Bueno escribo para avisaros de que este capítulo es un poco más largo de lo normal pero es que no podía cortar la escena final.

Este capítulo es un M, vamos un Mayores de edad en toda regla, absténganse personas sensibles o impresionables, jejeje.


Capítulo 12

Sentimientos

Siento que estoy tumbada en alguna parte, no puedo saber exactamente donde, siento como mi cuerpo me pesa más que de costumbre, siento un dolor leve en el abdomen pero sin embargo, siento paz, siento que todo está bien. Poco a poco voy abriendo los ojos, intento enfocar bien mi vista, ya que los rayos del sol me hacen un poco difícil ver con claridad, al abrirlos por fin, puedo ver un techo de madera y justo a mi izquierda un ojo de buey por donde se filtran los rayos de sol, estoy en el Jolly Roger, más concretamente en el camarote de Hook, intento moverme pero una punzada en mi abdomen hace que deje de intentarlo, cuando giro mi cabeza hacia la derecha, lo que veo me hace sonreír levemente, en un lateral de la cama, a unos diez pasos, hay como un especie de sofá, en el puedo ver como Regina está sentada con las piernas recogidas encima del sofá, tiene su brazo apoyado en el espaldar y su cabeza apoyada en él, Henry esta tumbado con su cabeza sobre el regazo de Regina, los dos están dormidos plácidamente y yo los observo tranquila, dándome cuenta que es la primera vez que veo una imagen como esa, sé que Regina es bastante buena con los niños, pero nunca la había visto en un gesto tan maternal y tierno con Henry, como del que estoy siendo testigo.

- ¿Emma? – escucho a alguien susurra tan bajito que no distingo quien es - ¡te despertaste! – y ahora si puedo ver a Cook sentarse junto a mí en el filo de la cama.

- Ey – consigo decir – hola pirata – le digo y él me sonríe.

- ¿Cómo te encuentras?

- Bien – le contesto – aturdida, pero bastante bien, ¿cuánto llevo inconsciente?

- Dos días – lo escucho decirme y abro los ojos de la sorpresa.

- ¿Dos días? – intento asimilar - ¿cómo llegue hasta aquí?, recuerdo que estaba en la cueva con Regina y después todo se volvió negro.

- Ella te trajo hasta aquí con su magia – me dice – estabas muy mal, por suerte, antes de que … - hace una pausa y parece disgustado – … ya sabes, ella echo un hechizo sobre ti, creo que le dijo a Gold que te había congelado para que aguantaras hasta que él te curara.

- ¿Y me curo? – pregunto mientras levanto la camisa para ver que la herida aún está ahí.

- Si lo hizo, pero por lo que se ve, el cuchillo que usaron para apuñalarte tenía algún tipo de hechizo y no pudo curarte por completo, por eso aun tienes la herida, suele venir por las tardes para seguir haciéndolo hasta que desaparezca por completo.

- Vale – le digo y me vuelvo para mirar a Henry y a Regina.

- Desde que volvisteis no se han separado de ti, solo lo hacen porque tu madre viene y les obliga a ir a la playa para comer y descansar, han estado muy preocupados por ti, todos lo hemos estado – me dice bajando la mirada.

- Lo siento Cook – le digo cogiéndole la mano – siento haberos preocupado, pero ahora ya estoy bien, ¿ves? – hago un gesto brusco y me quejo – auch, bueno casi bien, pero no tardare en recuperarme.

- ¿Sabes?, me dijiste que la protegerías – me dice en un tono divertido – no que dejarías que casi te mataran – me sonríe - ¿sabías que hablas en sueños?

- ¿Hablo en sueños? – pregunto sorprendida - ¿qué se supone que he dicho mientras que estaba inconsciente?

- Te he escuchado nombrar a Henry – me dice y se gira a mirarlos – aunque has nombrado más veces el nombre de ella.

- Algún día tendrá que contarme que es lo que sueña, Srta. Swan – escucho como su voz acaricia mis sentidos y al girarme para mirarla, puedo ver que sigue manteniendo la misma postura pero esta vez tiene los ojos abiertos fijados en mí.

- Bueno, eso abra que negociarlo – le sonrió ampliamente – seguro que llegamos a un buen acuerdo – veo como me hace un gesto de afirmación con las cejas y me sonríe - ¿cómo está? – le pregunto ahora por Henry.

