Los personajes de esta historia no me pertenecen. La trama es completamente mia.
Nenas…disfrutad del capitulo y luego un favor…hacedme saber que os pareció. Un beso y nos leemos muy, muy pronto.
BÁRBARO.
Capitulo 17
-Mide tus palabras Bella. El señor Newthon es un buen hombre y la paciencia tiene un límite.- Bella arrastró el zajo de ropa mugrienta para echarla con un gesto de repugnancia en el caldero de agua hirviendo.
-Es su hijo de quien estoy hablando, Alice. No me deja en paz.- Bella chasqueó la lengua y miró a ambos lados de la lavandería.- Me habla entre susurros y me dices cosas abochornantes.
Alice rió y apretó el nudo de ropa con un gran palo.
-Eres hermosa y los hombres se fijan en tí, ¿Qué de malo puede tener eso?
-Yo…no hay nadie que despierte mi interés realmente.- Bella comenzó a dar vueltas a las sábanas dentro del caldero hirviendo, con sumo cuidado. Todavía le burbujeaba en su brazo derecho una quemadura por ir demasiado deprisa en sus quehaceres.
-Ya.
Bella entrecerró los ojos y miró a Alice malhumorada.
-¿Qué ha querido decir ese" ya"?
-Creía que tu corazón ya lo había olvidado y si no olvidado, dormido. Ese hombre…tú sabes de quien te hablo…
Bella dejó de respirar unos momentos y la imagen de él que tenía alojada en su corazón sumergió su mente de recuerdos.
Edward la había trastornado hasta el punto de no saber odiarlo como se merecía.
Él había matado a parte de aquella familia buena que los guareció en su castillo, como si formaran parte del mismo clan….
Cuando Jasper se armó de valor para contárselo a ambas, estuvo llorando durante tres días. Esto fue meses después de huir de Meadow. Allí no podían volver, todo era demasiado doloroso para Jasper.
En los meses siguientes nada se supo de Jacob y mucho menos de Rosalie.
La fallecida familia de Jasper tenía tantas tierras que en ninguna de ellas se ponía el sol y rodaron muchos días antes de dar con una pequeña cabaña y trozo de terreno donde cultivar la tierra para poder sobrevivir a el duro invierno.
Bella se sentía una carga para la joven pareja, pero no tenia donde ir. En mas de una ocasión les dejó caer que debería de abandonarlos para que ellos vivieran solos aquel amor tan grande que se prodigaban; pero Jasper y Alice se negaban por completo cada vez que ella sacaba el tema a colación.
Poco tiempo después, llegó a los oídos de Jasper, que en una posada muy cercana a su hogar necesitaban un par de mujeres lavanderas y Bella y Alice se presentaron rápidamente para ocupar los puestos.
El señor Newthon dueño de la misma, estaba encantado con ellas; pero su hijo: Mike Newthon no hacía otra cosa que molestar a Bella. La quería en su cama y se lo hacía saber de la manera mas lasciva y repugnante.
Esto llegó a oídos de Jasper y creyó oportuno tener una conversación seria con aquel tipo, pero tanto Bella como Alice quitaron importancia a el asunto…aunque las insinuaciones proseguían, éstas se quedaban entre las muchachas y el bastardo que las enunciaba.
-¿Bella? ¿Se puede saber en qué piensas?.- Alice se la quedó mirando inquisitiva y negó con la cabeza antes de dar vueltas al manojo de ropa.- Has tenido decenas de pretendientes y a todos les pones alguna pega…todos tienen algún defecto.
Bella se mordió el labio inferior.
-Parece ser que quieres endosarme con cualquiera Alice.
Alice la miró foribunda y bufó.
-¿Cómo osas decir esas cosas? Te amamos; tanto Jasper como yo, pero también nos preocupamos por tí y no puede ser posible que después que se hayan rendido a tus pies varones de todas las edades todavía sigas negándote ser feliz….él, si esta vivo es un asesino Bella…por muy dulce y bondadoso que llegara a ser contigo.
Bella cerró fuertemente los ojos, y vislumbró a Edward en aquella celda de barrotes de hierro, cuando la entregaron a él, como la había protegido, salvado y besado….como la había acariciado y ella había sentido aquel fuego expandirse a lo largo de todo su cuerpo…
-No quiero hablar mas de ello….- sentenció sacando la ropa empañada y amontonándola en una gran losa para darle profundos golpes con una maza plana y pesada.
