¡Ahora me demoré menos! jejeje... Ok, vale que igual me demoré un mooontóóón pero hago lo que puedo :c. Ahora estoy de vacaciones así que debería ser capaz de actualizar más seguido :3 En todo caso, pase lo que pase voy a terminar la historia así que no se preocupen! :D
DISCLAIMER: Nada de esto me pertenece, si Junjou Romantica fuera invención mía hace mucho tiempo que estaría sin trabajo por ser tan inconstante :(
PARTE V: "Un tropezón cualquiera da en la vida"
Terminó en un bar donde solía ir con Akihiko cuando ambos estaban en la universidad. El lugar seguía justo como Hiroki recordaba, la misma decoración, la misma barra y… la misma clientela. No era exactamente un local gay, pero si era frecuente que asistieran hombres que preferían compañía masculina por sobre la femenina. Claro que nadie lo diría teniendo en cuenta el variado espectro de personas que se encontraban repartidas a esa hora por las distintas mesas. Hombres y mujeres por igual, quienes en su mayoría eran jóvenes que como él habían salido a divertirse un sábado por la noche.
Mientras se sentaba en la barra, en el mismo banco que solía ocupar en su tiempo de estudiante, no pudo evitar que la nostalgia lo invadiera al rememorar todos los momentos que había compartido con Akihiko en ese lugar. Extrañaba la época en la que todo aquel asunto de su amor por él era fácil de llevar, antes de que se hiciera insoportable.
Había estado enamorado de Akihiko prácticamente desde el momento en lo que lo conoció, siendo aún un niño. Aunque por años no lo quiso reconocer y solo lo aceptó cuando negar lo evidente se hizo imposible hasta para él.
Fue más o menos por la misma época en la que Akihiko había conocido a Takahiro…
- Oe, oe… ¡Oe!
Una voz lo sacó de golpe de su reflexión. Era el bartender que, inclinado sobre la barra y moviendo una mano frente a su cara, intentaba llamar su atención. Acción que llevaba haciendo hace bastante rato a juzgar por la mezcla de irritación y diversión que denotaba su rostro. Hiroki se sonrojó mientras enfocaba la vista en el hombre frente a él, intentando calcular cuánto tiempo había estado sumergido en sus pensamientos. Quizás no fue la mejor de sus ideas venir a un lugar que le despertaba tantos recuerdos.
- Ahora sí, dime ¿Qué te sirvo? – Le dijo apoyando los codos sobre la barra, y su cabeza sobre sus manos. La voz del chico sonaba divertida, a la vez que sonreía y enarcaba una ceja como burlándose por su distracción.
- Un whiskey, por favor. – Hiroki agradeció que la luz en el local fuera tan pobre y ocultara su vergüenza.
El bartender se enderezó, tomó una botella de debajo de la barra junto con un vaso y procedió a servirle, para luego tendérselo con una sonrisa ladeada. Hiroki se apresuró en recibirlo, dando las gracias tan bajo que estuvo seguro que el chico no lo había escuchado. Había algo en él que lo ponía nervioso y no le permitía actuar con naturalidad. Claro que tampoco ayudaba el hecho de que el bartender se hubiera vuelto a apoyar en el mostrador y se dedicara a observarlo en silencio ¿Es que acaso no habían más clientes a los que atender?
Y ahí cayó en cuenta de que era ese "algo". Ese chico, con sus sonrisas y miradas, le recordaba terriblemente a Nowaki. Casi se atragantó al dar con esa conclusión. Ya ni controlaba sus pensamientos, menos mal que había decidido salir para despejar su mente precisamente de sus problemas con Akihiko y Nowaki, pensó con ironía. Dejó su vaso sobre la barra e intentó calmar sus nervios con los ojos clavados en sus manos temblorosas. No era normal ver al cajero reflejado en cualquiera, ¿Verdad?
- ¿Es la primera vez que vienes por aquí?