- Asustado – me dice y veo como pasa su mano libre por encima de la cabeza de Henry – muy asustado, no se separa de mí, por eso lo sé, cuando tenía 3 años se despisto en el parque, nunca lo perdí de vista, pero él no me veía, se asustó tanto, que estuvo una semana pegado a mí, era como una lapa y ahora está igual.

- Por muy maduro que parezca, aun es un niño – le digo – y las cosas que ha tenido que vivir en estos días, no han sido muy agradables.

- Seguro que ahora que ya estas despierta – me dice con una sonrisa – estará más tranquilo.

- ¿Y tú estás bien? – le pregunto.

- No es a mí a quien apuñalaron.

- Lo sé, pero no me refería a eso.

- Estoy bien – me dice y veo como baja lentamente sus pies hasta el suelo – ahora que estas despierta, mucho mejor – me dice y yo la miro fijamente, porque a pesar de ser una frase tonta, para mí ha significado mucho, también puedo ver a Cook que nos mira con cara de pillo.

- ¿Henry? – escucho como lo llama – Henry cariño despierta – veo como Henry se mueve lentamente – mira quien se ha despertado – y justo cuando escucha esa frase, lo veo abrir los ojos de par en par y mirar hacia mí.

- ¡Mama! – lo escucho gritar y veo como corre hacia mí - ¡despertaste! – me dice mientras se hecha sobre mí.

- Ey, chico - le digo rodeándolo con mis brazos – yo también te he echado de menos.

- ¿Estas bien? – me dice mirándome preocupado.

- Si Henry, estoy bien, ¿y tú?

- Yo estoy bien – me dice y me sonríe.

- Siento interrumpir – escucho y veo a Gold aparecer entre humo negro – he venido a mirar la herida.

- Ey chicos – escucho a Regina - ¿por qué no nos vamos un rato a la playa y jugáis con Bicho?, así no molestamos al Sr. Gold.

- Vamos Henry – escucho a Cook – ayúdame a remar – y los veo salir corriendo del camarote.

- En un rato volvemos – me dice Regina al pasar por mi lado poniendo su mano sobre la mía y yo al sentirla la agarro ligeramente, acto que no pasa desapercibido para Gold.

- Rumpel – la escucho decir justo en la puerta del camarote.

- Regina – le contesta el haciéndose a un lado para dejarla pasar – bueno, veamos cómo va esa herida, hoy espero terminar – me dice mientras se sienta justo a mi lado – aunque siento comunicarle que le va a quedar cicatriz, el hechizo del puñal era muy fuerte, por suerte, conseguimos curarla.

- ¿Conseguimos? – pregunto mientras el levanta mi camisa y coloca sus manos sobre mi herida.

- Si Regina no le hubiera echado ese hechizo paralizador, no hubiera llegado al barco con vida, por lo cual, yo no hubiese podido curarla.

- ¿Gold? – hago una pausa con la clara intención de querer preguntarle algo

- ¿Vas a preguntarme sobre la magia de Regina, verdad? – me pregunta ahora él.

- Si - lo miro confundida - ¿cómo...?, va, no importa…

- Pregunta lo que quieras – me dice sin dejar de hacer lo que está haciendo.

- En la roca paso algo extraño – hago una pausa para coger aire – cuando entramos a por Henry en la mazmorra, Regina usaba sus bolas de fuego, vamos, las de siempre – veo como el asiente con la cabeza – pero cuando Greg me iba a disparar, ella lo ataco con una especie de rayo, ¿qué significa eso?

- Hace un tiempo te dije que la magia venia de las emociones – ahora soy yo la que asiente – aunque pueda llegar a ser un poco, em, digamos, sorprendente, las emociones que mueven a Regina están cambiando, por lo cual, su magia también lo está haciendo, cuando acabó con Greg, que por cierto, yo si estaba allí en ese momento, aunque no me vierais, la emoción principal de Regina era protegerte, no matarlo, uso su magia para bien, aunque Greg muriera a raíz de esa magia, fue usada desde una emoción que no tiene nada que ver con el odio o la venganza, así que esos rayos que viste, son magia buena, como la tuya Emma.

- ¿Cómo es eso posible? – pregunto sorprendida.