-Bien…-susurró Alice.
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La jornada laboral había terminado y Alice se ató la gruesa capa de piel de zorro a en su cuello.
-Te espero fuera.- dijo sonriéndole.
Bella aún tenía que desplegar las ultimas sabanas en los arboles del gran patio . Alice que se sentía algo mareada últimamente, abandonó a su amiga para comparecer al lado de Jasper que la esperaba en la salida trasera de la lavandería
Bella sacó los gruesos zajos de sabanas blancas y fue desenrollándolas a lo largo de las ramas que pendían de los arboles, retorciéndose entre ellas.
De repente oyó una pisada sobre la hierba seca y se giró en redondo para saber de quién se trataba. No vió a nadie, pero el miedo invadió su pequeño cuerpo.
Tendió todos los ropajes con rapidez y corrió hacia el refugio de la casa, para comenzar a vestirse para marcharse.
Cuando alzó la capa de piel de conejo sobre sus hombros unas risas roncas la paralizaron.
-Es perfecta.- susurró alguien.
-Y virgen.- reconoció la voz de Mike rápidamente y quiso salir corriendo de aquel lugar, pero alguien la alcanzó y la elevó sobre una de las mesas que tenían para esparcir la ropa sucia.
- Es una belleza, sin lugar a dudas.- Bella se tapó la boca asqueada. Aquel hombre escupía cada vez que siseaba alguna palabra.
-Sé de alguien que las vende al mejor postor….¿Pero porque quieres que me la lleve?.- le preguntó el hombre repugnante a Michael Newthon.
Bella los miraba horrorizada y se giró para salir corriendo de allí, unas manos fuertes la hicieron pararse en seco y cayó de bruces contras las mesas llenas de jabones y grasas, haciendo que su rostro se tiñera de suciedad y aceites.
-Te daré una buena suma cuando la tenga colocada en el mercado de blancas….
El hombre que siseaba la cogió por el cuello y le tapó la boca.
-Como digas una sola palabra te abro de arriba abajo, virgencita.
Bella abrió mucho los ojos horrorizada y asintió, para que aquel hombre sucio y maloliente separara su áspera y repúgnate mano de la boca.
Comenzó a llorar cuando le taparon los ojos, con un trapajo oscuro y quiso gritar cuando sintió las manos de alguien que le rozaba las faldas para emergerse en ellas y romperle el pequeño paño que hacía de ropa interior.
La subieron a un caballo y se desmayó al comprender donde iba y en que se iba a convertir.
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Debía de haber anochecido de nuevo. Lo supo porque a medida que pasaban por las carreteras se escuchaban los aullidos de todas las bestias de la noche. Un estremecimiento la atravesó entera y volvió a intentar cambiar de posición.
Atada de pies y manos. Amordazada y con algo que le impedía observar, Bella había perdido la noción del tiempo que llevaba viajando en aquella carreta atestada de ratas. Se había acostumbrado a sentirlas corretear por sus piernas y se mantenía quieta cuando éstas la merodeaban.
Cada cierto tiempo, la carreta paraba y alguien le apretaba a los labios un trapo lleno de agua, paseándolo por su boca. Aquello era peor que no beber nada. Sentía los labios agrietados y la lengua como si fuera piedra pómez. Las personas que viajaban con ella no hablaban y no sentía a nadie cerca de ella. Debía de estar sola allí dentro. Sola y desamparada.
Sus pensamientos volaron hacia la única familia que conocía y sus ojos comenzaron a humedecerse…su vida estaba condenada y ahora más que nunca.
Lo poco que habia logrado escuchar le había helado los huesos. Mercado de esclavas….
…había escuchado algo de aquello a los hombres del Reino de Aro, mientras ella caminaba por palacio. Eran compradas para el placer de su amo, o para ser castigadas por las depravaciones de quien las compraba. Mentalmente llamó a todos los Dioses para que aquella carreta se estrellara contra un árbol o cayera por un acantilado. Ella deseaba morir antes de llegar a ser esclava de alguien, sierva de alguien….
Un animal despojado de toda voluntad.
