6. MATAR AL ELFO
Bill no regresó a la casa hasta el día siguiente. Y lo hizo con una compañía que puso los pelos de punta a todos y cada uno de los habitantes del lugar. Hermione, férrea defensora de los elfos domésticos sintió, por primera vez en su vida, unas ganas enormes de liquidar a una de esas criaturas. Luna salió corriendo a esconder a los tres mortífagos desmemoriados. Y Malfoy… el rubio se limitó a observar en silencio a aquella criatura tan repugnante.
El elfo que se mantenía inmóvil (gracias a una poderosa maldición creada por Hermione) en medio del salón medía unos diez centímetros más que la media de elfos. Tenía la piel amarillenta, lo que le daba un aire enfermizo aterrador. Los ojos, inyectados en sangre, lanzaban miradas asesinas a los tres magos que permanecían allí. Lo que quedaba de sus ropajes estaba en tal estado que se mantenían sobre aquel escuálido cuerpo de puro milagro. Draco se levantó y dio varias vueltas alrededor de la criatura.
-Huele a sangre. Y reciente. –miró fijamente a Bill.
-Lo encontré donde tu madre lo había encerrado. En el desván de la mansión. La sangre e de otro pobre elfo. Creo que era el encargado de proporcionarle alimento. Aunque aquí nuestro amiguito prefiere otro tipo de… dieta-
-Había devorado a su compañero –Draco lanzó un puntapié al elfo, haciendo que cayera de bruces.- Maldita alimaña. Si te hubiese matado cuando murió mi padre…
-Pero no lo hiciste. Y gracias a eso podemos obtener información sobre aquellos que os hicieron esto –Hermione levantó al elfo con un movimiento seco de varita.- ¿Cómo lo hacemos?
-Muffliato –murmuró Bill.- No me fío ni un pelo de este bicho. No sabe donde estamos porque este lugar es prácticamente indetectable. Pero nunca se sabe con estas criaturas.
-No dirá nada a menos que aquellos que están detrás de esto se lo pidan. Y no tengo intención alguna de dejarlo con vida después de obtener respuestas –soltó venenosamente Malfoy- Nadie lo extrañará.
-Por una vez en la vida, y sin que sirva de precedente, estoy completamente de acuerdo con Malfoy –Hermione lanzó una mirada al elfo- Esa cosa me da miedo.
-Bueno. Lo llevaré al granero y lo mantendré encadenado hasta el interrogatorio. Tengo que buscar unos hechizos que nos ayudarán a saltarnos todas esas barreras mágicas que llevan los elfos de serie.
Bill levito al elfo y salió por la puerta trasera, dejando a Malfoy y Hermione solos. Permanecieron en silencio unos minutos.
-¿Dónde conseguiste ese monstruo?
-Perteneció a mi tía.
-Con eso me lo has dicho todo –Hermione no pudo sentir lástima por la criatura. Ahora entendía el comportamiento perturbado del elfo si su dueña había sido aquella bruja psicótica.
-¿Vas a intentar entrar en mi mente de nuevo?
-No. Hoy nos vamos de visita. Ponte algo de abrigo y ropa muggle.
-Te recuerdo que esto es lo único que tengo, Granger –Draco señaló la ropa que llevaba puesta.
-En tu armario hay algo de ropa. Luna fue de compras mientras descansabas. Espero que sea de tu agrado.
-Dame cinco minutos y nos vamos.
Hermione siguió con la mirada al ex mortífago mientras éste desaparecía escaleras arriba. "Joder que andares más sexys tiene el maldito hurón". Sacudió la cabeza ante aquel pensamiento. Paseó nerviosa por el salón mientras esperaba. Iban a ir a casa de Harry. El Auror estaba al corriente de los avances que habían hecho sobre el caso de los mortífagos desmemoriados. Y quería hablar con Malfoy.
-Podemos irnos.
Hermione pegó un salto, asustada. Draco tenía aquella sonrisita de medio lado tan exasperante.
-Me asustaste, hurón idiota.
-Gracias por el cumplido, Granger. ¿Nos vamos?
