor ha sido abrasador, por mucho que quería, las horas pasaban más lentas de lo habitual, intentaba mantenerme alerta o concentrarme en el camino o en las conversaciones, pero mi mente rápidamente volaba al momento justo en el que el sabor de los labios de Regina me inundo por completo y para rematar, al llegar la noche hemos acampado en una playa, permitiendo así, que los que están en el barco bajen a tierra a pasar la noche, incluida Regina.
Estamos intentando hacer una pequeña hoguera, para eso Cook y yo nos hemos presentado voluntarios para ir a buscar cualquier trozo de madera que nos sirva, cualquier cosa para no estar mucho tiempo en ese lugar, porque creo que llegara un momento en el que no voy a poder controlarme y voy a explotar, ya que Regina simplemente actúa como si no hubiese pasado nada, odio esto, odio que me ignore, lo odio, hubiera preferido mil veces que me hubiese cruzado la cara en el mismo momento en el que la bese, cosa que hubiese hecho yo misma encantada, porque nada más que a mí se me ocurre la maravillosa idea de besarla, nada más que a mí.
- ¿Vais a estar mucho tiempo enfadadas? – me pregunta Cook – porque sinceramente os prefiero cuando no lo estáis, sois insoportables las dos cuando andáis enfadadas la una con la otra.
- No estamos enfadadas – le digo negando lo evidente - simplemente cada una va por separado, no tenemos que hacerlo toda juntas.
- No, no tenéis, pero no me refiero a que vayáis siempre juntas, me refiero a que cuando os peleáis, es imposible hablar con ninguna de las dos, tenéis un humor de perros.
- Eso no es verdad – le digo – mi humor está perfecto en estos momentos.
- Jajajaja – se ríe mientras busca ramas por el suelo.
- ¿De qué te ríes?
- Te has descubierto tu misma Emma, claramente me has dicho que habéis vuelto a discutir –lo miro intentando decir algo, pero simplemente no me sale nada - ¿volviste a la laguna verdad? – me pregunta y lo miro sorprendida - te seguí sin que te dieras cuenta.
- ¿Cómo?, no vi ni escuche nada.
- Es mi isla Emma – me dice sonriendo – se moverme por ella sin que nadie me vea o me escuche.
- Cierto.
- ¿Para qué volviste?
- Necesitaba encontrar algunas respuestas – le digo mientras camino mirando el suelo.
- ¿Te las dieron? – me pregunta y a veces creo que estoy hablando con un adulto en vez de con un crío.
- Si, me las dieron – bajo el tono de voz.
- ¿Pero no te gustaron, no?
- No es eso – suspiro profundamente – simplemente es difícil asumir lo que me dijeron, eso es todo.
- ¿Lo que ellas te contestaron es lo mismo que lo que yo te dije? – me pregunta y yo me giro a mirarlo.
- No es lo mismo – le digo sincera – pero uno viene a consecuencia de lo otro – y puedo verlo sonreír.
- Bien – me dice y sonríe ampliamente.
- Sera mejor que volvamos, creo que ya tenemos suficiente con esto – digo y veo como Cook se para en seco.
- Shhhhh.
- Ah, no, la última vez que me callaste, casi nos matan – le digo frustrada.
- Pues entonces no hables – me dice tan bajito que apenas puedo escucharlo – los ruidos vienen de por aquí – comienza a andar en dirección a donde me dice y yo le sigo.
- ¿Sabes algo? – puedo escuchar y casi al instante puedo reconocer de quien es la voz - ¿recuerdas aquella vez en tu castillo?
- ¿Cuándo te colaste para llegar hasta Belle? – esa voz, solo es escucharla y ponerme completamente tensa - ¿qué pasa con eso?
- Me quede con las ganas de hacer algo – escucho a Hook decir segundos antes de verlo acercarse lentamente a Regina, agarrarla por la cintura y besarla y yo me quedo sin respiración, podría mentir y decir que ver a Hook besando a Regina no me ha afectado en nada, pero, ¡y una mierda!, ¡quiero matarlo!, ¡quiero partirle esa cara de pirata apuesto que tiene!, ¡Dios!, ¡quiero patearle su puñetero culo!, así que sin ningún control sobre mí, poseída por los celos, comienzo a andar hacia ellos, pero no ando ni tres pasos cuando siento que Cook entrelaza su mano con la mía, trayéndome un poco de cordura.
- ¿Os habéis perdido? – escucho como Cook les pregunta, haciendo que los dos se separen y yo simplemente clavo mis ojos en ella.
- No chico, no nos hemos perdido – escucho decir a Hook y veo como Regina alza la vista, la veo mirar de refilón como Cook me tiene cogido de la mano y después eleva su mirada hacia mí, fija, indescriptible – podéis volver a la playa, nosotros volvemos enseguida – escucho y de repente siento ira, cierro mi mano libre, dejando un puño cargado de furia, aprieto los dientes y puedo jurar que de mis ojos van a salir llamaradas de fuego en cualquier momento, veo como Regina mira a Cook, creo que el chico, que aún me tiene agarrado de la mano, está sintiendo mi furia e intenta con la mirada trasmitirle a Regina su preocupación, ella vuelve a mirarme.
- Hook, ¿podrías volver a la playa con Cook?, me gustaría hablar con Emma – escucho decir a Regina.
- ¿Pero…?
- Por favor – le pide Regina con su mejor sonrisa y yo siento nauseas.
