AVANCES

Hermione dio varios días a Malfoy para que procesara el hecho de haber perdido prácticamente a todos sus conocidos a manos de aquella horrible criatura que fue su elfo doméstico. Y, a pesar de no expresarlo con palabras, el rubio parecía agradecido por ello. Se movía por la casa como una aparición, pero se portaba bien con ellas y con Bill. Nada de sarcasmos, insultos o comentarios mordaces. En realidad no dijo ni una palabra. Pero era comprensible.

La cosa cambió cuando Harry decidió aparecer por la casa. Hermione pudo notar cómo el ex mortífago tensó todo su cuerpo al ver la inconfundible silueta de Harry dibujarse en los límites del campo protector.

-¿Qué coño hace Potter aquí? Creí oírte decir que este lugar sólo lo conocíais la Lunática, William y tú.

-La cosa es más grave de lo que creíamos. Y, aunque te pese, Harry es el Jefe de los Aurores. Su palabra tiene mucho peso en el Ministerio y es el que más ganas tiene de llegar al fondo de este asunto.

-Y es uno de los magos más torpes y despistados que me he echado en cara, Granger. ¿Quién nos asegura que no ha sido seguido hasta aquí?

-La casa está muy bien protegida. Y te repito que él es el Jefe de Aurores. Eso será por algo. –Hermione frunció el ceño ante el bufido despectivo de Malfoy.

-Pero los que están detrás de todo esto no son tontos, Granger. ¿Tú que pensarías si sigues a una persona y ésta, de sopetón, desaparece en la nada ante tus narices?

Hermione no contestó. Sabía por dónde iban los pensamientos del rubio. Y tuvo que reconocerle un punto de razón. Sería muy sospechoso que Harry Potter se fuera de paseo a un lugar perdido de la mano de Merlín y desapareciera de repente. Cualquier mago con medio dedo de frente sabría de inmediato que allí se ocultaba una casa. O algo muy importante. Iba a hablar cuando Harry entró en la casa.

-Hermione, me alegro de verte –abrazó a su amiga y luego centró toda su atención en Malfoy- Veo que estás muy bien, Malfoy.

-¿Preocupado por mí, Potter? –Draco sonrió de medio lado, con verdadera maldad. Harry tragó saliva, preso de un repentino resquemor- No tengas miedo. No muerdo. No a mis aliados.

-Menudo consuelo –rezongó el moreno- ¿Habéis avanzado algo?

-No. Nos hemos limitado a comentar el maravilloso tiempo que hace en este lugar, hemos tomado el té como verdaderos adictos y nos hemos tirado las horas muertas jugando al bridge. –Draco se talló el puente de la nariz- De verdad, Potter, a veces haces unas preguntas que me hacen dudar de tu capacidad intelectual.

-Tienes razón, Herms –Harry pasó por alto el comentario mordaz de la serpiente- Sigue igualito a nuestros años escolares.

Hermione soltó una risita. Era agradable presenciar algo que, por muchos años que pasasen, nunca iba a cambiar. Señaló los sillones del salón y los tres tomaron asiento.

-¿Recuerdas lo que te contamos el otro día? Sobre el elfo…

-Sí. Pues no te dijimos todo. Hay un superviviente más a parte de Nott, Zabinni y Montage.

- Rabastan. –Draco soltó el nombre de su tío a regañadientes.

-Ehhh –Harry miró a sus acompañantes y dijo muy bajito y a toda pastilla- RabastanestáenmicasaayudándomeaentrenarconlamagiaOscura.

Hermione se quedó helada. Draco soltó una carcajada mientras miraba de manera burlona a Harry.

-Vaya con San Potter. Si al final va a resultar que tu lado Slytherin es más fuerte que el Gryffindor.

-No me jodas, Malfoy –Harry se quitó las gafas y las limpió con cuidado- Puede parecer una locura, pero con el cerebro hecho papilla, la reeducación a la que fue sometido por parte de Luna y Hermione ha dado como resultado… algo interesante. Y ya que lo tenía a mano y tan dispuesto… pues decidí hacer uso de sus conocimientos.

-Pero Harry, estamos hablando de Magia Oscura.

-Granger. No hay magia oscura o magia blanca. Si le damos esos nombres es por pura comodidad. El potencial de la magia se define en base a cómo es el mago que la utiliza. Si éste es un psicópata degenerado como Voldemort, podemos calificarla de Oscura, porque no la utilizará para nada bueno. Si el mago es un santurrón buenazo como nuestro aquí presente Salvador, podemos definirla sin lugar a dudas como Blanca. Pero una persona puede utilizar todo tipo de conjuros, aquellos considerados prohibidos u oscuros, o permitidos o blancos. La magia es… de un gris medio. Ni blanca ni negra.

