TODO TIENE SU FIN

Como Rodolphus había asegurado, no tuvieron ningún problema a la hora de identificar a sus enemigos. Harry contó por encima unos cincuenta tíos grandes como armarios empotrados y con cara de mala leche.

-Esto parece una convención de fans de "Soldado Universal". ¿Les alimentan con pienso adulterado?

-Harry, no es momento para bromas –susurró Hermione.

Mientras sus amigos se preparaban para un posible ataque, ella buscó una cabellera platinada entre aquel mar de testosterona y ropajes negros. Lo encontró con facilidad. Malfoy estaba junto a su tío, a la derecha de aquella masa asesina de tiarrones. Tenía muy mal aspecto y, por lo que ella pudo apreciar, le habían seguido torturando, pues presentaba heridas nuevas en el rostro, cuello y brazos (a pesar del frío, sólo vestía unos vaqueros, unas botas y una camiseta de manga corta).

-Ese desgraciado ha seguido torturándolo –Hermione apretó con fuerza la mandíbula. Sentía unas ganas enormes de sacar su varita y terminar aquello a hechizo limpio. Pero el parque estaba hasta arriba de gente. Y no podían violar el Estatuto que les prohibía desvelar el secreto de la magia a los muggles.

-No te sulfures. Dentro de poco pagará por todo el daño que ha hecho.

-Me encantaría tener tu optimismo, Harry.

Esperaron en silencio a que Rodolphus hiciera el primer movimiento. El mortífago se acercó a ellos andando con toda la chulería de la que era capaz. Draco permaneció quieto junto a los matones. Parecía que no se había dado cuenta de la presencia de sus amigos.

-Vaya sorpresa. Los traidores al completo –Lestrange aplaudió con desgana, mofándose así de ellos- Pero no veo lo que te pedí, Auror Potter.

-Mira a tu derecha.

Rodolphus hizo lo que le pedía Harry. A unos quinientos metros, rodeado de muggles que contemplaban un espectáculo de teatro callejero, estaba Rabastan. El menor de los Lestrange alzó la mano a modo de saludo. Su hermano soltó un juramento.

-¿Qué hace mi hermanito rodeado de esa mierda de muggles?

-Es nuestro seguro –Harry sonrió malévolamente- Como no teníamos ninguna garantía por tu parte de que no nos ibas a traicionar, decidimos traerlo. Pero lo mantendríamos a salvo de tus garras o de las de tus hombres.

-Astuto, Potter. Pero no lo suficiente.

Rodolphus señaló un punto a la izquierda por detrás de ellos. Hermione fue la única que se giró. Un grupo de cinco coches patrulla había cortado el tráfico cerca de la zona por donde ellos habían entrado. Varios policías iban de camino hacia el lugar donde ellos hablaban.

-¿Les has llamado tú? –Hermione no sabía si sorprenderse ante la astucia del mortífago o reírse de su posible estupidez.

-Sí. Era mi plan B por si las cosas no salían como yo quería –lanzó un sobre grueso hacia Harry, que lo atrapó a la primera gracias a sus reflejos como buscador- No volveréis a saber nada de mí. Ni de la organización.

-¿Crees que nos vamos a creer esa patraña? –Hermione bufó ante el descaro del hombre.

-La cosa ya no tiene gracia. Mis contactos en el Ministerio se suicidaron. Mi mejor torturador acabó muerto, con el cuello retorcido como el de un pollo. Mis otros dos colaboradores magos han pasado a mejor vida. Y por parte de mis socios muggles… en ese sobre está toda la información que necesitáis para hundirlos.

-¿Por qué haces esto? –Harry no comprendía la manera de actuar del hombre- ¿Por qué los traicionas? ¿Y por qué nos das las armas necesarias para hundirlos?

-Como ya he dicho, ha dejado de tener gracia. Además, sin mis asesinos perfectos, las misiones resultan complicadas. Y no tengo ganas de empezar todo de nuevo. –Rodolphus soltó una carcajada- También está el asunto del dinero. Tengo recursos financieros para vivir cinco vidas sin tener que mover un dedo. Y estoy hablando de vivir a todo trapo, con todo tipo de lujos. He pensado que ya es hora de jubilarme. Me han entrado ganas de vivir tranquilamente lo que me queda de vida.

-Si te murieras yo sí que viviría feliz –rezongó Harry- ¿Y por qué has montado todo este numerito de los soldaditos?

-Eran mi seguro. No podría confiarme y esperar que vinieras sin apoyo. Pero veo que en eso me equivoqué.

-Dijiste que sin aurores. No iba a poner la vida de Draco en peligro por un tecnicismo de nada.

