CUENTA ATRÁS (parte II)

Harry se paró en seco al llegar a Central Park. Le dolía el costado cosa mala y había perdido las gafas tres manzanas atrás al evitar el ataque de dos de aquellos hombres vestidos de negro con uniformes paramilitares. A su lado Hermione resollaba como una locomotora. Luna, Theo y Montage parecían estar en mejor forma, sobre todo ellos.

-Creo que les voy a ahorrar el trabajo y me voy a morir aquí mismo –Hermione cogió una gran bocanada de aire e intentó normalizar su respiración- Joder. No había corrido tanto en toda mi vida.

-¿No te acuerdas de la caza de los Horrocruxes? –Harry bizqueó, intentando enfocar a su amiga, que no era más que un borrón difuso.

-Ahí tiré de varita todo lo que pude. ¿Por qué Theo y Tage no están agotados? –Hermione miró con envidia a los dos chicos, que permanecían alerta.

-Creo que sus cuerpos recuerdan de manera automática el entrenamiento al que fueron sometidos –Luna estaba sentada sobre el césped. Tenía las mejillas rojas por el esfuerzo y el pelo parecía un nido de cuervos.

-Pues si estos dos, después de haber estado en plan lechuga casi cuatro años están así de bien, no quiero ni imaginarme qué hará Malfoy cuando se ponga en modo automático.

Hermione reprimió un escalofrío al oír a Harry. No había pensado en esa posibilidad. Desde que Malfoy la encontró en su consulta unos meses atrás, nunca había tenido en cuenta el entrenamiento militar que seguramente le habían aplicado al sly. Una sensación extraña se asentó en medio de su estómago, como un mal presentimiento.

-Deberíamos movernos. No creo que nuestros amiguitos de negro estén muy contentos con nosotros. –Harry se enderezó y le tendió la mano a Hermione- Necesito un lazarillo. Sin gafas no veo tres en una escoba.

-Existe una cosa llamada lentillas, Harry. Llevo diciéndotelo desde séptimo.

-Te prometo que cuando esto acabe me compro unas –Harry esquivó por puro instinto el manotazo de su amiga. Emprendieron la marcha a paso vivo, muy atentos a todo lo que les rodeaba. Luna fue quien rompió el silencio que se había adueñado del grupo.

-¿Creéis que Rodolphus cumplirá su parte del trato?

-No. Vamos directos a una trampa. –Harry se puso serio de golpe- Pero no podemos dejarle ahí. No después de saber todo lo que sufrió a manos de esos psicópatas.

-¿Conseguiremos sacarlo de ahí con vida? –La voz de Hermione tembló al hacer la pregunta. Vale que no era amiga del hurón. Pero el tratar con él y el estar hurgando en su mente todas esas semanas había establecido una especie de conexión con Malfoy. Y contemplar la posibilidad de su muerte hacía que se sintiera mal. Muy mal.

-Recemos a Dios, Merlín y todo bicho sobrenatural para que así sea.

Treinta horas antes.

La aparición en su consulta fue de todo menos tranquila. Había olvidado lo molesto que resultaba pasar a través de las miles de capas mágicas que se habían creado en ese lugar a través de los años. Y su pobre estómago estaba pagando en esos momentos tal olvido. Vomitó con toda tranquilidad en la papelera que tenía al lado de su escritorio y se sentó a esperar que la habitación dejase de girar tan alegremente.

-Tienes una cara penosa, Herms.

-Gracias por el cumplido, Luna. ¿Habéis tenido algún problema?

-Ninguno. Theo y Tage están descansando ahora en tu salón privado. Demasiadas emociones en un solo día. No están acostumbrados.

-¿Y Harry?

-Ha ido a por algo de comer. Tu nevera da pena. Si entra un nargle se deprime.

Hermione se limitó a sonreír. Había tardado, pero al final las locuras de Luna habían pasado a ser algo muy normal y familiar en su rutina. Esperaron en silencio a que apareciese alguno de los chicos.