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-¡Sacadla!.- una voz retumbó dentro de la carreta y Bella se convulsionó a causa del terror. Se había adormecido y estaba soñando con Alice y Jasper, su amiga rodeaba con sus brazos un pequeño bebé regordete, haciendo a su esposo sonreír como nunca lo había visto, después de la masacre en Meadow.
Sintió como unos brazos feroces la apresaron por los pies, arrastrándola hacia el vacío y luego las asquerosas manos del individuo ascendieron hacia su cintura colocándola encima del hombro del pestilente varón. Intentó zafarse, pero sus muñecas ya no le respondían y sus tobillos maltrechos estaban ulcerados; imposibilitándola hasta no sentir ya casi nada.
La soltaron de nuevo y notó tierra firme a sus pies. Quiso correr, pero su mente le jugó una mala pasada. No recordaba que sus tobillos estaban atados fuertemente, haciéndola caer al suelo y estrellarse con el rostro en el pavimento. Dolió, dolió mucho…pero dejó de doler algo menos; cuando notó aquel caldo frio que brotaba de su mejilla derecha. Justo donde se había dado todo el golpe. Alguien la enderezó rápidamente y maldijo entre dientes.
-Está sangrando….debe estar en buenas condiciones si queremos venderla por lo que vale…y esta chiquilla vale su peso en oro….
Una risa ronca la hizo estremecerse de cabeza a pies y sintió sus dientes castañear de puro terror.
-Con gusto la llevaría al rio para asearla yo mismo y manosearla con gusto…pero el tiempo se nos echa encima y está a punto de amanecer. La gente comienza a apilarse en la plaza y debemos de ser rápidos.
-¿Estás seguro que hoy es el día que "el merodeador" visita este pueblo?.- preguntó la otra voz más amable.
-Seguro. Viaja por diversas tierras en busca de esclavas para su señor. Ese hombre debe de tener cientos de hembras….se dice de él, que cuando se cansa de alguna de sus mujeres… él mismo le retuerce el gaznate mientras se la folla.
-La chica es virgen. ¿Crees que pagará más por ello o le restará importancia? Por que si es así, podríamos….
-¡Ni se te ocurra!, ella seguirá siendo como una niña…."el merodeador" pagará bien y la muchacha abrirá las piernas para "El Bárbaro".
Bella se tensó inmediatamente. Oír aquella palabra hizo que sus sentidos se despertaran y se mantuvo con muchísima más atención.
-Yo mismo tendría más delicadeza al desflorarla…es bonita y delicada….lástima.- la voz del otro hombre sonó entristecida.
-Ya basta de cháchara. ¡Míra, ahí viene Jenks con sus esclavas! No hay que mirarlas dos veces para saber que casi todas son rameras…
El otro hombre no dijo nada, tan sólo tocó el hombro de Bella y la guió hasta un lugar de donde fuera que se encontraran.
-No me interesan la vírgenes.- la voz sonó cortante y Bella se consoló por un momento. La había despreciado, pero de todas maneras su futuro era incierto y horroroso igualmente.- Además, la habéis maltratado. Mi señor no quiere mujeres de las cuales hacerse cargo. Las utiliza para su uso y disfute.
-Pero señor….nos aseguraron que su señor tendría en cuenta que él tendría el honor de ser el primer hombre que la tocara. ¿Está completamente seguro que no querrá desvirgarla?...Además, si no le interesa siempre puede hacerlo usted o alguno de sus vasallos…
El hombre que escuchaba no habló. Pero Bella oyó como algo pesado cayó al suelo. Al instante un sonido metálico alertándola, comprendiendo enseguida que aquel hombre había cedido…soltando un saco de monedas a los pies de ella.
Una mano cálida rozó su mejilla y las lágrimas comenzaron de nuevo a brotar. No quería ser utilizada, desvirgada…quería morir, en aquel mismo momento.
Notó como su mordaza se desprendía ligeramente y finalmente caía al suelo. Seguidamente sus ojos se vieron libres y los abrió lentamente para no cegarse.
-Es preciosa.- susurró el hombre que la había liberado de la mordaza y la venda que tapaba sus ojos.- Cortadle la cuerda de sus muñecas y tobillos….¡Por todos los Dioses! ¡Los tiene en carne viva!
Casi al instante notó como el nudo del esparto de la cuerda desaparecía y aliviada suspiró cegada todavía por la claridad del día.
