Los personajes de esta historia no me pertenecen. La historia por el contrario es toda mia.

Excelentísimas señoritas…y señoras, porque sé que las hay, entre mis lectoras, mil gracias por todos vuestros comentarios y apoyo. Os amo.

Edith me preguntó cuántos capítulos tendría Bárbaro y la verdad querida, no lo sé…según vaya transcurriendo al cosa iré viendo. Sin duda será un fic largo.

Si queréis saber algo más de mí, buscadme en facebook: Sistercullen por siempre.

Dejo que leaís, espero vuestros coments.

Besos!

Ah..un momento. Este capítulo va dedicada a Rosalie Lillian Hale una hermosísima niña que cumplió años hace unos días. Felicidades linda!

BÁRBARO.

Capitulo 18.

Edward cerró los ojos con fuerza. No cabía en sí de dicha…después de tanto tiempo, tantos soles y tantas lunas, ella había ido a parar delante de sus narices como una esclava mas, ofrecida a él. La mujer de la que Garret hablaba una y otra vez.

Los Dioses se habían acordado de su condenación; después de todo…después de toda una vida de castidad sin tintes de lujúria…porque todos se los había llevado ella consigo. Sintiéndose perdido una vez que ella huyó con aquel macho rubio.

Tenía la garganta seca y le costaba respirar. La suave perfección de sus curvas debajo de aquella ligera túnica revelaba al milímetro todas sus espléndidas formas…sin duda ella era el demonio y estaba allí para tentarlo, para consumirlo y encenderlo como una pira.

Elevó una mano y apresó la gran argolla, que daba paso a la puerta de sus aposentos. Se recargó en la puerta para verla pasar justo detrás de él y pensó que moriría allí mismo.

Aquella melena con leves tonos rojizos llegando casi hasta sus nalgas lo volvía loco…y aquel olor que desprendía lo hacía perderse en un mar de sentidos olvidados .

La mirada de ella se hallaba perdida en el suelo. Aquello lo enfureció y cerró la gran puerta de madera al tenerla en su guarida para él solo. Para siempre…

-Levanta el rostro.- Ordenó él, delante de ella.

Bella lo hizo y dejó escapar un suspiro entre los dientes.

Sin ser un mastodonte musculoso, Edward tenía todo lo que debía de tener en su punto exacto, haciendo de él un macho formidable y terriblemente hermoso. El cabello le había crecido levemente desde la última vez que lo había visto y se le alborotaba de un modo increíblemente sexy. Los ojos de él, la estudiaban lentamente y eso la hizo sentirse violenta, incómoda y asquerosamente excitada.

-Cuando te hable quiero que me mires. Es una orden. ¿Entiendes? Quiero que mires a los ojos o a la boca…como prefieras. Pero deseo que me mires.

Ella asintió sin pronunciar una palabra y él negó haciendo una mueca.

-¿Vas a negarte a hablar?

Ella volvió a bajar el rostro y negó. Edward barajó la posibilidad de caminar hacia ella y elevar aquel mentón, acariciarle la mandíbula y besarla…sumergir la lengua en aquella humedad con la que tanto había soñado. Pero no lo hizo. Se mantuvo quieto, esperando algún tipo de reacción por parte de ella. Súplica, negación, desobediencia ….nada de aquello llegó, tan solo un largo silencio que él odió.

Bella no deseaba contradecirlo, pero aquella insistente mirada verde la hacía incomodarse y excitarse de una manera nada decorosa. Tragando en seco, miró a hurtadillas a el hombre que la había convertido en su esclava y sorprendida abrió mucho los ojos al comprender lo que se disponía a hacer el bárbaro. Deshaciéndose de todas sus pieles y de aquella cota que lo envolvía, iba apareciendo poco a poco su atlético cuerpo desnudo, sin un gramo de grasa, la cara de Bella ardió unos instantes ; pero sostuvo su mirada mientras el tapa rabos que cubría su intimidad se halló tirado en el suelo de cemento barnizado.

-Sígueme.- ordenó, él dándose la vuelta y caminando.

Bella se mordió el labio inferior al observar sus posaderas moviéndose mientras caminaba. Perfectas y musculosas.

Una tina inmensa de madera se disponía en el centro de un gran patio cerrado. Bella miró las paredes revestidas de madera y el suelo del mismo material. Le agradó el tacto de sus pies por aquella superficie algo húmeda y lisa. Volvió a buscar con la mirada a Edward y lo encontró observándola con expresión insondable.

-Toma.- le tiró una esponja de mar seca y acto seguido, metió unos de sus pies en la inmensa tina.- No te quedes ahí, ven y frótame el cuerpo.

Bella se quedó petrificada y asombrada por la orden. Caminó hacia la tina y pudo ver como él se relajaba y recargaba la cabeza en una de los bordes planos, cerrando los ojos.

-¿El cuerpo?.- gimoteó ella.

