Ok, sé que la actualización no fue precisamente rápida pero aquí estoy y como les dije no voy a abandonar la historia aunque me cueste sangre sudor y lágrimas terminarla. Estoy intentando adoptar una filosofía de vida de acabar lo que empiezo, y este proyecto forma parte de ese conjunto de cosas que quiero sacar adelante :)
Así que no se preocupen, que no he muerto todavía xD
Disclaimer: Todos los personajes de Junjou Romantica pertenecen a Nakamura Shungiku-sensei. Por ende, nada de esto es mío y bla bla ¿Se entiende, cierto? c:
IV "Un clavo saca a otro clavo"
El resto de la semana había sido bastante tranquila. Tanto, que Hiroki dejó de preguntarse acerca del asunto de las cartas, simplemente le adjudicó el incidente a un alumno deseoso de jugarle una broma de mal gusto. Ahora su preocupación era Akihiko.
Sin embargo, no había mucho que pudiera hacer por él, debido a que Akihiko se encontraba recluido en su departamento terminando su nuevo libro. Y era precisamente ese hecho, el que estuviera solo en su casa, lo que lo preocupaba más.
Lo imaginaba dedicado solo a beber y a escribir con afán, descuidando su alimentación, su salud y su aseo. Ya otras veces Hiroki había sido testigo de hasta qué punto podía llegar la negligencia de Akihiko con él mismo cuando se enfrascaba en un trabajo, y aún más teniendo en cuenta que no sabía cocinar ni un huevo. Así que su inquietud estaba totalmente justificada.
Por lo mismo, y porque estaba ocupado con la universidad, no podía llegar e ir a su departamento a ver qué tal estaba. Claro que esa excusa le sirvió mientras efectivamente estuvo dictando clases. Había llegado el fin de semana, y con ello el debate interno de Hiroki entre si era prudente, o no, ir a visitar a Akihiko. Finalmente, decidió que lo mejor sería enviarle un mensaje.
"Akihiko, ¿Terminaste tu libro? No olvides que me debes una cena."
No era reflejo exacto de su preocupación, pero le permitiría saber el estado de ánimo del Usami basándose en su respuesta. Con un poco de suerte lo vería esa misma noche. Solucionado ese problema, su foco de atención se dirigió a hechos más acuciantes. Como por ejemplo, que no le quedaba nada para comer y que se estaba muriendo de hambre.
Normalmente, compraba su almuerzo en una tienda de conveniencia ubicada cerca de su casa, pero desde el día en el que se dio cuenta que la presencia del nuevo cajero le producía una extraña ansiedad, decidió que lo mejor sería evitar ir ahí por un tiempo. Así que los últimos días había estado preparando sus propios alimentos, y ahora, habiendo gastado sus escasas provisiones, no le quedaba otro remedio que ir a comprar más. Por lo que se arregló para salir y se preparó mentalmente para lo que vendría. Tendría que volver a la tienda, porque el otro negocio más cercano no estaba precisamente muy cerca que digamos, y además no podía seguir así. No era posible que se pusiera así de nervioso por una persona a quien ni siquiera conocía, su orgullo no se lo permitía.
Tomó sus llaves y salió del departamento, caminando a paso rápido para poder terminar lo más pronto con la penosa situación que estaba viviendo. A medida que se acortaba la distancia que lo separaba de su destino, más se aceleraba su ritmo cardíaco, claro que Hiroki lo quiso atribuir a lo intenso que era su paso y no a la proximidad a cierto chico.
Cuando llegó a la puerta de acceso de la tienda dudó un momento entre entrar, o no. ¿Habría sido una buena idea venir? A estas alturas daba lo mismo, ya estaba ahí, así que empujó la puerta y entró. Claro que no alcanzó a dar un paso, cuando escuchó una voz que lo llamaba.
- ¡Kamijou-kun! – Era Takada-san, el dueño de la tienda, quien lo saludaba con una sonrisa mientras se acercaba apresuradamente. Era un hombre mayor, bajito, y de escaso cabello blanco, pero a pesar de su apariencia era muy energético.
- Takada-san, ¿Cómo está? – Saludó de vuelta Hiroki, cuando el hombre hubo llegado a su lado.
- ¡Eso debería preguntártelo yo! ¿Qué te pasó? Hace días que no te aparecías por aquí. Me tenías preocupado, muchacho. – Hiroki no pudo evitar sorprenderse. Vale que era verdad que iba prácticamente todos los días, pero no sabía que Takada-san le tuviera tanto aprecio.
- Oh, vaya. Lo siento si lo preocupé, es solo que he… estado ocupado con los asuntos de la Universidad – Se sentía mal mintiéndole de esa forma, y eso se reflejó en su rostro que se cubrió con un ligero rubor.