- Regina decidió aprender a usar magia para hacer cosas buenas – empieza a contarme Gold – cuando me llamó para que la ayudara con su madre, a pesar de que Snow ya se había encargado de destrozarle un poco la vida, siempre hubo buenas intenciones en ella, accedió a aprender magia diciendo que haría un buen uso de ella, pero sobre todo, para intentar traer de vuelta a Daniel – miro con sorpresa a Gold – Regina fue la pieza clave en mi tablero de ajedrez, sin duda alguna, fue la Reina.

- ¿Me estás diciendo que la manipulaste? – le pregunto entre indignada y dolida.

- Es lo que se me da mejor, querida – me dice y lo veo bajarme la camisa – esto ya está, ya estas curada por completo, intenta no hacer movimientos muy bruscos los primeros días, por lo demás, estas lista para volver a la aventura – me dice y me mira – sea cual sea la que quieras vivir ahora – lo veo levantarse y ponerse de pie para marcharse – si las emociones de Regina están cambiando – hace una pausa – es, sin duda, porque algo está haciendo que cambien o alguien – dice justo eso y desaparece, dejándome con una cara de estúpida que seguro es digna de ver.


Los días han ido pasando lentamente y conforme siguen avanzando, la sensación de que no vamos a salir de esta isla se apodera más de mí, rescatar a Henry, fue, aunque nos llevara días, incluso fácil, pero intentar volver a casa se está haciendo cada vez más complicado, llegamos aquí gracias a la habichuela mágica que Hook nos devolvió, pero era la última y no creo que aquí alguien las cultive, así que estamos atrapados y encima, tenemos a algo o alguien que quiere acabar con nosotros, como odio este lugar.

Por otra parte están los niños, el vínculo que han creado esos tres, es increíblemente admirable, la capacidad que tienen los niños de olvidar las cosas malas es digna de mención, Henry es, sin lugar a dudas, el gran ejemplo, cuando lo rescatamos hace días, estaba delgado, pálido, con ojeras y con una mirada triste, hoy, la imagen es completamente diferente, vuelve a lucir su color de piel habitual, las ojeras han desaparecido por completo, ha recuperado peso y sus ojos brillantes de ilusión muestran que está encantado de estar aquí y creo que Cook y Bicho tienen mucho que ver con eso pero también el hecho de que Regina y yo nos llevemos bastante bien ha influenciado en la recuperación de Henry, que haya olvidado el secuestro y sus calvarios tan rápido, es admirable, porque aunque hayan pasado ya casi una semana, aun me despierto en mitad de la noche, en vuelta en sudores y miedo, porque en sueños vuelvo a ver como Greg me apuñala y sin embargo, el lucha con Cook a las espadas como si no hubiera pasado nada.

Por otro lado, estamos Regina y yo, seguimos manteniendo lo que dijimos aquella noche en la playa, nos hemos centrado en la recuperación de Henry, aunque eso no quiere decir que no haya veces en las que me quedo embobada mirándola, que se me erice la piel cuando me roza o me toca, que me pierdo en su mirada cuando hablamos de cosas simples o que me deje sin habla cuando la veo jugar tranquila con los niños de una manera maternal y dulce, sin duda, esta Regina no es la que yo conocí aquella noche en la puerta de su mansión, aunque esa faceta sigue estando en ella y si no que se lo pregunten a Gold, que en estos días, la he podido escuchar soltar alguna que otra ironía, mezclada con cinismo, borderia y prepotencia, esas cosas que antes me molestaban de ella, hoy en día, he aprendido a valorarlas, por que forman parte de ella y la verdad es que sus salidas, cuando no van dirigidas hacia uno mismo, son bastante buenas.


De la nueva misión, la de encontrar la manera de salir de esta dichosa isla y volver a casa, se están ocupando los hombres, así que yo he decidido, que hoy, voy a quedarme sentada en la arena de la playa viendo como juegan los niños en la orilla, Bicho ya anda bastante bien, así que le es más fácil seguir a los otros dos, aunque Cook y Henry siempre están pendientes de él, juegan a correr, a tirarse arena e incluso a meterse en el agua y escuchándolos, he descubierto, que el sonido de sus risas es mucho más relajante que el romper de las olas.

- ¿Por qué siempre que los traes a la playa terminan empapados? – escucho a Regina preguntarme mientras se sienta a mi lado sobre la arena.

- Pues porque les dejo ser felices –le digo con una sonrisa y ella eleva una ceja.