-La nobleza Gryffindor. Dais nauseas. Pero bueno. Habéis cumplido y yo voy a hacer otro tanto –Rodolphus hizo un gesto con el brazo y los soldados comenzaron a marcharse- Ahí os dejo a mi querido sobrinito. Que lo disfrutéis. ¡Ah! Y decidle a mi hermano que ya le haré saber mi lugar de retiro. Por si quiere hacerme una visitilla. Espero que lo paséis francamente mal lo que os queda de vida.

Y con un floreo de varita, el mortífago desapareció. Harry y Hermione se miraron unos segundos, procesando lo que acababa de suceder.

-¿Por qué tengo la sensación de que se ha reído de nosotros en nuestra cara?

-Quizás porque lo ha hecho, Harry. –Hermione se giró hacia el lugar donde estaba Malfoy. El chico no había movido ni un músculo. Corrió hasta donde estaba y lo abrazó con cuidado.

-Nos tenías muertos de la preocupación –Se apartó un poco del rubio y lo observó detenidamente. Tenía los ojos apagados, sin vida, con las pupilas contraídas.- ¿Draco?

-¿Cómo se encuentra? –Harry se había acercado a ellos muy despacio. Había ordenado a los demás reunirse con Rabastan. No se fiaba de Rodolphus y tenía miedo de que el mortífago se arrepintiera y regresase a por su hermano menor.

-Algo no va bien –Hermione cogió a Draco de la muñeca y controló su pulso- Demasiado lento. Está muy por debajo de lo que una persona normal debería tener. Y su temperatura… muy fría.

-Nunca ha sido un dechado de calor humano, Herms –Harry ayudó a su amiga a mover a Draco un poco para continuar con el examen físico.

-Pero parece un muerto de lo frío que está. Es como si estuviese en shock.

-Que será lo más probable. Deberíamos…

-¡QUEDAOS QUIETOS DONDE ESTAIS Y MANTENED LAS MANOS A LA VISTA EN TODO MOMENTO!

La voz amplificada de un policía estuvo a punto de matarlos de un infarto. Harry se giró poco a poco hasta queda cara a cara con un nutrido grupo de policías. Todos armados y apuntándolos.

-Herms… -su amiga estaba tan absorta examinando a Draco que ni había escuchado los gritos del policía a través del megáfono.- Herms… tenemos visita…

Y cuando la chica comenzó a girarse. Se desató el infierno. Con un movimiento tan veloz que apenas pudieron apreciarlo, Draco cogió a Hermione del cuello y clavó el cañón de una pistola en su cuello. La reacción de la policía no se hizo esperar. El sonido de una treintena de armas siendo amartilladas puso los pelos de punta a Harry.

-¿De dónde cojones ha sacado una pistola?

-Creo… que la llevaba… escondida en el pantalón…

Hermione temblaba como una hoja. De todas las posibles reacciones, aquella no la había visto venir. Y si al estado catatónico del rubio se le sumaba la manada policial en estado "primero dispara y luego, si puede, pregunta" que se agolpaba a unos metros, el corazón estaba a punto de salírsele del pecho.

-¡SOLTAD TODAS LAS ARMAS QUE LLEVEIS ENCIMA Y PONEROS DE RODILLAS CON LAS MANOS EN LA CABEZA! REPITO. SOLTAD LAS ARMAS Y ARRODILLAROS.

Harry miraba a los policías asombrado. ¿Qué armas? A parte del hurón, allí ninguno tenía nada que pudiese considerarse como arma (la varita no contaba al estar ante muggles). Alzó las manos para mostrar que estaba desarmado y habló a voz en grito con el policía del megáfono.

-NO DISPAREN. NO ESTAMOS ARMADOS. ESA DE AHÍ ES MI AMIGA. POR FAVOR, NO HAGAN NADA QUE LA PONGA EN PELIGRO.

Los policías comenzaron a hablar entre ellos y luego el del megáfono avanzó unos metros en dirección a Harry.

-¿Esa chica es un rehén del rubio? –Harry miró hacia Hermione y Malfoy. Quitando el detalle de que este último estaba encañonando a su mejor amiga, se les veía la mar de tranquilos. Asintió- Bien. Quiero que camine hacia mí muy despacio. No queremos que el secuestrador se ponga nervioso y dispare a la chica.

-"Dando ánimos son únicos" –pensó Harry. Obedeció al policía y paso a paso se fue alejando de Hermione y Malfoy. Cuando llegó a la altura del policía, éste le agarró con fuerza del brazo y lo arrastró hasta el grupo de policías que apuntaban a la pareja.

