Lo siento, lo siento, lo sientoooo :(
Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que actualicé, lo sé. Pero estos meses han sido súper difíciles para mí y la verdad es que no le veía el sentido a escribir... Sin embargo, aquí estoy, porque no podía dejar esta historia en mi cabeza y mi subconsciente no dejaba de decirme que tenía que seguirla xD.
Y no se preocupen porque no he abandonado Stalking, algún día la terminaré. Así que espero que me perdonen por la tardanza y que les guste el capi :)
Disclaimer: Nada de esto es mío, lo único que me pertenece es el tiempo y los desvaríos aquí descritos.
Advertencia: Esto es slash, yaoi, relación chicoxchico. No leas si no te gusta, aunque si ya vas en el capitulo tres... no creo que importe xD.
PARTE III "Al mal tiempo, buena cara"
Debió haber sabido, desde el momento en el que un Akihiko borracho se plantó en la puerta de su departamento, que aquello no tenía otro final que no fuera un total desastre.
Si tan solo Akihiko no se hubiese quedado dormido tan tarde… Ahora la cuestión era como salía de esa cama.
Necesitaba ir al baño, por lo que comenzó moverse lentamente hacia la orilla, en un intento desesperado de desprenderse del abrazo mortal al que Akihiko lo había sometido durante la noche, pero lo único que consiguió fue que lo apresara con mayor fuerza, reacomodándose mejor. Y así rozando, sin querer, la parte baja de su anatomía.
Hiroki no pudo evitar gemir ante la fricción que generó el movimiento. Se quedó quieto, sintiendo como todo el calor que no subía a sus mejillas, dirigía su curso al sur. El pánico reemplazó a su urgencia por ir al sanitario. De repente estaba plenamente consciente de la situación en la que se encontraba y del cálido cuerpo que con tanto ahínco se aferraba al suyo.
¿Y si Akihiko despertaba y se daba cuenta de su estado? No quería ni pensarlo. El secreto de su atracción quedaría al descubierto y todo por la maldita abstinencia, que lo llevaba a excitarse por un simple roce. Comprobando por el rabillo del ojo que su amigo seguía durmiendo, decidió que lo mejor era quedarse quieto y esperar a que se le pasara un poco.
Vio la hora en el despertador que estaba sobre su mesita de noche, recién eran las seis de la mañana. Había dormido solo tres horas, sin embargo, no tenía sueño. De seguro era por el contexto en el que despertó, pero por lo menos tendría tiempo de sobra para darse un baño que le quitara el hedor a cigarrillo y alcohol de su piel. También, por qué no, dejaría el desayuno listo para cuando Akihiko se levantara. Y unas aspirinas, pensó, con todo lo que tomó sería un milagro que no tenga resaca.
Lo que lo llevó de vuelta a recordar su urgencia por ir al baño. Ya que, Hiroki antes de acostarse, sabiendo que beber entre semana e ir a dictar clases no era una buena idea, había empleado una de las tantas tácticas anti resaca que uno de sus ligues de una noche le había dado una vez. Toma la misma cantidad que bebiste y más, pero en agua. Y le funcionó. Porque no sentía ninguna molestia, aunque su pobre vejiga iba a reventar en cualquier momento.
No aguantando ni un minuto más, e importándole una mierda si Akihiko se despertaba de mal humor resacoso (porque si no iba ahora ya, se iba a hacer encima), se deshizo de un tirón del abrazo y corrió, literalmente, al baño.
Solo una vez que estaba vaciando su vejiga, se permitió un respiro y soltó un suspiro de alivio. Su corazón aún latía con fuerza por la carrera, por un segundo pensó que no llegaba. Con la emergencia superada, su mente regresó a Akihiko. La verdad es que no tenía ganas de enfrentarse a él, si es que su repentina salida lo había sacado de su sueño, pero no le quedaba otro remedio. Así que se encaminó de vuelta a su habitación. Por precaución, se asomó con cautela en la puerta y desde ahí logró ver a un Akihiko boca abajo ocupando toda la extensión de la cama, con un brazo colgando por un lado. Bien, está dormido. Y por lo que parece, muerto.
