Octavo capítulo, espero les guste.
8. Asfódelo (Estoy sólo)
Greg abrió lentamente sus ojos, a pesar de que no entraba ni una luz al cuarto sabía que ya era de día y que por lo tanto tendría que irse a trabajar. Bostezó y se sentó en la cama… fue ahí cuando notó toda la diferencia. Desde luego que no estaba en su cama, ni en su cuarto. Cuando cayó en cuenta de dónde estaba palideció por completo.
–Mycroft… – Susurró en un hilo de voz. Se tiró de nuevo en la cama y se llevó una mano a la frente y se dejó caer en la cama de nuevo. De pronto una prisa enferma por salir de ahí le invadió, volteó a un lado y al no ver a su compañero de cama a su lado se dispuso a salir corriendo de ahí. Al salir de la cama notó con cierto alivio que al menos traía la ropa interior puesta, se agachó para tomar su camisa y vio con cierto horror que tenía marcadas las muñecas… seguramente no era una buena señal. Su corazón se aceleró, no había estado bien, nada de lo sucedido en la noche anterior. Tomó rápido su camisa, pantalones y calcetines, se lo intentó poner todo rápido pero fue detenido con la llegada de Sherlock al cuarto. El detective consultor estaba con el cabello totalmente alborotado y despeinado, llevaba una bata sedosa de color azul marino y claro, no se notara que llevará más ropa debajo.
–Lestrade.
Sus miradas se encontraron por un breve instante. Gregory vio complicidad en los ojos de Sherlock, aprobación y otra cosa ¿qué era? Sherlock por su lado, vio preocupación y miedo.
¿Qué tanto había pasado en la noche anterior?
Como era normal cada tres días, llegó el momento en el que Mycroft y Lestrade se vieran, ya sea que fueran a cenar o pasarla tranquilamente les era más que suficiente. Esto solamente era así para Mycroft, quien habiéndole aclaro anteriormente a Greg sobre su posición sobre el contacto entre los cuerpos. Sin embargo, para Greg se había convertido todo aquello en una lenta agonía, ya que siendo un ser humano normal, totalmente normal necesitaba poder satisfacer ciertas necesidades, las cuales Mycroft no estaba dispuesto a poder desahogar.
Aquello había comenzado como una cita normal, Greg se sintió apenado al encontrarse en la cómoda y poco humilde casa de su anfitrión, el mayor de los Holmes estaba orgulloso por la impresión que dio. Después de una buena cena pasaron a compartir lo que fueron sus primeros besos. Lestrade se sentía triunfal con esa gran victoria, ya que el Hombre de Hielo se resistía hasta besar y ser besado, aunque en esa ocasión no se resistió más y se dejó llevar un poco. Tal vez era a causa del vino que ambos habían ingerido, o por la confianza que les brindaba estar al amparo de la oscuridad. Como fuera, compartieron sus labios por un gran rato… hasta que Greg pasó a las caricias. El simple roce de las yemas de los dedos del detective en su nuca hicieron que Holmes brincara un tanto alarmado.
–¿Qué es todo esto Greg?
Le preguntó con la respiración agitada. Lestrade no supo que decir o pensar, las cosas iban demasiado bien y de pronto no comprendía que pasaba.
–Pues… ¿no era eso un beso?
Las palabras del inspector hicieron que Mycroft se levantara de golpe y se tocara todo el cuerpo como si algo se le hubiese caído del traje.
–No era necesario el contacto Greg, no es necesario. Se puede llevar bien una relación sin contacto ¿qué no ves?
Greg estaba perplejo ante la reacción de Greg, se levantó del sillón donde habían estado, estaba espantado, no sabía que le había hecho a Mycroft, no comprendía tampoco la razón por la que se negara al contacto físico.
–Debes comprender, no soy tú, yo lo necesito, vamos, solo fue una caricia, nada pasó.
–No me alarma lo que pasó si no lo que puede llegar a suceder. Saliva, más que ahora, fluidos, olores… Discúlpame Greg, debo trabajar.