- ¿Me estás diciendo que yo no?

- Yo no he dicho eso, solo digo que tú eres más estricta, tu eres la que les obliga a comer y a irse a la cama y yo soy la que les deja meterse en el agua – le digo y me encojo de hombros.

- ¿Entonces yo soy la madre mala y tú la buena?

- Algo así, si – me mira con el ceño fruncido – no me mires así, es la verdad.

- ¿Siempre vamos a ser tú el bien y yo el mal?

- Somos los dos lados de una misma moneda.

- Estas muy subida tu hoy, ¿no?

- Solo estoy feliz – le digo y me mira interrogante - ¿qué?, es verdad, Henry está a salva de nuevo, las cosas están tranquilas por aquí últimamente, sobreviví a que me apuñalaran y tu estas aquí sentada pudiendo estar en cualquier otra parte, lo único que me preocupa es el hecho de no saber cómo volveremos a casa, por lo demás, todo está bien – le digo sonriendo.

-¿Crees que conseguiremos volver?

- Creo, que si existe una mínima posibilidad, la encontraremos – sentencio la respuesta y ella me sonríe.

- Vaya – la escucho decir – creo que Bicho está enfadado – y veo como el pequeño gatea hacia nosotras por la arena con una cara de enfadado bastante cómica.

- Ey colega – le digo mientras él se esconde en los brazos de Regina - ¿qué te pasa? – y lo veo fruncir el ceño y ponerme pucheros - ¿no puedes pillarlos? – lo veo arrugar más su entrecejo – pues vamos a darles un escarmiento – le digo levantándome y cogiéndolo en brazos, para acto seguido salir corriendo con el hacia la orilla donde estaban los otros.

- ¡Eso es trampa! – escucho a Henry decir mientras lo persigo y puedo escuchar las carcajadas de Cook.

- Tú tampoco te libras de esta – digo y cambio el rumbo dirigiéndome ahora hacia el joven pirata, que al verme hecha a correr. Así nos tiramos un buen rato, jugando divertidos, en varias ocasiones he mirado a Regina y la he podido ver sonriendo ampliamente, por mucho que cueste creerlo ahora soy yo la que está siendo perseguida por Cook, que lleva a Bicho en lo alto de sus hombros, y por Henry, quieren tirarme al agua, pero por suerte, soy mucho más rápida que ellos, sacándoles una diferencia bastante amplia pero justo cuando voy a cantar victoria, sin saber el cómo, ni el porqué, mis piernas tropiezan y caigo en plancha al agua, resbalando incluso unos metros, consiguiendo empaparme por completo, las risas de los niños no se hacen esperar, como tampoco que los tres se hayan tirado encima de mí.

- ¿Qué le ha pasado Srt. Swan? – escucho a Regina preguntarme y noto por su voz que está intentando no echarse a reír - ¿ha tropezado? – y al escuchar esa pregunta elevo mi cabeza entre los niños y la miro, viendo que me mira de una manera picara.

- Ohhhh, ¿no será verdad? – pregunto levantándome, dejando a los niños jugando entre ellos en el agua - ¿has usado tu magia para que tropiece?

- ¿Yo?, ni hablar – me dice con tono ofendido – he usado mi magia en el agua para que te hiciera tropezar - me dice y se encoge de hombros.

- ¡No me lo puedo creer!, ¿con que esas tenemos no? – le digo y me dirijo a ella corriendo.

- ¡Ni se te ocurra! – me dice amenazante con su dedo índice dirigiéndose a mí - ¡que ni se te pase por la cabeza! – me dice e intenta salir corriendo, pero yo soy mucho más rápida que ella y consigo agarrarle la mano.

- ¿Dónde vas tan rápido? – le pregunto dándole la vuelta y pegando su cuerpo por completo al mío.

- ¡Emma! – me grita poniendo sus manos en mis hombros haciendo fuerza para separarse - ¡estas empapada!

- Si – le digo y hago más presión en su cuerpo – y tú has tenido mucho que ver con eso – hago una pausa dramática antes de continuar – su majestad – le digo y me pierdo en su mirada justo como hace ella en la mía.