- ¡Ya decía yo que tenía que ser eso! – Dijo Takada-san mientras le daba unas palmaditas en la espalda. Generalmente, a Hiroki no le gustaban las demostraciones de cariño como esas, y esta vez no fue la excepción. No estaba acostumbrado a ellas y se sentía incómodo cada vez que las recibía, pues no sabía cómo responder. Se quedó quieto sintiendo como su sonrojo crecía aún más.
- Si… - Susurró para decir algo, sonriendo forzosamente.
Para su alivio, uno de los dependientes del lugar se acercó en ese momento a ellos y Takada-san se disculpó para poder ir a hablar con él. Hiroki aprovechó de observar disimuladamente a su alrededor para ver si encontraba al cajero entre los empleados que estaban trabajando a esa hora, pero no tuvo suerte. Así que no estaba… No pudo evitar fruncir el ceño al darse cuenta de todas las precauciones que se había molestado en tomar solo por el hecho de que había una posibilidad de encontrarse con el cajero si venía a comprar. Y después estaba ese absurdo sentimiento de decepción al ver que su aprehensión fue por nada, que el viaje había sido en vano.
¡Dios! ¿Qué es lo que le pasaba? ¿Qué es lo que estaba esperando? No era normal para él comportarse de esa forma, como si fuera una de esas chicas que iban a un lugar solo para mirar y hablar con algún dependiente. Se sintió avergonzado del rumbo que ese asunto estaba tomando y decidió que lo mejor sería irse. Siempre podría ir a comprar a otro lado. Pero no tuvo tiempo de ejecutar su retirada porque justo cuando iba a dar media vuelta para marcharse, lo detuvo la voz del anciano dueño del lugar.
- Kamijou-kun ¿Vienes a comprar tu almuerzo, verdad? Es temprano aún y nuestros almuerzos no están listos, así que, ven conmigo a charlar un rato mientras esperas.
- ¿Ah? No, pero si no es necesario…
- ¡Tonterías! No te hagas tanto de rogar y ven a hacerle compañía a este pobre viejo.
No pudo inventar una buena excusa, así que se vio forzado a seguirlo a su despacho. Se sentó frente a un pequeño escritorio lleno de papeles y facturas mientras Takada-san hablaba de trivialidades y preparaba el té. Eso sí, apenas escuchaba la alegre cháchara del viejo, más preocupado por lo revolucionados que estaban sus sentimientos últimamente. O sea, siempre fue una persona que se exaltaba con facilidad, pero desde el asunto de las cartas, lo de Akihiko y ahora con su fijación por el cajero había excedido su límite con creces. A él le gustaba la vida más sosegada, no ese ir y venir de sobresaltos al que había estado experimentando el último tiempo. Y lo peor era que con la boda de Takahiro y todo lo que aquello implicaba para Akihiko (Y por ende para él mismo) su vida no volvería a la normalidad pronto.
- ¿A qué viene esa cara y ese suspiro? ¿Acaso te estoy aburriendo, Kamijou-kun? – De pronto tenía a Takada-san de pie frente a él con el té ya listo. No se dio cuenta del momento en el que el anciano había terminado de prepararlo.
- ¿Qué? No, no es eso. Yo solo estaba pensando… - Y no prestándole atención a lo que él le decía - Lo siento.
- ¿Por qué te disculpas? Ten. – Se rió y le ofreció el té. Hiroki le dio las gracias y observó como Takada-san rodeaba el escritorio para ir a sentarse del otro lado. Y como desde ahí le clavaba la mirada con atención, analizándolo. Hiroki aprovechó el silencio para beber su té, siempre le había gustado hacerlo mientras aún estuviera caliente. Pasó un largo rato antes de que el anciano le soltara como si nada:
- ¿Es por una chica?
- ¿Ah? – Hiroki que no se esperaba algo así se quedó descolocado y por poco se atraganta. Su sorpresa que se debió reflejar en su rostro, ya que, Takada-san se rió fuerte antes de explicarse.
- Toda esa preocupación. Digo no puede ser por asuntos de trabajo – Dijo señalándolo vagamente con una mano. – He vivido bastante y he visto mucho, y por lo mismo podría apostar a que esa cara se debe a una linda jovencita.
- No, no. Se equivoca, Takada-san. – Se apresuró a negar Kamijou mientras sentía que se sonrojaba, no quería que el anciano se hiciera ideas equivocadas. – No es por eso.