-Pobre niña.- susurró de nuevo el hombre que la había comprado.- Ven, recárgate.
Ella no lo hizo conscientemente, pero se inclinó levemente hacia la voz que le hablaba, el hombre la abrazó y como si ella no pesara más que una pluma, la elevó por los aires, hasta que la cabeza de ella dió con el fornido pecho de su comprador. No era capaz de abrir los ojos totalmente y los cerró sintiéndose perdida de nuevo, depués de eso no hubo nada….
Cuando Bella abrió los ojos, se irguió rápidamente y soltó un alarido de pánico. Al cabo de pocos segundos dos muchachas se apostaron una a cada lado de donde ella se encontraba, para apaciguarla.
-Tranquila…Shhh…tranquila.
Bella las miró a ambas y negó en repetidas ocasiones. Debía de estar soñando….si, era lo más posible. La pesadilla había cambiado y ahora se mantenía segura y caliente bajo la mirada de aquellas dos bellezas que la observaban preocupadas.
-Estábamos preocupadas por tí.- susurró una de ellas intentando forzar una sonrisa en sus labios.
-Si. Lo estábamos. Nosotras mismas te aseamos….ni siquiera con el agua helada paseando por tu cuerpo despertaste.
Bella parpadeó un par de veces y volvió a mirarlas. Primero a una y luego a otra.
La primera se veía tan tierna como una rosa. De dulces ojos azules y labios como pétalos de rosa, sonreía tiernamente, formando unos hoyuelos a cada lado de su preciosa boca. El cabello le caía en una suave cascada de cabello color oro, que la embellecía hasta el punto de parecer casi una deidad.
La segunda era todo lo contrario que la primera. De ojos negros como el carbón y con la piel teñida en el más oscuro del azabache. Su boca grande y de labios gruesos, llamaba a Bella poderosamente la atención por su piel extremadamente brillante. Parecía una pantera.
-Somos Irina y Kaichiri.- La muchacha de cabellos color oro, señaló a la otra morena como Kaichiri.
Bella se llevó una mano al cuello y fue en ese mismo instante cuando se dio cuenta que estaba completamente desnuda.
-Y…¿Y…mis ropas?.- preguntó mirándolas a ambas.
-Las desechamos.- respondió la que se denominaba Kaichiri.- Eran demasiado angostas para tu cuerpo y despedían un olor horrible. Tu túnica está ahí.- señaló a un atuendo de un majestuoso fulgor, colgado de un palo enorme.- Lo elegimos nosotras, te sentará maravillosamente bien.
Bella tragó en seco y agarró el suave pelaje que la envolvía para taparse hasta el cuello.
-¿Dónde estoy?...¿Vosotras….vosotras también sois esclavas?
Ambas muchachas se miraron y sonrieron cómplices.
-Si, lo somos.- dijo solemne Irina.
-Pero….¿Como no estáis aterrorizadas…o ídas?
Kaichiri e Irina estallaron en carcajadas y se separaron de ambos lados de el lecho de Bella.
- Somos esclavas, si. Pero no podría imaginar una vida mejor que esta…casi todas las mujeres que vivimos en este feudo hemos tenido una vida de sinsabores y dolor….Aquí podemos; por muy extraño que te parezca, sentirnos libres.- explicó Kaichiri.
-¿Libres?.- graznó Bella.
-Recién has llegado. Cuando lleves un tiempo aquí sabrás de lo que te hablamos. Ahora nos gustaría saber cuál es tu nombre.- preguntó Irina sonriente.
-Isabella. Pero me gusta que me nombren Bella….así lo hacia mi padre.
Irina asintió con la cabeza cerrando los ojos levemente.
-¿Estas dispuesta a levantarte?.- preguntó la rubia.
Bella apresó la piel que la cubría a su pecho y estiro las piernas al vacío. Pisó el frio cemento barnizado y notó como la piel se le erizaba. Enroscó el pelaje a todo su contorno y se enderezó con la misma inestabilidad que un pequeño cervatillo al nacer.
Las dos chicas corrieron hacia ella y la sujetaron por ambos brazos, soltando la piel que envolvía a la castaña. Ambas rieron bajito al contemplar el precioso cuerpo de la joven y suspiraron.
