SIN RECUERDOS

Realmente la cosa estaba mal. ¿Dos años y un mes dormido? ¿Y cómo coño había llegado al mundo muggle? Draco se quedó mirando a la enfermera con lo que supuso su mejor cara de idiota.

-¿A qué día estamos hoy?

-Miércoles.

-Fecha exacta, mujer –Draco se tragó el "sucia e inepta muggle". No sabía cual era su situación real y no estaba por la labor de empeorarla, en caso de encontrarse en problemas.

-Miércoles, dos de mayo de dos mil cinco.

No contestó. No porque no quisiera. Simplemente las palabras abandonaron su cerebro. Cerró los ojos con fuerza e intentó concentrarse. Su último recuerdo claro era el callejón Diagon. Y cuando lo visitó era diciembre. Diciembre de mil novecientos noventa y nueve. Lanzó un bufido. Había algo que se le escapaba. Lo sentía revolotear al filo de su subconsciente, pero no lograba alcanzarlo. Hizo cuentas mentalmente. Si esa mujer decía que llevaba allí veinticinco meses, y su último recuerdo era de hacía cinco años… se encontraba con una laguna mental de treinticinco meses, dos años y once meses en blanco… empezó a híper ventilar.

-¿Te encuentras bien, chico?

-No –consiguió articular. Cuando pudo controlar los espasmos de su respiración, centró toda su atención en la mujer, que lo contemplaba con sincera preocupación.- Cuando me encontraron… ¿Tenía algo conmigo?

-A parte de tus ropas y algo de dinero europeo… dos anillos de plata, un colgante con forma de serpiente y un papel con unos símbolos que nadie ha podido descifrar aún… pero ningún documento que nos dijera quién eras o de dónde venías…

-Esto es muy raro… -susurró Draco. Permaneció en silencio. La sensación de peligro se iba haciendo cada vez más grande. Se removió inquieto en la cama- ¿Podría traerme mis cosas? Así quizá pueda recordar algo más que mi nombre…

-¡Me parece una idea estupenda! –la mujer se levantó a la carrera y desapareció por la puerta. Draco hizo el intento de ponerse en pie. Sus piernas comenzaron a temblar de manera descontrolada.

-Lo que me faltaba. Ahora soy un puto inválido.

-No estás inválido, tus músculos solo necesitan algo de ejercicio –la mujer estaba de vuelta. En sus brazos descansaba una caja de cartón cerrada.- Estas son tus cosas. Te dejo unos instantes solo. Hay cosas que se deben hacer en soledad para que funcionen. Suerte.

-Gracias –murmuró como acto reflejo. Se quedó estático. ¿Desde cuando él daba las gracias a un muggle? Sacudió la cabeza y abrió la caja. Lo primero que vio fueron sus ropas. Un traje de diseño negro, una camisa lavanda y una fina corbata de seda color morado oscuro. Sonrió de medio lado- Por lo menos el buen gusto no lo perdí.

Siguió cotilleando el contenido de la caja. Unos zapatos de diseño italianos negros, los calcetines de ejecutivo, un reloj de pulsera de acero inoxidable (no sabía qué leches era el acero inoxidable, pero decidió almacenar el por qué sabía algo tan trivial para más tarde) y dos gruesos anillos de plata. Uno lo reconoció al instante. Era el anillo de la familia. Se lo colocó en su sitio y soltó un suspiro de satisfacción. El cosquilleo mágico del frío metal sobre su piel le resultó reconfortante. Luego cogió el otro anillo. Era raro. Muy raro. Tenía la forma de una varita enroscada en un círculo perfecto. Dio vueltas al aro entre sus dedos mientras lo observaba detenidamente. Hasta que la luz se hizo en su confusa mente. Murmuró unas palabras y el anillo se convirtió en su varita. Su sonrisa se ensanchó hasta límites insospechados. Devolvió a la varita a su forma de anillo y lo colocó en su anular. Cogió el colgante con la serpiente de Slytherin y se lo puso. Al fondo de la caja estaba el papel que la enfermera había mencionado. Lo observó con algo de miedo hasta que se decidió. Con manos temblorosas lo cogió y lo abrió. Al principio sólo pudo ver un batiburrillo de letras y símbolos sin sentido alguno. Pero cuando pasaron los minutos, la superficie comenzó a cambiar. Donde antes había un galimatías ahora había un anuncio del Profeta. Lo leyó sin poder creer lo que sus ojos veían;

