INVICTUS

Hermione controlaba el sueño del rubio desde la puerta. Después del susto que se llevaron al hacer la prueba de indagar en su subconsciente, decidieron que lo mejor era mantenerlo varias horas sedado, por si las moscas. Lo que le habían hecho a Malfoy era algo complicado y muy, muy peligroso. De eso no tenía ni la más mínima duda. Luna se había quedado controlando a Montage, al que habían sometido a un antiguo conjuro egipcio que Bill había encontrado en un libro viejísimo. Y parecía dar resultado. Habían conseguido que se alimentara sin ayuda de la sonda. Todo un logro dado el estado en el que se encontraba.

Bill se había marchado murmurando algo de un elfo psicópata encerrado en el ático de la mansión Malfoy. No tubo tiempo de preguntarle nada porque se desapareció inmediatamente después de asegurarse de que estaban bien y se le ocurriera lo del misterioso elfo. Un gemido desde la cama del rubio la sobresaltó. Volvió a centrar toda su atención en él. Malfoy parecía estar recuperando la consciencia. Se acercó unos pasos y apuntó con su varita. Toda precaución era poca con la bomba de relojería en la que se había convertido el chico.

-¿Qué carajo ha pasado, Granger? Tengo la cabeza como si una manada de hipogrifos borrachos hubiese pasado por encima de mí.

-Toqué algo de tu subconsciente que te activó en tu modo asesino despiadado. Te noqueamos y luego te dimos una poción somnífera para mayor seguridad.

-Pues os habéis pasado con la dosis –Draco se desperezó como un gato e intentó levantarse. Pero un repentino mareo hizo que volviese a caer sobre el colchón.

-¿Estás bien?

-Ni en mis mejores borracheras he estado tan mareado –Draco sonrió escuetamente. Se sentía mal. Jodidamente mal. Pero no lo reconocería ni muerto ante la sangre sucia.

-Bueno, una poción reconstituyente, un buen café y algo de comer y estarás como nuevo. Además, te tengo buenas noticias.

-Sorpréndeme, Granger.

-Hemos conseguido que Montage coma solo, sin sonda que le ayude –Hermione no pudo reprimir la enorme sonrisa que cruzó su cara al ver la genuina alegría expresada por Malfoy al recibir una buena noticia sobre su amigo.

-¿Es eso cierto?

-Sí. Bill encontró un conjuro que hace que la gente recupere sus capacidades y poderes perdidos. Lo hemos probado con Montage porque es el que peor está de todos. Si evoluciona favorablemente, lo aplicaremos con los otros. Luna cree que podrías recuperar a tus amigos muy pronto. Pero…

-No lo podéis utilizar conmigo porque yo no he perdido mis capacidades, simplemente mis recuerdos.

-Eso y que no sabemos qué despierta tu vena asesina. No quiero pegarme otro susto.

-Tranquila. Para la próxima sesión dejaré que me ates. Será interesante.

Hermione no pudo evitar sonrojarse ante el tono con el que él pronunció las últimas dos palabras. Había sonado tan sensual y sexual…. Draco soltó una carcajada al ver el intenso rubor que cubría el rostro de la chica.

-No tiene gracia, Malfoy. Que tú seas un pervertido enfermo mental no quiere decir que el resto de la humanidad lo seamos.

-No te sulfures, niña. Ni en un millón de años intentaría sobrepasarme contigo –Draco logró levantarse sin sufrir mareo alguno y paseó tranquilamente por la habitación- Para ser tan inteligente, eres demasiado cándida. ¿La comadreja no satisface tus necesidades?

-Creo que mi vida privada no es de tu incumbencia, hurón –Hermione sintió cómo el enfado comenzaba a recorrer su cuerpo. La mera mención de Ron hacía que su sangre hirviera por la ira y la frustración.

-No. No lo es. Pero resulta divertido ver como saltas a la mínima mención de ella. Es como volver al colegio.

-Ahora me vendrás con el cuento de que discutías y me hacías la vida imposible mientras estudiábamos porque te resultaba divertido.

-Siempre sabías cómo contestar a mis provocaciones. No te limitabas a los golpes, como la comadreja o Potter. Buscabas la manera más creativa de insultarme. Menos en tercero…

-Sí, aún recuerdo eso. Fue el mejor momento de mi vida –Hermione se regodeó con el recuerdo del puñetazo que le arreó en tercero cuando creía que habían ejecutado a Buckbeack.

