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Los personajes de esta historia no me pertenecen. La trama es mía.
BÁRBARO.
Capítulo 22
No fue fácil tomarlo entre su boca. Era grande y pesado.
Enroscando la lengua en la cabeza hinchada de su virilidad, Bella no pudo perder la ocasión de alzar la mirada y buscar el rostro del hombre contraído por el placer. Una oleada de calor le aplastó la membrana caliente que afloraba entre sus piernas. Aquel hombre, aquel ser sin sentimientos que había asesinado a gran parte de su familia, jadeaba vulnerable mientras ella devoraba ansiosa aquella vara correosa y ligeramente amarga.
Sintió las manos de él enroscarse en la mata de su cabello castaño, estirar de él y hacer un roete despreocupado, tirando del cabello con saña. El bárbaro deseaba que ella lo chupara con más ansia y aquello era un deseo mutuo. Se sintió perdida ante aquel anhelo y rugió babeando sobre aquella superficie alargada y gruesa.
Edward se estaba dejando guiar por los instintos, su primitivo macho dominante estaba totalmente presente y le gritaba que arrugara los dedos dentro de aquella melena y la empotrara contra su polla una y otra vez, sin contemplaciones. Era lo que deseaba, aquel era su deseo. Ella era su esclava, hasta que él la tomara lo suficiente para cansarse de ella.
¿A quien pretendía engañar? Siempre había sido ella, siempre… Una presencia invisible en las noches oscuras, un recuerdo brillante en los días serenos.
Notó las bolas que yacían apretadas cerca de su ano convulsionarse de placer y ahogó un gemido lastimero, mordiéndose los labios. Parecía demasiado vulnerable en aquel acto, pero era tan delicioso, tan perturbador que la quería pegada a su polla toda la maldita noche, su jodida existencia.
Rugió al aplastar los dedos en el cabello de ella y poseído por la lujuria comenzó a mover las caderas contra la boca de ella, con fuerza, sin contemplaciones.
Cerró los ojos y gritó al sentir como un brillante fulgor lo cegaba. Una explosión de sensaciones indescriptibles emergió desde su entrepierna hacia su estómago, vagando por todo su colosal cuerpo y dejándolo en un estado de aturdimiento. Había sido la experiencia más mística de toda su existencia, se había sentido abandonar el cuerpo, había muerto… y todo aquello se lo había brindado ella, su hembra. Una sonrisa ladeada se dibujó en sus labios y alzó con su mano temblorosa, sin apenas hacer fuerza la pequeña cabeza de ella. Pudo vislumbrar el brillo blanquecino de su semilla en los labios de Bella y aquello lo hizo sonreír aún más, ofreciéndole una sonrisa perfecta. De aquellas que podía deshacer cinturones de castidad.
—Tu boca es maravillosa—. Sentenció él, tocando con su dedo índice el labio inferior de Bella, allí se contemplaba una gota grasienta de su semen. La arrastró con delicadeza y sumergió entre su boca de nuevo el dedo, para que ella lamiera todo lo que él había expulsado gracias a las chupadas demandantes de ella. —Estoy desesperado por llevarte a mi lecho esclava, adivino que no me cansaré de ti tan fácilmente.
Bella se desató de Edward de manera violenta y él dejo escapar una carcajada mientras contemplaba de arriba abajo toda su desnudez. Era deliciosa toda ella en conjunto, notó como de nuevo su pene se llenaba de sangre, de cómo el calor invadía su cuerpo y de cómo era un total sirviente de la lujuria.
Bella alzó los brazos.
—Ni se te ocurra tocarme, bastardo—. Gritó, desarmándolo con su mirada forjada de ira.
Edward recuperó el gesto y buscó sus pieles, era decididamente vergonzoso discutir con aquella mujer completamente en cueros. Alcanzó una pieza en forma rectangular y la ató a su cintura sin mirar a Bella, concentrado en sujetar bien aquella prenda alrededor de sus caderas.
— ¿Debo recordarte lo que hablamos hace unos minutos, Bella? — Él continuaba enzarzado en la misión de engarzar bien aquellas prendas que parecían volverse en contra de él. —Puedo devolverte y te aseguro que no correrás la misma suerte que estando bajo mi protección.
— ¡Tú… Tú…! ¡Eres un asesino! Prefiero estar con cualquier otro hombre que contigo, no deseo que me toques…
Edward volvió a reír, esta vez de manera más sonora y malintencionada, aunque en su interior, su alma se hallaba despedazada y aullante de dolor.
