Capítulo Beteado por Jocelynne Ulloa, FFAD.

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Los personajes de esta historia no me pertenecen. La trama es mía,de verdad jejejeje. Solo mía.

Gracias a mi beta Jocelynne que está en todo y en estos días me ha apoyado como si fuera yo misma. ¡Gracias sister Jo!

A vosotras, lo que más amais de esto…. chicas… ¡A leer!


Capitulo 24.

Bella apenas había probado bocado desde que se había levantado aquella mañana y ahora notaba como sus tripas se retorcían entre sí, mientras que miraba por el rabillo del ojo a Irina y a Kaichi que la flanqueaban por ambos bandos. Recorrían un amplio pasillo con olor a humedad y a mugre.

De sus paredes pendían antorchas cada dos o tres metros atisbando las sombran de los diversos roedores que campeaban por aquel lugar. Ella no tenia miedo de aquellas alimañas, pero si le causaban repulsión.

— ¿Queda mucho para llegar a donde quiera que me llevéis?— Preguntó Bella sin mirar a ninguna de ellas.

—No—. Irina fue la que contestó. — ¿Puedes oír el canto de nuestros guerreros? ¿El bullicio ante cada paso que damos?

Bella afinó sus oídos y sí, era cierto. A medida que iban caminando por aquel lúgubre lugar, se podían escuchar los gruñidos y carcajadas de los bravucones guerreros que servían a Edward. Apretó los labios y se enderezó mas aún, recordando como él la había tratado delante de todos en el claro, frente a su caballo. Aquel semental negro llamado Fury.

Bella imitó a las dos mujeres cuando frenaron sus pies un metro antes de llegar al umbral de la estancia de donde se oían las voces y las miró primero a Irina y luego a los oscuros ojos de Kaichiri. Parecían nerviosas y sonreían mirándose la una a la otra.

—Sólo si tu señor te lo ordena deberás sentarte al lado de él, Bella. Él te ha elegido, pero muy pocas son complacidas con la compañía de su señor en la mesa. Caminarás con nosotras hacia la mesa de las siervas y allí tendrás un lugar de valor, pero no podrás mirar a tu señor, ni a ninguno de lo demás guerreros, si ellos no te ordenan que lo hagas—. Irina fue interrumpida por Kaichiri.

—No, Irina, ella no puede mirar a todo guerrero que le plazca, solo a su hombre. A su señor.

— ¡Yo no tengo señor!—. Gritó Bella, perdiendo los nervios ante tanta orden.

—Si lo tienes—. Enunció Irina, poniéndole una mano en el hombro. —Y es Edward, nuestro jefe. El estandarte de nuestras vidas. Debes estar orgullosa de que él te haya elegido—. Irina suspiró pesadamente. —Ahora entremos y síguenos, será la primera vez y la última que tú vayas detrás de nosotras. De ahora en adelante, seremos nosotras las que te sigamos.

— ¿Por qué? —Preguntó ella en un susurro.

—Él es tú dueño y aquí, es nuestro Rey.

Las dos muchachas pasaron el umbral de la puerta codo con codo y Bella las siguió con la cabeza baja.

Poco a poco los gritos se fueron desvaneciendo. Las sillas de madera donde los guerreros aposentaban sus traseros se movieron arrastrando sus patas por el suelo mientras ofrecían sus respectos a la sierva que había tomado su líder.

Bella levantó la vista y vio hermosos rostros que la miraba con ternura, mientras Irina le indicaba que se sentara en el centro de una extravagante mesa de madera, al margen de la de los hombres que parecían ahora, mudos o hechizados.

— ¿Es ella? — Escuchó que preguntaba una de las mujeres que se sentaba justo de frente a ella.

—Sí, Ángela. Calla y haz el favor de ser respetuosa con la mujer que ha elegido nuestro líder—. La mirada de Bella impactó con la de aquella mujer y sintió como los vellos de la nuca se le erizaban. No la conocía, no había hablado con ella y ya sabía que tenía una enemiga.