- ¿Puedo jugar yo también? – mi cuerpo se ha tensado por completo al escuchar su voz, es como un acto reflejo que no he podido evitar y Regina se ha dado cuenta de ello, así que con mucho cuidado voy soltándola de mi agarre y justo cuando voy a dirigirme a Hook, veo como una bola de arena mojada impacta contra el pecho del pirata.

- ¿Pero qué…? – dice Hook sacudiéndose y mirando hacia los niños, Regina y yo lo emitamos.

- ¿Qué? – pregunta Cook con su mejor cara de inocencia – él dijo que quería jugar – dice encogiéndose de hombros y yo sonrió, porque Cook siempre está para echarme una mano, así que viendo que Hook se ha colocado al lado de Regina, yo me dirijo hacia los chicos, viendo como Henry, que lleva a Bicho en brazos, mira la escena un tanto confundido.

- Me vuelvo a la cueva, voy a cambiarme – digo cogiendo al pequeño – me lo llevo antes de que se resfrié, ¿os venís u os quedáis? – le pregunto a los otros.

- Nos quedamos – contesta rápido Cook – volvamos al agua Henry – le dice y los dos salen corriendo de nuevo, yo emprendo mi camino hacia la cueva y al pasar justo al lado de Regina, veo como esta me mira de una manera intensa.


Una vez en el campamento, ayude a Smee a hacer algunas flechas, estuve conversando con mi madre sobre las posibilidades de salir de este lugar y que pasaría si no lo consiguiéramos, escuche a Cook contarle sus aventuras a Henry y como este le contaba cómo era la vida en Storybrooke, una vez que la noche ya había llegado, un mal gesto al coger en brazos a Bicho, hizo que sintiera un dolor punzante en el abdomen, despertando la preocupación de mi madre y Regina, que eran las que estaban en ese momento junto a mí pero por suerte solo fue un pinchazo sin importancia.

Cenamos todos juntos alrededor de la fogata, conversaciones en total cordialidad, charlas amenas y algunas bromas nos acompañaron en el proceso, a la hora de irse a dormir, sorprendí a todos cuando dije que esa noche me gustaría dormir en el barco, la escusa que puse fue que después del tirón en la herida quería descansar en la cama de Hook, todos estuvieron conformes y me regañaron por haber vuelto a dormir en la arena antes de tiempo, no tenían por qué saber que el verdadero motivo por el que quería ir al barco, no era otro que el de huir, volver a ver al pirata cerca de Regina había despertado en mi esos celos que, después del acuerdo, creía habían desaparecido.


La luz tenue de una vela y el sonido de las olas rompiendo en el casco del barco, son lo único que me acompaña en este amplio pero impersonal camarote, llevo horas sentada sobre la cama, con mi barbilla apoyada en mis rodillas que están encogidas y pegadas a mi pecho, rodeadas por mis brazos, mirando cómo se consume lentamente la vela, mi cuerpo está aquí pero mi mente hace ya un tiempo que vaga entre mis pensamientos. Intento entender que son todas estas sensaciones que me recorren por completo, todo lo que Regina provoca en mí, todo eso que antes no estaba y que ahora se apodera de mí de una manera arrolladora, no hay ni una sola parte de mí que no reaccione ante su presencia, mi ojos siempre la buscan, mi cuerpo siempre busca desesperado entrar en contacto con el suyo y mis labios viven deseando volver a sentir los suyos. Nunca antes había sentido nada por el estilo, al menos, nunca por una mujer, siempre he sabido admirar la belleza de una mujer pero tengo que reconocer que cuando vi a Regina vestida de pirata, solo me falto babear, si no lo hice claro, en ella no solo admire su belleza, sino que también admire la forma en la que sus pantalones hacían la curvatura de su trasero y como el estrecho corsé hacía mucho más provocativo su escote, en el que, siendo sincera, me hubiera encantado perderme.

Esos pensamientos consiguen que me levante de la cama como si esta estuviera en llamas, me dan miedo, mucho miedo, porque está claro que los siento pero es tan difícil de asimilar, tanto que no consigo dormir y es por eso que ahora me encuentro dando vueltas por el camarote, un libro negro en una de las estanterías llama mi atención, tengo que ponerme de puntillas y alargar completamente mi mano para llegar hasta el, cuando lo abro me doy cuenta que es uno de los libros de bitácoras de Hook, paso las hojas buscando algo interesante en lo que poder ahogar mis pensamientos.

