La historia es mia en su totalidad. Los personajes no me pertenecen, son de Stephenie Meyer y su saga "Crespúsculo".

Millones de gracias por todos los comentarios en lo referente a esta historia. Veo que gusta cada vez mas y que estais realmente picadas. Me encantaría contestaros a todas, pero sinceramente chicas es imposible….falta de tiempo y tantas, tantas cosas….

Eso si, si quereis preguntarme algo no dudéis en hacerlo que os responderé.

Besos lindas.

Sistercullen.

Bárbaro.

Carlisle se envaró de la silla donde se hallaba sentado y miró a Esme que se había quedado parada en la cocina, petrificada por el horror, luego se escuchó algo que se hacia mil añicos en el suelo, todos los ojos viajaron hacia La Aya . Habia entrado en estado shock.

-Reneé….- el susurro de Esme rompió el silencio, haciendo que Carlisle fuera en busca de la mujer y se desplomara entre sus brazos.

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Capitulo 13.

Carlisle se había levantado y corrido junto a su esposa y la Aya que yacía en los brazos de Esme, presa de un desmayo absoluto.

El hombre fue hacia uno de las estanterías de la estancia y cogió un gran tarro de barro sudado. Metió el dedo índice y el corazón dentro de aquel mejunje y caminó de nuevo hacia la figura sin vida de la mujer que habia perdído el color de su rostro y se sumía en la más absoluta inconsciencia. Le rozó con ambos dedos las aletas de la nariz y la mujer comenzó a reaccionar, a moverse entre los brazos de Esme, pero sus grandes ojos parpadearon un momento antes de volver a recordar la situación que la había sumido en aquel trance agónico. Charles Swan había muerto…..

Comenzó a sollozar y a esconder la cabeza en el pecho de su señora, que afligida, miraba a su marido con el martírio de saber lo que a la mujer la hería con tanta desesperación.

-Esme, ayuda a Aya y llévala a sus habitaciones. Nos apañaremos con Leah….- Carlisle sonrió a su esposa tierno y acarició su mandíbula levemente.- Asístela en todo lo que necesite, esposa…ella forma parte de nuestra familia y esto debe ser muy doloroso para ella.

Esme habló a la Aya, con una ternura infinita y la hizo erguirse nuevamente, las dos caminaron fuera del salón ante la atónita mirada de Edward que había permanecido absorto mirando la escena.

Carlisle, había olvidado por unos instantes la presencia de su sobrino y al volver el rostro y observarlo, se sintió algo violento por la situación.

-Ella es pariente de Charles Swan, Edward. Por eso ha reaccionado así.- Carlisle miró a su sobrino intensamente a los ojos.- ¿Sabes lo que son los sentimientos, Edward? ¿Has albergado algún tipo de sentimiento a lo largo de tu vida?

Edward bajó la cabeza y miró sus manos desgastadas.

Sentimientos…esas palabras solamente atenían a seres humanos y él no lo había sido nunca, o al menos no lo recordaba apenas, como una niebla perdida en el horizonte. El rostro de su madre era casi difuso y el de su padre lo había olvidado con el paso de los años.

Tenía los mismos sentimientos que podía tener un animal al que dan de comer y echan a pelear. Su meta para poder comer y dormir en aquella jaula, había sido matar a cualquiera que blandiera una espada en contra de él sin remordimientos y aquella sin ninguna duda era de un ser que no tenia ningún tipo de sentimientos.

El guerrero no contestó y mantuvo la mirada en el suelo. Aquella nuevas ropas que utilizaba no le pertenecían y lo que era más importante, no era él. No se sentía él. Había sido demasiado tiempo un esclavo en manos del asesino de sus padres. El mal que le había producido estaba más metido en su piel y en su cabeza que en las horas de cautiverio que contó. Tardaría en ser él mismo. El Edward que siempre hubo de ser. El rey de aquellas tierras donde fue tratado como la mas asquerosa de las escórias. Y ahora, estaba allí, con aquel hombre, con los rasgos parecidos a los que apenas recordaba de su madre, haciéndole aquella pregunta. ¿Sentimientos? Habría deseado ser duro como una roca en algunos momentos, pero no había podido.

Alguien entró al salón, y reconoció inmediatamente el olor. Era la hembra con olor a flores, era Isabella. Sintió la tensión en su entrepierna al recordar su desnudez y aplastó su dura quijada hasta el punto que pensó que iba estallar. Aquel guerrero valeroso se sintió acobardado por unos instantes y no levantó la mirada para observarla, porque también recordó el momento en la cueva y " la alternativa". Pensar en aquello lo enfureció. ¿Cómo no pudo recordarlo antes? Había dejado que lo viera como un cordero fiel antes sus ojos, cuando ella lo había desechado si hubiera tenido otra oportunidad. No la vió dudar al salir de la cueva y todavía no estaba enterado de los motivos por los cuales mando a su tio a por él.

Asi es que levantó la mirada y se irguió de la silla donde se hallaba sentado. Carlisle había comenzado a hablar con ella y Edward sentía como los pozos oscuros de sus ojos, lo bebían y se jactaban de él…algo había cambiado en ella con respecto a su persona y Edward se dijo que aquello no le afectaría, lo viviría como una especie de lucha consigo mismo y con ella. No dejaría que sus ojos reflejaran lo que sentía por ella. Aquella verdad lo abrumó. Sentía algo fuerte por Bella, pero también la despreciaba de alguna manera al haber sido rechazado.