Hermione no dijo nada. Cogió al chico del brazo y lo arrastró hasta la chimenea. Una vez dentro, cogió un puñado de polvos flu y murmuró entre dientes su destino. Las llamas verdes no tardaron mucho en tragarlos.
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Harry paseaba nervioso por su despacho. Había quedado con Hermione para hablar sobre el caso de los mortífagos y ya llegaba tarde, cosa rara en su amiga. Sabía que Malfoy iba con ella, lo que era algo para preocuparse. No se fiaba mucho del ex mortífago, por mucho que Hermione dijera que ya no era como antes. El riesgo de que se le cruzara el cable en el momento menos pensado le ponía la carne de gallina.
-Siento el retraso, Harry. Pero hoy la Red Flu está imposible.
Allí estaba su amiga, sacudiéndose el hollín de la chimenea mientras se levantaba del suelo. A su lado, manteniendo una pose elegante, estaba Malfoy, con la ropa impoluta.
-Empezaba a preocuparme, Herms –Harry abrazó a su amiga y luego se quedó mirando fijamente al otro visitante.
-Ni pienses por un momento que te voy a abrazar, Potter.
-Mi gozo en un pozo, Malfoy –Harry lanzó un resoplido. Sí. Allí estaba el maldito hurón albino, igual de insoportable que en sus años de colegio.
-Aprende a vivir con la desilusión –Draco se acercó a uno de los cómodos sillones que Harry tenía frente a su escritorio y se dejó caer en él- ¿A qué debo el dudoso placer de visitarte?
-Quería ver con mis propios ojos que seguías siendo tú –Harry tomó asiento en su sillón, mientras Hermione lo hacía en el gemelo del de Draco.
-Pues, si quitamos una inmensa laguna de casi cinco años, sigo siendo el mismo de siempre. Con algunos conocimientos sobre el mundo muggle de más y algunas habilidades "interesantes" nuevas.
Harry miró a Hermione en busca de una explicación más razonable y fácil de entender.
-No recuerda nada desde el día que desapareció hasta que se despertó en una clínica en Nueva Orleans. De allí fue a su casa y encontró los mensajes ocultos en las cartas que enviaste y en la publicidad de mi consulta. Allí es dónde me encontró.
-Y eso de las habilidades….
- Por lo que pude estudiar de sus "encargos", lo convirtieron en un asesino a sueldo. Una máquina de matar perfecta, que sólo obedecía a sus amos o creadores. Como los demás. Lo que aún no he logrado entender es por qué él sí tiene todos los recuerdos de su antigua vida.
-Ya te lo dije. Un entrenamiento a fondo por parte de mi tía.
-¿Bellatrix? –Harry frunció el ceño. Si aquella bruja estaba de por medio, la cosa no debía ser para nada buena.
-Ella lo entrenó en Oclumancia. Es la única explicación a la no pérdida de recuerdos. Tiene la mente tan blindada que es prácticamente imposible entrar en ella al menos que él de su permiso.
-Pero esa gente lo… reprogramó.
-Por lo que he logrado averiguar entrando en su mente, utilizaron técnicas de lavado de cerebro muggles y una poción. Aún no he logrado ubicar la poción. Pero creo que la conocemos de nuestro último año en el colegio.
-¿Del último año? –Harry cerró los ojos unos segundos- Pues entonces alguien que cursó ese año con nosotros está metido en todo este lío.
-¿Por qué lo dices, Potter? –Draco lo observaba con genuino interés. No es que admirase a Potter, ni de lejos. Pero tenía que reconocerle que de vez en cuando (muy de vez en cuando), sus neuronas enlazaban entre ellas y obtenía alguna que otra idea brillante.
-Veo que no os acordáis de las condiciones de nuestro último año.
-Lo que diéramos en ese curso sólo lo sabríamos nosotros. Algo que digo Kings sobre conocimientos que sólo nuestra generación podía tener… no le presté mucha atención porque pensé que aquello sólo era una táctica para hacernos acudir a las clases.
-Pues no. Esto lo he descubierto hace poco. Cuando rellenamos la solicitud para cursar ese último año, firmamos un contrato de confidencialidad vinculante. No podríamos enseñar a nadie más lo que allí aprendiéramos, so pena de sufrir un castigo ejemplar.