- ¿Interesante la lectura? – escucho justo detrás mía sabiendo perfectamente quien es y al darme la vuelta, la veo apoyada en una de las columnas que tiene el camarote con los brazos cruzados.

- ¿Qué haces aquí? – le pregunto cerrando el libro.

- ¿He venido a saber cómo estabas? – me contesta ella sin dejar de mirarme.

- ¿Has dejado a los niños solos? – pregunto preocupada.

- Tranquila – me contesta con una sonrisa – llevan horas durmiendo, no como tú – me dice – ¿qué haces despierta?

- No consigo dormir – le digo sincera.

- ¿No fue eso por lo que viniste hasta aquí?, ¿para descansar?

- Sí.

- A no ser que no vinieras por eso – me dice y mi subconsciente hace que mire hacia el libro – quizás solo intentabas alejarte.

- Yo diría que más que alejarme intentaba huir – le digo sincera porque he descubierto que ella me conoce bastante bien, así que para que me voy a molestar en mentirle.

- ¿Huir de qué? – me pregunta.

- De ti.

- ¿De mí? – me pregunta sorprendida.

- No te puedes hacer una idea de lo difícil que es estar cerca de ti – y la respuesta me sorprende hasta a mí, la veo mirarme fijamente y yo necesitando romper el contacto visual, me doy la vuelta para poner el libro de nuevo en su sitio y justo cuando me elevo para dejarlo donde estaba, un fuerte pinchazo en el abdomen consigue que me lleve mi mano libre hacia la cicatriz y de boca se escape un pequeño grito en forma de dolor, veo como rápidamente Regina abandona su posición en la columna para llegar hasta mí y ayudarme a bajar el brazo que aún mantenía en alto.

- ¿Estas bien? – me pregunta muy bajito y yo asiento con la cabeza – déjame ver – me dice llevando sus manos hacia donde se encuentra la mía – Emma – me susurra para que aparte mi mano, pero escuchar mi nombre provoca en mi un gran suspiro e inconscientemente cierro los ojos - ¿por qué no quieres que diga tu nombre? – me pregunta con un tono de voz bajito.

- No sé por qué, mi nombre en tus labios suena diferente – le digo sincera – cuando lo escucho, siento como si no pudiera tener el control sobre mí – le digo mientras suavemente guío su mano hasta posarla sobre mi cicatriz – tienes las manos frías.

- Lo siento – me dice y la veo mirar hasta su mano.

- Si supieras todas las ganas que tengo de besarte – le digo mirándola, veo como ella al escucharme eleva su cabeza para buscar mis ojos y entonces nos quedamos en silencio mirándonos fijamente.

- ¿Y por qué no lo haces? – me dice, rompiendo el silencio y mi cordura.

La miro tan intensamente que creo que en algún momento nuestras miradas se van a fundir en una sola, aprovecho que le tengo cogida una de sus manos para guiarla por mi cintura hasta posarla en mi espalda, consiguiendo así, pegar su cuerpo al mío, es increíble como encajan perfectamente el uno en el otro, mi mano izquierda ha imitado a la suya acariciando su cintura para después posarse en su espada, mi mano derecha ha subido hasta su cara, se pasea lentamente queriendo dejar marcadas en su piel las huellas de mis caricias, no puedo evitar pasar uno de mis dedos sobre sus labios, ella inconscientemente se los humedece al sentir mi tacto y yo, acorto las distancias hasta llegar a la fuente de mis deseos.

En el beso intento transmitirle todo, mis deseos, mis temores, las mil sensaciones que provoca en mí, todo, sin dejarme nada, porque creo que ha llegado el momento en el que tengo que dejarme llevar y dejar de luchar contra algo con lo que, simplemente, no puedo luchar, al menos, no sin perder la batalla. Lo malo de volcar en un beso todas tus emociones, es que en determinado momento ese dulce y simple beso da paso a uno mucho más devorador y pasional, uno con ganas de más, ganas de probar cada centímetro de su piel, ganas de sentir más intensamente el calor que desprende su cuerpo, ganas de tenerla, ganas de poseerla.

