Los personajes de esta historia no me pertenecen. La trama es mía.

Despues de tanto tiempo, aquí estoy. No se pueden hacer planes para mañana, ni si quiera para dentro de un minuto.

Sistercullen.

Barbaro.

No seas ilusa. Pesa demasiado para ti.- la voz de él, sonaba justo detrás de su espalda.- te he dado a elegir, si quieres volver de donde saliste solo tienes que decírmelo. Si…no, puedes seguir, aquí, conmigo.

-Desnuda, no.- contestó ella, visiblemente enfadada.

-Desnuda, si…si a todo lo que yo quiera y ordene Bella, eres mía…sólo mía.- Edward se acercó más a ella y estiró del cuello trasparente de su túnica, rasgándolo y dejándolo caer en girones.

Acarició su hombro, lentamente y fue recorriendo con dos de sus dedos un camino de caricias hasta su mano, enrendándola en torno a la de él.

-Ahora estamos en igualdad de condiciones.- sonrió mirándola a los ojos.- Vamos, estoy hambriento.

Capitulo 19.

-Creo que sé donde se encuentra.- la voz sumergida bajo las sombras de aquel sucio y maloliente ambiente, produjo en su receptor una enorme sonrisa de lobo.

Complacido, asintió y se sumergió mas si podía, dentro de aquellos ásperos ropajes , contrayendo el rostro dentro de la túnica.

-¿Sólo?.- preguntó la sombra, con la voz algo forzada.

-No. Vive rodeado por un sinfín de mujeres. Las malas lenguas dicen que todas son de su propiedad y otras personas más benevolentes; por el contrario dicen que son las esposas de los guerreros que tiene a su disposición.- el individuo agarró la pequeña vasija y vertió un poco mas de aquel liquido almibarado.- No me importa lo mas mínimo lo que quiera hacer con su vida, sea hombre o mujer. Pero debo de advertirle que " El Bárbaro", es un hombre sin escrúpulos que no dudará en sacarle las vísceras de su cuerpo una a una. Tenga cuidado.

La sombra tembló un momento y el hombre que la observaba dudó , si reía lúgubremente o bien se estremecía de cabeza a pies. Parpadeó un par de veces cuando una mano enguantada tiró a la mesa de madera de aquella repugnante taberna, una lismonera de mujer.

El hombre no dudó de lo que se guardaba en su interior. Podía ver el dorado metal resplandeciente a través de aquella suave tela.

El hombre dudó en coger la limosnera, pero lo hizo. Dejando caer de sus manos un hosco pergamino con la señalización de los caminos.

-Es un mapa del lugar donde yacen. Es un área peligrosa. Un Fuerte donde será difícil entrar y si lo hace, dudo mucho que pueda salir sin morir en el intento.

La sombra recogió el pergamino escondiéndolo bajo sus ropajes. No dijo nada. Se marchó, como lo que era. Una sombra de muerte.

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El jugo de la fruta caía suavemente desde sus labios, haciendo un camino brillante hacia sus rizos oscuros. Allí se perdía la pista de aquel pequeño río de infarto.

Ella estaba de pie, aplastada contra la pared de roca maciza e intentando no mirar al macho que devoraba delante de ella, un trozo de sandia roja. Él, no dejaba de mirarla, todo el tiempo, todo el cuerpo, con insistencia y descaro. Volvió a morder la gruesa tajada de fruta que sostenía en sus manos y sonrió de lado.

-¿No deseas más?.- preguntó a ella.

-No.- Bella emitió un suave susurro.

-Abre la boca.- ordenó él, con voz fría y cortante.

Ella hizo caso de aquella orden y abrió su pequeña boquita en una perfecta o, que hizo a Edward saltar interiormente víctima de la lujúria. Lentamente movió su mano fuerte hacia la boca de ella y sumergió dentro de aquella cavidad, la fruta de agua que él estaba ingiriendo.

Bella mordió la sandia y otro leve río de jugo, volvió a barrer su cuerpo hasta llegar a sus rizos chocolate. Se estremeció al mirar a hurtadillas a Edward. Debajo de aquellas pieles, él volvía a estar excitado . Como una vara de almendro, dura y golosa.