El primero en volver fue Harry. Llevaba varias bolsas, llenas hasta arriba de comida y bebida. A los pocos segundos se apareció Bill. Tenía un feo moratón en la sien y un corte en el labio.

-¿Han atacado la Madriguera? –Harry dejó caer la compra y se acercó al pelirrojo. Éste negó con la cabeza mientras sonreía de lado.

-El imbécil de mi hermano pequeño. Quería que le contara en qué estoy metido. Le dije que no y se puso en plan reina del drama. Ya sabéis, voces, gritos, insultos, amenazas. Cuando le mandé sutilmente a la mierda me arreó dos puñetazos. Y no llegó a más porque mi madre le lanzó un petrificus y lo sacó levitando al jardín, para que se le aclararan las ideas.

-No es por ofender, Bill, pero tu hermano es un soberano idiota –Hermione sintió vergüenza ajena al escuchar la desmedida reacción de su amigo. Por cosas como esa no le habían contado nada de lo que estaban haciendo. Por eso y por tener en cuenta el odio sin razón que el pelirrojo menor tenía a todos los Slytherin.

-Qué se le va a hacer. Los genes buenos se habían agotado cuando llegaron a él. Por suerte para Ginny la remesa se rellenó cuando llegó ella. –Bill se curó con su varita y ayudó a Harry a recoger todo lo que se había desparramado por la moqueta.- ¿Alguna idea de lo que ha pasado con Malfoy?

-Creo que lo tienen ellos –Hermione se sentía abatida. El no tener al rubio rondando a su alrededor la hacía sentir… rara. Estaba demasiado acostumbrada a sus pullas y a su mala baba.- La pregunta ahora es ¿cómo averiguamos dónde lo tienen?

Guardaron silencio, buscando una manera de encontrar al rubio sin atraer a aquellos que se lo habían llevado. Tras pensarlo mucho, Harry fue el que encontró la manera.

-¡KREANCHER!

El arrugado elfo apareció en medio de la consulta con un sonoro plof.

-El amo Harry ha llamado a Kreancher. Kreancher está muy contento de poder acudir a la llamada del amo Harry.

-Kreancher ¿puedes rastrear a Malfoy? –Harry se agachó para quedar a la altura de la arrugada y anciana criatura.

-¿Al amo Draco Malfoy? –Los ojillos del elfo brillaron con fuerza unos segundos- Por supuesto, amo Harry. Kreancher buscará al joven Malfoy. ¿Quiere que lo traiga aquí?

-De momento me conformo con saber dónde está –Harry sonrió a su elfo- Y Kreancher, ten mucho cuidado. Esa gente es muy peligrosa. Y pueden hacerte daño si descubren que estás husmeando por ahí.

-Kreancher será igual de silencioso que un fantasma, amo Harry.

-Kreancher -Hermione llamó con suavidad a la criatura, que se giró hacia ella haciendo una ligera reverencia.

-¿En qué puede ayudar Kreancher a la amiga muggle del amo?

-Ten mucho cuidado. Rodolphus Lestrange estará con Malfoy. Si lo ves, desaparécete inmediatamente.

-Muchas gracias por avisar a Kreancher, joven ama –el elfo chasqueó los dedos y desapareció.

-¿Por qué le has dicho lo de Rodolphus? –Luna miraba a Hermione como si a ésta le hubiesen salido cuernos o algo parecido.

-Rodolphus es un Lestrange. Estuvo casado con Bellatrix. Y Kreancher, ante todo, sirve a la sangre Black. Y Rodolphus, indirectamente, pertenece a esa familia. Si tenemos suerte, ni lo notará. Pero si ese maldito psicópata cae en la cuenta, podría ordenar a Kreancher que revelara nuestro escondite.

Harry y Luna no dijeron nada. Hermione tenía toda la razón. Aquel mortífago era un bicho de mucho cuidado. Y toda precaución a su alrededor era poca.