Conforme el beso gana en intensidad, el aumento del deseo se hace más presente y ya no me conformo con tan solo besar sus labios, así que los abandono para empezar a prestarle atención a su cuello, puedo sentir como ella suspira intensamente justo cuando mis labios rozan el lóbulo de su oreja, provocándome una sonrisa de satisfacción, porque eso solo quiere decir que ella esta tan consumida por el deseo como lo estoy yo, mis manos, deseosas, han comenzado a llenar su cuerpo de caricias ávidas pero a la vez profundas, dejándome ver las reacciones de su cuerpo al paso de ellas. Antes de que mis labios vuelvan a los suyos, decido arriesgarme pasando por su lóbulo, aunque esta vez, profundizo un poco más llegando a morderlo levemente, provocando así, un leve gemido que se ahoga en la garganta de Regina, sonrió, acabo de descubrir que la reina tiene un punto débil, después de eso, es ella misma, la que agarra mi cara con sus dos manos y me besa apasionadamente, yo, sin lugar a dudas, correspondo de la misma manera, haciendo que una de mis manos baje desde su cuello, pasando deliberada y muy lentamente entre medio de sus pechos, rumbo a su cintura, siento sus manos jugar en mi espalda, antes de que mi aliento sea succionado por completo de mis pulmones y haciendo un grandioso esfuerzo, me separo de ella unos centímetros, puedo ver en su mirada el deseo, puedo sentir en su cuerpo las ansias y con tranquilidad subo mis manos hasta el primer botón de su camisa de lino.

- ¿Emma? – la escucho en un susurro justo cuando desabrocho el primer botón – a pesar de la imagen que puedas llegar a tener de mi – dice y elevo uno de mis cejas – yo nunca…

- Yo tampoco – le digo no dejándola terminar – dejémonos llevar, solo eso – le digo y ella como respuesta me besa levemente.

Desabrocho uno a uno los botones que tiene su camisa, lentamente llevo mis manos hacia sus hombros, elevo mis ojos para fijarlos en los suyos y mientras, pongo mis manos por debajo de la tela deslizándola suavemente por los hombros, los brazos, hasta caer al suelo, dejando mis manos acariciando las suyas, a parto mis ojos de los suyos para dirigirlos ahora hasta su torso solo ataviado con un sujetador de encaje negro, veo la agitación de su pecho y subo mis manos para dibujar con mis dedos el contorno de esa prenda que a ella le queda tan sexy, a la vez que ella cuela sus manos por debajo de mi camisa entrando en contacto con mi piel, provocándome una cadena de escalofríos que recorren todo mi cuerpo, siento como hábilmente va subiendo mi camisa para intentar quitármela y yo, elevo mis brazos para facilitarle la tarea y ahora las dos nos encontramos con ambos torsos casi desnudos, mi sujetador blanco contrasta con el suyo negro, mi mirada verde contrasta con la suya marrón, mi piel clara contrasta con la suya bronceada, siento como pasa sus finos dedos por mi cabellera atrayéndome más hacia ella y cuando nuestros cuerpos están completamente pegados de nuevo, la vuelvo a besar apasionadamente.

Los escasos pasos hasta la cama los hacemos torpemente, yo la guío y ella se deja guiar, pero nuestros pies no parecen estar en la misma sintonía que nuestras lenguas, ya que van tropezando con todo lo que hay por el camino, justo cuando llegamos hasta la cama y antes de llegar a más, la cordura de repente hace acto de presencia en mí

- Aun estas a tiempo de decirme que pare – le digo con un tono de voz tomado por el deseo mientras llevo mis manos hasta su espalda.

- No quiero que pares Emma – me dice mirándome fijamente y como si viera mis temores levanta sus manos hacia mi cara mientras me deja dulces caricias y yo inclino mi rostro para adaptarme a sus manos, besando suavemente la palma – no hay otro lugar en el que quiera estar en estos momentos que no sea aquí, contigo – me dice tan cerca de mí que podemos compartir perfectamente la misma respiración.