-Oí a el señor decir ayer noche, que estaba muy intrigado por conocerte.- rió Irina de manera amigable.- No creo que lo defraudes Bella. Tu nombre hace mención a tu hermosa figura y rostro.
-¿Ayer noche, dijiste? ¿Pues cuanto tiempo llevo inconsciente?
Ambas chicas se miraron y fruncieron el ceño.
-Llevas tres días durmiendo, Bella.- respondió Kaichiri, seria.
-Ven.- La invitó Irina, cogiéndole una mano y alzándola , para caminar unos pasos.
Bella levantó la rodilla para dejar en el suelo el pelaje caliente y pasó por encima de él, para ir hacia la perversa túnica azulina .
Kaichiri adelantó a las dos muchachas y ensalzó la túnica para llevarla hacia la parte trasera de Bella y la dispuso encima de sus hombros. Irina cruzó la prenda por delante y la abotonó con lentitud. Bella estaba horrorizada. La túnica era completamente trasparente y se le veía hasta la campanilla. Observó las vestiduras de ambas por primera vez y se dio cuenta que ellas no vestían del mismo modo.
-Esto es…voy desnuda prácticamente…¿Cómo es posible? Vosotras lleváis el mismo corte de túnica, pero muy a diferencia de mí, no se os ve todo vuestro cuerpo….
Kaichiri e Irina se miraron y volvieron a sonreír a Bella.
-Nosotras tenemos señor, Bella. Tanto Kaichiri como yo, tenemos dueño.
Bella sintió sus ojos arder de nuevo y suspiró.
-Yo…yo no quiero esto..no lo he decidido, no lo deseo…no…
Se revolvió sobre si misma y caminó a trompicones hacia el lecho de nuevo, enterrando su rostro entre sus manos.
-Bella, el señor quiere conocerte. No le niegues nada de lo que desee….te lo advierto.- Irina sonó preocupada.
Ambas se acercaron a ella inclinándose para besarla en sus mejillas.
-Nos marchamos Bella. El señor vendrá en unos momentos y no quiere a nadie aquí. Entiéndelo.
Bella asintió terriblemente desdichada y confundida despidió a aquellas mujeres que aceptaban ser siervas de alguien que las trataba como simples objetos.
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Edward había oído hablar los últimos tres días a Garret de aquella nueva chica hasta la saciedad. Estaba cansado de oírlo. La muchacha había llegado herida y con fiebres. Aún se preguntaba, el porqué de haber accedido a visitarla. Estaba asqueado de aquella función.
Todas las mujeres que vivían en el feudo tenían su macho. Todas menos aquellas tres últimas que habían llegado con Garret, hacia tres días.
Las dos primeras ya se habían unido a un par de hombres de su gran ejercito y ésta ultima tardaría muy poco en hacerlo.
La importancia de tener mujeres que complacieran a sus hombres era necesaria para tenerlos satisfechos.
Pero mucho más importante era salvarlas a ellas de un destino cruel y desdichado.
Aún podía sentir el dolor de la muerte de su tio Carlisle, de su esposa Esmerald y el bonachón de Emmet….a veces, se preguntaba por Rosalie y Jacob, presintiendo que podían estar vivos y dichosos….pero a quien quería engañar, aunque fuera así, todo era demasiado espeluznante. Todo.
El recuerdo de "ella" voló en su mente e intentó apartarlo de un zarpazo de ira. "Ella" no era nadie…¡Nadie! ….
Después de descubrir los cadáveres de sus familiares, fué a la habitación de ella sin encontrarla. Entró de una patada en el cuarto de Jasper y allí vislumbró un pasadizo secreto en el suelo…habían escapado…juntos. Nunca seria suya, porque nunca lo fué, aunque lo sintió así. Hubiera hecho cualquier cosa por aquella hembra de piel de porcelana y cabello de semillas.
Avanzó unos pasos más y tocó con sus nudillos el cuarto de la nueva inquilina del feudo.
Aplastó con su mano la madera y la puerta se abrió a su fuerza.
La habitación estaba oscura y él, maldijo porque la oscuridad lo ponía nervioso.
-Enciende una vela de sebo.- ordenó al bulto que aparecía entre la oscuridad, al pie de la cama.
-Yo…yo no sé donde está…
Edward se paralizó un momento y cerró los ojos apretando con una mano una de sus sienes. La falta de sueño o su nerviosismo a la oscuridad, le estaba cobrando una mala pasada. Aquella voz era ….