Mucho más relajado, entró a buscar ropa limpia que ponerse. Eligió una camisa blanca, unos pantalones negros y un chaleco grueso de lana gris, su humor no daba para más, y se dirigió de vuelta al baño. Lo primero era darse una buena ducha para quitarse ese hedor que llevaba encima. Dejó sus cosas, sacó una toalla limpia, abrió el grifo para que el agua se calentara y, después de desnudarse, se puso bajo el chorro. Aún estaba fría, y Hiroki no pudo evitar soltar una maldición, pero resistió el impulso de alejarse del agua en castigo por su desliz, cuyos efectos terminaron de menguar por la temperatura a la que se vieron sometidos.
Cuando el agua comenzó a entibiarse, tomó el jabón y lo restregó con rabia contra su cuerpo. Mientras la ducha borraba los rastros de la noche anterior, Hiroki recordó los hechos que lo llevaron a compartir la cama de nuevo, luego de casi diez años, con su amigo de infancia.
Resulta que después de un sinfín de anécdotas de infancia, cuya gran mayoría dejaba en vergüenza a Hiroki, Akihiko terminó por quedarse dormido sobre la mesa en la que habían estado bebiendo. En ese momento Hiroki se fijó en la hora. Eran casi las tres de la mañana, y su primera clase era a las ocho y media. Se quejó por lo bajo, no se había dado cuenta de lo tarde que era, entretenido como estaba hablando con el Usami. De nuevo tendría un mal descanso. Poniéndose de pie, intentó despertar a Akihiko zarandeándolo. Al principio despacio, pero viendo que no pasaba nada siguió cada vez más fuerte y llamándolo por su nombre hasta casi gritarle. Sin embargo, Akihiko no dio señales de ir a despertar pronto.
Frustrado e irritado, supuso que la única forma de ir a dormir pronto sería llevar él mismo a su amigo a la cama. Claro que decirlo era más fácil que hacerlo. Akihiko le sacaba por lo menos una cabeza y pesaba quince kilos más que él. No queriendo perder más tiempo, tomó a Akihiko por debajo de los brazos y comenzó a jalar de él. Decir que le costó muchísimo, sería decir poco. Tuvo que esforzarse hasta el punto de llegar a transpirar, pero consiguió depositar a Akihiko sobre la cama. Le sacó los zapatos y lo arropó.
Ya superado ese problema, y respirando agitado todavía, agarró su piyama para ir a cambiarse. Fue al baño también, y se lavó los dientes. Volvió a la habitación y se vio enfrentado a una nueva disyuntiva. Sacar el futón de invitados y dormir en él, o acomodarse con Akihiko en su cama americana. Eligió el que él creía suponía menor problema. Dormir en la misma cama con su amigo porque ya no recordaba en donde había puesto el futón.
De haber sabido las complicaciones que su decisión le trajo cuando despertó, hubiese buscado el dichoso futón.
Salió de la ducha y se vistió. Le quedaba bastante tiempo antes que tener que ir a la Universidad. Así que se preparó un copioso desayuno. Como nunca, porque con las prisas con las que se levantaba por la mañana, raramente comía antes de salir.
Pero ahora el tiempo le sobraba, incluso después de dejarle preparado el desayuno a Akihiko y lavar la loza que había ocupado, aún faltaba una hora antes de tener que ir a la Universidad. Así que el tiempo restante se dedicó a terminar de corregir los ensayos que tanto dolor de cabeza le habían provocado la tarde anterior. Con un poco de suerte los podría entregar ese mismo día.
Las clases habían transcurrido bastante tranquilas, solo le faltaba la última hora de la tarde y podría volver a casa con Akihiko. No creía realmente que hubiese regresado a su propio departamento. En una de esas ni siquiera se había levantado. Conociendo sus borracheras de cuando ambos eran adolescentes, tendría suerte si es que se lo encontraba despierto.
Un problema que lo había seguido toda la mañana, ¿Qué estaría haciendo? ¿Estaría mejor? O estaría bebiendo de nuevo… ¿Cuánto tiempo seguiría así? No es que no le quisiera ayudar, era solo que dolía. Dolía saber que estaba sufriendo tanto como para tocar fondo y no poder hacer nada al respecto. Porque no era a él a quien Akihiko quería.
