Los personajes de esta historia no me pertenecen, son de S. Meyer. La trama es completamente de mi autoría.
Capítulo beteado por Jo Beta Ffad
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Tres días sin apenas descanso, con la compañía silenciosa de una lluvia fría que la calaba, mientras que aquellos brazos fuertes la apresaban desde la espalda hacia el pecho de su guardian; aquel que le había prometido que nunca más tendría miedo… Tres días en que apenas cruzaban palabras, pero sí miradas llenas de afecto… Tres días que terminaron con los primeros rayos del alba, al avistar a los lejos una choza escondida bajo un denso follaje después de traspasar un lago cristalino.
—¡Dadle de beber a los caballos! —La voz del guerrero de yelmo de león le aceleró el corazón y quiso echar la vista atrás y mirarlo, pero fue demasiado tarde. Él ya había bajado del caballo y con aquellas manos fuertes la agarraron de aquella cintura de adolescente.
Sus miradas se cruzaron y él apartó la vista, como si le escondiera algo. Maude notó como un nudo denso se formaba en su pecho y esperó algo horrendo, otro mazazo en su corta vida de mujer.
—Acompáñame. Hemos llegado a tu destino. —Él emprendió el camino delante de ella, sin esperarla y la dulce Maude lo siguió con la cabeza baja y el corazón destrozado.
La puerta de la choza se abrió como presagiando la llegada de aquellos caballeros de relucientes armaduras.
"¿Quién sera ella?"
"Me va abandonar… me va a dejar con esta mujer de ojos y cabellos negros como un cuervo..."
La mujer, efectivamente de cabello negro recogido en un moño y ojos grandes y oscuros como la noche, sonrió a su guerrero , gesto que fue una patada en los intestinos de de Maude. De repente a su lado apareció un niño de ojos azules y cabello rubio que sonrió a Maude como si la conociera.
—Te esperaba anoche, Lionel. Nos tenías preocupados. —La mujer miró a la adolescente en ciernes y le acarició el cabello como si la conociera—. ¿Así que esta es ella? ¡Es una cria por todos los Dioses, Lionel? ¿Dónde tenían tus padres la cabeza cuando te prometieron a ella?
La mujer se carcajeó y mientras que el guerrero siseaba entre dientes, Maude se ponia roja como la grana.
—Pasa a mi humilde morada, estamos encantados de tenerte bajo mi techo. —La portezuela se cerró tras ellos y Maude observó que pese a que por fuera parecia una choza pequeña y lugubre, en su interior poseía mucho más de lo que ella había soñado en su vida.
Una gran mesa de madera llena de viandas los esperaba. La mujer empujó a Maude a sentarse en una de las sillas, mientras ella observaba como su guerrero se quitaba el yelmo , dejandolo reposar encima de la mesa sin ningun cuidado.
Lo había visto en sueños, casi estaba familiarizada con aquel rostro hermoso y aquellos ojos tan azules como el mar, pero no estaba preparada para verlo despierta y, por primera vez, sintió el embrujo de aquello que llamaban amor.
Había oído hablar de aquel sentimiento que ella desconocía, ya que las personas que la habían rodeado o la odiaban o le temían y hasta rencor… pero aquella llama que apresaba su pecho, que calentaba su cuerpo y que encendia su rostro, era totalmente nuevo para ella. Podría ser… podría ser que se hubiese enamorado de aquel portentoso hombre que evitaba mirarla.
Su cabello revuelto por el yelmo lo hacía ver perfecto, de un tono parecido a las arenas del desierto de Shan (casi casi cobrizo), nariz perfecta y labios llenos y delineados.
Al comenzar a hablar con la mujer de cabellos oscuros, Maude precipitó la mirada sobre su boca, observando que poseía todos sus dientes, que eran blancos y perfectos.
—¿Cuándo volverás? —La mujer ofreció una gran torta de maíz al guerrero y éste, la partió en dos entre sus manos mientras agarraba una pata de cordero.
—Cuando tenga la edad suficiente. Como puedes ver, es una mocosa aún y lo único que me va acarrear es problemas. Estará aquí contigo cuatro primaveras y entonces, regresaré.