—Mi señor con todos los respetos es una hembra impresionante—. Edward apenas estaba escuchando a uno de los bravos guerreros que le había palmeado las espaldas o lo había empujado con una risotada maliciosa. Se sentía embrujado por la presencia de ella. Parecía haber salido de uno de aquellos sueños que lo mantenían caliente y duro todas las noches, siseando con los dientes apretados por su cuerpo e imaginando que la mano que acariciaba su poderoso empalme, era la dulce y apretada vaina de ella. Dejó escapar el aire de sus pulmones y un estertor parecido a un gruñido salió de su interior. No la quería tener lejos, la quería cerca de él, completamente desnuda y mojada. Sonrió sin parpadear siquiera. Sin dejar de mirarla, observó como la sierva de Garret le susurraba algo en el oído y ella volvía la vista hacia él. Sus grandes ojos marrones se sorprendieron al verlo y él, le dedicó una mirada felina mientras volvía a tomar asiento.

Edward se había puesto en pie cuando la había visto traspasar el umbral de la estancia y todos sus hombres lo habían imitado, como debía de ser.

Bebió el agua miel con glotonería y sintió como aquellos pantalones ceñidos le apretaban la entrepierna más de lo normal. Estaba grande y duro por ella y esa noche no la iba a dejar escapar. ¡Ella no había sido tomada por ningún hombre!

Sonrió pasándose la mano por la boca, limpiando los restos del aguamiel y rió ante un comentario de Klaus que ni siquiera había escuchado. Estaba prendado de la Diosa que lo había embrujado desde el principio de los tiempos.

—Ve a buscar a tu sierva, Garret—. Dijo asestando un fuerte golpe a la vasija de barro que contenía el aguamiel.

Garret lo miró con ojos divertidos y buscó la mirada de Irina que lo consumía de ardor. Le hizo un gesto con la mano y la muchacha se levantó con la mirada baja, viajando con sus desnudos pies hacia su señor.

— ¿Qué deseáis señor?—. Preguntó mirando a Garret profundamente a los ojos.

—Nuestro Rey desea hablar contigo, ve hacia él.

Irina caminó dos pasos hacia Edward, le hizo una breve reverencia y él sonrió a la mujer de la que Garret se saciaba todas las noches.

—Veo que habéis cumplido con vuestra misión—. Suspiró abatido por el ardor que lo consumía. —Decidle a mi hembra que venga hacia mí. Se sentará a mi lado esta noche—. Irina se inclinó de nuevo y afirmó con la cabeza.

De manera lenta y dolorosa para Garret el culo hermoso y bamboleante de Irina, viajó de nuevo hacia la mesa de las mujeres y vio como susurró la orden a Bella. La muchacha negó en un primer momento y poco después se levantó con la mirada baja y arrastrando los pies hacia ellos.

Cuando llegó a las espaldas de Edward, él tiró a Klaus de su lado y lanzó una mirada envenenada a Garret para que se apartara. A Garret le dieron ganas de reír. Nunca había visto a aquel muchacho tan territorial con una hembra. Claro, que nunca había tomado a ninguna entre sus piernas de semental.

Se escabulló lanzando una mirada hacia Irina y ella lo siguió hacia los pasillos.

—Dame de comer, Bella—. La voz de Edward se filtró por los oídos de ella y lanzó un hormigueo de necesidad a lo largo de su cuerpo.

Lo miró a los ojos y tuvo que obligarse a apartar la mirada porque no podía sostenerla. Estaba provocándola de nuevo, aunque había algo más en su trato, parecía algo más dulce y calmado.

Ella tragó en seco y alzó la mirada de nuevo lentamente.

Era un espécimen magnífico de hombre. Sus ojos verdes hacían juego con la camisa que encerraba su torso duro y los pantalones adheridos a sus piernas hacían que le doliera el centro como si tuviese necesidad de algo que ella no deseaba albergar. ¿O si lo deseaba?