Suspirando y relegando esos pensamientos, como llevaba haciendo desde hace años, al fondo de su mente, entró al aula donde dictaba clase a los de economía.
Comenzó su lección sin preocuparse por nada más que no fuera estudiantes distraídos. Iba bastante bien. Era la sección de primer año por lo que eran francamente manejables, se asustaban con tanta facilidad… casi nadie hablaba y lo único que oía era el rasgueo de los lápices sobre el papel. Así daba gusto dar clases.
Estaba de buen humor hasta que fue su propio celular el que rompió la calma al empezar a sonar. Su tono era una canción de piano pero aún así lo sobresaltó, pues pensó que lo había dejado en silencio. Lo sacó de su bolsillo mientras sentía como el aula se llenaba de murmullos. Esta debía de ser la primera vez que le pasaba algo así.
Era Akihiko, como no. Por un segundo se debatió entre contestar o no. ¿Y si le paso algo? Pero al final le cortó. Total solo quedaban quince minutos de clases, le devolvería la llamada después. Ojalá captara que estaba ocupado y no insistiera. Impuso orden y volvió a retomar la última parte de la clase. Sin embargo, no habían pasado ni tres minutos cuando su celular volvió a incordiarle. Lo había puesto en silencio pero aún así lo estaba volviendo loco mientras vibraba en su bolsillo.
No pudiendo concentrarse, decidió que lo mejor era dejar la lección hasta ahí y entregar los ensayos que había terminado de corregir en la mañana. Llamó a una de las pocas alumnas de la que se sabía el nombre, la chica, asustada pensando que la iba a regañar por algo, se acercó rápidamente. Hiroki le señaló la ruma de hojas que estaban sobre su escritorio y le dijo que las repartiera. Después dirigiéndose al resto les indicó que se podían retirar una vez que recibieran su calificación.
Esperó a que sus alumnos fueran saliendo de la sala antes de sacar su celular y escribirle un mensaje a Akihiko.
"Estoy dando clases, Bakahiko, no molestes. Es la ultima del día, así que ya voy a regresar al departamento."
- Eto… Kamijou- sensei… -
Apenas había acabado de enviar el mensaje cuando uno de sus alumnos le habló. Era un chico bajo, más bajo que él, menudo, de tez blanca y cabello castaño. No recordaba su nombre, pero si su cara. O más bien sus ojos. Tenía unos ojos de un tono verdoso, y como si eso fuera poco, eran grandes, inmensos, llenos de inocencia que lo hacían parecer menor de lo que tendría que ser. Porque en conjunto parecía un niño de secundaria.
Hiroki lo miró, esperando que continuara y vio como el chico tragaba saliva y se sonrojaba antes de soltar atropelladamente.
- Eto… Yamada-san repartió los ensayos y… pues no me entregó el mío y le pregunté a ella por si no sabía mi nombre, pero no estaba… y bueno… quería saber si es que Kamijou-sensei lo tenía en su escritorio o entre sus cosas… - Hiroki lo quedó mirando mientras pensaba que el chico era idiota o él lo cohibía demasiado como para que se expresara con claridad. Pero su alumno debió de haber malinterpretado su silencio porque siguió hablando, sonrojándose aún más - En verdad no es necesario el ensayo en sí, solo me gustaría saber mi calificación. Si con todos los trabajos que Kamijou-sensei debe de corregir el mío tiene que estar por ahí… Aaah no digo que Kamijou-sensei sea desordenado ni nada de eso, solo que son muchos papeles y debe ser difícil que no se les confundan y…
- ¿Cuál es tu nombre? – Harto ya de la perorata decidió que lo mejor era cortar por lo sano, darle su calificación, terminar con esto y poder irse a casa.
El chico pareció darse cuenta de que habló de más, pues se encogió un poco y abrió grandes sus ojos.
- Takahashi… – Carraspeó antes de repetir – Takahashi Misaki. - Y se calló. Seguramente pensando que lo mejor era hablar lo justo e indispensable.