-Pero, si eso es cierto, y si tú tienes razón y alguien de ese año está metido en esa Organización, entonces…
-Habrá sufrido las consecuencias de desvelar lo que el contrato protegía –Draco sonrió con malicia- Ahora bien ¿Alguien recuerda quiénes estaban en ese maldito curso?
-Sé que vosotros estabais por las fotos que hice con mi cámara muggle –Hermione se sonrojó.- Las que hice con la mágica desaparecieron. Es como si no pudiésemos tener ninguna prueba de que ese curso existió.
-Yo lo he recordado porque leí los archivos clasificados que dejó mi predecesor sobre ese curso. Y Malfoy creo que lo ha hecho por estar con nosotros.
-Sólo tengo imágenes difusas de las clases. Recuerdo todo lo que nos enseñaron pero no soy capaz de decir quiénes estaban o no en cada aula.
Permanecieron en silencio unos minutos, intentando unir las piezas que habían reunido hasta el momento. El primero en hablar fue Harry.
-Tendré que pedirle a Kings las listas de las diferentes asignaturas. Por alguna razón que no alcanzo a comprender, sólo el Ministro de Magia puede tener acceso a ellas.
-Eso es fácil de explicar, Potter –Draco había tenido la idea mientras el pelinegro hablaba- Quizá quien propuso ese último curso para aquellos que sobrevivimos a la guerra y quisimos regresar al colegio pertenece a la misma Organización que nos ha convertido en marionetas asesinas.
-Por eso tanto secretismo y lo de los contratos –Hermione se levantó como impulsada por un muelle.- Ahora tiene sentido. Luna y yo ya teníamos la sospecha de que detrás de todo esto había una extraña asociación muggle/magos. Pero ahora, con estos nuevos datos, estoy más que segura.
-Ahora lo que nos queda es averiguar el por qué hicieron eso y qué obtenían matando a esos muggles. Porque, si no lo recuerdas, Herms, todas las víctimas eran altos cargos o gente con mucho, mucho poder. Y no estoy hablando sólo de gente decente.
-Lo recuerdo muy bien –Draco los miraba en silencio. Aquello era nuevo para él. No tenía ni idea de a quienes había liquidado en su periodo en blanco. Y le interesaba mucho- Que liquidaran a aquellos embajadores que habían acudido a la reunión para la paz entre esos dos países que llevaban la tira de años en guerra lo entiendo. Pero que asesinaran a uno de los mayores capos de la droga de Sudamérica… no le veo yo el punto.
-Se llama "Balanza de Poder", Granger –Draco se inclinó hacia delante, apoyando los codos sobre las rodillas y la barbilla en sus manos enlazadas- Si se eliminan factores importantes del, por ponerlo un nombre, Bien, los factores del que llamaremos Mal cobrarían una importancia más que destacable. Entonces la atención recaería con demasiada facilidad sobre el Mal, cosa que no interesa. Por ello, si a la vez que eliminas factores importantes del Bien, también tienes que eliminar algún que otro factor del Mal para que la cosa quede compensada. Y también tienes que tener en cuenta el factor dinero.
-¿Dinero? –Harry seguía con verdadera fascinación la explicación de Malfoy.
-Matando a unos simples embajadores en un país de cuarta sólo obtienes a cambio el agradecimiento y la promesa de una posible ayuda futura por parte de los interesados por que no se firme la paz en la zona. Pero si a esas muertes les añades la de un poderoso narco…
Malfoy dejó en el aire la respuesta, esperando a que alguno de sus dos oyentes diera con la solución. Hermione fue la primera en hablar.
-No sólo equilibras la Balanza, como tú has dicho, sino que te apropias de todo el dinero que ese narco tuviese.
-Y no sólo dinero, Granger. Te estoy hablando de una red mundial de contactos, escondites, negocios… todo un botín muy necesario para una Organización como la que nos interesa.
-Jo-der.
Harry estaba alucinando. En un principio pensó que los antiguos mortífagos estaban desapareciendo y apareciendo convertidos en autómatas por alguna rara venganza. Pero ahora… aquello era podidamente enrevesado. Y a nivel mundial.