Y dicho eso se fue por una puerta de la sala, dejando completamente abandonado a Greg, bueno, así le pareció.
Molestó salió de la casa de del mayor de los Holmes y se encaminó a cuanto lugar se le fuera a la cabeza, la casa de Anderson, la cual estaba sola esa noche, su propia casa, la cual era demasiado deprimente como para estar ahí. Así que terminó enfrente del último lugar donde le hubiera gustado estar. El piso de Sherlock Holmes. Después se encontró tomando té junto con John, apoyando al Chelsea en un partido de la Eurocopa y escuchando a Sherlock refunfuñar por algún rincón de la cocina. Después de que John, contento de que el equipo nacional pasara a cuartos de final, se retirara a dormir, se quedó a solas con Sherlock en la sala, observando el seguimiento que daba el detective para un caso especial al que había sido contratado.
–Creo haber visto algo sobre el caso de estos chicos perdidos en el periódico, son de Nottingham.
–Los padres de los chicos pidieron mis servicios debido a la ineptitud de la policía – Sherlock miró seriamente a Greg mientras decía su acusación, el inspector se levantó del sillón individual donde se encontraba y se paró a lado de Sherlock, mirando la "pared de evidencias"
–¿Qué crees que sucedió?
–Un vago, no tiene habilidad para amordazar niños, mira esa fotografía, una agujeta rota, pareciera como si se las hubieran arrancado al dueño de los tenis de esas agujetas, pero mira Greg, en esta otra foto – Le señaló una fotografía donde se ve un zapato deportivo blanco, pero sucio por el uso – Si miras atentamente notas que el calzado no lleva sus agujetas, ¿qué tenemos? Que el secuestrador no tiene material propio, así que hizo con las agujetas de sus tenis, conclusión: pueden estar contentos, los niños aparecerán en uno o dos días, sucios, hambrientos y tal vez golpeados y uno sin lentes – Señaló otra fotografía donde se veían unos lentes de niño tirados.
–Vaya, eso es impresionante – Dijo Greg terminándose la taza de té y dejándola en la mesa de centro.
–El sujeto culpable solamente quiere dinero para poder comer, pero ese tipo de gente ya está afectada de la cabeza, se olvidará que tiene rehenes o bien, se espantará y los dejará ir. Todos los casos son divertidos hasta que sabes la solución – El moreno bostezó – Ahora que no está John – Una mirada llena de burla dibujó su rostro, Greg hizo una mueca – No vienes aquí para sacar tus frustraciones conmigo ¿cierto? – Lestrade simplemente asintió – Tuviste una pequeña disputa con mi hermano, lo cual hizo que estuvieras como alma errante, aburrido y solitario esta casa fue tu amparo.
–¡Por favor! No vas a comenzar del maldito que lo sabe todo.
–Pero si soy el maldito que lo sabe todo… mi hermano rechazó tus atenciones, oh – una pequeña risa salió de la boca de Sherlock, Lestrade no supo cómo interpretarlo – De lo que se pierde.
De nuevo todo fue confuso, ¿quién había comenzado? Lestrade, desde luego, sin embargo, en esa ocasión se detuvo a preguntarle a Holmes antes de arrancarle de la boca el primer beso desenfrenado:
–¿Está bien?
–Solamente no se te ocurra hacer un concierto.
Comenzaron a entregarse uno al otro, Greg con todo ese deseo que le inspiraba el hombre que tenía con él, de Sherlock, no tenía ni la más mínima idea ¿por qué hacía todo eso? ¿no se supone que no quería lastimar a su hermano mayor? Sorprendentemente, esos pensamientos no estaban en la cabeza de Lestrade en ese momento, solamente el hombre que estaba en esa sala con él.