-¿Alguien ha avisado a Rabastan? –la pregunta de Luna les pilló por sorpresa. Bill soltó un juramento y se desapareció.

-Creo que eso es un no –Luna caminó hacia el salón privado de la consulta y entró sin hacer ruido. Se sentía agotada y necesitaba descansar unos minutos.

Hermione y Harry decidieron esperar a Bill y Kreancher junto al ventanal, mientras disfrutaban de las agradables vistas. El tiempo fue pasando lentamente. Y los nervios de ambos fueron en aumento cuando ninguno de los dos ausentes dio señales de vida.

-¿Crees que los han atrapado?

-No pienses eso, Harry. Seguro que Bill se ha entretenido con Rabastan hablando de algo sin importancia. Y Kreancher está ya muy mayor para andar haciendo de James Bond.

Harry sonrió ante la posibilidad de ver a su elfo domestico vestido como el espía británico. La imagen resultaba, como mínimo, hilarante. El ruido de la aparición les sobresaltó. Se giraron con rapidez para encarar a Bill y Rabastan.

-Siento haber tardado tanto. Rab estaba teniendo una charla… entretenida con su hermano.

-¿Te encontró Rodolphus? –Harry se acercó al ex mortífago.

-Si ese que decía ser mi hermano se llama así, sí –Rabastan estaba completamente confuso. Había tenido un día muy tranquilo en el trabajo y la repentina aparición de un hombre unos años mayor que él, con una pinta aterradora, llamándolo "hermanito" mientras sonreía como un sádico había dado al traste con dicha tranquilidad.- Estaba a punto de lanzarle una imperdonable cuando William y un elfo sacado de la Edad Media aparecieron.

-Kreancher se quedó junto a Rodolphus, frenándolo, mientras nosotros escapábamos. La cara de ese loco no tenía precio cuando el viejo elfo le mandó por los aires con un simple gesto de la mano.

-Espero que esa tontería no le cueste la vida a Kreancher –Harry pensó automáticamente en Dobby. Y en la muerte tan injusta y absurda que tuvo. Y a manos de otro Lestrange. Aquella familia parecía tener cierta fijación con eso de aniquilar elfos domésticos.

-Tranquilo –Rabastan sonrió de medio lado (cosa que le dio cierto aire de maniático)- El elfo es demasiado astuto como para dejarse pillar así como así. Lo he visto actuar en varias ocasiones y se las sabe todas.

-Esperemos que tengas razón.

Volvieron a lo que estaban haciendo antes de la interrupción y continuaron esperando y vigilando. Las horas fueron pasando y Kreancher seguía sin aparecer. Harry comenzó a hacerse a la idea de que se había vuelto a quedar sin elfo.

-No seas pesimista, Harry –Hermione pilló al vuelo los pensamientos de su amigo al ver la cara de pena que se le había comenzado a poner- Seguro que aparece en cualquier momento.

Y como invocado por ensalmo, el elfo apareció en medio del salón. Temblaba como una hoja y tenía los enormes ojos saltones brillantes por las lágrimas. Su expresión era de absoluto terror. Llevaba una caja cuadrada y plana fuertemente agarrada en una de sus manos. Harry se acercó con cuidado a él.

-¿Te encuentras bien, Kreancher?

-Kreancher trae un mensaje para el amo y sus amigos –estiró el brazo y le entregó la caja. Harry la cogió por inercia, sin quitarle ojo a la criatura, que estaba próxima al colapso.

-Ve a la Madriguera y descansa todo lo que quieras, Kreancher. Has hecho un buen trabajo.

El elfo asintió en silencio. Alzó la mano para chasquear los dedos pero pareció pensárselo unos segundos.

-Amo Harry –el ojiverde asintió, dándole permiso para hablar- Por favor, traedlo de vuelta. Pronto.