—Me gusta esa mirada—. Susurró él muy cerca de su rostro, embriagándose del perfume del aguamiel que había ingerido por su boca. — ¿Tienes apetito pequeña?

Ella volvió a tragar comprendiendo el significado de sus palabras, parecía que su cuerpo lo reclamaba de una manera salvaje y no lograba comprenderlo. ¡Él era un asesino!

—No—. Susurró fijándose ahora en las machitas que refulgían del verde de sus ojos.

—Dame esa carne, hembra—. Le susurró de manera erótica—. Quiero masticarla lentamente.

Ella miró la bandeja de caza y alargó el brazo agarrando una pieza de ciervo, la dirigió a la boca de Edward y él la abrió hinchándole los dientes y paseando la lengua por las fibras del animal.

—Aguamiel—. Ordenó él sin dejar de mirarla.

Ella obedeció y con las manos temblorosas dirigió a los labios de él, la vasija pegajosa de aquel líquido, Edward sonrió y se la quitó de las manos con ternura.

—Ven aquí—. Él soltó la pieza de caza y se limpió las manos en la pernera de sus pantalones. A continuación la agarró de la cintura y se la puso en su regazo sin que su sonrisa desapareciera.

—No quiero que me agarres así—. Siseó ella solo para él.

—Yo hago lo que quiero, hembra y tú eres mía—. Respondió él divertido. —Y ahora mismo quiero que pruebes un poco de aguamiel para que te tranquilices un poco. ¿Sabes? Tenemos pendiente una larga charla tú yo, pequeña.

Ella miró sus labios y se mordió los suyos ansiosa.

La boca de Edward estaba creada para morir en ella y Bella deseó no tener aquellos pensamientos lujuriosos por aquel hombre, pero había habido tanta intimidad entre ellos que era imposible no hacerlo. Lo había visto majestuosamente desnudo y lo había tenido entre sus manos y su cuerpo. Notó como la saliva se agolpaba en su boca y tembló de anticipación cuando él acarició su cintura lentamente.

—Bebe aguamiel, Bella. Me gustaría que no tuviese que ordenarte que lo hicieras.

Ella asintió y tomó la vasija de Edward llevándola hacia su boca, notó el picor del dulzor, sintiéndose mas volátil una vez la recargó de nuevo en la mesa. Edward la miraba con gesto serio y expectante y ella se revolvió entre su regazo.

—Déjame ir—. Suplicó. —Tus hombres nos miran.

Edward gimoteó al sentir como el trasero de ella lo tomaba por su rendija y lo hacia ver la punta de una estrella, ronco y necesitado la apretó mas contra sí y buscó su cuello para lamerlo.

—Eres mía y así debo hacérselo saber a mi gente—. Lamió con lentitud el cuello de ella hasta su mandíbula.

— ¿Y qué harás? – volvió a revolverse ella. — ¿Hacerme tuya delante de toda esta gente?

Él rió de manera ronca y volvió a apretarla contra su erección pulsante.

—No me tientes, podría hacerlo.

Ella quiso escaparse de él, pero Edward no la dejó animándola con la vasija para tomar más aguamiel.

Edward la alimentó delante de sus hombres y por supuesto ella también lo hizo con él. Bella podía sentir las miradas de aquellos guerreros perfectamente ataviados, sobre ella y su pecaminoso señor. No la había dejado tomar de nuevo su silla y la restregaba por su miembro enfurecido haciendo que rechinara los dientes de deseo.

— ¡Brindemos por la hembra de nuestro señor!—. Gritó uno de sus hombres mientras que todos a una se levantaron para juntar sus vasijas y chocarlas entre sí.

Edward arrulló a Bella haciendo que escondiera su cabeza entre su cuello a medida que fue avanzando la noche, meciendo su pequeño cuerpo llenándole los sentidos de dulce agonía.