-Lo ha hecho muy bien. Ahora no se preocupe. Salvaremos a su amiga de ese loco.

Harry se abstuvo de hacer comentario alguno. Mordiéndose las uñas, se limitó a observar cómo se desarrollaban los acontecimientos. Eso sí, acordándose de toda la noble y ancestral parentela Lestrange en el proceso.

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Hermione observó con impotencia cómo el policía arrastraba a Harry hacia la seguridad de sus compañeros armados. Suspiró. Por lo menos uno de ellos viviría lo suficiente para ver terminar el día.

Giró un poco la cabeza para observar a Malfoy. Éste permanecía inmutable, con la pistola firmemente clavada en su cuello, ajeno al circo que se estaba montando a su alrededor. Decidió probar suerte.

-¿Malfoy? ¿Draco? –El platinado bajó la mirada y clavó sus iris plateadas en ella- Por fin reaccionas. ¿Se puede saber qué carajo estás haciendo?

-Salvaros el culo a Potter y a ti –su voz estaba extremadamente ronca. Hermione dedujo que era fruto de los gritos por las torturas.- Por si no te has dado cuenta, mi tío no solo ha llamado a la policía. Hay varios tiradores entre los curiosos. En cuanto vean el momento oportuno, dispararan, originando una masacre. Porque esos policías de ahí no se van a parar a preguntar quién ha disparado.

-¿Tu tío nos ha mentido?

-Joder, Granger. Parece mentira que me hagas esa pregunta. Es mi tío. Claro que os ha mentido. Por lo menos en la parte de dejarnos tranquilos y a salvo en este puto parque.

-Bien. ¿Y cual es tu brillante plan? –Hermione no pudo evitar el sarcasmo al hacer la pregunta.

-Sacarte de ésta viva.

-¿Tú no entras en el plan? –comenzaba a estar mosca. Había algo en sus palabras y en la forma en la que estaba actuando que no le gustaba nada.

-Soy una variable en esta ecuación. Puedo ser imprescindible. O puedo desaparecer para obtener el mejor resultado.

-¡Y LO DICES TAN CAMPANTE! –la chica se revolvió en los brazos del rubio intentando girarse para encararlo. Draco tuvo que hacer más fuerza para mantenerla quieta.

-Deja de moverte, mujer –siseo, molesto- Vas a conseguir que nos maten a los dos.

-¿Y no es ese tu brillante plan? –Hermione sintió cómo las lágrimas comenzaban a caer por su cara de manera descontrolada.

-Mi plan es que tú salgas viva de todo esto. Desde un principio no debisteis involucraros. Puede que mi tío os haya entregado las claves para hundir a los muggles que le ayudaron en esta locura, pero no es de los que dejan cabos sueltos. Si sobrevivimos a esto, ten por seguro que tarde o temprano nos volveremos a topar con él.

-Pues recemos para salir de ésta vivos y para que el encuentro con tu tío sea más tarde que temprano.

-Bien. Quiero que te prepares. Todo va a pasar muy rápido. Y si no haces lo que yo te diga, puedes acabar muerta o malherida. –Draco intensificó un poco su abrazo- A la de cinco voy a soltarte. Tírate al suelo y hazte un ovillo. No quiero que te levantes para nada. Oigas lo que oigas, sientas lo que sientas, no te levantes. Hasta que Potter o alguno de esos policías te digan lo contrario. ¿Me has entendido?

-Cinco, sueltas. Ovillo y espero. ¿Lo he pillado? –Hermione pudo sentir en su espalda la vibración de la risa de él.- Vaya, me alegro de que te resulte divertido el tenernos aquí, al borde de la muerte.

-Tú eres divertida. No la situación. Me hubiera gustado conocer esta faceta tuya en otras circunstancias. Quizá en otra vida se de la ocasión. –Draco aflojó el abrazo.- Ha llegado el momento.

-Draco…

El nombre de él le salió como un lamento. La sensación en su estómago se había intensificado. Aquello iba a acabar mal. Muy mal.

-No hay otra manera de acabar esto, Hermione. No hay sitio para gente como yo, con tanta sangre en las manos y tanto daño hecho.

-Pero no ha sido tu culpa. Te torturaron, te lavaron el cerebro… no eras tú.

-Eso no importa. Mientras mi tío me torturaba, hace unas horas, recordé todo lo sucedido estos cinco años. Puede que muchas de las personas a las que maté fuesen criminales. Puede que, en cierta manera, se mereciesen la muerte. Pero esas personas tenían familia. Gente que les quería, que se preocupaban por ellos. Y que ahora estarán llorando sus muertes, la pérdida que yo les he ocasionado. Nadie tiene el derecho a decidir quién vive o quien muere. Nadie. Y menos de manera tan injusta y ruin. –Draco bajó la cabeza y depositó un suave beso en la coronilla de la chica- No soy una buena persona, Hermione.