Y se desapareció, dejando a los magos completamente confusos. Harry miró el objeto que le había entregado el elfo. Era un DVD. Se lo lanzó a Hermione que lo recogió con torpeza. La chica abrió un armario y sacó un equipo de audiovisuales. Los otros tomaron asiento.

-¿Qué crees que habrá querido decir con esa última petición? –Billy había quedado intrigado con la actitud del elfo.

-No tengo ni idea. Pero algo me dice que la respuesta está en ese DVD –Harry centró toda su atención en la pantalla del televisor. Hermione se sentó en el suelo y encendió el aparato. Luego cogió el mando del reproductor y pulso el Play. La imagen de Rodolphus Lestrange les sobresaltó.

"Queridos Potter y compañía. Diría que es todo un placer el hablar con vosotros. Pero, para ser sincero por una vez en mi vida, es todo lo contrario. Me molesta malgastar saliva con escoria como vosotros.

Ahora mismo os estaréis preguntando por qué os envío este mensaje. No tenía ganas de acompañar a esa reliquia a la que llamáis elfo. Ando un poco… perezoso. Además, es mucho más divertido e ilustrativo haceros llegar mi mensaje de esta manera."

El zoom de la imagen se abrió. Lestrange estaba en una sala blanca. A Hermione se le hizo tremendamente familiar. La cámara se movió hacia la derecha, descubriendo una silla de dentista. Hermione ahogó un grito. Aquella sala era la misma donde Smith había torturado a Malfoy. Rodolphus apareció de nuevo en la pantalla, sonriendo como el demente que era.

"Creo que a algunos de vosotros esta sala les será familiar. Aquí un buen amigo mío se lo pasaba de miedo haciendo gritar a esa escoria que se hicieron llamar a sí mismos mortífagos cuando realmente eran una panda de críos llorones a los que sus mamis aún no habían quitado los pañales.

Y ahora, querido Potter, déjame mostrarte cómo me entretengo mientras espero a que te dignes aparecer".

Harry, Hermione, Billy y Rabastan contemplaron mudos por el horror cómo un desafiante Draco Malfoy era inmovilizado en la dichosa silla. Fueron testigos involuntarios de una nueva sesión de tortura y violencia gratuita a manos de Lestrange. Billy cerró los ojos, incapaz de seguir viendo aquella atrocidad. Rabastan se marchó de la sala. Había algo en aquella escena que le era tremendamente familiar y su estómago comenzaba a protestar.

Los únicos que permanecieron atentos a la pantalla fueron Harry y Hermione. Ella, porque se sentía en deuda con el rubio que en ese momento gritaba con todas sus fuerzas mientras su tío se entretenía cruciándole a placer. Harry, por el contrario, analizaba con atención el lugar, buscando pistas. Su mentalidad de Auror se había puesto en marcha. A lo mejor en esa sala, en la gente que intentaba pasar desapercibida al fondo, estaba la clave para averiguar quiénes eran los que estaban detrás de aquel despropósito.

Después de lo que pareció una eternidad, los gritos cesaron. La cámara se recreó unos minutos en la "obra" de Lestrange. Draco Malfoy había quedado reducido a un ser herido, ensangrentado, con la mirada perdida y poseída por un brillo animal que no presagiaba nada bueno. Rodolphus volvió a dirigirse a la cámara mientras se limpiaba restos de sangre del rostro y manos.

"Esto ha sido mi regalo para vosotros. Y ahora la verdadera razón de que yo esté utilizando un aparato muggle.

Dentro de…veinticuatro horas, junto al lago de Central Park. Nos veréis enseguida. Seremos el grupo vestido de negro. Si se os ocurre traer aunque sea a un mísero auror o algún miembro de la Orden, mi querido sobrinito pasará a ser alimento de los peces del lago. Os estaréis preguntando el por qué de todo esto.