-Eso lo dices porque eres un mago oscuro –la chica había entrado en modo cabezón y nadie podría convencerla de que lo que su amigo estaba haciendo era algo malo.

-Piensa como quieras, Granger –Draco no tenía ganas de discutir con ella- Pero me parece bien que Potter eche mano de todo lo que pueda para mejorar. No tenemos ni la más remota idea de qué es lo que nos amenaza. Y no podemos permitirnos el lujo de tener demasiados escrúpulos.

-Pero…

-Herms, Malfoy tiene razón. Lo que estoy aprendiendo con Rabastan es… increíble. Ahora que esa faceta sádica suya no está tan presente, hasta es un buen maestro.

-No, si sé cómo es ahora –Hermione se dejó caer en el suelo, apoyando la espalda en la parte inferior del sofá- Lo que me aterra es que, si mantiene un contacto prolongado con las Artes Oscuras, los recuerdos perdidos vuelvan. Y ya tenemos suficientes problemas con que su loco y aterrador hermano esté con aquellos que han liado todo esto…

-¿Perdón? –Harry miró a Hermione- ¿Qué quieres decir con eso de su hermano? Rodolphus está muerto. Muerto y enterrado.

-Mi otro adorado tío está vivito y coleando, Potter –Draco suspiró- El elfo lo confirmó. Él es quien planeaba las desapariciones y secuestros. Pero no pudimos sacar un enclave fijo. Nunca repetía el lugar de encuentro.

-Estamos jodidos –murmuró Harry.

-No lo sabes tú bien –confirmó Draco.

-¡CHICOS!

La entrada de Luna corriendo en el salón y dando voces les hizo saltar en el sitio. Hermione y Harry no dudaron ni un minuto en sacar sus varitas, mientras Draco permanecía en el sitio, los ojos entrecerrados, buscando el posible peligro. Hermione no contuvo el gesto de disgusto ante el comportamiento de su amiga.

-Casi nos matas de un infarto, Luna –dijo Harry riendo de manera nerviosa.

-Más bien casi consigues que tus estúpidos amiguitos te vuelen la cabeza, Lunática –Draco se acercó a la rubia, que no había perdido la sonrisa en ningún momento, ni aun estando amenazada por dos varitas.- ¿Qué extraño bicho de esos tuyos te ha picado ahora?

-Montage ha hablado. No ha sido mucho, solo un tenue "gracias", pero son sus primeras palabras en meses.

Draco se permitió el lujo de sonreír de manera sincera. Aquella buena noticia bien valía la muerte por infarto fulminante de Potter y la sangre sucia. Hermione se acercó a ambos rubios y abrazó a su amiga.

-Me alegro mucho, Luna. Sé lo mucho que has trabajado con Montage.

-Estoy feliz por él –Luna sonrió aun con más intensidad- Y Zabinni ha conseguido realizar un lumus máxima a la tercera.

Draco permaneció en silencio mientras ambas chicas analizaban todos los progresos que los tres ex mortífagos estaban realizando con los que habían hecho los demás. Sintió una punzada de dolor en el pecho cuando escuchó el nombre de alguno de sus amigos muertos. Le hubiese gustado verlos por última vez. Llevaba varios días barruntando una idea, pero no sabía si expresarla en voz alta o guardarla para él y posponerla para cuando todo aquello terminase. Se decidió por lo segundo. Tenían cosas más urgentes que atender.

-Bien, no es por interrumpir tan amena charla –tres pares de ojos se clavaron en él con mayor o menor grado de enfado- Pero el tiempo corre y tenemos que averiguar quién y qué está detrás de todo este embrollo.

-¿Quieres que te someta a otra sesión de legeremancia? –Hermione lo miró, dudando de su cordura.

-No. Te estoy pidiendo matrimonio –Draco cerró los ojos, exasperado- Pues claro que quiero que entres en mi cabeza, Granger. ¿Todos los Gryffindor hacéis preguntas tan obvias?

-Algunas veces –saltó Luna.

-Esto lo tengo que ver –Harry miró a Draco como si fuese un conejillo de indias. Uno bien grande y dispuesto para el matadero. El slytherin no pudo evitar un escalofrío.