—Ahora debemos marcharnos, hembra mía—. Susurró besando el tope de su cabeza con lentitud.

Bella elevó el rostro dándole un golpe en el mentón. Él rió y ella casi estuvo a punto de hacerlo.

— ¿Dónde?— Preguntó ella, masticando el aroma a macho dominante de Edward.

—Iremos al lago—. Susurró él con los labios pegados a su mejilla. —Quiero compartir algo contigo.

—Yo… yo, estoy cansada.

Edward lanzó una breve carcajada y arrastró hacia atrás la silla haciéndola chirriar en el suelo de piedra. Se irguió manteniéndola a ella entre sus brazos, caminando hacia la salida entre los vítores de su gente.

—Puedo caminar—. Dijo ella. —No estoy impedida, Bárbaro.

Él volvió a reír, apretando más la cabeza de ella a su pecho.

—No seas niña, Bella. Deseo llevarte así hacia el lago y así lo haré. Eres mi hembra y es así como debo de llevarte antes de bautizarnos en las aguas del lago de la fortaleza.

Ella parpadeó un par de veces con la boca abierta.

— ¿Bautizarnos? —Preguntó con la voz entrecortada.

—Sí—. Él la invadió con sus ojos verdes intensos.

Bella tragó pesado y sintió ya en el exterior de la fortaleza la brisa de la noche enfriando su rostro, pegó la mejilla al torso de Edward y se zambulló con todos los sentidos en aquel aroma varonil que desprendía.

La luna majestuosa brillaba de una manera especial aquella noche, dándole a la piel de ella un fulgor que a Edward lo dejaba prácticamente embobado. Antes de soltarla y dejarla con los pies en el suelo, apoyó sus labios en la cabeza de ella y la besó con fuerza.

—Nos daremos un baño—. Ordenó él, mirando el lago impresionantemente bello bajo la luz de la luna. Acto seguido comenzó a desanudar los cordones de su camisa y dejar su torso duro y atlético al descubierto.

Bella se sintió pequeña y desquiciadamente ardiente a su lado y esperó a que la última pieza que lo protegía saliese de él con un fuerte empuje de sus piernas.

Era magnifico. Tanto que su cuerpo ya estaba comenzando a reaccionar ante aquella visión de Deidad. Sus músculos duros y apretados lo sostenían y el bello cabello cobrizo ondulaba gracias a las caricias de la leve brisa que los envolvía.

—Tus ropas, Bella. Deshazte de ellas.

Ella negó y se apartó un par de pasos hacia atrás.

— ¿Quizás quieres que lo haga yo? — Preguntó él dando un paso hacia ella.

Ella sintió que se derretía por dentro y gimió. Lo deseaba, deseaba calmar aquel dolor que había comenzado desde su primer toque, allá en el centro de sus piernas.

Edward elevó un brazo y acarició su mejilla con dulzura, bajando poco a poco hacia su cuello y clavícula. Bella cerró los ojos ante aquella caricia embriagadora y sintió las manos de él ahora amasando sus pechos con total devoción.

—Quítate esta mierda—. Susurró él, adentrado en su espacio. —Es maravilloso nadar desnudo, Bella. ¿No has experimentado nunca esa sensación?

Ella no podía hablar, la voz de Edward la tenía hipnotizada y sus ordenes parecían mover su cuerpo hasta donde él desease llevarla, así que sin más, comenzó a desnudarse evitando los ojos que la enardecían , haciéndola jadear una vez que todas sus ropas se mezclaron con las de él sobre la alfombra verde.

Sintió la fuerte mano de él rozando la suya, rodeándola y guiándola hacia el agua. Tomados de la mano caminaron hacia el lago, asombrada por la calidez de aquellas aguas, pese a lo entrada la noche. Completamente sumergidos, vio como Edward se alejaba con fuertes brazadas y se quedó embelesada mirando su espalda moverse sobre el líquido elemento.

