Hola chicas…ando loca; creo que he perdido mi memoria usb….estoy con un ataque de nerviosa de los que hacen historia….pero bueno. Aquí esta Bárbaro. Sé que muchas de vosotras estais deseando leer este nuevo capitulo ósea que no me alargo mas en mis explicaciones y saludos. Besos lindas; nos leemos abajo.
Los personajes de esta historia no me pertenecen. La historia es mía.
BÁRBARO
Bella se levantó casi desnuda y él se incorporó con ella. Ambos se miraban con insistencia y Edward no pudo mas con el picor que atenazaba su boca y labios. La agarró fuertemente de la cintura y la pegó a su torso, estrellando su boca con la de ella, gimiendo de dolor al saber que jamás la volveria a tener de aquella manera ni de ninguna otra.
A duras penas se despegó de sus labios y la empujó levemente.
-Marchate y recuerda. He muerto. Esa es tu alternativa.
….
Capitulo 10.
Bella surgió de las sombras con un dolor ahogado en el vientre. No era capaz de abandonarlo, habia sido su salvador. Gracias a él, ella seguía con vida.
Titubeó un poco al alzar la voz, pero sacó la suficiente fuerza de voluntad como para encontrar espacio en su diafragma.
-¡Señor!.- gritó con miedo.- Señor….
Carlisle dio un pequeño golpe con el pie a su caballo. Habia oído una voz, estaba casi seguro de ello. Miró a su hijo y éste asintió.
Trotaron despacio hacia el claro en el bosque y poco a poco fueron vislumbrando la figura de una mujer entre los arbustos.
-Es ella. – Le dijo a su hijo mayor, sonriendo. –Es la chica que huyó con Edward.
Trotaron algo mas a prisa y ambos bajaron de los caballos.
-Debemos darnos prisa.- sentenció el rey, ahora algo mas nervioso, pensando en la proximidad de los hombres de Aro.- ¿Dónde esta mi…el chico?
Bella parpadeó un par de veces. Algo le quemaba dentro del cuerpo. Vivir con aquella mentira era demasiado para ella. Dio un par de pasos hacia el caballero rubio y habló en un ténue murmullo.
-Está en la cueva. No quiere salir. Creo que teme que lo capturen como lo hizo el hijo de mala madre de Aro. Me ha pedido que les dijera que habia muerto.
Carlisle desvió la vista hacia su hijo y tuvo que rodar los ojos. Emmet se estaba comiendo literalmente a aquella chica con la mirada. Carraspeó un poco y entonces logró toda su atención.
-Llevátela a casa Emmet.- Miró a la chica con una sonrisa de ternura.- Soy el Rey Carlisle y este es mi hijo Emmet. Él te llevará donde esta mi mujer y demás hijos. No temas ,nada te sucederá.
Bella miró al hombre del que hablaba el rey Carlisle y tragó en seco. Nunca en su vida habia visto un ser mas hermoso, notó como su rostro se ruborizada y sonrió al muchacho con timidez. Él la imitó y le ofreció su mano enguantada para saludarla.
-Haz caso a mi padre. Nada te sucederá. ¿Cómo te llamas preciosa?.- Bella se sintió literalmente arder y volvió a sonreir tontamente.
-Isabella. Pero mi padre me llamaba Bella.
-Bueno. No perdamos mas el tiempo.- apremió Carlisle.- Emmet lleva a Bella con tu madre y tu esposa. De Edward me encargo yo. Si mañana a primera hora no he regresado, mandar a alguien en su busca. Si los esbirros de Aro intentaran darnos caza, defenderé a Edward con uñas y dientes, márchate. Coge a la chica y huye.- Carlisle observó como Emmet agarraba a Bella de la cintura y la alzaba hasta la montura del caballo, él se subió también a él y por unos instantes se quedaron ambos mirando. Hijo y padre.-Dile a tu madre que la amo.
Emmet buscó el temor en la mirada de su padre; pero no lo encontró.
-Díselo tú, cuando vuelvas.
Dio unos golpes a su caballo y se volvió al galope en dirección opuesta a donde él se encontraba.
No podia perder el tiempo. Debia de hablar con Edward. Hacerle entender que debían de huir de aquellas tierras. El problema era como iba a dialogar con él, si no lo habia oído pronunciar una palabra.
…
Edward solo y cabizbajo habia cogido una rama seca y estaba intentando algunos de los simbolos que Charlie le enseñó, en el suelo de la arenosa cueva. Embutido en sus pensamientos no oyó las pisadas del individuo que habia entrado en su madriguera, sin apenas darse cuenta.
-Edward.