—No tienes opción, yo te quiero para mí, deseo encontrarte cuando vuelva de cualquiera de mis guerras, tu carne pálida embellecerá mi cuarto , tu vientre liso quizás mas adelante se hinchara con mi semilla y criarás a mis hijos.
— ¡Nunca! — Gritó ella, cubriendo con sus manos lo que podía de su escuálido cuerpo.
—Nunca es demasiado… Es como para siempre y siempre no existe, porque no sabemos nada del tiempo que nos queda aquí—. Edward inspiró profundamente, procurando no mirar su desnudez, aquella que lo volvía loco de atar. —Te quedarás aquí, comerás con las demás compañeras de mis hombres, aunque tu lugar será valorado y siempre irás a un paso detrás de mí. ¿Entiendes?—. Edward elevó un dedo en modo de advertencia. —No oses desobedecerme sino tendrás que vértelas con la vieja bruja.
Edward pudo ver el desconsuelo en los ojos de Bella y su orgullo herido se hizo añicos un momento antes de preguntar.
— ¿Eres sierva de algún otro hombre?—. Su voz enérgica, casi cavernícola hizo que Bella contuviera una sonrisa de triunfo. Quizás si él pensaba que ella pertenecía a otro hombre la dejaría marchar.
—Si—. Bella alzó el mentón, mirándolo directamente a los ojos.
Edward la estudió lentamente y caminó hacia ella lentamente, cuando estuvo lo suficientemente cerca como para poder contar las pestañas de sus hermosos ojos chocolate, apuntó su dedo índice contra el cuello y bajó por el canal de sus pechos, hacia el triangulo del deseo que la perturbaba. Si él tocaba allí en aquel momento sabría que moría por que la tomara.
—Hay mujeres que venden su cuerpo a cambio de alguna moneda—. Susurró Edward, con voz parecida al hielo. —Me has tomado bien, muy bien diría yo y te has tragado toda mi semilla sin quejarte. ¿Acaso eres una mujer de esa clase?—. Terminó, forzando dos pasos hacia atrás; asqueado de que aquello fuese una realidad.
Bella gritó histérica y se lanzó contra el rostro de él hecha una furia.
— ¿Qué haces?—, masculló Edward, intentando sacársela de encima, aunque la manera en que se había empotrado contra él, era la tentación de algún Dios mundano. Se había alzado sobre sus caderas, rodeando sus piernas alrededor de él, podía notar su centro caliente, embebido de jugos, listo para ser llenado y saciado, casi no notaba los arañazos que le propinaba una y otra vez, sobre sus ojos y mejillas.
— ¡Una vulgar mujerzuela! ¡Has pensado que soy una vulgar mujerzuela!
Hastiado, Edward le alcanzó los brazos y los sujetó fuertemente sobre su enorme pecho, notó como ella poco a poco se deslizaba de entre sus piernas y contuvo un jadeo involuntario al sentir el roce de su sexo contra el de ella.
—En verdad mujer necesitas unos buenos azotes—. Escupió Edward antes de abrir la palma de su mano y golpear con algo de fuerza la nalga de la castaña haciendo que ésta volviera a revolverse contra él en vano. Edward era demasiado alto, demasiado fuerte… Demasiado hombre.
Lo vio caminar con andar felino hacia la salida, dejándola en un estado de fascinación que la mortificaba desde el interior de sus entrañas. Advirtió como desaparecía y corrió hacia el pelaje oscuro que yacía encima del jergón del hombre, lo sostuvo sobre los hombros y lo cerró con fuerza, cruzándolo bajo su pecho, ayudándose con las manos. Las lágrimas de impotencia no tardaron en aparecer, su cuerpo había sucumbido al placer de la carne de aquel asesino… De aquel brutal mortal que molía los huesos de sus enemigos a golpe de espada, aquel de denominaban el bárbaro por su crueldad y malas artes.
Caminó sin limpiarse las lágrimas del rostro hacia un rincón y pensó en Alice y en Jasper. Era bien seguro que vivirían en una agonía constante por no saber de su paradero. Tenía que escapar de allí fuese como fuese; aunque le fuese la vida en ello.
Edward caminaba descalzo y con el torso desnudo hacia la torre de la vieja bruja de aquella fortaleza. Había salvado la vida ella, después de que más de una decena de hombres intentara acabar con su humanidad a fuerza de tiros de piedra. La recogió agonizante y la llevó hacia el que era su refugio en aquel entonces, un enorme yacimiento de agua perdido en las arenas blancas de Molday. Casi la perdió, pero rogó a los Dioses que se compadecieran de su alma por que pese a que estaba arrugada y malherida aquella mujer podía rondar la cuarentena.