"El cuerpo de Aurores de Inglaterra ha emitido un comunicado en el que moviliza a toda la gente del mundo mágico para encontrar a una persona. El sujeto en cuestión se trata del ex mortífago y multimillonario Draco Malfoy, desaparecido en diciembre de mil novecientos noventa y nueve. El cuerpo de Aurores agradecerá cualquier pista que se les pueda proporcionar en relación con dicha persona. Si usted sabe algo, no dude en ponerse en contacto con el Auror en Jefe Harry Potter."

Se quedó helado. ¿Los aurores de toda Inglaterra andaban tras su aristocrático culo? Maldijo su suerte unas cuantas veces mientras pensaba a toda velocidad qué hacer. Lo primero, quitarse aquellas ridículas ropas de hospital y vestirse con sus costosísimas prendas. Luego ya vería que hacer.

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-¿Por qué tienes esa sonrisa? –el médico adjunto que hacía su ronda con ella la miraba sorprendido.

-Nuestro bello durmiente despertó por fin –su sonrisa era deslumbrante- Y recuerda su nombre. Aunque parece que eso es lo único que tiene en su mente.

-Bien… dame sus datos y veremos si algún fichero lo tiene en su base de datos –el médico se sentó ante su portátil y esperó a que la mujer le diera lo que había pedido.

-Draco Malfoy…

-Joder que nombre tan rarito –tecleó las dos palabras y le dio a intro. Esperaron unos minutos y luego la pantalla empezó a parpadear con alertas de varias agencias de seguridad. El silencio en la sala se podía cortar con un cuchillo.- Jo-der… le buscan en los cinco continentes. Ese chico tiene más alias que ceros yo en mi cuenta…

-Pues no deben ser muchos entonces –murmuró la enfermera, intentando quitarle un poco de hierro al asunto.

-No estoy de broma. Todos los cargos por los que se le busca son de asesinato. Y no de personas anónimas. Este chico se ha dedicado a liquidar a peces gordos de todo calibre.

-¿Tenemos que llamar a la policía?

-Sédalo. No sabemos si recuerda exactamente quién es o lo que es. No quiero que le de un siroco y nos liquide a todos antes de poder decir "Ay".

-Que pena… parece tan buen chico…

OooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooOoooooooo ooooooooooooooooO

Lo había escuchado todo. ¿Le buscaban los equivalentes a Aurores en el mundo muggle? ¿Él un asesino? Evito por todos los medios soltar una carcajada. Nunca había sido capaz de asesinar a nadie. Ni su padre, ni su tía ni el mismísimo Voldemort lo consiguieron nunca. Incluso fue incapaz de lanzar alguna maldición para torturar a los prisioneros que tan "amablemente" visitaban Malfoy Manor. Pasó ante la puerta del cuarto donde la enfermera y otro muggle leían algo frente a un ordenador y enfiló hacia la salida. Estuvo a punto de morderse la lengua la caer en la cuenta de que sabía qué era aquella cosa con la que estaban tan entretenidos los dos muggles. Aceleró el paso y salió a la calle. La clínica donde había pasado sus meses de inconsciencia estaba en un lujoso barrio residencial. Grandes jardines rodeaban la aséptica construcción. Se deslizó como buena serpiente que era a ras de arbustos y sorteó la garita del vigilante. No se detuvo hasta haber puesto siete manzanas entre él y la clínica. Cuando se consideró relativamente a salvo, pudo permitirse un descanso.

-Estas muy jodido, Malfoy. Pero que muy jodido. –Miró a su alrededor para ubicarse. Había llegado a la parte más turística de Nueva Orleans. Aquel lugar le gustaba bastante. Guiado por un impulso repentino, giró sobre sus talones y caminó hacia una serie de edificios de apartamentos de aspecto nuevo y lujoso. Se detuvo ante el número trece. No pudo evitar una sonrisa. Se quitó el anillo de la varita y comprobando que no hubiese muggles indiscretos cerca, la colocó sobre la cerradura, que brilló unos segundos antes de abrirse.