Hiroki levantó la cabeza al oír su voz y asintió, sin pensar, a su pregunta, estando más centrado en descubrir algún parecido físico con Nowaki que en poner atención a lo que el chico le decía. Y en efecto había cierta similitud en la forma del rostro y en contextura, pero hasta ahí llegaba la conexión. No tenía esa mirada amable y sincera de Nowaki, sino que más bien era oscura y provocadora, al igual que su sonrisa. Así que menos entendía que al verlo, recordara al otro chico.
- Con razón, de seguro que me acordaría si te hubiese visto antes. Un rostro tan bello como el tuyo es difícil de olvidar.
Una ceja le comenzó a temblar al escuchar la insinuación dicha en voz baja y grave por parte del bartender. ¿Creía que era una chica como para decirle esas cosas, o qué? Estaba a punto de soltar una sarta de sugerencias de donde se podía meter sus piropos baratos, cuando otro hombre que estaba atendiendo también tras la barra llegó y se llevó al tipo.
No, definitivamente no es como Nowaki.
Con un suspiro se terminó de convencer de que aquello no había sido una buena idea, lo mejor sería irse de ahí antes de que volviera el bartender, o el gemelo malvado, como lo apodó en su fuero interno. De un trago se terminó lo que quedaba en su vaso y buscó entre sus cosas su billetera.
Buena le había resultado la salida si lo único que hizo fue pensar primero en Akihiko y luego en Nowaki.
- ¿Kamijou? – Se giró bruscamente al escuchar su apellido. Atrás suyo se encontraba un hombre más o menos de su edad y que lo observaba con una mueca sorprendida, la cual se transformó en sonrisa al verlo de frente. – Oh, vaya. ¡De verdad eres tú! ¿Cómo estás? Tanto tiempo – Y al ver la cara de confusión de Hiroki, agregó decepcionado - ¿No te acuerdas de mí?
Hiroki se fijó mejor en el hombre frente suyo. Era alto, delgado, de rostro redondeado, ojos negros y cabello castaño; y efectivamente había algo en él que se le hacía conocido. Trató de hacer memoria bajó la atenta mirada del otro, hasta que una imagen de un adolescente alegre y extrovertido vino a su mente.
- ¿Shiranui? – Preguntó dudoso porque el recuerdo que guardaba de su ex compañero de instituto no cuadraba con el elegante hombre que ahora observaba. De partida nunca imaginó que usaría traje, teniendo en cuenta que en todos los años que compartieron siempre lo vio con ropa deportiva.
- El mismo que viste y calza – Respondió con un porte orgulloso que dio paso a una sonrisa amistosa. – Te costó, ¿eh? No te culpo, ¿Cuánto tiempo han pasado desde la última vez que nos vimos? ¿Desde que entramos a la universidad, no? Ven, te invito a unos tragos para celebrar nuestro reencuentro y para que nos pongamos al día.
Hiroki estaba a punto de abrir la boca para negarse, pero en el último segundo lo pensó mejor y la cerró. Si se iba ahora, llegaría a casa a dormir igual de frustrado y tenso que como había salido. Además aún era temprano y hace años que no veía a Shiranui, quien, a pesar de no haber sido unos de sus amigos más cercanos, siempre fue una buena compañía. Así que se limitó a asentir mientras se ponía de pie y lo seguía a una mesa en el fondo del local.
- Debo decir que fue una sorpresa encontrarte aquí, no pensé que te gustaran los lugares como este. – Le dijo después que se sentaron y una de las camareras les tomó la orden. – Aunque me alegro de haber coincidido, presiento que será una noche memorable…
La mirada brillante de Shiranui al decirlo, le dio la sensación a Hiroki de que quizás no estaba todo perdido respecto a solucionar su pequeño problema. Sentimiento que se fue reforzando a la vez que seguían hablando de lo que habían hecho durante todo ese tiempo. Gestos sutiles que dejaban ver las verdaderas intenciones de ambos y que iban calentando el ambiente a medida que pasaban los minutos y bajaba la botella de sake.