Edward bebía de aquellos labios, mientras seguía el recorrido del jugo extasiado, perdido en el encanto de aquella Hechicera que lo hacía perderse en emociones que no tenían ninguna justificación ni lógica. Se sentía controlado por sus propios instintos, rememorando cuando una vez si fue un verdadero Bárbaro , recordando su primera experiencia con ella…con su hembra.

Con la mirada enloquecida, bajó aquella mano hacia su mentón , sin dejar de sujetar el trozo de fruta mordida, fue bajando lentamente ; intentando solapar de alguna manera, que no trascendiera que le temblaban las manos y el cuerpo como a un niño. Descendió sobre su cuello lentamente , con los ojos recorriendo el sentido de aquella incursión de deseo, preparándolo para una posible cúpula, pues su polla estaba tan tirante e hinchada que se le hacía imposible dar un solo paso, sin que doliera.

Mordió ligeramente su labio al contemplar las dulces cumbres blancas que recordaba todas las noches….con aquellas cimas coronadas, preparadas para ser amamantadas en cualquier momento…por él . Cambió el recorrido de su mano para arrugar mucho más aquel pezón malherido de Bella, que luchaba contra su propio cuerpo para no combulsionarse de puro placer al sentir aquel recorrido pegajoso de la mano de Edward.

Edward recorrió la arrugada cresta con la fresca vianda y Bella no pudo contener un jadeo que lo hizo inflamarse más si cabía, maldiciendo por el placer de aquel dolor, aunque intentó no separar los labios y sofocar un ahogado jadeo no lo consiguió y Edward sonrió triunfante.

-Tu cuerpo responde como recordaba…o quizás aún con más intensidad.- Los ojos de él bailaron alrededor de aquellos blancos montes y maldijo entre dientes antes de lanzarse en picado hacia ellos y abrir la boca para degustar aquel trozo de carne salado por el que mataría; sin lugar a dudas.

Jugueteó con los pezones , acariciándolos con sus labios. Memorizando cada tramo de ellos , aturdido por la necesidad que le golpeaba el estómago y los testículos. Sacó la punta de la lengua al escuchar a Bella maullar de placer, haciendo un recorrido lento por aquellas puntas salvajes, cada vez más duras, cada vez más pequeñas…cada vez más excitantes y hermosas.

Tomó uno de los pezones con ansias y se lo metió por entero a la boca, gruñendo de dolor físico. Había ansiado por tanto tiempo aquel gusto, aquel olor, aquella hembra que lo había iniciado en todo aquello, sin conseguir nada.

Masajeó el otro pecho ayudándose con la mano libre , acoplándose mejor al cuerpo de ella y tocando su vientre con la punta inflamada de su sexo.

Sin tregua; lamía, chupaba, mordisqueaba y soplaba aquellas cumbres rosadas que lo tenían al borde del infarto. Notó como ella separaba las piernas instintivamente y él se acomodó entre ellas, aplacándola más sobre la pared . Edward rozaba la desesperación, mientras se comía con ávidez los pezones de su hembra. Aquella que no podía si quiera mirar, porque al intentarlo había sentido tanto placer dentro de su sexo, que había liberado una perla de su semilla blanca y espesa.

Sediento, aplastó la boca contra el otro pezón y dejó a su mano libre vagar por el liso y tierno cuerpo de ella, llegando al sur de éste y perdiendo la punta de sus dedos sobre los suaves rizos oscuros de ella.

Bella estaba al borde del colapso…aquella vez perdida en el tiempo, había sido increíble, pero ahora era asombrosamente mejor, mucho mejor.

Cerró los ojos con fuerza, mientras él buscaba entre sus piernas la yaga que la hacía tan diferente a él, aquello que lo complementaba…aquella vaina perfecta para la colosal armadura en forma de vara que tenia Edward entre las piernas. Con una ternura infinita y sin darle tregua sobre su pezón con su lujuriosa boca, él abrió sus pliegues y ambos jadearon cuando tocó con la yema de sus dedos el sexo de ella, acelerando todas aquellas caricias y volviéndolas demandantes y urgentes. Bella se restregó contra su mano y Edward abandonó su pecho para aplastar su boca perfecta contra la de ella, abriéndola con sus dientes y clavándole la lengua con desgarradora pasión, desbordándola…

Los dedos de Edward habían conseguido adentrar en su cavidad virgen proporcionándole una débil molestia al principio, pero unos instantes después aquello había desaparecido y había comenzado a ascender una cumbre donde poco a poco podía divisar su pico, un pico que la iba corroyendo, mostrando un lado salvaje que ni si quiera sabía que existía dentro de ella, haciendo que sus manos , su lengua y todo su cuerpo en conjunto se uniera por pura necesidad, dejando su mente al margen.

