EPÍLOGO

-Hermione, corre. Harry está en las noticias –Luna brincaba en el sofá, emocionada. A su lado. Montage intentaba que el bol de las palomitas no saliera volando.

-Tranquila, Luna.

Hermione se sentó junto a su nerviosa amiga y subió el volumen de la tele. Harry estaba junto a la policía de Nueva York. Al ser Jefe de Aurores del Reino Unido, tenía una tapadera bastante buena y creíble avalada por el gobierno británico muggles. Para los americanos, Harry era un policía de Scotland Yard que estaba persiguiendo a un delincuente muy peligroso que había escapado en medio de una misión encubierta.

Eso había dado pie a la coartada para Draco, para poder explicar lo sucedido en Central Park. Después de esta rueda de prensa, Malfoy también pasaría a ser un policía "encubierto", que había evitado una auténtica masacre.

Porque cuando la ambulancia desapareció llevándose a un agonizante Malfoy dentro, la policía, siguiendo las indicaciones de Hermione, evitó que la multitud se dispersara, atrapando a los hombres de Lestrange. Al final fueron ocho los detenidos. Todos iban armados hasta los dientes, dispuestos a asesinar a tantos como pudieran en el menor tiempo posible. De esos ocho, en los días posteriores, seis se suicidaron, de la misma manera que los magos del Ministerio. Los dos que quedaron pasaron a estar vigilados las veinticuatro horas por Aurores de encubierto.

Harry explicó la supuesta "operación", relatando cómo Lestrange se había valido de métodos médicos desconocidos para lavar el cerebro a varias personas, convirtiéndolas en marionetas asesinas. Mencionó cómo se había deshecho de aquellos que ya no le servían y de cómo había torturado durante horas a Malfoy. Cuando los periodistas comenzaron a preguntar por el rubio, Harry se despidió cortésmente y abandonó la sala de conferencias.

Hermione apagó la tele. Habían pasado diez meses desde lo sucedido en el parque y aún se sentía mal al recordarlo. Ese día daban por fin carpetazo a aquella etapa tan dura de sus vidas. Rodolphus Lestrange había sido detenido cuando intentaba volar hacia Suiza desde España. No sobrevivió. Intentó acabar con varios policías, por lo que éstos dispararon a matar. Nadie lamentó su muerte.

Al mes de eso, la Organización cayó definitivamente. Gracias a los archivos y documentos que les entregó el propio Lestrange, no quedó títere con cabeza. Por fin los ex mortífagos que quedaban con vida podrían vivir en paz.

Theo y Zabinni se marcharon a Nueva Zelanda, a la pequeña comunidad mágica que allí había. Querían empezar de cero lo más lejos posible. Recibían carta de ellos dos veces a la semana.

Luna y Montage (Tage para todos ellos) se habían casado hacía un mes escaso. Vivían en una perpetua nube de total y absoluta felicidad. Harry y Ginny se quejaban de lo empalagosos que podían llegar a resultar. Hermione los envidiaba con todas sus fuerzas.

Rabastan…. Bueno, Rabastan Lestrange le cogió el gusto a eso de enseñar y se estableció como profesor de Historia Europea en un prestigioso colegio privado de Nueva York. Les escribía todas las semanas extensas cartas donde contaba sus desventuras con sus revoltosos estudiantes. Hermione no terminaba de acostumbrarse a aquella faceta amable y cordial del otrora sanguinario mortífago. Pero se alegraba por él. Había demostrado que sí merecía una segunda oportunidad. Y que estaba dispuesto a conservar su libertad y su nuevo estilo de vida.

Y ella… se limitaba a pasar por la vida. Había dejado su trabajo en la consulta y el trabajo en el Ministerio. No tenía ganas de hacer nada. Vivía por vivir. Porque sus amigos estaban continuamente encima de ella, obligándola a comer, a bañarse, a salir, a relacionarse… pero se sentía vacía, como si le faltara un brazo o una pierna.

-Herms, tienes que animarte. –Luna la miraba fijamente, intentando contagiarle su sonrisa.

-No puedo, Looney. No tengo ganas de nada.

-Lo extrañas, ¿verdad?

-Demasiado –Hermione se recostó en el hombro de su amiga- ¿Por qué no me di cuenta antes?

-Porque como bien reza el dicho muggles "No sabes lo que tienes hasta que lo pierdes". No quisiste admitir lo que sentías por el huroncito albino hasta que nos dejó.

No contestó a aquello. Prefirió quedarse allí, acurrucada contra su amiga, llorando su estupidez. Porque antepuso de nuevo la opinión de todos a sus sentimientos. Y ahí estaba, lamentándose día tras día.

-Hermione –Tage llamó su atención con una suave sacudida- Ha llegado esta carta para ti.