-Parece que la sabelotodo sí tiene un lado agresivo…

-Anda, tira para abajo a comer algo. Tienes pinta de necesitarlo.

-Estate tú dos años conectado a máquinas y siendo alimentado a base de purés industriales.

Hermione soltó una carcajada ante la cara de profundo asco que puso Malfoy. Emprendieron la marcha hacia el comedor. Allí estaba Luna, animando pacientemente a un desorientado Montage para que comiera un poco de cereales con leche. Draco sintió una punzada muy fuerte en medio del pecho. Por alguna extraña razón se sentía culpable. No por lo que les habían hecho. No. Sabía perfectamente que no tenía ni culpa ni pena de ello. La culpabilidad le venía por el lado de que él sí seguía siendo él, por decirlo de algún modo. Se sentía culpable por poder recordar toda su vida pasada, por mantener su personalidad. Por poder valerse por sí mismo. Todo lo contrario que sus amigos. ¿Por qué él había resultado diferente? El contacto de una mano pequeña y cálida le sobresaltó. Lovegood le sonreía desde su silla mientras tiraba de su brazo para que se sentara.

-Perdona si te he sobresaltado, Malfoy. Pero tienes pinta de necesitar un buen desayuno.

-Gracias Lunat… Lovegood.

-Puedes llamarme Lunática –la chica soltó aquello con la mejor de sus sonrisas- Todo este tiempo he aprendido que los viejos hábitos son de gran ayuda para su recuperación. Oír cosas que los unan con el pasado puede reactivar recuerdos, sensaciones…

No contestó. Si aquello servía para recuperar a sus amigos y la chica no se sentía incómoda por el apelativo… no iba a ser él quien rompiera su rutina. Se dejó caer en la silla y se sirvió una taza enorme de café y varias tostadas, que empezó a engullir con verdadero deleite. La cristalina risa de Granger le interrumpió a mitad de mordisco. Alzó la mirada y clavó sus iris plateados en ella.

-Lo siento, Malfoy. Pero es la primera vez que te veo comer con tal desesperación. Siempre has sido muy… estirado a la hora de comer.

-Tengo hambre. No me voy a andar con remilgos a estas alturas. Nunca se sabe cuándo vas a poder hacer otra comida decente.

No recibió respuesta. Hermione se le quedó mirando. La respuesta del chico había sido la típica de alguien que vivía al límite, al día, sin planes de futuro a muy largo plazo. ¿Qué vida había llevado Malfoy esos tres años en blanco? Los Aurores y ellos sólo sabían de sus actividades criminales. Pero el resto era un completo misterio. El gusanillo de la curiosidad recorrió su piel, dejando a su paso un agradable y placentero cosquilleo.

-Si no te importa, Malfoy, querría intentar de nuevo entrar en tu mente.

-Por mí no hay problema. Siempre que toméis medidas para que no me descontrole y acabe con todos vosotros.

-Una pregunta –Luna centró su atención en él- ¿De dónde sacaste tu varita?

Draco tragó la tostada y miró fijamente a las chicas, dudando si revelar su secreto o hacerse el tonto. Optó por ser sincero. Iba en contra de todos sus principios pero si quería avanzar y llegar al final del misterio, tenía que aprender a confiar. Por lo menos en ellas dos y en el pelirrojo. Se sacó el anillo y ante las asombradas chicas apareció su varita.

-Así es mucho más fácil ir armado en el mundo muggle sin dar el cantazo con la varita. Un palo de madera llama más la atención que un anillo de plata. Y tiene la ventaja de que es indetectable y casi imposible de perder.

-Ingenioso. Muy ingenioso –Hermione cogió la varita y la acercó a su mano. Un fino anillo apareció rodeando su dedo anular- ¡Anda la osa!

-Parece que le caes bien a mi varita –Draco entrecerró los ojos, estudiando las reacciones de la castaña, que se entretenía quitándose y poniéndose su varita/anillo. Resultaba tan… infantil y a la vez tan encantadora… Draco quiso darse de golpes mentalmente por haber tenido aquél pensamiento tan cursi. Definitivamente había algo en su sesera que no andaba bien.- Cuando te canses de comportarte como un párvulo podríamos hacer otro intento por saber que hay en el gran vacío de mi mente.

-Vaya, Malfoy. Después de un cuarto de siglo por fin admites que no hay nada bajo ese pelo platinado –Hermione se sintió un poquito culpable ante la pulla. Pero el comentario de él insinuando que era una cría pequeña había golpeado con fuerza su ego.