- Esta bien, como quieras – dice el pirata – vamos Cook – y siento como el chico aprieta mi mano antes de soltarse y echar a correr tras Hook.
- Vaya – digo en un tono de voz irónico – ¿hace falta que Hook te bese para que quieras hablar conmigo?
- Emma no vayas por ahí.
- ¿A no?, ¿por dónde quieres que vaya exactamente? – le pregunto acercándome a ella – el otro día me dijiste que sabías perfectamente a quien dejabas que te besara y a quien no, ¿has dejado que él te bese? – espero su respuesta pero no llega - ¡dime! – elevo la voz.
- ¡Sí! – confirma y yo aprieto mi mandíbula – deje que me besara.
- ¿Me dejaste besarte anoche? – le pregunto mirándola fijamente.
- No – me contesta y palidezco – no deje que me besaras Emma – me dice en un tono débil – eres a la única persona a la que no puedo manipular, incluso cuando quise hacerlo, simplemente no pude – me mira ahora ella fijamente – tu beso no me lo esperaba, no deje que me besaras, ni tan siquiera lo vi venir – y siento un nudo en mi garganta.
- Pe… pero… - siento que se me atragantan las palabras, es como si me hubiese olvidado cómo se habla.
- No deje que me besaras – me vuelve a decir y yo cierro los ojos – no lo hice en el primer instante – la escucho y los abro rápidamente – pero después… si deje que lo hicieras Emma – y de repente siento como mis pulmones vuelven a coger aire.
- ¿Por qué lo hiciste? – le pregunto acercándome más a ella - ¿por qué dejaste que lo hiciera? – pero Regina no me contesta - ¿por qué respondiste al beso? - la veo mirar hacia el suelo y yo me impaciento - ¡¿Por qué?! – le grito fuerte.
- ¡Porque me gusto! – me grita ahora ella a mí - ¡dios!, me gusto – dice ahora bajando el tono de voz – hacía mucho tiempo que no sentía nada parecido a lo que sentí cuando me besaste – me dice sincera.
- ¿Por qué has dejado que Hook te besara? – le digo tranquila acercándome a ella despacio.
- Porque necesitaba saber si solo lo sentí contigo – me dice agachando la cabeza al sentir mi cercanía.
- ¿Lo sentiste con él? – le pregunto mientras mi mano llega a su barbilla presionándola hacia arriba para que vuelva a mirarme y siento un pequeño temblor por su parte justo cuando mi piel toca la suya - ¿lo sentiste?
- No – me dice y me pierdo por completo en su mirada – no sentí nada – y al escuchar eso no puedo evitar que mi mano derecha, que se encuentra en su barbilla, viaje hasta su cuello, agarrándole la nuca y como mi mano izquierda rodea su cintura, pegando su cuerpo completamente al mío.
- Bien – le digo justo antes de besarla y vuelvo a sentir su calor, su sabor y al hacerlo, me doy cuenta, que es ahí, donde quería estar desde la pasada noche.
El beso que empezó siendo suave, incluso podría decir que tierno, ha pasado a ser un beso devorador, siento crecer la pasión por todo mi cuerpo cada vez que siento la lengua de Regina en mi boca, no sé cómo, he empotrado su cuerpo contra el árbol más cercano, justo al hacerlo he podido sentir como las manos de Regina han subido hasta mi cara, sujetándola mientras me besa apasionadamente, apasionada, esa es la palabra que describe perfectamente a la mujer que tengo ahora mismo pegada a mí, siempre me la imagine una mujer pasional, posesiva, pero nunca pude imaginar cuánto, mis manos buscan sentir su piel, suave, tersa, perfecta, es una sensación increíble, nunca había sentido algo parecido.
- Emma – la escucho decir cuando mis labios se posan sobre su cuello – Emma – suspira de una manera realmente sexy – para, por favor – la escucho decirme y me paro para mirarla.
- ¿Qué pasa? – le pregunto y la beso.
- No podemos hacer esto – me dice y yo la miro sorprendida.
- ¿Por qué? – le pregunto separándome ligeramente de ella.
- No puedo hacer esto – me dice mirándome fijamente – no puedo.
- ¿Es..?, ¿es por qué soy mujer?, ¿por qué las dos lo somos? – le pregunto porque esa duda viene conmigo desde ayer.
- Ese es el menor de los problemas Emma – me dice mientras me acaricia la cara.
- ¿Entonces? – pregunto no entendiendo nada.
- ¡Dios! – la veo echarse las manos a la cara – eres la hija de Snow, no puedo hacer esto ahora que nos llevábamos bien – me dice sincera – va a querer matarme cuando se entere.
- Soy mayorcita para hacer lo que yo quiera – le digo desafiante.
- Emma – susurra.
- Regina – le digo – por favor, no digas mi nombre, por favor – veo como ella me mira – ¿diga lo que diga no vas a cambiar de opinión verdad?
- Lo siento yo… - la interrumpo antes de que continúe.
- Esta bien, no te preocupes – le digo haciendo tripas corazón, porque si algo se de ella, es que a terca no le gana nadie – centrémonos en rescatar a nuestro hijo, no puede haber un nosotras, está bien – la veo mirarme con tristeza – todo está bien Regina, vamos, volvamos – le digo apartándome ligeramente para dejarla pasar y veo como antes de que comience a caminar, cierra los ojos y suspira profundamente.