La volvía loca el vello del fuerte pecho de él, rozando sus senos. Piel contra piel.

Saltaba de emoción cada vez que la besaba con aquella urgencia, devorándola, masticándola…comiéndosela viva.

Y la manera en que la provocaba con aquel baile en su interior, la estaba llevando a un destino de muerte lenta, pero de repente todo aquel calor explotó y vibró.

El grito fue ronco, expulsando el fuego dorado de aquel calor que había estado irradiando poco a poco. Entreabrió los ojos para observar al culpable de aquella explosión de placer y lo vio temeroso y excitado al mismo tiempo, como un niño que espera el juicio de un mayor.

Bella apoyó la cabeza sobre la pared , balanceando de nuevo las caderas sobre los dedos de él, volviéndose líquida y sofocando otro gemido involuntario.

-Te odio.- oyó como decía, con la voz sofocada y medio jadeante todavía.

Edward substrajo los dedos de dentro de ella lentamente, perdiéndose en el cuadro perfecto de su cuerpo blanco. Trastabilló al dar dos pasos hacia atrás y sintió como una espada de acero puro le atravesaba el corazón de un lado a otro; partiéndolo en dos.

-Te odio.- repitió Bella.- Y te odiaré hasta el fin de mis días Edward Cullen.

Edward se abalanzó sobre ella y le tapó la boca con fuerza.

-¡Shhhhhh!.- susurró, ahora frio como el hielo.- Edward. Tan sólo Edward. O si lo prefieres "Bárbaro".- siseó , soportando la gélida mirada de ella

Bella se perdió en el mar esmeralda de sus ojos y reconoció el deseo que lo embargaba, inspiró profundamente llenado sus sentidos de todo su olor, olor a macho preparado para aparearse. Era un aroma amizclado, perverso y adorable….

Edward separó lentamente su mano de la boca de ella y dio dos pasos hacia atrás.

Irremediablemente incómodo, se manoseó la verga hinchada de sangre y notó la mirada de ella sobre su falo duro y preparado para embestir su frágil cuerpo.

Elevó la mirada para encontrarse con la de ella.

Bella seguía respirando agitadamente . Aquel hombre la confundía, la manipulaba con una fuerza extraña que no entendía hasta ahora.

La primera vez la notó, pero ahora era más fuerte, casi insoportable. Su mirada bajó hasta el mástil por el que su centro babeaba intermitentemente.

Edward estaba duro como una roca, lo sabía. Necesitaba explotar tal y como lo había hecho ella… se adelantó dos pasos. Justamente aquellos pasos que él había puesto de barrera entre ellos y acarició el vientre masculino con detenimiento.

-¿Qué haces?.- preguntó él con respiración agitada.

-No lo sé.- murmuró Bella cegada por un instinto que su mente no comprendía. En esos momentos las pieles que envolvían a Edward estaban en el suelo y su enorme polla, desafiaba de tal manera la gravedad que Bella se arrodilló frente a ella y la veneró con la boca.

-¿Qu…e..?.- Las palabras de Edward se atoraron en su garganta. Ella estaba besando la punta de su verga con la boca abierta, dando pequeños sorbos sobre la cabeza de su mástil…volviéndolo loco perdido…..

Continuará…

Bueno…yo y mis finales…para matarme chicas, lo sé…pero bueno, asi es sistercullen y las que me leeis ya sabeis de lo que va la cosa….ahora quizás estaréis maldiciéndome…jajajjajajj!

Me diréis si os gustó?

Mil gracias a todas las chicas/os que corren las voz sobre este fic…a las chicas de de fanfiction addiction y bueno infinidad mas…..a todas/os: Millones de gracias.

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Besos y otra vez GRACIAS!