- Déjame ver – Comenzó a buscar entre los trabajos que tenía en sus carpetas sin resultado. Después, pensando que quizás recordaría donde lo había dejado si sabía el tema del ensayo le preguntó a Misaki – ¿Sobre qué escribiste?
- … Sobre el amor – susurró bajito con el rostro colorado.
- Aah ya veo. – Genial, la mitad de los trabajos trataban de lo mismo. ¿Qué tendrían sus estudiantes con el amor? Queriendo irse pronto a casa, decidió ser lo más práctico posible- Mira, el libro de calificaciones está en la sala de profesores. Puedes ir a ver tu nota allá. Seguramente tu ensayo se quedó en mi casa, así que, la próxima clase te lo entregaré. – Dijo en un tono que no admitía réplicas.
- Arigatou Kamijou-sensei. – Hizo una reverencia con torpeza - Que tenga un lindo día – se enderezó, tomó sus cosas y salió rápidamente de la sala. A Hiroki le pareció que el chico le tenía miedo.
Recién ahí se dio cuenta que ya todos se habían ido, así que él hizo lo mismo. Se dirigió a su despacho a buscar sus cosas para poder, por fin, volver al departamento.
Donde Akihiko lo esperaba.
De camino a casa, pasó justo por afuera del negocio donde acostumbraba a comprar sus comidas. Ralentizó su marcha mientras se debatía rápidamente entre entrar o no para llevar la cena. De seguro que Akihiko tendría hambre, y él mismo no estaba de ánimo para cocinar. Sin embargo, el tener que internarse en el local, y bueno… tener que ver al cajero nuevo le producía un extraño sentimiento de ansiedad. Luego, diciéndose estúpido por dudar solo por la posibilidad de que el cajero estuviera atendiendo, entró en la tienda.
Sin poder evitarlo, lo primero que hizo fue buscarlo con la mirada, sin verlo en ningún lado. Seguramente hoy no tenia turno. Soltó un suspiro que él quiso adjudicarlo exclusivamente al alivio, mas en el fondo sabía que tenía su cuota de decepción. ¿Es que acaso guardaba la esperanza de poder ver al cajero? Genial, lo que le faltaba. Convertirse en el acosador de un hombre. Sintiendo como la vergüenza subía por su cuerpo, se apresuró en coger algo para comer y así poder salir de ahí.
Con las bolsas de su compra en una mano, y con las llaves en la otra, se adentró en su departamento. Por lo menos los zapatos de Akihiko seguían en la entrada, así que él todavía estaba en su casa. Caminó sin hacer ruido, en caso de que el Usami estuviese durmiendo, no quería enfrentarse al mal humor con el que acostumbraba despertar.
Y efectivamente, ahí estaba Akihiko. Tendido, todo lo largo que era, sobre el sillón de su salita con un libro abierto sobre el pecho. Hiroki se acercó, fascinado de poder observar lo tranquilo que se veía el rostro del Usami mientras dormía. Se bebió su imagen, sus largas pestañas, las pícaras y casi inexistentes pecas sobre su nariz, sus labios finos… Pequeños detalles que solo tenía permitido ver en momentos así, cuando nadie lo veía. Su boca se secó, mientras sus ojos seguían el recorrido por el resto de su cuerpo, su cuello, su pecho que subía y bajaba rítmicamente, hasta que el deseo de tocarlo de hizo irresistible.
Dios, era tan hermoso y lo deseaba tanto… cerró los ojos intentando calmarse, lo último que quería era que Akihiko despertara y lo descubriera observándolo cual sicópata pervertido. Definitivamente la abstinencia lo estaba matando.
- ¿Hiroki? – La voz somnolienta de Akihiko lo hizo abrir los ojos alarmado. – Vaya, me quede dormido. – Dijo Akihiko mientras se incorporaba hasta quedar sentado en el sillón, sin prestar atención a la turbación de Hiroki.
- ¿Cómo… cómo estás? – Hiroki tuvo que carraspear para que su voz saliera mínimamente firme.