»Aunque no me falta nada y tengo vasallos a mi cargo en mi hogar, esta niña necesita alguien que la cuide y que la enseñe a ser mujer. Una mujer que aprenda a servirme y bendecir todos mis deseos y necesidades. Tú eres la más indicada además, es bien sabido que siempre quisiste parir una hembra. Aquí la tienes, aunque ya sea algo crecidita. Mírala —Lionel la miró apenas—, no ha levantado la cabeza desde que la obligaste a sentarse. Será obediente y a ti no te dará problemas.
—Por el gran afecto que me une a ti y, por supuesto, a la memoria de mi esposo, cuidaré de ella. Además, es una compañera perfecta para mi pequeño Eleazar, está demasiado solo aquí apartados huyendo de los enemigos de nuestro clan. —Siobah, miró a Maude enarcando las cejas y sonriendo—. Niña, aquí no nos hemos comido a nadie aún. ¿No eres sorda, ¿no?
Maude elevó los ojos.
Había llorado, pero había pasado el tiempo suficiente como para que las lágrimas se le resecaran en la cara.
—No.
—Ya has oído a tu señor. Me obedecerás y haré de ti una mujer digna de él. ¿Comprendido?
Maude se limitó a asentir con la cabeza mirando al frente.
La iba a dejar allí…
Con aquella mujer que no conocía …
Y con aquel niño que no le apartaba la mirada….
Escondido detrás de la silla de su madre, como un buitre…
Agachó la cabeza y ni siquiera la levantó cuando la silla del guerrero se arrastró y él se levantó para recoger el yelmo y partir.
—Déjanos un momento, quiero hablar con ella a solas. —Lionel Ward tenía un nudo en la garganta. Se sentía horriblemente mal. Algo le decía que no debía de abandonar a aquella criatura allí, pero era demasiado niña para hacerla su mujer. Esperaría el tiempo indicado y volvería por ella para honrarla de todas las maneras posibles.
Siobah desapareció junto a su hijo, dejándolos solos y Lionel dio dos pasos hacia Maude, que se mantenía rigida como un muerto.
—Estarás bien, te lo prometo —susurró , arrodillandose frente a ella, buscando su rostro con las manos y levantandolo. Era tan bonita, sería una belleza cuando volviese, sin lugar a dudas.
—Me prometistes que nunca más sentiría miedo y ahora lo tengo. Has faltado a tu promesa León.
Maude lo miraba con el brillo de la ira en sus ojos y él casi se carcajeó al verla tan enfadada, pese a que era una cria apenas.
—No lo tengas. Ella te cuidará bien. Te enseñará todo lo que debes de saber.
—A someterme a tu voluntad, ¿cierto? —Maude apretó los dientes y casi silbó como una serpiente venenosa.
—Por supuesto. Debes honrarme, pequeña y así lo harás.
Lionel acercó su rostro al de ella y posó sus labios en la frente lisa y preciosa de Maude, cerrando los ojos en el acto.
Mientras lo hacía, Maude se prometió a sí misma que iba a hacer todo lo posible por hacer justo todo lo contrario.
Cuando volviera a buscarla, sería un guerrero como él, pero con un cuerpo de mujer y una melena al viento que volvería locos a los hombres. Sonrió cuando él le echó un último vistazo antes de desaparecer por la puerta.
—Ni sumisa ni obediente, Lionel Ward —susurró.
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Edward posó sus bellos ojos verdes en los cansados ojos de la vieja Maude. Algo había en aquella mirada; una chispa especial, un brillo nuevo que la hacía verse más joven y mucho menos amargada de lo había estado últimamente.
Observó a las dos mujeres que habían llegado a su Fortaleza, valorando a cada una de ellas.
La que él conocía, recogía su cabello dorado en una trenza que partía desde su frente.
Y la otra, con el cabello suelto y desgreñado, las manos temblorosas y la mirada en el suelo como si hubiese perdido algo.
Dando dos zancadas, se acercó a Maude y posó sus labios muy cerca de su oreja.
