Me tardé mucho en actualizar, aún me quedan tres capítulos y el desafío termina hoy D:, pero lo terminaré, mañana es lo más seguro. Espero les guste.


9. Damasquina (tristeza)

Mensaje enviado a las 13: 45 p.m: No entiendo la razón por la que no te he visto en dos semanas Greg, comienzo a preocuparme y pienso que me estás ocultando algo.

Mensaje recibido a las 14:02 p.m: No te preocupes Myc, estoy perfectamente, solamente han sido unos días difíciles.

Mensaje enviado a las 14: 03 p.m: Los últimos resultados en tus casos no han demostrado que estés trabajando óptimamente. ¿Estás enfermo? Sabes que puedo llevarte al doctor.

Mensaje recibido a las 14: 15 p.m: No es nada Myc, no tienes de qué preocuparte. Si mañana nos viéramos sería genial, hoy voy a la casa de Sherlock y John para que me asesore tu hermano en un caso que no más no puedo con él.

El nombre de su hermano comenzaba a taladrarle la cabeza. Comenzaba a ser sospechoso, Greg yendo cada vez más y más seguido a la casa de su hermano. Bueno, lo justificaba en el hecho de que ambos eran detectives, sin embargo algo no pintaba bien, sobre todo el antecedente con respecto a los dos. Pero intentó alejar esas ideas de su cabeza, no era posible que Greg le hiciera eso, simplemente no era posible.

Sin embargo, la duda ganó esa batalla. En un impulso casi febril fue directo a la casa de su hermano, sin decirle a nadie, sin pedir un auto, fue por sus propios medios, caminó hasta su destino y cuando llegó no encontró mucho: John y Greg tomando té y su hermano hablando solo con la cabeza metida en su pared de casos interesantes. Le sonrió a los tres hombres, Sherlock ni le contestó y Watson solamente movió la cabeza en forma de afirmación, no le importó que no le saludaran, la única persona que le importaba era Greg. Lestrade casi se ahogaba con el té al verle pasar la puerta ¿sorpresa? No tenía razón de ser.

–Greg, te invito a comer – Le dijo el mayor de los Holmes serio, algo no le daba buena espina, Gregory ya tenía demasiado tiempo serio y distante.

–No creo, estamos muy ocupados con este caso – Dijo el otro un tanto esquivo. Sherlock le volteó a ver.

–Ni estás haciendo nada, ve con Mycroft.

Greg salió a regañadientes del piso y fue con el mayor de los Holmes a uno de esos elegantes restaurantes a donde acostumbraba sacarlo. La comida fue muy silenciosa y no prometía nada nuevo, todo el tiempo Lestrade se sintió totalmente incómodo, si miraba a Mycroft no podía evitar sonrojarse, le gustaba mirarle, pero al mismo tiempo se sentía confundido e inevitablemente confundido.

Cuando pasaron al postre, el Hombre de Hielo rechazó su siempre fiel pastel de chocolate amargo y en vez de eso miró a Greg analizándolo y eso era algo que nunca antes había hecho con el detective.

–Has estado demasiado serio ¿ocultas algo?

Greg se sintió todavía más abatido que en otras ocasiones, se sentía perdido "Estoy bien frito" pensó, sonó su teléfono y lo sacó, un mensaje de su jefe. Miró el teléfono y sintió que esa sería la coartada perfecta para que su pareja no le interrogara de esa manera.

–Yo debo irme unos días a México, un funcionario público desaparecido por allá.

Miró a Holmes a los ojos intentando encontrar su aprobación, vio el brillo en los ojos del pelirrojo y supo que se había zafado del asunto aunque fuera el tiempo que no estuviera ahí.

–Querían que el Servicio Secreto tuviera el caso, bueno, te lo di a ti, para demostrarte que no necesitas de mi hermano para resolver los casos difíciles que se te ponen enfrente.

Una prueba, una manera de deshacerse de Sherlock. La sangre de Greg hirvió del enojo, pero en parte se lo agradeció, así sería mucho más sencillo estar lejos del otro detective y por lo tanto no caer ante la tentación de su joven cuerpo.

–Entonces ya sabes donde está al hombre que buscan.

La sonrisa que Mycroft hizo fue totalmente pícara, ¡claro que sabía donde estaba el hombre! Él simplemente quería mantener lejos a su hermano de Lestrade.


–Enserio, creo que debería irme a pasar la noche a mi casa.

–¿Por qué? No es necesario que estés allá.

–Ya, es que Mycroft, no me he sentido muy bien que digamos.

–Lo sé, pero no me importa.

–¿Disculpa?

–No me importa que estés de nuevo con mi hermano, siempre y cuando quieras estar conmigo también.

La piel de Greg se erizó del pánico, Holmes lo sabía, era demasiado estúpido de su parte esperar a que no lo supiera, ya que increíblemente Mycroft se enteraba de todo. Pero ¿no importarle?

–Pero ¿qué locura estás diciendo? Te he engañado con tu hermano.

Mycroft soltó el paraguas y se aferró a Greg en un abrazo.

–Sé que haces mal, sé que está mal, pero ¿qué puedo hacer yo? Pedirte que te vayas de mi vida es la opción, pero no quiero eso. Realmente no me importa que tu cuerpo necesite a mi hermano si tu ser está bien conmigo.