¿Por qué no? Fue uno de los últimos pensamientos coherentes de Hiroki esa noche mientras se dirigía fuera del local, apoyado en Shiranui y se subía a un taxi con dirección al departamento de su viejo amigo.
Al día siguiente, de camino a su propia casa, Hiroki no pudo evitar arrepentirse un poco de lo que hizo. No de haber "liberado tensiones", como lo quiso llamar, sino de haberlo hecho con su ex compañero de instituto. O sea, antes ya se había ido con hombres de un bar por una noche a sus departamentos con todo lo que aquello implicaba, pero si a la mañana siguiente ya era incómodo con personas que no conocía, el despertarse con alguien conocido había sido mucho peor de lo que imaginó. Y el hecho de que Shiranui pareciera encantado con la experiencia y le insinuara que quería repetirlo, no lo hacía mejor. Como pudo intentó salirse por la tangente, evitando responder a su propuesta para poder irse de ahí lo más pronto posible.
Por lo menos Shiranui había captado la indirecta y no había seguido insistiendo. Pero aún así, si hubiese sido un desconocido, Hiroki estaba seguro de que no sentiría tanta incomodidad al pensar en que se había acostado con alguien estando bastante borracho. Al contrario, le daría lo mismo, o casi lo mismo, solo por el hecho de no conocerlo y por ende no tener que cruzárselo más.
Apuró el paso reprimiendo la vergüenza, después de todo "lo hecho, hecho está" y no hay vuelta atrás. Y viéndolo por el lado positivo, su cuerpo se sentía más relajado, había solucionado su problema de abstinencia y tampoco es como si lo hubiese pasado mal en el proceso. Debía parar de hacer una tormenta en un vaso de agua por nada.
Estando ya cerca de su departamento, decidió desviarse y pasar de inmediato a la tienda de conveniencia a comprar. Por la hora los almuerzos todavía no estarían listos, pero aun así iría, ya que se sentía con el ánimo suficiente para prepararse él mismo su comida. Cuando llegó, lo primero que hizo fue mirar alrededor en busca de Nowaki sin obtener resultados, al parecer no se encontraba trabajando. En realidad, se dio cuenta que no habían muchos dependientes atendiendo. Es muy temprano y además es domingo, se dijo y siguió de largo hasta el fondo de la tienda.
En verdad había salido huyendo de la casa de Shiranui apenas se había espabilado lo suficiente, cuando recién estaba amaneciendo, y ahora que la adrenalina y la vergüenza estaban comenzando a menguar, sentía como el cansancio de una noche sin casi nada de sueño le pasaba factura. Se apresuró en comprar todo lo necesario para el almuerzo, y alguna que otra cosa que le hacía falta en su hogar, antes de emprender el camino a su departamento.
Una vez allí dejó las bolsas de su compra sobre la mesa de la cocina y se dirigió directo a su habitación, pero al llegar detuvo sus pasos frente a la puerta cerrada. Su plan era dormir un par de horas aprovechando que aún era temprano y recuperar así un poco de sueño perdido. Pero el lamentable estado de su… limpieza personal lo estaba frenando. Porque ahora que se fijaba bien, su ropa tenía varias manchas de dudosa procedencia y si acercaba su nariz a su camisa podía notar con fuerza el hedor a alcohol y humo de cigarro que esta desprendía. Había estado tan sumergido en sus propios pensamientos en todo el trayecto a su casa que ni cayó en cuenta de su estado.
Bueno, eso explicaba varias cosas. Como que unas señoras se hubieran cambiado de vereda antes de cruzarse con él, o el porqué de la mirada asustada que le dio la chica de la tienda que lo atendió. Seguramente parecía un borracho, o un drogadicto, o ambas cosas; un tipo peligroso en definitiva. Menos mal que no se había encontrado con Nowaki…
Suspiró, ya daba lo mismo, estaba demasiado cansado como para sentir vergüenza por algo que estaba hecho y no podía cambiar. Vagamente consciente de haberse dicho algo parecido hace poco, abrió la puerta de su habitación y se adentró en ella. Se fue sacando la ropa a medida que caminaba hacia su cama, arrojándola al piso. Ya la recogería más tarde y la lavaría, ahora lo único que quería era dormir. Solo en bóxers se deslizó bajo las sábanas, se acomodó y unos pocos minutos después se encontraba profundamente dormido.
