Buenas noches, vengo acá con el segundo capítulo, que por cierto, ningún personaje es mío.
Espero les guste.
2. Camelia blanca (orgullo por rechazo)
¿Qué fue lo que me falló? ¿acaso no se trataba de la flor correcta? ¿quizá no entendió bien las señales? Sí, quiero pensar que eso fue lo que sucedió y no sólo eso, también mi muy querido hermanito metió en el momento exacto, tirando todo el plan, sin siquiera negarse o algo ¡El muy desgraciado seguramente se había dejado para experimentar nuevas sensaciones! Estúpido Sherlock y estúpido Lestrade. ¿Cómo era que alguien tan común, sin chiste, y sin imaginación le gustara tanto? ¿Cómo era posible que si no era creativo llegara a tan alto rango? Fuera de tema…
Simplemente no lo sé, supongo que así son las cosas, los sentimientos, el querer estar con alguien. Definitivamente tengo que enviar a buscar a Sherlock de nuevo, aunque tenga meses sin verlo por alguna razón, quizá se está drogando de nuevo ¡sí! Tal vez por esa razón se dejó llevar y ahora tiene una extraña relación con Gregory, espero que si… ¿a quién quiero engañar? Mi hermano estaba en todos sus sentidos cuando decidió aflojar el cuerpo ¿cómo seguirán las cosas entre ellos?
Que desperdicio, sinceramente que desperdicio, Lestrade gastando su energía y saliva con su hermano menor, yo no le buscaría con un único fin, es que ¡ah! Simplemente no le doy cabida a todo esto, no lo quiero creer. Soy mayor que mi hermano, más serio, ¿cómo es que me rechaza? Seguramente me equivoqué de flor, quizá a Lestrade no le gustan las flores, podría ser eso. Debería dejar de pensar en todo esto, mi trabajo es lo primero, naturalmente, como siempre… No en alguien que no me ha de notar demasiado.
– Malas noticias – ¿No tienes otra forma de entrar Anthea?
– Dime – Como decía, debo pensar en lo que es realmente importante. Y no en trivialidades.
– Beth Davenport, Secretaria de Transportes – La mujer se dirige hacia mi dejando el expediente en el escritorio, lo miro, un par de segundos… no merece mi atención, en asesinato aleatorio, no merece el servicio secreto.
– A Scotland Yard – Es todo lo que puedo decir al respecto, Anthea no me lo va a reclamar, acatará de inmediato y se retirará silenciosamente, después sacará su teléfono y esperará instrucciones mías para lo demás.
Ahora que lo pienso… Scotland Yard. Tomo mi teléfono y mando llamar a Anthea lo más pronto posible, que consiga otra flor, una que le diga a Lestrade que no se trata de mi hermano, que me siento mal por no tenerle, que me falta el aire y que agonizo, perdiendo la vida.
Un mes, casi un mes había pasado desde su primer y último encuentro, no se habían vuelvo a ver, eso era un poco agonizante, terrible, de hecho ¿había hecho algo mal? Si a Sherlock se le veía tan normal aquel día. Normal no era posiblemente a gusto ¿o sí?
Greg tenía la mirada gacha, perdida en la mesa de prensa, sin presar atención a los fotógrafos y periodistas hambrientos de noticias, preguntándose donde carajo estaba Sherlock en esos momentos, por qué no le contestaba el teléfono.
Las preguntas lo sacaron de sus pensamientos, contestó todas pero sin dejar de tener la mirada baja. Asesinatos, suicidios, ¿qué más daba? Todo era igual en ese momento. Después sintió un codazo de Sally Donovan, seguramente no había dicho alguien bien.
– Daily Mail.
Bueno, para que Sally se lo dijera significaba que sí, había dicho algo que no tenía que decir. Intentó componer lo dicho y siguió con la rueda. Después vino lo peor y al mismo tiempo lo mejor de todo: la presencia de Sherlock, aunque no palpable, contradiciéndole como siempre. Al recibir el mensaje que claramente decía que lo que afirmaba estaba mal (recordemos Wrong!) por fuera puso expresión de sentirse totalmente abatido, queriendo terminar esa rueda y queriendo eliminar al hombre por meter las manos como siempre, pero por dentro una cálida y efímera llama le dio felicidad dentro, pero muy dentro de él.
Se bajó de la patrulla rápidamente enfrente del nuevo domicilio de Sherlock Holmes, casi saltando fue hacia la puerta y rápidamente la abrió, subió las escaleras, notó que un escalón rechinaba, cruzó la puerta y se encontró a Sherlock esperándole, junto la que sería posiblemente su nueva casera y un hombre con bastón que estaba sentado en un sillón. El detective consultor estaba contento con el caso, otro asesinato más, no era casualidad, Greg se sonrió a sí mismo descubriéndose como admiraba la sonrisa de aquel hombre, una sonrisa sincera, la primera vez que le veía sonreír. Podría haber sido el momento perfecto, le ofreció ir en la patrulla, pero no fue así, le rechazó rotundamente, sus miradas se encontraron y en la del más joven no vio complicidad, sentimientos, si quiera carisma, nada. Entonces ¿qué había sido de todo lo que había sucedido hace unas semanas?
Más patético y peor se hizo el asunto con las horas. Aquel hombrecillo del bastón ahora era el fiel compañero de su Sherlock… porque suponía que era suyo. En tan sólo cuatro horas se sintió desplazado, olvidado y humillado, era demasiado para el corazón de Greg, aún así no pudo dejar de concederle todo lo que el deseara. ¿no quería ver a Anderson? Concedido ¿quería quedarse solo con su nuevo amigo? Concedido ¿de nuevo no quería a Anderson cerca? Todo, todo lo que Sherlock le pidiera lo cumpliría, parecía que con esa noche había bastado para encantarlo.
Cuando supe que ese sujeto, John Watson, indudablemente se haría amigo de mi hermano, mandé a tres de mis mejores hombres para dejar la flor en el mismo lugar donde Lestrade dejó la otra, no tengo de más que preocuparme, las cosas saldrán solas.
Un día terrible, al final ya no le importó que Sherlock estuviera en peligro de muerte, el caso se había resuelto y podría darle fin a todo aquello de su extraña relación (porque esperaba que tuvieran algo) y la aparición del hombre pequeño. Para cuando llegó a su hogar, se sacó los zapatos dando hacia las paredes, se sentó en su sillón y se puso a pensar. Aquello no tenía esperanza, su detective consultor estaba como si nada hubiese pasado entre ellos ¿sólo le había utilizado? Deseaba ir a su casa, golpear al hombrecillo Watson y poseer de nuevo a Holmes, solo para él, de nuevo, enseñarle quien era el que mandaba ahí.
No, simplemente debía olvidar ese asunto y volver su vida a la normalidad, no había esperanza. No la había, hasta que vio el cambio en la mesa. En medio de la mesa, impecablemente limpio, con el agua traslúcida, estaba el vaso donde tuvo por semanas la Adonis, pero ahora había una nueva flor, blanca y todavía más bella que la anterior. Al principio pensó en Sherlock, una forma de disculparse, tal vez, pero cuando investigó que flor era, pensó, por primera vez, que quizá no se trataba de Sherlock Holmes, pues esa flor significaba que la persona que se la había enviado, fuera quien fuera, se sentía totalmente rechazada por él.
Estuvo algo corto... y extraño ._. pero todo irá tomando forma, más que nada este capítulo es así de borroso porque Lestrade se siente un poco ahogado con la situación de Sherlock y Mycroft un poco desesperado. Mañana vuelvo con el siguiente. ¿reviews? Buenas noches.