Hermione fue la primera en reaccionar. Con un movimiento de varita conjuró la silla con las correas. Draco tomó asiento y le tendió a Luna el anillo/varita. La chica procedió a atarle con fuerza los tobillos y las muñecas con fuerza. Draco tironeó varias veces para asegurarse de estar bien atado. Cuando asintió con la cabeza, Hermione tomó asiento frente a él. Harry y Luna permanecieron varios pasos detrás de la chica, atentos a todo lo que iba a ocurrir.

Hermione cogió aire profundamente y clavó sus ojos en los de Draco. Pudo penetrar en su mente con suma facilidad. Vio de refilón algunos de los recuerdos del colegio del chico (casi todos de sus peleas con el Trío Dorado) y luego pasó al día de la desaparición. El andar por la bruma resultó aún mucho más fácil que la última vez. Estaba de nuevo en lo que debía ser el laboratorio donde procedían al lavado de cerebro. Pudo reconocer los olores. Se concentró en buscar el de la poción. Allí estaba, bailando en el límite de sus recuerdos. Sabía que lo conocía. Pero no lograba acordarse del nombre. El murmullo de voces la sacó de su ensimismamiento. Se centró en ellas. Quizá allí podría encontrar la respuesta que tanto buscaba.

"-No sé. Hay algo que no va bien. Las gráficas que siguen su actividad cerebral no son planas. Este chico sigue siendo consciente de sus pensamientos.

-Aún no hemos introducido la poción en su sistema nervioso. En cuanto lo hagamos, verás cómo deja de ofrecer resistencia.

-Jamás había visto a alguien oponerse tanto a la hipnosis y a las técnicas de condicionamiento cognitivo.

-Es un maldito y sucio mortífago. Esa escoria está muy bien entrenada.

-Pues los otros… ¿muertífagos?...¿mortínosequé?... cayeron a la primera sesión. Sus mentes se deshicieron como la mantequilla en un microondas.

-No sé que es un microondas. Y los mor-ti-fa-gos son capaces de muchas cosas, doctor.

-A lo que iba. Si esa dichosa poción suya no funciona, tendremos que matarlo. Aun estando en este estado de hibernación cognitiva, nos está escuchando. Y es muy posible que pueda recordar todo si no tenemos éxito.

-No tema, doctor. Hay alguien que disfrutará mucho del chico si no tenemos éxito."

Hermione dejó de oír las voces. Había reconocido a uno de los interlocutores. Reprimió las ganas de gritar (no quería montar el berrinche dentro de la mente del hurón y que este se tirara riéndose de ella por los siglos de los siglos) y siguió indagando por la neblina. A su derecha notó una fluctuación. Dirigió su consciencia hacia allí y observó con atención la anomalía. Unas imágenes no muy nítidas se formaron ante ella. Poco a poco fueron ganando algo de claridad, hasta hacer posible el reconocimiento visual del entorno.

Estaban en un cuarto completamente blanco. Pudo sentir cómo Malfoy intentaba huir, pero algo lo retenía. Estaba atado firmemente a una silla de dentista. Unas tiras de cuero apretaban su frente, cuello, pecho, cintura, muslos, espinillas, tobillos y muñecas. Una sombra se movía por la periferia de su campo de visión. La susodicha sombra se fue acercando hasta quedar frente al inmovilizado chico. Hermione reprimió un grito de sorpresa al reconocer al sujeto. Ante ella, sonriendo con sadismo, estaba Zacharias Smith, su antiguo compañero de colegio. Sus ojos brillaban con maldad.

-Bueno, Malfoy. Esto lo voy a disfrutar como no tienes ni idea. Lástima que no pueda decir lo mismo de ti.

Smith levantó el brazo y mostró lo que llevaba de la mano. Un bisturí afiladísimo brilló de manera macabra al recibir la luz de los alójenos. Hermione no pudo evitar un estremecimiento.

-Lo bueno que tiene este sitio es que me dejan hacer todo lo que yo quiera para romper vuestra voluntad y mentes. ¿Sabes que antes de ti tuve el placer de "atender" a tus amiguitos del alma? Fue divertido. Sobre todo con ese desgraciado de Montage. Al acabar con él lo único que era capaz de hacer era babear y mearse encima como un bebé. ¿No te parece divertido?