—¿Son dignas de nuestra confianza? —susurró Edward, buscando la mirada de la vieja casi inmediatamente.
Maude cabeceó con una sonrisa en su boca, obligando a Edward a ir en busca de Bella casi inmediatamente.
Al salir al patio exterior, vislumbró como Angela corría hacia él, con aquel cabello oscuro ondeando sin pasión.
—Mi señor —Edward la miró sin expresión alguna y levantó el mentón con superioridad—, Fury… es Fury… está muy mal, mi señor. La nueva…
Edward abrió mucho los ojos, mirando inmediatamente hacia las caballerizas. Allí se había agolpando gran cantidad de gente. Aturdido, casi no oyó a Ángela y corrió dejandola allí plantada.
Al llegar allí, quedó horrorizado de la imagen que allí se dibujaba.
Fury se hallaba tendido en el suelo de pajizal, sin moverse.
A su lado, Bella conmocionada, miraba al animal sin apenas pestañear.
Edward se abrió paso entre la miultitud y llegó hasta ellos. En primer lugar tanteó el cuello de Fury, buscando su pulso. Asustado, Edward miró a Bella con un interrogante en los ojos. Ella negó en repetidas ocasiones, para acabar finalmente llorando desconsoladamente.
—Yo… vine a verle y no sé qué ocurrió. Te juro que estaba bien…
—¡Eso no es cierto! ¡Yo la ví mi señor! Ví como le daba de beber de esa cubeta… Ella debió de darle algo en mal estado.
La voz de Ángela inflamada, surgió de entre la multitud como el mismo veneno que ella profirióa Fury, riéndose para sus adentros. Pudo confirmar la duda en los ojos de su señor y la vergüeza y el odio en los ojos de los demás presentes.
—¡Marchaos todos!
La voz del "Bárbaro", fuerte y poderosa como la de un trueno, llenó de temor a todos los reunidos allí, que comenzaron a evaporarse a los breves segundos.
Ángela se quedó mirando cómo el animal daba sus ultimos estertores, viendo culminada su obra de total maldad.
—Se muere… —susurró Bella , completamente acongojada—. Te prometo que yo no he hecho nada, yo no sé lo que tiene esa mujer en mi contra, pero yo no he hecho nada en contra de Fury… —Sus ojos llenos de lágrimas, clamaban un perdón que no era el suyo, mientras que la perra de Ángela vislumbraba la escena sin conmoverse.
Edward se giró, dándose cuenta de que aún estaba la hembra de Benjamin allí. Torció la boca y escupió cual dragón para mandarla a mismo infierno y dejarlo solo con Fury y Bella.
—¡Vete! ¡He dicho que me dejeis solo!
Ángela dudó unos minutos, mirando a Bella y salió corriendo en dirección a la Fortaleza, borracha de felicidad, pues al menos habría plantado la semilla de la duda.
—Fury… amigo… —Edward se arrodilló junto al caballo, masajeando su cabeza inerte y sus ojos ya inexpresivos. Desesperado se llevó las manos al cabello y lo despeinó varias veces, sin creerse lo que estaba ocurriendo.
Si era cierto lo que había gritado la hembra de Cheney… si había algun hilo de verdad, no podría perdonar a Bella por muchas vidas que viviese. La miró por el rabillo del ojo, observando en el estado de nervios en el que se encontraba.
Bramó como un animal, asustándola y se arrojó al cuello del animal llorando tan desconsoladamente cual niño de teta.
"Maude"
El nombre de la vieja llegó a él como si alguien se lo hubiese susurrado en la oreja y enloquecido, se puso en pie mirando al animal y seguidamente a su hembra.
—Te ordeno que le hables. No dejes de hacerlo. Voy a buscar a Maude, quizás ella sepa qué hacer con él y le salve la vida.
Ella asintió hipeando y, se arrastró hacia el animal, acariciándole la cabeza.
Edward salió de allí como alma que lleva el diablo en busca de su fiel amiga Maude… su última esperanza.
Continuará…..
El siguiente capítulo que actualizará Sis, será Unplugged. Ya tengo la mitad de este y por estos días, me pasa el resto.
Gracias por seguir leyendo.