Fueron días de pesadumbre para él, ya había perdido demasiado en aquel retorno del infierno. Su tío había sido ajusticiado en las manos de Aro, junto con su bella esposa y su primo Emmett.
En aquel tiempo, cuando Edward cerraba los ojos aun podía ver sus cadáveres yaciendo en el suelo del castillo de Meadow.
Pero por extraño que pareciese lo que más dolor le producía era la imagen de Bella entrando en el cuarto de Jasper, hubiera querido ser ciego para no ver aquello, lo mataba lentamente recordarlo.
La vieja despertó a las cuatro lunas sin preguntar a Edward siquiera quien era. Pidió agua y él le indicó con el dedo el manantial que se suspendía a lo largo y ancho de la cueva. La vieja se irguió lentamente mirándolo profundamente a los ojos y sonrió. A Edward le pareció que había leído el secreto que había escondido en ellos.
Breves instantes después él se encontraba encorvado y riendo a mandíbula batiente por culpa de ella, había saltado sobre las aguas, con la avaricia de consumir su cuerpo al borde de la deshidratación bajo aquellas aguas cristalinas y cuando emergió de ellas con el cabello grisáceo pegado al rostro y las ropas adheridas a su cuerpo fofo, ella le acompañó en aquel transito divino riéndose con él.
No había preguntas a las que ella no supiera responder, era sabia. Los Dioses la habían obsequiado con el don de encontrar la verdad en los ojos de las personas. Sabía quién mentía, de qué color era su alma.
No tuvo que golpear la puerta siquiera, pese a que era realmente tarde, ella se hallaba sentada sobre una gran silla de madera, llevándose un trozo de palo a la boca, parecía estar esperándolo.
—Te esperaba príncipe.
Edward apretó la mandíbula, ella siempre lo llamaba así, desde el primer momento, aludiendo su porte, pero sobre todo a los ojos verdes moteados de dorado, ella recalcaba el hecho que solo un príncipe tenía ese poder visual en la mirada.
— ¿Sabes entonces por qué me encuentro aquí?—Edward se posicionó ante ella y se encorvó ligeramente para besar su mejilla algo arrugada.
—Si te vieran esas muchachas tuyas besarme, me atarían a un palo y me tirarían al río más cercano, príncipe.
Edward rió de manera distendida, completamente relajado. Ella era junto con Garret las únicas personas que sabían de su secreto.
—Te he preguntado.
—Sí, se que la has encontrado. Ha venido a ti gracias a los Dioses, príncipe, debes de ser agradecido con ellos si no lo cobraran de alguna manera y cuando menos te lo esperes. ¿La tienes ya a tu servicio?—La vieja lo miró divertida y chupó de nuevo el palo de abedul entre sus dientes.
Él bufó y se sentó al borde de una de las mesas que ella tenía dispuestas con sus lociones y mejunjes.
—Sí, eso creo—. Se llevó un momento las manos a su cabello y tiró de él atormentado. Los ojos se perdieron en los de la vieja y ella suspiró derrotada tirando el palo de abedul y levantándose renqueante hacia uno de sus botes de aguamiel. Destapó uno de ellos y se lo ofreció al Bárbaro que parecía más que desconsolado.
—No tengo ninguna loción para el mal de amores, príncipe, pero te aconsejo que ahogues tus penas en el aguamiel, si no quieres, preguntarle a aquél que llamas tu mano derecha.
Edward la miró con los ojos aún más desorbitados.
— ¿Garret?
Ella asintió con la cabeza.
—No has conocido mujer, príncipe y quieres yacer con ella. ¿Me equivoco?
Edward sintió como su rostro se teñía de rojo y escondió la cara entre sus manos.
—Sí, lo deseo… desesperadamente—. Susurró, sintiendo el calor que emanaba de entre sus labios, rememorando el beso mojado de Bella sobre la punta de su polla, a lo largo de todo su falo fuerte y rígido.
—Sé lo que has venido a pedirme y la respuesta es sí.
Edward giró el rostro para contemplar la figura pequeña y regordeta de la vieja y sonrió de manera infantil, agradecido por todo lo que había hecho ella con su vida.
— ¿Cuándo lo harás?—le preguntó Edward ansioso por el momento.
—A primera hora de mañana, príncipe, ahora márchate. Estoy cansada y necesito armarme de valor para medirme con… tú ya sabes.
