Sexto capítulo, es hora de las cosas dieran un pequeño giro. Espero les guste.


6. Orquídeas (seducción)

Junio estaba por terminar… y no había ninguna flor nueva por parte del mayor de los Holmes. Por fuera Greg se sentía contento por ello, sonreía y ya no se sentía atormentado. Pero por dentro se sentía un tanto desganado, sin saber porqué, pero siempre que llegaban los del Servicio Secreto tenía la remota esperanza de que fuera el Mycroft el que fuera a quitarle el caso o en todo caso dejárselo. Y cuando se daba cuenta que era cualquier otro trabajador del gobierno, una extraña tristeza le envolvía, un dolor extraño le envolvía y sentía como su pecho era presionado. Sin duda alguna el hermano mayor de Sherlock había logrado que Lestrade sintiera algo por él, pero no lo aceptaría, no, por supuesto que no lo haría después de ese rechazo que dejó claro con Mycroft… por que lo hizo ¿cierto?

En ese momento todo parecía confuso. Ni siquiera las donas y el café que tomaba con los pies sobre el escritorio le hacían sentirse un poco más tranquilo. Aunque al principio, los primeros días después de esa plática corta que habían tenido, Greg se sentía totalmente aliviado, era un peso menos de encima, pues no comprendía a ese hombre y sus muestras de afecto, su promesa de amor sincero. Era algo que simplemente no cabía en la cabeza de Lestrade. Sin embargo el se justificaba totalmente (hasta antes de esa plática) su par de encuentros furtivos con Sherlock, que el lo dominará así porque sí y que el moreno simplemente se limitara a dejarse. Ahora, después de verse en esa confusión total se preguntaba gran parte del día ¿qué era lo que pretendía con Sherlock? ¿por qué el otro no le había dicho nunca un no por respuesta?

Ahora eran demasiadas preguntas, no sabía que esperar, que hacer. Había momentos en los que quería con desesperación ir hacia donde estaba el detective consultor y de una vez poseerlo de nuevo, había otras ocasiones en las que lo único que pensaba era en ir hacia el Club Diógenes o a donde fuera que estuviera el mayor Holmes y decirle muchas cosas que tenía revueltas en su cabeza, pero estaba tan seguro que cuando comenzara a hablar todo saldría de su boca para poder expresarse debidamente.

Dejó las donas y el café y se dispuso a continuar con su trabajo. Revisó los archivos y después los dejó un poco decepcionado. Ese día no había ningún asesinato nuevo, no había llamadas con alguna denuncia… nada. Pensó en qué hacer para no seguir tan atormentado, tal vez lo ideal era en esa ocasión salir él por sus donas en vez de mandar a Sally o a cualquier otro.

– ¿Nada interesante hoy? – Donovan entra a la oficina con esa sonrisa propia de ella.

– Parece ser que le pagaremos a los asesinos para nosotros tener trabajo.

Donovan sonrió ante el comentario de su jefe. Después ambos se quedaron callados, Greg se puso serio y bajó un poco la mirada.

– ¿Cuál es su nombre? Enamorado – Greg levantó la cabeza y se encontró con una mira sonriente y cómplice por parte de Sally.

– No lo sé, no estoy seguro.

– Dos… la que te quiera es la que vale.

Esas palabras quedaron en su cabeza para taladrarle la consciencia todo el día. Lo dicho por Donovan iba acompañado de un nombre: Mycroft. ¿Cómo había sido tan tonto? Mejor dicho, seguía siendo un tonto al no querer aceptarlo, tan tonto que consultó el significado de una flor, compró una vara de flores de orquídea y fue el 221B a toda velocidad. Al llegar no tocó la puerta, simplemente pasó con toda la confianza y se plantó detrás de Sherlock con las flores en la mano. No sabía si estaba John, al menos no se encontraba en la sala.

– ¿Está John?

– Trabaja… – El moreno suspiró – Lestrade.

– Yo… te traje unas flores.

Sherlock dio media vuelta y le miró seriamente.

– Me quieres seducir – Alzó los ojos con su expresión aburrida – Dime, en enero ¿por qué cuando llegué te me fuiste encima?