Si había algo bueno del hecho de vivir solo, era que puedes hacer lo que dé la gana sin preocuparte de que nadie te cuestione ni moleste. Y era en momentos como este, en los que estaba agradecido de no tener un compañero de piso; ya que de haber tenido uno, Hiroki estaba seguro que sería extremadamente incómodo y vergonzoso el tener que dar explicaciones de su comportamiento actual.
Despertó congelado porque al parecer le dio calor mientras dormía, y se había deshecho de sus mantas hasta terminar por arremolinarlas en torno a sus piernas, dejando al descubierto su torso desnudo. Pero dejando eso de lado, tenía que reconocer que hace varias semanas que no descansaba tan bien. Se sentía sumamente relajado, tanto, que a pesar de ser una persona (por lo general) bastante activa, no se quería levantar de la cama, y era por esa misma razón que se había vuelto a tapar, dándole la espalda a la ventana en un intento de volver a dormirse. Sin embargo, no pasó mucho tiempo antes de que se diera por vencido. Porque a menos que estuviera cansadísimo, no era del tipo que se podía volver a quedar dormido una vez que despertaba. Claro que asunto aparte era que costara un siglo despertarlo…
Abrió los ojos resignado a no lograr su cometido, solo para encontrarse con el desastre que estaba hecha su habitación. Y no era solo la ropa que se había sacado antes de meterse en la cama, sino la de toda la semana, además de una gran cantidad de libros y papeles desparramados por todo el piso. A decir verdad no le gustaba el desorden, pero los últimos días no había tenido ni el tiempo ni el ánimo como para dedicarse a la limpieza. Sin embargo, ahora tenía ambos, o por lo menos el tiempo, así que se haría el ánimo para ordenar. Una vez que se diera un buen baño, claro. Y comiera algo, como le recordó amablemente su estómago.
Motivado más por las ganas de ir al baño que por levantarse por voluntad propia, se puso de pie y buscó ropa limpia que ponerse. Una vez que hubo evacuado su vejiga, llenó la bañera, se sacó sus bóxers y se metió dentro. El agua caliente terminó por relajar sus músculos mientras se frotaba minuciosamente con una esponja. Había evitado a consciencia observar más de la cuenta su cuerpo para evitar ver las marcas que seguro adornaban su piel. Minutos más tarde, cuando el agua comenzaba a enfriarse y Hiroki se sintió suficientemente limpio, salió de la bañera y se vistió. Había elegido a propósito ropa cómoda, de aquella que se usa para andar en la casa, ya que no pensaba salir a ningún lado, y bueno, también era de lo poco que le iba quedando limpio. ¿Desde cuándo que no hacía la colada? Ya ni de eso se acordaba… vaya, si que había sido descuidado con las tareas del hogar, pero aprovecharía el día para poner en orden todas esas cosas.
Sintiendo cada vez más energía, entró en la cocina para prepararse algo para comer. Sobre la mesa vio las bolsas de las compras que había hecho esa mañana, sabía que las había comprado con la intención de prepararse su propia comida, pero ya pasaba de la hora de almuerzo y el hambre que sentía era demasiado grande como para esperar a que estuviera lista. La otra opción que tenía, y con la cual su estómago estaba de acuerdo, era volver a la tienda de conveniencia y comprar de los almuerzos preparados que allí vendían. De los que hace Nowaki, la boca se le hacía agua de solo pensar en volver a probar de esa comida, a pesar de haber comido una sola vez de ella. Fue en busca de su billetera y sus llaves, se puso sus zapatos y salió rumbo a la tienda. Iría y volvería rápidamente, pues tenía hartas cosas que hacer y ya había perdido toda la mañana por ponerse a dormir.