Hermione pudo sentir la furia asesina que recorrió el cuerpo de Malfoy. Eso y una terrible impotencia al saber lo que le habían hecho a uno de sus amigos. Smith acercó el bisturí a la mano derecha de Malfoy e introdujo la afilada hoja por debajo de la uña del dedo índice. El cuerpo de Draco se tensó ante la anticipación del dolor que sabía que iba a padecer. Con un movimiento brusco de muñeca y antebrazo, Smith arrancó la uña de raíz. Malfoy se mordió los labios para no gritar.

-Veo que el mortífago aún tiene algo de dignidad. Pero no te preocupes. Gritaras. Vaya que gritarás. Todos lo hacen. De momento no he tenido a ninguno que haya aguantado más allá de la tercera uña. Veamos de qué pasta estás hecho.

Una a una fueron cayendo las uñas al suelo. Y el ex mortífago no soltó ni un solo grito. Tenía los labios llenos de sangre por la fuerza con la que se los había mordido. Pero no se quejó. Smith estaba cabreado. Tiró el bisturí al suelo e hizo aparecer un bote lleno de agujas.

-Creo que esto te va a gustar aún más. ¿Sabes que dependiendo de qué nervios presiones, puedes padecer el dolor más intenso o no sentir nada de nada? Pues sí, amigo. Y yo me he especializado en lo primero. Sé qué puntos hay que presionar para que tu cuerpo sienta tanto dolor como si un hipogrifo te estuviese masticando lentamente.

Y Hermione pudo sentir dicho dolor a través del recuerdo de Draco. Dejó que su consciencia se acurrucara y cerró sus ojos mentales. Aquello era insoportable. Podía sentir cómo los pensamientos de Malfoy comenzaban a confundirse unos con otros. El dolor estaba llegando a cotas tan altas que las defensas del ex mortífago comenzaban a caer una a una. Hermione sintió cómo el pánico la arrastraba al centro del remolino en el que se estaban convirtiendo los pensamientos y recuerdos de Malfoy. Empujó en dirección contraria y se libró de ser engullida por poco. Una extraña calma sustituyó al terror y el miedo. En un principio pensó que Malfoy había perdido el conocimiento (cosa normal dada la tortura a la que había sido sometido) pero, al prestar atención, pudo ver que él había permanecido consciente en todo momento. El que no estaba tan bien era Zacharias. Smith estaba tirado en un rincón, inconsciente. Hermione esperó pacientemente a que recuperara el conocimiento. Al pasar los minutos y ver que no reaccionaba, intentó enfocar su mente en ese punto del cuarto de torturas. Cuando logró un poco más de claridad en su visión, el estómago se le subió a la garganta. Zacharías estaba boca abajo en el suelo. Pero su rostro miraba con ojos vacíos el techo. Tenía la cabeza completamente girada, el cuello destrozado. Y ahí fue cuando se dio cuenta de la corriente mágica que recorría el cuerpo de Malfoy. "Magia involuntaria", pensó. Decidió continuar, a ver si encontraba algo más. Pero una fuerza la arrastró hacia atrás, hasta salir por completo de la mente de Malfoy.

Hermione parpadeó varias veces. Harry estaba gritando insultos y palabrotas como una ametralladora, mientras Luna la ayudaba a ponerse en pie (había caído de su silla de manera inconsciente).

-¿Qué ha pasado ahora, Luna?

-Tú sabrás. Sea lo que sea eso que has visto o encontrado, no fue nada bueno. Malfoy enloqueció. Literalmente. Nos ha empotrado contra la pared y ha hecho levitar todo lo que había en este cuarto. Absolutamente todo.

Hermione miró a su alrededor. El salón estaba patas arriba. Parecía víctima de un tornado categoría máxima. Incluso algunas de las tablas del suelo habían sido arrancadas y permanecían clavadas en la pared como grotescas lanzas.

-¡CASI NOS MATA, HERMIONE! ¿SE PUEDE SABER QUE COÑO HAS HECHO DENTRO DE LA CABEZA DE ESE TARADO?

-No me grites, Harry –Hermione bufó, molesta. Podía entender que su amigo estuviese aterrado, pues era normal. Pero no le parecía nada bien que le gritase de aquella manera cuando ella no tenía culpa alguna.

-¿Qué no te grite? Por si no te has dado cuenta, parece que estamos en plena Franja de Gaza. Ese estúpido hurón de ahí –Harry señaló a un ido Malfoy, que permanecía con la mirada fija y las pupilas completamente dilatadas- Ha empezado a levitar cosas y luego nos las ha lanzado. Y como no ha acertado a darnos, pues nos ha lanzado a nosotros. Contra la puta pared. Y ha dolido. Mucho. Muchísimo.