La voz de Carlisle era amable y él intentó sonreir al acercarse para mirarla con deleite, pero con fúria.

-Isabella, que gusto me da verte. Excusa a Esme; mi esposa. Ha surgido un imprevisto y debe consolar a una persona muy cercana a nosotros. Siéntate, muchacha.- Carlisle volvió el rostro, pues la mirada de Isabella estaba perdida en sus espaldas, la muchacha ni siquiera habia pestañeado desde hacia unos minutos. El monarca bajó levemente la cabeza y rió tapándose la boca. Sin duda lo que la había dejado en aquel estado de catatonia, era su sobrino Edward.

Miró hacia su sobrino que se la comía con la mirada y apretó el hombro de Edward, con el mas decoroso de los avisos.

-Edward, Isabella. Estoy muy contento de que ambos estéis aquí, en Meadow. – su rostro viajó hacia el de la muchacha que había abierto la boca y sin pestañear, seguía mirando a Edward , pasmada.- Te agradeceré de por vida, acercarme a mi sobrino, Isabella. – pudo ver como el rostro de la joven cambiaba a la total sorpresa.- Si, él es hijo de mi hermana Elizabeth, de la estirpe de los Cullen. Edward es un rey desprovisto de su trono, uno trono que le fue arrebatado de la mas vil de las maneras; matando a sus padres y creciendo como un depredador….pero Aro, no puedo disponer de su corazón bueno y noble. La sangre de un verdadero monarca corre por sus venas y será justo vencedor en los días venideros. Isabella, te presento oficialmente al que un dia será el que se sienta en el trono donde ha campeado a sus anchas el rey Aro.

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Bella se había perdido buscando a la Aya por las cocinas; el vestido que le había dejado la mujer de Emmet, le quedaba algo grande, pero si era sincera consigo misma, nunca en su vida se había visto mejor. Los cabellos habían sido recogidos magistralmente por el Aya y se amontonaban en una perfecta castaña de bucles en su nuca. Perdida oyó voces y siguió el camino de ellas apresurándose por los largos pasillos.

Traspasó el umbral de la puerta con algo de miedo y buscó a las personas que ella creía haber escuchado. Se quedó congelada al ver al rey Carlisle; pero se quedó mucho mas, cuando vió aquel cuerpo levemente curvado y con la mirada gacha. Era él, el hombre delicioso y duro de los baños….. notó como él se tensó cuando ella hizo su aparición, como si pudiese olerla o sentirla de alguna manera y entonces el rey se acercó a ella y comenzó a hablarle. A duras penas le estaba prestando atención a lo que decía…su mirada estaba prendada de aquella figura indómita, salvaje y ardiente que en aquel momento había levantado el rostro y la miraba como si pudiese abrasarla. Comenzó a palpitarle el coño de una manera demente y pensó, que si tan solo como mirarla lograba hacer aquellos estragos en ella, que sería si pudiese tener el mismo tipo de intimidad que habia tenido con Edward….Edward…. el nombre del bárbaro, la distrajo un momento; pero duró algo menos que unos instantes. Aquel ejemplar de hombre de locura absoluta caminaba hacia el rey Carlisle y hacia ella, se paró en la espalda del monarca y completamente perdida en su mirada; mojó sus bragas de una manera completamente avergonzante.

Pudo ver como el rey reía; con la más absoluta de las cortesías y comenzó con las presentaciones.

-Edward, Isabella. Estoy muy contento de que ambos estéis aquí, en Meadow. – Isabella, dejó literalmente de respirar. No era posible…no podia ser. ¿Aquel espécimen que la alteraba hasta el punto de volverla una bestia en celo. ¿Era Edward? Parpadeó un par de veces y siguió mirando a Edward completamente extasiada, el rey Carlisle prosiguió, pero ella solamente podía cazar palabras sueltas. Todos sus sentidos estaban llenos de Edward.- Te agradeceré de por vida, acercarme a mi sobrino, Isabella. – Bella, elevó una ceja ante aquella confesión.- Si, él es hijo de mi hermana Elizabeth, de la estirpe de los Cullen. Edward es un rey desprovisto de su trono, uno trono que le fue arrebatado de la mas vil de las maneras; matando a sus padres y creciendo como un depredador….pero Aro, no puedo disponer de su corazón bueno y noble. La sangre de un verdadero monarca corre por sus venas y será justo y vencedor en los días venideros. Isabella, te presento oficialmente al que un dia será el que se sienta en el trono donde ha campeado a sus anchas el rey Aro.

No pudo hablar. No tenia palabras. Sólo tenia ojos y piel para él. Rogó para que se acercara a ella, pero él no lo hizo. Tan solo la saludó con la cabeza y se giró de nuevo hacia la silla donde anteriormente se hallaba sentado. Ella se sintió sofocada ante él y buscó un lugar también en la mesa….aquella cena seria larga y tediosa; bajo la ardiente y abrasadora de Edward. Y qué decir de sus muslos…y aquella avergonzante excitación…

Continuará…

Espero les haya gustado chicas. Es un placer escribir para personas tan especiales como todas vosotras. Sois la guía en mi camino. Gracias guapas. Os quiero.