Caminando a paso energético, se dio cuenta que varias personas con las que se cruzaba se le quedaban mirando y ahí recordó que no se había cambiado de ropa antes de salir. Miró los pantalones de chándal y el grueso chaleco que traía puestos, ambos eran viejos y estaban desgastados, pero más allá de eso, no tenían nada de malo. Bueno, quizás no era la mejor ropa para salir a la calle, pero joder, que era domingo y tampoco se iba a poner algo su mejor tenida para ir a comprar a la vuelta de la esquina.
Cuando llegó a destino, entró y fue directo al área de los almuerzos envasados que estaba al fondo del local. En el camino se cruzó con un par de chicas de instituto que también lo observaron de arriba abajo para después dedicarle una sonrisa, una más tímida que la otra. Hiroki pasó por al lado de ellas con el ceño fruncido hastiado de aquella actitud, y de enfadó más al escuchar como comenzaban a cuchichear entre risas apenas le dio la espalda. ¿Es que no tenían nada mejor que hacer que ponerse a criticar?
Refunfuñando en contra de la gente con demasiado tiempo libre, finalmente llegó donde los almuerzos. Y al ver lo que había, cualquier rastro de enojo se esfumó, y su estómago rugió con ganas. Miró hacia ambos lados con las mejillas sonrojadas, asegurándose que no había nadie más cerca y tomó la última caja de gyoza(*) que quedaba. Sus ojos brillaban mientras miraba la que era su comida favorita. Hace mucho tiempo que no la comía puesto que no tenía el tiempo de hacerla y en todo el tiempo que llevaba comprando alimentos preparados en esa tienda, nunca los había encontrado listos como ahora. Recorrió con la mirada el resto de los almuerzos que quedaban buscando ansioso otro como ese, pues estaba seguro que con el hambre que sentía, uno iba a ser muy poco. Tuvo suerte, y entre los típicos onigiris encontró otra caja de gyoza.
Nunca pensó que un detalle como ese lo pudiera hacer tan feliz, pero al dirigirse a la caja, después de coger un refresco para acompañar la comida, tuvo que reconocer que prácticamente iba flotando en una nube imaginando el sabor que tendría su almuerzo. Tan sumido iba en su fantasía que no le dio importancia a que la cajera que lo atendió lo mirara más de lo normal. Ni tampoco a la gente con la que se cruzó de camino a casa. Todo lo que podía pensar era que quería probar su gyoza lo más pronto posible. Quizás era una exageración, pero no podía evitarlo. No había comido nada desde el almuerzo del día anterior, y si sabía tan bien como ese, iba a ser la mejor comida que iba a probar.
Y lo primero que hizo al llegar a su departamento fue sentarse a comer. Nada más al llevarse el primer pedazo a la boca, pudo comprobar que tenía razón. Era el mejor gyoza que había probado. Se obligó a comer lento, intentando hacer durar el momento lo máximo posible y seguir degustando el placer que le producía su sabor. Definitivamente la comida que preparaba Nowaki era la mejor…
Nowaki… su ceño se frunció a la vez que su mente iba atando cabos. Era demasiada casualidad que justo el día después de que le preguntara por sus gustos en comida, Nowaki preparara su plato favorito. Dejó de comer, no pudiendo evitar sonrojarse ante la conclusión a la que llegó. ¿Podría ser que lo había hecho especialmente para él? Su corazón inconscientemente aceleró su pulso mientras un agradable cosquilleo le recorría la piel. Pero eso no podía ser… no se imaginaba ninguna razón lógica por la cual Nowaki se tomaría tantas molestias por él. No tenía ni pies ni cabeza, apenas se habían presentado ayer, ¿Por qué haría algo así?