Deseaba ser tomada y alimentada por aquel hombre. Que los Dioses la perdonaran, pero su cuerpo no podía aguantar más aquella necesidad de abrazarlo entre sus piernas y enterrarlo en el agujero mas profundo y erótico de su ser. Echó la cabeza hacia atrás mojándose la totalidad del cabello y rostro y lo imitó, sintiéndose libre de nuevo.

Él la había observado en todo momento, calibrando sus miradas y movimientos. Podía sentir el ardor que la consumía e incluso olfatearlo. Su centro lo llamaba a gritos desproporcionados y su erección palpitaba en su entrepierna con dolorosa necesidad. Cuando la vio saciada de nadar, se acercó a ella con sigilo por la espalda y envolvió sus pechos entre sus manos amansándolos y tirando de las crestas oscuras, lentamente. Ella apoyó la cabeza en su cuello y suspiró.

— ¿Te gusta lo que te hago, Bella?—. Ronroneó él, lamiendo el lóbulo de su oreja y tirando de él con los dientes.

—Si—. Jadeó ella de manera provocadora, arqueándose.

Edward arrastró las manos hacia las caderas de ella y la hizo girarse para encararlo.

—Creo que el baño ha terminado por esta noche, pequeña. Ahora debemos marcharnos a nuestro dormitorio. Tenemos una charla pendiente.

Ella adormecida por la lujuria, fue adquiriendo poco a poco algo de cordura y se enervó.

— ¡No dormiré contigo!—. Enunció cruzándose de brazos sobre el agua.

Edward rió y se alejó de ella caminando hacia la orilla, ella lo observó con glotonería y se dijo a si misma que había perdido completamente el juicio. No podía creer que aquel hombre la hiciera despojarse de sus convicciones de aquella manera, pero era tan maravilloso. Ahora de espaldas a ella sentía como la saliva surgía de los bordes de su boca hambrienta.

— ¡Te tomaré en el agua si no sales ahora mismo!—. Gritó él divertido, mientras se ajustaba los pantalones y la camisa.

Ella caminó con rapidez tapándose los pechos y el triángulo de sus rizos, él rió de manera indecente y le tiró las ropas a la cara para que se cubriese. Ella lo hizo rápidamente y volvió a sostenerla entre sus brazos, llevándola de nuevo a la fortaleza.

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Garret sofocaba sus jadeos en la boca de Irina, mientras que ella se convulsionaba víctima de su tercer orgasmo aquella noche. Cuando oyó los firmes toques en su puerta, ambos se tensaron y se miraron a los ojos interrogantes. Nadie llamaba a su puerta mientras se saciaba y se mantenía rígido como una estaca dentro de su hembra. Siseando entre sus dientes y saliendo lentamente de dentro de ella se levantó del jergón chirriante y se ajustó una pieza de lino rodeando sus caderas. Abrió la puerta con el gesto duro.

— ¿Quién osa…?—. Al ver a Edward parado en el umbral de su puerta, se llevó la mano al corto cabello y sonrió lentamente. — ¿Qué deseáis mi señor?

—¿Estás con ella..?—. Preguntó Edward en un susurro.

—A ti que te parece—. Garret señaló con ambas manos la fuerte y dura parte de su anatomía que se mantenía erguida debajo de la pieza de lino y sonrió más anchamente.

—Lo siento, Garret—. Se excusó Edward. —Pero, ¿estás seguro que en ningún momento se dará cuenta que no he conocido mujer?

Garret observó los ojos inocentes de su líder, girando el rostro para buscar el cuerpo desnudo de Irina bajo las sabanas de su jergón. Cerró la puerta con sigilo a sus espaldas e hizo un gesto a Edward con la cabeza.

Caminaban hacia el santuario y en ese momento Garret apreció la poca vestimenta de Edward y casi estalló en carcajadas.