- ¿No? ¿Entonces por qué es? – Le respondió Takada-san poniendo una cara de escepticismo que se transformó en una risa atronadora al ver como Hiroki se ponía de un brillante color rojo al no saber qué contestar. Porque no era como si pudiera ir y contarle libremente lo que de verdad le pasaba.
Genial, pensó Hiroki, ahora no me va a dejar en paz con lo esa "chica". Pero antes de que Takada-san pudiera comenzar a hacer preguntas comprometedoras, alguien tocó a la puerta. Hecho que Hiroki agradeció internamente a cualquier deidad que le hubiese hecho el favor de ahorrarse el cuestionario al que el anciano lo hubiese sometido. Pero ese alivio le duró hasta que la puerta se abrió y dio paso a una de las razones de su preocupación. El destino me odia. Claro porque ahí frente a él estaba el cajero en toda su esplendorosa belleza. Por lo menos ya estaba rojo, así que no tuvo que pasar por la vergüenza de sonrojarse al verlo y que él se diera cuenta.
- ¡Nowaki-kun! – Saludó alegremente Takada-san al recién llegado.
- Takada-san – Respondió el cajero haciendo una pequeña reverencia – Perdone, no sabía que estaba acompañado – Añadió mirando directamente a Hiroki.
- Oh, no te preocupes. – Dijo el anciano mientras se ponía de pie y se acercaba a ellos. – Kamijou-kun, él es Nowaki-kun. Entró a trabajar hace poco así que seguramente no lo hayas visto antes, es un chico muy bueno, inteligente y esforzado. Estudia y trabaja al mismo tiempo – Le informó a Hiroki con una sonrisa, ignorando las protestas del otro chico por los halagos que le había dirigido. Luego se giró hacia Nowaki y le presentó a Hiroki de la misma manera – Nowaki-kun, él es Kamijou-kun. Es uno de nuestros mejores clientes y vecino del barrio. Aunque no lo creas, es profesor de literatura en Mitsuhashi.
Hubo una pausa cuando Takada-san terminó de hablar en el que la mirada de Hiroki se cruzó con la de Nowaki, antes de que este último sonriera, se acercara a Hiroki e hiciera una reverencia mientras decía.
- Soy Kusama Nowaki, mucho gusto en conocerle. – Hiroki se quedó pegado mirándolo antes de darse cuenta de lo mal educado que estaba siendo al quedarse sentado y sin presentarse. Se dio prisa en ponerse de pie y decir.
- Kamijou Hiroki, mucho gusto. - Haciendo la reverencia. Al enderezarse, y al estar frente a frente, pudo notar lo realmente alto que el otro hombre era pues tuvo que elevar la vista para poder verle a la cara. Sin dejar de lado lo pequeño que Takada-san se veía junto a él.
- Si Nowaki-kun está aquí es porque los almuezos ya están listos, ¿No es así? – Dijo Takada-san, a lo que Nowaki respondió afirmativamente. Y después el anciano añadió dirigiéndose a Hiroki – Nowaki-kun es el que se ha encargado de los almuerzos esta semana debido a que Hinako-chan se mudó a otra ciudad. Un hecho muy triste, pero debo reconocer que Nowaki-kun cocina tan bien como ella.
- Ya veo… - La verdad es que no tenía mucha relación con Hinako-san mas allá de comer lo que ella preparaba, pero siempre cocinaba alimentos de su gusto. Y ahora resultaba que el cajero era el nuevo cocinero…
- Kamijou-kun es uno de nuestros fieles consumidores de almuerzos – Le dijo Takada-san a Nowaki. – Así que espero que le guste lo que hayas preparado, Nowaki-kun.
- Claro. Y si a Kamijou-san no le gusta lo que cociné, me puede decir lo que prefiere y yo con gusto se lo preparo. – Respondió Nowaki con una sonrisa, provocando un sonrojo en Hiroki.
- Así me gusta, muchacho. Y ahora ¿Por qué no guías a Kamijou-kun al área de comida? Y así de paso lo ayudas a elegir su almuerzo.
- Por supuesto, sígame Kamijou-san.
- ¿Qué? Pero si yo sé donde están… - Hiroki se sentía abrumado por recibir todas esas atenciones innecesarias.
- Tonterías, Kamijou-kun. Si con lo que vi hoy, en breve te perderemos como cliente en favor de una linda jovencita que te cocine.
- Takada-san, ya le dije que no hay ninguna jovencita. – Le respondió Hiroki en un impulso por dejar las cosas claras que no tuvo nada que ver con que Nowaki estuviera presente.
- Mejor anda a elegir tu almuerzo. – Le dijo Takada-san riéndose y empujándolo suavemente fuera del despacho.