Un sentimiento de decepción se asentó en su cuerpo, cuando la respuesta cruzó por su mente. De seguro se tomó excesivamente en serio la petición de Takada-san de preparar alimentos de mi gusto. Eso debía ser, de otra forma, ¿Qué otra explicación plausible había? Y mientras más lo pensaba, más seguro estaba que eso era lo que había pasado en realidad. Además siempre quedaba la opción de que haya sido una casualidad. No debería saltar a conclusiones con tanta facilidad…
¡Qué estúpido se sentía! No solo por haber pensado que esos dos hechos tenían alguna relación, sino por las irracionales reacciones de su cuerpo. Tan solo el día anterior había tomado la decisión de hacer frente a la creciente atracción que sentía por Nowaki, incluso salió y se desahogó en un intento de bajar la revolución de sus hormonas a las que él hacía responsable de su reciente inestabilidad. Pero nada de eso serviría si su mente le pasaba malas jugadas tergiversando situaciones de lo más inocentes. Y eso que hoy ni siquiera había lo visto, y sin embargo, ahí estaba, pensando en él. Miró su almuerzo con determinación, definitivamente no dejaría que aquella fijación dominara su vida.
Respiró hondo, calmando su enojo hasta que se sintió suficientemente sereno como para continuar disfrutando de su comida. Evitó cualquier pensamiento referente a Nowaki, mientras degustaba su almuerzo, pero era difícil teniendo en cuenta que a cada bocado su mente se desviaba a diferentes variaciones de "que bien cocina Nowaki"
Al final, un poco frustrado y con el estómago a punto de reventar, pudo terminar con sus dos raciones de gyoza. Llevó ambas cajas al basurero para luego ir a sentarse al sillón de la sala. Reposaría un rato, no mucho eso si, solo lo suficiente como para no sentir el estomago tan pesado antes de ponerse a limpiar. Tenía bastante trabajo por delante si quería devolver a su departamento su orden habitual.
Ya casi se había olvidado de que Akihiko se había medio comprometido a salir a cenar con él, cuando su celular sonó. Estaba en plena faena de limpieza en el baño y su teléfono estaba en su habitación, así que tuvo que dejar todo tirado para poder alcanzar a contestarlo.
- Moshi moshi. – Respondió estirando su espalda y sintiendo como sus huesos crujían.
- Hiroki. – La voz de Akihiko lo saludó desde el otro lado.
- Ah, Bakahiko eres tú. – Ni se había fijado quien llamaba antes de contestar.
- ¿Estás listo?
- ¿Listo para qué? – Preguntó confundido.
- ¿Para qué va a ser? Te dije ayer que saldríamos a cenar. – Y ante el mutismo de su amigo añadió, aumentando la incredulidad de Hiroki. – Estoy llegando a tu departamento.
- ¡¿Qué?! ¡Pero si dijiste que si avanzabas bien con tu libro podríamos salir a cenar!
- Exacto. Y terminé todo un capitulo, así que no hay problema.
Hiroki tuvo que contenerse para no empezar a gritar de pura frustración, era típico de su amigo el simplemente actuar sin tener en consideración a los demás.
- ¿Y no se te ocurrió que tendrías que haberme avisado primero que podías? – Dijo con toda la ironía que pudo imprimirle a su voz – Pensé que en eso habíamos quedado, Bakahiko. – Añadió después resignado, acostumbrado ya a la actitud de su mejor amigo.
- Se me olvidó. – Respondió con simpleza, como excusándose. – Entonces, ¿No quieres salir?
- No es eso. – Suspiró rascándose una mejilla mientras pensaba rápidamente en una solución. – Mira, me voy a ir a duchar ahora. Te dejaré la llave en el buzón y cuando llegues, entras y me esperas, ¿Vale?
- Bien.
Y con eso cortó la llamada y se dirigió a toda prisa a su habitación a buscar las llaves y ropa limpia que ponerse. No había terminado su limpieza casera, pero su departamento estaba mucho más ordenado que antes, ahora hasta parecía habitable.