-Ya ves, cosas que pasan.

Se quedó de piedra. De todas las reacciones posibles, la total indiferencia no entraba dentro de lo esperado por ella. Hizo amago de devolverle la varita, pero el rubio negó con la cabeza.

-Si vuelve a pasar lo de ayer, prefiero estar desarmado. En parte.

-¿Cómo que en parte? –Hermione sintió un escalofrío de temor en su espalda.

-Como mortífago fui entrenado en la magia sin varita. No es tan potente como con ella pero me defiendo bastante bien. Para una emergencia no viene nada mal.

-Vale. Menos mal que te vamos a mantener atado a la silla.

-Haces que suene como algo pervertido, Granger.

-Cierra la boca, degenerado.

Salió del comedor acompañada por las carcajadas del platinado. No pudo evitar una sonrisa. Tenía que reconocerle la habilidad para sacarle el doble sentido a todo. Hasta de la frase más inocente.

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-Bien. Haremos lo mismo que la última vez –Hermione se situó frente a Draco, que permanecía sentado y fuertemente atado a una butaca- Quiero que relajes tus defensas mentales y me permitas acceder al punto donde comienza la laguna. Del resto me encargo yo. Luna controlará tus impulsos cerebrales con esa máquina –señaló un aparato bastante raro que emitía lucecitas y pitidos a intervalos cortos- si las luces empiezan a parpadear en rojo saldré de tu cabeza. No quiero freírte las neuronas.

-Entendido.

Draco se relajó y bajó todas las defensas que blindaban su mente. Sintió la suave intromisión de la castaña, que tanteaba con cuidado, buscando el punto exacto donde él perdía todo recuerdo.

Hermione se topó con la bruma que bloqueaba los recuerdos de Malfoy. Relajó su propia mente y se centró en el oído y el olfato, pues la vista no servía de nada en ese lugar. Volvió a percibir el olor a laboratorio médico y a oír los murmullos. Para su frustración no podía entender lo que decían, pero parecía que allí había por lo menos cuatro voces diferentes. Tres hombres y una mujer. Avanzó unos pocos metros y las voces se hicieron más fuertes, pero seguía sin entender ni una sola palabra. Pero los olores sí pudo identificarlos: desinfectante hospitalario, yodo, alcohol y algo que se le hacía conocido pero que no conseguía identificar. Definitivamente, justo después de su desaparición Malfoy había estado en una especie de hospital o clínica clandestina. Dio dos pasos más cuando un agudo pitido hizo que perdiera el control. Fue empujada fuera de allí con fuerza.

Abrió los ojos. Volvía a estar en el salón donde tenían a Malfoy atado. Luna observaba los gráficos del monitor que controlaba la actividad cerebral del rubio con algo de preocupación.

-¿Qué ha pasado? Me ha lanzado fuera como si fuese una pelota.

-No sé que has hecho, pero la actividad cerebral se ha disparado. Ha comenzado a forcejear, intentando soltarse. También ha soltado varias frases incoherentes. Parecía que repetía órdenes antiguas. He apuntado todos los nombres que ha dicho. Luego le diré a Bill que los busque, a ver que encontramos.

Hermione miró a Malfoy, que tenía el rostro completamente inexpresivo. Sus ojos estaban completamente muertos, sin vida. Decidió probar suerte y preguntarle directamente.

-¿Qué órdenes te ha dado Mando Central?

-Pasar desapercibido en Nueva Orleans hasta que me manden el nuevo objetivo.

-Fecha de la misión.

-No… no pued… -Draco sacudió la cabeza y enfocó la mirada. Hermione lanzó un suspiro de frustración. -¿A qué viene esa cara tan larga?

-He podido sonsacarte tu última misión. Ahora sabemos qué hacías en Nueva Orleans. Estabas esperando una nueva misión. No he conseguido la fecha en la que te dieron la orden pero eso es irrelevante. Pudo ser entre un mes, mes y medio antes del echo que te llevó al hospital en coma.

-Bien. ¿Y de lo que sucedió los tres años anteriores? –había un deje de ansiedad en la voz de él.

-Nada. Sólo sé que te llevaron a una especie de clínica. He oído voces, tres hombres y una mujer. Sé que era un lugar dedicado a la medicina o similar por el olor de los productos. Eran los típicos. Pero había uno… sé que lo conozco, pero no lo ubico en el mundo muggle…

-Vuelve a intentarlo.