- Pero Takada-san… - Hiroki desvió su mirada hacia Nowaki que miraba serio al anciano, pero que al darse cuenta que Hiroki lo observaba le sonrió y dijo.
- Venga conmigo, Kamijou-san. – Y comenzó a caminar por el pasillo. A Hiroki no le quedó más remedio que despedirse de Takada-san y seguirlo.
Sin embargo, no había dado más de cuatro pasos, cuando Takada-san le gritó desde el marco de la puerta que no se olvidara de invitarlo a la boda, antes de meterse en su despacho. Bien, si Takada-san quería avergonzarlo definitivamente cumplió su objetivo. Suspiró y siguió al cajero por la tienda.
La situación en sí era muy incómoda para Hiroki, nunca imaginó que se vería obligado a interaccionar con él. Y eso sumado al fallo en evitar el tipo de cosas que lo llevaran a profundizar aún más su extraña fijación, lo irritaba demasiado. Ahora hasta sé su nombre y él sabe el mío…
Estando Hiroki sumido en sus pensamientos, no se dio cuenta del momento en el que llegaron a su destino hasta que Nowaki se detuvo y habló.
- Aquí. Estos son los almuerzos que tenemos disponibles. Dígame, Kamijou-san ¿Le gusta alguno?
Le dijo con lo que Hiroki calificó de sonrisa forzada. Bastantes sonrisas había visto de su parte como para darse cuenta que aquella no era sincera en su totalidad. Debe ser que si le digo que no, tendrá que preparar algo adicional solo para mí… Seguramente tomarse tantas molestias con un cliente debe ser de fastidioso hasta para él.
- Eh, sí. – Se apresuró en responder para luego tomar la primera caja de almuerzo que encontró. Había llegado la hora de largarse de allí, suficiente de hacer el loco por hoy. – Esta se ve bien.
- Ya veo. – Dijo mirando el contenido de la bandeja, y esbozando una sonrisa mucho más verdadera que la anterior. - ¿Va a llevar algo más? – Y ante la negativa de Hiroki, añadió. – Entonces acompáñeme a la caja, por favor.
Esperó a que Nowaki comenzara a caminar para seguirlo como lo había hecho recién, pero el chico no parecía que fuera a guiarlo esta vez pues seguía parado ahí mirándolo fijo. Después de todo puede que el acosador no sea yo, pensó Hiroki poniéndose nervioso y dudando entre preguntarle si pasaba algo, o simplemente dirigirse a la caja a pagar. Sin embargo antes de que pudiera decidirse por una de las dos, el cajero habló.
- Kamijou-san… ¿Le importaría si le pregunto algo? – No le miraba a los ojos y parecía extrañamente serio. Así que Hiroki, ocultando su curiosidad, le hizo una seña para que siguiera. - ¿Cuántos años tiene?
Hiroki no se esperaba algo así y su sorpresa se reflejó en su rostro. Hecho que Nowaki debió notar ya que siguió explicándose atropelladamente con algo que el profesor calificó de vergüenza.
- Es que como Takada-san dijo que era profesor de una Universidad me surgió la duda… porque la verdad Kamijou-san luce de mi edad y por eso quería saber. – Dijo sonriendo mansamente.
- Pues tengo 26.
- ¿En serio? Vaya… parece mucho más joven, Kamijou-san.
Hiroki frunció el ceño. No era la primera vez que se lo decían, pero siempre se irritaba ya que le daba la impresión de que cuestionaban su calidad como profesor basándose en su apariencia. Sin embargo, le bastó una mirada a los ojos de Nowaki para darse cuenta que el chico no lo decía con ninguna mala intención y Hiroki se relajó.
Después de unos segundos de incómodo silencio, le pareció que lo mejor sería ser educado y preguntarle a su vez algo referente a lo dicho por Takada-san. Era solo ser cortés nada más.
- Y tú estudias… - No era una pregunta pero bastó para que el rostro del cajero se iluminara y comenzara a hablar de su carrera con pasión y una sonrisa enorme.
- Oh sí, estoy cursando mi último año de Trabajo Social. Espero terminar pronto y poder comenzar a ejercer. – Dijo con una mirada anhelante. – Mi sueño es poder ayudar a los niños que tengan dificultades.
Algo en el pecho de Hiroki se removió cuando escuchó su determinación y un fuerte deja vú lo invadió. No logró decir nada en respuesta, pero eso a Nowaki no pareció importarle, ya que se limitó a sonreírle para comenzar a preguntarle sobre sus gustos en comida. Hiroki le respondió distraídamente, sumido en sus pensamientos.