-Tú mismo lo has dicho, Potter. –Draco sonrió, lo que le dio un aspecto de lo más escalofriante.
-Harry, tenemos que dejarte –Hermione miró a su amigo- Bill ha encontrado al responsable de la desaparición de Malfoy y queremos interrogarlo.
-¿Quién fue?
-Pregunta más bien qué fue –Draco apretó con fuerza la mandíbula. Cada vez que pensaba en el puto elfo se le despertaba la vena asesina- El maldito elfo que heredé de la desquiciada de mi tía. El muy cabrón me noqueó al salir de la tienda de quidditch y me llevó vete tú a saber donde.
-Pues ya me contaréis.
-Si te lo he dicho es porque necesito un favor tuyo, Harry –Hermione se mordió el labio inferior, claro signo de su nerviosismo.
-Pide lo que quieras.
-Necesito una autorización del departamento de Aurores para aplicar la maldición asesina sobre un elfo doméstico. –Hermione cerró los ojos con fuerza, esperando la explosión por parte de su amigo. Al ver que el silencio no era roto por una tanda de reclamos o berridos, se atrevió a abrirlos de nuevo. Harry escribía con rapidez sobre un pergamino, que terminó firmando y sellando.
-Aquí lo tienes.
-¿Así sin más? ¿Ni preguntas ni reclamaciones?
-Para que tú me pidas un permiso de ejecución hacia un elfo doméstico, éste debe ser un verdadero peligro.
-Con sólo decirte que le gusta comerse a los de su especie –dejó caer Draco como quien no quiere la cosa.
-Eso me vale como motivo –Harry añadió unas líneas al permiso y se lo tendió a su amiga, que lo cogió con un poco de recelo.- Ya me contaréis lo que lográis sacarle a ese bicho.
-Serás el primero en enterarte.
Hermione se despidió de su amigo con un abrazo, mientras que Malfoy se limitó a una inclinación de cabeza. Entraron en la chimenea y la chica fue de nuevo la encargada de decir su destino.
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Bill los estaba esperando fuera del cobertizo. Su rostro estaba mortalmente serio. Cuando vio a la pareja acercarse, el alivio fue más que evidente.
-Llegáis a tardar cinco minutos más y liquido a ese monstruito yo mismo. Es… horripilante. Te pone los pelos de punta con sólo estar a menos de un metro de él.
-Tranquilo. Harry nos ha firmado el permiso para darle muerte una vez terminemos con el interrogatorio.
-No soy muy amigo de las ejecuciones, pero que quieres que te diga, Herms. Esa cosa no merece vivir ni un minuto más del estrictamente necesario.
Entraron en el cobertizo. El lugar estaba en penumbras. Y en el centro de la estructura, encadenado de pies y manos, estaba el elfo, que los fulminó con la mirada en cuanto entraron en su campo de visión. Draco se situó a la derecha de la criatura, la mano de la varita cerca del anillo, por si acaso. Hermione se situó justo enfrente, pues sería ella quien llevaría el peso del interrogatorio. Y Bill, a la izquierda, mantendría activos todos los hechizos que anularían la magia natural del elfo.
-Bien. Creo que sabes por qué estás aquí –Hermione se mantuvo a una distancia prudencial del ser. Éste se limitó a asentir.
-Puedes preguntarle lo que quieras. Lo he hechizado para que responda siempre con la verdad. Si intenta mentir, se le desprenderá un trozo de piel. Y el dolor será tal que no le quedarán ganas de ocultar nada.
Aquello era cruel. "Pero más cruel es lo que han estado haciendo con los Slytherin", se recordó Hermione. Cogió aire y continuó.
-Dime tu nombre.
-Hezzel.
-Quiénes son tus amos.
-La señora Lestrange, los hermanos Lestrange, el señor Malfoy y el joven Malfoy.
-Quiénes de tus amos están vivos.
-Rodolphus Lestrange y Draco Malfoy.
Hermione miró a Draco, que permanecía inmutable. Bill soltó un silbido bajo. Todos habían dado por sentado que el mayor de los Lestrange también había muerto en la batalla donde Voldemort pereció.
-Dónde está Rodolphus Lestrange.
-No lo sé.