-Malfoy –la dulce voz de Luna sobresaltó al chico, que se había olvidado de ella por completo- Puede resultar peligroso. Un mal movimiento, demasiado tiempo invadiendo tu mente… y el daño podría ser irreversible. Podrías perder esos recuerdos reprimidos… o perder toda tu memoria.

-Correré el riesgo. Quiero saber qué hicieron conmigo y qué he estado haciendo estos años. No puedo continuar así. El no saber nada sí que me va a terminar por volver loco.

-Es tu mente –Luna activó de nuevo la máquina que lo monitoreaba y asintió dirigiéndose a Hermione.- Cuando quieras. Sus ondas cerebrales vuelven a estar en calma.

Hermione se revolvió en su asiento. Se sentía culpable por hacer que el rubio se viese en la obligación de continuar con aquello aun cuando sabía el riesgo que corría. Volvió a clavar sus ojos en los de él y se adentró en la mente de Malfoy. Llegó al punto donde había sido expulsada con relativa facilidad. Se centró de nuevo en el olfato y el oído. Las voces ahora sonaban más nítidas. Podía entender algunas frases sueltas. Se centró en memorizarlas para luego poder transcribirlas.

"-Este parece un buen ejemplar.

-Su mente está muy bien protegida. No sé si funcionará.

-Probad primero a debilitarle la mente con esto, esto y esto. Luego lo llevaremos a…"

La conversación se volvió ilegible otra vez. Pero era un gran avance. Le habían dado algo, algún medicamento o poción para destruir sus defensas mentales. Pero algo no había salido del todo bien porque mantenía su personalidad y sus recuerdos. El olor conocido la rodeó con intensidad. Intentó hacer memoria. Una imagen del aula de pociones, séptimo año… lo tenía en la punta de la lengua cuando el pitido volvió y se vio expulsada de la mente de Malfoy de nuevo.

-¿Y ahora qué, Luna?

Se sentía molesta. Había estado muy cerca de averiguar qué demonios era aquel olor que tanto la molestaba. Sabía que era importante para avanzar en la comprensión del método que habían usado para borrar la mente de los ex mortífagos. Su amiga señaló con un dedo tembloroso a Malfoy. Hermione centró toda su atención en él y casi se muere de la impresión.

Draco estaba convulsionando. Tenía la espalda completamente arqueada. Hermione se preguntó cómo no se había partido la columna aún. Los ojos estaban en blanco, completamente vueltos y una espuma sanguinolenta escurría de su boca hacia el cuello. Reaccionó rápidamente e introdujo su varita en la boca de Malfoy, evitando que se mordiese más la lengua. Tras unos segundos que se hicieron horas, las convulsiones bajaron de intensidad hasta desaparecer por completo, dejándola con el cuerpo de Malfoy completamente laxo y como muerto.

-¿Se puede saber por qué no has evitado que se mordiera la lengua? Ha estado a punto de arrancársela de un mordisco.

-Lo… lo siento. Es la primera vez que veo algo así… yo no sabía cómo…

Hermione soltó un suspiro y abrazó a su aterrorizada amiga. No podía culparla por no saber qué hacer. Ella había tardado unos segundos en comenzar a moverse.

-Tranquila. Ya ha pasado. Ahora nos queda esperar a que vuelva en sí para evaluar los daños.

-Pues ya puedes empezar –Luna señaló a Draco, que abría los ojos en ese momento mientras escupía la varita de Hermione, que aún estaba en su boca.

-Por muy sola que estés, Granger, no soy un perro. ¿Por qué tenía tu varita en la boca?

-Está perfectamente –Hermione rió nerviosamente. El oírle meterse con ella era todo un alivio.- Has sufrido un ataque. Te estabas convulsionando y a punto de arrancarte la lengua de un mordisco…

-Por eso me sabe la boca a sangre –Draco escupió en el suelo un poco de sangre- ¿Algo más que deba saber?

-Te inyectaron varias sustancias para debilitar tus barreras mentales. Y hay algo que tiene que ver con las pociones pero que no logro ubicar. Sé que lo conocemos del colegio, del último año, pero no logro recordarlo.

-Inténtalo de nuevo. Y no, no te preocupes por si me dejas igual que un alga marina o no. El saber qué cojones hicieron conmigo y con los demás es más importante que conservar mis neuronas.

-Pero deberías descansar. El ataque ha debido dejarte agotado.