-No seas reina del drama, Harry –Hermione hizo un movimiento de varita y todo comenzó a colocarse en su sitio, suelo incluido- ¿Ves? Ya está todo arreglado.

-Tú estás loca. –Harry se sentó en el suelo, híper ventilando- ¿Qué ha sucedido dentro de su cabeza?

-Espera un momento –Hermione se acercó a Draco y con un movimiento de varita lo dejó inconsciente- Ya le pondremos al día cuando se encuentre mejor.

Harry esperó pacientemente a que su amiga levitara a Malfoy hasta su cuarto y cuando regresó, empezó con el interrogatorio.

-Bien, ahora que no está el hurón psicótico, ¿me harías el enorme favor de aclararme qué leches ha pasado hace un momento? Porque no tengo ganas de convertirme en un pincho moruno involuntario porque tú te dediques a juguetear con las pocas neuronas que le queden a ese prospecto de mago que duerme como un bendito ahora mismo.

-Iré por partes, para que puedas seguirme y entenderme –Hermione miró furiosa a su amigo. Harry pudo pillar la mala leche escondida en esa frase. Asintió con un seco cabeceo.

-Regresé a la parte en la que puedo oler la dichosa poción. Estaba muy cerca de poder recordar su nombre cuando pude entender parte de una conversación entre dos personas. Una de ellas fijo se trataba de un médico muggle. Alguien especializado en el control mental, por lo que he podido deducir de las pocas frases oídas.

-No me estás contando nada nuevo, Herms. Ya sabíamos que había médicos muggles de por medio.

-Ya. Pero luego estaba la otra persona. Reconocí su voz. Se trata de Percy.

-¿Percy? ¿Percy Weasley? –Harry la miraba sorprendido.- ¿Estás segura?

-Nunca podría confundir ese tonito pedante que tiene cuando se trata de algo importante, Harry. Estoy segura al cien por cien que se trata de él. Y hablaban de la poción y de cómo Malfoy se estaba resistiendo a todos los métodos muggles para borrarle la memoria.

-Ese cabrón platinado tiene la cabeza demasiado dura. En todos los sentidos.

-Percy aseguró que con la poción dejarían su mente en blanco. Y ahí entra la segunda parte de mi incursión.

-¿No escuchaste nada más?

-El recuerdo cambió. –Hermione suspiró con pesar. Le habría encantado seguir aquella conversación, pues alguien cercano y muy conocido estaba metido en el ajo, pero en la mente no se podía mandar.

-¿Qué pasó después? –Harry estaba intrigadísimo. Había oído hablar del método que sus amigas utilizaban para recuperar las mentes de los ex mortífagos. Pero nunca había asistido a una sesión en directo. Y verlo era muy diferente a leer los progresos en un pergamino.

-Pasamos a un recuerdo visual –Hermione guardó silencio unos segundos. Tenía que pensar muy bien cómo contarle lo que había sentido y visto a su amigo.- Malfoy estaba atado a una camilla de dentista. Muy bien sujeto. Le era imposible mover ni un centímetro de su cuerpo. Se encontraba en una sala completamente blanca, muy iluminada. Y no estaba solo. Allí estaba el encargado de derrumbar sus defensas mentales.

-Por tu cara y las vueltas que estás dando para contarlo, deduzco que se trata de alguien conocido por ambos.

-Zacharias Smith.

Harry se quedó con la boca abierta. Recordaba muy bien a Smith del colegio. Su petulancia (sólo equiparable a la del hurón) y lo tremendamente insoportable que podía llegar a ser el noventa por ciento de las veces. Además de varias muestras de cobardía.

-Smith era el encargado de torturar a los ex mortífagos para anularlos como personas mediante el dolor extremo. Se jactó de tardar muy poco en doblegarlos.

-Pero con Malfoy la cosa le salió rana –apuntó Harry.

-Sí. Le arrancó una a una todas las uñas de las manos. Según Smith le bastaba tres uñas para volver locos de dolor a sus prisioneros. Malfoy aguantó las diez sin soltar un quejido.

-Vaya con el hurón –Harry sintió un escalofrío recorrerle la columna. Siempre se había burlado de Malfoy llamándolo cobarde. Pero aguantar lo que él había aguantado no lo hacía todo el mundo.

-Sí. Quizá el que él sea como es ha sido lo único que Bellatrix ha dejado como bueno en este mundo. Sin sus entrenamientos Malfoy estaría como Montage o peor.