Mis manos recorren lentamente el corto camino que hay entre su cintura y la parte trasera de su sujetador, deslizando los dedos por encima del broche, de una manera bastante hábil lo desabrocho, guio con mis dedos los tirante para que termine haciéndole compañía a su camisa en el suelo y paso con una lentitud bastante aplastante mis manos por sus pechos, ahora ya completamente desnudos y no puedo apartar mis ojos de ellos, porque su visión es tan maravillosa como lo es su tacto y es entonces cuando siento como mi sangre hierve recorriéndome por completo. Con cuidado y sin dejar de besarla, la tumbo sobre la cama mientras sigo con mi tarea de satisfacer su boca, mis manos han llegado al cierre de su pantalón, una vez desabrochado, mis labios abandonan los suyos para emprender un camino de besos húmedos por todo su cuerpo, en cierto punto, se desvían un poco para prestarle un poco de atención a sus pechos, el contacto de mi lengua con su pezón consigue provocarle un gemido leve pero perfectamente audible, sigo mi camino de besos pasando también por su ombligo, cuando llego hasta sus pantalones me incorporo para que mis dedos sean ahora los que ocupen el puesto de mis labios, al bajar ligeramente la tela por sus caderas, una minúscula prenda consigue despertar mis sentidos más de lo que ya están, un tanga negro de encaje se asoma perfecto por debajo de los pantalones, me pongo de pie para conseguir quitar bien la prenda y cuando vuelvo mi vista hacia ella la visión me deja completamente de piedra, Regina vestida es increíble pero solo ataviada con ese trozo de tela, es simplemente espectacular, la veo incorporarse hasta quedar sentada sobre la cama, llevando sus manos hasta el cierre de mi pantalón, imita mis pasos al deslizarlo por mis piernas hasta ir a parar al suelo, dejándome solo con mi ropa interior blanca, sus manos vuelven a subir por mi cuerpo acariciando mi abdomen, cierro mis ojos para sentirlo todo mejor, sus manos se han ido ahora hasta mi espalda para desabrocharme el sujetador mientras siento como sus labios besan con extrema dulzura mi cicatriz, una vez que siento mi sujetador caer al suelo, busco desesperada su boca, la cual me recibe con ansias y entonces vuelvo a tumbarla en la cama pero esta vez acoplo mi cuerpo encima del suyo de tal forma que una de mis piernas quede entre las suyas y una de las suyas entre las mías.

Entre besos y caricias continuamos cuando nuestras caderas comienzan a balancearse, mi instinto me lleva a aplicar cierta presión en su centro con mi pierna, provocando un ligero arqueamiento de su espalda, haciendo que se aferre con fuerza, enganchando los brazos sobre mi espalda, acercando mi cuerpo mucho más al suyo, sin dejar de balancear sus caderas, yo, por mi parte, dejo besos húmedos sobre su cuello, lamiendo y mordiendo su clavícula, mientras siento escalofríos provocados por el constante roce de su pierna con mi zona más sensible, suspiros, jadeos y gemidos son los únicos sonidos que puedo escuchar en el camarote, nuestros cuerpos siguen balanceándose en perfecta armonía, aumentando el placer a niveles insospechados, trayéndome una pasión nunca antes conocida, queriendo mucho más de ella, mi mano derecha se desliza hacia abajo colándose hábilmente entre sus piernas.

- Quiero que seas mía – le susurro al oído – solo mía – y justo en ese momento introduzco uno de mis dedos en ella, provocando un hondo gemido por su parte.

- No tengo intención de ser de nadie más – me dice con una voz completamente ronca tomada por el deseo. Cuando sus caderas comienzan de nuevo a balancearse, yo, arrastrada por el deseo, introduzco otro de mis dedos en ella, pero esta vez le sumo la presión de mi pierna, como respuesta, Regina clava sus uñas en mi espalda consiguiendo sacar de mi un gran gemido, mezcla de excitación y dolor, la beso apasionadamente mientras siento como su cuerpo se retuerce balanceando sus caderas a un ritmo más constante, ella por su parte eleva su rodilla para hacer más presión sobre mí, consiguiendo que casi roce la locura, el balanceo de nuestros cuerpos es contante y casi frenético, nuestras respiraciones se mezclan, siento como su respiración se vuelve más agitada, como aumenta el ritmo de sus caderas - solo tuya – me dice y siento como su cuerpo se tensa, como sus uñas vuelven a clavarse en mi espalda, como su espalda se eleva arqueada sobre la cama – Emma – escucho salir de su boca mi nombre en forma de gemido, justo en el preciso momento en el que llega al orgasmo y con tan solo unos segundos de diferencia y tras escucharla, un escalofrió me recorre de principio a fin llevándome a terminar en un placentero orgasmo a mí también.


No seas muy malas conmigo que es la primera vez que escribo una escena como esa, así que no se si lo he hecho muy bien.

Espero que os haya gustado.