Él entre abrió un ojo y elevó una ceja al oírla con aquel deje. Sonrió , recargándose de nuevo y suspiró.

-Por supuesto. Eres mi esclava. Estas aquí para servirme. ¿Tú qué crees? El cuerpo…todo el cuerpo, Bella.

Bella, a la que le faltaba la respiración, sumergió la esponja seca dentro del agua y la estrujó para poder pasearla por encima de los hombros de él, en círculos. Cerró los ojos y se llevó la otra mano a la frente. Aquello era una burla del destino…encontrándose de nuevo con Edward, que se había convertido en algo parecido a el rey que una vez odió.

La pregunta escapó de sus labios.

-¿Sabes algo de Aro?.- Bella notó como los hombros de Edward se tensaron y se detuvo inmediatamente, para alejarse un par de pasos. Quizás había tenido demasiada suerte hasta aquel mismo momento…momento que había desaparecido después de abrir la bocota.

-Se encuentra entre los restos putrefactos de alguna hiena corrompida del desierto.- susurró él, meditabundo.- Estas tierras y muchos de los hombres que tengo conmigo en este feudo le sirvieron a él. – Edward giró levemente la cabeza y la miró de soslayo.- Cuando escapé de Meadow, cabalgué hacia sus tierras y allí le dí caza, no tenía nada que perder, si moría tampoco me importaba demasiado, así es que no perdí nada en el intento y me metí a hurtadillas en sus aposentos cuando el astro de la noche se ocultó detrás de las nubes. Tuve el placer de verlo rogar antes de cortarle la cabeza y antes de que su sangre dejara de correr en ésta, la tiré en la celda donde estuve encerrado casi toda mi vida.- la voz de Edward se volvió ruda y grave.- El resto de su cuerpo lo despedacé y le dí de comer aquella carne a las hienas y a las criaturas de la noche…..

Bella había comenzado a temblar y él le agarró la mano firmemente. Arrastrándola hacia su pecho.

-Por todo el cuerpo, Bella. Deseo ser aseado por todo mi cuerpo.

La visión de todo lo que le había narrado Edward, había hecho que el cuerpo de Bella temblara de terror, provocándole al bárbaro una risa cínica.

-Acata mis órdenes, mujer.- elevó una pierna sobre el pilar de la tina, indicándole con un gesto que caminara hacia donde él había apoyado su extremidad.- He pensando que mejor suelta la esponja. Utiliza tus manos, será mucho más agradable.

Bella se estremeció. Ahora lo tenia de frente a ella, con aquellos ojos increíblemente verdes observándola, midiendo cada gesto, instigándola con aquellos labios tentadores.

Con las manos temblorosas paseó la palma de su mano por la pantorrilla, y la pierna con miedo. Sintiendo la vigorosidad de los músculos de él, ascendiendo por su muslo. Bajando subiendo…

Edward apretó la mandíbula sin dejar de mirarla, sin perder ni un solo pestañeo de su rostro blanco y hermoso. Cerró los ojos y recargó la cabeza en la base plana de la tina, mientras sentía aquellas manos ascender por sus piernas, su torso y sus brazos. Rió de medio lado al entender que ella no quería "asear" aquella parte íntima que estaba rozando su vientre.

Aquella lanza dura y sensible que vibraba cada vez que se producía un toque de ella, elevó las caderas y la punta roma de la polla flotó, dejando a Bella sin respiración.

Edward se movió inquieto bajo el agua y la salpicó, alejándose Bella un par de pasos temerosa. Él se estaba incorporando de la tina, dejando su cuerpo completamente desnudo e hinchado, expuesto ante ella.

- Ven aquí.- le ordenó él, con un tono grave.- Quiero que laves mi polla con tus manos.

Ella se llevó la mano a la garganta y miró aquel miembro que desafiaba la gravedad, liso, tierno y duro. Dejó escapar un jadeo por la boca y vió como la verga del hombre tiraba de él, en un espasmódico gesto. Miró el rostro de Edward y observó como parecía atormentado, con los ojos cerrados, el ceño fruncido y los labios apretados.

-¿Cómo he de hacerlo, señor?.- preguntó ella, preguntándose si aquella voz que había salido de sus cuerdas vocales ,era en realidad la suya.

Edward abrió los ojos y la observó con una rabia desmedida.

-¿Te divierte que te guíe? ¿Te gusta jugar, pequeña?

Ella negó, sin entender. Y él rió de manera sarcástica. Aferrándose la polla en su puño y masajeándola lentamente.

-Ven. No temas.- susurró él.

Ella caminó dos, tres, cuatro pasos y se afianzó en una de las bases de la tina, sintiendo que sus piernas se volvían gelatina y su espíritu etéreo.

Él le tomó la mano y la dejó descansando en el tallo largo de su polla dura y lisa.