Lestrade dudó, no lo quería decir, que había pensado que las flores eran por parte de su hermano y él pensó que eran de Sherlock.

– Que seamos hermanos no quiere decir que nos comportemos igual. Mi hermano será un gordo arrogante que detesto, pero no por eso lo voy a herir de a gratis, los sentimientos, son mundanos, efímeros en muchas ocasiones y es uno de los puntos más sensibles para los hombres. No voy a atacar nunca a alguien con las personas que le importen, eso incluye a Mycroft – El detective consultor se cruzó de brazos y miró las flores – ¿Qué es lo que quieres conmigo? Sólo deshacerte de tu libido y deseo carnal de vez en cuando. En ninguna ocasión me preguntaste si yo querría, en ningún momento te preocupaste si me lastimabas o algo así ¿y me vienes con flores? No.

Lestrade no daba crédito a lo que llegaba a sus oídos, Sherlock hablándole así.

– Yo…

– No Lestrade – Fue interrumpido por el moreno, cuyos ojos brillaban de una furia extraña con una sonrisa que daba miedo – Prueba lo que probé y después de hoy no me busques de nuevo para tus fines sexuales.

Dicho eso se quitó la bufanda de golpe y sin que Greg pudiera reaccionar, le cubrió la boca y ahora, por primera vez en su vida, fue dominado, mancillado, lastimado y humillado.


Cuando llegó a su casa, al igual que la última vez se bañó y se tendió en su cama totalmente mojado y desnudo. El cuerpo le dolía desde las uñas de los pies hasta la punta de la cana más larga. Tenía marcas en el cuello, espalda, piernas y pecho. No pudiendo soportar el dolor en la espalda como en el pecho, se sentó en la cama y puso su cabeza entre sus manos. ¿En qué había estado pensando todo ese tiempo? Había pasado seis meses pensando tonterías y haciendo tonterías, quizá la forma en la que se lo demostró Sherlock era la única manera en la que comprendería. No tenía odio hacia Holmes, nada, ni siquiera enojo. Pero lo cierto era que se sentía herido, por otro de forma física y por si mismo de otras maneras.

Sonó el timbre de la puerta un par de veces, Greg no tenía ganas de abrir, mejor simular que no estaba en casa, sonó de nuevo y pesadamente tomó la toalla para cubrirse el cuerpo.

– Está abierto.

Pasos apresurados hacia su cuarto, Greg se preguntó quién era. Se trataba de Mycroft, sin paraguas y sin saco. El pelirrojo se detuvo justo enfrente de Greg, la mirada de ambos duró un par de segundos y después Holmes jaló a Lestrade hacia su pecho en un abrazo. Al sentir el abrazo, al sentir ese calor, Greg comenzó a llorar. Realmente había sido un tonto, a esa conclusión llegaba. Mycroft le indicó silenciosamente que se sentara en la cama y le retiró la toalla, el detective tembló de miedo, no había tenido una buena experiencia previa. Pero no fue así, el Hombre de Hielo miró un par de segundos el cuerpo de Greg y le volvió a abrazar para después sentarse a su lado.

– ¿Sólo en zonas visibles te lastimó? – La voz de Mycroft sonó muy apresurada, Lestrade negó con la cabeza, el pelirrojo palideció – ¿Con su cuerpo?

– No, no con su cuerpo.

De nuevo comenzó a llorar, como un niño desconsolado, Mycroft tomó la toalla y comenzó a secarle el cuerpo de manera suave para que no le doliera. Nunca lo detuvo en su llanto, dejó que desahogara todo lo que tenía dentro.

– Lo siento Holmes.

– Ya pasó Lestrade, ya pasó.


¡Ah! Sherlock lo tenía que hacer, se sentía ofendido (y con eso nos damos una idea de que le dolía) pero no se negaba nunca, bueno el porqué lo pondré más adelante. Mycroft nunca dejó de espiarlo, como podemos ver. Amo a ese pelirrojo, insisto. Iba a decir otra cosa, pero se me olvidó DX. Espero les gustara, volveré pronto, espero yo con la séptima parte. Por cierto, aún no termina el Sherlock/Lestrade, estén pendientes. ¿reviews?