Ya cuando estuvo en su departamento, luego de que Nowaki se disculpara por retenerlo y lo guiara finalmente a la caja para cobrarle, se dio por vencido. Estuvo todo el camino de regreso pensando de donde había salido ese sentimiento tan repentino, como si alguna vez hubiese vivido ese momento y lo hubiese olvidado. Pero por más que lo intentó no pudo recordar nada parecido y eso lo frustró en sobremanera porque algo le decía que era importante hacerlo. Como si establecer el vinculo de esa declaración con una memoria del pasado fuera la clave de un misterio, un misterio relacionado con Nowaki. Lo cual era ridículo teniendo en cuenta que no conocía de nada al cajero.
Tan solo eran imaginaciones suyas, se convenció antes de sentarse y servirse el almuerzo que había comprado. El que preparó Nowaki, pensó mientras suspiraba por las ironías del destino. Se había esforzado en eludir todo lo relacionado con él. Y cuando ya no pudo evitar volver a la tienda donde trabajaba, iba y no solo se encontraba con Nowaki, sino que también tenía que terminar comiendo lo que el chico había preparado.
Resignado a que las cosas nunca salieran como quería, se llevó un trozo de pescado a la boca y se sorprendió. No sabía que esperaba, pero no era precisamente que fuera tan sabroso, con la cantidad justa de sal y de aliños. Y no era solo el pesado, sino que todos y cada uno de los alimentos que venían en la cajita estaban buenísimos. Cuando terminó, mucho más rápido de lo que hubiese deseado, se vio enfrentado a un deseo incuestionable. Quería probar más de esa comida.
Aunque eso significaba que eventualmente tendría que volver todos los días a la tienda y… ver a Nowaki.
Era verdad que tenía una pequeña debilidad por el chico, pero de ahí a que su cabeza insistiera en sentimientos sin pies ni cabeza con alguien a quien acababa de conocer era absolutamente descabellado. Y ni siquiera era solo por ese presentimiento del que no se podía deshacer, era por todo lo que Nowaki provocaba en él. Desde los sonrojos que una sonrisa le producían, hasta ese nerviosismo en la boca del estómago que sintió cuando se decidió a volver a la tienda y supo que la posibilidad de encontrarse con él era alta. Todas esas reacciones eran involuntarias, y a la vez, sumamente injustificadas. Su cuerpo lo traicionaba, sus hormonas fuera de control le estaban jugando una mala pasada, y lo último que necesitaba en su vida era una estúpida fijación que no lo llevaría a ningún lado. Tenía que terminar con eso ahora ya. No iba a permitir que llegara más lejos.
Ya que evitarlo no funcionó, quizás con verlo todos los días se me pase. Pensó con esperanza mientras llevaba la caja del almuerzo al basurero, eso le daba una razón para poder ir a comprar más de esa comida.
Con su humor mejorando rápidamente después de haber tomado una decisión respecto al tema Nowaki como lo bautizó, se dirigió a su refrigerador a sacar una cerveza y después se desparramó en un sillón dispuesto a relajarse.
Se despertó sobresaltado cuando su celular sonó con el tono que tenía destinado a los mensajes de texto. Lo fue a buscar pensando que Akihiko le había respondido. Con todo lo que había pasado, se olvidó completamente de que le escribió en la mañana para saber cómo estaba. Tomó el celular y vio el mensaje que efectivamente Akihiko le había enviado.
"Todavía no lo he terminado, me faltan los tres últimos capítulos y la fecha de entrega es en dos semana, así que voy bien en el tiempo. Si avanzo lo suficiente hoy, puede que mañana salgamos a cenar."
Vaya, parecía que Akihiko estaba mejor de lo que esperaba, o peor, dependiendo de cómo se viera que se hubiese refugiado en su trabajo, cuando antes lo rehuía todo lo posible. Por lo menos hacía algo productivo, y no estaba borracho perdido como había temido Hiroki en un principio. Ya vería la forma de juntarse con él aunque no salieran a cenar al día siguiente, quería asegurarse con sus propios ojos que tal estaba realmente su amigo.
Miró la hora y se decidió. Esa noche saldría, necesitaba distracción. Iría a un bar y con un poco de suerte terminaría con la maldita abstinencia que a su parecer lo estaba volviendo loco, teniendo en cuenta su numerito el otro día con Akihiko y su obsesión por Nowaki.
Fue a su habitación con un ánimo que no había sentido en semanas, escogió cuidadosamente su ropa y se metió al baño a darse una larga ducha. Bajo el agua, se dio cuenta que hacía más de un mes que no salía a divertirse por voluntad propia. Sonrió, aquella noche prometía.
Quería agradecer todos sus comentarios, alertas y favoritos. De verdad que hacen que mi día se ilumine! :D