-Así que esta será mi casa… -murmuró para sí. Entró en un oscuro pasillo y cerró la puerta tras de sí. Sintió cómo las defensas de la casa se activaban automáticamente al sentir su presencia. Sonrió. No había nada como los ancestrales y antiquísimos hechizos de sangre para proteger un hogar. Con un movimiento de mano descorrió todas las cortinas de la casa.- No está nada mal…

Era una versión en miniatura de Malfoy Manor en sus años de esplendor. Caminó hacia el estudio y se dejó caer en la cómoda silla de su escritorio. Sobre la mesa de roble macizo había varios montones de documentos muggles y otros tantos mágicos. Cogió primero los mágicos. Eran cartas de su madre. La primera databa de hacía cinco años y la última, de tres. En total había cinco misivas. Cogió la primera.

"Querido hijo: no sé dónde estás o si estás bien. Todas las lechuzas que he enviado en tu búsqueda han regresado con las patas vacías y con mis cartas sin responder. Estoy muerta de la preocupación. Nadie en el mundo mágico sabe nada de ti. He pedido ayuda a Potter. Por si no lo sabes, ahora es el jefe del departamento de Aurores. Me ha prometido hacer todo lo posible por dar contigo. Es un gran chico. Por favor, si lees esta carta, contéstame. Te quiere, mamá "

"Querido hijo: ¿Por qué no has contestado a mi carta? Sentí una alegría inmensa cuando la lechuza regresó sin el pergamino. ¿Estás en peligro? O es que te has metido en un lío y no te atreves a pedir ayuda. Sea lo que sea, por favor, ponte en contacto conmigo o con Potter. Él sigue con tu búsqueda. Te quiere, mamá".

Se saltó las dos siguientes. Tras una breve ojeada pudo ver que iban por el mismo camino que la anterior. La última fue la que le dejó helado.

"Draco. Dado tu poco interés por ponerte en contacto conmigo he decidido dejar de escribir. Me he cansado de suplicarle al aire por una respuesta, aunque fuese un breve "sigo vivo". Potter me ha comunicado que seguirá con la búsqueda. Él cree que hay algo más que un simple berrinche de niñito mimado detrás de todo este asunto (palabras textuales del joven Harry). Espero que él, siendo tu enemigo del colegio, tenga más éxito que yo, tu madre, quien se ha desvivido todos estos años por ti y que no ha recibido más que indiferencia por tu parte. Espero que estés bien. Tu madre."

Dejó caer las cartas. No sabía si alegrarse o ponerse a llorar al pensar en Potter buscándolo por todo el mundo mágico. No le importaba mucho, si era sincero. Desde el final de la Guerra había dejado de considerar a Potter como su enemigo. Pasó de odiarlo intensamente a ignorarlo olímpicamente. El último año de colegio hizo como si el ojiverde no existiera. Y el asunto fue recíproco, por lo que pudo comprobar esos meses. Pero que su madre desistiera así de rápido… eso sí que le había dolido. Mucho. Muchísimo. Clavó la mirada en la pulida superficie de la mesa e intentó no pensar en nada. Dos pergaminos llamaron su atención. Uno era de la oficina de aurores del Reino Unido. El otro de un despacho de terapeutas de Nueva York. Cogió el de los aurores con algo de temor. No pudo evitar soltar un bufido al ver quién firmaba la hoja.

-Como no, San Potter buscando que lo beatifiquen…

"A la atención de Draco Malfoy o en su defecto a quien lleve sus asuntos legales:

Me veo en la obligación de hacerle saber que se ha iniciado un proceso de búsqueda de su persona a nivel internacional en el Mundo Mágico. Para su tranquilidad, no es por ningún asunto delictivo ni nada por el estilo. Esta búsqueda responde a la preocupación de su madre, la señora Narcisa Malfoy.

Atentamente:

Harry James Potter. Auror en jefe."

