Buenos días, vengo con el décimo capítulo, espero les guste. Gracias a quienes me leen, me dan la voluntad necesaria para continuar con esta historia.


10. Gentiana (dolor)

–De todos los malditos lugares de Inglaterra se me ocurre a mí venir a Baskerville para vacaciones.

Greg prendió el cigarrillo y dio una gran inhalación, soltó el humo lentamente y después lo lanzó por la ventana. Justificación: Baskerville era un sitio sin algún interés, pero sin duda un buen lugar con campos para descansar en sus vacaciones. Realmente así lo pensó cuando iba de camino para allá. Pero no contaba encontrarse con Sherlock y John, mucho menos que el moreno alto le acusara de que estaba ahí por mandato de Mycroft. Era una burla. Y al final ese perro demoniaco que simplemente no se lo sacaría de sus pesadillas por un buen tiempo.

Suspiró, todo aquello le traía un gran dolor. Intentó sonreír, ayudar, pero no se quitaba esos pensamientos de encima, sentía su corazón oprimido y latía demasiado rápido. Se levantó para cerrar la ventana y notó que ya era de noche, estrellar, no luna. Una noche perfecta. Se sentó de nuevo en la cama prendió otro cigarro, mientras el humo le inundaba la mente intentaba mantenerla alejada, tal vez sería buena idea irse a la mañana siguiente de aquel sitio e ir quizá a Escocia. Cualquier lugar era mejor si no había algún Holmes en kilómetros a la redonda.

Después de tenerlo colgado un tiempo de la boca apagó el cigarro en un cenicero y levantó las cenizas que se le habían caído en la cama. Había pasado casi diez minutos sin hacer nada, con la mirada simplemente clavada en la pared de enfrente. Le dolía recordarlos, a los dos, a Sherlock y a Mycroft, recordar sus semejanzas y sus diferencias. Se llevó las manos a la cabeza y apretó su cráneo. Tenía que sacarlos de su cabeza pero ¡ya! Cada vez que los recordaba sentía cómo las piernas le temblaban, su corazón se aceleraba y las lágrimas luchaban por salir. Peor en ese momento que era de noche, que su corazón estaba al triple de sensible, su mente pensaba claramente y no se sentía aturdido por las influencias de la luz del sol.

–Lo siento tanto Mycroft.

Las palabras escaparon de sus labios como fugitivos repentinos. Se cerró la boca con las manos y tembló. Recordaba sobre los dos al mayor y junto con el nombre del hombre una punzada de dolor invadió todo su cuerpo. Dolor puro, de culpa, de arrepentimiento, de añoranza… de tantas cosas. Pero ¿por qué él? Mycroft no había hecho nada, simplemente ¿en serio no había hecho nada?

–Eres ridículo Greg Lestrade.

Se dijo a sí mismo con rabia. Mycroft no había hecho nada de peso para meterse en lo mas hondo de su corazón, simplemente no tenía sentido y se lo tenía que demostrar a sí mismo. Se levantó y salió de su cuarto. Sabía que Sherlock y John estaban en la misma hostal que él.

Llegó al cuarto de los dos hombres y se alegró al ver que no estaba el doctor Watson. "Cita fugaz" fue lo que le dijo el detective consultor al respecto. Al principio fue un poco incómodo para Greg, estar a solas en el mismo cuarto con Sherlock. El moreno estaba sentado en un sillón del hotel y miraba hacia la nada, en su particular posición cuando pensaba. Greg estaba nervioso, nervioso de tener al menor Holmes ahí enfrente, de lo que fuera que estuviera a punto de suceder, ya que para él era nada más que un momento decisivo. Había por intentado alejarse de los dos hombres por bastante tiempo y a pesar de sus intentos, no había conseguido olvidarse de uno de los dos. Pero ¿cuál? La respuesta era difícil de encontrar para Lestrade, era como haberse encontrado en un callejón sin salida, un hombre que tenía dos nombres pero sólo una cara. Y debía saber quien de los dos era ¿qué haría después de eso? No lo sabía, pero al menos estaría con un peso menos de encima.

–Pensé que habías decidido mandarnos a volar a los dos.

Sherlock lo sacó de sus pensamientos, Greg se sorprendió un poco cuando el otro detective le habló.

–Yo también – Casi se agarra a golpes cuando se dio cuenta del tipo de respuesta que había dado, esa no era una respuesta, no era una razón, era demasiado ridículo – Soy un patético ¿no crees?

Sherlock se levantó del sillón y fue directo hacia Lestrade.

–Lo eres ¿ya decidiste?

–Eso es lo que estoy por ver.

Como si sus palabras hubiesen sido una invitación, los labios del menor comenzaron a jugar con los de Lestrade. Greg sintió como los bellos de sus brazos se erizaban al contacto y tomó a Sherlock en un abrazo. Había sido lo suficientemente rudo las veces anteriores, pero ahora pensaba disfrutarlo por completo, aunque solamente se tratara de un beso. Jugó con labios y la lengua del detective consultor, y el otro le correspondió cada detalle de aquella delicada acción. Entre más duraba el beso, más se abandonaba Greg de sí mismo, pero no perdería el control, claro que no lo haría en ese momento, ya había sido suficiente de dejarse llevar por los impulsos, aparte de que ese beso tan dedicado estaba demasiado bien, tan cadencioso, tan armonizado. El beso termino cuando se separaron al mismo tiempo, como si lo hubieran acordado en un silencio total. El de cabello cano apoyó su cabeza en el hombro del más delgado y suspiró de alivio, había encontrado la respuesta, no pensaba en nada, tan sólo en lo perfecto que había sido el momento bajo la luz artificial del cuarto.

–Mycroft.

Soltó sin darse cuenta, no pensaba, sólo sentía y todo lo que sintió en ese momento le recordó al hermano mayor de Sherlock, éste se separó de Greg y llevó sus manos a los hombros del inspector e hizo una sonrisa de oreja a oreja.

–Entonces ya no me busques para estos fines Lestrade, que bueno que ya te decidiste.

Greg no comprendía la razón por la que el moreno le decía eso, hasta que su cerebro hiló por fin el nombre que había estado atado a su cabeza y que ya había salido de su lengua. Ya no había dudas. Agradeció a Sherlock su comprensión y apoyo, se dio la vuelta para salir del cuarto y justo cuando estaba a punto de cruzar por la entrada, se volvió a Sherlock y le preguntó:

–Tú que lo sabes todo ¿qué flor significa dolor?

Sherlock hizo una mueca que reflejaba pensamiento y después le dijo rápidamente.

–Gentiana, es una flor de origen europeo, cuyos pétalos son azules, es una extraña flor de pétalo perenne.

–Ya, gracias Sherlock.

Sonrió y se fue a su cuarto.

Toda la noche no dejó de pensar, que había estado demasiado tiempo rodeado entre gentianas, pero ese día, después de tanto tiempo, no había ninguna flor para él y eso le gustaba, pues ahora el elegiría las flores y no ellas a él.


Eso fue todo por ahora, espero les haya gustado, el próximo capítulo será demasiado corto, así que espero subirlo hoy mismo, gracias por todo, por sus reviews.

Nos vemos en el próximo capítulo.