-¡No digas eso! –Hermione temblaba por el llanto. Había comprendido cuáles eran las intenciones de Draco desde el principio. Pero al oírle decir aquello, sabía que no era lo correcto.- Eres una buena persona. No dejes que otros te hagan pensar lo contrario. Por favor. No hagas ninguna tontería. Tira el arma. Ríndete. Tenemos pruebas suficientes para demostrar que tú no tienes la culpa de nada.

-Eres demasiado buena para este mundo, Sabelotodo.

Los minutos siguientes Hermione los vivió como a cámara lenta. Tras decir aquella última frase, Draco la empujó hacia el suelo. Según caía, vio cómo levantaba el brazo del arma y apuntaba a los policías. Gritó para que la policía no disparase, pero el estampido de las detonaciones perforó sus tímpanos. Contó cinco disparos hasta el momento en que pudo ponerse en pie, de cara a la policía, con los brazos extendidos a los lados, intentando proteger a Draco.

-¡NO DISPAREN! ¡ÉL ES AMIGO NUESTRO! NO DISPAREN MÁS, POR FAVOR.

La policía bajó las armas. Hermione vio a Harry correr hacia ella, gritando algo. Pero el rugido en sus oídos no la dejaba entender lo que estaba diciendo. Aliviada porque el tiroteo había cesado apenas comenzó, se giró para hablar con Draco.

En un principio no lo vio. Con alegría, pensó que había logrado desaparecerse. Pero al ver a Harry pasar por su lado y dejarse caer al suelo, comprendió que no había sido así. Bajó la mirada hacia su amigo y lo vio.

Estaba tendido en el césped, los brazos abiertos en cruz. Tenía los ojos entrecerrados. Tres manchas de un rojo brillante comenzaban a formarse en su camiseta. Sangre. Aquello era sangre. La sangre de Malfoy. Caminó los pocos pasos que la separaban de los dos chicos y se dejó caer al otro lado de Draco.

-¿Está…?

-Aun respira –Harry se quitó la sudadera e hizo presión en las dos heridas que estaban más juntas- Vamos, Draco, joder. No puedes hacernos esto. Te necesitamos para pillar al cabrón de tu tío. No puedes morirte. ¡HERMS! Presiona la otra herida.

Hermione se quitó la chaqueta e hizo una bola con la que taponó la herida que quedaba. Las lágrimas enturbiaban su visión. Se frotó la cara con fuerza, sin importarle que quedara manchada de sangre. Tenían que salvarlo.

-¡LLAMEN A UNA AMBULANCIA! –Harry se estaba desgañitando pidiendo ayuda. Uno de los policías (el que tenía pinta de ser más avispado que el resto) se había dado cuenta de que el supuesto secuestrador no era tal y se había acercado a ayudar.

-Ya está llegando. ¿Saben cómo se llama?

-Dra-draco –murmuró Hermione- Es nuestro amigo… él no quería hacernos daño… había gente mala escondida… querían matarnos… lo estaba haciendo… para salvarme… salvarnos a todos….

-Tranquila, señorita. Verá cómo se recupera. Y cuando estén todos bien, nos cuentan qué ha pasado y por qué estaban en esta situación. –el policía levantó la cabeza y gritó a uno de sus compañeros- ¡PERO DONDE COÑO ESTÁ ESA AMBULANCIA! SE ESTÁ DESANGRANDO, JODER.

Como invocada, la ambulancia apareció, abriéndose paso por entre los curiosos y la policía. Los paramédicos bajaron a la carrera y apartaron a Harry y Hermione, tomando su lugar. Trabajaron con rapidez sobre el rubio, intentando parar la hemorragia mientras monitoreaban sus constantes. A un lado, observando todo con impotencia, estaban Harry y Hermione, abrazados.

-Que no se muera, que no se muera, que no se muera…

Hermione repetía aquello como un mantra, deseando que se cumpliera por el mero hecho de repetirlo una y otra vez.

-Nos lo llevamos. –colocaron a Draco en una camilla y lo metieron en la ambulancia. Antes de irse, uno de los paramédicos fue interceptado por el policía.

-¿Cómo se encuentra?

El paramédico se limitó a sacudir la cabeza. Hermione soltó un gemido en voz alta. Había entendido lo que aquel gesto quería decir. Luego, se dejó llevar por la oscuridad de la inconsciencia.