- Ahora bien. Pero creo que me tomé todas tus aspirinas, amanecí… Bueno no creo que sea necesario decírtelo – Le dedicó una mirada que denotaba todas las veces en la que Hiroki había sido testigo de las mañana de borrachera de Akihiko, y Hiroki no pudo más que resoplar. Por supuesto que las conocía, desde que eran adolescentes, por lo mismo había dejado todo preparado para él antes de salir.
- Espero que hayas limpiado todo. – Frunció el ceño, mientras se dirigía a la cocina con la bolsa de la cena aún en la mano. Ahora fue Akihiko el que resopló antes de responder.
- Por supuesto, como si pudiera ser de otra forma. Me matarías si no lo hiciera. Además… - Su tono se suavizó y le dirigió una mirada llena de agradecimiento. - …era lo mínimo que podía hacer.
Hiroki sintió como su pulso se hacía más pesado ante esa mirada, tragó saliva intentando aliviar el dolor en su corazón. Dolor porque Akihiko siempre le dedicaba palabras tan amables que lo único que lograban era que él cayera más y más profundo por él, a pesar de saber que no tenían un doble fondo. Simplemente era la forma de ser de Akihiko, pero Hiroki no podía evitarlo. Su amabilidad le hería.
- Traje la cena, ¿Quieres que comamos? – Evitó su mirada mientras sacaba la cena de la bolsa.
- ¿Trajiste la cena? Y yo que te iba a decir que saliéramos a comer fuera.
- ¿Eh? – Se detuvo para mirar a Akihiko.
- Bueno, hace tiempo que no salimos y quería agradecerte por lo que hiciste por mí… - Su cara se veía relajada y tenía una suave sonrisa. No había ni rastro del hombre amargado que había llegado anoche borracho a su casa. – Pero supongo que va a tener que ser otro día.
- Me hubieses dicho que querías que saliéramos, y así yo no habría comprado nada. – Dijo Hiroki que se sentía incomodo por el agradecimiento de Akihiko, sobre todo al recordar en las condiciones en la que se había despertado esa mañana.
- Pero si te llame, y tú me cortaste.
- ¡Estaba en clases! Te envié un mensaje para avisarte, ¡Tú podrías haber hecho lo mismo! – Se estaba comenzando a sulfurar, como si fuese su culpa el que no pudieran salir a cenar. Increíble.
- Me quede dormido. - Le respondió tranquilamente Akihiko, como si esa fuera la excusa más válida de todas.
- ¡¿Qué?!
- Me quede dormido – Repitió con el mismo tono. Hiroki tuvo que respirar hondo para calmarse y no empezar a tirarle cosas por la cabeza a Akihiko.
- Bueno, ¡¿Vas a querer cenar, o no?! – Le preguntó de mala forma, ya harto de ese diálogo estúpido.
- Claro. – Y el hecho de que Akihiko pareciera estar disfrutando el sacarlo de sus casillas, lo enfurecía más.
Se sentaron a comer en silencio, pero no era uno incómodo, sino más bien uno amistoso. Hiroki todavía estaba luchando contra el torrente de emociones contradictorias que el estar con Akihiko le producía. Le exasperaba su personalidad y su actitud, y al mismo tiempo amaba su forma de ser. Era una montaña rusa de sentimientos que Akihiko despertaba en él. Felicidad, enojo, frustración, deseo, nervios, celos, culpa, amor, dolor, tristeza. Todo, todo en un momento, por una palabra o por una mirada. Y Hiroki ya no podía más, sentía que en cualquier momento iba a explotar. Era simplemente agotador, tanto que lo único que anhelaba era que Akihiko le correspondiera, o poder dejar de amarlo. Porque el vivir así lo estaba matando emocionalmente.
- ¿Ese… ese es el trabajo de alguno de tus alumnos? – La voz de Akihiko lo sacó de sus lúgubres pensamientos.
- ¿Eh?
- Ese. – Le señaló unas hojas que estaban en la esquina de la mesa. – Estaba aquí junto al desayuno cuando me desperté. Pensé que eran indicaciones tuyas, pero más bien es como un reporte escrito…
Recién ahí cayó en cuenta del ensayo que tenía que buscar. Seguro que era ese. Estiró un brazo para alcanzarlo y leyó el nombre del autor. Efectivamente decía Takahashi Misaki.