Vosotros tenéis algo que me pertenece. Y lo quiero de vuelta. Sabéis perfectamente de lo que estoy hablando. Y si me lo traéis, cabe la posibilidad de que os devuelva a Draco. No de una pieza, a la vista está, pero sí vivo.

Pensadlo bien. Os estaremos esperando."

No hablaron. Estaba claro que lo que Rodolphus quería era a su hermano. Y la parte no dicha pero sí insinuada era que la Organización quería a los slytherin que quedaban. Se veía a la legua que no querían cabos sueltos. No después del descalabro del suicidio de los funcionarios del Ministerio y la ejecución del elfo psicópata. Harry se talló el puente de la nariz. Estaba pensando a toda velocidad, creando y destruyendo estrategias que le permitieran mantener a Malfoy vivo y conservar a su lado a los cuatro ex mortífagos.

-¿Harry?

-Estoy pensando, Herms. Ese cabrón nos lo ha puesto difícil. Tenemos que cumplir sus reglas sí o sí. O Malfoy pagará las consecuencias. Y aunque no me cae bien, tengo una deuda muy grande con su Madre. Si Narcissa se entera que tuve a su hijo conmigo y que lo perdí a manos de su cuñado y los chiflados de sus amiguitos, me castra, luego me descuartiza y me da de comer a esos horripilantes y feos pavos reales albinos que tanto quiere.

-Quizá nosotros podemos ayudar –Nott estaba parado detrás del sillón donde ellos permanecían sentados. A su lado Montage asentía, completamente serio.- No podremos recordar muchas cosas de nuestra vida anterior, pero una cosa sí tenemos segura: recordamos todo lo que nos enseñaron ahí –señaló de manera vaga el televisor.

-Rescataremos a Draco –la voz de Montage, terriblemente ronca, hizo que Hermione sintiera ganas de llorar. Allí estaban esos dos chicos, ofreciéndose a una misión cuasi suicida, cuando llevaban apenas unas semanas siendo de nuevo dos personas medianamente normales. Sobre todo Montage. Y ellos hundiéndose en la miseria antes de empezar.

-Bien. Pero a la menor señal de peligro os desaparecéis con Luna hasta la Madriguera. Y no quiero discusiones. Es una orden.

Ambos sly asintieron mientras tomaban asiento junto a los gryffindor y pasaban a explicarles lo que recordaban de su entrenamiento. Estuvieron hablando durante horas. Cuando se quisieron dar cuenta, llevaban seis horas haciendo planes. Harry se estiró como un gato y se puso en pie.

-Creo que ya lo tenemos todo bien atado. Será mejor que nos vayamos a dormir. No es plan de ir a rescatar al hurón con pinta de habernos escapado del casting de "The Walking Dead". Y lo digo por la pinta de zombies que tenemos todos.

-Bien. Dormiremos hasta pasado el medio día. Luego comenzaremos con el plan de rescate de Malfoy. –Hermione movió su varita y transformó el escritorio en una cómoda cama.

-De acuerdo –Harry imitó a su amiga mientras los slytherin y Billy entraban en el otro cuarto- Mañana empieza la operación "Salvemos al hurón albino".

-Harry…

-¿Sí, Herms?

-Deja de decir payasadas y duérmete.

-Pero Herms…

-Ni Herms ni leches. Tengo sueño, estoy cansada y de seguro no voy a pegar ojo por culpa del puto video que hemos estado viendo. Así que calladito que estás más mono.

-De acuerdo –la habitación quedó en silencio por unos minutos.- Herms.

-Dime, Harry…

-¿Cómo crees que estará Malfoy?

-¿Después de haber sido torturado durante tres horas seguidas? Con que no se haya vuelto loco me conformo –Hermione guardó silencio unos segundos- ¿Preocupado por Malfoy?

-Está comenzando a caerme bien.

-Debe ser la costumbre. Son ya muchos años.

-Seguro que es eso.

-Harry…

-Dime, Herms.

-¡DUERMETE!