Esas palabras aterraron a Lestrade ¿en qué había estado pensando? Puras tonterías, sin duda alguna. Mycroft siempre le había ofrecido su confianza total y él simplemente se dedicaba a fragmentar más y más esa relación. Se abrazó de Holmes y no lo soltó en toda la noche. Simplemente ya no buscaría más a Sherlock, no se trataba de eso. Ya no dependería de él.

Al día siguiente tomó su avión temprano y Mycroft se tomó la libertad de dejarlo en el aeropuerto. Lestrade se sentía acompañado, pero solo. Justo antes de que arrancara el motor del avión recibió un mensaje de Sherlock, corto y claro Sé de tu decisión, búscame cuando regrese. SH. ¿Acaso los hermanos se lo decían todo para estar enterado de lo que sucedía un maldita vida?

Al menos a esa distancia se podría sentir mejor, en otro continente. Con un calor infame, sin lluvia.

–No me gusta éste país.

Dijo a voz alta en el camión, un muchacho que estaba a lado de él se le quedó viendo un poco ofendido. ¿Apoco el chico sabía inglés?

–Pues no hubiera venido señor – Le contestó el adolescente en un inglés bien hablado pero con un acento extraño, a latino hablando otra lengua.

–Ni que quisiera, vengo por trabajo – Le dijo Greg con poca confianza y mirando hacia la ventana.

–Si viene por trabajo debería de haberse ido en avión a su destino.

–En autobús hago más tiempo para volver a mi casa.

–Pero si usted dice que no le gusta mi país, debió de irse en avión para hacer de esto menos ofensivo para mí.

Lestrade mejor se quedó callado, bien supo que al menos tenía alguien justo a su lado que le entendía todo lo que dijera. Su viaje a ese país le había llevado a un pueblo cuyo nombre no podía siquiera pronunciar, pero esperaba que los resultados fueran óptimos y todo saliera bien.

Aunque intentaba no pensar en ninguno de los Holmes, su mente corría inevitablemente hacia ambos hombres. La cuestión no era que haría, si no más bien como lo podría afrontar después, la respuesta era simple, pero no la quería aceptar: alejarse de los dos. Era pesado y le dolía hasta el alma, pero lo tenía que hacer. Ya había lastimado mucho a Mycroft y Sherlock no era más que su pobre juguete. Una tristeza repentina le invadió de repente, había estado evitando pensar en todo ello, pero al final, en esa larga carretera sus pensamientos corrieron como niños escurridizos a ese par. En fin, lo difícil era aceptarlo, adiós a ese cuerpo suyo de Sherlock. Greg suspiró, sin duda era una gran pérdida. Por el momento no pensó en Mycroft, no consideró quererlo lo suficiente.

–Señor, se ha quedado dormido sobre mi hombro.

El adolescente hizo un movimiento brusco y Greg se levantó sobresaltado, tenía la espalda adolorida, pidió una extraña disculpa en un español terrible y se asomó por la ventana. Bufó de frustración, pues seguía en la misma carretera, con el naranja del sol moribundo sobre un enorme campo de una flor muy preciosa. Al verlas se sintió nostálgico y extraño, triste era la palabra, por un momento deseo llorar, patalear, esconderse en algún rincón de ese país pintoresco y no volver a salir de ahí. Mientras las flores se reflejaban en sus ojos soltó una única lágrima y un suspiro acompañado de un nombre.

–Mycroft.

Después de decir el nombre comenzó a llorar. No esperaba querer tanto a ese hombre, no esperaba todo lo que hizo, se sentía fatal por haberle decepcionado. Se limpió después de un rato las lágrimas y la dijo al mexicano sin apartar la vista del campo infinito de flores.

–Esas flores de a fuera ¿qué son?

–Bueno, tienen muchos nombres, pero creo que el más apto para usted es Damasquina, según mi madre significan tristeza.

Greg ya no contestó, se sentía como lo que significaban esas flores, triste, perdido y lo que quería en ese momento era perderse en ese campo y llorar, pues demasiado tarde se daba cuenta que Mycroft le importaba más de lo que pensaba. Le amaba pues prefería su bien estar antes que seguir lastimándolo.

–Perdón Mycroft.


Lo siento, lo he pensado y no es bueno para los dos, hemos terminado, lo siento.

Ese fue el mensaje que recibieron Sherlock y Mycroft el día que Greg regresó de resolver el caso. Sherlock se encontraba en un restaurante junto con John, festejaban el buen resultado de una investigación, claro que él no estaba cenando. Al recibir el mensaje sonrió y pidió un plato de pasta, no se sentía contento del todo, pero estaba satisfecho. Mycroft leía dentro del Diógenes, al recibir el mensaje arrugó ligeramente el periódico y su rostro fue cruzado por una mueca de tristeza, pero ¿qué podía hacer él? ¿al final, como siempre, todo fue por decisión de Lestrade.


Debo decirles algo: Feliz Año Nuevo! ojalá la pasen genial.

Debo agradecer a quienes me dejan reviews, puedo seguir adelante gracias a todos ustedes. Nos vemos mañana.