Ambos se adentraron en el santuario de los guerreros, una sala amplia de oración, donde rezaban a sus Dioses antes de una batalla fiera y dejaban algo de ellos prendido junto a las diversas Deidades que allí se constituían.

Edward encaró a Garret y se secó el sudor perlado en su frente.

—Dime, Garret. ¿Ella puede saberlo?

Garret volvió a mirarlo de arriba abajo y sonrió libertino.

— ¿En qué momento del goce habéis huido mi señor?

Edward elevó un puño para darle un fuerte mandoble, pero agarró la densa masa de vello que coronaba el pecho de Garret retorciéndolo entre sus dedos.

—Contesta, maldito cabrón, no quiero hacer el ridículo—. Edward lo soltó arrancándole varios vellos del cuerpo y forcejeó de él como un niño. —La tengo dispuesta Garret, pero soy un cobarde. He intentado mantenerme seguro de mí mismo en todo momento, pero me tiemblan las manos cuando estoy cerca de ella y tengo dudas sobre mí.

Garret alzó las palmas de sus manos y sonrió a su líder con franqueza.

— ¿La tienes preparada mi señor? ¿Húmeda y caliente para poder hundirte en ella?

Edward tragó el nudo de espinas que se había formado en su cuello y asintió inseguro.

—He amasado su cuerpo, pero no he tocado lo más íntimo de su anatomía, si es a eso a lo que te refieres—. Aclaró a su mano derecha.

—Señor, con todos mis respetos. Debes tocarla en su humedad y hacerla llegar varias veces con tus dedos y con tu boca. Seguir tus instintos de macho para con ella—. Garret se pasó una mano por los ondulantes rizos y sonrió. —Se me hace un poco difícil hablar de esto contigo Edward. Con todos los respetos, pero a una mujer hay que tocarla bien antes de enterrarte en ella, contarle todo lo que quieres hacerle.

Edward caminó sendos pasos y Garret observó como la firme erección de Edward le rozaba el vientre cuando caminaba. Su señor había de haber abandonado sus habitaciones entre correntillas, ya que solo llevaba una suave camisola de algodón egipcio sobre su cuerpo fuerte, sin dejar nada a la imaginación.

—Lamer, succionar y besar señor. Son tres reglas básicas.

Edward lo miró por el rabillo del ojo y se cuadró delante de él, poniéndole una mano encima del hombro.

—Gracias Garret. Has sido de gran ayuda.

—No es nada mi señor. Ahora, mi hembra me espera ansiosa de más goce.

Edward sonrió y vio como se marchaba su hombre más preciado, mientras intentaba sofocar sus nervios unos momentos antes de volver a su cuarto con su hembra desnuda y voluble.

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Las suaves sabanas rozaban el cuerpo de Bella, frescas. Su piel ardía y necesitaba el firme toque de aquellas manos que habían recorrido sus pechos, tirando de sus pezones con firmeza.

Cerró los ojos abrumada por el mar de sensaciones y se preguntó donde habría ido Edward una vez la dejó con la espalda recostada en el lecho. Ahora se sentía algo menos desinhibida, pero una creciente hambre de hombre la corroía de la cabeza a los pies.

Oyó unos pasos al otro lado de la puerta y ésta se abrió dando paso al esplendoroso cuerpo de Edward sin pantalones y con su firme torso casi al descubierto. Lo miró con detenimiento y se lamió los labios. El músculo que ella había amamantado, se encontraba firme y duro, haciendo que miles de cosquillas invadieran su centro y ella se revolviera nerviosa dentro del catre.

—Volviste—. Susurró. Hipnotizada por la visión de una espécimen de hombre tan perfecto.

Él se acercó, alzando la camisa sobre sus costillas y dejándolo completamente desnudo y expuesto frente a ella.

—Vas a ser mía, pequeña.

Ella embobada por la magnificencia de su cuerpo asintió pesadamente mientras el duro cuerpo de él, hundía más el lecho y se acercaba para apartarle las sábanas que la cubrían.

