Los personajes de esta historia no me pertenecen. La trama es completamente mia.

BÁRBARO.

Edward que con la cabeza gacha, lloraba en silencio miró al hombre con detenimiento, se apartó los mechones encrespados de la cara que le tapaban el rostro y susurró.

-Mi madre se llamaba…

Carlisle se emocionó al oir a Edward hablar con aquella dicción tan magnífica. No le preguntó quien lo habia enseñado. Eso podia dejarlo para después….

-Elizabeth Cullen.

Sin previo aviso Carlisle lo abrazó y Edward volvió a revivir el dulce aroma de su madre. El color de su pelo, el verde de sus ojos, el color de su piel, respiró profundamente y olió también al consanguíneo de ella. Sonrió feliz, cuando abarcó su espalda entre sus atléticos brazos….

Capitulo 11.

El trote de los caballos era casi hipnótico. E Isabella Swan, adormecida iba dando pequeñas cabezadas en el musculoso y ancho pecho de Emmet Cullen. El sol despuntaba en el horizonte y los leves rayos solares se filtraron a través de sus pestañas para entreabrir los ojos y ver, en la lejanía, una ciudad que emergía victoriosa dentro de una gran muralla de piedra caliza.

La voz del hombre la hizo despertarse completamente y abrir a duras penas los ojos para observar maravillada.

Paseaban entre medio de un oasis perfumado de acácias y flores; era lo que muchas veces habia soñado ver. Un aliento de vida para ella; sin duda. Un oasis perfumado y magnífico que nada tenia que ver con el reino oscuro y gris del Rey Aro.

Ninguno de los acompañantes habia dirigido una palabra con ella. Abatidos; se miraban de vez en cuando los unos a los otros con el terrible miedo de que el pilar de su hermosa familia no llegase nunca al calor del hogar.

Los portones de la entrada de la ciudad se abrieron gradualmente haciendo que los caballos con sus ocupantes cediesen poco a poco dejando atras la entrada.

Los cascotes de los caballos; como reconociendo el lugar, trotaron de manera diferente. Como si desearan llegar al lugar donde los cepillarían y les darían agua para colmar su sed. Un gigantesco castillo se elevaba al final de todas aquellas calles, en las cuales, comenzaba a surgir la vida, con el ruido de caballos y hombres que iban de un lado a otro; trabajando en armonía total.

-¿Qué ciudad es esta?.- preguntó ella, buscando la mirada de la dulce dama de cabello marrón, que acompañaba al fornido moreno.

-Este es nuestro reino.- la mujer sonrió.- Meadow. Es el reino de Meadow, y a partir de ahora; también será el tuyo. Haremos que te sientas querida y afortunada en él.

Bella le sonrió a la señora de rostro agradable. Pero un pinchazo le aguijoneó el corazón. Edward…¿volveria a verlo? Él sin duda no estaba hecho para vivir en un mundo de formalidad y perjuicios. Él era prácticamente un animal. Le dolió terriblemente el corazón al pensar que no volvería a ver a aquellos ojos verdes tan inocentes y verdaderos. Aquellas pestañas increíblemente largas y aquellos labios levemente llenos; que se escondían en aquella maraña de barbas.

Suspiró y el hombre que iba sentado detrás suyo, rió de manera divertida.

Ella rodó los ojos y frunció los labios; antes de que las puertas del castillo se abrieran y una serie de personas fueran a recibirlos con grata cordialidad.

-Señora…..¿Y el señor? ¿Han encontrado a….?

Esme Cullen bajó de su caballo; antes que su hijo y fue hacia la señora regordeta que habia llegado primeramente a recibirlos al patio.

-No. El muchacho está con Carlisle. Debemos rezar a los Dioses porque vengan los dos sanos y salvos….

-Señora…

-¡Emmet! ¡Emmet! ¡Quien coño es esa mujer que llevas en tu caballo?.-

-Problemas…. Baja antes que mi esposa te arranque esa bonita mata de pelo que tienes.- la voz tranquila de Emmet se pegó en su oído y Bella bajó a trompicones del caballo; con tan mala suerte que se dio de rodillas contra la dura pavimentación.

-¡Auch!.- se quejó. Los brazos de Esme la sujetaron y pararon a Rosalie que iba a lanzarse con todo su peso encima de ella.

-¡Rosalie! ¡Muestra un poco de decoro por favor! Esta chica es nuestra invitada .- Rosalie miró a su suegra ceñuda y luego a su esposo con fría determinación.- ¡Emmet! Acompaña a tu esposa a vuestras habitaciones y explícale. No quiero que esto vuelva a repertirse. Jacob, tú ve a llevar los caballos. Jasper, tú…

-Madre.- la mirada lánguida de Jasper; dejó a su madre con la palabra en la boca.-Yo..he…necesito…necesito….