Draco soltó una carcajada. De siempre Potter le había parecido alguien de recursos culturales más bien escasos. El leer aquella ridícula carta oficial supo que sus suposiciones nunca habían estado erradas. Iba a dejar el pergamino cuando la carta comenzó a cambiar. Con los ojos abiertos como platos, pudo ver que había un mensaje oculto tras el oficial. Lo leyó rápidamente.

"Malfoy, sé que si no has dado señales de vida es porque algo muy malo debe estar pasando. No eres el único que tiene algún vínculo con Voldemort que ha desaparecido en los últimos meses. Si llegas a leer este mensaje, ve con mucho cuidado. Por tu madre no te preocupes. La Orden está cuidando muy bien de ella. No le tomes en cuenta la última carta que te envió. Sabíamos que podían ser interceptadas y queríamos alejarla de cualquier posible peligro. Mantente alejado del radar público todo lo que puedas y, por Merlín bendito, intenta no meterte en problemas con los muggles. Espero poder verte pronto. Potter"

El mensaje oculto estaba fechado hacía tres meses escasos, al igual que la carta oficial. Si Potter se había arriesgado tanto para dejarle un mensaje personal, es que las cosas estaban bastante chungas para él. Pensó en quiénes podían ser los otros desaparecidos. Seguramente antiguos compañeros de casa del colegio. Eran los únicos que seguían con vida tras la Guerra que habían tenido algún lazo con los mortífagos. Destruyó el pergamino de Potter y cogió el otro documento con algo ya de miedo.

"Si tiene problemas de memoria o algún tipo de estrés post traumático, no dude en acudir a nuestras consultas. Tenemos centros y especialistas de renombre mundial que atenderán su caso gustosamente."

-¿Publicidad de loqueros muggles? –Draco miró fijamente el papel, esperando que cambiara. Tras unos minutos sin que nada pasara, lo dejó sobre la mesa- El haber estado entre sangre sucias me ha atrofiado el cerebro.

Nada más pronunciar las palabras "sangre sucias" el pergamino brilló unos segundos y un texto algo más largo hizo aparición. Soltando un suspiro de resignación, lo cogió.

"Hurón desteñido: si estás leyendo esto es que tu vocabulario no se ha ampliado todos estos años y sigues siendo igual de mono neuronal que en el colegio. Tengo firmes sospechas de que una organización mixta de muggles y magos está utilizando a antiguos miembros de la secta mortífaga para trabajitos no legales en el mundo muggle. Y tú eres un firme candidato, pues tu perfil se adapta a lo que buscan. Te preguntarás que cómo sé todas estas cosas. Simple. A mí ha llegado un conocido nuestro: Nott. No recordaba ni su nombre. Me ha costado meses de terapia para que recordase algo de nuestros años escolares y algo de su pasado. Me temo que otros de tus compañeros de Slytherin han corrido la misma suerte. Si te ves en la tesitura de no saber cómo has llegado a un sitio o a una situación determinada, ven a verme. Estoy en Nueva York, en la parte muggle. Intenta pasar desapercibido. Por lo que he podido ver, no has sido muy discreto durante tu periodo de actividad delictiva. Aunque hace dos años que no tengo pista alguna sobre tu paradero. Rezo por que estés a salvo. Hermione Granger"

Ya estaba. Seguro que aún tenía drogas muggles en su organismo. De ahí el alucine y el flipe con las cartas. ¿Potter y la Sangre sucia Granger preocupados por él? Soltó una carcajada bastante desquiciada. No podía ser verdad. Alguien con un sentido del humor muy retorcido le estaba gastando la broma del siglo. Una broma muy muy pesada y sin gracia alguna. Se levantó de manera bastante brusca y caminó hacia la puerta.

-Si la sangre sucia está tan preocupada por mí, es hora de hacerle una visita.

Con un movimiento seco de mano, desapareció de la casa. Segundos después, una fuerte explosión arrancó de cuajo la pared donde había estado la puerta principal. Varios grupos de Swatt entraron en tromba a la casa. En el despacho, los documentos comenzaron a arder hasta quedar reducidos a cenizas. Los investigadores no encontraron nada de interés. Sólo polvo y ceniza.