-No te muevas de donde estas…ahora vuelvo.-espetó hosco.
Giró sobre sí mismo para ir hacia una vela de sebo que yacía en uno de los poyetes del largo pasillo de las habitaciones. Elevó la llama, con algo más de grasa y volvió al cuarto de la mujer. Al abrir la puerta de nuevo , vislumbró con perfección todo lo que escondía debajo de aquella túnica trasparente….aquel color de piel, aquel cabello que caía en suaves ondas de bruja, caminó con pasos lentos hacia ella y al estar lo suficientemente cerca, ella soltó un jadeo y se llevó la mano a la boca con el rostro perdido en horror.
-Bella.- rugió él, victorioso.
-¡Noooo!.- ella corrió detrás del lecho e intentó escapar de él, eso hizo que Edward sonriera y casi se carcajeara….¿Que hacia ella allí?
Era una burla del destino…o quizás no. Quizás era una especie de cura a el problema que él mantenía en el más absoluto de los secretos. Su virginidad.
Ella había sido la única que había despertado en él los deseos ardientes de poseer a una mujer con una necesidad dolorosa…como en aquellos mismos instantes….Sonrió ladeadamente y buscó la bolsa de sus testículos para sopesarlos, haciéndolo gruñir. Aquello volvía a sentirse vivo..violentamente vivo.
-Desconozco que haces aquí, sinceramente me es indiferente.- susurró él, caminando a paso lento hacia ella, mirándola con un hambre que podía convertirse en fuego y estallar en momentos.- Ahora eres de mi propiedad. Isabella.
-¡Ni lo sueñes!.- bramó ella, pegada a una pared fría como el rayo.
Edward llegó hasta ella y soltó la vela de sebo sobre la repisa del dosel de la cama.
-¿Prefieres que te devuelva a los que te vendieron? Apuesto que te recibirán con los brazos abiertos.- Plantó su cadera con fuerza a la de ella y jadeó preso de la excitación.- Mi polla te ha reconocido inmediatamente querida…- rió entre dientes y elevó una mano para acariciarle el suave escote trasparente.- Quién te robó tuvo que tomarse muchas molestias…. Una vez cobrado el dinero de tu compra no se quejará si Garret te devuelve. ¿Lo deseas?
Bella no entendía a su cuerpo y se sentía tremendamente enojada con él. ¡Aquel bastardo, era el animal que había matado a parte de su propia familia! ¡Aquel que llamaban " El Bárbaro". Devastaba, quemaba y violaba todo lo que tenía a su paso; o al menos eso era lo que ella había escuchado.
Pero su cuerpo…su cuerpo comenzó a calentarse y burbujear como la sosa caústica en las barricas de agua hirviendo…y aquel empuje de caderas la hizo morderse tanto el labio que en aquellos momentos podía notar la sangre brotar.
Escuchó sus amenazadas y faltó poco para saltar sobre su rostro y arañarle, él no podía devolverla a aquellos odiosos y pestilentes hombres…no…
Recordó las palabras de Kaichiri e Irina y elevó el mentón hacia el rostro entre las sombras de Edward.
-No. No lo deseo.- dijo escueta.
Edward la soltó como si quemara, empotrándola de nuevo contra la pared y rió de manera diabólica.
-Muy inteligente de tu parte. Ven, te trasladaras a mi habitación, serás mi sierva, además de mi esclava.
Bella notó que le faltaba el aire.
-¿Qué?
Edward se giró y caminó hacia ella.
-Estarás disponible para mí en todo momento. Para cualquier cosa.
Bella se ruborizó. Gracias a los Dioses estaba demasiado oscuro para que él lo notase.
-Sígueme.- ordenó él .-
Continuará…
Si. Lo sé, prometí que habia lemmon pero es que no ví el momento, prometo que habrá una progresión entre estos dos . Ha comenzado en este capi e irá así sucesivamente.
Otra cosa.
A la desconocida que me escribió lo que ella sabe y que no tiene cuenta. " Oye nena…haz el favor y piérdete!
Hermanas… os quiero y espero vuestros coments como agua de mayo.
Besos a todas menos a una. Ejejjejejej
Aunque claro, siempre puede redimirse, no?
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