Esme sonrió tierna a su hijo y le hizo un gesto con la mano.

-Ve donde tengas que ir hijo mio. Ve.

Esme se volvió hacia Bella y sonrió orgullosa.

-Aya, esta niña es Isabella y a partir de ahora será una mas de nosotras. Dale un buen baño ; que se refresque y uno de los vestidos de Rosalie. Mas adelante mandaremos llamar a Celine para que le hagan unos cuantos a su medida. De momento uno de Rosalie; vendrá bien. Y si te pone algún impedimento, por favor me lo dices. Que yo me encargaré personalmente de elegir el modelo….

-Si señora.- Aya sonrió con complicidad a su señora y agarró a la joven escuálida y blancucha que estaba parada al lado de Esme.- Sígame Isabella. Haremos que tu piel brille de manera especial.

Bella se estremeció. ¿Haremos?

Habian huido de aquellas tierras tirando suavemente de aquel caballo de corte; y cuando llegaron a una explanada en la que se suponía era lo bastante lejana de las tierras del Rey Aro; Carlisle montó el majestuoso animal para ofrecerle la mano a Edward y cabalgar hasta que le faltó el aire al poderoso animal.

La mañana estaba bien entrada cuando llegaron a Meadow. El portón de la gruesa muralla estaba abierto y los transeúntes iban de un lado para otro; alzando la mirada para saludar a su rey. Algunos; claramente rebeldes miraban con horror el aspecto de aquel sucio ser con apariencia de hombre que se hallaba montado en el intrépido corcel de su rey.

Veloces; llegaron a la entrada del castillo y el mismo Carlisle, acompañado de Edward fue hacia los establos para dejar allí al caballo y ordenando su cuidado a uno de sus lacayos.

Volvieron sobre sus pasos y la puerta cedió, ante unos breves golpes de él.

Edward no habia visto cosa igual en su vida. Con los ojos desorbitados. No podia dar crédito a lo que aquellas paredes albergaban dentro.

-Es magnífico. Lo sé Edward. Este castillo es el único que quedó en pie después de todas las batallas. Meadow es una ciudad tranquila, como has podido ver. – Su tio le sonrió .- Ven Edward. Debemos hacer todo lo posible porque te sientas agusto aquí. ¿Qué deseas? ¿comer, asearte? Dime hijo.

Edward no pudo hacer oídos sordos a su estomago; que como si hubiera entendido a las mil maravillas las palabras de su tio; ser retorció emitiendo unos sonidos tremendamente vergonzosos.

Carlisle rió y apoyó una de sus manos en el hombro de él.

- Primero comerás hijo. Y luego veremos que aspecto tienes debajo de esos pelos y esa barba…..

.

-¡Te quieres estar quiero hombre del demonio! ¡No duele cortar el pelo ni las barbas!

Victoria se habia comenzado a impacientar con aquel espécimen tan extraño. Le habia llamado enormemente la atención su cuerpo. Atlético, sin un ápice de grasa y la altura….Era una especie de cuerpo esplendido con rostro de perro. Se habia ofrecido voluntaria, dado que tanto Leah como Alice no podían hacerlo.

Alice estaba convaleciente todavía, por la violación del administrador y Leah se empleaba ahora en las tareas de la cocina.

Ademas aquel hombre gruñía cada vez que intentaba rebajarle la barba o el bigote. Estuvo tentada de tirar la navaja un millar de veces. Pero pensó que seria maravilloso saber que se ocultaba detrás de todos aquellos rastrojos.

El cabello fue lo primero que cortó. Dejándolo con algunos trasquilones; ya que el muy energúmeno no paraba de bufar y moverse de un lado a otro. Pero advirtió con este simple hecho; que su cabello era suave y de un extraño color; muy parecido al tono de los primeros Cullen. Tambien se quedó ensimismada con aquellos ojos despejados, ahora. Eran tan bellos que casi estuvo al límite del colapso cuando se pararon en su escote con una levedad ardiente.

Deseosa de limpiar el rostro de los últimos cabellos; echó hacia atrás la cabeza del hombre y tiró lentamente un barril con agua tibia para retirar todo lo que sobraba de su rostro.

Él se llevó las manos a la cara y ladeó un par de veces la cabeza como si fuera un perro; intentando sacudirse. Victoria le tendió un pequeño trapo de lino y él se restregó la cara enérgicamente, hasta que tiró el trapo al suelo, enfadado.