Se levantó como un animal salvaje y corrió hacia la voz, con un grito salvaje. Se echó sobre el individuo y le enseñó los dientes como un depredador. Al darse cuenta de quien era, se apartó un poco y lo miró con curiosidad. Aquel rostro mirado mas de cerca, le recordaba vagamente a alguien, habia algo extraño en él, que le hacia sentirse querido. Su madre. Aquel hombre de pelo como el trigo tenia la misma mirada de la madre que perdió la vida en las manos del asesino Aro. Se separó totalmente de él y mantuvo una distancia prudente. No quería matarlo. Pero si habia llegado hasta él con ideas de llevárselo para volver a pelear estaba muy equivocado. No importaba a quien le recordara, no volveria a matar si no estuviese su vida en peligro y muchísimo menos para el divertimento de los reyes.
Carlisle observó a Edward con tristeza. Podia ver perfectamente como sus músculos tensos estaban preparados para atacar nuevamente. Habian transformado a su sobrino en un animal que despedazaba y machacaba sin ningún tipo de remordimientos. Se sintió mal por su fallecida hermana y le dio gracias a los Dioses por que no pudiera ver en lo que se habia convertido su único hijo.
-Edward.-volvió a decir, suave, casi tierno.- He venido por ti. La chica. Isabella.
Edward rugió de manera brutal y Carlisle pegó su brazo a la frente para intentar protegerse de un posible ataque.
Lo oyó respirar agitadamente y luego murmurar algo que no supo comprender.
-¿Hablas algún dialecto? Porque sé perfectamente que me entiendes.-Carlisle se armó de valor y se levantó del suelo. Caminó hacia él y le sonrió benevolente.- No te voy a hacer daño Edward, solo quiero que me escuches y comprendas. Llevo años buscándote.
Edward frunció el ceño. ¿Años? Eso era mucho tiempo. Charles Swan se lo habia enseñado y aquello eran muchos soles y muchas lunas. Miró otra vez al individuo que cada vez estaba mas cerca y abrió la boca enseñando los dientes, en señal de desafío.
-Quizás, tú no me recuerdes, pero yo lo he hecho durante todos estos malditos años. Mi padre luchó con uñas y dientes durante varias centurias por los reinos colindantes al mio. Sus gestas fueron cantadas por trovadores por decenios; fue un rey justo y bondadoso, pero por ese mismo motivo no pensó en que probablemente se estaba gestando un eje del mal en su propio reino. Era el reino mas grande en todo lo que se sabe de tierras habidas y por haber y comenzaron las disputas por aquellos reinos que no podia organizar por su falta de tiempo y la lejanía de éstos. Uno de ellos fue el reino que ahora es de Aro. Ese malnacido vil.
Mi padre, pensando que hacia lo mejor, casó a todos sus hijos y los mandó lejos de él, para que pudieran ellos ejercer un buen mando sobre las tierras que él reinaba.
Pero uno de los reinos se sublevó y capitán del ejercito puso a éste en contra de mi hermana y su consorte. Los mataron y encarcelaron a su hijo …
Edward no podia creer lo que estaba escuchando. No sabia de parentescos, pero por lo que estaba relatando aquel hombre….él era hermano de su madre muerta.
-Elizabeth y Edward murieron sin que mi padre pudiese hacer nada….luego se corrió la voz y se sublevaron otros reinos que estaban bajo sus dominios, perdimos muchas guerras, pero al final, quedó la raíz del reino….solamente aquel trozo de terreno que podíamos entender y apreciar…escuchar a sus gentes y cuidarlas. La avaricia de papá nos hizo perder muchas vidas y también a mi hermana, pero yo no me he olvidé de su hijo y he venido a llevarlo conmigo. A su casa, a prepararlo, a hacerlo un caballero de armas para que un dia consiga lo que por derecho es suyo. Las tierras del rey Aro, teñidas de la sangre de tus padres; Edward.
A el bárbaro le faltaba el aire en sus pulmones. Abrió la boca para beber el aire en bocanadas y rugió como un animal herido, se arrodilló en el suelo y gimió como un cachorro asustado en la tormenta. Carlisle se acercó a él con paso seguro e hinchó las rodillas en el arenoso piso de la cueva.
-Ven conmigo, Edward. Ven conmigo, hijo….
Edward que con la cabeza gacha, lloraba en silencio miró al hombre con detenimiento, se apartó los mechones encrespados de la cara que le tapaban el rostro y susurró.
-Mi madre se llamaba…
Carlisle se emocionó al oir a Edward hablar con aquella dicción tan magnífica. No le preguntó quien lo habia enseñado. Eso podia dejarlo para después….
-Elizabeth Cullen.
Sin previo aviso Carlisle lo abrazó y Edward volvió a revivir el dulce aroma de su madre. El color de su pelo, el verde de sus ojos, el color de su piel, respiró profundamente y olió también al consanguíneo de ella. Sonrió feliz, cuando abarcó su espalda entre sus atléticos brazos….
Continuará…
Bueno chicas….que les pareció? Besos hermosas. Las quiero!