-Cambio la pregunta. Dónde lo ves.
-Lo veo en distintos sitios. Nunca repite emplazamiento –Hezzel cerró la boca con fuerza. Un pedazo de piel del cuello se desprendió para caer al suelo en silencio.
-Di la verdad.
-No repetimos sitio. –Otro trozo de piel acompañó al primero, pero el elfo no emitió quejido alguno.
-No insistas, Granger. Está más que acostumbrado al dolor. Lo único que vas a conseguir es tener un elfo despellejado y ninguna respuesta.
-Como tú digas, Malfoy –Hermione miró de nuevo al elfo, que resoplaba intentando controlar el dolor- A cuántos has secuestrado.
-Treinta.
-Cuántos están vivos.
-Draco Malfoy. Desaparecidos: Zabinni, Rabastan Lestrange, Nott y Montage. Encontrados y liquidados, todos los demás.
Hermione no pudo evitar derramar unas pocas lágrimas. Recordó a Millicent, Pansy, las hermanas Greengras, Flint, Urquhart…aquellos a quienes habían devuelto al mundo casi recuperados. Y que ahora estaban muertos.
-Quién los ha matado.
-Yo.
-Quien dio la orden.
-Rodolphus Lestrange y el Alto Mando.
-Quienes conforman ese Alto Mando.
El elfo permaneció en silencio. Varios trozos de piel fueron a parar al suelo. Hermione reprimió una arcada. El espectáculo se estaba volviendo cada vez más grotesco. Al final, el dolor pareció vencer la resistencia del ser a hablar.
-Sólo sé que lo forman cinco magos y veinte humanos. De todo el mundo. No sé sus nombres. Sólo conozco al amo. Él es quien me da las órdenes.
-Has estado en la base de la organización.
-Nunca. Me daban el nombre del sitio donde tenía que dejar a los sujetos y luego me ordenaban volver a la Mansión Malfoy.
-¿Tienes algo más que añadir? –Draco se acercó al elfo y se situó a medio metro de él. Hezzel hizo el intento de lanzarse a por él, pero las cadenas y un movimiento brusco de varita por parte de Bill lo frenaron.
-No voy a traicionar al amo Lestrange. Antes la muerte.
-Yo también soy tu amo, bicho inmundo –Draco se levantó y lo pateó con fuerza hasta que se pudo oír cómo los huesos se rompían- Esto es por mis amigos muertos. Y esto –con un movimiento de mano arrancó el resto de piel del elfo- por aquellos que me quedan y no saben ni su nombre. Y esto –con otro movimiento de mano varios dedos cayeron al suelo- por ser un monstruo. Todo tuyo, Granger.
Hermione miró lo que quedaba del elfo, que se había aovillado en el suelo, gimiendo y lloriqueando por el dolor y el mido. Y se asombró al descubrir que no sentía nada de pena por esa detestable criatura.
-¿Quieres decir algo? ¿Unas últimas palabras que puedan salvar, aunque sea un poco, tu alma?
-En el jardín de los Malfoy he dejado un regalo para el amo Draco –Hezzel levantó la cabeza y sonrió. Al estar despellejado no resultó nada agradable. Hermione alzó rápidamente la varita y murmuró la maldición asesina. El resplandor verde hizo que se sintieran aliviados. Un monstruo menos en el mundo.
-¿Qué habrá querido decir con lo del regalo para Malfoy? –Bill hizo desaparecer los restos con un movimiento de varita.
-Su último golpe. Una venganza más allá de la muerte –Draco miraba fijamente el lugar donde había estado su elfo.
-No te entiendo, Malfoy –Hermione se acercó a él y puso su mano en el hombro del chico.
-Lo he visto. En su mente. El muy desgraciado me permitió entrar en ese recuerdo para joderme y reírse de mí incluso después de muerto.
-¿Qué te mostró?
-Lo que hizo con mis amigos y dónde está lo que queda de ellos.
Hermione no necesitó más explicaciones. Sabía perfectamente lo que Draco quería decir. Bill soltó aire pesadamente y susurró lo que los otros dos no se atrevían a decir en voz alta.
-Se comió a tus amigos.
-Acertaste, Weasley. De lleno.