Una vez que hubo dejado las llaves en el buzón como le había dicho a Akihiko, entró al baño y se desnudó apresuradamente. En la mañana se había dado un buen baño, así que ahora se limitó a sacarse el sudor y el polvo acumulados con una enjabonada rápida pero contundente. Estaba saliendo de la ducha cuando escuchó como la puerta de entrada se cerraba y supo que Akihiko ya había llegado. Se secó y se vistió con más calma, sabiendo que su amigo no le importaría esperarlo y seguramente se pondría a hojear sus libros. Además, se merecía una pequeña espera por avisarlo con tan poca antelación.
Cuando estuvo listo y estaba a punto de salir, sus ojos se desviaron hacia el espejo colgado justo frente a él y la imagen que este le devolvió lo dejó ligeramente sorprendido. Porque a pesar de haber trasnochado, no había rastro de ojeras, y de hecho se veía mejor, más saludable, de lo que se veía el día anterior. Justo lo contrario de lo que esperaba. Se encogió mentalmente de hombros quitándole importancia y salió en busca de Akihiko.
- Estoy listo. – Anunció una vez que llegó al salón y lo encontró viendo un libro tal como había predicho. - ¿Nos vamos?
Akihiko se lo quedó mirando extrañado por un momento para luego asentir quedamente y ponerse de pie cerrando el libro que había estado leyendo y devolverlo a la estantería de la cual lo había sacado.
El camino al auto y parte del trayecto al restaurant al que siempre iban, transcurrió en un absoluto mutismo. Hiroki en un principio se había dedicado a examinar atentamente a Akihiko intentando determinar su estado de ánimo. Había pasado casi una semana desde el día en el que llegó a su departamento devastado con la noticia de que Takahiro se casaba. Sin embargo, ahora parecía de lo más normal, como si nada hubiera pasado. En la superficie claro, Hiroki sabía que aquello era pura fachada. Desde que lo conocía, Akihiko siempre había ocultado sus emociones, sobre todo cuando estaba triste. Ni siquiera de niño fue expresivo, Hiroki no recordaba haberlo visto llorar alguna vez. Todos sus más profundos sentimientos los había plasmado en sus libros y esa era una de las muchas razones por la que a Hiroki le gustaba tanto releer las historias que escribía su amigo, pues eran un reflejo del propio Akihiko. Le habían permitido entender un poco más al críptico Usami, y sumado a sus años de amistad, podía asegurar que era la persona que mejor lo conocía.
Por eso, no le costó atravesar la pretendida actitud de indiferencia de su amigo y ver el dolor que cargaba con él. Sintió como la garganta se le hacía un nudo mientras se daba cuenta de la magnitud de su tristeza y resignación. Puedes llorar, puedes desahogarte conmigo, quiso decirle pero sabía que era inútil. Akihiko estaba demasiado acostumbrado a llevar él solo el peso de sus sentimientos como para compartirlos con alguien, ni siquiera con su mejor amigo. Incluso ese día, recién enterado del matrimonio de Takahiro, en el que se emborrachó y llegó a su casa en busca de consuelo, lo había hecho.
Sintiendo como Akihiko le echaba miradas de reojo seguramente preguntándose a que se debía la cara de preocupación que tenía, Hiroki recompuso su expresión mientras tomaba una decisión. Puede que Akihiko nunca le hablara de lo mal que lo estaba pasando, pero eso no significaba que Hiroki lo fuera a dejar a su suerte en su depresión. Haría lo que estuviera a su alcance por sacar a su mejor amigo del hoyo, independiente de sus sentimientos por él.
(*) El Gyoza, según wikipedia, consiste en rellenos de carne o verduras enrollados en una delgada y fina masa, que se suele sellar con los dedos al ser elaborada. Se suelen servir con una salsa de soja-vinagre. Son como los raviolis (o ravioles dependiendo del lugar), pero de origen Chino. Son muy populares en los países asiáticos y están bien buenos por si los quieren probar :) Aunque nunca serán tan buenos como los que prepara Nowaki (*-*)
¡Muchas gracias por todos sus comentarios! Me dan ánimo para seguir escribiendo. Así que ya saben... sus reviews hacen feliz a esta autora y aumentan su velocidad de escritura jejeje :)