—Sigues desnuda—. Enunció con la voz enronquecida. —Que placer para mis ojos y mi cuerpo, pequeña mía.

Él se acercó lentamente para besarla y en el momento en que sus labios se tocaron toda clase de pudor por parte de Bella se quemó, quedando sólo las cenizas.

Lo agarró del cuello con firmeza haciendo el agarre más fiero, saboreando, lamiendo. Enroscando su lengua en toda la de él.

Pero sus manos tampoco se quedaban quietas y con una fiebre imposible, abrió su mano deseosa de palpar todo aquel cuerpo perfecto y llevase cada perla de sudor a sus labios y mamarla con desesperación

—Bella—. Susurró él.

—Edward… hazme tuya, por favor.

Él se elevó del catre y se apoyó en los codos, sobre ella danzando con su lengua y haciéndola viajar hacia un plano de sensaciones embriagadoras que la hacían perder la conciencia de todo. Volvió a recuperarla cuando su boca caliente, lamiendo sus pezones erguidos como lanzas, enroscando la lengua y mamando, sin perder el rastro de la mano de su guerrero que arrastrada, se perdía en los rizos de la parte más íntima anatomía y encontrando el tesoro que andaba buscando. Cuando él rozó la perla de su clítoris con la yema de sus dedos, ella dio un respingo gimoteando su nombre.

Edward se sentía desfallecido y aún no se hallaba sumergido dentro de ella. Eran tantas las emociones que brillaban en ella, explotaban en sus ojos, que descubrió que la amaba. La amaba desesperadamente y haría todo lo que fuese para que un día, sintiera lo mismo por él.

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Rosalie Vulturi se bajó del caballo entrando al patio de las Rosas.

Un lacayo la ayudó a bajarse del corcel y a continuación, caminó con la capa oscura ondeando bajo el manto de la noche. Una vez llegó a la gran puerta principal de la gran casona, repiqueteó con las uñas en la madera y la puerta se abrió sin hacer el menor ruido.

Una sombra le cubrió las espaldas y se adentró en sus habitaciones desatando el nudo de la capa que la cubría.

—Se expone demasiado señora—. La sombra se convirtió en una mujer larguirucha y cetrina.

Ella se pasó una mano por el cabello y suspiró.

— ¿Y mi esposo?

—El señor está en el gran salón con sus hombres y esas… esas…

—Da igual—. Susurró Rosalie, caminando hacia la mujer y sosteniéndole las manos. —Jane, gracias por cubrirme, pero no puedo permitir que esto vuelva a suceder, se lo debo a Emmett. Su único pariente vivo no puede morir en manos de otro loco.

La mujer elevó con lentitud las comisuras de su boca.

—Mis dos hermanos abusaron de mí hasta la saciedad, señora Rosalie. La sangre a veces no vale nada. La ayudaré.

Rosalie sonrió a la mujer de cabellos rubios y despeinados. Jane Vulturi; hermana de Aro y Cayo Vulturi.

Continuará…


Bueno, las que me conocéis sabéis que casi, y digo "casi" siempre cumplo mis promesas, porque mi religión no me permite no cumplir las promesas que mantengo. El lemmon de Bella y Edward es un hecho y se emitirá en el siguiente capítulo de este fic, el problema es que ando enferma de los ojos y no podía excederme con la pantalla del pc. Pero bueno, que no se van a quedar a medias, mis fierecillas. Nos os preocupéis.

Por otro lado, ¡GRACIAS! Gracias por las nominaciones a FFAD Awards, aunque se ha quedado en agua de borrajas, no me importa, ya que las otras historias eran excelentes y yo me rendí casi antes de salir nominada jejejejejeje

Bueno gracias a todas. Sé que este fic os gusta y mientras que sea así yo seré feliz.

OS AMO….Y SIEMPRE LO HARÉ

Sistercullen.