Después de los besos y las caricias, bien se dispuso a sacarle la ropa de encima, pero Sherlock le detuvo con un gesto tranquilo ¿es que todos pensaban detenerle cuando más se entregaba? El moreno se llevó un dedo a los labios en señal de silencio y le guió a su cuarto. Ya adentro comenzaron desde un inicio, ahora fue Sherlock el primero en dar un paso, con su mano viajando por todos los rincones de su cuerpo. Se entregaron el uno al otro intentando no producir ningún sonido, el más joven dejó que el inspector saciara su necesidad en su cuerpo y Greg le encontró mucho más dispuesto que en las otras dos ocasiones. Al terminar dejó caer su cuerpo cansado sobre el del otro detective, ambos jadeantes, sudorosos y llenos de fluidos corporales. Antes de quedarse dormido se tendió a un lado de Sherlock en la cama de éste, de nuevo no pensó en nada, solo en dormir, tan no pensó en nada, que no sintió cuando el joven detective se acostó encima de él y abrazándolo, tampoco sintió esas cosquillas deliciosas que le dan a uno cuando otra persona habla a su oído un secreto de amor, por lo tanto, no escuchó o no entendió que le dijo el menor de los Holmes, pero eran unas palabras que se le eran familiares.
Al recordarlo todo se llevó una mano al rostro, había engañado la confianza de Mycroft, ¿cómo podría verle la cara después de aquello?
–Creo que deberías decidir Lestrade.
Las palabras de Sherlock viajaron a sus oídos y por fin las palabras que el detective susurró en la noche anterior tuvieron sentido.
–Yo, necesito irme.
–Recomendaría que te bañaras, el baño está libre y que te quedaras a desayunar, Mycroft llamó, le dije que dormiste en el sillón, obviamente lo dejé todo preparado, podrías fingir que no pasaste la noche en una cama y las cosas podrán ir bien. John no ha despertado, así que no me mires y muévete.
Greg le hizo casi como si fuera un autómata, mientras tomaba el baño pensaba en todo lo que había sucedido. Sin duda alguna se sentía fatal por la traición que le había cometido a Mycroft Holmes, se sentía poco hombre, sobre todo porque el no se había negado a todo eso que había pasado. Por otro lado, al recordar el cálido y suave contacto de la piel de Sherlock, se vio en la penosa realidad de que su cuerpo no dejaba de reaccionar ante tal deseo. ¿Qué sentía por Sherlock? Un gran deseo carnal, de eso no cabía duda, lástima, no podía corresponderle sentimentalmente al detective ¿Por Mycroft? Era un hecho que se sentía totalmente bien cuando estaba a su lado, que sentía que nada le faltaba, pero estaba esa incómoda situación.
–Estoy realmente jodido.
Cuando Mycroft llegó al 221B se encontró a John y Greg viendo alguna caricatura en la televisión y a Sherlocku jugando con tubos de ensayo y matraces en la cocina. El hombre no notó nada raro, simplemente una nota de incomodidad por parte de Greg, pero lo atribuyó al incidente de la noche anterior. Las cosas se desarrollaron con normalidad, después de revisar que las cosas estaban en orden se dirigió hacia el club Diógenes. Grande fue su sorpresa cuando cerca del atardecer, llegó uno de sus guardias de seguridad con una flor de pétalos puntiagudos en la mano.
–Por parte del señor Lestrade.
Mycroft la miró con atención.
–Asfódelo.
Dijo pensativamente, no tomaba a Greg por ningún tonto, pero sinceramente no creyó que le mandara la flor por su verdadero significado: se había puesto en tal situación para con él y su hermano menor, que no sabía que hacer, se sentía sin apoyo y por lo tanto se encontraba solo en ese problema.
Espero les gustara, intentaré subir el noveno mañana, ya que tal vez se me dificulte demasiado actualizar la próxima semana, me llevan de vacaciones y no sé si mi computadora esté incluida en el paseo.
Realmente que Lestrade está entre la espada y la pared. Disculpen si no lo escribo todo explícito, lo he intentado, pero no se me da aún. Se siente en esa situación porque él es demasiado activo y se siente impotente ante tanta pasividad por parte de Mycroft, cosa que como verán le costará tarde o temprano. No olviden dejar review. Nos vemos pronto.