-Me da grima el mero hecho de tener que agradecerle algo a esa loca.

-Bueno. Sigo. Después de la tortura de las uñas, viendo que eso no daba resultado, Smith cogió unas agujas. Por lo que oí, se trataba de un método para inducir el máximo dolor posible a través de puntos de presión nerviosos. Y ahí es cuando la cosa se descontroló. La mente de Malfoy se volvió un caos. Estuve a punto de ser absorbida por la locura que se apoderó en esos momentos de su mente. Pude escapar de milagro. Cuando salí del remolino, todo estaba demasiado en calma. Creí que se había desmayado por el dolor, pero seguía consciente.

-Ahí debió ser cuando comenzó su numerito de levitar las cosas e intentar matarnos.

-Fue una reacción involuntaria, Harry. En el recuerdo sufrió un brote de magia espontánea. Y al parecer, al revivirlo, le provoqué uno similar en la realidad.

-Vamos, que estamos jugando con fuego cada vez que te metes en su mente. –Harry se frotó las sienes. Empezaba a tener un dolor de cabeza descomunal. Un suave carraspeo por parte de Hermione le devolvió a la realidad.- ¿Aún hay más?

-Cuando me dí cuenta de que Malfoy seguía consciente, busqué a Smith. Estaba en un rincón, aparentemente inconsciente.

-¿Aparentemente?

-Estaba muerto. Malfoy le había partido el cuello durante el estallido de magia. Literalmente, le había vuelto la cabeza del revés.

Harry entró en la mente de su amiga y observó en silencio aquella parte del recuerdo. No pudo evitar sentir pena por Zacharias. Aunque tenía bien merecido ese final. No se podía ser tan sádico y cabronazo y salir impune.

-Bueno. Haciendo un resumen –Harry se levantó y estiró los brazos por encima de la cabeza- A los slytherin los secuestraba un elfo doméstico psicópata y caníbal por orden de Rodolphus Lestrange. Los llevaban a ese lugar (del que no tenemos ni la más remota idea de dónde coño está oculto) y una coalición formada por médicos y magos locos se dedicaban a jugar con sus mentes hasta el punto de llegar a la tortura física para convertirlos en marionetas programables. Entonces pillan a Malfoy y les cuesta Dios y ayuda el reprogramarle. Pero por cosas de la vida, su entrenamiento mortífago a manos de la zumbada de Bellatrix (más las torturas varias cortesía de Voldemort y compañía) hace que el hurón no pierda su identidad. Tiene una laguna de cinco años, dos de los cuales los pasó en estado de coma en Nueva Orleans y tres de ellos haciendo encarguitos para esa gente que aún no identificamos. ¿Me he dejado algo?

-Un resumen muy preciso, Harry –Luna le palmeó el hombro.- ¿Te quedarás a comer?

-Tengo que volver. Si falto Ginny es capaz de castrarme. A lo vivo –Harry abrazó a Luna y luego a Hermione- Ten mucho cuidado, Herms. Es bastante peligroso el adentrarse en la mente de Malfoy.

-Lo tendré, Harry. Pero no me pidas que deje la investigación porque sabes que no te voy a hacer caso. Estamos cerca de empezar a desentrañar el misterio. Y tengo el extraño presentimiento de que algo malo va a ocurrir muy pronto. Es una sensación en la boca del estómago que no me ha abandonado desde que encontré al hurón.

-Tú solo ten cuidado. Nos veremos pronto.

Harry salió de la casa y caminó a paso vivo hasta desaparecer tras las protecciones. Hermione cerró los ojos e intentó calmar sus pensamientos, que iban a más de mil por hora. Sentía que estaba muy cerca de encontrar una de las claves que les permitiría atrapar a los que dirigían toda aquella atrocidad. Pero seguía sin poder ubicar dicha clave. Y a eso debía sumarle la sensación de peligro que llevaba encima desde que se encontró con Malfoy. Resignada, decidió que lo mejor era descansar un buen rato para tener la mente fría y las ideas claras. No iba a ganar nada estresándose por obcecarse en un punto de su investigación. Ya tendría tiempo para avanzar las cosas. Caminó hacia las escaleras y subió sin hacer ruido. No quería despertar a Malfoy. Merlín sabía que necesitaba el descanso. Sobre todo después del estallido de magia involuntaria que ella le había provocado. Entró en su cuarto y se dejó caer sobre la cama. Cerró los ojos y cayó rápidamente en un sueño sin imágenes.