- Ah sí, es un ensayo que les encargué a los de primer año. – Vio la nota que le había puesto, no era deficiente, pero tampoco era buena. Un trabajo mediocre. Lo que no entendía era por qué había despertado tanto la curiosidad de Akihiko como para preguntar por él – ¿Lo leíste?
- Si… - Le respondió frunciendo el ceño y mirando fijo las hojas que estaban en sus manos.
- ¿Y qué te pareció? – Cada vez entendía menos la actitud de Akihiko.
- Bastante simplón. Se nota que ese chico no tiene idea de lo que es el amor. - Su gesto era casi de dolor.
¿Takahiro? ¿Estaba así porque al leerlo se había acordado de lo que sentía por Takahiro?... Oh claro, ¿Cómo lo había olvidado? Takahashi era el apellido de Takahiro, y si mal no recordaba Akihiko le había mencionado alguna vez que él tenía un hermano pequeño. Así que ese chico, su alumno, era el hermano de Takahiro. ¡Qué pequeño es el mundo!
Hiroki observó atentamente a Akihiko. Era verdad que estaba mucho más repuesto que la noche anterior, pero de igual forma era evidente el rictus de amargura y tristeza que denotaban su rostro y sus hombros, mucho más alicaídos de lo normal. O quizás era que Hiroki lo conocía tan bien que era capaz de detectar esos pequeños cambios. El deseo por subirle el ánimo y hacerlo olvidar, lo dominó. Abrió la boca para decir algo, lo que fuera, que le cambiara la cara. Pero antes de que pudiera pensar en algo, el celular de Akihiko sonó, sobresaltándolos a ambos.
Akihiko sacó su celular de su bolsillo para ver quien llamaba y luego cortarle como si nada. El incidente no habria sido nada extraordinario, si no fuera porque el celular empezó a sonar de nuevo, y Akihiko volvió a cortar. Una y otra vez se repitió lo mismo, hasta que Akihiko, al parecer cansado de que el celular volviera a sonar cada pocos segundos, finalmente decidiera apagar el aparato.
Todo esto era presenciado por un, al principio, asombrado Hiroki quien después ató cabos rápidamente.
- Akihiko… ¿En qué parte del ciclo te encuentras? – Porque a la única persona con la que Akihiko se comportaba así, era con su sufrida editora. La cual seguramente se encontraba en su departamento intentando localizar al gran Usami-sensei.
- No sé. – Le contestó, mientras terminaba de comer tranquilamente como si nada hubiese pasado.
- Akihiko…
- ¿Crees qué me pueda quedar aquí esta noche?
- Akihiko… - Una vena se estaba marcando en la frente de Hiroki.
- Es una lástima que tu ropa no me quede. Supongo que mañana saldré a comprar un traje nuevo.
- ¡Akihiko!
- Mmmm tampoco tengo un cepillo de dientes... ¿Hay alguna tienda 24 horas cerca?
- ¡AKIHIKO! ¡¿ES QUE ACASO NO PIENSAS VOLVER A TU APARTAMENTO?!
- Pues la verdad, no.
Maldita sea la hora en la que se enamoró de un imbécil irresponsable como él. A este paso lo único que iba a conseguir de Akihiko, era que le salieran canas verdes. Al final, y después de mucho gritar, logró que Akihiko accediera a llamar a su editora. Con una cara de niño al que regañan injustamente, escuchó lo que ella le dijo, y después con un suspiró anunció que se volvía a su departamento.
Solo cuando Akihiko se marchó, Hiroki se dio cuenta de lo tenso que había estado todo el tiempo. Era temprano aún, pero lo único que deseaba en ese momento era dormir. Casi sin fijarse, se cambió y fue al baño. No pensó en nada extraño cuando se metió a la cama que había compartido con Akihiko la noche anterior, simplemente antes de darse cuenta ya se había quedado dormido.
Review? Tomates? Algo?