-Rodéala con tu mano y lava bien la punta que sobresalga de la piel, rodeándola con tus dedos, estirando y contrayendo la piel…¿entiendes?

Ella asintió y tragó pesadamente.

Estaba vergonzosamente excitada y se maldecía por aquello.

Abrió la palma de la mano y rodeó con todos sus dedos la polla dura como una roca, retrayendo toda la caprichosa piel que la protegía. Oyó como Edward siseaba entre dientes y dejaba descansar la cabeza hacia atrás en un atormentado gesto. Con la otra mano se ayudó del agua y rodeó el capullo hinchado entre sus dedos y lo lavó como si fuera una flor adornada…tentándola a besarla, incitándola a que lo hiciera…sin darse cuenta se vió con el rostro tan cerca de ella, que exhaló su aliento caliente y excitado sobre la punta roma que se movió, surgiendo de ella, una perla de liquido blanco, tan perfecto como aquel miembro sombríamente perfecto.

-Ya esta bien.- siseó el bárbaro, dándose la vuelta de la tina y saliendo de ella, con tintes de enfado.

Bella se abrazó a si misma, conteniendo el deseo que la envolvía y caminó hacia el salón donde antes habian estado conversando.

Se perdió en sus pensamientos, intentando vagar junto a Alice y Jasper. ¿Qué habría sido de ellos? ¿Estarian preocupados por ella? De seguro andaban buscándola por toda la región como unos desesperados y ella allí, tan lejos como una estrella del desierto, esclavizada por el único hombre con el que habia fantaseado cosas tan indecentes como lo que habia estado tentada a hacer…lo hubiera probado…probar aquella perla suave entre sus labios…saborearla,lamiéndola gustosa….

Oyó los pasos de él y alzó la mirada para observarlo.

Bella sintió como su cuerpo se apretaba. Era un espécimen de hombre perfecto, viéndolo caminar hacia la espesa piel de oso para cubrirse, un espasmo de deseo le atravesó el vientre y subió mucho más arriba de éste, adheriéndose con fuerza a sus pechos y haciéndolos hormiguear en una burgujeante sensación de excitación.

Bajó los ojos al ver la mirada ardiente de él colapsarse con la de ella y respiró entre los dientes sintiendo claramente , como sus huesos se volvían gelatina.

-Ven aquí.- urgió él, con su voz poderosa y demandante.- Me ofrecerás la fruta de ese cuenco.

Bella miró hacia donde él le había indicado y con gesto sumiso se acercó con hacia la gran mesa de madera tallada. Con ambas manos asió el tremendo frutero con toda clases de viandas de los mejores árboles frutales y lo dispuso en el suelo, justo en frente de donde él se hallaba en esos momentos tendido.

-Debes ponerla en mi boca.- el bárbaro la miró desafiante y ella accedió agarrando un gran racimo de uvas y desgranándolo. Dirigió su mano temblorosa hacia la boca pecaminosa del cruel asesino y éste apretó los dientes reventando la uva inevitablemente.

-Deliciosa.- sonrió frío.- Quiero más.

Ella desgranó otra uvita del racimo y volvió a llevarla hacia sus labios. Con una velocidad de vértigo, él le sujetó la muñeca y adentró la fruta junto a sus dedos dentro de la boca caliente y húmeda de él.

Bella no pudo contener un gemido y él lamió sus dedos al ingerir la uva y machacarla con sus dientes. Edward rió ligeramente y le soltó la mano lentamente, sin dejar de mirarla ni un momento.

-Come para mí. Pero antes….siéntate aquí conmigo…desnuda.

Bella negó repetidas veces y tiró el racimo de uvas al suelo en señal de protesta. No iba a desnudarse delante de él, ya era suficiente el ser su esclava y sentirse como el agua, maleable entre sus manos. Corrió hacia la puerta y tiró de ella con la poca fuerza que tenía, sin conseguir moverla tan solo un milímetro.

-No seas ilusa. Pesa demasiado para ti.- la voz de él, sonaba justo detrás de su espalda.- te he dado a elegir, si quieres volver de donde saliste solo tienes que decírmelo. Si…no, puedes seguir, aquí, conmigo.

-Desnuda, no.- contestó ella, visiblemente enfadada.

-Desnuda, si…si a todo lo que yo quiera y ordene Bella, eres mía…sólo mía.- Edward se acercó más a ella y estiró del cuello trasparente de su túnica, rasgándolo y dejándolo caer en girones.

Acarició su hombro, lentamente y fue recorriendo con dos de sus dedos un camino de caricias hasta su mano, enrendándola en torno a la de él.

-Ahora estamos en igualdad de condiciones.- sonrió mirándola a los ojos.- Vamos, estoy hambriento.

Continuará…

Bbbbbbuufff…..

Que?

Les?

Pareció?¿?¿?

Espero sus coments…con autentica devoción…mil besos mis adoradas amigas!