-Granger…

Algo en el tono de él hizo que obedeciera inmediatamente. Volvió a su lugar y se adentró de nuevo en aquella bruma blanca que le resultaba ya tan familiar. Decidió volver sobre sus "pasos" al momento en el que Malfoy dejó de tener recuerdos. Lo último que el chico vio fue el interior de la tienda de escobas y a su elfo. Hermione se centró en la criatura. Había visto muchísimos elfos domésticos desde su entrada al mundo mágico. Pero ninguno le producía el resquemor y el miedo que ése provocaba en ella. Tenía las orejas caídas, los ojos extrañamente pequeños para alguien de su raza. Vestía un sobretodo negro que parecía lleno de manchas. Y lo acompañaba un extraño olor metálico que recordaba al de la sangre secándose. En el recuerdo, Malfoy pagaba al dueño de la tienda y salía completamente cargado de productos para su escoba. El elfo lo seguía en silencio, observándolo con una mirada torva. Cuando estaban cerca del Caldero Chorreante, el elfo cogía a su amo del borde de la túnica y los desaparecía a ambos. El Callejón Diagon fue sustituido por la entrada a un edificio casi en ruinas, maloliente y lleno de ratas. Malfoy dejaba caer sus compras y estaba a punto de quitarse su anillo/varita cuando un rayo impactaba en su pecho y lo dejaba inconsciente. Hermione se vio sumida en la oscuridad y luego en la blanca nada que investigaba. Ahora sabía cómo había desaparecido Malfoy y quién era el culpable. Decidió dejarlo ahí.

Abrió los ojos y se encontró con el rostro crispado por el dolor de Malfoy. Le sangraba la nariz y gemía con los dientes fuertemente apretados.

-He averiguado cómo desapareciste del Callejón Diagon y quién fue el responsable.

Draco asintió brevemente antes de perder el conocimiento. Luna ayudó a Hermione a desatarlo y entre ambas lo llevaron a su habitación. La castaña lavó los restos de sangre que cubrían aquella piel tan pálida y se quedó vigilando el sueño del rubio. Luna marchó a preparar la comida de todos. Debían seguir unos horarios muy estrictos para crear una rutina que ayudara a recuperar la memoria de Theo, Blaise y Montage. Permaneció en silencio media hora, analizando lo descubierto. Lo que tenía muy claro era que el maldito elfo estaba compinchado con los que "lavaban" el cerebro a los ex mortífagos. Esa criatura tenía pinta de ser un mal bicho. La crueldad de sus ojillos le recordaban a Dolores Umbridge. Se estremeció al recordar a la antigua profesora de DCA y Suma Inquisidora del Ministerio.

-Parece que te has tragado algo desagradable, Granger.

-Estaba recordando a Umbridge –Hermione se sentó en la cama del chico y le hizo un reconocimiento rápido- Parece que estás bien.

-Soy demasiado duro de pelar. –Draco sonrió un poquito. Le ponía nervioso el tenerla tan cerca. El dulce aroma de su perfume le hacía hormiguear la piel. Llevaba demasiado tiempo sin compañía femenina si la sangre sucia le hacía reaccionar de aquella manera.

-La verdad, me sorprendes. Siempre creí que eras un miserable cobarde, de esos que lanzaban la piedra y luego escondían la mano, dejando que otros solucionasen el caos que creabas. Pero ahora, cuando comienzo a vislumbrar una mínima parte de lo que has pasado, veo que estaba equivocada.

-Y sigues estándolo. No viene de ahora, Granger. Soy así desde el colegio. Sobre todo desde sexto –no añadió más. Ambos recordaban lo sucedido ese año- Vivir la guerra como yo lo hice te hace madurar a las malas. No fue un nidito de rosas como tú y tus amiguitos pensabais.

-Pero…

-Puede que vosotros vivieseis con el temor de perder amigos, de ser perseguidos… No niego que lo pasarais mal. Pero erais libres para tomar vuestras propias decisiones. Nadie os ponía la varita en la cabeza para obligaros a hacer las cosas.

-Ahora me vienes con el cuento de que fuiste mortífago por obligación.