Ella. Victoria se quedó como si hubiese visto una aparición. Dio dos pasos hacia atrás asombrada y se tropezó con algo. Estuvo a punto de caer, pero aquel hombre que habia descubierto ella, bajo toda aquella maraña de pelo, la sujetó por la cintura y paró el golpe.

-Por todos los Dioses.- jadeó ella.- admirando su rostro, a pocos centímetros del suyo.- Eres lo mas bello y ardiente que han visto mis ojos.

Edward sonrió divertido. Aquella hembra voluptuosa y de grandes senos se le habia estado refregando constantemente. Habia sentido sus pezones erectos junto a sus labios, fuera de todo pelo. Estuvo tentado a mordisquearlos, pero el recuerdo de Bella le atizó en el vientre como una hoja de acero.

La mujer, ahora. Lo miraba ensimismada y habia dicho algo que él apenas dio importancia.

Edward no habia abierto la boca en todo el rato para hablar con cualquier palabra con sentido. Era hora de hacerlo. Debia de bañarse; llevaba tantos pelos, reapartidos por el cuerpo, que si hubiese hecho caso a sus instintos se hubiera refregado por la roca de las paredes para aliviar dicha quemazón.

-Baño.- dijo escueto.- ¿Dónde hay un lago o un arrollo?

La mujer rió sin pestañear y devorándolo con los ojos.

-No. Verás. Aquí hay duchas en el patio interior del castillo.- Edward se sintió violentamente abrumado por la mirada de deseo de la mujer pelirroja.- Si quieres puedo acompañarte, incluso….si me lo permites, puedo ayudar a bañarte.- Dulce y a la vez violenta, Victoria rogaba a los Dioses que aquel espécimen prohibido de hombre la llenara y con este pensamiento su cuerpo comenzó a sentir la flacidez del deseo.

Edward reconoció el hedor del deseo; pero éste muy al contrario que el aroma dulzón de Isabella, le hacia arrugar la nariz y sentirse violento.

-No.- dijo sin mas.- Yo mismo preguntaré.

Victoria se quedó mirando su andar de felino y ansiosa se recostó sobre una de las columnas viendo lo marchar. Se pasó una mano por la frente sudorosa y cerró los ojos victima de la quemazón insatisfecha del deseo ardiente de su cuerpo.

..

Los baños eran espléndidos. Eran como pequeños mares rodeados de piedra caliza, que debia ser el tesoro más preciado de aquel lugar; ya que todo estaba cubierto por ella.

Edward no habia tenido ningún problema en encontrar los baños. El aroma del agua le habia envuelto las fosas nasales y guiado por éstas fue directo, bajo la atenta mirada de toda fémina que pasaba a su lado.

Deshechó toda su escasa vestimenta y bajó unos pequeños escalones; esplendorosamente desnudo. La sensación del agua contenida bajo su piel le hizo sonreir tímidamente. Sumergió la cabeza dentro de aquel espacio y al salir un increíble cuerpo de mujer blanco y perfecto sumergió de aquellas aguas con la misma efusividad que él.

Era ella. Era Isabella. Bebió sus pechos con la mirada; goloso y casi se sintió orgulloso de sí mismo al verla allí paralizada y victima del mismo colapso que la mujer que lo habia adecentado.

Él se acercó a ella sin decir nada; pero Bella escapó nadando hacia los escalones que previamente él habia bajado. Caminó lentamente hacia ella y se expuso, completamente desnudo frente a la hembra que lo habia repudidado.

Rígido como una estaca; con aquella punta amoratada que rogaba ser saciada, Bella contuvo un jadeo de excitación al ver aquel hombre como su madre trajo al mundo.

Era el ser mas apuesto y maravilloso que habia visto en toda su vulgar existencia. Es más, nunca se habría atrevido a soñar un hombre así.

Paralizada; completamente desnuda y presa de la agitación que contenía su cuerpo, notó como su centro se derretía por dentro y clamaba un poco de atención. Queria ser descubierto, albergar algo dentro; que Bella reconocía ardientemente como aquel miembro duro y compacto que sobresalía de aquel macho impresionante.

Jadeó al verlo seguir caminando hacia ella. Orgulloso y pendenciero; sonreía con una seguridad que la hizo sentirse como un trozo de carne; entonces corrió, dejando atrás a aquel hombre. Quien quiera que fuese, volvia loca sus sentidos….

Continuará…

Chicas. Sé que estabais esperando Bárbaro con especial atención. Espero lo hayais disfrutado. Ya me diréis mis preciosas amigas. Un beso. Mañana Demon; si puede ser ok?