-¿Una lechuza?

-No. Un cartero.

Cogió el sobre con curiosidad. Todos sus amigos eran magos, por lo que las cartas llegaban vía lechuza. Las únicas cartas que recibía a lo muggle eran las facturas y poco más. Buscó el remitente. Nada. Estaba en blanco. Su nombre y dirección aparecían pulcramente escritos. El matasellos era de Moscú. Abrió la carta con manos temblorosas. Dentro, una escueta nota:

"Si por fin te has decidido a vivir la vida a tu manera y no como dictan los imbéciles de tus amigos, te estaré esperando en la Plaza Roja el primer lunes de cada mes hasta Navidad. Si para ese entonces no has aparecido, daré por sentado que no quieres tener nada que ver conmigo y desapareceré para siempre de tu vida y, por consiguiente, de la del resto del grupo.

Tuyo si así lo quieres,

DM"

Soltando un grito dejó caer la carta y salió corriendo hacia su cuarto, seguida por un atemorizado Montage y una sorprendida Luna.

-¿Qué ponía en ese papel que te ha activado de esta manera? –Luna no sabía si reír, alegrarse por su amiga, o llamar a los loqueros para que se la llevaran.

-Más bien pregunta qué es ese papel, Looney querida –Hermione metía en una maleta pequeña ropa al azar. No sabía qué era lo que iba a necesitar, pero le daba igual. Para eso estaban las tiendas y existían las tarjetas de crédito.

-Bien, vuelvo a preguntar ¿qué es ese papel que te ha puesto así?

-Mi billete a la felicidad.

Cerró la maleta, cogió su abrigo, el bolso, pasaporte y demás cosas y caminó casi a la carrera hacia la puerta. Allí se giró y abrazó con fuerza a la pareja.

-Decidle a Harry que escribiré pronto. Que voy a estar bien y que ni se le ocurra mandar a los aurores a buscarme, porque le capo. Os quiero, chicos. Sed felices.

-¿A dónde vas?

-A recuperar diez meses de felicidad perdida. Ciao.

Y salió por la puerta canturreando entre dientes. Luna abrazó a su marido y cerró la puerta con suavidad.

-¿Podrías explicarme qué ha pasado aquí?

-Esa carta es de Draco. Y por la reacción de Herms, debe estar esperándola.

-Entiendo. Por fin se ha dado cuenta de que no necesita el permiso de esos dos cernícalos para poder ser feliz.

-Por eso me enamoré de ti, querido. Eres el mago más perspicaz del mundo.

Montage soltó una carcajada y regresó al sofá y al bol de palomitas. Adoraba a su mujer y aquella lógica tan ilógica característica de ella.

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La Plaza Roja de Moscú estaba hasta la bandera de turistas. Hermione caminaba nerviosa entre la multitud, buscando a una persona en particular. Estiró el cuello para poder ver por entre tanta cabeza. Soltó un juramento quejándose de los malos genes que le habían heredado sus padres haciéndola tan bajita.

-Pues yo tengo mucho que agradecer a la genética que te han dejado los señores Granger. Porque me encanta tu marapa de pelo cuasi viva, esos enormes ojos color chocolate que pueden fulminarte si te enfadas, esa inteligencia apabullante que nos hace sentir al resto de mortales como estúpidos insectos… No sé de qué te quejas, Hermione.

La chica se quedó helada en el sitio. Llevaba nueve meses sin escuchar esa voz ronca, profunda, envolvente, que tanto la gustaba. Se giró con rapidez y encaró a su acompañante.

-Les haré llegar tu agradecimiento.

-¿Entonces…?

-Creo que el frío te ha congelado tus pobres neuronas, huroncito. –Cogió las solapas del abrigo del chico y tiró hacia ella hasta que estuvieron nariz con nariz- Si estoy aquí sin un escuadrón de aurores detrás, creo que está claro. He venido porque quiero quedarme contigo. Quiero saberlo todo de ti. Quiero aprender a conocerte día a día. Quiero saber cuales son tus manías y tus gustos. Cómo te gusta el desayuno y cómo duermes… todo.

-Bien, Sabelotodo. Empezaremos por algo muy sencillo.

La distancia entre ellos desapareció. Y Hermione se encontró disfrutando del mejor beso que le habían dado en su vida. Y sonrió sobre aquellos anhelados labios. Porque había estado a punto de perder a Draco dos veces. Una en aquel parque. Y otra por su estupidez, al temer la respuesta de sus amigos a sus sentimientos hacia el slytherin.

-Bueno, señor Malfoy. ¿Hay algo más que quiera enseñarme?

-No tengas tanta prisa, señorita Granger. Tenemos todo el tiempo del mundo. Ahora limítate a disfrutar del momento.

FIN