-No. Accedí a ser mortífago porque tenía un deber para con mi familia. Porque si yo fallaba, todos pagábamos. Estar al servicio de ese mestizo loco significaba que tenías que vivir al día. Porque podía despertarse una mañana con el cable cruzado y decidir matar uno o dos de sus sirvientes por el mero hecho de no haber dormido en condiciones. Cuando escapasteis a lomos de aquel dragón con el horrocrux a cuestas liquidó a cuarenta de los mejores mortífagos por el berrinche que se pilló. –Draco clavó en ella su acerada mirada. Hermione no vio en aquellos fascinantes ojos ni odio ni rencor. Sólo cansancio y pena- Hasta que Potter acabó con ese mal nacido no pude vivir en paz. Debía proteger a mi padre y a mi madre no sólo de Voldemort, sino de mi tía, de su marido, de su cuñado, del pulgoso de Greyback… la lista de indeseables que esperaba el más mínimo error por mi parte para lanzarse al cuello de los Malfoy era larga. Y, como podrás comprender, para un crío de dieciséis años era demasiada carga.

Hermione no contestó. Había escuchado cada una de las palabras dichas por el rubio con muchísima atención. Y las analizó al detalle. Él tenía razón cuando decía que el "lado bueno" creía que todos los mortífagos vivían bien, despreocupadamente, limitándose a torturar muggles, sangresucias y traidores a la sangre. Nunca se pararon a pensar que quizá muchos de ellos estaban allí por obligación, por proteger a los suyos. Les habían metido a todos en el mismo saco que a Bellatrix y demás desequilibrados. Se sorprendió al ver que comprendía lo que Malfoy había sentido y vivido esos años de incertidumbre de la guerra. Y se sintió un pelín culpable por no haber intentado entender mejor al enemigo.

-¿Cómo pudiste soportarlo? –la pregunta salió de su boca en un susurro roto. Malfoy se tomó su tiempo para contestar. Cuando lo hizo, su voz sonó ronca, profunda y solemne.

-"Fuera de la noche que me cubre,

Negra como el abismo de polo a polo,

Agradezco a cualquier dios que pueda existir

Por mi alma inconquistable.

En las feroces garras de la circunstancia

Ni me he estremecido ni he llorado en voz alta.

Bajo los golpes de la suerte

Mi cabeza sangra pero no se inclina.

Más allá de este lugar de furia y lágrimas

Es inminente el Horror de la sombra.

Y sin embargo la amenaza de los años

Me encuentra y me encontrará sin miedo.

No importa cuán estrecha sea la puerta,

Cuán cargada de castigos la sentencia,

Soy el amo de mi destino:

Soy el capitán de mi alma".

Hermione se estremeció al reconocer el poema. Sintió cómo una lágrima resbalaba por su mejilla. Malfoy alzó la mano y la limpió con delicadeza.

-Ese poema me lo hizo aprender Severus. Me dijo que pensara en él cuando sintiera que la situación me sobrepasaba, cuando el miedo estuviese a punto de devorar mi alma. Gracias a estas palabras pude mantener la cordura en la guerra. Y, extrañamente, siento que estos años en blanco han guiado mi vida. Es una sensación que tengo aquí –se llevó la mano al pecho, sobre el corazón.

-El profesor Snape tenía razón. Son palabras poderosas –la chica sonrió y abrazó a Malfoy, que se quedó estático. Hacía mucho tiempo que nadie tenía un gesto de cariño hacia su persona. Hermione acercó su boca a la oreja de él y susurró- Te describe muy bien. Invencible.

Draco no pudo evitar estremecerse ante el cálido aliento de ella en una zona tan sensible. Levantó los brazos y devolvió el abrazo. Sí. Incluso en ese momento se sentía así. Invencible.

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N/a: la historia va avanzando y las incógnitas se van aclarando. Aunque nuevas preguntas surgen. Lo sé, encima que tardo en subir capítulo, soy mala. Jejeje (risa diabólica).

Los versos que recita Draco son del archiconocido poema INVICTUS, del poeta inglés Willian Ernest Henley (1849-1903). Yo lo leí por primera vez en el 98, cuando nos mandaron hacer un trabajo sobre un suceso histórico de relevancia y de algún personaje importante relacionado con el mismo. Yo elegí el apartheid que se sufría en Sudáfrica y cogí como personajes a Steven Bico, un activista por los derechos del pueblo africano ante la segregación por parte de los borres y que murió luchado contra ese régimen segregacionista, y a Nelson Mandela, que logró la unificación de afrikanners y nativos africanos. Me da pena que haya muerto esta semana, pero nos tenemos que quedar con lo bueno que nos ha legado. Así que este capítulo, a su manera, es como un homenaje a Madiba.

Espero que os haya gustado el capítulo. Muy en breve subiré el siguiente (sobre todo porque se me está acabando el plazo del reto y quiero tenerlo terminado antes del límite).

Un beso y nos leemos.