Tercer capítulo, espero les guste.
3. Violetas (amor oculto)
Cuando Greg vio entrar a Mycroft Holmes a su departamento de investigación, tan erguido como siempre, orgulloso y enorme, no pudo evitar el atragantarse con las donillas que devoraba. Que apareciera el hermano mayor de Sherlock en aquel lugar quería decir una de dos cosas: Un caso para el servicio secreto, o un caso que el servicio secreto deshecha. Sin embargo era totalmente algo insólito ver ahí a Mycroft, en realidad, podía apostar que era la primera vez en toda su vida que ponía los pies en Scotland. Normalmente enviaba a otras personas, siendo su atractiva secretaria la más frecuente.
Greg intentó poner su atención en la computadora, como para que el mayor de los Holmes no acudiera a él, pero ni así pudo pasar desapercibido, era como si aquel personaje fuera única y exclusivamente a buscarle a él. Greg se acomodó bien en su silla para recibir de la manera más formal a aquel hombre. La espera fue un poco larga, Mycroft Holmes iba con su sonrisa de superior pavoneándose por el piso, Greg volteó los ojos, era igualito a su hermano menor, Sherlock… tenía ya un tiempo que no pensaba en él. En esos pocos segundos en los que tardó en llegar el mayor de los Holmes a su oficina, Greg recapituló su mala racha con su anterior amante… de una sola noche. Una gran noche y dos meses de incertidumbre. Al menos sabía que el hombre que antes usaba bastón, John Watson, no tenía algo con el consultor. Pensar en Sherlock hacía que se le erizara la piel, sintió de pronto unos nervios inexplicables, no porque aquel hombre iba a él por cuestiones de trabajo. Se trataba de algo más, pero no tenía asomo del porqué.
Mycroft cruzó la puerta sin tocar siquiera.
– Buenos días detective – Una voz seria y fría le dio la cortesía, Greg la contestó prácticamente de manera automática levantó la mirada y se encontró con unos ojos casi iguales a los de Sherlock y al darse cuenta de ello tuvo miedo. Eran hermanos y seguramente Mycroft Holmes era tan bueno como su hermano en deducir a la gente. En saber los más grandes secretos con tan sólo ver a las personas a los ojos. Instintivamente quiso ocultar todo eso, sus secretos, sus sentimientos. Para dar confianza asomó una sonrisa tímida, que sorprendentemente Mycroft le regresó.
– Vengo por dos razones.
– Si claro, a sus servicios – Contestó Greg un poco más confiado, aquel hombre se le hacía más cálido y menos ausente que Sherlock a pesar de que el trato fuera meramente profesional.
– La primera, ¿mi hermano es acompañado siempre por John Watson? – Mycroft se acercó demasiado a Lestrade para hacerle la pregunta, como si lo hiciera en secreto. Greg sintió que lo hacía adrede, para recordarle lo que pensaba muy a menudo "Sherlock está con John Watson y no contigo". No evito hacer la mueca que hizo a continuación, señal de desaprobación, señal de dolor, lo hizo sin intención, diciéndole a el hombre que tenía enfrente que era lo que sentía.
El Hombre de Hielo por su puesto que se dio cuenta de ello, aprovechó que Gregory bajaba la mirada (parte de su mueca de dolor) para poner el rostro serio. Le molestaba que aquel hombre que tenía enfrente siguiera una falsa idea como un amor, una idea que se había hecho él mismo. Pero ahora él mismo estaba ahí, dispuesto a resolver todo eso con su propia mano, no con la presencia de otros, no con la ayuda de terceros. Tenía que ser delicado, atento, lento… ganarse a ese hombre poco a poco, demostrarle que el no era un vacío cuyo único fin para con él es aprender, sin nada más, ya que Mycroft Holmes quería dar y recibir sentimientos, era ridículo y tontamente simple, pero se sentía enamorado del detective inspector y verle sufrir le molestaba mucho, todavía más si la causa del sufrimiento era su propio hermano. Pero en vez de todo lo que tenía que ser y hacer, no ignoró su vena familiar y habló.
– ¿Qué es lo que sientes en verdad por mi hermano?
Cuando Greg escuchó esa pregunta sintió como le lanzaban una cubeta de agua helada encima. Ese hombre no se iba con rodeos, al igual que Sherlock era un monstruo sin corazón.
– No sé a que te refieres – Dijo queriendo evadir el tema, pero sabía que todo ello era inútil, Holmes estaba al tanto de todo, o por sus habilidades o por sus cámaras.
– No vayamos a respuestas de adolescentes Lestrade – La mirada del hombre del gobierno era totalmente pesada y penetrante, Greg sentía como podía mirar a su interior a través de sus ojos, como dos ventanas que estaban totalmente abiertas. Mycroft sonrió intentando darle confianza a el detective, sabía que no había sido sutil, pero no podía permitirse detenerse en ello – Simplemente piensa detective ¿en verdad sientes algo por Sherlock? O todo fue resultado de una serie extraña de situaciones.
Eso llamó la atención de Greg, que se levantó de golpe de su asiento un poco alarmado. El otro Holmes sabía de las flores. Pero pensándolo en ese extraño momento de confianza (porque aunque no se había dado cuenta de ello, pero Mycroft le daba confianza) nunca se había puesto a pensar que sentía por Sherlock. Lo único que habían tenido era un desliz, un momento pasional y después de eso… nada nuevo, nada, absolutamente nada después de eso. El más joven como si nada hubiese sucedido y él sufriendo. Pero ahora que el hermano del otro se lo preguntaba cayó en cuenta de algo totalmente cierto ¿qué sentía por Sherlock Holmes?
– No lo he pensado – Dijo en voz alta, dando la respuesta. Mycroft cerró los ojos y suspiró, Greg no se dio cuenta de ello, estaba más ocupado en saber qué sentía por el otro Holmes.
– Piénsalo – Le dijo Mycroft mientras se levantaba de su asiento. Lestrade seguía cavilando en la pregunta cuando notó que había algo que no estaba anteriormente en el escritorio, una maseta de violetas africanas, levantó la mirada y de nuevo se encontró con los ojos de Holmes, el pelirrojo sonreía tranquilamente – Procuré que ahora no fueran efímeras estas – Dijo el Hombre de Hielo señalando discretamente las violetas – Tengo tantas cosas del trabajo detective, luego nos vemos.
Y se fue tranquilamente sin decir algo más.
Greg se quedó con la boca abierta… las flores, las flores eran enviadas por Mycroft Holmes pero no por Sherlock. Mismo apellido hombres diferentes. Ahora estaba ante una nueva situación: no sabía que hacer o pensar.
Las violetas africanas no se quedaron en la oficina, fueron directo a su casa junto con Greg mismo. Investigó el significado de esa planta y confirmó lo que ya pensaba. Ese amor oculto era de un Holmes, no del que pensó en un inicio.
Era demasiado ya para los dos... ¡tres meses así! Lestrade ya tenía que saber de quien se trataba en realidad. Ahora tiene que decidir que hacer...
Nos vemos mañana con el que sigue.