—Bella. Su nombre es Bella.
La vieja lo miró un momento con sus ojos grises y sonrió tierna.
— ¿Es tan hermosa como su nombre?— Preguntó a Edward sin perder la cálida sonrisa que le brindaba.
—Infinitamente más—. Concluyó él, recuperando su compostura y lanzándole un beso antes de traspasar el umbral de la puerta.
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Bella sintió como la claridad del día se filtraba a través de sus parpados y pesadamente los abrió, sin tener plena conciencia del lugar donde se encontraba.
Había soñado con su padre, ambos estaban en un gran prado lleno de unas extrañas flores silvestres. Ambos reían sin más, sin parar de observarse. Había sido un sueño maravilloso, una visita inesperada en sueños de su ángel guardián.
Pero entonces recordó y su cuerpo se tensó automáticamente, notando inmediatamente algo pesado que le cubría ambas piernas y el torso, comenzando a juguetear con sus dilatados pezones. Yacía con Edward en su enorme jergón de bestia.
Quiso desembarazarse de sus brazos, pero él la tenía firmemente presa. Su brazo atlético cubría su pecho y la larga y definida pierna de él las dos extremidades de ella.
—Pareces una niña cuando duermes—. Susurró muy cerca de su oído, traspasándola con su aliento salvaje y caliente, erizándole la piel y agitando aquellos pezones que se perdían en las manos fuertes de él.
—No… no pensé que volvieses… yo… — se sentía torturada por su cercanía por su toque, por aquel aliento caliente que prometía llenarla de éxtasis.
Lo oyó reír de manera extrañamente sensual, comenzando a babear entre sus piernas por su culpa. Lo maldijo entre dientes e intentó apretar las piernas para que aquel divino caldo no se perdiese entre sus muslos.
—Es mi cuarto, esta es mi cama y tú eres mía. ¿Cómo quieres que no vuelva? Estaría loco si me perdiera dentro de la fortaleza… fui a ver a una vieja amiga—. Explicó sin perder la sonrisa, prácticamente eufórico por la manera en la que la hacía reaccionar.
—Este… no me importa, yo solo pregunté.
Él rió de nuevo y ajustó más su cuerpo al de ella.
Bella sintió el miembro erecto de Edward, descansando en su cadera y jadeó, volviendo la cabeza para mirarlo.
Él alzó una ceja y encogió los hombros, intentando disculparse.
Ella bufó y notó como Edward se separaba agruptamente de ella y se levantaba del jergón, observando hipnotizada aquel cuerpo esplendorosamente desnudo. Se relamió el labio como un acto reflejo y Edward la imitó al reconocer el hambre en los ojos de Bella. Lo deseaba tanto o más que él.
—Debo partir a cazar con mis hombres. Cuando llegue comerás con las demás mujeres en la mesa del salón. Tu lugar será el preferente, pero te mantendrás serena y pese a lo que escuches te mantendrás en tu sitio…—. Mientras él ordenaba, ella veía como el majestuoso cuerpo desnudo iba cubriéndose con las mallas y la cota.
— ¿Y si no lo hago? ¿Y si intento dejarte en ridículo?— Preguntó ella con los ojos brillando de pura maldad.
Edward la miró con intensidad, acercándose al jergón e inclinándose para buscar sus labios en un desesperado beso desgarrador.
—Créeme, no lo harás—. Susurró de manera ronca con la respiración entre cortada y agarrando un pezón de ella entre sus dedos estirándolo, volviendo celoso a su gemelo y dejando a su dueña gimiendo por más. —Aunque si lo haces, te castigaré profunda y hondamente.
Continuará….
Chicas, otro capi de este fic, espero que haya sido de vuestro agrado y por supuesto me lo hagáis saber.
Esto no seria posible sin mi beta, Jo. Nunca pensé que sintiera a una persona tan cercana pese a la distancia que nos separa.
A todas vosotras, besos y agradecimientos eternos.
Muchas os preguntareis porque no contesto a los reviews…y hasta habéis podido llegar a pensar que se me han "subido a la cabeza" un poco los humos, nada mas lejos de la realidad. Yo soy como siempre he sido pero me es técnicamente imposible pues cada vez son mas reviews y no puedo contestarlos, espero que comprendáis. Eso si, si teneis alguna pregunta o duda , preguntadla que yo gustosa os contestaré.
Tambien tengo una pagina en Facebook donde la hermandad es fuerte y nuestros lazos se refuerzan. Buscadme: sistercullen por siempre. Besos amigas/os.
Sistercullen.
